viernes, marzo 15, 2013

Elección de Papa Francisco causa malestar entre proselitistas sectarios

Hermanos y hermanas: Paz y Bien a todos ustedes.

Papa Francisco
Foto de Alessando Bianchi
/Reuters
A juzgar por varios comentarios dejado por un visitante a esta página, así como visitas que yo pagué a varios sitios sectarios para leer o escuchar sus reacciones, puedo decir que la elección del Papa Francisco a la Cátedra de San Pedro ha causado cierto malestar en los ambientes donde pululan estos proselitistas sectarios.

Imagínenselo: un Papa con cara de hispano, de pueblo hispano y que habla español como su lenguaje de cuna y con más magnetismo personal que cualquier predicador que tengan los hermanos separados, va a hacer más difícil “salvar” a los pobres católicos de América. O dicho de otro modo, la elección del Papa Francisco les representa un aumento en el poder de a quien los sectarios consideran “anticristo” y de la Iglesia que ellos ven como “la Gran Ramera de Babilonia.”

Todo eso negativo que ellos dicen contra la Iglesia Católica y el Sucesor de Pedro y supuestament “basado en la Biblia” es mentira, embuste, pamplinas fruto de una desavenencia histórica en la cual nuestros antepasados católicos no carecen de culpa. Sin embargo, una cosa es tener un desacuerdo con la Iglesia y nuestras creencias y otra es tratarnos como si los católicos fuésemos paganos rábidos salidos de alguna jungla. Pero es así como los sectarios nos ven, como nos leen en su propia literatura de formación y a la hora de interactuar con uno, así es como te lo dicen.

Al menos no los puedo acusar de disimulo. Creen en su propia propaganda y buscan con ahínco a que abandonemos nuestra fe para aceptar la suya y así, “ser salvos.” ¡Si tan solo supieran que eso es cambiar gato por liebre!

Por eso le doy gracias a Dios Padre, por Nuestro Señor Jesucristo y en el Espíritu Santo por habernos designados al Papa Francisco como padre santo y guía de la Iglesia Católica en la que yo milito, aunque indigno. Gracias, Señor, por habernos dado un Papa con nuestro rostro: te pido, Dios mío, que nuestros hermanos separados vean en ese mismo rostro la faz de tu Hijo, Jesús. ¡Amén!

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