sábado, abril 27, 2013

La Cultura de la Muerte en México: Descripción, Diagnóstico y Solución

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Hermanos y hermanas, Paz y Bien a todos ustedes.

Entre las cosas que leo cotidianamente se encuentran las noticias acerca de eventos en la hermana república mexicana, la cual he visitado varias veces. Su gente, historia y paisajes son bellos y de gran interés para mí, que como puertorriqueño me unen lazos de amistad, común origen y de fe religiosa con mi “México lindo”.

Una cultura de la muerte autóctona

Mi preocupación principal es esta: el trasiego de drogas colombianas o producidas en suelo mexicano, pero controladas por mafias o «carteles» mexicanos, amenazan con destruir la fibra social de ese país y de hundir su civilización en un pantano de depravación y barbarismo. Si bien es fácil culpar al vecino del norte por la demanda constante de estupefacientes que emerge de los EE.UU., el tráfico de drogas hacia el norte sería imposible ausente las actividades delictivas de los carteles de la droga en México, ya que son ellos los que se enriquecen de la destrucción personal de los drogadictos estadounidenses y del crimen secundario provocados por los drogadictos y por las hampas estadounidenses que luchan a muerte por el control del mercadeo local de las drogas.

Sin embargo, la dependencia física y psicológica provocadas por el abuso de las drogas no son un fenómeno único de los EE.UU., ya que este efecto también se observa en las comunidades mexicanas. El azote de la adicción a la cocaína, heroína, marihuana y metanfetamina ya se pueden ver en las calles de ese país, así como sus efectos secundarios como la violencia causada por las luchas por el control del trasiego local, invasiones hogareñas, asaltos, y otros crímenes contra la persona y propiedad.

Vivir en esto lugares es como vivir en Afganistán, con la diferencia que en el caso de México los carteles son análogos a más de un Talibán, mutuamente opuestos y todos reclamando que son los verdaderos protectores de la población. La inseguridad y desasosiego provocados por estas guerras impactan la psique de los mexicanos, provocando en ellos el desorden mental postraumático típico de las poblaciones que viven constantemente en estado de sitio.

Los sicarios anuncian frecuentemente sus crímenes por medio de «narcomantas», las cuales consisten en pancartas, cruza-calles, grafitos y otras expresiones escritas a mano o impresas, proclamando amenazas e insultos vulgares, casi siempre escrito con una gramática horrífica propia de analfabetos, publicadas por gente anónima con el objeto de aterrorizar a la población en general y a sus víctimas en particular. (La única excepción en este tipo de comunicación parece ser la de los llamados «Caballeros Templarios», cuya dicción es correcta y hasta cordial, pero en la práctica su culto a la muerte no es menos brutal que el de otras bandas criminales).

La cultura de muerte, terror y corrupción forjada por los carteles de la droga en México ha resultado en la muerte de decenas de miles, en la inhabilidad del estado mexicano de enfrentarse a los carteles y de garantizarle paz y seguridad a su ciudadanía. De hecho, en múltiples ocasiones, las autoridades públicas trabajan mano-a-mano con los carteles y aquellas autoridades que osan enfrentarse a los cárteles, acaban torturadas y muertas, sirviendo de lección a los demás. Esta situación de agonía y prácticamente guerra civil la viven los ciudadanos de los estados norteños, principalmente la de los estados fronterizos con los EE.UU.

La muerte violenta es un evento cotidiano en esos lugares y no discrimina contra nadie: viejos, jóvenes, niños, mujeres, policías, soldados, funcionarios o meros civiles, todos caen víctimas de la orgía de violencia en esos lugares donde la pelea por control entre los carteles es el pan nuestro de cada día. Apena ver que los sicarios son con frecuencia gente joven, atraídos a la vida de delincuencia por la promesa de riqueza fácil y placeres al alcance automático de aquellos que ostenten su riqueza y su poder. Ellos son una generación perdida al trabajo honesto y a la contribución pacífica del talento y empleo que constructores de un país sano y progresista.

Y ni los muertos se salvan de atropellos ya que con frecuencia y con ánimo de amedrentar, los sicarios profanan los cadáveres de sus víctimas cortándolos en pedazos y repartiendo las partes en bolsas de basura; decapitándolos (tras la muerte pero muchas veces, en vida), quemando, o disolviéndolos en ácido, o colgándolos en lugares públicos para el consumo público.

El olor literal de la muerte se suma a la exhibición morbosa de sus pobres víctimas como chanchos en una carnicería para amedrentar a la población. Glorifican este estilo de vida una prensa que le da publicidad y la emergencia de un género musical que glorifica la vida criminal. Fotos de jóvenes y gente bien alimentada junto a costosos automóviles deportivos, fajos de dólares en sus manos, mascotas exóticas y abrazando mujeres bonitas, luciendo armas de variados calibres, algunas adornadas con cachas de oro o plata, y hasta niños posando con armas cortas – todo romantiza con glamor un estilo de vida que es nefario y podrido hasta en su médula. Es un estilo de vida en el cual los pecados capitales son presentados como virtudes a practicarse y no como vías hacia la perdición.

El culto a la Santa Muerte

Por si esto fuera poco, a la muerte misma se le rinde culto en México aunque hay que apuntar que esto no es nada nuevo ni exclusivo de los mexicanos. En la Europa medieval el folclor ya mostraba una «danza de los muertos» a raíz de la gran epidemia de peste bubónica que eliminó hasta una cuarta parte de la población del subcontinente en el siglo XIV. Y en el México precolombino los cruentos sacrificios aztecas eran temidos por toda la población amerindia. Ambas corrientes – la europea y la azteca – confluyeron en la psique colectiva mexicana bajo la cual siempre ha existido como una corriente subterránea, aflorando en tiempos de trauma nacional en donde la muerte y el mal parecen llevarle la ventaja al Bien y a la Vida. Surge entonces de lleno la necesidad de propiciar a la muerte y al mal como deidades en sí mismas y ese culto abierto, nacido de la pesadumbre de los pobres y de las víctimas, es lo que vemos en el culto mexicano a «la Santa Muerte».

Quienes han visto su foto o efigie, entienden lo que le digo. Es el culto votivo a un esqueleto vestido y coronado al modo de Nuestra Madre, la Bienaventurada Virgen María. Los devotos de la Santa Muerte deforman devociones marianas y otras prácticas católicas en su culto al ídolo mortecino. A este le imprecan, le piden una «bendición» a sus empresas, sean limpias o criminales y le imprecan que en su “justicia” les favorezca a sus devotos y perjudique a sus enemigos. En fin, que el culto a la Santa Muerte representa una inversión completa de valores en la psique religiosa mexicana, en donde el diablo y la muerte ocupan el lugar que le corresponde a Dios, y en donde su conciencia de ser “hijo de la Virgen María de Guadalupe” se trastorna en una de ser súbdito de la muerte, esa que tiene y tendrá «la última palabra».

Génesis del Problema y Diagnóstico

Las causas de esta crisis en la sociedad mexicana son numerosas y multifacéticas. Gente de buena voluntad, creyentes religiosos o no, difieren al respecto dentro y fuera de México. Como católico, quiero apuntar que una de las causas es la larga historia de conflicto entre la Iglesia y el estado en México, presente ya poco después de su independencia nacional pero alcanzando su punto álgido a raíz de la Revolución de 1910.

La Revolución de 1910 consolidó el triunfo del modelo del estado seglar y laicista en la historia mexicana, aunque uno con algunos visos marxistas y estalinistas. Este triunfo llevó a una secularización radical en el ámbito de la educación y una postura militante anticatólica de parte de los nuevos jerarcas, quienes veían a la Iglesia Católica como un bastión oscurantista, rezago de los tiempos coloniales y aliados de los grandes latifundistas y de la nobleza criolla. (Estos eran tiempos antes del movimiento indigenista posmoderno y por lo tanto a la Iglesia no la acusaban todavía de ser un ente genocida).

Tras deslegitimar a la Iglesia como actor social en su país y mediante un programa de educación estrictamente laica, los revolucionarios mexicanos procedieron a extirpar la conciencia moral católica de la población en general, suplantándola con los valores genéricos, progresistas y evolutivos típicos del nuevo estado social. Esa extirpación de la conciencia católica mexicana no fue lograda de manera paulatina y heterogénea, pero llevó a la «sentimentalización» de la religión. De manera muy mexicana, la psique católica en esa hermana república perdió su ancla moral y filosófica en la fe y se trastornó en algo que «se siente» pero no «se padece» y los mandamientos propios del cristianismo católico – como se expresa en los diez mandamientos y en las obras de misericordia corporales y espirituales – se le «acatan» pero «no se cumplen».

Lo que sobra de este proceso es la religión vivida como mero sentimiento «inefable», como algo afín al patriotismo, al «lamento mexicano» – equivalente al «¡Ay, bendito!» de mi tierra borincana – que se expresa con hombría o femineidad propias, pero en la consideración última, divorciada completamente de la vivencia vital del amor demandada por el Maestro. El producto es una «disonancia cognitiva» por la cual valores ajenos a la conciencia tradicional mexicana, o hasta antivalores – la normalización del aborto terapéutico, de la homosexualidad, la mentalidad anticonceptiva, el machismo, sexo fuera del matrimonio, del concubinato, y sus colas, como el abuso y explotación de la mujer y del niño – muchas veces toman precedencia en el juicio moral del mexicano individual por sobre los valores evangélicos a la hora de obrar privadamente o en sociedad.

Quiero indicar con vehemencia que con este diagnóstico que hice de la psique colectiva mexicana no quiero decir que México es peor que cualquier otro país, o inferior en su civilización y costumbres. ¡Que quede claro! Yo podría cambiar toda referencia a «México» en esta monografía y sustituirlo por «Puerto Rico» o «España» o cualquier otro país con algunos cambios y el diagnóstico sería similar: disonancia cognitiva debida a la remoción de la conciencia católica del país y su suplantación con un esquema de valores secularistas o de antivalores que destruyen esa conciencia. Simplemente, esta es mi explicación del rumbo que el laicismo y el anticatolicismo siguieron en México y de sus consecuencias profundas y nefastas.

