jueves, diciembre 06, 2012

María, Siempre Virgen

Hermanos y hermanas: Paz y Bien a todos.

El pasado 24 de noviembre, el diario colombiano El Tiempo publicó, en su edición digital, un artículo del Padre Alfonso Llano Escobar, S.J., titulado La Infancia de Jesús. En dicho artículo, el P. Alfonso discute la publicación reciente del tercer libro de la trilogía Jesús de Nazaret del Papa Benedicto XVI, en donde el también catedrático jesuita manifiesta su consternación acerca del uso que el Santo Padre hace de los dogmas de la concepción virginal de Jesús en María, y de la virginidad perpetua de Nuestra Señora. En sus propias palabras, el P. Alfonso nos dice:
Padre Alfonso Llano Escobar, S.J
 Para empezar, estos últimos se preguntan: ¿por qué vuelve el Papa sobre un punto que parecía ya superado, a saber, la virginidad de María?
Respondo: por tres razones, una obvia, y es que el teólogo Ratzinger se propuso escribir una trilogía sobre Jesús de Nazaret. Ya se había ocupado de la vida pública de Jesús y de su Pasión, muerte y Resurrección. Le faltaba este tercer volumen, ya anunciado, sobre la infancia de Jesús. Y ahora lo hace, tema que lo lleva a hablar necesariamente de la virginidad de María. Segunda, porque Jesús es el personaje central de la fe católica, y es deber del Papa predicar a Jesús opportune et importune, a tiempo y a destiempo, como aconseja san Pablo a Timoteo (II Tim 4,2). Tercera: porque el tema de la virginidad de María está siendo revisado por algunos teólogos católicos y requiere aclaración.
Hablar de Jesús no es fácil, porque es un misterio, el misterio central de la fe católica, que confiesa que Jesús es verdadero (hijo del) hombre y verdadero (hijo de) Dios. Esta doble realidad supone un doble nacimiento. San Pablo, en la carta a los filipenses 2,6 nos dice que Jesús fue un hombre común y corriente (Fil 2,7). San Mateo, el mismo que nos habla de la concepción divina de Jesús (1,26), nos presenta a Jesús como el hijo de María y de José ( 13,53 y ss.) y con varios hermanos hombres y varias mujeres. Conviene aclarar que, a juicio del biblista católico norteamericano John Meier, quien estudia a fondo el problema, en los cuatro Evangelios se trata de verdaderos hermanos carnales de Jesús (Un Judío Marginal, I, 341). Es hora de dejar el cuento de que son primos hermanos de Jesús. Tal supuesto se aducía para poner a salvo la virginidad corporal de María. El Papa cita varias veces en su trilogía la obra de este gran biblista, sin oponerse a su interpretación de la no virginidad corporal de María.
Para que se entienda la posición del Papa en este volumen tercero, conviene tener en cuenta que en teología hay dos maneras complementarias de acceder a Jesús: una vía descendente, que es la que sigue el Papa, y siguieron los cuatro primeros concilios, que se apoya en san Juan I,14: "El Verbo se hizo hombre", vía que hace énfasis en la divinidad de Jesús, como lo hace el Papa, y la otra vía que es ascendente, que fue la histórica, que comienza con el hombre Jesús y termina con su exaltación como Hijo de Dios, según la cual María tuvo una familia numerosa.
Resumiendo: el lector de esta obra de Ratzinger se va a encontrar con la afirmación de la virginidad de María. Dado que el Papa sigue en esta obra la vía descendente, hace énfasis en su divinidad, que da pie a la virginidad teológica de María (Mt 1,26) y silencia su humanidad, cuyo origen no es virginal (Mt 13,53 y ss.). En otras palabras: María engendra al Hijo de Dios virginalmente, en sentido teológico, sin la intervención de José, tal como lo relata Mateo 1,26, por obra y gracia del Espíritu Santo. En cambio, como madre del hombre Jesús, igual a nosotros, lo engendra con un acto de amor con su legítimo esposo, José, del cual tuvo cuatro hijos varones y varias mujeres (Mt 13,53 y ss.).
Yo también daba el asunto de la concepción virginal de Jesús en el seno de María como algo “superado,” ya que es una afirmación directa encontrada en el evangelio según San Mateo, y recibida como tal por la comunidad primitiva que recibió y transmitió esta verdad. Si así lo entendieron ellos, así lo debemos de entender nosotros sin chistar, aunque nos incomode las implicaciones.
Una cosa que quiero apuntar es la mención que el P. Alfonso hace de la obra del monseñor John P. Meier, titulada Jesus: A Marginal Jew (“Jesús: Un judío marginal”) para sustentar su tesis de que la concepción de Jesús fue natural y que los “hermanos de Jesús” fueron, de hecho, hijos naturales de José y María:
 
Aun así, si—prescindiendo de la fe y la subsecuente enseñanza de la Iglesia—se le pregunta a un historiador o a un exegeta que juzgue los textos del NT y patrísticos que hemos examinado, vistos simplemente como fuentes históricas, sus opiniones más probables serán que los hermanos y hermanas de Jesús fueron hermanos realmente.
Hermano y hermana que me lees, fíjate bien del parámetro que el monseñor Meier describe para avalar – y atenuar – su tesis, la cual hace prescindiendo de la fe y la subsecuente enseñanza de la Iglesia. Tal vez por esto es que el Santo Padre cita a Meier sin chistar como yo citaría de la obra del exegeta anglicano N.T. Wright sin que por esto se implique que yo acepto el dogma anglicano el cual, dicho sea de paso, también niega la virginidad perpetua de María. Es que son autoridades eruditas y quienes nos interesa este campo tenemos que leerles y entenderles.
Pero como teólogos católicos no podemos “prescindir” de la fe y de la enseñanza de la Iglesia a la hora de comunicar la verdad. El método de la duda metódica sirve para realzar varios aspectos relacionados con la composición y redacción del Nuevo Testamento, pero no sirve para dictar dogmas a la Iglesia. Para dictar dogmas o más bien, para asistirnos en el camino de reflexión y entendimiento de ciertas verdades implícitas en la proclamación evangélica primitiva, está el Espíritu Santo. Ni el monseñor Meier ni P. Alfonso cualifican para tomar el lugar del Espíritu Santo como guía de la Iglesia.

Me parece a mí, y lo digo con todo el respeto, que el P. Alfonso tiene que cuestionarse su papel como exegeta católico y su posición como teólogo en nuestra Iglesia. Lo digo porque sus afirmaciones tajantes, de corte dogmático, contradicen lo que la Iglesia proclama desde los tiempos en que puso el evangelio por escrito: que Jesús se encarnó de María Virgen por obra del Espíritu Santo y de nadie más. La Iglesia también proclama que esa cobertura del Espíritu Santo sobre María Virgen la transformó de tal manera que le hizo impensable ser tocada por el justo San José. Esta es la fe de la Iglesia que el P. Alfonso Llano, como sacerdote e hijo de San Ignacio de Loyola tiene el deber de proclamar y defender.

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