sábado, diciembre 31, 2011

Bloguipausa de Epifanía

Hermanos, que la Paz y Bien de Cristo esté con todos ustedes. Voy a hacer una pausa en el “blogueo” hasta el Día de la Epifanía. Les deseo lo mejor en el año nuevo de Nuestro Señor 2012. Les invito a explorar el contenido actualmente disponible en línea.

jueves, diciembre 29, 2011

El testimonio apostólico sobre Jesús y la historia

Autor: Olivier-Thomas Venard | Fuente: Sagrada Biblia - Conferencia Episcopal Española

Extracto

Introducción

Cuando los medios de comunicación social hablan de los comienzos del cristianismo proceden como si la historia fuera una ciencia exacta y difunden tesis y prejuicios racionalistas que ya cuentan con uno o dos siglos a sus espaldas. Y eso cuando no acreditan las fantasías de novelistas aplicando las «teorías del complot» a los orígenes de la Iglesia. Bajo su influencia, parece admitido hoy por el público en general que no se conoce ya adecuadamente el personaje histórico de Jesús. Que el relato tradicional del cristianismo sobre sus orígenes brindado por el testimonio apostólico y consignado en el Nuevo Testamento no es más que una interpretación entre otras de hechos que los historiadores deben intentar reconstituir... Como reacción, algunos medios cristianos sienten la tentación de refugiarse en una interpretación literalista de las Escrituras (que constituye una de las bases doctrinales del «fundamentalismo» protestante).

Los católicos no tienen ninguna razón para refugiarse en este suicidio del espíritu, sino que encontrarán muchas en la exégesis bíblica reciente para responder a los viejos tópicos historicistas. Ésta se ha vigorizado, en efecto, con la autocrítica llevada a cabo por la ciencia histórica en la segunda mitad del siglo XX y con el considerable enriquecimiento de nuestra documentación sobre la cultura judía del siglo I desde la década de 1950.
1. Voy a consagrar el primer punto de mi exposición a la situación actual de la historia

2. En un segundo momento, desearía describir brevemente lo que puede decir el historiador de hoy sobre el proceso de transmisión apostólica de la memoria en lo relacionado con la enseñanza, la vida y la persona de Jesús de Nazaret.

3. En un tercer momento, me gustaría describir a grandes trazos el contenido de esta tradición.
Por favor, continúa leyendo aquí o descarga la versión PDF de aquí

miércoles, diciembre 28, 2011

Recordamos hoy los Santos Inocentes, Protomártires


El día de hoy se conmemora a los Niños Inocentes que el cruel Herodes mandó matar.

Según señala el Evangelio de San Mateo, Herodes llamó a los Sumos Sacerdotes para preguntarles en qué sitio exacto iba a nacer el rey de Israel, al que habían anunciado los profetas. Ellos le contestaron: "Tiene que ser en Belén, porque así lo anunció el profeta Miqueas diciendo: "Y tú, Belén, no eres la menor entre las ciudades de Judá, porque de ti saldrá el jefe que será el pastor de mi pueblo de Israel" (Miq. 5, 1).

Entonces Herodes se propuso averiguar exactamente dónde estaba el niño, para después mandar a sus soldados a que lo mataran. Y fingiendo dijo a los Reyes Magos: - "Vayan y averiguen acerca de ese niño, cuando lo encuentren regresan y me lo informan, para ir yo también a adorarlo". Los magos se fueron a Belén guiados por la estrella que se les apareció otra vez, al salir de Jerusalén, y llenos de alegría encontraron al Divino Niño Jesús junto a la Virgen María y San José; lo adoraron y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra. En sueños recibieron el aviso divino de que no volvieran a Jerusalén y regresaron a sus países por otros caminos, y el pérfido Herodes se quedó sin saber dónde estaba el recién nacido. Esto lo enfureció hasta el extremo, por lo que rodeó con su ejército la pequeña ciudad de Belén, y dio la orden de matar a todos los niñitos menores de dos años, en la ciudad y alrededores.

El mismo evangelista San Mateo afirmará que en ese día se cumplió lo que había avisado el profeta Jeremías: "Un griterío se oye en Ramá (cerca de Belén), es Raquel (la esposa de Israel) que llora a sus hijos, y no se quiere consolar, porque ya no existen" (Jer. 31, 15). (Fuente)

Es también apropiado recordar hoy a los millones de infantes víctimas del aborto. Pidamos su intercesión ante el trono del Cordero, para que aquellos que causamos sus muertes, sea por palabra, obra, u omisión, consigamos el arrepentimiento y el perdón de Dios.

domingo, diciembre 25, 2011

Homilía del Papa Benedicto XVI durante la Misa de Nochebuena

A continuación, la homilía completa del Papa Benedicto XVI durante la Misa de Nochebuena. (Fuente: ACIPrensa)

Queridos hermanos y hermanas

La lectura que acabamos de escuchar, tomada de la Carta de san Pablo Apóstol a Tito, comienza solemnemente con la palabra apparuit, que también encontramos en la lectura de la Misa de la aurora: apparuit – ha aparecido. Esta es una palabra programática, con la cual la Iglesia quiere expresar de manera sintética la esencia de la Navidad. Antes, los hombres habían hablado y creado imágenes humanas de Dios de muchas maneras. Dios mismo había hablado a los hombres de diferentes modos (cf. Hb 1,1: Lectura de la Misa del día). Pero ahora ha sucedido algo más: Él ha aparecido. Se ha mostrado. Ha salido de la luz inaccesible en la que habita. Él mismo ha venido entre nosotros. Para la Iglesia antigua, esta era la gran alegría de la Navidad: Dios se ha manifestado. Ya no es sólo una idea, algo que se ha de intuir a partir de las palabras. Él «ha aparecido». Pero ahora nos preguntamos: ¿Cómo ha aparecido? ¿Quién es él realmente? La lectura de la Misa de la aurora dice a este respecto: «Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre» (Tt 3,4). Para los hombres de la época pre-cristiana, que ante los horrores y las contradicciones del mundo temían que Dios no fuera bueno del todo, sino que podría ser sin duda también cruel y arbitrario, esto era una verdadera «epifanía», la gran luz que se nos ha aparecido: Dios es pura bondad. Y también hoy, quienes ya no son capaces de reconocer a Dios en la fe se preguntan si el último poder que funda y sostiene el mundo es verdaderamente bueno, o si acaso el mal es tan potente y originario como el bien y lo bello, que en algunos momentos luminosos encontramos en nuestro cosmos. «Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre»: ésta es una nueva y consoladora certidumbre que se nos da en Navidad.

En las tres misas de Navidad, la liturgia cita un pasaje del libro del profeta Isaías, que describe más concretamente aún la epifanía que se produjo en Navidad: «Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva al hombro el principado, y es su nombre: Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre perpetuo, Príncipe de la paz. Para dilatar el principado con una paz sin límites» (Is 9,5s). No sabemos si el profeta pensaba con esta palabra en algún niño nacido en su época. Pero parece imposible. Este es el único texto en el Antiguo Testamento en el que se dice de un niño, de un ser humano, que su nombre será Dios fuerte, Padre para siempre. Nos encontramos ante una visión que va, mucho más allá del momento histórico, hacia algo misterioso que pertenece al futuro. Un niño, en toda su debilidad, es Dios poderoso. Un niño, en toda su indigencia y dependencia, es Padre perpetuo. Y la paz será «sin límites». El profeta se había referido antes a esto hablando de «una luz grande» y, a propósito de la paz venidera, había dicho que la vara del opresor, la bota que pisa con estrépito y la túnica empapada de sangre serían pasto del fuego (cf. Is 9,1.3-4).

