sábado, marzo 31, 2012

Oremos por nuestro Cardenal

Hermanos, Paz y Bien a todos ustedes.

Esta noticia fue publicada hoy en el diario sanjuanero, El Nuevo Día:

Recae el cardenal Aponte Martínez

Su médico de cabecera dice que no pasó la noche bien y ya no está tan alerta

La salud del cardenal Aponte Martínez continúa deteriorándose. (END/Archivo)

Por Gloria Ruiz Kuilan/gruiz@elnuevodia.com

La salud del cardenal Luis Aponte Martínez volvió a decaer anoche, informó su médico de cabecera, Ricardo Martínez Durán.

"Anoche volvió a decaer un poco más. Tuvo otra recaída. Ya no está tan alerta. No está respondiendo mucho a los que están con él. Pero él ha estado en estas alta y bajas anteriormente. Hay que ver", dijo Martínez Durán.

A su lado se mantiene su asistente y secretaria, Miriam Ramos y una de sus hermanas, señaló el galeno.

Aponte Martínez se mantiene recluido en el Hospital Auxilio Mutuo, originalmente, por una taquicardia supraventricular. El prelado cumplirá en agosto 90 años.

Comentario. El Cardenal Luís Aponte Martínez es un insigne puertorriqueño, el prelado y clérigo de más relevancia en nuestra historia. Ahora se encuentra en la antesala de la Casa del Padre.

El momento de su partida solo lo conoce Dios, pero creo que no está de más orar esta oración por nuestro Cardenal de un modo general.

Oración por los agonizantes al Sagrado Corazón de Jesús

¡Oh misericordioso Jesús, abrasado en ardiente amor de las almas!
Te suplico por las agonías de tu sacratísimo Corazón y por los
dolores de tu inmaculada Madre, que laves con tu sangre a todos los
pecadores de la tierra que estén ahora en la agonía y tienen que
morir hoy. Amén.
Corazón agonizante de Jesús, ten misericordia de los moribundos.
Letanías del Sagrado Corazón de Jesús ¤
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la
Virgen Madre ,(R: ten piedad de nosotros).
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios, (R).
Corazón de Jesús, de majestad infinita, (R ).
Corazón de Jesús, santuario de la divinidad, (R ).
Corazón de Jesús, templo de la Santísima Trinidad, (R ).
Corazón de Jesús, abismo de sabiduría, (R ).
Corazón de Jesús, casa de Dios, puerta del Cielo, (R ).
Corazón de Jesús, silla de la grandeza y de la majestad de Dios, (R ).
Corazón de Jesús, deseo de los eternos collados, (R ).
Corazón de Jesús, que reposas entre los lirios, (R ).
Corazón de Jesús, océano de bondad, (R ).
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, (R ).
Corazón de Jesús, trono de misericordia, (R ).
Corazón de Jesús, tesoro que no se agota jamás, (R ).
Corazón de Jesús, magnífico con los que te invocan, (R ).
Corazón de Jesús, de cuya plenitud hemos sido enriquecidos, (R ).
Corazón de Jesús, modelo de todas las virtudes, (R ).
Corazón de Jesús, infinitamente amable e infinitamente bueno, (R ).
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad, (R ).
Corazón de Jesús, objeto de las complacencias del Padre celestial,(R ).
Corazón de Jesús, hostia viviente, Santa y agradable a Dios, (R ).
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, (R ).
Corazón de Jesús, lleno de amargura por nuestra causa, (R ).
Corazón de Jesús, triste hasta la muerte en el jardín de los Olivos,(R ).
Corazón de Jesús, saciado de oprobios, (R ).
Corazón de Jesús, herido de amor, (R ).
Corazón de Jesús, obediente hasta morir en la cruz, (R ).
Corazón de Jesús, desangrado en la cruz, (R ).
Corazón de Jesús, traspasado por la lanza, (R ).
Corazón de Jesús, transido de dolor por nuestros pecados, (R ).
Corazón de Jesús, nuestra vida y nuestra resurrección, (R)
Corazón de Jesús, nuestra paz y nuestra reconciliación, (R )..
Corazón de Jesús, ultrajado en el Santísimo Sacramento de tu amor,(R ).
Corazón de Jesús, refugio de los pecadores, (R ).
Corazón de Jesús, fuerza de los débiles, (R ).
Corazón de Jesús, consuelo de los afligidos, (R ).
Corazón de Jesús, perseverancia de los justos, (R ).
Corazón de Jesús, salud y salvación de los que en Ti esperan, (R ).
Corazón de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren (R).
Corazón de Jesús, dulce apoyo de tus adoradores, (R ).
Corazón de Jesús, delicia de todos los Santos, (R )
Corazón de Jesús, vocación de los religiosos y religiosas, (R )..
Corazón de Jesús, nuestra ayuda en las tribulaciones, (R ).,
Corazón de Jesús, protector de las familias que te invocan, (R ).
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia
de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
V. Jesús, manso y humilde de corazón,
R. haz nuestro corazón, semejante al tuyo.

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jueves, marzo 29, 2012

Apostolado para orientar a los homosexuales

Fuente: El Visitante

“Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición”. (CIC, #2358)

La cita anterior resume la postura de la Iglesia Católica con respecto a las personas homosexuales. Si bien los actos sexuales entre parejas del mismo sexo son contrarios a la ley natural y no pueden recibir aprobación en ningún caso, los homosexuales no deben ser discriminados y se precisa un respeto hacia su persona.

La Iglesia Católica no sólo instruye a no señalar a los homosexuales, sino que los atiende y acoge a través del apostolado Courage, integrado por hombres y mujeres con una atracción al mismo sexo y que buscaban una alternativa al estilo de vida homosexual que fuera en sintonía con sus valores y su fe.

De acuerdo al portal católico Aciprensa, Courage fue fundado por el Padre John Harvey en Nueva York, en 1980, para asistir a personas homosexuales y promover la sanidad moral a través de la práctica de la castidad, la oración y el servicio. Además, cuenta con el reconocimiento oficial del Pontificio Consejo para la Familia. Por su parte, Courage Latino nació como una extensión para asistir a hombres y mujeres hispanos que desean vivir conforme a las enseñanzas de la Iglesia Católica. Esta última organización tiene su sede en México y cuenta con presencia en otros países de Latinoamérica, como Perú, Ecuador, Argentina y Puerto Rico.

