miércoles, noviembre 28, 2012

La enfermedad, ¿castigo del pecado?

Autor: P. José P. Benabarre Vigo | Fuente: El Visitante


Que la enfermedad -al­gunas enfermedades e, in­cluso la muerte prematura- sean castigo del pecado, no me atrevería yo a afirmarlo si la Biblia, y aun la ciencia, no lo afirmaran.

La ciencia

Al comenzar por lo más evidente, puede citarse la cirrosis, dolorosa y mortal enfermedad del hígado, ocasionada las más de las veces por el abuso del al­chol.

El síndrome de la in­munodeficiencia adquirida (AIDS), que tantas víctimas produce en el mundo ente­ro, se transmite por el acto sexual.

Y está probado que el tabaco, y más si se combina con el abuso del alcohol, es causa inmediata de mu­chas muertes

¿Y cuántas muje­res quedan marcadas emo­cionalmente toda la vida e, incluso, mueren en muchas ocasiones por cometer el cri­men del aborto?

La Biblia

Los capítulos 2 y 3 del Génesis ponen de mani­fiesto que algunas de las penalidades que ahora su­frimos e, incluso la muerte, son castigos que vienen de nuestros primeros pecado­res padres. Y el Capítulo 4 nos presenta la historia de Caín, sobre quien recayeron duros castigos por la muer­te de su hermano Abel.

Las diez plagas in­fligidas al pueblo egipcio y la total destrucción de sus mejores ejércitos en el Mar Rojo, fueron castigos por los pecados del faraón con­tra los Israelitas (Génesis Capítulos 7, 12, 14). Y cuan­do éstos cometen el gran pecado de adorar al becerro de oro, Yahveh ordenó el exterminio de 23,000 hom­bres (Éxodo 32, 28). Y la casi total deportación del pueblo judío a Babilonia fue un castigo a sus pecados (1 Crónicas 9, 1). Fue por sus pecados que murió Saul (1 Crónicas 10, 13); etc., etc.

Jesús y San Pablo

El buen Jesús nos en­señó que Dios castiga el pecado, al menos algunas veces, ya durante nuestra vida, como ocurrió a los aplastados por la Torre de Siloé.

Al enfermo curado en la piscina llamada Probá­tica le dijo claramente el manso Jesús: “Mira, estás curado; no peques más para que no te suceda algo peor”. (Juan 5. 14)

Por su parte, San Pablo es categórico al afirmar que la muerte, que nos afectará a todos, es castigo del peca­do (ver Romanos 5, 12). Y al referirse a los abusos que los fieles de Corinto habían introducido en la celebra­ción de la Eucaristía, les dijo y ahora nos lo repite a nosotros: “Quien come y bebe sin discernir el Cuerpo de Cristo, come y bebe su propio castigo. Por eso hay entre vosotros muchos en­fermos y débiles, y mueren no pocos” (1 Corintios 11, 29-30).

Muy querido lector, le pido encarecidamente que jamás se acerque a comul­gar sin haber examinado seriamente su conciencia. Sólo si la ve del todo limpia, se atreva a comulgar. No se fije en si le miran o no; es cuestión entre nuestro amado Jesús y nosotros.

lunes, noviembre 26, 2012

La muerte del “Macho” Camacho nos debe poner a pensar

Hermanos, Paz y Bien a todos.

Héctor “Macho” Camacho
El reciente asesinato del ex campeón pugilista Héctor “Macho” Camacho nos debe de poner a pensar. Nadie merece morir así, abaleado en un carro por el simple hecho de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Pero muertes así ya son rutina en la Isla y no nos extraña por su frecuencia a menos que el muerto sea un notable. La violencia asesina ya ha hecho estragos en mi propia familia, con un joven primo político muerto, dejando viuda a mi joven prima y a sus hijos. En este caso, el difunto no tenía contacto alguno con el crimen organizado, fue una muerte de esas que son “por equivocación”.
Otro pariente intenta reconstruir su vida como mejor puede después de sobre una década de estar viviendo la vida de delincuente. Es que ya estos dramas son parte de nuestra fibra social. Los vemos y no nos importa hasta que sea un allegado el muerto o el herido.

En el carro en donde murió Camacho encontraron 9 sobrecitos plásticos de cocaína y uno abierto para un total de diez, según lo afirman los medios noticiosos. Ya se sabía que Camacho sufría de problemas relacionados con el alcohol y las drogas, o sea que comparado con alguien que no sufre de vicios las probabilidades eran más altas de encontrarse en el momento equivocado en el lugar erróneo. La muerte de Camacho está relacionada directamente con su vicio.
Hay quienes dirán que hay que legalizar o descriminalizar el uso personal de la droga, al menos para reducir la cantidad de violencia. En mi opinión, eso no hubiera salvado a Camacho porque la violencia no la engendra el uso, la engendra el trasiego. Los tiros tal vez hubiesen alcanzado a Camacho antes que una sobredosis.

Hay otros que dirán que las drogas son como el alcohol, que es su prohibición lo que crea la violencia y por lo tanto hay que legalizarlas y gravarlas con los arbitrios pertinentes como se le hace al ron, la cerveza, etc. De este modo, redefiniendo lo que hasta ahora es un crimen hacia la legalidad borra mágicamente el crimen y el bajo mundo. Dejen que la fuerza del mercado autorregule el consumo de drogas.
Claro que sí.

La cuestión es que las drogas no son como el alcohol en su facultad de destruir la salud y la libertad moral del ser humano. Actúan sobre este con más rapidez que el alcohol. Y si estamos hablando de la libertad de comerciar cocaína, heroína y marihuana, estaríamos hablando de libertad para todos, incluyendo a las farmacéuticas, las destilerías y a las cigarreras para producir y mercantilizar el producto, tal vez con más potencia y en diversos paquetes y medios de consumo – en bebidas, cigarrillos, comida, etc.

