lunes, mayo 27, 2013

La Autoridad Doctrinal del Catecismo de la Iglesia Católica

Hermanos y hermanas, Paz y Bien a todos.

Antes de empezar con el tema

A veces algunos correspondientes católicos me cuestionan el que yo recurra al Catecismo de la Iglesia Católica  como mi autoridad doctrinal de primera instancia en toda controversia. Quisiera clarificar este punto compartiendo con Uds. la intención original del Beato Papa Juan Pablo Magno con respecto a la publicación del Catecismo:

El Catecismo de la Iglesia católica, que aprobé el día 25 del pasado mes de junio y que hoy dispongo publicar en virtud de mi autoridad apostólica, es una exposición de la fe de la Iglesia y de la doctrina católica, comprobada o iluminada por la sagrada Escritura, la Tradición apostólica y el Magisterio de la Iglesia. Yo lo considero un instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial, y una regla segura para la enseñanza de la fe. Ojalá sirva para la renovación a la que el Espíritu Santo incesantemente invita a la Iglesia de Dios, cuerpo de Cristo, peregrina hacia la luz sin sombras del Reino.

La aprobación y la publicación del Catecismo de la Iglesia católica constituyen un servicio que el Sucesor de Pedro quiere prestar a la santa Iglesia católica, a todas las Iglesias particulares que están en paz y comunión con la Sede Apostólica de Roma: es decir, el servicio de sostener y confirmar la fe de todos los discípulos del Señor Jesús (cf. Lc 22, 32), así como fortalecer los lazos de unidad en la misma fe apostólica.

Pido, por consiguiente, a los pastores de la Iglesia, y a los fieles, que acojan este Catecismo con espíritu de comunión y lo usen asiduamente en el cumplimiento de su misión de anunciar la fe y de invitar a la vida evangélica. Este Catecismo se les entrega para que les sirva como texto de referencia seguro y auténtico para la enseñanza de la doctrina católica, y sobre todo para la elaboración de los catecismos locales. Se ofrece, también, a todos los fieles que quieran conocer más a fondo las riquezas inagotables de la salvación (cf. Jn 8, 32). Quiere proporcionar una ayuda a los trabajos ecuménicos animados por el santo deseo de promover la unidad de todos los cristianos, mostrando con esmero el contenido y la coherencia admirable de la fe católica. El Catecismo de la Iglesia católica se ofrece, por último, a todo hombre que nos pida razón de la esperanza que hay en nosotros (cf. 1 P 3, 15) y que desee conocer lo que cree la Iglesia católica.

(Constitución Apostólica Fidei Depositum)

Hermanos y hermanas, el Catecismo de la Iglesia Católica es una expresión doctrinal autoritative del Magisterio Ordinario de la Iglesia. Esta obra recoje 2,000 años de Tradición y desarrollo doctrinal.  Lo ignoramos o lo echamos a un lado a cuenta y riesgo de nuestra formación en la sana doctrina.

domingo, mayo 26, 2013

Celebramos hoy la Fiesta de la Santísima Trinidad

Hermanos y hermanas, Paz y Bien a todos.

Aunque en todo acto de nuestro culto, toda oración y prez empieza con un acto de reconocimiento y adoración del Dios Trino – cuando decimos “en el Nombre del Padre, del Hijo y del + Espíritu Santo”, este domingo le dedicamos a este misterio un día especial de reflexión.

Les invito a que lean el artíticulo pertinente a la Santísima Trinidad en la Enciclopedia Católica el cual comienza así.

“La Trinidad” es el término empleado para designar la doctrinacentral de la religión cristiana: la verdad de que en la unidad de la Divinidad, hay Tres Personas, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, que son verdaderamente distintas una de la otra.

Todos los santos adorando a la Santísima Trinidad. Grabado de F.T. Moncorner, Misal Domiicano, 1768.

De este modo, en palabras del Credo de Atanasio: "El Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios, y, sin embargo, no hay tres Dioses sino uno solo". En esta Trinidad de Personas, el Hijo es engendrado del Padre por una generación eterna, y el Espíritu Santo procede por una procesión eterna del Padre y el Hijo. Sin embargo, y a pesar de esta diferencia en cuanto al origen, las Personas son co-eternas y co-iguales: todos semejantes no creados y omnipotentes. Esto, enseña la Iglesia, es la revelación respecto a la naturaleza de Dios que Jesucristo, el Hijo de Dios, vino a la tierra a entregarle al mundo, y la que la Iglesia propone al hombre como el fundamento de todo su sistema dogmático.

