miércoles, noviembre 30, 2011

Partícipes de la naturaleza divina

Autor: P. José P. Benabarre Vigo | Fuente: El Visitante

Sólo a la Iglesia podía ocurrírsele, y sólo la Iglesia podía atreverse a pedirlo, y nada menos que en su oración oficial más importante, la Misa: ¡Que Dios nos haga partícipes de su naturaleza divina!

Así lo hace esta oración para después de la Comunión: “Dios soberano, te pedimos humildemente que, así como nos alimentas con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos hagas partícipes de su naturaleza divina. Por nuestro Señor Jesucristo…” ¡Gran atrevimiento el de la Iglesia! ¡Extraordinaria gracia la que pide para todos sus buenos hijos!

Cómo se realiza este misterio

Dios es sólo uno, y conocemos su naturaleza más por lo que no es que por lo que es. Además, nuestra potencia cognoscitiva es muy limitada para entender lo espiritual y lo sobrenatural. Por eso, al aceptar las enseñanzas de la Iglesia debemos tomarlas todas en su sentido obvio, aún cuando no las entendamos en su significado más hondo. Pero en este caso ella nos da una pista, si no para entender el misterio, al menos para indicarnos cómo y cuándo se realiza. Esa participación de la naturaleza de Cristo se nos otorga mediante la recepción del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, es decir, mediante la Comunión.

Jesús de Nazaret, Dios verdadero de Dios verdadero (Credo), y hombre cabal en toda la extensión de la palabra, como nacido de la mujer María Virgen, de Nazaret, (Evangelios), se nos da “verdadera, real y sustancialmente, es decir, el Cristo total en la comunión” (Conc. de Trento; Catecismo de la Iglesia 1374). Debemos, por tanto, decir con toda verdad que en ella Cristo no sólo se nos hace presente en el alma, sino que también, al digerir las especies sacramentales, se hace uno con nosotros. Es ahí y de ese modo cómo el buen Jesús nos hace partícipes de su naturaleza divina, aunque no sea más que por unos 15 minutos (los necesarios para digerir las especies de pan y vino).

Podemos ir aún más allá. Puesto que las especies sacramentales pasan a ser parte permanente del cuerpo del comulgante, de algún modo continuamos siendo parte del Cristo-Dios recibido en la comunión.

Preparación

Esta inmensa bondad de Jesús para con nosotros exige una esmerada preparación para recibir la Eucaristía. Y de dos modos: llevando una vida santa y participando digna, fervorosa y activamente en la Misa en que asistimos. Si fallamos en cualquiera de los dos aspectos, ofendemos más o menos al buen Jesús.

Acción de gracias

Lo he indicado varias veces: si no sacamos más fruto de nuestras comuniones es por no apreciarlas en lo que valen; por no dar la importancia, atención y tiempo al Huésped divino que se ha dignado visitarnos ¡y de qué modo y con cuánto amor! ¡En tres o cuatro minutos lo dejamos solo y nos ocupamos de otras cosas que nunca podrán tener tanta importancia como atender a Jesús, presente en nuestro corazón! Le diré más, amable lector: somos más atentos y mejor educados con los hombres/mujeres que nos visitan que con el mismo Dios. Apreciamos sus visitas más que las de Jesús, que nos viene a ver con tanto amor y con las manos llenas de grandes regalos. ¡Qué desatención tan grande!

domingo, noviembre 27, 2011

En defensa del Arzobispo de San Juan, SER Mons. Roberto González Nieves

Hermanos: Paz y bien a todos en el nombre de Jesús en quien todos hemos sido electos, para dar honra a Dios su Padre en el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.

Escribo en defensa del Sr. Arzobispo de San Juan, SER Mons. Roberto Octavio González Nieves, quien ha sido objeto de numerosos ataques de índole político-partidista en mi amada Isla de Puerto Rico y quien sufre una visitación apostólica para investigar las quejas que pesan en su contra.