Lo que no hubiese salvado a Camacho tampoco, ya que simplemente hubiese muerto a consecuencia de un producto legal en ese escenario que les pinto. Tal vez de un tiro que se pegase así mismo al no poder aguantar su adicción.
Sí, la muerte de Héctor “Macho” Camacho nos da qué pensar.

domingo, noviembre 25, 2012

Celebramos el Domingo de Cristo Rey


Christus Vincit, Christus Regnat, Christus Imperat

 

Oficio de Lecturas

Venga a nosotros tu reino
Orígenes Opúsculo sobre la oración 25

Si, como dice nuestro Señor y Salvador, el reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí, sino que el reino de Dios está dentro de nosotros, pues la palabra está cerca de nosotros, en los labios y en el corazón, sin duda, cuando pedimos que venga el reino de Dios, lo que pedimos es que este reino de Dios, que está dentro de nosotros, salga afuera, produzca fruto y se vaya perfeccionando. Efectivamente, Dios reina ya en cada uno de los santos, ya que éstos se someten a su ley espiritual, y así Dios habita en ellos como en una ciudad bien gobernada. En el alma perfecta está presente el Padre, y Cristo reina en ella, junto con el Padre, de acuerdo con aquellas palabras del Evangelio: Vendremos a él y haremos morada en él.

Este reino de Dios que está dentro de nosotros llegará, con nuestra cooperación, a su plena perfección cuando se realice lo que dice el Apóstol, esto es, cuando Cristo, una vez sometidos a él todos sus enemigos, entregue a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos. Por esto, rogando incesantemente con aquella actitud interior que se hace divina por la acción del Verbo, digamos a nuestro Padre que está en los cielos: Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino.

Con respecto al reino de Dios, hay que tener también esto en cuenta: del mismo modo que no tiene que ver la luz con las tinieblas, ni la justicia con la maldad, ni pueden estar de acuerdo Cristo y el diablo, así tampoco pueden coexistir el reino de Dios y el reino del pecado.

Por consiguiente, si queremos que Dios reine en nosotros, procuremos que de ningún modo el pecado siga dominando nuestro cuerpo mortal, antes bien, mortifiquemos todo lo terreno que hay en nosotros y fructifiquemos por el Espíritu; de este modo, Dios se paseará por nuestro interior como por un paraíso espiritual y reinará en nosotros él solo con su Cristo, el cual se sentará en nosotros a la derecha de aquella virtud espiritual que deseamos alcanzar: se sentará hasta que todos sus enemigos que hay en nosotros sean puestos por estrado de sus pies, y sean reducidos a la nada en nosotros todos los principados, todos los poderes y todas las fuerzas.

Todo esto puede realizarse en cada uno de nosotros, y el último enemigo, la muerte, puede ser reducido a la nada, de modo que Cristo diga también en nosotros: ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? Ya desde ahora este nuestro ser, corruptible, debe vestirse de santidad y de incorrupción, y este nuestro ser, mortal, debe revestirse de la inmortalidad del Padre, después de haber reducido a la nada el poder de la muerte, para que así, reinando Dios en nosotros, comencemos a disfrutar de los bienes de la regeneración y de la resurrección

 

Fuente: El Testigo Fiel

viernes, noviembre 23, 2012

Cómo se han de remediar las pequeñas tentaciones

San Francisco de Sales

San Francisco de SalesAhora bien, en cuanto a estas pequeñas tentaciones de vanidad, de sospecha, de melancolía, de celos, de envidia, de amores, y otras semejantes impertinencias, que, como moscas, pasan por delante de los ojos, y ora nos pican en las mejillas, ora en la nariz; como sea que no es imposible librarnos completamente de su importunidad, la mejor resistencia que les podemos hacer es no inquietarnos, porque nada de esto puede dañar, aunque sí causar molestias, mientras permanezca firme la resolución de servir a Dios.

Desprecia, pues, estos pequeños ataques, y no te dignes pensar en lo que significan, sino déjalos que zumben cuanto quieran alrededor de tus oídos, y que corran de acá para allá en torno de ti; y cuando te piquen, y veas que, poco o mucho, se detienen en tu corazón, no hagas otra cosa que alejarlos sencillamente, sin combatirles ni responderles de otra manera que con actos de amor de Dios. Porque, si quieres creerme, no te esfuerces demasiado en querer oponer la virtud contraria a la tentación que sientes, porque eso casi equivaldría a querer disputar con ella; sino que después de haber hecho un acto de virtud directamente contrario, si es que has conocido la calidad de la tentación, inclina simplemente tu corazón hacia Jesucristo crucificado y, con un acto de amor a Él, besa sus sagrados pies. Este es el mejor recurso para vencer al enemigo, así en las grandes como en las pequeñas tentaciones, ya que el amor de Dios, por contener en sí todas las perfecciones de todas las virtudes, y de una manera más excelente que las mismas virtudes, es también un remedio más eficaz contra todos los vicios; además, si tu espíritu se acostumbra a recurrir, en todas las tentaciones, a esta consigna general, no se verá obligado a mirar y examinar qué clase de tentaciones tiene, sino que, simplemente, al sentirse turbada, se pacificará con este gran remedio, el cual, aparte de lo dicho, espanta tanto al espíritu maligno, que, cuando ve que sus tentaciones despiertan en nosotros este divino amor, ya no nos tienta más. Aquí tienes todo lo que atañe a las pequeñas y frecuentes tentaciones, en medio de las cuales el que quiera detenerse en menudencias, perderá la paciencia y no hará nada bueno.

jueves, noviembre 22, 2012

Gratitud

Autor desconocido

Gracias Padre, oh Dios del Cielo
Dueño Absoluto y Creador
sobre los cielos y tierra
de toda doctrina de amor.

Hoy que de los cielos miras
a la tierra en su girar
rige Señor los senderos
en nuestro arduo caminar.

Gracias por toda esperanza
que nos ayuda a vencer
la que nos muestra el camino
y sostiene nuestra fe.

Por tu bondad infinita
por tu amor y poder
bajo tu amparo y tu guía
nos permites hoy crecer.

Porque aún entre las guerras
internas nos sueles dar
las armas que nos liberan
tu paz, tu amor, tu verdad.

Y así a través de los tiempos
en toda su realidad
nos permites ser fieles
en este peregrinar.

Gracias Señor por la vida
en toda su intensidad
por tu luz y la apertura
que nos da la capacidad
de ser y sentirnos libres
para amar tu voluntad.

Por tu gran misericordia
que perdona la maldad.
Por mostrarnos lo divino
que existe en la humanidad.

Porque pese a todo ruido
al silencio o al dolor
presentimos tu presencia
y podemos oír tu voz.

Gracias por tu gran realeza
porque en tu amor al crear
a tu imagen nos formaste
semejanza sin igual.

Con esa esencia sin par
vida en nosotros soplaste
y que delicia es amarte
¡Oh! mi Padre Celestial
de mi alma, de mi cantar
quiere mi ser ofrecerte.