Dios se ha manifestado. Lo ha hecho como niño. Precisamente así se contrapone a toda violencia y lleva un mensaje que es paz. En este momento en que el mundo está constantemente amenazado por la violencia en muchos lugares y de diversas maneras; en el que siempre hay de nuevo varas del opresor y túnicas ensangrentadas, clamemos al Señor: Tú, el Dios poderoso, has venido como niño y te has mostrado a nosotros como el que nos ama y mediante el cual el amor vencerá. Y nos has hecho comprender que, junto a ti, debemos ser constructores de paz. Amamos tu ser niño, tu no-violencia, pero sufrimos porque la violencia continúa en el mundo, y por eso también te rogamos: Demuestra tu poder, ¡oh Dios! En este nuestro tiempo, en este mundo nuestro, haz que las varas del opresor, las túnicas llenas de sangre y las botas estrepitosas de los soldados sean arrojadas al fuego, de manera que tu paz venza en este mundo nuestro.

La Navidad es Epifanía: la manifestación de Dios y de su gran luz en un niño que ha nacido para nosotros. Nacido en un establo en Belén, no en los palacios de los reyes. Cuando Francisco de Asís celebró la Navidad en Greccio, en 1223, con un buey y una mula y un pesebre con paja, se hizo visible una nueva dimensión del misterio de la Navidad. Francisco de Asís llamó a la Navidad «la fiesta de las fiestas» – más que todas las demás solemnidades – y la celebró con «inefable fervor» (2 Celano, 199: Fonti Francescane, 787). Besaba con gran devoción las imágenes del Niño Jesús y balbuceaba palabras de dulzura como hacen los niños, nos dice Tomás de Celano (ibíd.). Para la Iglesia antigua, la fiesta de las fiestas era la Pascua: en la resurrección, Cristo había abatido las puertas de la muerte y, de este modo, había cambiado radicalmente el mundo: había creado para el hombre un lugar en Dios mismo. Pues bien, Francisco no ha cambiado, no ha querido cambiar esta jerarquía objetiva de las fiestas, la estructura interna de la fe con su centro en el misterio pascual. Sin embargo, por él y por su manera de creer, ha sucedido algo nuevo: Francisco ha descubierto la humanidad de Jesús con una profundidad completamente nueva. Este ser hombre por parte de Dios se le hizo del todo evidente en el momento en que el Hijo de Dios, nacido de la Virgen María, fue envuelto en pañales y acostado en un pesebre. La resurrección presupone la encarnación. El Hijo de Dios como niño, como un verdadero hijo de hombre, es lo que conmovió profundamente el corazón del Santo de Asís, transformando la fe en amor. «Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre»: esta frase de san Pablo adquiría así una hondura del todo nueva. En el niño en el establo de Belén, se puede, por decirlo así, tocar a Dios y acariciarlo. De este modo, el año litúrgico ha recibido un segundo centro en una fiesta que es, ante todo, una fiesta del corazón.

Todo eso no tiene nada de sensiblería. Precisamente en la nueva experiencia de la realidad de la humanidad de Jesús se revela el gran misterio de la fe. Francisco amaba a Jesús, al niño, porque en este ser niño se le hizo clara la humildad de Dios. Dios se ha hecho pobre. Su Hijo ha nacido en la pobreza del establo. En el niño Jesús, Dios se ha hecho dependiente, necesitado del amor de personas humanas, a las que ahora puede pedir su amor, nuestro amor. La Navidad se ha convertido hoy en una fiesta de los comercios, cuyas luces destellantes esconden el misterio de la humildad de Dios, que nos invita a la humildad y a la sencillez. Roguemos al Señor que nos ayude a atravesar con la mirada las fachadas deslumbrantes de este tiempo hasta encontrar detrás de ellas al niño en el establo de Belén, para descubrir así la verdadera alegría y la verdadera luz.

Francisco hacía celebrar la santa Eucaristía sobre el pesebre que estaba entre el buey y la mula (cf. 1 Celano, 85: Fonti, 469). Posteriormente, sobre este pesebre se construyó un altar para que, allí dónde un tiempo los animales comían paja, los hombres pudieran ahora recibir, para la salvación del alma y del cuerpo, la carne del Cordero inmaculado, Jesucristo, como relata Celano (cf. 1 Celano, 87: Fonti, 471). En la Noche santa de Greccio, Francisco cantaba personalmente en cuanto diácono con voz sonora el Evangelio de Navidad. Gracias a los espléndidos cantos navideños de los frailes, la celebración parecía toda una explosión de alegría (cf. 1 Celano, 85 y 86: Fonti, 469 y 470). Precisamente el encuentro con la humildad de Dios se transformaba en alegría: su bondad crea la verdadera fiesta.

Quien quiere entrar hoy en la iglesia de la Natividad de Jesús, en Belén, descubre que el portal, que un tiempo tenía cinco metros y medio de altura, y por el que los emperadores y los califas entraban al edificio, ha sido en gran parte tapiado. Ha quedado solamente una pequeña abertura de un metro y medio. La intención fue probablemente proteger mejor la iglesia contra eventuales asaltos pero, sobre todo, evitar que se entrara a caballo en la casa de Dios. Quien desea entrar en el lugar del nacimiento de Jesús, tiene que inclinarse. Me parece que en eso se manifiesta una cercanía más profunda, de la cual queremos dejarnos conmover en esta Noche santa: si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón «ilustrada». Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir la proximidad de Dios. Hemos de seguir el camino interior de san Francisco: el camino hacia esa extrema sencillez exterior e interior que hace al corazón capaz de ver. Debemos bajarnos, ir espiritualmente a pie, por decirlo así, para poder entrar por el portal de la fe y encontrar a Dios, que es diferente de nuestros prejuicios y nuestras opiniones: el Dios que se oculta en la humildad de un niño recién nacido. Celebremos así la liturgia de esta Noche santa y renunciemos a la obsesión por lo que es material, mensurable y tangible. Dejemos que nos haga sencillos ese Dios que se manifiesta al corazón que se ha hecho sencillo. Y pidamos también en esta hora ante todo por cuantos tienen que vivir la Navidad en la pobreza, en el dolor, en la condición de emigrantes, para que aparezca ante ellos un rayo de la bondad de Dios; para que les llegue a ellos y a nosotros esa bondad que Dios, con el nacimiento de su Hijo en el establo, ha querido traer al mundo. Amén.

¡Cristo ha nacido! ¡Venid, adorémosle!


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Kalenda o Proclama de Navidad

En el año 5199 de la Creación del mundo, cuando al principio creó Dios el cielo y la tierra; en el 2957 del diluvio; en el 2015 del nacimiento de Abrahán; en el 1510 de Moisés y de la salida del pueblo de Israel de Egipto; en el 1031 de la unción del rey David; en la semana 65 de la profecía de Daniel; en la Olimpíada 194; en el año 752 de la fundación de Roma; en el 42 del imperio de Octavio Augusto; estando todo el orbe en paz; en la sexta edad del mundo: Jesucristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre, queriendo consagrar al mundo con su misericordiosísimo Advenimiento, concebido por el Espíritu Santo, y pasados nueve meses después de su concepción, nació, hecho Hombre, de la Virgen María, en Belén de Judá.

Les deseamos a todos nuestros lectores una Feliz Navidad, llena de paz y ricas bendiciones.

jueves, diciembre 22, 2011

Una cita de Mulieris Dignitatem

Beato Juan Pablo Magno

Los recursos personales de la femineidad no son ciertamente menores que los recursos de la masculinidad; son sólo diferentes. Por consiguiente, la mujer —como por su parte también el hombre— debe entender su «realización» como persona, su dignidad y vocación, sobre la base de estos recursos, de acuerdo con la riqueza de la femineidad, que recibió el día de la creación y que hereda como expresión peculiar de la «imagen y semejanza de Dios».

