viernes, setiembre 21, 2012

La Gran Guerra de la Religión

Autor: Alexis Morales Cales | Fuente: El Visitante


En Puerto Rico se fragmenta el análisis de las cosas, en lugar de ver el todo para mejor comprensión. El aumento en la gasolina, la movilización de soldados puertorriqueños y las medidas tomadas en los aeropuertos con los registros y los equipajes, no son temas aparte. Por el contrario, son partes que se complementan para señalar hacia unos eventos próximos a ocurrir.

Un grupo religioso asesinó al embajador de Estados Unidos en Libia. Otro grupo religioso atacó la embajada americana en Egipto. Lo mismo en Yemen. Desde Virginia salen barcos de guerra hacia el Mediterráneo. Francia y Alemania están enviando más barcos. Ya hay docenas de buques de guerra y portaaviones de la OTAN en la zona. La Fuerza Aérea de Israel en estado de máxima alerta esperando la orden de ataque para destruir fábricas de armas atómicas en Irán y de armas químicas en Siria. Las Naciones Unidas tienen preparada la Resolución Contra la Intolerancia Religiosa, con la cual se pretende acabar con el poder político y militar de los grupos religiosos en todo el mundo. Mientras el gobierno de Irán pregona la cercanía de la Gran Guerra de la Religión. Desde principios de año los analistas internacionales venían advirtiendo que a partir de septiembre debíamos esperar la Guerra de Ormuz. ¿Por qué a partir septiembre? Porque el otoño en general y los meses de septiembre en particular tienen un especial significado para los grupos fundamentalistas musulmanes desde 1970. Desde la Masacre de Munich el 9 de septiembre de 1972, hasta el ataque a la embajada de Libia en 2012, sin olvidar el atentado del 11 de septiembre de 2001, el otoño ha sido época de mucha actividad para los fundamentalistas.

El papa Benedicto XVI pidió este domingo a la comunidad internacional y a todas las partes implicadas el inicio "inmediato de un diálogo" para lograr un alto el fuego en Libia. "Pido a las organizaciones internacionales y a todos aquellos que tienen responsabilidades políticas y militares que comiencen un diálogo inmediatamente para suspender la utilización de las armas", declaró el Papa después de la misa dominical del Angelus en el Vaticano. No se trata de un mensaje dirigido a los católicos del mundo. El Papa habla en su doble papel de jefe de estado y de máximo jerarca de la confesión religiosa más grande de la cristiandad. Como jefe de estado, el Sumo Pontífice sabe que una embajada de un país no es meramente un edificio de oficinas. Es la representación de un estado extranjero que incluso puede otorgar refugio y protección a residentes del país donde se ubica la embajada, y así ha sucedido en muchas ocasiones. Un ataque a una embajada es, pues, un ataque al país que representa esa embajada. Aunque a simple vista parece un incidente de dentro de un espacio limitado, es un evento de alcance internacional. Por eso, en forma diplomática pero mostrando gran preocupación, el Papa Benedicto pide que se evite una escalada en ese conflicto que siendo local tiene proyección internacional. "Ante las noticias cada vez más dramáticas provenientes de Libia, mi inquietud por la seguridad de la población civil aumenta, así como mi temor por la evolución actual marcada por el uso de las armas", indicó Benedicto XVI. El Papa entiende que "en los momentos de mayor tensión se hace más urgente la exigencia de recurrir a todos los medios que tiene la diplomacia, y de apoyar también la más débil señal de apertura y de voluntad de reconciliación".

Ya salieron buques de guerra desde Virginia a sumarse a los portaaviones que ya están en el Mediterráneo. Aviones de reconocimiento ubican y envían imágenes de las bases fundamentalistas. La combinación de portaaviones y buques con proyectiles de largo alcance, sumada al estado de alerta de la Fuerza Aérea, solamente puede significar un inminente ataque por mar y tierra contra los grupos religioso - militares que han estado realizando atentados. La Guerra de Ormuz, o la Gran Guerra de la Religión como le llaman en Irán. Esto cambia la historia. No se trata de una guerra entre dos potencias, sino entre las principales potencias políticas - militares vs. una fuerza que aspira a ser la gran potencia religiosa- militar. No es de extrañar entonces la preocupación del Papa Benedicto XXI, en momentos en que como jefe de estado hace gestiones diplomáticas y como jerarca religioso busca acercamientos amistosos con los grupos religiosos orientales como el Islam. La posibilidad de que los grupos fundamentalistas y extremistas tomen el control sobre los grupos moderados debe ser motivo de reflexión y observación para todo el mundo, no solamente para el Papa Benedicto XI. Porque la llamada Gran Guerra de la Religión sería la división del mundo en dos nuevos polos, con consecuencias inimaginables.