Por la gracia de alabarte
y tener la gran virtud
de seguirte y con Jesús
en el sagrario adorarte.
Amen

domingo, noviembre 18, 2012

¡Es Domingo!

Fuente: Liturgia de las Horas
Es domingo; una luz nueva
resucita la mañana
con su mirada inocente,
llena de gozo y de gracia.

Es domingo; la alegría
del mensaje de la Pascua
es la noticia que llega
siempre y que nunca se gasta.

Es domingo; la pureza
no sólo la tierra baña,
que ha penetrado
en la vida por las ventanas del alma.

Es domingo; la presencia
de Cristo llena la casa:
la Iglesia, misterio y fiesta,
por él y en él convocada.

Es domingo; «éste es el día
que hizo el Señor», es la Pascua,
día de la creación
nueva y siempre renovada.

Es domingo; de su hoguera
brilla toda la semana
y vence oscuras tinieblas
en jornadas de esperanza.

Es domingo; un canto nuevo
toda la tierra le canta
al Padre, al Hijo, al Espíritu,
único Dios que nos salva. Amén.

sábado, noviembre 17, 2012

Yo apoyo al Estado de Israel

Hermanos y hermanas, Paz y Bien a todos.

Una vez la guerra se cierne sobre la Tierra Santa, la tierra que una vez Jesús caminó, con todo lo que ello conlleva: sangre, muerte, terror, sufrimiento y enfermedad. Las guerras representan el peor fracaso de la humanidad y lo dice alguien que ha vestido un uniforme e ido a la guerra.

En esta ronda, como en la última, la culpa de comenzarla cae sobre el grupo terrorista islámico, Hamas. Ellos fueron quienes iniciaron los ataques con cohetes y quienes promulgan en su constitución la guerra eterna contra el Estado de Israel, y este último actúa en defensa propia.

Quiero dejar dicho una vez más que yo apoyo la existencia del Estado de Israel exactamente en donde está, dentro de fronteras seguras y en paz con sus vecinos. Esto no significa que le doy "carta blanca" a todas sus políticas, algo que no le entrego ni a mi mismo gobierno. Simplemente es un reconocimiento como cristiano católico del derecho de dicho pueblo a vivir en paz, sin tener que temer que un cohete le caiga encima.

El pueblo palestino en Gaza tiene el mismo derecho y el deber de decirle a los terroristas que les gobiernan a echar a un lado su odio contra los judíos y a resolver sus problemas con Israel de forma pacífica, aceptando su existencia y derecho a vivir en paz.

Oremos por la paz de Jerusalén, de toda la región y de todo el mundo.

viernes, noviembre 16, 2012

Nuestra fe, la fe de la Iglesia

Autor: Ramiro Pellitero Iglesias Nuestra fe, la fe de la Iglesia | Fuente: iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com.es vía Catholic.net

"Un cristiano que se deja guiar y formar poco a poco por la fe de la Iglesia, a pesar de sus debilidades, sus limitaciones y sus dificultades, se vuelve como una ventana abierta a la luz del Dios vivo, que recibe esta luz y la transmite al mundo". (Benedicto XVI)

¿Es la fe algo meramente individual, que solo interesa a cada uno?

Una vez más se ha enfrentado Benedicto XVI, en su audiencia del 31 de octubre, con el individualismo que puede afectar a los creyentes.

Por supuesto, observa, “el acto de fe es un acto eminentemente personal, que tiene lugar en lo más profundo y que marca un cambio de dirección, una conversión personal: es mi vida que da un giro, una nueva orientación”. En la liturgia del Bautismo, quien acepta la fe católica en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo responde en singular: “Yo creo”.

Creer no es individualista

Pero, añade el Papa, explicando cómo se origina la fe personal, “este creer no es el resultado de mi reflexión solitaria, no es el producto de mi pensamiento, sino que es el resultado de una relación, de un diálogo en el que hay un escuchar, un recibir, y un responder”. Es el resultado de la relación con Jesús: “Este creer es el comunicarse con Jesús, el que me hace salir de mi ´yo´, encerrado en mí mismo, para abrirme al amor de Dios Padre”. Y hay que entender esa relación mirando cómo es en realidad: “Es como un renacimiento en el que me descubro unido no solo a Jesús, sino también a todos aquellos que han caminado y caminan por el mismo camino”. Pues bien, este nuevo nacimiento que comienza con el Bautismo, se prolonga luego a lo largo de la vida.

La fe me viene por la Iglesia, mi fe sólo existe en "nuestra fe"

En consecuencia: “No puedo construir mi fe personal en un diálogo privado con Jesús, porque la fe me ha sido dada por Dios a través de una comunidad de creyentes que es la Iglesia, y por lo tanto me inserta en la multitud de creyentes, en una comunidad que no solo es sociológica, sino que está enraizada en el amor eterno de Dios, que en Sí mismo es comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que es Amor trinitario”. Dicho brevemente: “Nuestra fe es verdaderamente personal, solo si es a la vez comunitaria: puede ser ´mi fe´, solo si vive y se mueve en el ´nosotros´ de la Iglesia, solo si es nuestra fe, nuestra fe común en la única Iglesia”.

En efecto. Es claro que -como creemos- la vida cristiana es un vivir juntos con Cristo. Por tanto, la fe, que es participar de la mirada de Cristo sobre la realidad, sólo puede ser viva en cada uno en la medida en que participa de esa misma mirada. La fe no nos quita nuestra personalidad, sino que la dota de una mayor profundidad de conocimiento y de capacidad para amar.

De hecho, continúa Benedicto XVI, esto es lo que se manifiesta el domingo en la misa: rezamos el “Credo” en primera persona, pero al mismo tiempo lo hacemos junto con los demás en confesando la única fe de la Iglesia. De esa manera, “ese ´creo´ pronunciado individualmente, se une al de un inmenso coro en el tiempo y en el espacio, en el que todos contribuyen, por así decirlo, a una polifonía armoniosa de la fe”. Y esto, apunta el Papa, es lo que quiere decir el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 181) cuando afirma que “creer es un acto eclesial”, y explica el mismo texto: “La fe de la Iglesia precede, engendra, conduce y alimenta nuestra fe. La Iglesia es la Madre de todos los creyentes”. Por eso decía San Cipriano: “Nadie puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por Madre”. En síntesis, resume el Papa, “la fe nace en la Iglesia, conduce a ella y vive en ella”.