Solamente de este modo puede ser superada también aquella herencia del pecado que está contenida en las palabras de la Biblia: «Tendrás ansia de tu marido y él te dominará». La superación de esta herencia mala es, generación tras generación, tarea de todo hombre, tanto mujer como hombre. En efecto, en todos los casos en los que el hombre es responsable de lo que ofende la dignidad personal y la vocación de la mujer, actúa contra su propia dignidad personal y su propia vocación.

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martes, diciembre 20, 2011

Matrimonio y Divorcio

Padre Nicolás Schwizer

Las Bodas de Caná // The Wedding at Cana

…por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre…

En el tiempo de Jesús, ningún judío cuestionaba el derecho de divorciarse, ya que Moisés lo había permitido. Lo que los rabinos de aquel entonces discutían eran los motivos del divorcio: si bastaba con que la mujer dejara quemar la comida o que el marido encontrara a otra más bella.

En todo caso, el divorcio era concedido con mucha facilidad. La moral farisea estaba montada sobre la no confesada inferioridad de la mujer, que era considerada una propiedad del varón. Frente a este legalismo farisaico el Señor plantea el proyecto original de Dios, tal como está descrito en el Génesis. La unión de varón y mujer expresa la plenitud y felicidad humana.

Creo que nuestra época tiene más necesidad de meditar este Evangelio que las anteriores. Porque en él, Jesús afirma solemnemente el carácter del matrimonio y la unidad indisoluble de los esposos. Y no se trata de una ley impuesta a los esposos. Más bien traza el camino de la felicidad humana: revela que la relación conyugal y familiar es una fuente inagotable de creación y de gozo.

El cambio de cónyuge da la ilusión de una renovación, pero no es más que un nuevo comienzo destinado a fracasar con el mismo obstáculo de siempre el egoísmo, la pereza, la esterilidad de los que son infieles.

Muchas veces la indisolubilidad del matrimonio se entiende y se vive como una obligación, la que limita la libertad de los esposos. Pero Cristo ha abolido la “ley” y ha dado la vida, al oponerse al libertinaje “legal” de los judíos. No inventó ninguna obligación nueva. Lo único que hizo fue expresar el anhelo profundo del amor.

Porque todo amor auténtico quiere ser eterno, crea una fidelidad, exige un compromiso, aspira a un descubrimiento, pretende no terminar nunca, quiere crecer y desarrollarse sin fin.

Nadie que ame verdaderamente pone plazo. No existe un amor por cuotas o por tiempos. Y, por eso, tenemos que cultivar diariamente el amor, tenemos que renovarlo permanentemente.

El verdadero sentido de la indisolubilidad no es por eso, prohibir una separación. Su valor es plenamente positivo: nunca jamás se acabarán da conocer y de amar. La naturaleza del amor y del matrimonio consiste en desarrollarse indefinidamente y en renovarse sin cesar. Cuando un ser humano empieza a ser amado a empieza a cambiar, a florecer, a descubrirse y a desplegarse sin agotar sus recursos.

Ya el Padre José Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt lo decía cuando definió la fidelidad como: “conservación lozana y creadora del primer amor”. Y se refirió no sólo al amor conyugal, sino a toda forma de amor: amor paternal, maternal, filial, fraternal…

Todos los días hay que trabajar para crear el matrimonio. La indisolubilidad no es una almohada sobre la que puedan dormirse los esposos, sino una llamada a renovar y vivificar cada día su amor.

Queridos hermanos, les invito a renovar los grandes amores de su vida: amor a la familia, al cónyuge, a los hijos, a los hermanos naturales y hermanos de comunidad.

Preguntas para la reflexión

1. ¿Estoy decidido a luchar todos los días por el matrimonio?

2. ¿Qué opino de la indisolubilidad del matrimonio?

3. ¿Cómo fortalecemos el amor en la familia?

domingo, diciembre 18, 2011

Una cita de Juan Pablo Magno

El diálogo, basado en sólidas leyes morales, facilita la solución de los conflictos y favorece el respeto de la vida, de toda vida humana. Por ello, el recurso a las armas para dirimir las controversias representa siempre una derrota de la razón y de la humanidad.

Cuarto Domingo de Adviento, AD 2011

Oficio de Lecturas - Lectura Patrística
Todo el mundo espera la respuesta de María
San Bernardo

Homilía sobre las excelencias de la Virgen Madre 4,8-9

Foto cortesía de Light on Dark Water

Oíste, Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo; oíste que no será por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el ángel aguarda tu respuesta, porque ya es tiempo que se vuelva al Señor que lo envió. También nosotros, los condenados infelizmente a muerte por la divina sentencia, esperamos, Señora, esta palabra de misericordia.

Se pone entre tus manos el precio de nuestra salvación; en seguida seremos librados si consientes. Por la Palabra eterna de Dios fuimos todos creados, y a pesar de eso morimos; mas por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para ser llamados de nuevo a la vida.

Esto te suplica, oh piadosa Virgen, el triste Adán, desterrado del paraíso con toda su miserable posteridad. Esto Abrahán, esto David, con todos los santos antecesores tuyos, que están detenidos en la región de la sombra de la muerte; esto mismo te pide el mundo todo, postrado a tus pies.

Y no sin motivo aguarda con ansia tu respuesta, porque de tu palabra depende el consuelo de los miserables, la redención de los cautivos, la libertad de los condenados, la salvación, finalmente, de todos los hijos de Adán, de todo tu linaje.

Da pronto tu respuesta. Responde presto al ángel, o, por mejor decir, al Señor por medio del ángel; responde una palabra y recibe al que es la Palabra; pronuncia tu palabra y concibe la divina; emite una palabra fugaz y acoge en tu seno a la Palabra eterna.

¿Por qué tardas? ¿Qué recelas? Cree, di que sí y recibe.

Que tu humildad se revista de audacia, y tu modestia de confianza. De ningún modo conviene que tu sencillez virginal se olvide aquí de la prudencia. En este asunto no temas, Virgen prudente, la presunción; porque, aunque es buena la modestia en el silencio, más necesaria es ahora la piedad en las palabras.

Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento, las castas entrañas al Criador. Mira que el deseado de todas las gentes está llamando a tu puerta. Si te demoras en abrirle, pasará adelante, y después volverás con dolor a buscar al amado de tu alma. Levántate, corre, abre. Levántate por la fe, corre por la devoción, abre por el consentimiento.

Aquí está -dice la Virgen- la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. (Fuente: El Testigo Fiel)

sábado, diciembre 17, 2011

Resisten en El Salvador a embajadora puertorriqueña por homosexualista

Hermanos, Paz y Bien a todos. Esto, de acuerdo a ACIPrensa:

El Senado de Estados Unidos decidió por 49 votos contra 37 bloquear a la embajadora designada de Estados Unidos ante El Salvador, Mari Carmen Aponte, una férrea defensora de la agenda pro-gay del presidente Obama.

El Senado rechazó proceder a la votación definitiva de la puertorriqueña Mari Carmen Aponte como embajadora en El Salvador, cargo que ocupa de forma interina desde agosto de 2010.

Tras la votación del 12 de diciembre en el Senado, la Fundación Sí a la Vida de El Salvador invitó a las organizaciones pro-vida y pro-familia enviar cartas de apoyo y agradecimiento al senador estadounidense Marco Rubio, uno de los principales gestores del rechazo a Aponte.