Defender a un obispo no es algo popular hoy día. Al contrario, la moda es tirarle con lo que se encuentre, desde frutas podridas hasta con el fregadero. Tengo en mente una reciente columna de opinión escrita por un conocido politólogo y comentarista cuyo escrito, titulado La Sotana de Satanás, ejemplifica el nivel bajo y rastrero al que ha llegado nuestro discurso público. Ese señor, supuestamente educado por jesuitas – a quienes Dios bendiga, guíe e ilumine – mostró unos colmillos retóricos los cuales hundió sin misericordia en el cuello de Monseñor González, confundiendo, adrede y sin discriminación alguna, la gimnasia con la magnesia. ¡Hasta el Cardenal Aponte cogió agüita de ese sabihondo!

Yo no sé los detalles exactos que motivaron la pesquisa vaticana. Supongo que para la Santa Sede se viese envuelta habría algunas quejas que tendrían peso. Supongo también que algunas quejas tendrían que ver con su carta pastoral Patria, nación e identidad: don indivisible del amor de Dios la cual yo leí y disfruté y aplaudo. ¿Por qué? Por sus ecos Wojtylianos, la voz del Papa Juan Pablo Magno que le susurraba al oído – y no la voz del diablo – a nuestro arzobispo cuando escribió esa carta.

Y es que yo les digo una cosa: aunque yo me defino como “estadista” – como apodan en la Isla a los ciudadanos que defienden y procuran la admisión de Puerto Rico como un estado de EE.UU. – si los puertorriqueños de la Isla se decidiesen a vivir una vida social informada por los valores personalistas católicos en un body politic independiente y soberano, su destino sería mejor y más luminoso que el de los estadounidenses. Como bien lo muestra nuestro escudo, Cristo es el centro de nuestro existir y los valores comunitarios y personalistas que la fe católica derrama sobre nuestro acervo son definidores de nuestra identidad nacional puertorriqueña. Que esto nadie lo quiera ver, particularmente aquellos que luchan por la independencia de Puerto Rico, esos son otros veinte pesos. Así que estoy seguro que las palabras del Sr. Arzobispo en su carta les cayó ni bomba a los líderes de las tres corrientes políticas de Puerto Rico, y su intrusión en ese terreno molestosa, como lo fue una vez Jeremías ante el rey Zedequías.

Quiero terminar con un proverbio bíblico: los labios del mentiroso ocultan la hostilidad, mas aquel que esparce acusaciones es un necio (Proverbios 9:18).

¡Si al menos los forjadores de nuestra opinión pública se aplicaran este proverbio! Las cosas cambiarían hacia lo bueno, lo excelente y lo verdadero.

Oremos mucho por el Arzobispo de San Juan y por la Iglesia Católica de Puerto Rico, para que podamos todos juntos proclamar el Evangelio de Cristo, en tiempo y destiempo, sin importar el qué dirán de los demás. Amén.

viernes, noviembre 25, 2011

Se prepara la Santa Sede a suprimir abusos litúrgicos y arquitectónicos

Hermanos, paz y bien a todos en el Nombre de Jesús.

Comparto estas citas del sitio digital VaticanInsider:
Un equipo para decir “alto” a las iglesias-garage, a esas arquitecturas atrevidas que corren el riesgo de desnaturalizar muchos modernos espacios de culto católicos. Y para promover un canto que ayude verdaderamente a la celebración de la misa. En las próximas semanas, será creada, al interior de la Congregación del Culto Divino la «Comisión para el arte y la música sacra para la liturgia». No se trata de una simple oficina, sino de un verdadero equipo que tendrá la tarea de colaborar con las comisiones encargadas de valorar los proyectos de las nuevas iglesias en las diócesis, así como de profundizar sobre el tema de la música y del canto que acompañan la celebración.

...