La Iglesia es madre donde la fe vive y se transmite

La Iglesia es también -como una madre que siempre da vida- el ámbito donde la fe se transmite. En Pentecostés, el Espíritu Santo desciende sobre los discípulos y les da la fuerza para proclamar el núcleo de la fe cristiana: Cristo es el Hijo de Dios que ha muerto en la Cruz y ha resucitado para nuestra salvación (cf. Hch., cap. 2). Y muchos se convierten y son bautizados. “Así -muestra el Papa Ratzinger de un modo que gusta desde hace mucho tiempo utilizar-, comienza el camino de la Iglesia, comunidad que lleva este anuncio en el tiempo y en el espacio, comunidad que es el Pueblo de Dios basado sobre la nueva alianza gracias a la sangre de Cristo, y cuyos miembros no pertenecen a un determinado grupo social o étnico, sino que son hombres y mujeres provenientes de cada nación y cultura”. Este pueblo es una familia universal: “Es un pueblo “católico”, que habla lenguas nuevas, universalmente abierto a acoger a todos, más allá de toda frontera, haciendo caer todas las barreras” (cf. Col. 3,11).

Por tanto, la Iglesia es el “lugar” donde nace la fe, donde la fe se transmite y donde se celebra y vive, nos libera de la esclavitud del pecado y nos hace hijos de Dios; y “al mismo tiempo, estamos inmersos en comunión con los demás hermanos y hermanas en la fe, con todo el Cuerpo de Cristo, sacándonos fuera de nuestro aislamiento”. Así lo dice el Concilio Vaticano II: “Fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente” (Const. Dogm. Lumen Gentium, 9).

Esta es nuestra fe, la fe de la Iglesia: donde mi fe crece y madura

Y por eso el celebrante del bautismo, al concluir las promesas en las que expresamos la renuncia al mal y repetimos “creo” a las verdades de la fe, dice: “Esta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús Nuestro Señor”. Esta es la fe que transmite la Iglesia (en una “Tradición” viva) con la proclamación de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos y la vida cristiana. El Concilio Vaticano II afirma que la Iglesia, “en su doctrina, en su vida y en su culto transmite a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que ella cree” (Dei Verbum, n. 8).

Finalmente, vuelve Benedicto XVI al principio de su argumentación, precisando que la Iglesia no es sólo el “lugar” donde nace la fe y se transmite, sino también “donde la fe personal crece y madura”. Por eso el Nuevo Testamento llama “santos” al conjunto de los cristianos: no porque todos tuvieran ya las cualidades para ser declarados santos, sino porque, por la fe, estaban llamados a iluminar a los demás, acercándolos a Jesucristo.

“Y esto -sostiene el Papa- también vale para nosotros: un cristiano que se deja guiar y formar poco a poco por la fe de la Iglesia, a pesar de sus debilidades, sus limitaciones y sus dificultades, se vuelve como una ventana abierta a la luz del Dios vivo, que recibe esta luz y la transmite al mundo”. Y recoge estas palabras de Juan Pablo II: “La misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola!” (enc. Redemptoris missio, n. 2).

Protagonistas de una experiencia que nos sobrepasa

En definitiva, la auténtica fe cristiana tiene esta dinámica personal, eclesial y universal, Y esto, señala Benedicto XVI, es contrario a la tendencia actual. “La tendencia, hoy generalizada, a relegar la fe al ámbito privado, contradice por tanto su propia naturaleza. Tenemos necesidad de la Iglesia para confirmar nuestra fe y para experimentar los dones de Dios: su Palabra, los sacramentos, el sostenimiento de la gracia y el testimonio del amor”. “Así -apunta-, nuestro ´yo´ en el ´nosotros´ de la Iglesia, podrá percibirse, al mismo tiempo, como destinatario y protagonista de un acontecimiento que lo sobrepasa: la experiencia de la comunión con Dios, que establece la comunión entre las personas”.

Y así concluye el Papa mostrando, en la perspectiva del Concilio Vaticano II: “En un mundo donde el individualismo parece regular las relaciones entre las personas, haciéndolas más frágiles, la fe nos llama a ser Pueblo de Dios, a ser Iglesia, portadores del amor y de la comunión de Dios para toda la humanidad (cf. GS, 1)”.

La fe cristiana, es, en efecto, el remedio para la fragilidad personal precisamente porque nos abre a Dios y a los demás.

lunes, noviembre 12, 2012

El racismo puede ser combatido desde el corazón del hombre

Autora: Marielisa Ortiz Berríos | Fuente: El Visitante

Cuando se habla de racismo en Puerto Rico, usualmente se escucha la frase célebre: “¿Y tu abuela, dónde está?”. Pero, también cabría preguntar: ¿Y tu humanismo, dónde está?

Claro, las personas suelen sostener su defensa de la raza negra con el hecho que todos los puertorriqueños tienen sangre africana o que son una mezcla de razas. Sin embargo, más allá de tener una abuela o un abuelo de raza negra, con pelo rizo o nariz aguileña, es importante entender la igualdad del ser humano ante la misericordia de Dios.

Muchos se preguntan si en Puerto Rico hay racismo. Otros se preguntan si es un racismo individual o institucionalizado. A muchos les sorprende y alegra ver llegar a un puesto ejecutivo o de dirección a una persona de raza negra. Es impresionante cómo a diario en Puerto Rico ocurren situaciones ligadas al racismo y la xenofobia, incluso entre niños, pero también hay muchas personas que niegan que exista este mal social.

En conversación sobre el tema con el sociólogo y catedrático de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, José Luis Méndez, éste destacó que a pesar que en la Isla el racismo no es tan fuerte como en otras sociedades, de ninguna manera significa que no exista. “Por el contrario, sí existe, está mucho más arraigado de lo que la gente piensa”, sostuvo.

“En ocasiones nos hemos sorprendido de cómo personas que ocupan posiciones públicas muy reconocidas, han hecho declaraciones racistas virulentas, a nivel de los racismos más extremistas de los Estados Unidos, en su época de segregación racial”, afirmó el sociólogo. “Nos demuestraque todavía hay una presencia muy indeseable del racismo en Puerto Rico”.