Rubio, senador republicano por Florida está siendo atacado por el bloque demócrata y acusado de anti-hispano por oponerse a la confirmación de Aponte.

El objetivo de los demócratas es presionar a los que votaron en contra de Aponte para que cambien su posición, y posteriormente forzar a una nueva votación.

Por ello, la Fundación Sí a la Vida llamó a respaldar al senador Rubio y agradecerle su postura que respeta los valores de los salvadoreños, en donde el 80 por ciento de la población se opone al mal llamado "matrimonio" gay.

La posible confirmación de Aponte fue criticada en El Salvador luego que el 28 de junio de 2011 publicara un artículo en el diario La Prensa Gráfica a favor de la agenda homosexual.

En el artículo, Aponte felicitó al presidente salvadoreño Mauricio Funes por firmar "el decreto 56, el cual prohíbe toda forma de discriminación por el gobierno de El Salvador por razones de orientación o identidad sexual. Aplaudo los esfuerzos del gobierno salvadoreño a favor de los derechos de la comunidad LGBT tanto a escala nacional como internacional".

"Sin embargo, la responsabilidad no solo recae en los gobiernos; cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de contribuir, ya sea confrontando la intimidación o la violencia cuando la presenciamos en nuestras escuelas o lugares de trabajo, o ayudando a informar a nuestros vecinos y amigos sobre lo que significa ser lesbiana, gay, bisexual o transgénero", añadió Aponte.
Léanlo todo aquí.

Comentario. Antes que nada, quiero hacer claro una vez más la postura católica ante el discrimen contra los homosexuales como tales:

2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que ‘los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados’ (CDF, decl. "Persona humana" 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.

2358 Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.
Nadie tiene el derecho a violar la dignidad personal de nadie. En nuestro países latinos, la mofa, el ridículo y la humillación de las personas homosexuales es rutinario y engranado en la cultura. Los homosexuales y transgénero poseen un derecho fundamental al buen nombre, al respeto a su persona, y al acceso al trabajo, paga igual, y participación política, no porque tengan la orientación que tengan, si no porque son seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios.

¿Cuál es el problema entonces? El problema surge cuando la persecución de estos objetivos arrastra otra cola, que es la del reconocimiento legal de las uniones entre personas del mismo sexo como "matrimonio" y la redefinición de la naturaleza humana que ocurre cuando se reconoce a las personas transgénero como del sexo opuesto cuando no lo son, haciendo de sus relaciones una de tipo homosexual, a pesar de las alteraciones quirúrgicas y hormonales a las que son objetos. Esta es la agenda de la administración Obama en el mundo, que se reconozca esas uniones en contra de la naturaleza y que se fustigue a quienes defendemos el matrimonio natural como portavoces del odio y de la intolerancia violativas a ese "derecho."

La naturaleza humana precede al derecho. Toda actividad o institución que vaya contra la naturaleza humana es violativa a esa misma dignidad intrínseca de todo ser humano. Es por eso que nos oponemos a estas corrientes de reingeniría social y de trastorno al significado mismo de lo que es ser humano. Nuestros cohermanos en El Salvador olieron esto a distancia y lograron exitosamente bloquear el nombramiento de esta señora como embajadora permanente a su país.

Que la Sra. Aponte sea puertorriqueña añade una capa de dolor a estos eventos, tanto por el malogro de su carrera como por sus puntos de vista personales en esta cuestión, lo cual da triste testimonio al avance del humanismo laicista en Puerto Rico. La Sra. Aponte conoce muy bien nuestro legado cristiano y católico, el cual propulsa un humanismo cristiano e integral, la cual ella o, ha abandonado, o sacrificado en aras de la política pública de la corriente administración estadounidense. Todo esto es tristísimo, no importa con el cristal con que se mire.

Bravo por mis cohermanos de El Salvador por resistir todo intento de imponerle valores distintos a los cristianos, vengan de donde venga.

Hoy empezamos a cantar las antífonas mesiánicas

Hermanos, Paz y Bien en Cristo Jesús nuestro Señor, quien era, es y ha de venir. El siguiente esbozo sobre las antífonas mayores del Adviento son cortesía del padre Maurice Gilbert y de Sandro Magister de Chiesa.com

Se cantan una por día, durante el recitado del Magnificat en las Vísperas. Son muy antiguas y valiosísimas, con referencias a las profecías del Mesías. Sus iniciales forman un acróstico. Transcriptas a continuación, con la clave de lectura

ROMA, 17 de diciembre de 2008 – Desde hoy hasta la vigilia anterior a la de Navidad, en el momento que se recita el Magnificat, en la oración de Vísperas del rito romano, se cantan siete antífonas, una por día, cada una de las cuales comienza con una invocación a Jesús, quien en este caso nunca es llamado por su nombre.

Este septenario es muy antiguo, se remite a la época del papa Gregorio Magno, alrededor del año 600. Las antífonas están en latín y se inspiran en textos del Antiguo Testamento que anuncian al Mesías.

Al comienzo de cada antífona, en ese orden diario, Jesús es invocado como Sabiduría, Señor, Raíz, Llave, Sol, Rey, Emmanuel. En latín: Sapientia, Adonai, Radix, Clavis, Oriens, Rex, Emmanuel.

Leídas a partir de la última, las iniciales latinas de esas palabras forman un acróstico: "Ero cras", es decir, "Será mañana". Es el anuncio del Señor que viene. La última antífona, que completa el acróstico, se canta el 23 de diciembre y al día siguiente, con las primeras vísperas, comienza la fiesta de Navidad.

Quien extrajo del olvido estas antífonas ha sido, inesperadamente, "La Civiltà Cattolica", la revista de los jesuitas de Roma que se edita con el control previo de la Secretaría de Estado vaticana.

Es inusitado también el puesto de honor otorgado al artículo que comenta las siete antífonas, escrito por el padre Maurice Gilbert, director de la sede de Jerusalén del Pontificio Instituto Bíblico. El artículo abre el número previo a Navidad de la revista, donde normalmente se publica el editorial.

En el artículo, el padre Gilbert comenta las antífonas una por una. Muestra las riquísimas referencias a los textos del Antiguo Testamento y destaca una particularidad: las tres últimas antífonas incluyen algunas expresiones que se explican únicamente a la luz del Nuevo Testamento.

La antífona "O Oriens" del 21 de diciembre incluye una clara referencia al "Benedictus", el cántico de Zacarías inserto en el capítulo 1 del Evangelio de san Lucas: "Nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tiniebla y en sombras de muerte".

La antífona "O Rex" del 22 de diciembre incluye un pasaje del himno a Jesús del capítulo 2 de la epístola de san Pablo a los Efesios: "El que de dos [es decir, judíos y paganos] ha hecho una sola cosa".

La antífona "O Emmanuel" del 23 de diciembre se concluye al final con la invocación "Dominus Deus noster": una invocación exclusivamente cristiana, porque solamente los seguidores de Jesús reconocen en el Emmanuel a su Señor y Dios.

Aquí entonces, inmediatamente a continuación, los textos íntegros de las siete antífonas, en latín y traducidas, resaltando las iniciales que forman el acróstico "Ero cras" y, entre paréntesis, las principales referencias al Antiguo y al Nuevo Testamento:

I – 17 de diciembre

O SAPIENTIA, quae ex ore Altissimi prodiisti, attingens a fine usque ad finem fortiter suaviterque disponens omnia: veni ad docendum nos viam prudentiae.