En la Escritura, aún no hay ningún término por el cual las Tres Personas Divinas sean designadas juntas. La palabra trias (de la cual su traducción latina es trinitas) fue primeramente encontrada en Teófilo de Antioquía (c. 180 d.C.). El habla de "la Trinidad de Dios (el Padre), el Verbo y su Sabiduría ("Ad. Autol.", II, 15, P.G. VI, 78). El término, por supuesto, pudo haber sido usado antes de su tiempo. Más tarde aparece en su forma en latín de trinitas en Tertuliano ("De pud". C. XXI). En el siglo siguiente la palabra fue de uso general. Se encuentra en muchos pasajes de Orígenes ("In Ps. XVII", 15). El primer credo en el cual aparece es en el del discípulo de Orígenes, San Gregorio Taumaturgo. En su Ekthesis tes pisteoscompuesta entre los años 260 and 270, escribe:

“Por lo tanto, no hay nada creado, nada sujeto a otro en la Trinidad; ni tampoco hay nada que haya sido añadido como si alguna vez no hubiese existido, sino que ingresó luego. Por lo tanto, el Padre nunca ha estado sin el Hijo, ni el Hijo sin el Espíritu, y esta misma Trinidad es inmutable e inalterable por siempre.” (P.G., X, 986).

Es evidente que un dogma tan misterioso presupone una revelación Divina. Cuando el hecho de la revelación, entendido en su sentido pleno como el discurso de Dios al hombre, ya no es aceptado, el rechazo a la doctrina le sigue como consecuencia necesaria. Por esta razón no tiene lugar en elprotestantismo liberal de hoy día. Los escritores de esta escuelasostienen que la doctrina de la Trinidad, según profesada por la Iglesia, no aparece en el Nuevo Testamento, sino que fue formulada por primera vez en el siglo II, y que recibió suaprobación final en el siglo IV, como resultado de las controversias arrianas y macedonias. En vista de esta afirmación es necesario considerar con algún detalle la evidencia ofrecida por las Sagradas Escrituras. Recientemente se han hecho algunos intentos por aplicar las teorías más extremas de la religión comparada a la doctrina de la Trinidad, y por explicarla mediante una ley imaginaria de la naturaleza que urge a los hombres a agrupar los objetos de su culto en grupos de tres. Parece innecesario dar más de una referencia a estas opiniones extravagantes, que los pensadores serios de cada escuela rechazan como carentes de fundamento.

Sigue leyendo aquí.

Y que nuestro Dios Trino y Uno nos siga bendiciendo y guiando ahora y siempre, amén.

martes, mayo 21, 2013

Papa Francisco: "El chisme y la difamación en la Iglesia son pecaminosos"

La conexión con el caso del Arzobispo Roberto González Nieves



Hermanos y hermanas: Paz y bien a todos Uds.

El pasado 18 de mayo el Santo Padre, Francisco, nos dijo algo en su homilía diaria que nos conviene internalizar. Entre otras cosas relacionadas, dijo lo siguiente:
"¡Cuánto se chismea en la Iglesia! ¡Cuánto chismeamos nosotros los cristianos! El chisme es propio despellejarse, ¿no? Es maltratarse el uno al otro. ¿Como si se quisiera disminuir al otro, no? En lugar de crecer yo, hago que el otro sea aplanado y me siento muy bien. ¡Esto no va! Parece agradable chismear... No sé por qué, pero se siente bien. Como un caramelo de miel, ¿verdad? Te comes uno -¡Ah, qué bien! -Y luego otra, otra, otra, y al final tienes dolor de estómago. ¿Y por qué? El chisme es así: es dulce al principio y luego te arruina, ¡te arruina el alma! Los chismes son destructivos en la Iglesia, son destructivos ... Es un poco como el espíritu de Caín: matar al hermano, con su lengua; ¡matar a su hermano!". (Fuente).
Estas palabras del Santo Padre me llegaron al corazón y me impresionaron mucho, no solamente porque aplican a todo renglón en las relaciones humanas, mas también porque toman vigencia especial en el caso corriente de Monseñor Roberto González Nieves, Arzobispo Metropolitano de San Juan de Puerto Rico y sus problemas con Roma.

Como apunté en un epígrafe anterior, de ser comprobadas las acusaciones en su contra - las que conocemos - , lo que  merecería es un "jalón de orejas," un regaño, un criticismo constructivo, pero no su dimisión. Sin embargo hay gente que no quieren oir, mucho menos entender los hechos y esto es debido al chisme.