El profesor de la UPR manifestó que primeramente para poder entender el racismo es importante remontarse al pasado, y no olvidar que Puerto Rico, al igual que todo el Caribe y el sur de los Estados Unidos, fueron pueblos esclavistas y que con la esclavitud vino la leyenda anti-negra. “Los esclavistas estaban haciendo algo injustificable con un grupo humano y lo pretendían justificar diciendo que no son gente igual a nosotros”, acotó.

El entrevistado recordó que cuando Estados Unidos llegó a Puerto Rico, ya la Isla había vivido el racismo con España. “Por las narraciones que nos hace la fenecida cantante Ruth Fernández hubo una especie de segregación en los hoteles de lujo de Puerto Rico. En el Condado se les pedía a los artistas que entraran por la parte de atrás o por la cocina”, narró. Sin embargo, mencionó que Ruth rompió con muchos de estos esquemas racistas en Puerto Rico. El profesor Méndez añadió que en la década del 40, las fraternidades, sororidades y gran parte de muchos clubes rotarios y de leones practicaban también la segregación racial.

El sociólogo declaró que en el proceso de erradicar el racismo en Puerto Rico, la reciente  elección de la presidenta del Colegio de Abogados, Ana Irma Rivera Lassén, tiene unas implicaciones importantes, ya que la elección de una mujer negra antes hubiese sido inconcebible. El profesor explicó que el racismo no está limitado a un área geográfica. “Siendo un país relativamente pequeño no hay gran diferencia entre norte o sur. De alguna manera lo encontramos en todos los sitios, tanto en pueblos del interior o de la costa, como en el área metropolitana”, dijo. Sin embargo, expuso que hay algunas áreas donde el número es mayor, y en estos lugares el desempleo es más elevado, como es el caso de Loíza, cuyo desempleo ronda por el 64%.

El racismo se aprende

El sociólogo afirmó que el comportamiento racista se aprende. Destacó que si el niño proviene de un hogar donde se habla de una forma peyorativa hacia las personas de raza negra, o alguna otra raza, es muy probable que éstos continúen esta conducta, muy especialmente si en la escuela sus maestros o superiores también son segregacionistas.

El ser racista no es únicamente hacia los negros o africanos. Este mal social se puede ejercer hacia otras razas, como fue el caso de la exterminación de los judíos y el racismo actual hacia los hispanos en Estados Unidos, o contra las personas asiáticas en Europa. En muchas ocasiones, este concepto es ligado con la xenofobia, como se ha dado –y continúa dándose- fuertemente en Puerto Rico con los dominicanos.

“Ahí hay una diferencia muy importante entre la visión de raza en Estados Unidos y la definición de raza en Puerto Rico”, manifestó el sociólogo, al referirse al cuestionario del censo de 2000 y 2010 donde la mayoría de las personas se consideró blanca (más de 80%). Aquí es que entra la frase: Y tu abuela, ¿dónde está?, ya que, –precisó el profesor de la UPR- el puertorriqueño se autodenomina de equis raza, en función de su apariencia, sin embargo, destacó que “la genética es muy traviesa”.

El experto en sociología mencionó también que el término “blanquito” es igualmente una connotación despectiva. Aludió a que antes la gente de dinero era en su inmensa mayoría de raza blanca, pero el ser “blanquito” tenía un sentido más bien social y de estatus.

“Muchas veces algunas personas que tenían una tendencia africana, pero tenían mucho dinero, pasaban a ‘blanquearse’ socialmente”, rememoró.
La educación es clave

El Secretario de Educación, Edward Moreno, expresó a este semanario que “la discriminación está prohibida dentro del Departamento de Educación y el racismo está incluido en esto”. Manifestó además que “nosotros creemos que en el Departamento de Educación (DE) podemos lograr que los niños aprendan valores y los puedan aprender del modelo de sus maestros y adultos. Porque los valores se modelan. Tú puedes enseñar valores en forma teórica, pero la parte que realmente impacta es cuando un niño observa a un adulto en una conducta enmarcada en los valores, de respeto, de civismo, de bondad”.

“Entendemos que el discrimen hay que erradicarlo totalmente de las escuelas. Nuestros niños tienen que aprender a convivir con otros niños en y fuera de la escuela”, sostuvo el funcionario, al añadir que “no existe una raza superior, todos somos hijos del mismo Dios y todos somos seres humanos”.

El Secretario expresó que hay que señalar toda acción o conducta que tenga por objeto la discriminación, restricción o exclusión hacia cualquier otra persona, que en igualdad de derechos humanos es un acto de racismo. Explicó que en casos de esta índole, xenofobia o acoso escolar, la agencia utiliza un manual que incluye un protocolo que sirve de guía para directores de escuelas y personal de apoyo, incluyendo trabajadores sociales y consejeros.

Asimismo, Moreno detalló que el director de cada escuela es el responsable de aplicar las medidas disciplinarias contra los estudiantes que cometan actos de racismo. A su vez, la persona a cargo de la escuela refiere el caso a un trabajador social. “Porque esto no se resuelve castigando al agresor, (sino) a través del diálogo, estrategias y terapias” para que el agresor pueda entender el daño que está haciendo, ya sea por diversión o por conductas aprendidas en su hogar o a través de la fuerza que ejercen los grupos de amigos, declaró.

Experiencia de un maestro

El maestro de música de la Escuela Raúl Julia Arcelay, en Bayamón, Manuel Vázquez Vázquez, relató a El Visitante que ha observado comportamientos racistas entre sus estudiantes, especialmente cuando se trata de niños de la República Dominicana. Manifestó que con casos de esta índole ha sido bien enérgico y los ha trabajado rápidamente, mediante la conversación y el diálogo con los estudiantes involucrados. El maestro destacó que les habla sobre la dignidad humana y les presenta ejemplos de la vida cotidiana.

El educador destacó que el mensaje que les envía a los estudiantes es que el ser humano “no es de pedacitos”, que tiene inteligencias múltiples y que tiene la capacidad de amar y compartir.

El maestro, quien además es guitarrista, corista y compositor, detalló que en la música es difícil distinguir si hay racismo o no, pero enfatizó que normalmente los promotores buscan personas que tengan un “aspecto físico llamativo”. “Eso no se ve en el ‘underground’ y el rap, pero en el ámbito de las baladas o plazas en la música más difíciles sí”.
Qué dice la Iglesia

El Vicario General de la Diócesis de Fajardo-Humacao, Padre Vicente Pasqualetto, expuso que el racismo la Iglesia lo considera “como un gran mal que está causando mucho dolor en el mundo” que necesita sanar “en un ambiente de diálogo franco y una actitud de conversión”. El sacerdote recomendó que a nivel familiar una opción para entrar en un diálogo serio sobre el tema es ver películas relacionadas al racismo, y que llevan a una reflexión. Amplió que es importante permitir la expresión libre y la manifestación de sentimientos.