Oh Sabiduría que sales de la boca del Altísimo (Eclesiástico 24, 3), te extiendes hasta los confines del mundo y dispones todo con suavidad y firmeza (Sabiduría 8, 1): ven a enseñarnos el camino de la prudencia (Proverbios 9, 6).

II – 18 de diciembre

O ADONAI, dux domus Israel, qui Moysi in igne flammae rubi apparuisti, et in Sina legem dedisti: veni ad redimendum nos in brachio extenso.

Oh Señor (Éxodo 6, 2 Vulgata), guía de la casa de Israel, que apareciste ante Moisés en la zarza ardiente (Éxodo 3, 2) y en el Monte Sinaí le diste la Ley (Éxodo 20): ven a liberarnos con brazo poderoso (Éxodo 15, 12-13).

III – 19 de diciembre

O RADIX Iesse, qui stas in signum populorum, super quem continebunt reges os suum, quem gentes deprecabuntur: veni ad liberandum nos, iam noli tardare.

Oh Raíz de Jesé, que te elevas como bandera de los pueblos (Isaías 11, 10), callan ante ti los reyes de la tierra (Isaías 52, 15) y las naciones te invocan: ven a liberarnos, no tardes (Habacuc 2, 3).

IV – 20 de diciembre

O CLAVIS David et sceptrum domus Israel, qui aperis, et nemo claudit; claudis, et nemo aperit: veni et educ vinctum de domo carceris, sedentem in tenebris et umbra mortis.

Oh Llave de David (Isaías 22, 22), cetro de la casa de Israel (Génesis 49, 10), que abres y nadie puede cerrar; que cierras y nadie puede abrir: ven, libera de la cárcel al hombre prisionero, que yace en tinieblas y en sombras de muerte (Salmo 107, 10.14).

V – 21 de diciembre

O ORIENS, splendor lucis aeternae et sol iustitiae: veni et illumina sedentem in tenebris et umbra mortis.

Oh Sol que naces de lo alto (Zacarías 3, 8; Jeremías 23, 5), esplendor de la luz eterna (Sabiduría 7, 26) y sol de justicia (Malaquías 3, 20): ven e ilumina a quien yace en tinieblas y en sombras de muerte (Isaías 9, 1; Evangelio según san Lucas 1, 79).

VI – 22 de diciembre

O REX gentium et desideratus earum, lapis angularis qui facis utraque unum: veni et salva hominem quel de limo formasti.

Oh Rey de los gentiles (Jeremías 10, 7), esperado por todas las naciones (Ageo 2, 7), piedra angular (Isaías 28, 16) que reúnes en uno a judíos y paganos (Epístola a los Efesios 2, 14): ven y salva al hombre que has creado usando el polvo de la tierra (Génesis 2, 7).

VII – 23 de diciembre

O EMMANUEL, rex et legifer noster, expectatio gentium et salvator earum: veni ad salvandum nos, Dominus Deus noster.

Oh Emmanuel (Isaías 7, 14), nuestro rey y legislador (Isaías 33, 22), esperanza y salvación de los pueblos (Génesis 49, 10; Evangelio según san Juan 4, 42): ven a salvarnos, oh Señor Dios nuestro (Isaías 37, 20).

viernes, diciembre 16, 2011

Mejora Mons. Fremiot

Hermanos y hermanas, Paz y Bien a todos, la que Jesús nos da. Esto de acuerdo, a El Visitante:

El Obispo Emérito de Ponce, Mons. Juan Fremiot Torres Oliver, ha mejorado en su estado de salud.

Su voz, aunque un poco afónica por el efecto de la radioterapia, se transmitía de manera clara su mensaje ante la llamada de El Visitante a su residencia en la Universidad Católica de Ponce. Dentro de su estado convaleciente, fue entonces que el Mons. Juan Espona, quien fuera su secretario personal y ahora encargado de su cuidado de salud, tomó la palabra.

“Monseñor Torres se encuentra bastante bien. Está mejorando”, expresó Mons. Espona luego de que el prelado recibiera su vigésima tercera radioterapia de las 30 que debe recibir en el Centro de Diagnóstico y Tratamiento del Hospital de Damas de Ponce. “Esperamos que el tumor que tiene en el esófago se disuelva y se le abra para que se pueda alimentar por boca”, añadió.

Se espera que para el mes de enero se pueda tener un panorama más claro sobre la salud del prelado, ya que las secciones de radioterapias terminarían con la esperanza de que se disuelva el tumor. “Le pedimos al pueblo que siga rezando y le pidan a Dios que su salud siga mejorando”, concluyó.

Ante las oraciones del Pueblo Santo de Dios, tomamos el texto del Profeta Jeremías donde expresa un mensaje de esperanza en sus “Sentencias de Sabiduría”. “Bendito el que confía en Yahvé, y que en él pone su esperanza”, Jeremías 17, 7.

Comentario. ¡Cuántas misas serví de monaguillo con Mons. Fremiot en Santa María Reina! ¡Qué días aquellos! Días de juventud, de discernimiento, de estudios, de tantas cosas… Que Dios bendiga a Mons. Fremiot y le siga dando salud física y espiritual.

martes, diciembre 13, 2011

El Eclesiástico o Sirácida nos habla del médico y de la medicina


Hermanos, Paz y Bien a todos en nombre de Jesucristo Nuestro Señor.

Uno de mis pasajes favoritos de la Biblia se encuentra en el libro de Jesús Ben Sirá, llamado también Eclesiástico, en el capítulo 38, versículos 1 al 15:

1. Da al médico, por sus servicios, los honores que merece, que también a él le creó el Señor.

2. Pues del Altísimo viene la curación, como una dádiva que del rey se recibe.

3. La ciencia del médico realza su cabeza, y ante los grandes es admirado.

4. El Señor puso en la tierra medicinas, el varón prudente no las desdeña.

5. ¿No fue el agua endulzada con un leño para que se conociera su virtud?

6. El mismo dio a los hombres la ciencia para que se gloriaran en sus maravillas.

7. Con ellas cura él y quita el sufrimiento, con ellas el farmacéutico hace mixturas.

8. Así nunca se acaban sus obras, y de él viene la paz sobre la haz de la tierra.

9. Hijo, en tu enfermedad, no seas negligente, sino ruega al Señor, que él te curará.

10. Aparta las faltas, endereza tus manos, y de todo pecado purifica el corazón.

11. Ofrece incienso y memorial de flor de harina, haz pingües ofrendas según tus medios.

12. Recurre luego al médico, pues el Señor le creó también a él, que no se aparte de tu lado, pues de él has menester.

13. Hay momentos en que en su mano está la solución,

14. pues ellos también al Señor suplicarán que les ponga en buen camino hacia el alivio y hacia la curación para salvar tu vida.

15. El que peca delante de su Hacedor ¡caiga en manos del médico! (Biblia de Jerusalén)

Me parece que estos versículos han ejercido una influencia profunda en el modo en que nosotros los católicos vemos el proceso de enfermedad y sanación. Pues seguro, nosotros los católicos oramos por la sanación de cuerpo, alma y espíritu de nuestros semejantes, pero también confíamos en la ciencia médica al servicio de la vida. Por eso es que no se ven predicadores que presumen de sanadores corriendo por nuestros lares. Aquellos que entre nosotros diciernen una vocación para rezar por la sanación de los enfermos lo hacen prestando atención particular a la Instrucción Sobre las Oraciones Para Obtener De Dios la Curación, publicada por la Congregación de la Doctrina de la Fe en el año 2000, cuando nuestro Santo Padre Benedicto XVI era su Prefecto. Este inciso es relevante:

§ 3. Es necesario, además, que durante su desarrollo no se llegue, sobre todo por parte de quienes los guían, a formas semejantes al histerismo, a la artificiosidad, a la teatralidad o al sensacionalismo.