Todo país chismea de modo distinto de acuerdo a su cultura. En Puerto Rico lo primero que hacemos es especular sobre los actos y motivaciones de una persona que no nos agrade. Luego, inventamos una narrativa donde las especulaciones cobran autonomía y singularidad, y finalmente se le trasmite a otros no como hipótesis, mas bien como hechos. Y mientras más sea la cantidad de gente que lo crea y que lo repita, con más certeza el pueblo lo admite como una verdad conocida, recibida y aceptada como tal.

Las acusaciones aventadas contra el Arzobispo de San Juan de que "esconde a pedófilos" (una acusación aparentemente descartada por la Santa Sede) es un ejemplo de una acusación que, a falta de informaciones con sobrepeso, parece ser uno de esos chismes que se tienen por "verdad" en Puerto Rico. Otra es que el "altar en honor a la patria" es y que de origen "masón," algo inédito, que acarrea la insinuación de que el arzobispo es miembro de esa cabal secretífera enemiga de Dios y de la Iglesia. Otra que he oído es que el Sr. Arzobispo no se ocupa de las vocaciones en la arquidiócesis, que son pocas y algunas "no buenas" - acusación que mancha a todas las vocaciones, incluyendo las buenas que el chismoso deja en sujeto tácito.

En fin, que lo que dice el Santo Padre se debe aplicar a la crisis en Puerto Rico y los chismosos deben de morderse las lenguas hasta que los hechos se conozcan, se avalen y sean sometidos a juicio. Si no cesan de mover la lengua, dañan a la Iglesia y a su propia salvación.

domingo, mayo 19, 2013

Fiesta de Pentecostés, AD 2013





Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo
Padre amoroso del pobre,
don en tus dones esplendido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo. 

Ven, dulce huésped del alma
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento. 

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero. 

Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. 

“Ven Espíritu Santo, 
llena los corazones de tus fieles 
y enciende en ellos 
la llama de tu amor.
Aleluya”

viernes, mayo 17, 2013

¿Es la Iglesia Católica «La Gran Ramera»?

Fuente: Aleteia.org

 “Madre de todas las inquisiciones”, “Enemigas de las ciencias”, “Opresores de las mujeres”. “La Iglesia quiere que los fieles sufran”. “Los protestantes son más modernos”. “El odio al sexo”. Son algunos de los diez capítulos que componen el libro “La gran prostituta. Un decálogo de los mitos más comunes sobre la historia de la Iglesia”, a cargo de Lucetta Scaraffia y desde ayer en la librería por Librería Editrice Vaticana. Autoras de los diez ensayos recogidos en la obra son siete mujeres, “todas historiadoras pero no todas católicas” explica Scaraffia en la presentación: Sylvie Barnay, Cristiana Dobner, Anna Foa, Giulia Galeotti, Sandra Isetta, Margherita Pelaja y Lucetta Scaraffia misma.

Su objetivo es “aclarar desde el punto de vista histórico algunos de los estereotipos muy difundidos sobre la historia de la Iglesia: no con un intento apologético, sino un intento histórico de rectificación de los mitos comunes que hoy parecen haber sustituido a la realidad por lo que respecta a la historia de la Iglesia, y por tanto, han contribuido a deformar su identidad pública”.

El título de la obra, “La gran prostituta”,  “se refiere al modo injurioso en el que la Iglesia es denominada desde hace siglos por sus críticos”. Entre los temas tratados en el libro está la Inquisición, de la mano de la historiadora hebrea Anna Foa, que en otro ensayo hablará sobre el antisemitismo; el matrimonio cristiano, presentado por Margherita Pelaja; el celibato eclesiático, afrontado por L. Scaraffia, que después explora también el protestantismo, la relación entre ciencia y fe, y el de la Iglesia con las mujeres, ambos a cargo de Giulia Galeotti; el tema del sufrimientos y del dolor con firma de Cristiana Dobner.

Refiriéndose a numerosos libros polémicos que circulan contra el Vaticano, la historiadora revela que “se multiplican en estos textos, errores y referencias históricas equivocadas, que se refieren a estos lugares comunes, inventados, verdades petrificadas que se fundan en información errónea. Tan difundidas y indiscutibles que quien las recibe ni siquiera las cuestiona: ya que quién lo lee lo aceptará, “porque todos saben que es así”.

El trabajo que las siete historiadoras han desarrollado pretende, sin embargo, “acabar con las opiniones que se fundan en prejuicios, porque pensamos que sería mejor para todos que el debate sobre los hechos acaecidos y sobre la tradición teórica de la Iglesia católica se desarrollase partiendo de un conocimiento compartido de la verdad histórica. Se limpiaría así el espacio de polémicas y de acusaciones sin base y se daría la posibilidad de medir efectivamente las ideas y los valores contrapuestos en un clima de diálogo y de conocimiento recíproco”.

lunes, mayo 13, 2013

Sandro Magister: "Francisco y el diablo"

Hermanos y hermanas, Paz y Bien a todos en el nombre de Jesús.