Efecto

Dijo una vez el célebre escritor ruso Dostoievski que «quienes dejan de creer en Dios, creen en cualquier cosa». Que conste que México no es un país ateo ni mucho menos, pero sí es uno en donde aquellos que llevan la voz cantante en el hampa criminal viven como si Dios no existiera. Lo mismo ocurre en los linderos sociales circundantes al hampa.

La educación secularista – o la falta de educación – ha llevado a pobres y ricos, oficiales del gobierno o simples ciudadanos, a llenar ese vacío que – nos dice San Agustín - «tiene la forma de Dios» con otros tantos ídolos. Estos son el dinero, la fama, y el poder logrado por la fuerza de las armas, las posesiones materiales y los placeres de la carne. Por otro lado, otro segmento de la población exalta a la muerte como deidad y se le dedica a su servicio, implorando su protección y la revancha hacia adversarios.

Este efecto encuentra su máxima expresión y su multiplicación en los carteles de la droga en México y el estilo de vida – y muerte – que ellos proponen y viven día a día. Cada uno vive «como un dios», conocedor y definidor de lo bueno y lo malo. La cultura de la muerte en México es una consecuencia de la promesa que la serpiente una vez hiciera a nuestros primeros padres, que al negar a Dios, viviríamos como dioses. Era una media verdad y la cola que trajo llega hasta los desastres del día de hoy.


El reto a la Iglesia

Nuestra Iglesia Católica no se ha recuperado completamente de su victimización por parte del estado mexicano. Su patrimonio material apenas ha sido reconstruido. Sin embargo, reconstituir este patrimonio no es requisito para lanzar de nuevo una Nueva Evangelización a través de México.

Y es que el panorama es desolador. Es justo decir que el catolicismo en muchas partes de México es superficial y que bajo esa epidermis católica conviven corrientes paganas de origen amerindio y europeo que ya afloran. Como en muchos otros países, la población no ha sido evangelizada y su catequización ha sido imperfecta y fragmentaria. Los cambios sociales que han fragmentado a la familia en otros países también han afectado a México y esos cambios han interrumpido la transmisión del contenido de nuestra fe y de la auténtica sensibilidad cristiana católica de una generación a otra. Como consecuencia, los pastores y el pueblo aun con conciencia católica en México se encuentran como una minoría pírrica ante una sociedad prácticamente atea o pagana en su cosmovisión y valores.

En México también se ha vivido la tentación de abanderar a la Iglesia con la política de izquierda, tal vez en reacción culpable a su –muchas veces injustamente percibida – predilección por las clases pudientes. Y aunque el ejercicio de «la opción preferencial por los pobres» es una validada por el mismo Evangelio, este ejercicio ha incluido muchas veces la adopción del análisis económico marxista y su antropología por parte de muchos sacerdotes y algunos obispos. Las consecuencias también han sido nefastas, porque la conciencia de «lucha de clases» no es equivalente a lo que nosotros los católicos llamamos «pecado» ni la abolición de «estructuras injustas» equivalentes a la proclamación del Evangelio. Dicha adopción ha resultado en otra quebradura cognitiva en la conciencia mexicana, esta propia del católico que busca ser efectivo y «relevante» en la redención de su sociedad.

La cura de los problemas en la Iglesia mexicana

El primer paso que mis hermanos católicos en México deben de tomar es el mismo que les toca a los católicos de otros países: tenemos que convertirnos. Sí convertirnos a Cristo una vez más, repetir con convicción nacida de la fe y del amor los votos que hicimos en el bautismo: renunciar al mal – al diablo y a todas sus pompas – y abrazar al Bien – al Dios Trino revelado en Jesucristo y que por el Espíritu Santo, habita en toda su gloria en nuestros corazones.

Esta conciencia de un Dios que vive no solamente «en» nosotros pero también «dentro» de nosotros nos potencia a cambiar de vida y reorientarnos hacia Aquel nos ama. Esa conversión continúa en nuestra transformación a un estado plenamente humano: el de ser santos. La santidad es el estado natural del hombre y la mujer, es la vivencia continua del plan de Dios para cada uno de nosotros. Ser santo es ser «normal»; lo que es «anormal» y desquiciado es no serlo.

Tenemos que aceptar el hecho que esta conversión necesaria no es una «fuga de la realidad» si no todo lo contrario: un adentramiento a la naturaleza misma de la Realidad.

La cura última de la sociedad mexicana (y de toda sociedad)

Mis hermanos y hermanas, la santidad es algo bello y como un virus, contagioso. Amarse los unos a los otros con amor sacrificial es bello y la personalidad que ese Amor – que es Dios mismo – fomenta en la persona que ama de este modo crea una «santa envidia» en quien lo ve. Lo que es limpio, puro, inocente ejerce un magnetismo que acaba por convencer tanto al escéptico como al mundano de que vivir una vida razonablemente feliz en esta tierra y una enteramente feliz en la eternidad es mejor y más importante que acaparrar poderes y riquezas. Ese magnetismo del Amor es lo que hizo triunfar a la Iglesia en la primera era de persecución y lo puede hacer otra vez.

Y eso es decir que habrá martirios. Como sabemos, la oscuridad no aguante la existencia de la Luz e intentará ahogarla. Quien permanezca fiel – como el padre Miguel Pro – enfrenta la probabilidad real de su muerte por parte de quienes no soportan la claridad de la luz. Pero del mismo modo en que la santidad es algo contagioso, también «sabemos que la sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia». Enfrentaremos persecución, sufrimientos y muertes, pero sabemos bien que la suerte está echada: el Bien ya ha derrotado el mal y la muerte no es una deidad a ser apaciguada, sino una consecuencia del pecado ya derrotada en la resurrección de Jesucristo.

Y así es como sabemos que tenemos que recapturar nuestra conciencia misional. México, como los EE.UU., como Europa, son países de misión. Todos somos misioneros y nuestra misión es recapturar el corazón de México, de todos nuestros países, para Cristo Jesús. Siendo «sal de la tierra» como santos y misioneros, recae en nuestras manos una vez más el deber de transformar el país, de hacer de la violencia algo impensable y de reorientar nuestras estructuras sociales hacia la protección integral de la persona – en cuerpo, alma y espíritu.

Hermanos y hermanas, no hay momento como el ahora para recomenzar nuestra misión. En nombre de Cristo Jesús, emprendamos la Nueva Evangelización de México y de todo el mundo. Devolver México a Cristo es la clave para rescatar su juventud y todo el pueblo sufriente.

miércoles, abril 24, 2013

Catequesis del Papa sobre el Juicio Final

Fuente: ACIPrensa

Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!

En el Credo profesamos que Jesús "de nuevo vendrá con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos". La historia humana comienza con la creación del hombre y la mujer a imagen y semejanza de Dios y concluye con el juicio final de Cristo.

A menudo nos olvidamos de estos dos polos de la historia, y sobre todo la fe en el regreso de Cristo y en el juicio final a veces no está tan clara y sólida en el corazón de los cristianos. Jesús durante su vida pública, a menudo ha reflexionado sobre la realidad de su venida final.

Sobre todo recordamos que, con la Ascensión, el Hijo de Dios ha llevado al Padre nuestra humanidad que Él asumió y quiere atraernos a todos hacia sí mismo, llamar a todo el mundo para ser recibido en los brazos abiertos de Dios, para que, al final de la historia, toda la realidad sea entregada al Padre.
Hay, sin embargo, este "tiempo intermedio" entre la primera venida de Cristo y la última, que es precisamente el momento que estamos viviendo. En este contexto se coloca la parábola de las diez vírgenes (cf. Mt 25,1-13). Se trata de diez muchachas que esperan la llegada del Esposo, pero tarda y ellas se duermen.

Ante el repentino anuncio de que el Esposo está llegando, todas se preparan para recibirlo, pero mientras cinco de ellas, prudentes, tienen el aceite para alimentar sus lámparas, las otras, necias, se quedan con las lámparas apagadas, porque no lo tienen, y mientras buscan al Esposo que llega, las vírgenes necias encuentran cerrada la puerta que conduce a la fiesta de bodas.

Llaman con insistencia, pero es demasiado tarde, el esposo responde: no os conozco. El Esposo es el Señor, y el tiempo de espera de su llegada es el tiempo que Él se nos da, con misericordia y paciencia, antes de su llegada final, tiempo de la vigilancia; tiempo en que tenemos que mantener encendidas las lámparas de la fe, de la esperanza y de la caridad, donde mantener abierto nuestro corazón a la bondad, a la belleza y a la verdad; tiempo que hay que vivir de acuerdo a Dios, porque no conocemos ni el día, ni la hora del regreso de Cristo.

Lo que se nos pide es estar preparados para el encuentro: preparados a un encuentro, a un hermoso encuentro, el encuentro con Jesús, que significa ser capaz de ver los signos de su presencia, mantener viva nuestra fe, con la oración, con los Sacramentos, estar atentos para no caer dormidos, para no olvidarnos de Dios. La vida de los cristianos dormidos es una vida triste, ¿eh?, no es una vida feliz. El cristiano debe ser feliz, la alegría de Jesús... ¡No se duerman!

La segunda parábola, la de los talentos, nos hacen reflexionar sobre la relación entre la forma en que usamos los dones recibidos de Dios y su regreso, cuando nos pedirá cómo los hemos utilizado (cf. Mt 25,14-30). Conocemos bien la historia: antes de salir de viaje, el dueño da a cada siervo algunos talentos para que sean bien utilizados durante su ausencia.

Al primero le entrega cinco, dos al segundo y uno al tercero. Durante su ausencia, los dos primeros siervos multiplicar sus talentos - se trata de monedas antiguas, ¿verdad? -, Mientras que el tercero prefiere enterrar su propio talento y entregarlo intacto a su dueño. A su regreso, el dueño juzgar su trabajo: alaba a los dos primeros, mientras que el tercero viene expulsado fuera de la casa, porque ha mantenido oculto por temor el talento, cerrándose sobre sí mismo.