Los católicos no estamos obligados a escoger entre la oración y la medicina, sino ambas cosas de modo sinergístico. Si los reformadores protestantes no hubiesen cortado el Libro de Sirá de la Biblia, tal vez los excesos de sectas que prohiben el recurso a la medicina salvavidas, o que restrigen severamente su uso – sectas como la llamada Ciencia Cristiana o  los Testigos de Jehov – nunca hubiesen surgido.

Hermanos y hermanas: todo es don: la sanación, sea por manos del médico o por la oración de súplica, o por ambas, siempre viene de Dios. Y que el Señor nuestro Dios nos bendiga y nos guarde en salud a todos.

domingo, diciembre 11, 2011

Jesucristo Pantocrátor: el Señor del Universo


File:Christ Pantokrator, Cathedral of Cefalù, Sicily.jpg

Santo Dios,
Santo y Fuerte,
Santo e Inmortal,
¡Ten piedad de nosotros!

En la iconografía cristiana, el Cristo Pantocrátor se aplica a una imagen específica de Jesucristo. Pantocrátor (del griego Παντοκράτωρ) es la traducción de uno de los numerosos nombres para Dios en el judaísmo.  Cuando la Biblia hebrea fue traducida al griego en la versión de los LXX, los escribas usaron Pantocrátor para traducir Yahvéh Sabaot (“Dios de los ejércitos”) y El Shaddai (“Dios Todopoderoso”). En el Nuevo Testamento, San Pablo usó Pantocrátor una sola vez (2 Corintios 6:18) y el autor del Apocalipsis nueve veces, muchas veces de modo intercambiable entre Dios Padre y Jesucristo.

Hermanos y hermanas, que la contemplación de este ícono de la Imagen del Dios Vivo les brinde alegría en este Tercer Domingo de Adviento, Domingo de Gaudete.

viernes, diciembre 09, 2011

Necesidad y obligación de amar

Autor:  P. José P. Benabarre Vigo | Fuente: El Visitante

Se ha abusado mucho del concepto amar y de la palabra que lo expresa, amor. Son los más abusados en la literatura, que se ha escrito.

Para la juventud despeñada y los desvergonzados viejos verdes, amor es exclusivamente atracción y disfrute del sexo –con cualquiera. ¡Pobre concepto, que degrada una de las más bellas realidades que Dios ha puesto en el corazón del hombre y de la mujer! Si es cierto que el aspecto sexual del amor es una fuerza rica, también lo es que no se identifica con el amor.

Urgencia de amar

Más que otra cosa, el amor verdadero es blandura, esmero en hacer bien en lo que se trabaja; voluntad de agradar; deseo de dar, más que de recibir; darse, más que dar; amar, más que ser amado; aprender a amar, más que enamorarse.

Es evidente que amar de modo tan altruista no está reñido con la autoestima, con el deseo de ser reconocido, amado y alabado. La autoestima es tan importante que el no tenerla o su pérdida constituyen un verdadero desastre para la persona: el inicio de una desgraciada condición humana y cristiana.

El enamoramiento es una forma de angustia de la soledad, que busca conquistar y ser conquistado.

Cómo se aprende a amar.

Pregunta difícil de contestar pues, mientras unos dicen que “no se aprende a amar”, ya que hacerlo es una necesidad inherente a la condición humana; otros –y no sin razón- afirman que es un proceso que va pasando del estado infantil, en el que se ama porque se necesita hacerlo, al estado adulto, en el que la persona es capaz de apreciar a las personas por lo que son, tanto en lo positivo como en lo negativo. Al llegar aquí, el amor es gratificante, y se toma conciencia de pertenecer a los que necesitamos, precisamente por amarlos.

Orden en el amor

El corazón maleado sólo tiene un amor: cualquier clase de sexo y con cualquier persona. Mas la persona adulta que se respeta, piensa y respeta a los demás tiene una escala de valores, en la cumbre de la cual está Dios, que nos creó por puro amor, cuya Providencia nos guarda y provee de todo lo que necesitamos, y cuyo Hijo encarnado, Jesús de Nazaret, tuvo la corazonada de morir por nosotros -¡tan pecadores!-, a fin de que nosotros pudiéramos tener una feliz eternidad. De ahí que el primer, total y absoluto amor de la persona bien nacida sea para Dios, a quien Él nos pide que “le amemos con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente, con todas nuestras fuerzas’ (Mc 12, 30). ¡Con todo, con todo, con todo, con todo!

Cumplido este sagrado deber, es también voluntad de Dios “que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos” (Mc 12, 31), mandamiento casi tan difícil de cumplir como el anterior. Pero ese prójimo es, como nosotros, hijo de Dios y, por tanto, hermano nuestro en primer grado. Pensar seriamente en esa gran realidad hará más fácil su generoso cumplimiento.

martes, diciembre 06, 2011

lunes, diciembre 05, 2011

María y la Renovación de la Iglesia

Father Nicolas Schwizer

1. Hoy en día, existen opiniones opuestas sobre la importancia actual de la Santísima Virgen. Algunos creen que, para ser un cristiano moderno, hay que dejar de lado estas antiguas devociones de nuestros abuelos. Según ellos, la Virgen, los Santos y otras cosas más ya pasaron de moda.

¿Pero qué pasa, entonces, con lo antiguo? Para ser un cristiano moderno, ¿hay que abandonar realmente todas estas costumbres religiosas de ayer?

Lo que nos interesa, en concreto, es saber si la Sma. Virgen y la devoción a Ella tienen importancia para la Iglesia renovada y para el mundo de mañana.

2. Todos sabemos que la Iglesia está en medio de un proceso de rápidos cambios. Y debe ser así: si el mundo cambia, la Iglesia debe ir adaptándose a su nueva mentalidad. Así puede entregarle su mismo mensaje de siempre con un ropaje nuevo, con palabras y formas que el hombre de hoy entiende. Es muy importante, distinguir estos dos aspectos: el mensaje, que es el espíritu, y el ropaje, que son las formas en que este espíritu se expresa.

La renovación de la Iglesia no consiste, en primer lugar, en cambiar sus formas exteriores. Esto podría ser señal o estímulo para una renovación. Pero la verdadera renovación se produce sólo cuando hay un crecimiento interior, en el espíritu. Sin esto, las formas nuevas no son más que formas huecas.

Pensemos en el caso de una familia: no podemos decir que la familia se ha renovado simplemente porque pintaron la casa de un color más de moda. La renovación se produce sólo si la familia crece en su espíritu, en su espíritu de respeto y de comprensión, de amor y unidad.

Lo mismo sucede con la Iglesia, pues ella también es una gran familia. Su renovación se mide, sobre todo, por las nuevas fuerzas del espíritu que la animan.

¿Y podría una familia renovarse verdaderamente en su espíritu, sin crecer en el amor a su Madre? Me parece imposible. Por eso, toda auténtica renovación de la Iglesia debe ir acompañada de un aumento del amor a la Sma Virgen.

Quien no comprende esto, se queda en la superficie de los cambios.

Cierto, las formas en que expresamos, hoy en día, nuestro cariño a María, pueden ser diferentes de las de ayer. Pero si nuestro amor a Ella no crece, entonces no podemos hablar de renovación de la Iglesia. No hay vida nueva, donde no hay amor nuevo.

3. El Concilio Vaticano II, que comenzó este proceso de renovación, colocó a la Virgen más al centro de la vida cristiana que nunca. Pero no sólo nos pidió crecer en el amor a Ella.