El conocido vaticanista italiano, Sandro Magister, escribe hoy en su columna regular en el diario italiano la Repubblica, un interesante ensayo en donde estudia las menciones que el Papa Francisco hace del diablo en sus enseñanzas, junto a una reflexión acerca de su signifcado. Magister también incluye un ensayo escrito por Inos Biffi. titulado Cómo hablan del demonio las Escrituras que hacen de todo algo del interés general de Uds. mis lectores. Les incluyo un extracto:
En la predicación del Papa Francisco hay un tema que aparece con una frecuencia sorprendente: el diablo.

El mismo tema se repite con una frecuencia similar en el Nuevo Testamento. Sin embargo, la sorpresa permanece, aunque sólo sea porque con sus continuas referencias al diablo el Papa Jorge Mario Bergoglio se aleja de la predicación actual de la Iglesia, que sobre él calla o lo reduce a metáfora.

Es más, está tan difundida la minimización del diablo que ésta proyecta su sombra sobre las mismas palabras del Papa. Hasta ahora la opinión pública, tanto católica como laica, ha mostrado despreocupación ante su insistencia sobre el diablo o, como máximo, indulgente curiosidad.

En cambio, una cosa es cierta. Para el Papa Bergoglio el diablo no es un mito: es una persona real. En una de sus homilías matutinas en la capilla de la Domus Sanctae Marthae dijo que no sólo hay odio en el mundo hacia Jesús y la Iglesia, sino que detrás de este espíritu del mundo está "el príncipe de este mundo":

"Con su muerte y resurrección Jesús nos ha rescatado del poder del mundo, del poder del diablo, del poder del príncipe de este mundo. El origen del odio es éste: estamos salvados y ese príncipe del mundo, que no quiere que seamos salvados, nos odia y hace nacer la persecución que desde los primeros tiempos de Jesús continua hasta hoy".

Hay que reaccionar ante el diablo – dice el Papa – como hizo Jesús, que "respondió con la palabra de Dios. Con el príncipe de este mundo no se puede dialogar. El diálogo entre nosotros es necesario; es necesario para la paz, es una actitud que debemos tener entre nosotros para escucharnos, para entendernos. Y debe mantenerse siempre. El diálogo nace de la caridad, del amor. Pero con ese príncipe no se puede dialogar; se puede solamente responder con la palabra de Dios que nos defiende".

Francisco habla del diablo demostrando que tiene muy claro en su mente sus fundamentos bíblicos y teológicos.

Y precisamente para refrescar la mente sobre dichos fundamentos ha intervenido en "L'Osservatore Romano" del 4 de mayo el teólogo Inos Biffi, con un artículo que recorre la presencia y el papel del diablo en el Antiguo y el Nuevo Testamento, tanto en lo que ha sido revelado y es evidente, como en lo que aún pertenece a un "panorama escondido" y, en definitiva, a los "inescrutables caminos" de Dios.

Reproducimos este artículo a continuación, que concluye con una crítica a la ideología corriente que "banaliza" la persona del diablo.

Ideología contra la cual Bergoglio hace un llamamiento a todos a la realidad.
Por favor, léelo todo aquí.

viernes, mayo 10, 2013

No veo causa para que el Arzobispo de San Juan renuncie

Hermanos y hermanas, Paz y Bien a todos ustedes.

Mons. Roberto González Nieves
Arzobispo  de San Juan
Como todo católico en Puerto Rico, estoy siguiendo con gran interés el curso de acusaciones contra el Arzobispo Metropolitano de San Juan de Puerto Rico, Mons. Roberto González Nieves, y la controversia que esto ha generado.

Me abstuve de opinar hasta ahora porque no tenía claro de qué se le acusa, ni quién originó la información y por qué, o sea, que necesitaba más datos acerca del origen y la integridad de la información.

Gracias a este reportaje en el sitio-web de Vatican Insider, titulado Crisis Puerto Rico: el arzobispo se niega a renunciar, y factorizando la inclinación italiana hacia el supersensacionalismo - aun entre reporteros de buena fe - creo que tengo suficiente información para opinar de manera educada y provisional. Es decir, que mi opinión puede cambiar de acuerdo a nuevas informaciones. Habiendo dicho esto, prosigo.