Un cristiano que se encierra dentro de sí mismo, que oculta todo lo que el Señor le ha dado... es un cristiano... ¡no es un cristiano! ¡Es un cristiano que no agradece a Dios todo lo que le ha dado!

Esto nos dice que la espera del retorno del Señor es el tiempo de la acción. Nosotros somos el tiempo de la acción, tiempo para sacar provecho de los dones de Dios, no para nosotros mismos, sino para Él, para la Iglesia, para los otros, tiempo para tratar siempre de hacer crecer el bien en el mundo.
Y sobre todo hoy, en este tiempo de crisis, es importante no encerrarse en sí mismos, enterrando el propio talento, las propias riquezas espirituales, intelectuales, materiales, todo lo que el Señor nos ha dado, sino abrirse, ser solidarios, tener cuidado de los demás.

En la plaza, he visto que hay muchos jóvenes. ¿Es verdad esto? ¿Hay muchos jóvenes? ¿Dónde están? A ustedes, que están en el comienzo del camino de la vida, pregunto: ¿Han pensado en los talentos que Dios les ha dado? ¿Han pensado en cómo se pueden poner al servicio de los demás? ¡No entierren los talentos! Apuesten por grandes ideales, los ideales que agrandan el corazón, aquellos ideales de servicio que harán fructíferos sus talentos.

La vida no se nos ha dado para que la conservemos celosamente para nosotros mismos, sino que se nos ha dado, para que la donemos. ¡Queridos jóvenes, tengan un corazón grande! ¡No tengan miedo de soñar cosas grandes!

Por último, una palabra sobre el párrafo del juicio final, donde viene descrita la segunda venida del Señor, cuando Él juzgará a todos los seres humanos, vivos y muertos (cf. Mt 25,31-46). La imagen utilizada por el evangelista es la del pastor que separa las ovejas de las cabras.

A la derecha se sitúan los que han actuado de acuerdo a la voluntad de Dios, que han ayudado al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, el enfermo, el encarcelado, el extranjero. Pienso en los muchos extranjeros que hay aquí en la diócesis de Roma. ¿Qué hacemos con ellos? Mientras que a la izquierda están los que no han socorrido al prójimo. Esto nos indica que seremos juzgados por Dios en la caridad, en cómo lo hemos amado en los hermanos, especialmente los más vulnerables y necesitados.

Por supuesto, siempre hay que tener en cuenta que somos justificados, que somos salvados por la gracia, por un acto de amor gratuito de Dios que siempre nos precede. Solos no podemos hacer nada.
La fe es ante todo un don que hemos recibido, pero para dar fruto, la gracia de Dios siempre requiere de nuestra apertura a Él, de nuestra respuesta libre y concreta. Cristo viene para traernos la misericordia de Dios que salva. Se nos pide que confiemos en Él, de responder al don de su amor con una vida buena, hecha de acciones animadas por la fe y el amor.

Queridos hermanos y hermanas, no tengamos nunca miedo de mirar el juicio final; que ello nos empuje en cambio a vivir mejor el presente. Dios nos ofrece con misericordia y paciencia este tiempo para que aprendamos cada día a reconocerlo en los pobres y en los pequeños, para que nos comprometamos con el bien y estemos vigilantes en la oración y en el amor. Que el Señor, al final de nuestra existencia y de la historia, pueda reconocernos como siervos buenos y fieles. Gracias.

martes, abril 23, 2013

Puerto Rico: Fuentes para conocer y amar a la Iglesia

Autora: Camille Rodríguez Báez | Fuente: El Visitante
 
Escribir un libro es un trabajo difícil que requiere paciencia, dedicación y esfuerzo. Puerto Rico cuenta con una producción de libros católicos, que se han publicado en los últimos años y que están al alcance de todos.

Haydee Reichard, escritora puertorriqueña natural de Aguadilla, quien ha dedicado más de 30 años de su vida a escribir mayormente libros de historia, explicó cómo surgió la idea de publicar su primer libro católico en 1989. “El sacerdote de Shoenstatt, Guillermo Esters me dijo que quería que escribiera sobre la devoción mariana en Puerto Rico. Le dije que aunque yo escribía, nunca lo había hecho sobre ese tema y le dije que no me sentía preparada. Era la Cuaresma de 1985 y me puse a orar en el Santísimo y digo: ‘Señor es que no me siento preparada para hacer esto’. Después de dos días, le dije que iba a tratar. Estuve tres años, en lo que recopilé la información y terminé el libro: 500 años de la mano de María”, indicó.

Reichard aseguró, que tras el éxito de su primer libro católico, siguieron surgiendo las peticiones. En 1992, a beneficio de la devoción de Shoenstatt, publicó el libro “El ABC de nuestra fe” que se convirtió en el Catecismo Borinqueño. Más tarde, en 1996 a beneficio de la Parroquia La Milagrosa, redactó el libro: María en la historia de nuestro pueblo. “Este libro es sobre la forma en que llegaron a Puerto Rico las devociones marianas. Es bien curioso, porque todas las devociones marianas llegan a través del mar, como yo digo. En los años 70 llega la de Shoenstatt y esa es la única que no entra por el mar, porque la traen unos emigrantes puertorriqueños que estaban en Estados Unidos”, comentó.

Por su parte, el historiador y también autor del libro: El Obispo Juan Arizmendi ante el proceso revolucionario y el inicio de la emancipación de América Latina y el Caribe, Fray Mario Rodríguez León, señaló que en los últimos años ha proliferado el publicar tesis doctorales. “Actualmente están saliendo algunas publicaciones, pero no con la regularidad que deberían ser. En estos últimos años ha surgido un cierto auge de publicaciones del tema iglesia, estado y sociedad en Puerto Rico. Está habiendo un despertar de figuras católicas e historia de la Iglesia. Mayormente son tesis que se convierten en libros. Hay que fomentar que los estudiantes que van a realizar tesis de maestría y doctorado en historia, escojan temas de iglesia, estado y sociedad”, argumentó.

Del mismo modo, reconoció el trabajo de la tesis doctoral, del Doctor Miguel Santiago Santana, que se publicó hace unos meses: Antulio Parrilla Bonilla, obispo y profeta de Puerto Rico. “La primera vez que lo presentamos, me sorprendió la cantidad de personas que había, después se presentó en Caguas con un lleno total. Pronto se hará lo propio en la diócesis de Mayagüez y en septiembre en la Habana, Cuba. Ha tenido un éxito increíble. no sólo en Puerto Rico sino en otras partes del Caribe”, reconoció el fraile dominico.

De otro lado, indicó que después de varios años se está haciendo una segunda tirada del libro: “La Historia Eclesiástica de la Literatura Colonial” de Antonio Cuesta Mendoza que se publicó en 1946. El libro trata de la historia de la Iglesia Católica en Puerto Rico desde 1508 a 1700.

Igualmente, mencionó el ejemplar: “Proceso de americanización de la Iglesia en Puerto Rico” de Samuel Silva Gotay que se publicó en el 2012 y trata sobre el proceso de americanización de la Iglesia Católica de Puerto Rico entre 1898-1930. En esta obra se analiza la espinosa relación entre el catolicismo y las políticas imperiales estadounidenses de americanizar a la isla, cedida como botín de guerra territorial a los Estados Unidos en el Tratado de París de diciembre de 1898.

De otra parte, el teólogo Fray Félix Struik, autor del libro “Los Enigmas de Daniel”, precisó que uno de los errores más comunes con este libro es que las personas creen que Daniel es el autor. “El libro ciertamente se llama Daniel, pero no porque la persona que lo escribiera se llame Daniel, sino porque es el personaje principal del que se habla en el libro. Las personas muy equivocadamente entienden que el libro Daniel proviene de la pluma de Daniel, pero no, trata sobre la persona de Daniel”, apuntó.

Entonces, “es un libro de historia, pero de historia al revés, normalmente un libro escribe la historia ya pasada, pero aquí el autor se imagina y proyecta las historias del futuro”, abundó el fraile dominico. Sobre las enseñanzas de la publicación puntualizó que quiere enseñar el sentir de la historia, las fuerzas invisibles que influyen en los hechos históricos, es decir, por un lado la providencia de Dios y por otro lado, las influencias de las fuerzas malignas del demonio.

Finalmente, además de los textos antes mencionados también puede conseguir el libro del Beato Carlos Manuel Rodríguez Santiago, místico y apóstol laico puertorriqueño del Padre José María González que se publicó en el 2008. Y los libros que se han publicado del Maestro Rafael Cordero. En fin la oferta es variada, lo que necesita es tiempo para disfrutar de las publicaciones católicas puertorriqueñas y separar un rato en su calendario para nutrir su espíritu con lecturas que lo ayudarán a comprender mejor su fe.

jueves, abril 18, 2013

«Tu Iglesia es un antro de pederastas: ¡cállate!»: Cómo responder a este asalto verbal

Hermanos y hermanas: Paz y Bien a todos.

«Tu Iglesia es un antro de pederastas: ¡cállate!»
Les contaba recientemente qué es lo que la turbita anticatólica – que pulula en nuestros medios buscando a quien devorar– quiere decir al exigir una Iglesia «pobre». Hoy quiero examinar otra acusación que la turbita usa cotidianamente como arma retórica primaria: que la Iglesia Católica (toda, en todo tiempo y en todo lugar) es un nido de «pederastas» y por lo tanto indigna de ser un factor determinante en la discusión moral pública, en la legislación y hasta en el devenir cotidiano de los ciudadano «libres» y de hecho, de cualquier persona. Como corolario gustan añadir o sugerir sub rosa que quien es Católico practicante y defensor de la Iglesia es sospechoso inmediato de participar, encubrir, excusar, ser indiferente y hasta de aplaudir el abuso sexual de menores por partes de miembros del clero diocesano o religioso y que por lo tanto, uno se tiene que callar y admitir humildemente las acusaciones, opiniones  y supuestas soluciones de los anticatólicos contra nuestra Iglesia. En fin, que el resultado que buscan es humillar y desterrar a los católicos de la palestra pública para que nos larguemos «con el rabo entre las patas», dejándoles el campo abierto a ellos, los verdaderamente «inteligentes».