En el motu proprio, el Papa explicaba que: «En las circunstancias actuales, ha parecido conveniente que la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos se dedique principalmente a dar nuevo impulso a la promoción de la Sagrada Liturgia en la Iglesia, según la renovación querida por el Concilio Vaticano II a partir de la Constitución Sacrosanctum Concilium».El dicasterio debe, pues, dedicarse «a dar nuevo impulso a la promoción de la Sagrada Liturgia en la Iglesia», sobre todo con el ejemplo. Desde este punto de vista, con respecto a los proyectos iniciales, parece irse alejando cada vez más la idea de una «reforma de la reforma» litúrgica (expresión que usó el mismo Ratzinger cuando era cardenal), y prevalece, en cambio, un proyecto de amplias dimensiones que, sin proponer la introducción de modificas en la misa, se ocupe de favorecer el “ars celebrandi” y la fidelidad a los dictámenes y a las instituciones del nuevo misal.

Vale la pena, de hecho, recordar que los abusos litúrgicos, que se han verificado en las últimas décadas y que, en cierto sentido, se han convertido en una práctica común, se llevan a cabo en disonancia con las normas establecidas por la reforma litúrgica de Pablo VI. Así, no es la reforma lo que hay que retocar, sino que hay que profundizar y en algunos casos recuperar el significado de la liturgia bien celebrada. Por ello, la Congregación para el culto pretende promover un trabajo de formación desde abajo, que involucre a los sacerdotes, religiosos y catequistas. Siguiendo el ejemplo y el magisterio de Benedicto XVI, tendría que favorecer la recuperación del sentido de lo sagrado y del misterio en la liturgia.
Lean el corto artículo aquí.

Comentario. Todos he visto la arquitectura fea que supuestamente derivan de las reformas promulgadas por el Concilio Vaticano II. En Norteamérica, estas arquitecturas toman la forma de templos en forma de auditorios, teatros o cajones en donde la grey se pone inmediatamente a hablar en tono normal y chismear porque eso es lo que inspira el diseño. En la América Latina, por otro lado, se ha impuesto un estilo minimalista en polo contrario al barroco - que a mí no me gusta mucho tampoco pero que al menos todavía elevaba mi alma a Dios. Esos templos, en donde el Tabernáculo se desplaza a una esquina sin distinción del santuario y las imágenes son pocas, parecen más bien templos protestantes o salones del reino de la atalaya. Esto, supuestamente para no escandalizar mucho a nuestros hermanos separados o al menos, a aquellos que buscan convertir la simplicidad en simplismo para no escandalizar a los críticos por querer hacer de nuestros templos algo bello. Yo rezo y espero que esto sea lo que Congregación tenga en mente modificar, cambiar o suprimir en el ámbito de la arquitectura eclesiástica.

En lo que concierne a la música litúrgica y de los abusos, todos sabemos de lo que se trata. Se trata de esperpentos como aquel Disparate litúrgico en Caguas, Puerto Rico de dos pascuas atrás el cual he criticado ampliamente en estos folios. Elún pueblo cristiano que sabe discernir entre lo permitido y lo ilícito, entre las innovaciones de amateurs y la verdadera renovación posconciliar, en fin, entre lo que en verdad se atiene a la verdad católica y a lo que no, está cansado de presenciar estos espectáculos dignos de teatros y circos perpetrados en medio de nuestra liturgia. Nuestra misa, nuestra celebración litúrgica, es el acto de adoración más alto que el ser humano le ofrece a Dios, porque es el mismo Cristo, Dios y Hombre, en la persona del sacerdote y en la presencia de su Cuerpo que es la Iglesia, quien ofrece este culto. Este acto no puede ser objeto de la experimentación de unos pocos, ni ocasión de música popular o de cantos que no transmiten el evangelio según recibido por la Iglesia Católica. Las quejas contra este tipo de prácticas deben de haber llegado a una masa crítica, imposible de ignorar para las autoridades de la Santa Sede. Por eso han tomado cartas en este asunto.