Precisamente, El Visitante conversó con el director espiritual de Courage en San Juan, Padre Ovidio Ortega, acerca de las metas de este apostolado. “Courage se funda con el propósito de brindar una orientación a las personas que sienten atracción hacia su mismo sexo. Hoy día, en que abundan las parejas homosexuales y existen hasta matrimonios, se hace precisó enseñar la Doctrina de la Iglesia y establecer que eso no está permitido”, planteó Padre Ovidio.

De igual manera, expuso que, las personas que sientan esa inclinación, deben vivir en castidad. “La finalidad de Courage es que, los cristianos que tengan esa orientación sexual, vivan de acuerdo a las enseñanzas de la Iglesia. Nunca la Iglesia ha permitido que un hombre tenga relaciones con otro hombre ni una mujer con otra mujer”, expresó el Presbítero.

Padre Ovidio informó que Courage San Juan brinda a sus participantes charlas con médicos, psicólogos y psiquíatras. “Se reúnen todas las semanas, pero el lugar nos lo reservamos por aquello de guardar la confidencialidad”, indicó. Las personas que deseen solicitar los servicios de Courage, pueden llamar a la Vicaría de Pastoral de la Arquidiócesis de San Juan al 787-727-7373.

lunes, marzo 26, 2012

El ateísmo: el opio de los pueblos

Autor: R.P. Dwight Longnecker | Fuente: Standing on my Head | Traductor: Teófilo de Jesús

Hermanos, Paz y Bien a vosotros.

El Padre Dwight Longnecker escribió en su blog una crítica contundente al ateísmo, apropiándose de la retórica que los ateos suelen usar en sus manifestaciones e "invirtiendo su polaridad" por así decirlo, con resultados muy impresionantes. Aquí les traduzco el ensayo completo para la educación de todos.

Ayer los ateos marcharon en Washington, DC en una manifestación que atrajo aproximadamente 10,000 personas. (Comparen esto a la Marcha por la Vida que atrajo probablemente 30 veces ese número de manifestantes). Pensé que sería un ejercicio interesante reapuntar los cañones de los ateos hacia ellos mismos. Usando la misma retórica que los ateos y los medios de comunicación gustan de utilizar contra la Iglesia Católica, esto fue lo que resultó:
Cerca de mil ateos se congregaron en el Mall de Washington ayer para una manifestación. El lúgubre estado del tiempo reflejaba su triste mensaje. Un envejecido profesor de Inglaterra habló sobre el ateísmo y trató de entusiasmar a la gente. Muchos comediantes y presentadores de programas de televisión también se expresaron.

Los oradores trataron de sonar entusiásticos acerca de un mensaje que es por turnos triste, airada mescolanza de corrección política, trillado activismo izquierdista y libertarianismo sexual pasado de moda. Los envejecientes activistas trataro de hacer sonar su mensaje radical y controversial y si de verdad ellos tuvieran poder alguno lo sería, porque debajo de su activismo benigno y súplicas de 'tolerancia" el ateísmo es actualmente el sistema de crencias más vil y homicida que se haya visto en este mundo.

Los hechos son fehacientes: los ateos son asesinos. Empezaron ha serlo con la Revolución Francesa en donde los racionalistas y ateos mataron a milones con esa eficientísima máquina de la muerta llamada guillotina. Sin contentarse con simplemente matar a sus enemigos, las chusmas racionalstas se fueron en alboroto saqueando, robando y destruyendo antiguas obras de arte, arquitetura y cultura.

Pero la Revolución Francesa fue sólo el comienzo. La matanza continuó en ola tras ola de violencia atea. Las revoluciones rusa, chinas, nazistas, estalinistas, comunistas, el Khmer Rojo - todas fueron enemigas declaradas de Dios, de la religión judía u de la Iglesia Católica. Las cámaras de gas, los campos de exterminio y de concentración, la mano de obra esclava, los experimentos médicos sobre sujetos vivos, las torturas, la violación y asesinato de niños pequeños - todos esto es el fruto del ateísmo.

Los ateos favorecen el aborto y la eutanasia, lo cual significa que son misoginistas que odian las mujeres. Ellos invaden el vientre de una mujer y rasgan al niño gestante de ahí - provocando daños psicológicos y fisiológicos inéditos a la pobre mujer que ellos tiran a la calle sin preocuparse por su bienestar.

Los ateos favorecen el aborto. Esto significa que ellos desmiembran a niños pequeños aun vivos dentro del vientre de sus madres. O en su lugar, queman sus pieles con químicos y luego los arrastran de los vientros y los matan. Matan también a los ancianos y a los enfermos desahuciados en sus propias camas sin obtener su consentimiento. El ateísmo y el utilitarianismo son dos hermanas feas que felizmente apresan, torturan y matan a millones de personas inocentes para crear 'un mundo mejor.'

Los Señores del Ateísmo reinan supremos desde sus estudios de lujo en Oxford, Cambridge, o desde las viejas universidades del nordeste estadounidense. Cenando en las mesas de alcurnia con los príncipes del mundo, habitan sus mansiones y casas veraniegas viviendo por todo lo alto mientras que los pobres sufren en sus garras. Los príncipes del ateísmo son ricos - en su mayoría hombres blancos, viejos y ricos, que conspiran eliminar a la gente negra a través del aborto, "el control de la población" y "la salud reproductiva".

Ellos avientan su propaganda vil - destruyendo la fe y la confianza de niños indefensos y gente inofensiva que lo único que quieren es practicar una fe que les inspira a amarse y perdonarse los unos a los otros, a dar de comer al hambriendo, vestir al desnudo y ayudar al pobre.

[Para sustituir la fe] estos asperos, implaclables ateos buscan lavar los cerebros de niños inocentes en sus escuelas "laicas" insistiendo que los estudiantes no pueden rezar en la escuela o que los estudiantes no puedan aprender una teoría del origen del mundo que incluya un diseñador inteligente. Los ateos prohiben por la fuerza la enseñanza de la religión y de este modo abusan de los niños al negarle la belleza inocente de la simple fe.