Antes de que les diga que no hay fuerza ni poder en todo el planeta que nos prohíba proclamar y vivir el Evangelio en público y mucho menos obligarnos a actuar contra nuestras conciencias, hay que examinar la triste raíz del problema real que ha sido este escándalo de abuso sexual de menores por miembros de nuestro clero. Esa crisis es real y no un invento, y el látigo con el que los anticatólicos nos fustigan fue tejido por nuestros obispos.
Somos católicos, no pederastas
Como he dicho muchas veces en inglés y en español: el abuso sexual de menores por parte de sacerdotes, diáconos, o hermanos o hermanas con votos de religión es un crimen rastrero. Quienes perpetraron estos crímenes son reos de la justicia divina, eclesiástica y laica y objeto de todas las sanciones justas y necesarias para contener el crimen, castigar a los culpables, sanar las víctimas y proteger a nuestros niños. Aquellos que me acusen a mí personalmente – en comentarios o mensajitos acusadores de 140 caracteres o menos de longitud en Twitter – de no pensar otra cosa si no la que acabo de decir,  me calumnia a mí, y me atrevo a decir, a la inmensa mayoría de los católicos practicantes en el mundo que aborrecemos esos actos pero que no hemos permitido que estas tragedias destruyan nuestra fe en Cristo Jesús ni en su Iglesia. En fin, que el abuso sexual de menores por parte de clérigos católicos constituyen el peor asesinato posible, el de las almas de sus víctimas inocentes. No tengo tolerancia alguna a este crimen y cuando puedo lo denuncio y expongo sus causas.
Causas de la crisis de abuso sexual clerical
Las causas que potenciaron estas tragedias son pocas y nos son conocidas. Estas son:
1. La admisión en los seminarios de hombres no-idóneos para el sacerdocio por falta de normas cualitativas para juzgar el carácter moral y la estabilidad psicológica del candidato. Esto se debe en parte a lo expuesto en el próximo inciso.
2. Trastorno de la formación espiritual del sacerdote, es decir, en vez de enseñarle al candidato cómo vivir en la fe su vida sacerdotal y célibe siendo un “don hacia otros”, se le enseña ideologías que en su raíz son hedonísticas y narcisistas y enseñadas bajo el vestido de “psicología.” Fue mejor enseñar a Freud y desdeñar al Cura de Ars, por decirlo así. El producto es un hombre ensimismado que busca su felicidad subjetiva, no su beatitud eterna. Esta actitud les llevaba a practicar el inciso 4 abajo.
3. Confianza perceptual de muchos obispos de la Iglesia en su total habilidad de manejar estos asuntos discretamente y de forma interna, “sin molestar a nadie” y pagando fuertes sumas para comprar el silencio de las víctimas. Proteger la fama de la Iglesia y ocultar a los hipócritas tenía prioridad mientras que preocuparse por el bienestar de las víctimas –actuales o potenciales – ocupaba un segundo renglón.
4. Confianza total en las soluciones clínicas por parte de los obispos. Muchos obispos aceptaban los diagnósticos positivos de centros de tratamiento y rehabilitación cuando estos declaraban “sano” y rehabilitado al cura tal, a pesar que la ciencia médica no se hallaba en condiciones de emitir declaraciones tan terminantes. Estos obispos nunca sintieron que tenían la responsabilidad, más bien el deber de percatarse de que el clérigo agresor había reincidido hasta que ya era demasiado tarde, volviendo entonces al círculo vicioso del inciso 3 arriba.
5. La confianza y el espacio que las agencias de la ley le otorgaban a los obispos para resolver esos “asuntitos” y la propia discapacidad y hasta renuencia de las autoridades de envolverse en ellos. Por muchos años este era el modus operandi de las autoridades, no solamente hacia la Iglesia Católica, también a otros grupos religiosos cristianos y judíos, también como hacia las escuelas y otros colectivos cívicos. Las autoridades solamente se inmiscuían en los casos más egregios. Cuando el furor público llegó a su punto de ebullición, los obispos, quienes continuaban atrapados en sus viejas mentalidades de “soluciones internas” no supieron reaccionar al despertar de los órganos del estado a la crisis, y a la ira justa del público hasta que las continuas acciones judiciales empezaron a erosionar progresivamente el patrimonio material de sus jurisdicciones. El resto ya es conocido.
Soluciones falsas para la crisis

Conocidas ya las causas de la tragedia del abuso sexual clerical podemos entonces proponerles soluciones válidas, que van desde la elección de hombres idóneos al sacerdocio, reformando y balanceando su formación espiritual y académica, hasta la reformación de procesos judiciales internos de la Iglesia y la justa y cercana colaboración entre los obispos y las autoridades públicas cuando surge un caso de abuso. También nos compete a todos en la Iglesia desarrollar un ambiente seguro y vigilante para nuestros niños que son el futuro de la Iglesia.
Mientras todo eso sucede, le corresponde a la Iglesia sanar a las víctimas de abuso sexual clerical en cuerpo y alma, aportando lo necesario para sus tratamientos y pidiendo perdón por el daño causado y permitido. No hay excusas. Este es el único modo de romper los círculos viciosos y mutuamente reforzados descritos arriba.
Lo que son soluciones falsas para el problema consiste en importar de afuera de la Iglesia modelos y soluciones ajenos a la constitución misma de la Iglesia. Para esto hay que entender que:
·         El celibato no es la causa del problema. El problema yace en la mente del hostigador y abusador sexual, en su psicopatía y en la cantidad de oportunidades que este tenga para identificar y devorar a sus víctimas mientras que manipule a sus superiores. Ese rasgo negativo es independiente de la vocación al celibato. De hecho, si el abusador fuese totalmente célibe en mente y espíritu, no hubiese habido escándalo alguno y el problema hubiese sido uno del fuero interno, entre ese sacerdote y su confesor o su terapista, o con ambos.

·         Ordenar mujeres no es solución al problema tampoco. La pederastia y la efebofilia no son deformidades exclusivas de los hombres, pero afecta también a las mujeres. Aparte de que la constitución de la Iglesia prohíbe al Papa y a los obispos en comunión con él poder alguno para ordenar mujeres al sacerdocio, admitirlas porque eso resolvería el problema de abuso sexual clerical es ingenuo y sin base de datos alguno para probarlo, lo que se estaría haciendo es multiplicando el problema por dos.

·         Ordenar homosexuales “practicantes” sería perpetuar el problema. Los estudios que los obispos de EE.UU. comisionaron a raíz del escándalo demuestran que la mayoría de los sacerdotes que abusaron de menores victimizaron a jóvenes de su mismo sexo. Es decir que en su mayoría, el abuso sexual fue de carácter homosexual, tal y como se tolera y hasta se celebra en los ámbitos menos conocidos de la subcultura «gay».
 
No me callarán; no nos callarán

Para acabar quiero decir que a la turba de anticatólicos le importa un bledo la identificación de las razones detrás de la tragedia de abuso sexual clerical y mucho menos su justa resolución. En los lares de la Internet es suficiente vociferar el escándalo para marginarnos efectivamente. Declarar nuestra humillación y vergüenza ante estos tristes hechos tampoco los apacientan sino que siguen “por ahí pa’bajo” en añadir capas y sedimentos de medias verdades para destruir la fe del católico, o su credibilidad ante los demás. Por eso es que cuando surge la acusación yo cuestiono inmediatamente sus motivos para erguir el tema y voy a la yugular de su odio anticatólico. No les permito en cuanto puedo a que escondan su odio contra la Iglesia detrás del dolor de las víctimas y de nuestra vergüenza. 

A pesar de nuestros pecados – «nuestros» porque cuando un miembro del Cuerpo de Cristo enferma, todos lo sentimos – y de nuestra faltas es nuestro deber y derecho inalienable de vivir y de predicar el Evangelio a todos. Del mismo modo, todos sin excepción tienen un derecho inalienable a escuchar el Evangelio y a recibir a Cristo mismo de la mano de la Iglesia Católica, sin pedir ni permisos ni disculpas. La gracia de Dios nos impulsa a levantarnos de nuestros pecados hacia la santidad, esa plenitud humana que está al alcance de todos. Ni nuestras faltas ni los improperios de los demás impedirán nuestra misión hasta el fin del mundo. El día que callemos, gritarán las piedras.

“Santa Muerte” es culto infernal, advierte autoridad vaticana

Hermanos y hermanas: Paz y Bien a todos.

Les comparto esto de ACIPrensa:

ROMA, 13 Abr. 13 / 03:37 pm (ACI/EWTN Noticias).- El Presidente del Pontificio Consejo para la Cultura del Vaticano, Cardenal Gianfranco Ravasi, consideró que la Iglesia y la sociedad deben poner un freno a la difusión de la llamada “Santa Muerte” por tratarse de “un culto tenebroso, infernal y de negación”.
Los seguidores de la “Santa Muerte”, una secta difundida en México y otros países de América latina, rinden culto a una calavera adornada según el gusto personal de los seguidores. Narcotraficantes, delincuentes, ex convictos y secuestradores, suelen acercarse a esta controvertida imagen para encomendarle el éxito de sus delitos.

El pasado año integrantes de la secta asesinaron en Sonora (México), a dos niños de 6 y 7 años, y una mujer de 55. Ambos murieron degollados como ritual de sacrificio dedicado a la Santa Muerte.

En una entrevista concedida el 12 de abril a
ACI Prensa, el Cardenal Ravasi advirtió que “también el crimen y la negatividad tienen capacidad de ‘ritualizarse’ y crear un modo de agregación como el de la religión”.

 El Purpurado explicó que “la grandeza de la cultura y de las religiones verdaderas es justamente celebrar la
vida, y esto es exactamente lo contrario”.

“Se trata de un fenómeno que necesita de todos para ponerle freno y eso incluye las familias, las iglesias, y la sociedad en toda su totalidad”, agregó.

