sábado, diciembre 29, 2012

Citas Patrísticas referentes a San Juan 1:1

 

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Antiguo códice abierto en el primer capítulo del Evangelio según San Juan
”En el principio era el Verbo. Y el Verbo era con Dios. Y el Verbo era Dios. (v. 1)”

Hermanos y hermanas, Paz y Bien a todos en Cristo Jesús.

Hace un par de días compartí con Uds. un Estudio Bíblico de San Juan 1:1 y ahora quiero compartirles una serie de citas patrísticas acerca de este versículo recopilada por Santo Tomás de Aquino en su Catena Aurea:

San Crisóstomo, in Ioannem, hom. 3

Mientras los demás evangelistas empiezan por la Encarnación, San Juan, yendo más allá de la concepción, del nacimiento, de la educación y del desarrollo de Jesús, nos habla de su eterna generación, diciendo: "En el principio era el Verbo".

San Agustín, Lib 83 quaest., qu 63

La palabra griega logos ( logoV ) significa razón y verbo; pero en este caso más bien quiere decir Verbo, para que se entienda no sólo la relación con el Padre, sino la fuerza operativa respecto de todas las cosas que fueron hechas por el Verbo. La razón, aun cuando nada se hace por ella, se llama razón acertadamente 1.

San Agustín, in Ioannem, tract.1

Sucede que, con el uso diario, las palabras, porque suenan y pasan, se nos han hecho viles. Pero hay también en el hombre la palabra que permanece en el interior, cada vez que el sonido sale de la boca. Por tanto, la palabra es lo que se extiende por medio del sonido y no el mismo sonido.

San Agustín, De Trin., 15, 10 et 11

Todos podemos comprender la palabra, no sólo antes que suene, sino también antes que sus imágenes se agiten en nuestro pensamiento. Aquí se puede ver ya, como en espejo y enigma, alguna semejanza del Verbo, de quien se ha dicho: "En el principio era el Verbo". Es necesario, pues, que cuando hablemos lo que sabemos, nazca la palabra del mismo conocimiento que tenemos en la memoria; porque la palabra debe ser, absolutamente, de la misma naturaleza que el conocimiento de donde nace. El pensamiento formado de la cosa que ya conocemos, es la palabra que aprendemos en nuestro interior; lo cual no es griego, ni latín, ni lengua alguna. Pero cuando hemos de comunicar a otros esta palabra interior, tenemos necesidad de algún signo que la exprese.

Allí mismo, cap. 11

Por tanto, la palabra que suena en el exterior no es otra cosa que una señal de la palabra que se encuentra en el interior, a la que corresponde más propiamente el nombre de palabra. Porque aquello que se pronuncia con los labios es el sonido del palabra, que no se llama palabra sino a causa de aquella palabra interior a la cual representa en el exterior.

San Basilio, hom super haec verba

Mas este Verbo no es el humano; porque ¿cómo podía existir en el principio el verbo humano, cuando el hombre ocupa el último lugar en la generación? Así, pues, el verbo humano no existía en el principio, ni el de los ángeles; porque toda criatura está dentro de los términos de los siglos, tomando del Creador el principio de su ser 2. Oigamos, pues, el Evangelio de un modo conveniente: llamó Verbo al mismo Unigénito.

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 1

Si alguno dijere que se nos habla ahora del Hijo sin hacer mención del Padre, diremos que el Padre era conocido de todos, si no como Padre, como Dios. Pero el Unigénito era desconocido; por tanto, quiso con razón darle a conocer desde luego a los que le desconocían. Pero ni aun por esto puede decirse que se guarda silencio respecto del Padre cuando se trata del Hijo. Por esto le llamó Verbo, porque había de enseñar que el Verbo era el Hijo Unigénito de Dios, y para que no se crea que su generación había sido acompañada de sufrimientos, previene esta duda por el nombre del Verbo, manifestando que el Hijo procede de Dios de una manera impasible. La segunda razón de esto es que debía anunciarnos todas las cosas que conciernen al Padre, por lo cual no le llamó sencillamente Verbo, sino añadió el artículo el, distinguiéndole de los demás. Es costumbre en la Escritura llamar palabra a las leyes y preceptos de Dios, pero esta Palabra es cierta sustancia, una hipóstasis, un ente que procede del Padre mismo impasiblemente.

San Basilio, ut sup

¿Y por qué se le llama Verbo? Porque ha nacido impasiblemente; porque es imagen del que le ha engendrado, demostrándolo todo en sí mismo, no sacando nada, mas existiendo perfecto en sí mismo.

San Agustín, De Trin., 15, 13

Así como nuestro conocimiento se diferencia del conocimiento de Dios, así nuestra palabra, que procede de nuestro conocimiento, se diferencia de la de Dios, que ha nacido de la esencia del Padre. Lo mismo podría decirse si se tratara de la ciencia del Padre, de la sabiduría del Padre o, lo que es más expresivo, del Padre ciencia, del Padre sabiduría 3.

San Agustín, De Trin., 15, 14

Por tanto, el Verbo de Dios, Hijo Unigénito del Padre, es en todo semejante e igual al Padre; es lo mismo que el Padre, pero no es el Padre, porque Este es el Hijo y Aquél el Padre. Y por esto conoce todas las cosas que conoce el Padre; y si le es propio conocer al Padre, ¿no conocerá lo que es? El conocer y el ser son ahí una misma cosa. Por esta razón, así como no es propio del Padre proceder del Hijo, tampoco su conocimiento procede del Hijo. Por eso, como pronunciándose a sí mismo, el Padre engendró al Verbo igual en todo a sí, y no se hubiera pronunciado a sí mismo de una manera completa y perfecta si hubiera algo mayor o menor en su Verbo de lo que hay en El. Pero aunque sea nuestro verbo interior de alguna manera semejante a Aquél, no cesemos de observar cuán diferente es a la vez.

San Agustín, De Trin., 15, 15

¿Qué es esto formable, aún no formado, sino algo de nuestra mente que nosotros con antojo voluble lanzamos de aquí para allá cuando pensamos ahora en una cosa y después en otra, según la descubrimos o nos sale al encuentro? Y se hace verbo verdadero cuando aquello que dije que nos lanzaba con movimiento incesante toma contacto con lo que nosotros conocemos y al tomar una semejanza perfecta se forma. ¿Quién no ve aquí la gran diferencia que hay de aquel verbo con el de Dios, que es forma de Dios y antes de su formación no es formable, pues no puede ser nunca informe, sino que es la forma sencilla e igual a Aquél de quien nace? Por lo que se dicen aquellas palabras: "el Verbo de Dios".

San Agustín, De Trin., 15, 16

Por lo cual, para que en Dios no se crea que existe algo voluble, como si siendo verbo pudiera recibir y volver a tomar una forma que presto pudiera perder y sufrir evolución en su carencia de forma, aquel Verbo divino no se llama pensamiento de Dios 4.

San Agustín, De verb. Dom., serm. 38

Es el Verbo de Dios cierta forma no formada, la forma de todas las formas; forma inmutable, sin pérdida, sin defectos, sin tiempo, sin lugar, superando todas las cosas, existiendo en todas, siendo la base en que todo descansa y el remate que está sobre todo.

San Basilio, ut sup

Sin embargo, tiene nuestro verbo, exteriormente, cierta semejanza del divino Verbo. Porque nuestro verbo manifiesta todo lo que concibe nuestra inteligencia; de modo que, lo que concebimos en nuestra inteligencia, lo expresamos por medio de la palabra. Y en verdad que nuestro corazón es una especie de fuente, y la palabra que pronunciamos es semejante a un riachuelo que procede de ella.

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