Sí, el ateísmo es el verdadero opio del pueblo. Las vastas masas lo chipan como si fuera una droga. Qué delicia es para ellos que nunca tienen que pensar acerca de un cielo, un infierno o un juicio final. De este modo ahora pueden hacer lo que le venga en ganas. Pueden perseguir su placer egoísta y así ser paulatinamente entumecidos, drogadictos que han fumado el opio del ateísmo- lapachando en su placer, pensando que nunca tendrán que ser responsables de sus actos.

El opio del ateísmo les permite vivir en un mundo de ensueños dentro del cual ellos pueden ser indulgentes por toda su vida sin rendir cuentas por lo que hacen. ¿Cómo ellos pueden vivir en ese mundo de fantasía - esa tierra de mentiras fabricadas, seductoras, con esa dulce creencia de que cuando mueren simplemente "dejaran de ser"? ¡Qué pensamiento tan poco profundo y triste el de ellos!

Lo de ellos es una mera mentira, inventada por aquellos que temen la muerte y la vida que le sigue. En lugar de afrontar el hecho de un cielo, un infierno y un juicio con valentía, se han engañado a sí mismos para creer que no hay vida después de la muerte, que un día se irán a dormir y nunca despertarán.
Uno podría criticar al ateísmo y a los ateos en estos término, pero por supuesto esto sería injusto, una exageración gigante y propaganda basada en la intolerancia, ignorancia y odio.

Y eso sería algo que no querríamos hacer, ¿verdad que no?

No lo puedo poner mejor yo mismo. Gracias, Padre Dwight, por su sátira.

domingo, marzo 25, 2012

Reflexiones sobre las lecturas del 5to Domingo de Cuaresma

Fuente: Catholic.net

Lecturas de la Misa

Primera: Jer 31, 31-34
Salmo 51
Segunda: Heb 5, 7-9
Evangelio: Jn 12, 20-33

Nexo entre las lecturas

Mientras que para los hombres el orden habitual de los conceptos es vida-muerte, en Jesucristo es al revés: muerte-vida. De estas dos realidades y de su relación nos habla la liturgia. Es necesario que el grano de trigo muera para que reviva y dé fruto, es necesario perder la vida para vivir eternamente (Evangelio). Jesús, sometiéndose en obediencia filial a la muerte vive ahora como Sumo Sacerdote que intercede por nosotros ante Dios (segunda lectura). En la muerte de Jesús que torna a la vida y da la vida al hombre se realiza la nueva alianza, ya no sellada con sangre de animales sino escrita en el corazón, y por lo tanto, espiritual y eterna (primera lectura).

Mensaje doctrinal

1. Jesús, ‘unión de los opuestos’. La tendencia humana más frecuente es dividir, disociar, separar, enfrentar. Jesús, venido desde Dios, actúa de otro modo y nos enseña a actuar también nosotros como él. El hombre tiende a separar el oprobio del sufrimiento del resplandor de la gloria: Jesús los une en sí porque el Padre los quiere unidos en Cristo y en nosotros. De ese modo el sufrimiento es glorioso, y la gloria tiene el dolor como peana. El hombre quiere fructificar sin morir, pero es imposible; Jesús acepta ser grano que muere bajo la tierra para dar fruto abundante. En Jesús se dan la mano dos realidades fuertemente antagónicas: la muerte y la fecundidad. Nosotros preferimos con mucho el ser servidos a servir; Cristo prefirió servir a ser servido; y en ese incondicional servir le fue ‘servida’ por el Padre la salvación de la humanidad. Los hombres en general no estamos fácilmente dispuestos a perder la vida (darla por el bien de los demás) y, sin embargo, es así como realmente la perdemos. Cristo, en cambio, la perdió, no se aferró a ella, y de esa manera la ganó para siempre y nos alcanzó la posibilidad de también nosotros ‘ganarla’, siguiendo sus huellas. En la conjunción de perderse al mundo para ganar al mundo se compendia el misterio pascual de Jesucristo.

2. La hora de Jesús. En el evangelio de san Juan se une el encuentro de Jesús con los ‘griegos’ (representantes de la humanidad no judía) y la hora de Jesús, es decir, su pasión-muerte-resurrección. La hora de Jesús es, por tanto, la hora de la redención universal por el sufrimiento y por la glorificación. Ambos aspectos brillan con fulgor particular en la segunda lectura. Primeramente el sufrimiento: “El mismo Cristo en los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas con grandes gritos y lágrimas a aquel que podía salvarlo de la muerte... Aprendió sufriendo lo que cuesta obedecer”. Esos gritos y esas lágrimas, tan humanos, están incluidos en su hora, en su tiempo y modo de salvarnos. No falta, sin embargo, la hora de la glorificación: “Alcanzada así la salvación,... ha sido proclamado por Dios Sumo Sacerdote”. Sumo Sacerdote de la nueva alianza, del nuevo corazón humano, de la nueva ley escrita en lo más íntimo y profundo del alma.

3. La hora del hombre nuevo. La hora de Jesús es también la hora del hombre nuevo. El sufrimiento y la glorificación de Jesús llevan a cumplimiento la profecía de Jeremías, que la liturgia nos presenta en la primera lectura. La alianza nueva entre Dios y la humanidad estará sellada con la sangre de Cristo. Las estipulaciones de esa nueva alianza no estarán escritas sobre piedra ni será Moisés quien las comunique a los hombres; Dios misma las escribirá en el interior del corazón y el Espíritu Santo ‘leerá’ con claridad, de modo inteligible y personal, a todo el que le quiera escuchar, el contenido de la nueva ley, la ley del Espíritu. Por eso nos dice san Juan que todos serán instruidos por Dios, todos: desde el más pequeño hasta el mayor. La pasión-muerte-resurrección de Jesucristo otorga a la humanidad entera la gracia de hacer un pacto de amistad y de comunión con Dios Nuestro Señor, y así llegar a ser hombre nuevo, auténtico, más aún ‘divino’.