Yo apoyo este nuevo esfuerzo de redirigir la reforma posconciliar dentro de canales que reflejen y transmitan auténticamente la doctrina católica y nuestro milenario espíritu litúrgico. Espero y rezo para que este verdadero espíritu de vida litúrgica reviva en nuestras parroquias y tome posesión de las almas de nuestros pastores y liturgistas. Amén. ¡Aleluya!

jueves, noviembre 24, 2011

La salvación se decide en la práctica

Padre Nicolás Schwizer

En el libro de Isaías del Antiguo Testamento se anuncia la reunión de todas las naciones, lenguas y razas en un solo pueblo elegido. En el Nuevo Testamento, Jesús dice a sus paisanos que vendrán extranjeros del norte y del Sur, de Oriente y Occidente, para sentarse a la mesa del Reino de Dios.

Esta universalidad de la salvación de Dios nos deja todavía sin saber nada acerca del número de los que se salvarán. Nos basta con saber que Dios llama a todos, que la puerta que conduce al Reino es estrecha y puede cerrarse en cualquier momento. Lo único importante es la conversión al Evangelio. Todo lo demás es simple curiosidad que nos distrae peligrosamente.

El Evangelio es salvación para los que lo escuchan responsablemente, sean o no descendientes de Abrahán o católicos desde su nacimiento. Escuchar responsablemente el Evangelio es vivirlo, practicarlo en la vida de cada día.

Y esto no es nada fácil. Por eso dice Jesús que la puerta es estrecha y que sólo los que se esfuerzan entraran por ella en el Reino de Dios.

No basta con escuchar sermones o ir a misa todos los domingos. No son las prácticas piadosas las que nos van a salvar. Todo esto tiene su valor, pero sólo cuando nos ayuda y anima a vivir nuestra fe en la vida de cada día: en nuestra vida personal y familiar, nuestra vida social y profesional, nuestra vida política...

El último día, el Señor reconocerá sólo a aquellos que ahora y aquí lo reconocen en los hombres. Reconocer a Jesús en los hombres, es reconocer la dignidad de cada ser humano, respetar sus derechos, tener en cuenta sus necesidades y, sobre todo, solidarizarse con los pobres, los marginados, los oprimidos. Cualquier cosa que hagamos a uno de estos, al Señor mismo se lo estamos haciendo.

“Hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos”. Llegará el gran Día del juicio, y entonces vendrá la sorpresa implacablemente sobre muchos que se creyeron los verdaderos cristianos.

Y estos, que se tuvieron a sí mismos por los primeros, dirán: “Señor, ábrenos”. Y el Señor les contestará: “No sé quienes sois”. Y ellos comenzarán a decir: “Hemos comido tu pan y bebido tu sangre, tu Evangelio se ha predicado en nuestras iglesias.”

Pero el recuerdo de todas estas prácticas religiosas no servirá de nada ‑ si no va acompañando de la prueba verdaderamente decisiva en el juicio: del amor a los demás, sobre todo a los necesitados.

Llegará el gran Día del juicio, y entonces vendrá felizmente la sorpresa sobre muchos hombres de oriente y occidente, del norte y del sur. Son los que practicaron en el mundo el mensaje cristiano del amor.

Por eso, el Señor les abrirá la puerta, los sentará a su mesa y les dirá: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui peregrino, y me acogisteis...”

Los primeros para Dios son con frecuencia los últimos para los hombres. Porque Dios no juzga según las apariencias, sino que ve en el corazón.

Hay un cristianismo oficial que es bueno cuando expresa auténticamente en palabras y obras las actitudes de la fe, la esperanza y el amor ‑ pero que es vana hipocresía cuando no es así.

En cambio, hay otro cristianismo sin nombre, anónimo, que no se expresa en ritos y palabras, pero que realiza en la vida el mensaje de Cristo.

La verdad cristiana es eminentemente práctica. Consiste en la conversión del hombre hacia un orden nuevo, en el que habita la justicia, la paz, la fraternidad y el amor. Los hombres que trabajan por estos valores, se salvarán y ascenderán a los primeros puestos.

Queridos hermanos, esforcémonos para que Dios nos encuentre también entre ellos y nos deje entrar en su Reino celestial.

Preguntas para la reflexión

1. ¿Cómo vivo mi cristianismo durante la semana?

2. ¿Qué acciones hago en pro de los necesitados?