La Doctrina Social de la Iglesia expresa que “a pesar de que esté ampliamente difundida la aspiración hacia una auténtica comunidad internacional, la unidad de la familia humana no encuentra todavía realización, puesto que se ve obstaculizada por ideologías materialistas y nacionalistas que niegan los valores propios de la persona considerada integralmente, en todas sus dimensiones, material y espiritual, individual y comunitaria. En particular, es moralmente inaceptable cualquier teoría o comportamiento inspirados en el racismo y en la discriminación racial”.

Así también, en el documento “La Iglesia ante el Racismo, para una sociedad más fraterna”, contribución de la Santa Sede a la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, celebrada en Sudáfrica en el año 2001, se indica que “el prejuicio racista, que niega la igual dignidad de todos los miembros de la familia humana y blasfema de su Creador, sólo puede ser combatido donde nace, es decir, en el corazón del hombre”.

Por su parte, el Documento Conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrado en Aparecida, Brasil, en el año 2007, informa que “la Iglesia denuncia la práctica de la discriminación y del racismo en sus diferentes expresiones, pues ofende en lo más profundo la dignidad humana creada a ‘imagen y semejanza de Dios’”. El documento expone que “la Iglesia apoya el diálogo entre cultura negra y fe cristiana y sus luchas por la justicia social, e incentiva la participación activa de los afroamericanos en las acciones pastorales de nuestras iglesias y del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano)”.

jueves, noviembre 08, 2012

Summa Daemoniaca ahora en línea en ACIPrensa

Hermanos: Gracia y Paz a todos ustedes en Cristo Jesús.

Esto, de acuerdo a ACIPrensa vía El Visitante:
Continuando con los libros gratuitos del famoso exorcista español, P. José Antonio Fortea, ACI Prensa publica hoy el texto más famoso de este sacerdote: “Summa Daemoniaca”, un completo tratado sobre el demonio y el infierno.

Para esta ocasión, solicitamos al Padre Fortea unas líneas sobre su obra, que ahora reproducimos. En ellas el sacerdote explica de qué trata el libro, algunas de sus positivas repercusiones y su propia experiencia como autor del texto:

“Me han pedido unas palabras para la publicación online de Summa Daemoniaca en ACI Prensa. Por primera vez estará accesible en todo el mundo la obra mía que más difusión ha tenido.

Sinceramente, no llevo la cuenta de cuántas ediciones se han hecho. Entre otras cosas porque este título se ha publicado en varias lenguas. Pero han existido cinco versiones distintas del texto.

La versión de ACI Prensa será la última versión, la mejor. La que ya quedó fijada, más o menos, en el 2009. Hecha esta puntualización, paso a escribir (como me han pedido) unas líneas sobre el libro.
 
Summa Daemoniaca ese laberinto teológico, esa construcción de conceptos, un tímpano catedralicio con todo un infierno bajos los pies del Pantocrator. Summa Daemoniaca no es un tratado sobre el averno. Es un libro sobre todos los infiernos, un atlas donde se despliega la sorprendente variedad de la zoología demonológica, un recorrido católico por los parajes de las regiones de la oscuridad. 
¿Resultado de todo esto? Un hombre que me escribe, a mí, su autor, diciendo que vio el libro sobre la mesa en una visita a su cuñada, y que lo pidió prestado tras hojearlo por curiosidad. Y que a mitad de su lectura, se confesó tras años de no hacerlo, y empezó a ir a misa todos los domingos. Cuando comprendí lo que era el infierno, me vino al corazón esta idea clara y nítida: no quiero ir al infierno, me dijo. 
Otras veces era un jovencito de dieciséis años el que me escribía. No creía en la Iglesia, ni en los curas, pero la fascinación por la religión surgió en su corazón adolescente a través del recorrido por esos parajes de dolor.
Recuerdo un preso español de cuarenta años que me escribió una carta, en la que me explicaba que mi libro era el primero que leía en toda su vida.   
Recuerdo la carta de un cartujo sugiriéndome con mucha humildad una anotación a una de las centenares de cuestiones. Tampoco olvidaré a una satanista de unos sesenta años que me vino a visitar. Me mostró su libro completamente subrayado y anotado. 
Especialmente enternecedora fue la conversación con un joven sacerdote tentado de dejar su ministerio, que me telefoneó años después y sentenció: el libro me llegó cuando tenía que llegar. 
La vida propia de Summa Daemoniaca ha sido sorprendente para mí, su autor. ¿Sobre cuántas vidas habrá influido? ¿Cuántos destinos habrá modificado en mayor o menor manera? ¿Qué se pensará entre los demonios acerca de la obra? 
El Mal ¿Por qué Dios ha permitido el Mal? ¿Por qué existe todo un mundo de demonios? ¿Por qué junto a la felicidad infinita de Dios, existe todo un microcosmos de sufrimiento eterno? ¿Por qué la Creación tiene su perfecto reverso tenebroso? ¿Por qué la iniquidad de los ángeles caídos optó por llevar a la consumación su sufrimiento, por llegar hasta el final, por continuar más allá del punto de no retorno? 
Todas estas preguntas intentaron ser respondidas en mi tratado a la luz de Dios. Quise escribir un libro sobre el demonio intentando escuchar la sutil voz del Espíritu Santo. 
¿Me gusta mi libro? Sinceramente, no. Podría cantar la loa de mi obra durante muchas más páginas. Pero a mí no me gusta. Porque a estas alturas de mi vida, he comprendido que los infiernos demoniacos son más vastos, más profundos, de lo que creí en esa época. 
Mi obra permanece porque no se han hallado errores. Ni yo he encontrado errores en ella, y soy su peor crítico. Ahora bien, es una obra que se queda tan lejos de expresar el horror del mal perfecto, consumado, eterno. Qué gran misterio”. 
Comentario. Hermanos, he leído este libro como tres veces y siempre me deja estupefacto. Contiene una gran cantidad de información verede y otras que verdaderamente retaron mi entendimiento. Les invito a que bajen el libro y disfruten de esta obra del Padre Fortea.