Sugerencias pastorales

1. Sufrir por fidelidad. El sufrir por sufrir es absurdo e indigno del hombre. El sufrir porque “no hay otra”, porque ésa es la condición humana, es un motivo muy pobre, aunque pueda ser frecuente. El sufrir para mostrar mi capacidad de autodominio o mi grandeza humana es de pocos, y casi siempre adolece de orgullo. El sufrir por fidelidad a unos principios y a unas convicciones que sustentan la propia vida, ahí está el verdadero sentido y valor del sufrimiento. Sufrir por fidelidad a la propia conciencia, aunque los estímulos externos induzcan más bien al carpe diem y a la satisfacción de las mil solicitaciones del vicio y del pecado. Sufrir por fidelidad a los deberes de mi estado y profesión, con sinceridad y constancia, sin miedo a aparecer ‘débil’ y sin miedo al respeto humano. Sufrir por fidelidad a las propias convicciones religiosas: católico, religioso, sacerdote, actuando siempre y en todo momento y situación de modo coherente y auténtico. Ese sufrimiento, a los ojos de Dios, no sólo tiene sentido, sino que tiene un valor imperecedero: valor de redención, como el sufrimiento de Jesucristo. Tal sufrir, no siendo fácil, no deja de ser hermoso y sobre todo fecundo. Pongamos la mano en el corazón y preguntémonos si hemos sufrido por ser fieles, si estamos dispuestos a sufrir por fidelidad a Dios y al hombre, nuestro hermano.

2. Una religión del corazón. Es difícil mantener el equilibrio en las relaciones entre los hombres, y en las relaciones de los hombres con Dios. O somos fríos, porque fundamos nuestras relaciones en la razón, que se rige por la lógica, que no admite ser caldeada por otras energías diversas de la razón. O somos sentimentales, poniendo en el sentimiento la base de una verdadera relación sea con los hombres sea con Dios. Pero sabemos que el sentimiento está sometido a los vaivenes de las circunstancias, de los influjos externos, de los estados de ánimo... El sentimiento es cálido, pero carece de lógica, de orden, de estabilidad. O buscamos fundar las relaciones en el corazón, en donde la fuerza de la lógica se encuentra con el calor del sentimiento, y el sentimiento cálido penetra en la frialdad de la razón. El corazón es el lugar del encuentro, de la relación más auténtica entre los hombres y del hombre con Dios. Por eso, la religión cristiana es una religión del corazón. Cuando se ha pretendido hacer del cristianismo una religión de la razón, se ha caído en la frialdad de la abstracción o en el rigorismo dogmático y moral, al estilo jansenista. Cuando se ha hecho del cristianismo una religión del sentimiento, el resultado ha sido un sentimentalismo dulzón y un fideísmo poco inteligente. Sólo el corazón (sede de la razón, de la afectividad y de las pasiones) puede dar forma a la religión cristiana. Si ya vives el cristianismo del corazón, continúa por ese camino y ayuda a otros a entrar por él; si todavía no te has convertido a la religión del corazón, aprovecha esta cuaresma. No dejes pasar la oportunidad.

sábado, marzo 24, 2012

Vídeo: Llegada del Papa Benedicto XVI a México

Hermanos y hermanas, gracia y paz a vosotros en Jesús nuestro Señor.

Esto, de acuerdo a ACIPrensa:


Comentario
: Oremos por la seguridad física y espiritual del Santo Padre durante su gira apostólica en México y en Cuba. Que esta visita sea preludio de una era de paz entre mis hermanos mexicanos y una de libertad para mis hermanos en la aciaga isla caribeña.

martes, marzo 20, 2012

Enséñanos a orar

Padre Nicolás Schwizer

Jesús rezaba. Con frecuencia sentía deseos de dejar por un momento a aquella muchedumbre interesada, a aquellos discípulos duros de cabeza, para retirarse a un lugar apartado o a una montaña, y allí se quedaba solo delante del Padre.

Para sí mismo no tenía nada que pedir, ni pan, ni perdón, ni protección, ni favores. Pero en su presencia volvía a ser lo que era, se llenaba de paz, escuchaba en lo más hondo de su alma. La conciencia de su filialidad lo llenaba de fuerza y de alegría. Sabía de nuevo que era el Hijo muy amado que el Padre había llenado de sus dones.

Se sentía de nuevo revestido de aquella paciencia infinita, de aquella misericordia incansable del Padre, de aquel amor dinámico y creador. Su oración se desbordaba en palabras de confianza y de cariño: “Padre, yo sé que tú siempre me escuchas. Padre, yo te bendigo. Te doy gracias. Padre, todo lo tuyo es mío...”

Y cuando regresaba, luminoso, radiante, renovado, los apóstoles se preguntaban: “¿De dónde viene? ¿Qué le ha pasado? ¿Quién ha podido transformarlo de ese modo?” Alguien les contaba que había ido a rezar. Y entonces se decían: “¡Ah, si supiéramos orar así! ¡Qué pena que nadie nos haya enseñado a rezar!” Y un día se atrevieron a pedirle: “Señor, enséñanos a orar”.

Y Jesús les enseñó esa oración tan hermosa que es el Padre Nuestro. Es una oración muy parecida a la de Jesús: Santificado sea tu nombre ‑ venga a nosotros tu Reino ‑ hágase tu voluntad. Pero, a la vez es una oración adaptada a las necesidades de los discípulos: Danos el pan de cada día ‑ perdónanos como nosotros perdonamos - no nos dejes caer en tentación.

Más que una oración para rezar, es una oración para meditar. ¿No necesitó Él mismo una noche entera para pronunciar solamente un versículo del Padre Nuestro: “Que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Es una oración que los iría transformando a los apóstoles, modelando por dentro, que los conduciría, a lo largo de su vida, a la misma entrega total que su Señor.

Mediante esta oración, Jesús nos muestra el rostro verdadero del Padre: es tan bueno que resulta incluso un poco débil a los ojos de los superficiales; es tan cariñoso que no sabe negar nada; está tan entregado a nosotros que aparentemente hace uno con él todo lo que quiere.

En el Padre Nuestro, Jesús se pone a atacar nuestro escepticismo y nuestra desconfianza, a sacudir nuestra timidez y a afirmar con todas sus fuerzas que no hay ningún límite para la generosidad divina. Nuestros deseos se ven limitados únicamente por nuestro miedo; nuestras oraciones sólo tienen la frontera de nuestra inconstancia; nuestras realizaciones fracasan solamente por nuestra falta de fe. Jamás hay que buscar en Dios la razón de nuestras fallas.