3. ¿Se nota mi cristianismo en mi ambiente laboral, familiar…?

martes, noviembre 22, 2011

¿Qué es la contrición?

Autora: Myrna Fernández | Fuente: El Visitante

Ya de inicio, la palabra que compone la pregunta como título parece muy simple. Pero… ¿qué es en verdad lo que busca, lo que exige la pregunta?

Se puede afirmar que la contrición es el más profundo dolor por ir en contra de la voluntad de Dios Padre, que es santo y bueno, ofendiéndole, que lo es pecar. Incluye además, el firme propósito de no caer nuevamente en el pecado. Así se cree, por motivo de la fe que cada quien profesa.

Detenerse para examinar la conciencia y escudriñar en el interior como preparación para acudir al sacramento de la Penitencia y Reconciliación es un proceso que conlleva pesar, tristeza y un verdadero arrepentimiento. O sea, lograr una firme determinación de no volver a caer en el pecado. Esa es la contrición perfecta.

A manera de ejemplo, conviene recordar y repasar aquel momento del Apóstol Pedro cuando descubrió que había negado a Jesús (Mt 26, 69; Mc 14, 66).

Descubrir y aceptar que se ha pecado – en eso consiste el examen de conciencia – es un proceso que conlleva dolor y arrepentimiento. Precisamente, la contrición es tener bien adentro del corazón ese verdadero arrepentimiento por ofender a Dios con el pecado. ¿Por qué no recurrir al Salmo 50? “Piedad de mí, Señor, en tu bondad, por tu gran corazón, borra mi culpa”.

La contrición es imperfecta (atrición) cuando existe el dolor del pecado, más bien, por el temor del castigo de Dios por haberle ofendido como también por la fealdad y repugnancia del mismo. Aquí, se puede señalar como ejemplo el hecho de que Judas Iscariote se enojó consigo mismo y se llenó de rabia, pero no pidió perdón y optó por quitarse la vida.

Señala el Catecismo de la Iglesia Católica (1976): “Al dar el Espíritu Santo a sus Apóstoles, Cristo resucitado les confirió su propio poder divino de perdonar los pecados. «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20, 22-23)”.

Desde que comenzamos a conocer y crecer en la fe, aprendemos que es ella la que nos indica nuestro caminar hacia Dios: nacer, vivir y morir. Venimos de Él y también hacia Él caminamos. Esa es nuestra meta. No la echemos a un lado

domingo, noviembre 20, 2011

¡Viva Cristo Rey!

Hermanos, ACIPrensa que la paz de Cristo Rey cuya fiesta celebramos hoy esté con todos ustedes.

Cristo es el Rey del universo y de cada uno de nosotros.

Icono de Cristo Rey y Sumo SacerdoteEs una de las fiestas más importantes del calendario litúrgico, porque celebramos que Cristo es el Rey del universo. Su Reino es el Reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y la paz.

Un poco de historia

La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de Marzo de 1925.
El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey.

Posteriormente se movió la fecha de la celebración dándole un nuevo sentido. Al cerrar el año litúrgico con esta fiesta se quiso resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Es el alfa y el omega, el principio y el fin. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, justicia y servicio. El Reino de Cristo es eterno y universal, es decir, para siempre y para todos los hombres.

Con la fiesta de Cristo Rey se concluye el año litúrgico. Esta fiesta tiene un sentido escatólogico pues celebramos a Cristo como Rey de todo el universo. Sabemos que el Reino de Cristo ya ha comenzado, pues se hizo presente en la tierra a partir de su venida al mundo hace casi dos mil años, pero Cristo no reinará definitivamente sobre todos los hombres hasta que vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos, en la Parusía.

Si quieres conocer lo que Jesús nos anticipó de ese gran día, puedes leer el Evangelio de Mateo 25,31-46.

En la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede empezar a reinar en nuestros corazones en el momento en que nosotros se lo permitamos, y así el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestra vida. De esta forma vamos instaurando desde ahora el Reino de Cristo en nosotros mismos y en nuestros hogares, empresas y ambiente.