Rendir culto a la Santa Muerte “es la celebración de la devastación y del
infierno, y por tanto, en este sentido, si quieren vivir realmente como sienten instintivamente, porque en su carne está la vitalidad, deben abandonar de todas las maneras este culto tenebroso, infernal y de negación”, precisó.


Comentario. Varios calificativos me vienen a la mente cuando estudio este culto a la "santa muerte", siendo uno de ellos, necio. Endiosar a la muerte, a la que la Biblia llama "el último enemigo" que será derrotado (1 Corintios 15:26) es necio. Los que endiosan la muerte participarán en su derrota final.

Entonces, ¿Por qué lo hacen? ¿Es que no lo saben? Tenemos el deber de decírselo: tu santa muerte es una enemiga derrotada. Pídele a Jesús que te sane y que te salve y que te libre de las ataduras diabólicas que te enredan y esclavizan.

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martes, abril 16, 2013

Las «riquezas» de la Iglesia: lo que los anticatólicos no te dicen cuando exigen una Iglesia «pobre»

Las riquezas de la Iglesia son como las de MacPato: míticas
Hermanos y hermanas, Paz y Bien a todos ustedes, sí, en estos días de prueba, solamente la paz de Cristo nos permite amar al prójimo como a uno mismo. Es esa es la Paz y ese es el Bien que les deseo a todos sin prejuicio alguno. De lo poco que tengo, les doy: todo es don, todo es gracia. Recibí esta paz gratuitamente y del mismo modo la doy.
Trasfondo en Twitter
De vez en cuando me envuelvo en intercambios de palabras e ideas por medio de Twitter con otras personas de creencias distintas a las mías, o de ninguna creencia. Estos intercambios son cortos pero fuertes. Últimamente los intercambios comienzan cuando respondo a esos intrépidos sabihondos que como escaramujos se adhieren a la cuenta de Twitter del Papa Francisco como anteriormente lo hacían a la de Benedicto, demandando muy inteligentemente y con palabras selectas lo que el Obispo de Roma tiene que hacer para quedar de buenas de una vez por todas con la humanidad.
Frecuentemente vigilan las reacciones de los cristianos católicos que salimos en defensa del Santo Padre y de nuestra Iglesia grupitos de increyentes que como aves de rapiña se lanzan contra nosotros para «desconvertirnos» y cuando no logran que reneguemos de nuestra fe, intentan silenciarnos mediante el insulto, la calumnia y el descrédito. Si no fuese tan triste el espectáculo, sería divertido, algo así como armar un rompecabezas o resolver un crucigrama. Sin embargo, el odio de esta turbita hacia la Iglesia y a los católicos observantes tornan este intercambio en una tarea penosa, ya que los críticos se creen personas extremadamente educadas en materias históricas, científicas y capacitadas por esa educación – obtenida formal o informalmente en “la universidad de la vida” – y piensan que los creyentes carecemos de educación o que mantenemos ideas provinciales respecto a nuestro lugar en el mundo. Confiados de ese modo, la turba se lanza al ataque en busca de quien devorar con “verdades” disparadas en racimos verbales de no más de 140 caracteres de longitud, confiados de que nadie será capaz de contestarles.
La pobreza cristiana
Uno de los argumentos “infalibles” esgrimidos por estos críticos es el que dice que la Iglesia tiene que hacerse y ser «pobre». Y de primera intención, ¿quién se podría oponer a algo así? Que la Iglesia en todos sus rangos – desde el magisterial hasta el de nosotros los oyentes – ha sufrido y continúa sufriendo de adoradores de Mammón incrustados en la Barca de Pedro, amenazando su navegación y a veces, hasta de hundirla.  Basta mirar a la historia de la Iglesia para uno asegurarse que en ese sentido es como todo otro colectivo humano. Eso que dijo Jesús de que es más fácil de que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico pase al Reino de Dios se verifica aun hoy. Pero nuestra turbita aun se siente cualificada para lanzar la primera piedra…
Se le debe al ejemplo de San Francisco de Asís, más que ningún otro santo después de él, la concientización en nuestra Iglesia de que todos debemos de ser simples y modestos en nuestra arquitectura, culto y personas mismas. Jesús fue pobre y el único dinero que poseía lo sacó de un pez: la Iglesia – o sea, todos nosotros los católicos desde el Papa hasta el más humilde de nuestros creyentes – deben, o tener poco o de no apegarse a nada material y mucho menos a lo costoso, caro y vistoso.
La verdadera pobreza cristiana consiste fundamentalmente en ese desapego a lo material y ese desapego produce resultados raros: hay personas ricas materialmente que son pobres en el modo de ver cristiano, que si desapareciesen sus riquezas de la noche a la mañana quedarían igualmente de santas. Son personas generosas que no se identifican con sus riquezas ni permiten que estas la definan, o que la falta de esta definan a los demás.
Y hay personas que podrían ser pobres materialmente pero que sus almas están tan apegadas a lo material y a lo mundano que en su corazón son más capitalistas que Ayn Rand y que matan o envenenan a otros para conseguir las riquezas que buscan. Ejemplos los hay demás: traficantes de drogas y sus sicarios en los carteles criminales; guerrillas, ideólogos y demagogos de izquierda y derecha; maleantes y mafiosos; y montones de abogados y políticos.  Y a esta lista se le puede agregar más, sí, incluso a algunos eclesiásticos católicos, ortodoxos y protestantes, a cultistas y sectarios de todos los colores, a ateos y agnósticos y académicos con tenencia. Y por supuesto, están los que son ricos materialmente y viven apegados a cosas, títulos y apellidos, el “rico malo” por antonomasia.
Ya dije que la pobreza cristiana consiste primariamente en el desapego a todas las cosas, a todo lo que pudiese constituir un ídolo que desplace a Dios de trono ubicado en nuestros corazones. Dentro de ese desapego todos estamos llamados vivir con simplicidad, sin consumir más de lo necesario y siempre alimentando al hambriento, vistiendo al desnudo, ayudando al enfermo y visitando al prisionero. Supone una transferencia voluntaria, generosa y alegre de recursos materiales, monetarios y de tiempo, a todo aquel que los carezca. Es en ese proceso de dar alegremente dentro del cual todos los católicos nos hacemos pobres como lo requiere Jesucristo para ganar entrada a su Reino.
Pero entonces, ¿qué clase de pobreza demandan los críticos anticatólicos?
La turba anticatólica busca también una Iglesia pobre, pero no en el sentido anterior. Porque hay una pobreza «buena» y otra que es bien mala. Lo críticos demandan una Iglesia que sea «pobre»  pero solo en ese mismo sentido que Alarico contemplaba cuando se ufanó de convertir la Iglesia en Roma en una «pobre» cuando la saqueó en el siglo V.
O sea, la turba de críticos buscan realizar una Iglesia Católica saqueada, paupérrima, fea, en ruinas, blanco de mofas, que sirva de símbolo de desasosiego a las masas de pobres crédulos. Las turbas anticatólicas buscan crear en la Iglesia un cuadro desesperanzador de tal modo que toda riqueza material útil que exista bajo la mayordomía de la Iglesia, y que la Iglesia haya puesto al servicio de la salud y bienestar humanos, a proteger al ser humano gestante, al desvalido y al anciano; a alimentar y vestir transeúntes locales o refugiados en otros países; a becar estudiantes pobres en escuelas y universidades; en fin, todos esos fondos que avanzan la causa evangélica los anticatólicos los quieren ver incautados o prohibidos a favor de sus ideologías infrahumanas, o redistribuidas al estado o al «pueblo» para así lograr esa evasiva utopía del « bien común». ¿Y por qué lo buscan? Para destruir la libertad de los cristianos y reducir su campo de acción hasta que logren la eventual destrucción de la Iglesia.
Así que cuando decimos que «la Iglesia debe de ser pobre» no estamos hablando de lo mismo. Ya vimos lo que significa ser pobre en el Evangelio y lo que la turba anticatólica llama «pobreza». Vimos también el objetivo intermedio y final de ellos para con la Iglesia. Para la turba anticatólica, pauperizar a la Iglesia no es un fin, es un medio hacia el fin último de destruirla.
Hermano, no te dejes confundir. Estudia todo y su razón. Recuerda que se ven las caras, pero nunca el corazón.
Oremos
Oremos por nuestra Iglesia. Sí, tenemos ojos para ver que entre nosotros se encuentra gente con gran malicia que no se merece el bendito nombre de cristianos. Oremos por ellos y por nuestros perseguidores que se encuentran fuera de la Iglesia y por la conversión de todos. Les perdonamos, les bendecimos y les amamos en el Nombre de Jesús. Señor, ¡ten piedad de nosotros y de todo el mundo!

lunes, abril 15, 2013

Alerta Cúltica: ¿Qué es la Wicca?

Fuente: Aleteia.Org

1. ¿Cuál sería la definición de Wicca?
La Wicca es una religión más del Neopaganismo, si bien la originaria y la más numerosa. El Neopaganismo es un redescubrimiento y también una invención acrítica de religiones pre-cristianas ligadas a la fecundidad y la naturaleza. El Neopaganismo engloba corrientes religiosas de los antiguos celtas, de los germanos, de los escandinavos, de los indios de norte-américa, de los aborígenes australianos, de los indios mesoamericanos precolombinos, de religiones antiguas de Grecia, Roma, Egipto, Babilonia, India, Polinesia, etc., muchas veces reconstruidas con apenas rigor antropológico e histórico.

Wicca tiene un fondo y un origen anglosajón. De ahí se extendió a los EE.UU, Australia, Canadá, Nueva Zelanda,… asumiendo en sus distintas ramas y variantes elementos de otras culturas y religiones.