El único obstáculo para que se nos escuche no es la dificultad de disponer al Padre en nuestro favor, sino que es la dificultad de convencernos a nosotros mismos de que hemos de acudir a Él con fe. La única resistencia que puede oponerse a una oración perseverante, no es la del Padre que se niegue a dar, sino la de nosotros que nos empeñamos en no recibir.

Pero no se trata de que nos hagamos todavía más interesados de lo que ya somos. La única cosa que se puede pedir, la única cosa que Dios puede dar, es Él mismo, su espíritu, su amor.

Tengamos cuidado, por eso, con los dones de Dios: son vivos, sorprendentes, activos, peligrosos para nuestro egoísmo y nuestra pereza. El don de Dios hace dar. El perdón de Dios hace perdonar. El amor de Dios hace amar como Él, hasta la pasión y la cruz.

Recemos el Padre Nuestro con ese mismo espíritu, con el Espíritu de Dios, para que de sus frutos en nosotros, para que sea fecundo en nuestra vida de cristianos.

Tarea

Reflexionar cada frase del Padre Nuestro

lunes, marzo 19, 2012

Recordamos hoy a San José de Nazaret

Hermanos, Gracia y Paz a vosotros. ACIPrensa nos comparte este esbozo de la vida de San José:

En el Plan Reconciliador de Dios, San José tuvo un papel esencial: Dios le encomendó la gran responsabilidad y privilegio de ser el padre adoptivo del Niño Jesús y de ser esposo virginal de la Virgen María. San José, el santo custodio de la Sagrada Familia, es el santo que más cerca está de Jesús y de la Santísima de la Virgen María.

San Mateo (1,16) llama a San José el hijo de Jacob; según San Lucas (3,23), su padre era Helí. Probablemente nació en Belén, la ciudad de David del que era descendiente. Al comienzo de la historia de los Evangelios (poco antes de la Anunciación), San José vivía en Nazaret.

Según San Mateo 13,55 y Marcos 6,3, San José era un "tekton". La palabra significa en particular que era carpintero o albañil. San Justino lo confirma, y la tradición ha aceptado esta interpretación.

Nuestro Señor Jesús fue llamado "Hijo de José", "el carpintero" (Jn 1,45; 6,42; Lc 4,22).

Como sabemos no era el padre natural de Jesús, quién fue engendrado en el vientre virginal de la Virgen María por obra del Espíritu Santo y es Hijo de Dios, pero José lo adoptó amorosamente y Jesús se sometió a él como un buen hijo ante su padre. ¡Cuánto influenció José en el desarrollo humano del niño Jesús! ¡Qué perfecta unión existió en su ejemplar matrimonio con María!

Modelo de silencio y de humildad

Las principales fuentes de información sobre la vida de San José son los primeros capítulos del evangelio de Mateo y de Lucas. En los relatos no conocemos palabras expresadas por él, tan sólo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección como padre responsable del bienestar de su amadísima esposa y de su excepcional Hijo. Es un caso excepcional en la Biblia: un santo al que no se le escucha ni una sola palabra. Es, pues, el "Santo del silencio".

Su santidad se irradiaba desde antes de los desposorios. Es un "escogido" de Dios; desde el principio recibió la gracia de discernir los mandatos del Señor. No es que haya sido uno de esos seres que no pronunciaban palabra, fue un hombre que cumplió aquel mandato del profeta antiguo: "sean pocas tus palabras". Es decir, su vida sencilla y humilde se entrecruzaban con su silencio integral, que no significa mero mutismo, sino el mantener todo su ser encauzado a cumplir el Plan de Dios. San José, patrono de la vida interior, nos enseña con su propia vida a orar, a amar, a sufrir, a actuar rectamente y a dar gloria a Dios con toda nuestra vida.

Vida virtuosa

Su libre cooperación con la gracia divina hizo posible que su respuesta sea total y eficaz. Dios le dio la gracia especial según su particular vocación y, al mismo tiempo, la misión divina excepcional que Dios le confió requirió de una santidad proporcionada.

Se ha tratado de definir muchas veces las virtudes de San José: "Brillan en el, sobre todo las virtudes de la vida oculta: la virginidad, la humildad, la pobreza, la paciencia, la prudencia, la fidelidad que no puede ser quebrantada por ningún peligro, la sencillez y la fe; la confianza en Dios y la mas perfecta caridad. Guardo con amor y entrega total, el deposito que se le confiara con una fidelidad propia al valor del tesoro que se le deposito en sus manos."

San José es también modelo incomparable, después de Jesús, de la santificación del trabajo corporal. Por eso la Iglesia ha instituido la fiesta de S. José Obrero, celebrada el 1 de mayo, presentándole como modelo sublime de los trabajadores manuales.

Sigue leyendo aquí.

¡Saludo a todos los Josés y Josefinas en su día!

martes, marzo 13, 2012

La Imitación de Cristo: Contra las lenguas maldicientes

Libro 3 Capítulo 28

Jesucristo:

1. Hijo, no te enojes si algunos tuvieren mala opinión de ti, y dijeren lo que no quisieras oír. Tú debes sentir de ti peores cosas, y tenerte por el más flaco de todos. Si andas dentro de ti, no apreciarás mucho las palabras que vuelan. No es poca prudencia callar en el tiempo adverso, y volverse a mi corazón, sin turbarse por los juicios humanos.


2. No esté tu paz en la boca de los hombres; pues si pensaren de ti bien o mal, no serás por eso hombre diferente. ¿Dónde está la verdadera paz y la verdadera gloria sino en Mí? Y el que no desea contentar a los hombres, ni teme desagradarlos, gozará de mucha paz. Del desordenado amor y vano temor, nace todo desasosiego del corazón, y la distracción de los sentidos

domingo, marzo 11, 2012

Gracias, Mujer

Hermanos y hermanas, Paz y Bien a todos en Cristo Jesús.

El Beato Papa Juan Pablo Magno una vez escribió lo siguiente, de lo cual me hago eco:

Te doy gracias, mujer-madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida.

Te doy gracias, mujer-esposa, que unes irrevocablemente tu destino al de un hombre, mediante una relación de recíproca entrega, al servicio de la comunión y de la vida.