De acuerdo al Vatican Insider, las acusaciones contra Mons. González Nieves son cuatro:
  1. Proteger a sacerdotes pedófilos,
  2. Haber realizado una investigación contra el presbítero Edward Santana sin jurisdicción para ello,
  3. Haber propuesto las “residencias compartidas” y,
  4. La promoción de un “altar de la patria” en su catedral.
La información que yo juzgo más importante en este reportaje de Vatican Insider es esta:
Simultáneamente la Congregación para el Clero solicitó a la Doctrina de la Fe información relacionada con diversos casos de supuestos abusos sexuales contra menores cometidos por sacerdotes de la arquidiócesis. Pero, según pudo confirmar el Vatican Insider, ese dicasterio no identificó irregularidades en la actuación de González Nieves.
A mis ojos, esa es la única acusación que, de ser verdad, ameritaría la renuncia de Mons. González. Pero aparentemente, el no cometió ninguna irregularidad en este campo. ¿Y qué se hace si las demás acusaciones se confirmasen? Vamos una por una.
  1.  No tengo claro cómo y por qué el arzobispo se metería a investigar a un sacerdote en una diócesis ajena a la suya, a menos que de algún modo Mons. González pensara que tenía injerencia. Pero vamos a decir que carecía de ella. Vamos a decir que Mons. González "metió la pata." Bueno, a mi entender el derecho canónico no prescribe para un delito así. Pues entonces la equivocación se resolvería mediante diálogo y arbitración. A lo más, una amonestación, pero no forzarle a renunciar.
     
  2. Lo de las "residencias compartidas." Para quienes no están familiarizados, un comité legislativo en Puerto Rico inició vistas públicas ante un proyecto de ley que hubiese avalado el llamado "matrimonio" entre personas del mismo sexo ante la ley en Puerto Rico. Mons. González acudió como testigo a dichas vistas y sugirió una solución salomónica: si el estado verdaderamente tiene un interés vital en ayudar y fortalecer a las familias en Puerto Rico, entonces que forje un mecanismo general bajo el cual toda persona de cualquier relación o ninguna - un tío y una sobrina, dos hermanos, dos amigos - se pueda amparar para disfrutar todos los derechos inherentes a un matrimonio sin llamarlo tal. Ese mecanismo sería ciego a la orientación sexual de los contrayentes, pero afianzaría los derechos de otras relaciones familiares que los merecen. Mons. González entonces aplicó un principio moral que admitiría la existencia de un mal moral - una unión de personas del mismo sexo - sin buscar esa consecuencia directamente al buscar proteger las anteriores. Quiero dejar claro que yo APRUEBO esa solución propuesta por Mons. González. Yo creo que es GENIAL. Pero pocos la conocen y aquí en los EE.UU. ni se habla de ella. Una lástima y pérdida para todos.
     
  3. Entonces queda lo del "altar a la patria." Bueno, ahí caemos en un tema que yo le he criticado con respeto a Mons. González y es que dado el ambiente denso de discusión política en Puerto Rico, que un pastor de su rango se abanderice y señale que favorece una solución política sobre otra resulta dañino para su credibilidad de Pastor. Mons. González tiene que ser Pastor de todos en su arquidiócesis no solamente de los que piensan como él. El ambiente político en Puerto Rico es tal que existen católicos que se sienten excluidos de la Iglesia o a lo menos, bien incómodos, por las posturas políticas del arzobispo. Y sí, creo que esto está mal hecho de su parte, pero no veo que esto también sea materia para hacerle renunciar. Si acaso otro regaño y advertencia, pero nada más.
Termino repitiendo lo que dije arriba: si hay otros hechos que ameriten la dimisión de Mons. González mejor sería que se hiciesen públicos porque por lo que veo, ninguna de sus faltas ameritan su dimisión voluntaria o despido involuntario, y Mons. González tienen todo el derecho a demandar un proceso canónico legal en el cual él pueda afrontar a acusadores y a las pruebas en su contra. 

miércoles, mayo 08, 2013

Catequesis del Papa Francisco sobre el Espíritu Santo

Fuente: ACIPrensa


Queridos hermanos y hermanas,

El tiempo pascual que estamos viviendo con gozo, guiados por la liturgia de la Iglesia, es por excelencia el tiempo del Espíritu Santo donado «sin medida» (cfr Jn 3,34) por Jesús crucificado y resucitado. Este tiempo de gracia concluye con la fiesta de Pentecostés, en la que la Iglesia revive la efusión del Espíritu sobre María y los Apóstoles reunidos en oración en el Cenáculo.