“Wicca” (masculino) y “Wicce” (femenino) son precedentes etimológicos de “Witch”, (brujo/a) en inglés. La Wicca es brujería, pero no es la brujería medieval europea; no es la magia negra (uso de muertos o espíritus, recurso a demonios, realización de hechizos y conjuros para causar daño); ni tampoco es la magia natural (propiedades ocultas de plantas, piedras, palabras, talismanes…) de esa época, ni de la Antigüedad, ya sea de Grecia, Roma o Egipto en los siglos previos y posteriores a la aparición del Cristianismo, si bien no puede verse totalmente ajena a algunos elementos de ella. Mucho menos Wicca es satanismo en cualquiera de sus formas. No obstante, muchos practicantes usan el término Wicca y “Witchcraft” (Brujería) de manera sinónima.

La Wicca pretende ser la religión ancestral natural y mágica de los pobladores primeros de las Islas Británicas antes de ser evangelizados por el Cristianismo. Este pretende ser su origen. No obstante, en gran medida es una neo-construcción de lo que aquello debió ser, pues en verdad aún hoy no es bien conocido del todo por los antropólogos, historiadores, fenomenólogos de la religión, y demás especialistas.

2. ¿Cuál fue su surgimiento?

En el año 1951 fue abolida la última “Witchcraft Act” (Legislación de Brujería) existente en Gran Bretaña -las cuales venían existiendo desde la época de Enrique VIII-, que era en ese momento el Acta de 1735. Por esta ley, quien decía que podía (no que lo lograra, sino que pretendiera poder hacerlo) conjurar espíritus, conocer cosas ocultas, predecir el futuro, realizar hechizos y encantamientos,… podía ser castigado con penas desde monetarias a encarcelación, o a ser expulsado del territorio. Al perder vigencia dicha Ley algunas personas empezaron a ser conocidas como brujos y brujas, los cuales decían haber estado escondidos de la luz pública por miedo a aquella legislación anti-brujos.

Uno de ellos era el ocultista Gerald Brosseau Gardner (1884-1964). Gardner fue miembro de grupos esotéricos como la Sociedad Folclórica, la Hermandad de masonería irregular Co-Masonería, la Orden Druida, o la Hermandad Rosacruciana de Crotona. De esta última afirmó –aunque con vaguedades y escasas referencias claras- que a partir de 1939 le iniciaron en la Wicca; es lo que él definió como el grupo de brujas de New Forest, las cuales, afirmaba, habían mantenido en la clandestinidad su religiosidad pagana pre-cristiana y por ellas le fue transmitida por iniciación a él.

En el año 1954 Gardner publicó "Witchcraft Today" (La Brujería hoy en día), y en el 1959 "The Meaning of Witchcraft" (El significado de la Brujería), si bien antes de la derogación de la “Witchcraft Act” publicó bajo el pseudónimo de Scire en el 1949 los rituales en su obra "High Magic´s Aid" (Ayuda para la Alta Magia). Gardner entendía la Wicca como Brujería, y posteriormente rescató para ella el término "Wica", que con el tiempo quedaría como "Wicca".

Gerald B. Gardner es el principal difusor de la Wicca, y de la teoría falsa de la existencia y continuidad de esta religiosidad a lo largo de los siglos, encubierta en la sociedad británica. Los orígenes de esta teoría y de la misma Wicca se encuentran en las ideas del romanticismo de final del siglo XIX y su vuelta a la naturaleza y las divinidades de la antigüedad. Hay además influencia del folclorismo inglés, grupos rosacruces, masones y ocultistas, como la Golden Dawn, o de autores como Aleister Crowley, Charles G. Leland, y obras como las de Margaret Murray o James Frazer. La obra de Margaret Murray, "The Witchcraft in Western Europe" (La Brujería en la Europa Occidental), de 1921, afirmaba que había una corriente subterránea de creencias y culto pagano que de manera continuada venía practicando su antiguo culto al dios cornudo, símbolo de la fertilidad (nada que ver con cultos satánicos). Según M. Murray se seguían reuniendo en "covens" (aquelarres o círculos) durante las lunaciones y en los ciclos estacionales principales, donde se comía y bebía, se danzaba, se daba rienda suelta a la sexualidad entre los miembros, dando así culto al dios cornudo que presidía el “coven”.

Lamentablemente para los creyentes en la Wicca, no hay indicios científicos fundados de que todo esto sea así; más bien parece ser falso. No existen pruebas que mantengan ninguna de estas tesis, y parece ser que más bien no ha habido ninguna continuidad de prácticas ocultistas, brujeriles o paganas durante tanto tiempo de manera establecida, coordinada y lineal en las islas británicas o en ningún lugar de Europa. Las tesis de M. Murray y de G. Gardner son fruto más de la fantasía y la especulación desenfrenada que del trabajo científico y concienzudo de un investigador. Hasta donde se ha certificado y demostrado los grupos más antiguos son de la década de 1930, con influencias folclóricas, romanticismo, teosofía, mitología, druidismo y magia.

Sin embargo, y a pesar de ello, sí podemos afirmar que la Wicca amalgama y concita prácticas pre-cristianas ligadas a la tierra y la naturaleza, al margen de tradiciones reales o de organizaciones existentes.

Otros brujos que en estas décadas de 1950-1960 decían también –falsamente- ser iniciados y sucesores de las líneas de brujos y brujas antiguos y tradicionales, son Robert Cochrane, Sybil Leek, Charles Cardell, Raymond Howard o Rolla Nordic, modelando entre todos lo que será la Wicca que se estaba constituyendo. Pero los libros de G. Gardner, sus numerosas apariciones públicas en los medios de comunicación y su ayuda como iniciador de diversos “covens” por el que surgieron multitud de grupos mágicos en las Islas Británicas, lo convirtió en el principal impulsor, aunque hemos de mencionar la ayuda de la sacerdotisa Doreen Valiente en la constitución de algunos de sus rituales Wicca.

3. ¿Qué características tiene la Wicca?

Wicca es la religión del dios de la fertilidad y la diosa madre de la naturaleza. Junto con las corrientes que la concibieron, corrientes esotéricas, ocultistas, herméticas, rosacruces y masonas, teosóficas y druídicas, mágicas y paganas, es una religiosidad que también da respuesta a los sentimientos de pan-urbanización y destrucción planetaria, a la necesidad de retorno a lo natural y la temporalidad marcada por los ciclos astronómicos, la identidad con las raíces legendarias y el localismo de la tierra, así como manifestación rupturista propia de la época en la que surgió, anti-normativa y pan-sexualista. El pasar de las décadas posteriores ha seguido influyendo en la Wicca asumiendo ideologías feministas y de los derechos de los gays, el pacifismo, la contracultura anti-capitalista, el ecologismo como ideología, los movimientos anti-nucleares, el neo-indigenismo o las corrientes anti-globalización e individualistas del consumismo.

Tras medio siglo de existencia Wicca la diversidad es tal que ha sido necesario establecer una gran tradición Gardneriana, denominada “British Tradicional Wicca” (BTW), que intenta mantener la pureza de su fundador, y englobaría la de G. Gardner, junto a la de Alex Sanders, marido de la sacerdotisa Doreen Valiente, y luego de Maxine Morris, así como los aportes del matrimonio de sacerdotes de la Wicca, Stewart y Janet Farrar, así como la Wicca Algard, de Mary Nesnick.

Sin embargo, la existencia de otros linajes o denominaciones (como Cochrame, Feri, Seax-Wicca, de Raymond Buckland, que introdujo la Wicca en EE.UU, o incluso la Wicca Diana, fuertemente feminista), y sobre todo las ramas eclécticas y sincretistas de tantos practicantes Wicca en la actualidad, que la viven y desarrollan sin apenas normas comunes y al margen de tradiciones previas, lleva a una elevada diversidad en creencias, rituales y formas de iniciación, muchas veces contrapuestas, más cuanto muchos seguidores de Wicca hoy en día se inician solos, leyendo libros por su cuenta o a través de Internet, aspecto que choca contra el principio iniciático, llegando a creer en soledad y sin pertenencia a un "coven".

Wicca es religión de la naturaleza, de la fecundidad, de la vida. Pero no toda la Wicca ve la realidad natural de igual forma. Así, el arco va desde el pan-naturalismo o la divinización ultra-ecologista, y la necesidad de realizar los rituales y los actos mágicos "en" la naturaleza, a los que ven la naturaleza como un ámbito intermedio entre lo humano y lo divino, o como telón donde se manifiesta la divinidad según la ley esotérica de la correspondencia (“El Todo en la Parte; la Parte en el Todo”), hasta aquellos que conciben la naturaleza como un marco neo-romántico en el que no necesariamente hay que interactuar, pues muchos practicantes Wicca apenas tienen contacto con ámbitos naturales puros.

La simbólica natural vista, aspecto primigenio de Gardner para la religiosidad Wicca, muy pronto englobó a los propios celebrantes, a los sacerdotes masculinos y las sacerdotisas femeninas, representantes de las deidades, la masculina y la femenina, respectivamente. La sacerdotisa concita y congrega aspectos lunares, primaverales y misteriosos; el sacerdote aspectos solares, de señorío de vida y muerte, y de realeza de la caza. Ella es diosa Madre, y él es el Cernunnos celta o dios cornudo. La diosa es Doncella, Madre y Vieja-Bruja, triplemente diosa. El dios es Amante e Hijo, doblemente dios.

Para algunos seguidores Wicca los dioses son reales, para otros no son sólo dos, sino que la naturaleza ofrece multitud de divinidades, para otras corrientes sólo la diosa es la divinidad principal, y otros consideran al dios y la diosa como aspectos complementarios del mismo ser divino único. Incluso otros seguidores de la Wicca no creen en la realidad de las divinidades, pues para ellos sólo son arquetipos, al estilo de Carl G. Jung. Así, Wicca es una religiosidad politeísta, o duo-teista, o incluso monoteísta, para algunos. O de veneración de la naturaleza e inmanentista para unos, panteísta para otros, o también animista, o simplemente psico-mágica y esotérica.

4. ¿Qué ritos practica?