Te doy gracias, mujer-hija y mujer-hermana, que aportas al núcleo familiar y también al conjunto de la vida social las riquezas de tu sensibilidad, intuición, generosidad y constancia.

Te doy gracias, mujer-trabajadora, que participas en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural, artística y política, mediante la indispensable aportación que das a la elaboración de una cultura capaz de conciliar razón y sentimiento, a una concepción de la vida siempre abierta al sentido del « misterio », a la edificación de estructuras económicas y políticas más ricas de humanidad.

Te doy gracias, mujer-consagrada, que a ejemplo de la más grande de las mujeres, la Madre de Cristo, Verbo encarnado, te abres con docilidad y fidelidad al amor de Dios, ayudando a la Iglesia y a toda la humanidad a vivir para Dios una respuesta « esponsal », que expresa maravillosamente la comunión que El quiere establecer con su criatura.

Añado gracias especialmente dirigidas a mi esposa y novia desde mi juventud, mi Mercedes, por ser mi compañera, madre de mis hijos y joven abuela de nuestros nietos. Te adoro, mi niña. Eres el amor de Dios encarnado para mí y lo digo sin temor a blasfemar porque a través de ti, Dios me ama. Gracias por acompañarme por el camino de esta vida y, gracias a las promesas de Dios, para siempre.

viernes, marzo 09, 2012

El matrimonio homosexual o la politización de la naturaleza

Los homosexuales deberán tener todos los derechos como los demás ciudadanos, pero no por su homosexualidad, sino al margen de ella

Autor: P. Roberto Esteban Duque | Fuente: revistaecclesia.com via Catholic.net

no2gay_rights_largeLa intención del reconocimiento legal del matrimonio homosexual (demandado ahora por el primer ministro David Cameron) es un hecho político que busca eliminar la identidad del verdadero matrimonio, una consecuencia de la politización que se ha hecho de la naturaleza humana con el fin de modificarla y refundarla desde la legislación. Hay que decirlo desde el principio: nunca hubo normativa alguna, en ninguna cultura, que pretendiese reconocer las uniones homosexuales como verdadero matrimonio. La nihilista revolución francesa ya no tomó como base del orden humano la naturaleza humana, conforme a la idea de un orden natural, sino según el nuevo orden constitucional: el hombre como cuestión de derechos, modificable hasta la descomposición. Es moderno -sostenía Nicolás Gómez Dávila- lo que sea producto de un acto inicial de soberbia, lo que parezca permitirnos eludir la condición humana.

La Iglesia católica británica ha pulsado ya el botón de alarma ante el proyecto del gobierno británico de legalizar el matrimonio homosexual. Según el cardenal Keith O´Brien, se trata de “una grotesca subversión de un derecho humano universalmente aceptado”, afirmando, asimismo, que “ningún gobierno tiene la autoridad moral para desmantelar la definición universalmente reconocida del matrimonio”.

El matrimonio homosexual es un contrasentido, un error conceptual, una incoherencia de dos principios que se contraponen de un modo inaceptable, una manipulación, una mentira y una injusticia, en cuanto no respeta la gramática del lenguaje corporal entre un hombre y una mujer. No se trata de rechazar un conflicto, sino de negarlo, declarando abiertamente su falta de existencia: no existe el matrimonio homosexual. Someter la naturaleza, en lugar de reconocerla, modificar el lenguaje del amor tendrá como resultado contradecir una noción universalmente admitida, que no ha perdido ninguna vigencia.

Pero es que, además, no puede decidir la legislación el matrimonio, fundado en el sólo afecto y la satisfacción personal, en la libertad y la cultura, en el deseo como la categoría que lleva a la unión o la rápida separación. El reconocimiento del matrimonio homosexual y su equiparación con la familia es una injusticia cometida por el legislador, que no puede conceder a los homosexuales los derechos reservados a los esposos.

En su Alocución al Tribunal de la Rota Romana (21-I-1999), el Papa Juan Pablo II afirmó la incongruencia de pretender atribuir una realidad conyugal a la unión entre personas del mismo sexo. Se opone a esto, ante todo, “la imposibilidad objetiva de hacer fructificar el matrimonio mediante la transmisión de la vida, según el proyecto inscrito por Dios en la estructura del ser humano”, y se opone igualmente, “la ausencia de los presupuestos para la complementariedad interpersonal querida por el Creador, tanto en el plano físico-biológico, entre el varón y la mujer”. La idea de equiparar las relaciones homosexuales con el matrimonio en lo relativo a sus consecuencias jurídicas significaría tanto como tratar“igualmente” lo desigual, lo cual va contra el propio principio de igualdad. Tratar a los homosexuales con igualdad significa tratarlos de manera diferente que a los esposos, porque son dos realidades distintas.

Es una obviedad -que brota de la misma constitución somática y psíquica del ser humano- la alteridad hombre-mujer en orden a una vida sexual específicamente humana. La sexualidad es el fecundo lenguaje corporal del amor entre un hombre y una mujer, y tiene su lugar propio en el matrimonio, único “lugar digno” para traer al mundo un ser humano, como afirmara hace unos días Benedicto XVI.

Ya percibía con perspicacia E. Fromm que la polaridad sexual ensayaba desvanecerse, y con ella el amor erótico, fundado en dicha polaridad. Hombres y mujeres quieren ser idénticos, no iguales como polos opuestos. Según Fromm, la desviación homosexual es un fracaso en el logro de la unión polarizada, y por eso el homosexual sufre el dolor de la “separatidad” nunca resuelta; fracaso, sin embargo, que comparte con el heterosexual corriente que no puede amar.

En este horizonte, la homosexualidad se presenta como algo extraño a la naturaleza. Nadie podrá discutir que las relaciones sexuales son estériles, siendo así que en el plano biológico la sexualidad adquiere su primer sentido en la reproducción. Asimismo, la estructura del cuerpo humano no permite una verdadera unión amorosa entre dos cuerpos del mismo sexo. El intento de someter la realidad a la ideología sólo será causa de sufrimientos.

La legislación no podrá nunca destruir la naturaleza, puesto que el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer, ordenada a la procreación y educación de los hijos. Ningún parlamento tiene poder alguno sobre la realidad. Los homosexuales no pueden casarse porque no está en su poder hacerlo: no se puede hacer depender lo verdadero y lo falso, el bien y el mal, de las diferentes pulsiones, de la voluntad o de los deseos de las personas.