Para descargar el libro, ingrese a: http://www.aciprensa.com/fortea/

lunes, noviembre 05, 2012

Conferencia Episcopal de Puerto Rico: Indicaciones para el votante

Conferencia Episcopal de Puerto Rico
Introducción

Como Iglesia Católica siempre hemos contemplado que los partidos políticos y  sus  candidatos deben reconocer ante el electorado del país la dignidad inviolable de cada persona humana. Esta dignidad personal es el bien más precioso que el ser humano posee. Es “…el fundamento de la igualdad de todos los hombres entre sí… [y] de la participación y la solidaridad entre [todos]….”[1] Esta verdad “…exige el respeto, la defensa y promoción de los derechos de la persona humana. … Nadie, ni la persona singular, ni el grupo, ni la autoridad, ni el Estado pueden modificarlos, porque tales derechos provienen de Dios mismo.”[1]

Vida, Familia Y  Matrimonio

El primero de los derechos es el derecho a la vida. Los dirigentes de nuestro país deben promover, respetar y defender la vida de cada ciudadano, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural.

En el año 2006, el Papa Benedicto XVI recordó que existen “principios que no son negociables”. Entre ellos, la “el “reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, y su defensa contra los intentos de equipararla jurídicamente a formas radicalmente diferentes de unión que, en realidad, la dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su irreemplazable papel social”. (Discurso del Santo Padre Benedicto XVI a los Participantes en unas Jornadas de Estudio sobre Europa Organizadas por el Partido Popular Europeo. Jueves 30 de marzo de 2006).

 Sobre el reconocimiento legal de las  llamadas “uniones de hecho”, tanto heterosexuales como homosexuales, como iguales al matrimonio, el Pontificio Consejo para la Familia expresó: “En las sociedades abiertas y democráticas de hoy día, el Estado y los poderes públicos no deben institucionalizar las uniones de hecho, atribuyéndoles de este modo un estatuto similar al matrimonio y la familia. Tanto menos equipararlas a la familia fundada en el matrimonio. Se trataría de un uso arbitrario del poder que no contribuye al bien común, porque la naturaleza originaria del matrimonio y de la familia precede y excede, absoluta y radicalmente, el poder soberano del Estado”. (Pontificio Consejo para la Familia. “Familia, Matrimonio y "Uniones De Hecho" 11 de noviembre de 2000).

 Sobre las propuestas en algunas de las plataformas dirigidas a facilitar la adopción de niños a parejas del mismo sexo, quisiéramos recordar que “existen ámbitos en los que no se da discriminación injusta cuando se tiene en cuenta la tendencia sexual: por ejemplo, en la adopción o custodia de niños” (Congregación para la Doctrina de la Fe, “Algunas Consideraciones Acerca de la Respuesta a Propuestas Legislativas sobre la No Discriminación de las Personas Homosexuales”, 24 de julio de 1992). Ante ello, explica el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia en el No. 235: “El deseo de maternidad y paternidad no justifica ningún « derecho al hijo », en cambio, son evidentes los derechos de quien aún no ha nacido, al que se deben garantizar las mejores condiciones de existencia, mediante la estabilidad de la familia fundada sobre el matrimonio y la complementariedad de las dos figuras, paterna y materna”.

 Sobre las propuestas de “no discrimen por orientación sexual”, recordamos que “Desde el momento que en la valoración de una propuesta de legislación hay que poner el máximo cuidado en la responsabilidad de defender y promover la vida de la familia (cf. n. 17), se debe prestar una gran atención a cada una de las disposiciones de las intervenciones propuestas. ¿Cómo influirán en la adopción o en la custodia? ¿Serán una defensa de los actos homosexuales, públicos o privados? ¿Conferirán a las uniones homosexuales un estado equivalente al de la familia, en cuanto a las casas populares, u otorgarán al compañero homosexual ventajas contractuales que podrían incluir elementos como la participación de la «familia» en el seguro social del trabajador (cf. n. 9)?” (Congregación para la Doctrina de la Fe, “Algunas Consideraciones Acerca de la Respuesta a Propuestas Legislativas sobre la No Discriminación de las Personas Homosexuales”, 24 de julio de 1992). Sobre este punto, “existe el peligro de que una legislación, al fundamentar determinados derechos en la homosexualidad, aliente concretamente a una persona con tendencia homosexual a declarar su homosexualidad o, incluso, a buscar un compañero con el que poder beneficiarse de las disposiciones de la ley.” (Ibid)

 Los partidos políticos también deben hacer un compromiso claro de proteger los derechos de la familia puertorriqueña. La Iglesia considera a la familia como la primera sociedad natural, titular de derechos propios y originarios y centro de la vida social. “La familia, ciertamente, nacida de la íntima comunión de vida y amor conyugal fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer, posee una específica y original dimensión social, en cuanto lugar primario de relaciones interpersonales, célula primera y vital de la sociedad: es una institución divina, fundamento de la vida de las personas y prototipo de toda organización social.”[1]

 Uno de los derechos primordiales de la familia, establecido en el Artículo 5 de la Carta de Derechos de la Familia es que “Por el hecho de haber dado la vida a sus hijos, los padres tienen el derecho originario, primario e inalienable de educarlos; por esta razón ellos deben ser reconocidos como los primeros y principales educadores de sus hijos”. Así, continúa que “a) Los padres tienen el derecho de educar a sus hijos conforme a sus convicciones morales y religiosas, teniendo presentes las tradiciones culturales de la familia que favorecen el bien y la dignidad del hijo; ellos deben recibir también de la sociedad la ayuda y asistencia necesarias para realizar de modo adecuado su función educadora”. (Pontificio Consejo para la Familia. “Carta de los Derechos de la Familia Presentada Por La Santa Sede A Todas Las Personas, Instituciones Y Autoridades Interesadas En la Misión de la Familia en el Mundo Contemporáneo”. 22 de octubre de 1983).

Léelo todo aquí.

El amor comprensivo

Fr. Nicolás Schwizer

Todos tenemos el anhelo y la necesidad de ser comprendidos. Y todos tenemos que hacer el esfuerzo de comprender a las personas que nos rodean, de colocarnos en el lugar de ellos, en su pensar y sentir, de captar el móvil de sus actitudes y reacciones.
 
El amor comprensivo nos hace ver, en primer lugar, lo positivo en el hermano y no tanto lo negativo. Porque si no, él se sentiría y con razón oprimido, aplastado, caricaturizado.