La Wicca se ha fragmentado mucho desde sus mismos inicios, con muchas contradicciones entre sí y diferencias esenciales. Apenas podemos encontrar elementos comunes entre sí más que dos reglas o leyes: “Wiccan Rede” (Consejo Wicca), "An it harm none, do what ye will" (“Sigue tu propio deseo pero sin causar daño a nadie”), con claras resonancias al ocultista Aleister Crowley y su "Do what thou wilt shall be the whole of the Law", quien a su vez bebió de François Rabelais. A esta ley principal se añadió a finales de los años 60 por parte de Raymond Buckland una segunda: "Three-fold Law" (La Ley del Tres o del Retorno), que establece que "Cada acción mágica -buena o mala- cometida volverá sobre quien la realizó aumentada por tres, en el cuerpo, el alma y el espíritu".

Otra serie de aspectos morales de la Wicca se encuentran en las 4 parejas de virtudes (Alegría, Reverencia, Honor, Humildad, Fuerza, Belleza, Poder y Compasión) de Doreen Valiente, y el código de 20+161 Leyes Wicca, de Gardner y Alex Sanders.
Wicca es religión de iniciación en los misterios. Tiene tres grados, desde el aprendiz o miembro brujo del "coven" al iniciado al sacerdocio, y finalmente el sacerdote con capacidad de formar otro "coven". Los “covens”, o grupos Wicca, son dirigidos por un sacerdote y una sacerdotisa.

Wicca cree en la magia, que considera como realización del deseo humano y que maneja y controla las fuerzas desconocidas de la naturaleza. Los practicantes de la Wicca buscan participar de la fuerza divina, unirse a ella. Los sacerdotes incluso pueden ser poseídos por el dios masculino o femenino en el ritual de "bajar el Sol" o "bajar la Luna", respectivamente.

Los rituales son fundamentales, y para muchos practicantes, anteriores a las creencias, pues permiten la ensoñación y el desenvolvimiento de lo inconsciente del ser humano y el encuentro con la experiencia religiosa.

La Rueda Anual de celebraciones de la Wicca engloba las festividades del año solar y lunar al completo con las 8 fiestas sabbats solares y las 13 fiestas esbats de las lunas llenas. Los sabbats son Samhain, Yule, Imbolc, Ostara, Beltane, Litha, Lammas y Mabon, ligados a equinoccios y solsticios y a las fiestas agrarias intermedias. Así son recreados y participados eventos de fecundidad, de esperanza, de recogida del fruto, de luminosidad y el calor, de oscuridad, de renacimiento y muerte naturalista.

El pentáculo o estrella de cinco puntas de la Wicca es un elemento fundamental de esta religión. Es el círculo mágico protector, agrupando los 4 elementos básicos (Tierra, Aire, Fuego, Agua), y además el 5º elemento o Espíritu, que ha de colocarse en el vértice superior. Es círculo mágico y ritual y engloba y subsume toda la realidad en sus cuatro puntos cardinales.

Sobre el altar Wicca siempre está el cuchillo o “athame”, que simboliza al dios masculino, y el cáliz, símbolo de la diosa femenina, con clara alusiones sexuales cada uno.

Wicca cree en la reencarnación, creencia asumida a través de las corrientes de la Teosofía, la cual bebió del Hinduismo y el Budismo, si bien se centran sobre todo en la vida actual más que en la vida futura. Para unos, la reencarnación se da en diferentes especies animales, pero para otros siempre entre seres humanos, e incluso para otros siempre en brujos, pues "una vez brujo, siempre brujo", y así piensan que todos los brujos son reencarnaciones de brujos previos. En el tiempo que media hacia la siguiente reencarnación las almas de los brujos residen en el Mundo-Separado, aunque sus potencias son accesibles por artes mágicas y espiritismo, prácticas que no todos los seguidores Wicca consideran adecuadas.

No se conoce claramente cuántos seguidores Wicca puede haber, por la inexistencia de fieles estudios estadísticos, si bien en su mayoría son anglosajones. No obstante, podemos hablar de en torno a 200.000 miembros en todo el mundo en base a las distintas fuentes que conocemos.

Referencias:
Gerald B. Gardner, "Witchcraft Today".
Gerald B. Gardner, "The Meaning of Witchcraft".
Robin Briggs, "Witches and Neighbors".
Philip Heselton, "Gerald Gardner and the Cauldron of Inspiration: an Investigation into the Sources of Gardnerian Witchcraft".
Raymond Buckland, "The Witch Book: the Encyclopedia of Witchcraft, Wicca, and Neo-paganism".
James R. Lewis, "Witchcraft today: an encyclopaedia of Wiccan and Neopagan Traditions".

jueves, abril 11, 2013

El Eclesiástico nos describe el perfil de un teólogo

Hermanos y hermanas, Paz y Bien a todos.

Como ya sabrán los lectores asiduos de este blog, el Eclesiástico o "Sirácida” es uno de mis libros bíblicos favoritos y no me canso de encontrar enseñanzas justas y sanas en este libro deuterocanónico. Hoy encontré esta descripción del escriba ideal que yo creo que con cambiarlo a “teólogo” perfila el deber de todo maestro cristiano o estudioso de las Sagradas Escrituras:

1. No así el que aplica su alma a meditar la ley del Altísimo. La sabiduría de todos los antiguos rebusca, a los profecías consagra sus ocios,

2. conserva los relatos de varones célebres, en los repliegues de las parábolas penetra,

3. busca los secretos de los proverbios y en los enigmas de las parábolas insiste.

4. En medio de los grandes ejerce su servicio, ante los jefes aparece; viaja por tierras extranjeras, adquiere experiencia de lo bueno y lo malo entre los hombres.

5. Aplica su corazón a ir bien de mañana donde el Señor su Hacedor; suplica ante el Altísimo, abre su boca en oración y por sus pecados suplica.

6. Si el gran Señor lo quiere, del espíritu de inteligencia será lleno. El mismo derramará como lluvia las palabras de su sabiduría, y en la oración dará gracias al Señor.

7. Enderezará su consejo y su ciencia, y en sus misterios ocultos hará meditación.

8. Mostrará la instrucción recibida, y en la ley de la alianza del Señor se gloriará.

9. Muchos elogiarán su inteligencia, jamás será olvidada. No desaparecerá su recuerdo, su nombre vivirá de generación en generación.

10. Su sabiduría comentarán las naciones, su elogio, lo publicará la asamblea.

11. Mientras viva, su nombre dejará atrás a mil, y cuando descanse, él le bastará.

Esto es una cita del Eclesiástico 39: 1-11 – Biblia de Jerusalén

miércoles, abril 10, 2013

Hoy es el primer aniversario del tránsito de nuestro Cardenal

Hermanos y hermanas: Paz y bien a todos.

Luís Cardenal Aponte Martínez (+ 2012)
Hoy, hace un año, el Arzobispo Emérito de San Juan de Puerto Rico, Luís Cardenal Aponte Martínez, partió hacia la Casa del Padre. Su legado se ve en todo Puerto Rico en una generación dedicada a la protección del matrimonio y de la familia, al fortalecimiento del papel que le toca jugar al laico católico en nuestro devenir colectivo, y el reavivamiento de nuestra identidad católica y puertorriqueña.

La historia lo juzgará como uno de los Grandes Puertorriqueños y jerarcas católicos de envergadura. Hoy el intercede por nuestra Iglesia ante el Padre que tanto amó, ante Jesús a quien dedicó su vida y sacerdocio, en el Espíritu Santo que nos aviva y le tornó en Profeta, y junto a María Santísima su madre y madre de Puerto Rico. Nuestra pérdida ha sido en realidad nuestra ganancia.

No, no busco canonizarlo. No todo santo tiene que ser canonizado para hacerlo "oficial". Simplemente confío que está ahí, en donde dije, en el cielo de los cielos, en la presencia del Dios Trino. Y me llena de la alegría la certeza de que lo volveremos a ver.

 - Únete al grupo de Facebook dedicado a la memoria de Luis Cardenal Aponte Martínez.

 - Lee Tras un año de su ausencia física en El Visitante.

sábado, abril 06, 2013

Criterios Para El Discernimiento de Espíritus

Hermanos y hermanas, Paz y Bien a todos

Comparto con Uds. un escrito que me pareció bien completo y ascertado acerca del discernimiento de espíritus. Espero le saquen provecho.

miércoles, abril 03, 2013

Se cae el blog argentino "Santa Iglesia Militante"

Hermanos y hermanas: Paz y Bien a todos.

El regreso del hijo pródigo
Estaba haciendo unas de mis correrías por la Red y me encuentro con que el blog del argentino "Constantino Magno" titulado "Santa Iglesia Militante", ya no existe. Recordarán que escribí un vademécum apologético titulado No al antisemitismo y a la judeofobia como reacción a la postura antisemita de dicho blóguer y desplegadas en su bitácora allá por el 2008 y 2009.

Aparentemente, "Constantino Magno" hizo sus paces con la Iglesia Católica. Esto lo supe después de visitar el blog de su antiguo compañero de trinchera, el sedevacantista cismático Crux et Glaudius quien maneja el blog del mismo nombre. Dijo este último en una larga oración de claúsulas múltiples y epítetos repetitivos que comparto abajo:
Espero que Constantino Magno (quien cerró su excelente Blog antimodernista SANTAIGLESIAMILITANTE, para dedicarse a hacer apología de las herejías de Rat –Singer y a defender el modernismo) considere que en parte se fue por el despeñadero de la doctrina, gracias a seguir fielmente la postura de los apóstatas entreguistas de la FSSPX, quienes renuncian ahora a lo poco que les quedaba de herencia Católica (cuya sede esta en vacancia desde 1958) y se apegan mas a la “iglesia modernista postconciliar” que se hace llamar “iglesia católica” y que por estos días elegirá a su 5.º dirigente en casi 5 décadas de existencia y que tanto daño sigue causando a la cristiandad. (Fuente).
De esta retórica podemos deducir que: 1. "Constantino Magno" regresó al Cuerpo Místico de Cristo gracias al pensamiento teológico del Papa Emérito y 2. Que ahora defiende en algún sitio o de alguna manera ese pensamiento teológico y su retorno a la Iglesia.