Nadie podrá discutir tampoco la esencial contribución al bien común de la familia, una contribución que los homosexuales no están en condiciones de ofrecer. Exigir prestaciones sin dar nada a cambio es algo esencialmente injusto. Es la familia quien asegura, gracias a los hijos, el futuro incluso de las pensiones, ofreciendo una notable seguridad a sus miembros y siendo, asimismo, el lugar donde se mantiene viva la identidad de un pueblo. El mismo Estado se encuentra obligado a reconocer a la familia como célula auténtica de la sociedad, ya que no existe otra forma de vida capaz de prestar su contribución al bien común en la misma medida. Matrimonio y familia se encuentran en una mejor situación que cualquier otra fórmula de convivencia alternativa, no en razón de privilegios políticos o infundados sino precisamente en virtud de su inestimable aportación al bien de la comunidad.

Los homosexuales deberán tener todos los derechos como los demás ciudadanos, pero no por su homosexualidad, sino al margen de ella. No está en los homosexuales el poder casarse. Ninguna ley podrá hacer de una relación homosexual un matrimonio sin pervertir, al mismo tiempo, las leyes de la naturaleza en la asunción de un falso derecho a la autodeterminación.

jueves, marzo 08, 2012

¿Nos defendemos de la Palabra de Dios?

Padre Nicolás Schwizer

Pienso que nos defendemos de su palabra al:

1. Ignorar la palabra.

Unas preguntas muy sencillas:

¿Conocemos bien el evangelio? ¿Nos preocupamos de leerlo, de releerlo, diez, cien veces? ¿De profundizar en él? ¿De captar todas sus riquezas? Siendo discípulos de Jesús, el evangelio ¿es realmente nues­tro texto fundamental, único, insustituible?

¿Seríamos capaces de permanecer un mes, un año, solos con el evangelio en la mano, sin ningún otro libro? ¿Cuantos ejemplares del evangelio hemos gastado ya, gastado en el sentido material del término, durante nuestra vida?

¿Hay páginas del evangelio que podríamos llamar verdaderamente “nuestras”, páginas sobre las que volvemos con suma frecuencia, páginas que seríamos capaces de comentar con competencia y calor, páginas que nos llenan siempre de emoción y de alegría.

Toda conversión y renovación tiene aquí su origen: no tener miedo del evangelio.

2. Ignorar los problemas de nuestro tiempo.

El evangelio se traduce, se encarna en el tiempo. Hay estrellas cuya luz llega hasta nosotros después de millares de años. Algo parecido sucede con la palabra de Jesús. Ciertas verdades revelan de improviso su luz, y nos sentimos invadidos por ellas solamente en contacto con un determinado suceso histórico. Se diría que es el tiempo el que arranca al evangelio su luz.

Existe una maravillosa reciprocidad. El evangelio está dispuesto a iluminar los problemas de todos los tiempos. Pero también podemos decir que los problemas de una determinada época histórica iluminan al evangelio, lo aclaran, profundizan en todos sus aspectos, lo estimulan a que produzca siempre una luz nueva.

El que se mantiene fuera de la vida, se mantiene fuera de la comprensión del evangelio.

3. Separarla de la vida.

No hay peor traición a la verdad que la de confinarla en un mundo abstracto, separándola de la vida. Como si sobre ciertas verdades pusiéramos la etiqueta: “Imposible”. Es mucho mejor combatir abiertamente a una verdad, más que relegarla en el limbo de las cosas sin relación con la vida.

¿No hay sectores de nuestra existencia que, quizás sin darnos cuenta, por una especie de instinto de defensa, hemos sustraído al influjo de la palabra de Cristo? ¿Qué hemos desvinculado del evangelio? ¿No hay, por casualidad, verdades que hemos arrinconado, por ser demasiado duras?

Si digo la verdad, ¿Por qué no me creéis? Este reproche de Jesús es siempre actual para nosotros. Basta con que nos convenzamos de que “creer” no es sólo pensar, sino que es vivir. Y en ese sentido, muchas veces no creemos. Una vez más estamos obligados a reconocerlo: demasiada religión y poca fe.

No nos hagamos ilusiones. La verdad que nos presenta Cristo es una verdad crucificada, no aplaudida. Una verdad contra la que muchos sienten ganas de tirar piedras, no una verdad triunfal. Una verdad que lleva consigo la señal de los clavos, no una verdad brillante, atrayente. El que quiera separar esta verdad de la cruz, se hace comediante de la verdad, no su testigo. La garantía de la autenticidad y de la validez de nuestras palabras es “la señal de los clavos”.

Queridos hermanos, frente a las palabras de Cristo hay una sola alternativa: o se abraza su verdad crucificada, o se le tiran piedras.

Preguntas para la reflexión

1. ¿Leo la lectura del día?

2. ¿Estoy atento durante las lecturas en la Misa?

3. ¿Tengo un Salmo preferido?

martes, marzo 06, 2012

Enseñanza verdadera

Autor: Tomás de Kempis | Fuente: La Imitación de Cristo

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1. Bienaventurado aquel a quien la Verdad por sí misma enseña, no por figuras y voces que se pasan, sino así como es. Nuestra estimación y nuestro sentimiento a menudo nos engañan y conocen poco. ¿Qué aprovecha la gran curiosidad de saber cosas oscuras y ocultas, pues que del no saberlas no seremos en el día del juicio reprendidos?

Gran locura es que, dejadas las cosas útiles y necesarias, entendemos con gusto en las curiosas y dañosas. Verdaderamente, teniendo ojos, no vemos. ¿Qué se nos da de los géneros y especies de los lógicos. Aquel a quien habla el Verbo Eterno, de muchas opiniones se desembaraza. De este Verbo salen todas las cosas, y todas predican este Uno, y éste es el Principio que nos habla ( Je., 8, 25). Ninguno entiende o juzga sin él rectamente. Aquel a. quien todas las cosas le fueren uno, y las trajere a uno, y las viere en uno, podrá ser estable y firme de corazón y permanecer pacífico en Dios. ¡Oh Dios, que eres la Verdad! Hazme permanecer uno contigo en caridad perpetua. Enójame muchas veces leer y oír muchas cosas; en Ti está todo lo que quiero y deseo. Callen todos los doctores; callen las criaturas en tu presencia: háblame Tú solo.

