viernes, septiembre 13, 2013

Escribe el Papa Francisco una carta a un agnóstico italiano

Hermanas y hermanos: Gracia y Paz a todos en el nombre de Jesús quien es nuestro Camino, Verdad y Vida.

Les comparto este extracto de una noticia publicada en ACIPrensa, titulada TEXTO COMPLETO: Carta del Papa Francisco al director del diario italiano La Repubblica:
Papa Francisco
El diario italiano La Repubblica publicó este miércoles una larga carta escrita por el Papa Francisco en las que responde a algunas dudas sobre la fe planteadas durante este verano por Eugenio Scalfari, un famoso periodista conocido por su posición anti clerical.

En dos artículos publicados el 7 de julio y el 7 de agosto pasados, Scalfari fundador de La Repubblica, plantea preguntas al Pontífice sobre la Encíclica Lumen Fidei (La luz de la fe). A continuación el texto completo de la carta del Papa:

Apreciado doctor Scalfari:

Es con profunda cordialidad que al menos a grandes rasgos quisiera intentar responder a la carta que, desde las páginas de La Repubblica, se ha querido dirigir a mí el 7 de julio con una serie de reflexiones personales, que luego ha enriquecido en las páginas del mismo diario el 7 de agosto.
Le agradezco, en primer lugar, por la atención con la que leyó la encíclica Lumen Fidei. La cual en la intención de mi amado predecesor, Benedicto XVI, que la concibió y escribió en gran parte, y la que con gratitud, heredé, se dirige no solo a confirmar en la fe en Jesucristo a aquellos que en aquella ya se reconocen, sino también para despertar un diálogo sincero y riguroso con los que, como usted, se definen como "un no creyente por muchos años, interesado y fascinado por la predicación de Jesús de Nazaret".
Por lo tanto, creo que es muy positivo, no solo para nosotros individualmente, sino también para la sociedad en la que vivimos, detenernos para conversar sobre algo tan importante como la fe, que se refiere a la predicación y a la figura de Jesús. Creo que hay, en particular, dos circunstancias que hacen que este diálogo sea hoy sea un deber y algo valioso.

Como se sabe, uno de los principales objetivos del Concilio Vaticano II, querido por el Papa Juan XXIII y por el ministerio de los papas, es la sensibilidad y contribución que cada uno, desde entonces hasta ahora, ha dado según el patrón establecido por el Concilio. La primera de las circunstancias –como se recuerda en las páginas iniciales de la Encíclica– deriva del hecho que a lo largo de los siglos de la modernidad se produjo una paradoja: la fe cristiana, cuya novedad e incidencia sobre la vida del hombre desde el principio han sido expresados precisamente a través del símbolo de la luz, a menudo ha sido calificada como la oscuridad de la superstición que se opone a la luz de la razón.
Así, entre la Iglesia y la cultura de inspiración cristiana por una parte, y la cultura moderna de carácter iluminista, por otra, se ha llegado a la incomunicación. Ahora ha llegado el momento y el Vaticano II ha inaugurado justamente la estación de un diálogo abierto y sin prejuicios que vuelva a abrir las puertas para un encuentro serio y fructífero.
Lean toda la carta aquí.

Comentario. La carta ha creado malestar entre algunos católicos que temen que la posición del Papa Francisco soslaya el antiguo dogma católico que nos informa que fuera de la Iglesia no hay salvación (extra ecclesia nula salus). Mi opinión personal es que no, porque la Iglesia es una extensión de la misericordia de Dios y aquellos que no pertenecen a ella sin culpa personal, o tal vez por la culpa personal de algún cristiano, no cae lejos de la misericordia de Dios. De hecho, nadie cae infinitamente lejos de la misericordia divina, como lo enseñó Jesús en la parábola del Buen Pastor. Dios mueve cielo y tierra para alcanzarnos sin violar nuestra libertad de amarle o de odiarle. En fin, que aquellos que se salvan fuera de la comunidad visible de la Iglesia se salvan gracias a la voluntad salvífica de Cristo y su conexión efectiva con esa Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica.

La carta también causó malestar entre los ateos y agnósticos italianos, quienes a través de una de sus organizaciones manifestaron que es innecesario avalar la conciencia de los increyentes en nombre de una entidad (Dios) de cuya existencia ellos dudan. Claro, ellos tienen que salvarse de la vergüenza de ver a un Papa decidido a hablarles en igualdad de condiciones, igualdad que estos agnósticos y ateos no quieren reciprocar. En fin, que se portaron como los adolescentes que son en su juicio contra la existencia de Dios.

Lean la carta que sé que les gustará.

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