Pero ¿quién es el Espíritu Santo? En el Credo profesamos con fe: «Creo en el Espíritu Santo que es Señor y da la vida». La primera verdad a la que adherimos en el Credo es que el Espíritu Santo es Kýrios, Señor.

Ello significa que Él es verdaderamente Dios como lo son el Padre y el Hijo, objeto, por parte nuestra, del mismo acto de adoración y de glorificación que dirigimos al Padre y al Hijo.

De hecho, el Espíritu Santo es la tercera Persona de la Santísima Trinidad; es el gran don de Cristo
Resucitado que abre nuestra mente y nuestro corazón a la fe en Jesús como el Hijo enviado por el Padre y que nos guía a la amistad, a la comunión con Dios.       

Pero quisiera sobre todo detenerme en el hecho que el Espíritu Santo es la fuente inagotable de la vida de Dios en nosotros. El hombre de todos los tiempos y de todos los lugares desea una vida plena y bella, justa y buena, una vida que no esté amenazada por la muerte, sino que pueda madurar y crecer hasta su plenitud.

El hombre es como un caminante que, atravesando los desiertos de la vida, tiene sed de un agua viva, fluyente y fresca, capaz de refrescar en profundidad su deseo profundo de luz, de amor, de belleza y de paz.

¡Todos sentimos este deseo! Y Jesús nos da esta agua viva: ella es el Espíritu Santo, que procede del Padre y que Jesús vierte en nuestros corazones. « yo he venido para que tengan Vida, y la tengan en abundancia», nos dice Jesús (Jn 10,10).

Jesús promete a la Samaritana donar un “agua viva”, con abundancia y para siempre, a todos aquellos que lo reconocen como el Hijo enviado por el Padre para salvarnos (cfr Jn 4, 5-26; 3,17). Jesús ha venido a donarnos esta “agua viva” que es el espíritu Santo, para que nuestra vida sea guiada por Dios, sea animada por Dios, sea nutrida por Dios.

Cuando decimos que el cristiano es un hombre espiritual nos referimos justamente a esto: el cristiano es una persona que piensa y actúa según Dios, según el Espíritu Santo. Y nosotros, ¿pensamos según Dios?

¿Actuamos según Dios? O ¿nos dejamos guiar por tantas otras cosas que no son Dios?

A este punto podemos preguntarnos: ¿por qué esta agua puede saciarnos hasta el fondo? Sabemos que el agua es esencial para la vida; sin agua se muere; ella refresca, lava, hace fecunda la tierra. En la Carta a los Romanos encontramos esta expresión: «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado» (5,5).

El “agua viva”, el Espíritu Santo, Don del Resucitado que toma morada en nosotros, nos purifica, nos ilumina, nos renueva, nos transforma porque nos hace partícipes de la vida misma de Dios que es Amor. Por esto, el Apóstol Pablo afirma que la vida del cristiano está animada por el Espíritu y de sus frutos, que son «amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia» (Gal 5,22-23). El Espíritu Santo nos introduce en la vida divina como “hijos en el Hijo Unigénito”.

En otro pasaje de la Carta a los Romanos, que hemos recordado varias veces, San Pablo lo sintetiza con estas palabras: «Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios ‘Padre’. El mismo espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, porque sufrimos con él para ser glorificados con él» (8,14-17).

Este es el don precioso que el Espíritu Santo trae a nuestros corazones: la vida misma de Dios, vida de verdaderos hijos, una relación de confidencia, de libertad y de confianza en el amor y en la misericordia de Dios, que tiene también como efecto una mirada nueva hacia los demás, cercanos y lejanos, vistos siempre como hermanos y hermanas en Jesús a los cuales hay que respetar y amar. El Espíritu Santo nos enseña a mirar con los ojos de Cristo, a vivir la vida como la ha vivido Cristo, a comprender la vida como la ha comprendido Cristo.

He aquí por qué el agua viva que es el Espíritu Santo sacia nuestra vida, porque nos dice que somos amados por Dios como hijos, que podemos amar a Dios como sus hijos y que con su gracia podemos vivir como hijos de Dios, como Jesús. Y nosotros, escuchamos al Espíritu Santo que nos dice: Dios te ama, te quiere. ¿Amamos verdaderamente a Dios y a los demás, como Jesús? Y nosotros, ¿escuchamos al Espíritu Santo? ¿Qué cosa nos dice el Espíritu Santo? Dios te ama: ¡nos dice esto! Dios Te ama, te quiere. Y nosotros ¿amamos verdaderamente a Dios y a los demás, como Jesús?