Además nos la mostró como el modelo perfecto de esa Iglesia renovada que Dios quiere para los nuevos tiempos. En la Sma. Virgen resplandece justamente todo ese espíritu nuevo que la Iglesia necesita para enfrentar los problemas del mundo de hoy y para construir el mundo de mañana.

Así el Concilio nos muestra a María como la Gran Señal, que nos indica el único camino de renovación verdadera, y que nos da fuerzas para vencer todos sus obstáculos y peligros. Entonces, para la Iglesia postconciliar, renovarse y modernizarse significa, esforzarse por asemejarse a María. Así la Iglesia de hoy se convierte, con Ella y como Ella, en Gran Señal de salvación para nuestro tiempo.

4. ¡Miremos, por eso, hacia esa Gran Señal en el cielo, para dejarnos penetrar por su luz! ¡Descubramos, en Ella, la imagen de la Iglesia del futuro, de esa Iglesia mariana que desea el Espíritu Santo! Descubramos, en la luz de la Sma. Virgen, también la imagen del hombre nuevo, que en María se ha hecho perfecta realidad.

¡Construyamos, renovados en el espíritu de la Sma. Virgen, la Iglesia y nuestra sociedad!

Preguntas para la reflexión

1. ¿Qué representa la Virgen María para mí?

2. ¿Qué rasgos de María podría imitar?

3. ¡Qué opinión tengo de la Iglesia hoy?

domingo, diciembre 04, 2011

El Adviento explicado por Benedicto XVI en 20 textos

Autor: Redacción | Fuente: www.opusdei.es via Catholic.net

"Si falta Dios, falla la esperanza. Todo pierde sentido", dice el Papa. En esta selección de textos de homilías pronunciadas al inicio del Adviento, habla de esperanza, de alegría y de preparación.

I domingo de adviento 2006

1) La primera antífona de esta celebración vespertina se presenta como apertura del tiempo de Adviento y resuena como antífona de todo el Año litúrgico: "Anunciad a todos los pueblos y decidles: Mirad, Dios viene, nuestro Salvador" (...). Detengámonos un momento a reflexionar: no usa el pasado -Dios ha venido- ni el futuro, -Dios vendrá-, sino el presente: "Dios viene". Como podemos comprobar, se trata de un presente continuo, es decir, de una acción que se realiza siempre: está ocurriendo, ocurre ahora y ocurrirá también en el futuro. En todo momento "Dios viene".

2) El Adviento invita a los creyentes a tomar conciencia de esta verdad y a actuar coherentemente. Resuena como un llamamiento saludable que se repite con el paso de los días, de las semanas, de los meses: Despierta. Recuerda que Dios viene. No ayer, no mañana, sino hoy, ahora.

3) El único verdadero Dios, "el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob" no es un Dios que está en el cielo, desinteresándose de nosotros y de nuestra historia, sino que es el Dios-que-viene. Es un Padre que nunca deja de pensar en nosotros y, respetando totalmente nuestra libertad, desea encontrarse con nosotros y visitarnos; quiere venir, vivir en medio de nosotros, permanecer en nosotros. Viene porque desea liberarnos del mal y de la muerte, de todo lo que impide nuestra verdadera felicidad, Dios viene a salvarnos.

4) De una forma que sólo él conoce, la comunidad cristiana puede apresurar la venida final, ayudando a la humanidad a salir al encuentro del Señor que viene. Y lo hace ante todo, pero no sólo, con la oración.

I domingo de adviento 2007

5) La esperanza cristiana está inseparablemente unida al conocimiento del rostro de Dios, el rostro que Jesús, el Hijo unigénito, nos reveló con su encarnación, con su vida terrena y su predicación, y sobre todo con su muerte y resurrección.

6) Como se puede apreciar en el Nuevo Testamento y en especial en las cartas de los Apóstoles, desde el inicio una nueva esperanza distinguió a los cristianos de las personas que vivían la religiosidad pagana. San Pablo, en su carta a los Efesios, les recuerda que, antes de abrazar la fe en Cristo, estaban «sin esperanza y sin Dios en este mundo» (Ef 2, 12). Esta expresión resulta sumamente actual para el paganismo de nuestros días: podemos referirla en particular al nihilismo contemporáneo, que corroe la esperanza en el corazón del hombre, induciéndolo a pensar que dentro de él y en torno a él reina la nada: nada antes del nacimiento y nada después de la muerte.

7) Si falta Dios, falla la esperanza. Todo pierde sentido. Es como si faltara la dimensión de profundidad y todas las cosas se oscurecieran, privadas de su valor simbólico; como si no «destacaran» de la mera materialidad.

8) Dios conoce el corazón del hombre. Sabe que quien lo rechaza no ha conocido su verdadero rostro; por eso no cesa de llamar a nuestra puerta, como humilde peregrino en busca de acogida. El Señor concede un nuevo tiempo a la humanidad precisamente para que todos puedan llegar a conocerlo.

9) Mi esperanza, nuestra esperanza, está precedida por la espera que Dios cultiva con respecto a nosotros. Sí, Dios nos ama y precisamente por eso espera que volvamos a él, que abramos nuestro corazón a su amor, que pongamos nuestra mano en la suya y recordemos que somos sus hijos. Esta espera de Dios precede siempre a nuestra esperanza, exactamente como su amor nos abraza siempre primero.

10) Cada hombre está llamado a esperar correspondiendo a lo que Dios espera de él. Por lo demás, la experiencia nos demuestra que eso es precisamente así. ¿Qué es lo que impulsa al mundo sino la confianza que Dios tiene en el hombre? Es una confianza que se refleja en el corazón de los pequeños, de los humildes, cuando a través de las dificultades y las pruebas se esfuerzan cada día por obrar de la mejor forma posible, por realizar un bien que parece pequeño, pero que a los ojos de Dios es muy grande: en la familia, en el lugar de trabajo, en la escuela, en los diversos ámbitos de la sociedad. La esperanza está indeleblemente escrita en el corazón del hombre, porque Dios nuestro Padre es vida, y estamos hechos para la vida eterna y bienaventurada.

I domingo de adviento 2008

11) Todo el pueblo de Dios se pone de nuevo en camino atraído por este misterio: nuestro Dios es "el Dios que viene" y nos invita a salir a su encuentro. ¿De qué modo? Ante todo en la forma universal de la esperanza y la espera que es la oración, la cual encuentra su expresión eminente en los Salmos, palabras humanas en las que Dios mismo puso y pone continuamente la invocación de su venida en los labios y en el corazón de los creyentes.

12) "Señor, (...) ven de prisa" (v. 1). Es el grito de una persona que se siente en grave peligro, pero también es el grito de la Iglesia en medio de las múltiples asechanzas que la rodean, que amenazan su santidad, la integridad irreprensible de la que habla el apóstol san Pablo y que, en cambio, debe conservarse hasta la venida del Señor. Y en esta invocación resuena también el grito de todos los justos, de todos los que quieren resistir al mal, a las seducciones de un bienestar inicuo, de placeres que ofenden la dignidad humana y la condición de los pobres.

I domingo de adviento 2009

13) Adviento. Reflexionemos brevemente sobre el significado de esta palabra, que se puede traducir por "presencia", "llegada", "venida". En el lenguaje del mundo antiguo era un término técnico utilizado para indicar la llegada de un funcionario, la visita del rey o del emperador a una provincia. Pero podía indicar también la venida de la divinidad, que sale de su escondimiento para manifestarse con fuerza, o que se celebra presente en el culto. Los cristianos adoptaron la palabra "Adviento" para expresar su relación con Jesucristo: Jesús es el Rey, que ha entrado en esta pobre "provincia" denominada tierra para visitar a todos; invita a participar en la fiesta de su Adviento a todos los que creen en él, a todos los que creen en su presencia en la asamblea litúrgica. Con la palabra adventus se quería decir substancialmente: Dios está aquí, no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. Aunque no podamos verlo o tocarlo, como sucede con las realidades sensibles, él está aquí y viene a visitarnos de múltiples maneras.