Desgraciadamente, cuesta encontrar personas dispuestas a descubrir y aceptar los valores de los otros. Es común observar como una gran parte de los hombres se sienten celosos, cuando se destacan los valores de otros. Tienden a hacer comparaciones y a sentirse inferiores.

¿Y cómo debe ser esa comprensión?

a) En primer lugar es un comprender bondadoso y benevolente. Significa no juzgar o criticar a primera vista, sino tratar de comprenderlo al otro. Significa también perdonarle, si hace falta.

Comprender a alguien, significa perdonarle. Y significa tenerle paciencia, comprender el desarrollo orgánico del otro.

El héroe del amor al prójimo tiene un corazón lleno de bondad, ojos llenos de bondad, labios llenos de bondad, manos llenas de bondad.

b) En segundo lugar, es una comprensión enaltecedora.

El Padre Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt acostumbraba a decir que cada uno tiene derecho a tener 20 rarezas o anormalidades.

Cuando yo veo la luz a través de la confusión y la oscuridad del otro. Cuando a pesar de las fallas creo en la nobleza y en la misión de cada uno de los míos.
La tendencia a quedarnos en lo negativo, a descubrir y destacar lo malo del otro, nos viene del pecado original y hemos de vencerla. Cuando uno logra vencer esa huella frustrante, quedará admirado de cuánto hay de hermoso y de bueno en cada hermano. A través de esta lucha, uno no sólo aprende a aceptarse a sí mismo, sino que aprende a aceptar también a los demás tal como son.
La comprensión enaltecedora, la manera de ver al otro, tiene que concretarse después en la manera de tratarlo. Pero la base es “una confianza inquebrantable en lo bueno de cada uno”, incluso cuando lo bueno está escondido bajo mucha escoria.
c) Finalmente, la comprensión debe ser respetuosa
En el verdadero amor existen dos movimientos intrínsecos: uno de acercamiento y de unión, y otro de retroceso y de reserva. Este último es el respeto ante el otro o el detenerse y maravillarse ante la grandeza ajena. El amor encierra en sí no sólo un donarse, sino también un reservarse. Y esa reserva, ese respeto es incluso más importante que la donación. Y lo mismo frente a los hijos, en la educación: respeto ante cada destino, ante cada originalidad, ante toda vida ajena. Porque en lo más profundo es respeto ante Dios y su presencia en los míos.
 
Preguntas para la reflexión
1.      ¿Me es fácil ver lo bueno en los demás?
2.      ¿Soy consciente de mis propios defectos?
3.      ¿Cuántas rarezas tengo, 15, 20… o más?
 

¿Qué significa entonces un comprender enaltecedor?

Cuando yo a pesar de todas esas rarezas creo en lo bueno del otro.

jueves, noviembre 01, 2012

El Don de la Fe Nos Libera

Autor: P. José P. Benabarre Vigo | Fuente: El Visitante
Creo que puedo sintetizar en dos sentencias los objetivos básicos del Año de la fe: Para vivir la fe con alegría y entusiasmo, es preciso no sólo conocerla y amarla y vivirla, sino también aclararla y profundizarla. Esto es evidente pues nadie ama lo que no conoce. Y si lo conocido es bueno o bello, el amor nace espontáneo.

¿Qué es la fe?

Un don de Dios, una fuerza o virtud sobrenatural por la cual creemos todo lo que Dios nos ha revelado, y la Iglesia —LA CATÓLICA—nos propone como materia de creencia. “Si esa fe no nos lleva a una adhesion personal a Dios… y a un asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado” (Catecismo 150), no merece el nombre de “fe”; es más bien credulidad, que no tiene valor alguno ante Dios.

Fundamento de la fe


“El motivo de la fe no radica en el hecho de que las verdades de la fe aparezcan como verdaderas e inteligibles a la luz de nuestra razón natural. ‘Creemos a causa de la autoridad de Dios mismo que revela y que no puede ni engañarse ni engañarnos’” (Vaticano II, Dei Filius, 3; Catecismo 156)
El hecho de que Dios sea el único fundamento de la fe exige que creamos TODAS las verdades con la misma sinceridad y fortaleza. Creer unas más que otras es signo evidente de que no creemos en ninguna.

Auxilios de la fe

Para hacernos más fácil la libre adhesion a la persona de Cristo, Dios, y a sus enseñanzas, Él ha querido “probarlas” mediante milagros asombrosos e innegables, profecías cumplidas siglos después de haber sido proferidas, con las vidas ejemplarísimas de tantos santos, con la rápida expansion y santidad de su Iglesia (Catecismo 156), no obstante los malos ejemplos de demasiados de sus hijos. Todo eso nos ayuda a aceptar la fe; pero el único y real fundamento de la misma es que Dios nos la ha revelado.

¿Cómo clarificar la fe y profundizar en ella?


Según queda indicado, la fe es un don exclusivo de Dios; mas podemos pedirla. Ansiosos de poseerla, podemos, como el ciego de Jericó, decir al buen Jesús: “Señor, que vea” (Lucas 18, 41) las verdades de la fe. O como los apóstoles: “Señor, auméntanos la fe!” (Lucas 17, 5). O como el padre del epiléptico endemoniado: “Creo, ayuda mi poca fe” (Marcos 9, 24). Si con frecuencia y suma sinceridad elevamos estas peticiones a Dios Padre celestial, poniendo por intercessor a Jesucristo, nuestra fe aumentará bien pronto en muchos quilates (ver Juan 15, 16).

Ademas de la oración, la asidua, atenta y piadosa lectura de la Biblia, el estudio del Catecismo de la Iglesia, publicado en 1992, y el repaso de los documentos del Concilio Vaticano II nos ayudarán también a conocer, amar y profundizar en la fe.

Como más fácil de entender, recomiendo, sobre todo, el estudio-lectura del Catecismo. Allí encontrará una explicación amplia, intelegible y total de nuestra fe. Tanto el Papa en su Motu Proprio (nos. 11y 12), como La Congregación para la Doctrina de la Fe, en la página 2 de su Nota, nos recomiendan tales lecturas.

¿Cuánta es tu fe, lector amable? Yo tiemblo cuando leo en los evangelios esta afirmación del buen Jesús:

“YO OS ASEGURO: SI TENÉIS FE Y NO VACILÁIS… Y DECIS A ESTE MONTE ‘QUÍTATE Y ARRÓJATE AL MAR, ASÍ SE HARÁ”. (Mateo 21, 21)