No creo poder exprimir más detalles de este simple párrafo así que no conozco más nada del asunto. Asumiendo de que todo esto sea cierto y viéndolo bajo la mejor óptica posible, ¡pues me alegro en el Señor! Le deseo todas las bendiciones y todas las gracias a "Constantino" por su regreso al seno maternal de la Iglesia Católica en donde crecerá en verdadera sabiduría y gracia hasta llegar a ser el hombre pleno y santo que Dios ideó para él desde antes del comienzo del tiempo.

Cómo ir a misa y no perder la fe

Autora: Mariaelena Finessi | Traductora: Inma Álvarez | Fuente: Zenit.org

Bailarinas "litúrgicas" en Los Angeles, CA, EE.UU.

ROMA, domingo 6 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- Un debilitamiento de la fe y la disminución del número de fieles podrían atribuirse a los abusos litúrgicos y a las Misas malas, es decir, las que traicionan su sentido original y donde, en el centro, ya no está Dios sino el hombre con el bagaje de sus preguntas existenciales. Esta es la tesis que sostiene Nicola Bux, teólogo y consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Oficina de las Celebraciones del Sumo Pontífice del Sumo Pontífice.

Presentando en Roma, el pasado 2 de marzo, su libro Come andare a Messa e non perdere la fede [Cómo ir a Misa y no perder la fe, n.d.t.], Bux arremete contra el giro antropológico de la liturgia. En las páginas del volumen, especie de vademecum para la supervivencia a las Misas modernas. Bux replica a cuantos han criticado a Benedicto XVI, acusándolo de haber traicionado el espíritu conciliar. Al contrario – argumenta el teólogo – los documentos oficiales del Concilio Vaticano II han sido traicionados precisamente por estas personas, obispos y sacerdotes a la cabeza, que han alterado la liturgia con “deformaciones al límite de lo soportable”.

Asistir a una celebración eucarística pueda significar, de hecho, también encontrarse ante las formas litúrgicas más extrañas, con sacerdotes que discuten de economía, política y sociología, hilvanando homilías en las que Dios desaparece. Proliferan los ensayos de antropología litúrgica hasta reducir a esta dimensión los mismos signos sacramentales “ahora llamados – es la denuncia de Bux – preferiblemente símbolos”. La cuestión no es pequeña: afrontarla supone ser tachados de anticonciliares.

Todos se sienten con el derecho de enseñar y practicar una liturgia "a su manera", tanto que hoy es posible asistir, por ejemplo, “a la afirmación de políticos católicos que, considerándose 'adultos', proponen ideas de Iglesia y de moral en contraste con la doctrina”. Entre aquellos que han iniciado este cambio, Bux recuerda a Karl Rahner el cual, a raíz del Concilio, denunciaba la reflexión teológica entonces imperante que, en su opinión, se mostraba poco atenta u olvidadiza de la realidad del hombre.

El jesuita alemán sostenía en cambio que todo discurso sobre Dios brotaría de la pregunta que el hombre plantea sobre sí mismo. En consecuencia – esta es la síntesis – la tarea de la teología debería ser la de hablar del hombre y de su salvación, planteando las preguntas sobre sí y sobre el mundo. Un pensamiento teológico que, con triste evidencia, ha sido capaz de generar errores, el más clamoroso de los cuales es el modo de entender el sacramento, hoy ya no sentido como procedente de lo Alto, de Dios, sino como participación en algo que el cristiano ya posee.

“La conclusión que saca de ello Häuβling – recuerda Bux – es que el hombre en los sacramentos acabaría por participar en una acción que no corresponde realmente con su exigencia de ser salvado”, ya que prescinde de la intervención divina. A semejante tesis "sacramental", y a la derivación anexa de la liturgia, responde Joseph Ratzinger, que ya en el dorso del volumen XI "Teología de la liturgia” de su Opera omnia escribe: “En la relación con la liturgia se decide el destino de la fe y de la Iglesia”.

La liturgia es sagrada, de hecho, si tiene sus reglas. A pesar de ello, si por un lado el ethos, o sea la vida moral, es un elemento claro para todos, por otro lado se ignora casi totalmente que existe también un ius divinum, un derecho de Dios a ser adorado. “El Señor es celoso de sus competencias – sostiene Bux –, y el culto es lo que le es más propio. En cambio, precisamente en el campo litúrgico, estamos frente a una desregulación”.

Subrayando, en cambio, que sin ius el culto se vuelve necesariamente idolátrico, en su libro el teólogo cita un pasaje de la "Introducción al espíritu de la liturgia" de Ratzinger, que escribe: “En apariencia, todo está en orden y presumiblemente también el ritual procede según las prescripciones. Y sin embargo es una caída en la idolatría (…), se hace descender a Dios al nivel propio recudiéndolo a categorías de visibilidad y comprensibilidad”.

Y añade: “Se trata de un culto hecho a la propia medida (…) se convierte en una fiesta que la comunidad se hace a sí misma; celebrándola, la comunidad no hace sino confirmarse a sí misma”. El resultado es irremediable: 'De la adoración de Dios se pasa a un círculo que gira en torno a sí mismo: comer, beber, divertirse'. Y en su autobiografía (Mi vida, edit. San Pablo), Ratzinger declara: 'Estoy convencido de que la crisis eclesial en la que hoy nos encontramos depende en gran parte del derrumbe de la liturgia'”.

Para terminar, una sugerencia y una advertencia. La primera es la de relanzar la liturgia romana “mirando al futuro de la Iglesia – escribe Bux –, en cuyo está la cruz de Cristo, como está en el centro del altar: Él, Sumo Sacerdote al que la Iglesia dirige su mirada hoy, como ayer y siempre”. La segunda es inequívoca: “Si creemos que el Papa ha heredado las llaves de Pedro – concluye –, quien no le obedece, ante todo en materia litúrgica y sacramental, no entra en el Paraíso”.

martes, abril 02, 2013

Reconocer a Cristo

Padre Nicolás Schwizer

A veces envidiamos la suerte de los contemporáneos de Jesús. Creemos que, si hubiéramos tenido el privilegio de vivir en tiempos de Cristo, lo habríamos reconocido y, por consiguiente, habríamos cambiado realmente nuestra vida. Sin embargo, probablemente no nos habríamos dado cuenta de que Él estaba presente, y aunque Él nos lo hubiera dicho, no lo habríamos creído.

Pensemos, p.ej., en los posaderos de Belén. Si hubiesen sabido que Dios estaba allí, le habrían abierto la puerta, lo habrían acogido, porque eran personas religiosas, como nosotros. Pero creyeron que se trataba de refugiados de quién sabe dónde, un par de desconocidos. Y no los quisieron recibir. ¿Nosotros los hubiéramos recibido? ¿Cómo creer que Dios podría presentársenos de esa manera?

Probablemente ni siquiera sus milagros nos habrían convencido. Porque creyeron en sus milagros sólo aquellos que creían ya en él. Y sobre todo, somos tan ligeros y olvidadizos que ni siquiera un milagro habría producido en nosotros una impresión duradera. Sería posible, por eso, que Jesús estuviera largos años a nuestro lado y que no lo conociéramos.

¿Bajo qué condiciones nosotros habríamos reconocido a Cristo? En el fondo, comprendemos y apreciamos en los demás sobre todo lo que deseamos y anhelamos nosotros mismos. Sólo encontramos aquello que buscamos, y sólo a los que llaman a la puerta se les ha prometido abrirla. Es nuestra propia condenación, si no tenemos vida interior, ni apetito religioso, es porque no somos sensibles más que a las apariencias exteriores.

Solamente los que tenían un granito de fe viva, de vida espiritual se fijaban en Jesús; se sentían atraídos por Él, sin poder decir muchas veces el por qué. Sentían que al acercarse a Él se despertaban las más profundas y las más vivas regiones de su ser. Y no querían ya preguntarle quién era, porque estaban seguros de que era el Señor. ¿Quién otro hubiera podido llegar hasta lo más íntimo de sus almas?

Los que lo reconocieron al Señor, en aquel tiempo, son los mismos que también hoy en día hubieran reconocido a Cristo.

Porque hoy Cristo sigue estando presente entre nosotros. No nos ha dejado huérfanos: “Yo estoy con vosotros todos días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).

La verdad de la Encarnación consiste en que Dios se solidariza con los hombres. Lo que se hace a los hombres, se hace a Dios: estamos tan cerca de Él, como estamos cerca de nuestros hermanos.

Aparentemente, Él se parece a todo el mundo: un pobre se parece a todo el mundo; un sacerdote se parece a todo el mundo; un santo nos parece igual que todo el mundo; una hostia es, en apariencia, un poco de pan. Pero bajo todas esas apariencias Cristo mismo vive, obra y nos habla a nosotros. Nos parece que a nuestro alrededor no hay más que hombres, llenos de defectos y faltas. Y en verdad es Dios mismo que está en medio de nosotros, aunque no lo reconozcamos.

¿Qué mujer cree que va a encontrar a Dios en su marido? No es posible; lo conoce demasiado bien, sabe lo que vale y lo que no vale. Y sin embargo conocemos todos la palabra de San Pablo: “Esposas, respetad a vuestros maridos, como si se tratase del Señor” (Ef 5, 22).

¿Y qué marido reconoce a Dios en su esposa? “Maridos, amad a vuestra mujer como Cristo ama a su Iglesia” (Ef 5, 25).

Así Dios vive en cada ser humano, esperando que lo descubramos para empezar a creer en Él y en su presencia. Y permanentemente Cristo sale a nuestro encuentro, en cada hermano.

No aguardemos, por eso, hasta el último día para saber que es Cristo mismo quien tiene hambre en el hermano, que tiene sed, que está solo o enfermo, que tiene necesidad de nosotros. ¡Qué nuestra fe se anticipe a aquel terrible juicio final, en el que todos nos daremos cuenta de que Dios era Hombre y habitaba precisamente a nuestro lado!

Preguntas para la reflexión

1. ¿He pensado en ver a Jesús en mi cónyuge?

2. ¿Respeto a mi cónyuge y familiares como a Jesús?

3. ¿Qué ayuda doy a los más necesitados?