14) El significado de la expresión "Adviento" comprende también el de visitatio, que simplemente quiere decir "visita"; en este caso se trata de una visita de Dios: él entra en mi vida y quiere dirigirse a mí. En la vida cotidiana todos experimentamos que tenemos poco tiempo para el Señor y también poco tiempo para nosotros. Acabamos dejándonos absorber por el "hacer". ¿No es verdad que con frecuencia es precisamente la actividad lo que nos domina, la sociedad con sus múltiples intereses lo que monopoliza nuestra atención? ¿No es verdad que se dedica mucho tiempo al ocio y a todo tipo de diversiones? A veces las cosas nos "arrollan".

15) El Adviento, este tiempo litúrgico fuerte que estamos comenzando, nos invita a detenernos, en silencio, para captar una presencia. Es una invitación a comprender que los acontecimientos de cada día son gestos que Dios nos dirige, signos de su atención por cada uno de nosotros. ¡Cuán a menudo nos hace percibir Dios un poco de su amor! Escribir -por decirlo así- un "diario interior" de este amor sería una tarea hermosa y saludable para nuestra vida. El Adviento nos invita y nos estimula a contemplar al Señor presente. La certeza de su presencia, ¿no debería ayudarnos a ver el mundo de otra manera? ¿No debería ayudarnos a considerar toda nuestra existencia como "visita", como un modo en que él puede venir a nosotros y estar cerca de nosotros, en cualquier situación?

16) En la vida, el hombre está constantemente a la espera: cuando es niño quiere crecer; cuando es adulto busca la realización y el éxito; cuando es de edad avanzada aspira al merecido descanso. Pero llega el momento en que descubre que ha esperado demasiado poco si, fuera de la profesión o de la posición social, no le queda nada más que esperar. La esperanza marca el camino de la humanidad, pero para los cristianos está animada por una certeza: el Señor está presente a lo largo de nuestra vida, nos acompaña y un día enjugará también nuestras lágrimas. Un día, no lejano, todo encontrará su cumplimiento en el reino de Dios, reino de justicia y de paz.

17) Existen maneras muy distintas de esperar. Si el tiempo no está lleno de un presente cargado de sentido, la espera puede resultar insoportable; si se espera algo, pero en este momento no hay nada, es decir, si el presente está vacío, cada instante que pasa parece exageradamente largo, y la espera se transforma en un peso demasiado grande, porque el futuro es del todo incierto. En cambio, cuando el tiempo está cargado de sentido, y en cada instante percibimos algo específico y positivo, entonces la alegría de la espera hace más valioso el presente. Queridos hermanos y hermanas, vivamos intensamente el presente, donde ya nos alcanzan los dones del Señor, vivámoslo proyectados hacia el futuro, un futuro lleno de esperanza. De este modo, el Adviento cristiano es una ocasión para despertar de nuevo en nosotros el sentido verdadero de la espera, volviendo al corazón de nuestra fe, que es el misterio de Cristo, el Mesías esperado durante muchos siglos y que nació en la pobreza de Belén.

18) Al venir entre nosotros, nos trajo y sigue ofreciéndonos el don de su amor y de su salvación. Presente entre nosotros, nos habla de muchas maneras: en la Sagrada Escritura, en el año litúrgico, en los santos, en los acontecimientos de la vida cotidiana, en toda la creación, que cambia de aspecto si detrás de ella se encuentra él o si está ofuscada por la niebla de un origen y un futuro inciertos.

19) Nosotros podemos dirigirle la palabra, presentarle los sufrimientos que nos entristecen, la impaciencia y las preguntas que brotan de nuestro corazón. Estamos seguros de que nos escucha siempre. Y si Jesús está presente, ya no existe un tiempo sin sentido y vacío. Si él está presente, podemos seguir esperando incluso cuando los demás ya no pueden asegurarnos ningún apoyo, incluso cuando el presente está lleno de dificultades.

I domingo de adviento 2010

20) Durante el tiempo de Adviento sentiremos que la Iglesia nos toma de la mano y, a imagen de María santísima, manifiesta su maternidad haciéndonos experimentar la espera gozosa de la venida del Señor, que nos abraza a todos en su amor que salva y consuela.


I domingo de adviento 2011

¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy iniciamos en toda la Iglesia el nuevo Año litúrgico: un nuevo camino de fe, a vivir juntos en las comunidades cristianas, pero también, como siempre, a recorrer dentro de la historia del mundo, para abrirla al misterio de Dios, a la salvación que viene de su amor. El Año litúrgico empieza con el Tiempo de Adviento: tiempo estupendo en el que se despierta en los corazones la espera de la vuelta de Cristo y la memoria de su primera venida, cuando se despojó de su gloria divina para asumir nuestra carne mortal.

“¡Velad!”. Este es el llamamiento de Jesús en el Evangelio de hoy. Lo dirige no sólo a sus discípulos, sino a todos: “¡Velad!” (Mt 13,37). Es una llamada saludable a recordar que la vida no tiene sólo la dimensión terrena, sino que es proyectada hacia un “más allá”, como una plantita que germina de la tierra y se abre hacia el cielo. Una plantita pensante, el hombre, dotada de libertad y responsabilidad, por lo que cada uno de nosotros será llamado a rendir cuentas de cómo ha vivido, de cómo ha usado las propias capacidades: si las ha conservado para sí o las ha hecho fructificar también para el bien de los hermanos.

También Isaías, el profeta del Adviento, nos hace reflexionar hoy con una sentida oración, dirigida a Dios en nombre del pueblo. Reconoce las faltas de su gente, y en un cierto momento dice: “Nadie invocaba tu nombre, nadie salía del letargo para adherirse a tí; porque tu nos escondías tu rostro y nos entregabas a nuestras maldades” (Is 64,6).

¿Cómo no quedar impresionados por esta descripción? Parece reflejar ciertos panoramas del mundo postmoderno: las ciudades donde la vida se hace anónima y horizontal, donde Dios parece ausente y el hombre el único amo, como si fuera él el artífice y el director de todo: construcciones, trabajo, economía, transportes, ciencias, técnica, todo parece depender sólo del hombre. Y a veces, en este mundo que parece casi perfecto, suceden cosas chocantes, o en la naturaleza, o en la sociedad, por las que pensamos que Dios pareciera haberse retirado, que nos hubiera, por así decir, abandonado a nosotros mismos.

En realidad, el verdadero “dueño” del mundo no es el hombre, sino Dios. El Evangelio dice: “Así que velad, porque no sabéis cuándo llegará el dueño de la casa, si al atardecer o a media noche, al canto del gallo o al amanecer. No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos” (Mc 13,35-36). El Tiempo de Adviento viene cada año a recordarnos esto para que nuestra vida reencuentre su justa orientación hacia el rostro de Dios. El rostro no de un “amo”, sino de un Padre y de un Amigo. Con la Virgen María, que nos guía en el camino del Adviento, hagamos nuestras las palabras del profeta. "Señor, tu eres nuestro padre; nosotros somos de arcilla y tu el que nos plasma, todos nosotros somos obra de tus manos” (Is 64,7).

CIUDAD DEL VATICANO, domingo 27 noviembre 2011