Dejémonos guiar, dejémonos guiar por el Espíritu Santo. Dejemos que Él nos hable al corazón y nos diga esto: que Dios es amor, que Él nos espera siempre, que Él es el Padre y nos ama como verdadero papá; nos ama verdaderamente. Y esto solo lo dice el Espíritu Santo al corazón. Sintamos al Espíritu Santo, escuchemos al Espíritu Santo y vayamos adelante por este camino del amor, de la misericordia, del perdón. ¡Gracias!

lunes, mayo 06, 2013

María, la llena de amor

Padre Nicolás Schwizer

El primer título que el Evangelio le asigna a María es el de “llena de gracia”. Haber hallado gracia ante Dios, significa haber sido “agraciado” por sus dones: por esos dones que Él reparte por pura bondad suya. Y estos dones son en el fondo uno solo: su amor. “Llena de gracia” es, entonces “llena de amor”. Creo que a todos nos haría bien renovar nuestro amor mirando a un modelo atrayente. Y este modelo podría ser la Sma. Virgen.

María es la mujer llena de amor. Su vida comprueba que eso es cierto, porque lo que más la caracteriza es que Ella vive en plena comunión de amor no sólo con Dios, sino también con los hombres. En la Anunciación esta comunión de amor se extiende a la humanidad entera: pues María acepta ser Madre del Mesías, el Salvador de todos los hombres. Así aparece la Virgen desde las primeras escenas del Evangelio, ligada por hondos lazos de amor a personas concretas: a José, a Jesús, a Isabel y Zacarías, a los novios de Caná, a los discípulos.

El Señor estuvo siempre con María. Desde el mismo instante en que ella fue concebida, la llenó de su gracia y de su amor. Por eso María es también “la Inmaculada”, la sin pecado. Por que el pecado es el “no” del hombre al amor, y eso jamás tuvo cabida en su corazón.

Pecar es decir no a los dos mandamientos fundamentales del evangelio: al amor a Dios y al amor al prójimo. Es negarse a ser hijos y a ser hermanos. Es romper la comunión hacia arriba y hacia los lados, aislándose y replegándose en el propio yo, en su orgullo, en su egoísmo, ambición o vanidad.

La salvación de Jesucristo – tal como resplandece en María – comienza por la liberación del pecado, y el retorno a la comunión en el amor. Lo decisivo es el primer momento, que transcurre en el interior del corazón humano: la apertura al amor, la victoria sobre el egoísmo y el orgullo. El que se ha decidido en su corazón por el amor, por vivir en comunión con Dios y con los hombres, ése ya está salvado. Ese ya está liberado: liberado de la soledad, de la angustia, de la amargura y la autodestrucción que produce el encierro en el propio yo.

Pero la salvación y esa comunión deben crecer, deben proyectarse más allá del puro corazón. Etapa final de este proceso será el cielo. Allí también nuestro cuerpo estará liberado para siempre de los efectos del pecado: del dolor, la enfermedad y la muerte.

Por su actitud, María nos enseña que el amor impulsa a ser solidarios y a compartir. Ella comparte su vida y sus bienes con José.

Comparte con Jesús su misión. Con Isabel, sus quehaceres domésticos. Con los novios de Caná, su preocupación. Su amor se ha ido convirtiendo en comunión de vida y de bienes, en comunión de destinos y tareas, en comunión en la alegría y en la aflicción.

Por ser Madre, María posee un carisma, un don especial para unir los corazones y abrirlos al amor, para hacernos hermanos.

Y María quiere también enviarnos a crear un ambiente de unidad y de amor. Nos pide crearlo, cultivarlo y perfeccionarlo permanentemente en nuestros hogares, nuestros lugares de trabajo, nuestros barrios y nuestros grupos. Y nos invita, a la vez, a construir todos juntos una sociedad más solidaria y manifestarlo en ayuda real a los que sufren, a los que dependen de nosotros y a los que se acercan a nosotros.

Pidámosle a la Sma. Virgen que nos ayude a liberarnos de todo lo que en el corazón de cada uno se opone al amor. Que nos dé fuerzas para vencer en nosotros mismos el pecado y el egoísmo, que nos separan de los demás y destruyen la unidad. Que María abra nuestros corazones al amor, a la comunión con Dios y con los hermanos, tal como Jesús lo enseñó y vivió.

Preguntas para la reflexión

1. ¿Cómo es mi relación con la Virgen María?

2. ¿Soy una persona comunitaria?

jueves, mayo 02, 2013

El error de la SSPX



Hermanos y hermanas, Paz y Bien a todos, la paz que sólo Jesús nos da y nadie más.