2. Cuanto alguno fuere más unido contigo, y más sencillo en su corazón, tanto más y mayores cosas entiende sin trabajo, porque de arriba recibe la luz de la inteligencia. El espíritu puro, sencillo y constante no se distrae, aunque entienda en muchas cosas, porque todo lo hace a honra de Dios; y esfuérzase en estar desocupado en sí de toda curiosidad. ¿Quién más te impide y molesta que la afición de tu corazón no mortificada?

El hombre bueno y devoto, primero ordena dentro de sí las obras que debe hacer de fuera. Y ellas no le llevan a deseos de inclinación viciosa; mas él las trae al albedrío de la recta razón. ¿Quién tiene mayor combate que el que se esfuerza a vencerse a sí mismo Y esto debería ser nuestro negocio: querer vencerse a sí mismo, y cada día hacerse más fuerte y aprovechar en mejorarse.

3. Toda la perfección de esta vida tiene consigo cierta imperfección; y toda nuestra especulación no carece de alguna oscuridad El humilde conocimiento de ti mismo es más cierto camino para Dios que escudriñar la profundidad de la ciencia. No es de culpar la ciencia, ni cualquier otro conocimiento de lo que, en sí considerado, es bueno y ordenado por Dios; mas siempre se ha de anteponer la buena conciencia y la vida virtuosa. Pero porque muchos estudian más para, saber que para bien vivir, por eso yerran muchas veces, y poco o ningún fruto hacen.

4. Si tanta, diligencia pusiesen en desarraigar los vicios y sembrar las virtudes como en mover cuestiones, no se harían tantos males y escándalos en el pueblo, ni habría tanta disolución en los monasterios. Ciertamente, en el día del Juicio no nos preguntarán qué leímos, sino qué hicimos; ni cuán bien hablamos, sino cuán religiosamente vivimos. Dime: ¿dónde están ahora todos aquellos señores y maestros que tú conociste cuando vivían y florecían en los estudios? Ya poseen otros sus rentas, y por ventura no hay quien de ellos se acuerde. En su vida parecían algo; ya no hay de ellos memoria.

5. ¡Oh, cuán presto se pasa la gloria del mundo! Pluguiera a Dios que su vida concordara con su ciencia, y entonces hubieran estudiado y leído bien. ¡Cuántos perecen en este siglo por su vana ciencia, que cuidan poco del servicio de Dios! Y porque eligen ser más grandes que humildes, por eso se hacen vanos en sus pensamientos.

Verdaderamente es grande el que tiene gran caridad. Verdaderamente es grande el que se tiene por pequeño y tiene en nada la más encumbrada honra. Verdaderamente es prudente el que todo lo terreno tiene por estiércol l (Phil., 3, 8) para ganar a Cristo. Y verdaderamente es sabio el que hace la voluntad de Dios y deja la suya.

Al lector que me envió un e-mail…

Mi iPhone borró el mensaje antes de que pudiese leerlo. Por favor,  reenvíalo y perdona la molestia. Dios te bendice.

lunes, marzo 05, 2012

Por qué carecemos de paz

No estamos en paz unos con otros
porque no estamos en paz con nosotros mismos
y no estamos en paz con nosotros mismos
porque no estamos en paz con Dios.

~ Tomás Merton

domingo, marzo 04, 2012

viernes, marzo 02, 2012

Tiempo de gracia y bendición

Autor: P. José P. Benabarre Vigo | Fuente: El Visitante

El calendario litúrgico o de la Iglesia nos introduce ahora en la Cuaresma. Quizás por repetirse esto todos los años, aproximadamente por las mismas fechas, no le damos la importancia que tal acción tiene para la renovación de nuestra vida espiritual.

En definición descriptiva, la Cuaresma es el período de 36 (40) días que desde el Miércoles de Ceniza precede al Domingo de Resurrección, en el cual la Iglesia Católica y otras confesiones cristianas preceptúan [ordenan] ayuno y abstinencia en memoria de los cuarenta días que Cristo ayunó en el desierto (Diccionario de la Real Academia).

En sentido religioso más preciso, la Cuaresma es el tiempo fuerte en el que la Iglesia nos invita a vivir más santamente nuestra vida cristiana mediante más y mejores oraciones, alguna abstinencia y ayuno y, sobre todo, la abstención de todo pecado. Y esto, en preparación de la Pascua de Resurrección, en la que Cristo nos invita a comenzar una vida nueva en justicia y santidad.

Aclaremos…

Aclaremos las cifras de 36 y 40. La Cuaresma, como lo indica la misma palabra, se compone de cuarenta días. Pero como la Iglesia nunca ha recomendado ayunar los domingos, adelanta la Cuaresma al Miércoles de Ceniza.

Las abstinencias y ayunos, reducidos después del Vaticano II, a su mínima expresión, no tienen por objeto primario castigar el cuerpo –esto sería injusto e irracional, pues no es el cuerpo el que peca, sino la voluntad-, pero sí participar en los sufrimientos redentores de Cristo, nuestra Cabeza (Colosenses 1, 24), y ayudarnos a decir NO, cuando el orgullo y los demás vicios e instintos capitales nos incitan al desorden espiritual –el pecado personal.

No es otra Cuaresma

La Cuaresma es un tiempo de gracia y bendición. Cierto que todo tiempo lo es. Pero la Iglesia, con su rica liturgia, ha querido hacer de los cuarenta días cuaresmales un tiempo especial, durante el cual nos invita a aproximarnos más a Dios, en un mayor esfuerzo para corregir nuestros vicios y, en general, a vivir una vida más cristiana en todos sus aspectos.

Yo invito a todos mis lectores a que no tomen esta Cuaresma como las anteriores, sino que la hagan muy especial, mediante un sincero esfuerzo en evitar todo pecado y en avanzar un poco más de prisa en las virtudes fundamentales de todo cristiano, y en aquellas más en consonancia con el estado civil de cada uno. Dios no lo permita, pero esta Cuaresma puede ser la última de nuestra vida. Y esto es muy serio.