martes, febrero 05, 2013

Puerto Rico: Obispo de Caguas exige excarcelación de nacionalista preso


Hermanos, Paz y Bien a todos.


Monseñor Rubén Antonio González
En una declaración pública fechada el día de ayer, el Obispo de Caguas, Monseñor Rubén Antonio González, reiteró su respaldo a la excarcelación inmediata de Oscar López Rivera. El Sr. Obispo afirma en su carta que el Sr. López Rivera es una “persona…encarcelada como consecuencia de sus convicciones personales” y que esto convierte su caso “en un asunto, no solo de compasión, sino de defensa del derecho inviolable a la conciencia y a la libertad de expresión.”  Finalmente, el Sr. Obispo reclamó, con toda su autoridad de obispo diocesano y pastor de la Iglesia Católica bajo su cuidado y “el nombre de Jesús de Nazaret…que se libere de una vez por todas a Oscar López Rivera.”

Yo creo que tenemos que examinar el récord pasado del Sr. López Rivera antes de emitir mi opinión. Veamos.

En el 1981, el Sr. López Rivera fue encontrado culpable de conspiración sediciosa, uso de fuerza en el transcurso de un robo, transportación interestatal de armas de fuego en apoyo a un delito grave, y transportación interestatal de vehículos hurtados. Sus ofensas ocurrieron durante su membresía en las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), un grupo nacionalista de Puerto Rico involucrado en sobre 100 bombazos en los cuales seis ciudadanos murieron y otros resultaron heridos. En 1988, el Sr. López Rivera recibió una sentencia adicional de 15 años de prisión por conspirar a fugarse de su penitenciaria, pidiéndole a amigos excarcelados a que le obtuviesen armas, granadas y explosivos C-4 para ayudarle a él y a otros convictos en su fuga.  (Fuente).

Numerosas  facciones políticas que apoyan la independencia o que manifiestan odio ideológico hacia los EE.UU. – o ambas cosas – han hecho del caso del Sr. Oscar López Rivera uno célebre. Es notable que en dicha defensa sus defensores constantemente ofuscan, exculpan, o perdonan al Sr. Oscar López Rivera por haber recurrido a la lucha armada para resolver el estatus político de Puerto Rico a su manera, a pesar que el pueblo puertorriqueño en su conjunto ha rechazado esta vía para resolver ese problema.

Añado dos memorias personales. Yo era un niño en mi ciudad natal de Ponce cuando las FALN bombardearon la oficina de reclutamiento militar situada en la Avenida Las Américas de mi pueblo, así como en la sucursal del Banco de Ponce situada en el Centro Comercial Santa María allá por los años 70. Ambas explosiones ocurrieron en horas de la madrugada y ambas veces me despertaron, produciendo en mí un estado de terror y miedo. Nunca lo olvidaré.

Ese miedo, ese terror, son lo que militantes de la estirpe del Sr. Oscar López Rivera buscaban provocar en la población y en el gobierno local, para de este modo provocar un cambio político inmediato y por la vía de la violencia. Estoy sorprendido que Monseñor Rubén Antonio González no se recuerde de lo que las FALN realizaron con el beneplácito y participación conspiratoria del Sr. Oscar López Rivera y del terror que ellos propinaron a nuestro pueblo y en la Isla, y que ahora use lenguaje evangélico, comparando a ese señor con Jesucristo mismo ante Pilatos, para exigir su liberación. También me duele mucho sobremanera que el Sr. Obispo de Caguas piense que los crímenes que el Sr. Oscar López Rivera carecieron de víctimas. No es cierto, muchas inocencias murieron en esos días aciagos, la creencia que ya habíamos sobrepasado la tentación de usar la violencia armada como vía de acción política. ¿Por qué el Sr. Obispo de Caguas y tantos otros no quieren ver esto?

Con todo y eso, no me opongo necesariamente a que al Sr. Oscar López Rivera no se le conceda un indulto de carácter humanitario, pero no sin antes manifestar su arrepentimiento ante el daño que hizo y su promesa de renunciar a la violencia por lo que le quede de vida.
No existe razón ni excusa alguna de glorificar los actos del Sr. Oscar López Rivera. Ni tampoco existe razón o excusa alguna para que un obispo de nuestra Iglesia pida la libertad de alguien que no se la merece y que tanto daño hizo en nuestra alma colectiva tiempo atrás.

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