Recientemente, un cordial visitante llamado «John» dejó este comentario en la entrada titulada Mi opinión personal sobre la SSPX, el cual creo merece una respuesta en el blog:

Perdona que la crudeza, pero tu opinión es bien pobre.

Sólo los tildas de "arrogantes" y "marginales", pero eso se ha escuchado ya mil veces. Lo interesante es que no les importa mientras tengan la convicción de ser fieles a la tradición de la Iglesia, y cada vez son tomados más en cuenta. 

Por lo demás, con la Iglesia en el estado en que está, ser tildado de "arrogante" y "marginal" es casi un elogio

El eje del error 

El hermano John y todos los simpatizantes de la SSPX tienen que entender algo bien importante: el eje de error de la SSPX gira en torno a la comprensión estrecha de lo que es la «Tradición» de la Iglesia y su función, algo que la SSPX concibe en solamente en términos del uso litúrgico latino y tridentino; de un «canonicismo» y teología moral casuista en método y resultado, y de un escolasticismo teológico autoreferente, es decir, con poca o ninguna conciencia ni del catolicismo oriental ni del ortodoxo griego, y sin amago de diálogo con la teología bíblica, la tradición exegética hebraica, la crítica textual y literaria, y las ciencias naturales.  

El resultado de las rotaciones que la SSPX es su típico solipsismo y narcisismo, esas neurosis que les impulsa a juzgar al resto de la Iglesia con gran pompa y soberbia: a los Santos Padres desde el Beato Juan XXIII, al Concilio Vaticano II, y a todos los que discrepen de la visión esclerótica que tiene la SSPX de la Tradición. Ellos siempre andan con el dedito pedagogo alzado. En eso me recuerdan a los integristas islámicos o de la ortodoxia oriental, y a los fundamentalistas protestantes: la SSPX pontifica, pero no escucha.

La SSPX, ¿de vuelta al cisma?

«John» está en un error al decir que los fieles de la SSPX «son tomados más en cuenta». ¿En qué planeta? Y ahora menos después que la SSPX escupió la mano que les extendiera el ahora Papa emérito Benedicto. El obispo que preside la SSPX, Mons. Felay, junto a su grupito de obispos que como él fueron ordenados ilícitamente, insistieron a la Santa Sede a ser reconciliados a la Iglesia sin condiciones y con condiciones inéditas: el poder de nombrar sus propios obispos y el permiso de seguir sonando una voz de disensión en la Iglesia sin temor a ser disciplinados y sin tener que reconocer la canonicidad en todo o en parte del Concilio Vaticano II. En fin, que pedían los mismos privilegios que ejercen otros disidentes sin pedir permiso, disidentes como Hans Küng, quienes hablan pestes de la Iglesia, del Papa y de la jerarquía desde su punto de vista. 

La SSPX nunca ha tenido un sitial privilegiado que le haya permitido dictar su reintegración a la Iglesia sin pedir perdón ni hacer penitencia. Es simplemente un grupo más que actúa sin regularidad canónica por el momento, y dada su actitud, en cualquier momento podría regresar al cisma y a la mayor irrelevancia. 

Porque, aparte de su reintegración plena a la Iglesia, ¿cuál otra salida tienen?
Ya en la Iglesia Católica aquellos fieles que rinden culto a Dios mediante la forma extraordinaria (la Misa Tridentina) de nuestro rito latino han hecho un gran impacto en la reforma y regularización de la forma ordinaria (la Misa de Pablo VI) de la liturgia. Gracias a ellos, la reverencia en la liturgia está reapareciendo entre los fieles, impactando y elevando la forma ordinaria al sitial que los Padres conciliares perseguían. Tener un SSPX con privilegio de crítica y disidencia no es beneficioso para la Iglesia, según lo vemos los católicos fieles a ella.

Finalmente…

«John» nos dice que con la Iglesia en el estado en que está, ser tildado de "arrogante" y "marginal" es casi un elogio. Bueno…

No veo como ser tildado de «arrogante» sea un elogio. La arrogancia es producto de la soberbia, la cual es un pecado capital. Es la SSPX la que se margina con la arrogancia de sus directores. Solamente en el mundo enrevesado de los incondicionales de la SSPX, la arrogancia y marginación son vistas como trofeos.

Una vez, invito a todos los simpatizantes de la SSPX a recapacitar y a regresar a la plena comunión con la Iglesia Católica y el Sucesor de Pedro. Como dice el Evangelio, busquen primero el Reino de Dios y toda su justicia, que lo demás vendrá por añadidura. Recemos todo para que su reconciliación suceda pronto la gloria de Dios y la salvación de sus almas.