Jesús nos habla de las características de su Reino a través de varias parábolas en el capítulo 13 de Mateo:

“es semejante a un grano de mostaza que uno toma y arroja en su huerto y crece y se convierte en un árbol, y las aves del cielo anidan en sus ramas”;

“es semejante al fermento que una mujer toma y echa en tres medidas de harina hasta que fermenta toda”; “es semejante a un tesoro escondido en un campo, que quien lo encuentra lo oculta, y lleno de alegría, va, vende cuanto tiene y compra aquel campo”;

“es semejante a un mercader que busca perlas preciosas, y hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la compra”.

En ellas, Jesús nos hace ver claramente que vale la pena buscarlo y encontrarlo, que vivir el Reino de Dios vale más que todos los tesoros de la tierra y que su crecimiento será discreto, sin que nadie sepa cómo ni cuándo, pero eficaz.

La Iglesia tiene el encargo de predicar y extender el reinado de Jesucristo entre los hombres. Su predicación y extensión debe ser el centro de nuestro afán vida como miembros de la Iglesia. Se trata de lograr que Jesucristo reine en el corazón de los hombres, en el seno de los hogares, en las sociedades y en los pueblos. Con esto conseguiremos alcanzar un mundo nuevo en el que reine el amor, la paz y la justicia y la salvación eterna de todos los hombres.

Para lograr que Jesús reine en nuestra vida, en primer lugar debemos conocer a Cristo. La lectura y reflexión del Evangelio, la oración personal y los sacramentos son medios para conocerlo y de los que se reciben gracias que van abriendo nuestros corazones a su amor. Se trata de conocer a Cristo de una manera experiencial y no sólo teológica.

Acerquémonos a la Eucaristía, Dios mismo, para recibir de su abundancia. Oremos con profundidad escuchando a Cristo que nos habla.

Al conocer a Cristo empezaremos a amarlo de manera espontánea, por que Él es toda bondad. Y cuando uno está enamorado se le nota.

El tercer paso es imitar a Jesucristo. El amor nos llevará casi sin darnos cuenta a pensar como Cristo, querer como Cristo y a sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana. Cuando imitamos a Cristo conociéndolo y amándolo, entonces podemos experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para nosotros.

Por último, vendrá el compromiso apostólico que consiste en llevar nuestro amor a la acción de extender el Reino de Cristo a todas las almas mediante obras concretas de apostolado. No nos podremos detener. Nuestro amor comenzará a desbordarse.

Dedicar nuestra vida a la extensión del Reino de Cristo en la tierra es lo mejor que podemos hacer, pues Cristo nos premiará con una alegría y una paz profundas e imperturbables en todas las circunstancias de la vida.

A lo largo de la historia hay innumerables testimonios de cristianos que han dado la vida por Cristo como el Rey de sus vidas. Un ejemplo son los mártires de la guerra cristera en México en los años 20´s, quienes por defender su fe, fueron perseguidos y todos ellos murieron gritando “¡Viva Cristo Rey!”.

La fiesta de Cristo Rey, al finalizar el año litúrgico es una oportunidad de imitar a estos mártires promulgando públicamente que Cristo es el Rey de nuestras vidas, el Rey de reyes, el Principio y el Fin de todo el Universo.

Fuente: Catholic.net

viernes, noviembre 18, 2011

Somos custodios de la santidad conyugal

Autora: Julia López Fuente: El Visitante


La tradición cristiana siempre ha defendido la unión del hombre y la mujer bajo el sacramento del Matrimonio, como piedra angular de la familia y por ende de la sociedad, según la voluntad de Dios.

“Varón y hembra los creó”, “el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su esposa y llegan a ser una sola persona” y “lo que Dios une que no lo separe el hombre” son frases bíblicas que sustentan el designio divino respecto de la indisolubilidad del matrimonio.

En momentos en que esta institución es trivializada por sectores de la sociedad y es foco de ofensivas legislativas que buscan socavar su fundamento divino, es preciso fomentar una reflexión que lleve al ser humano a redescubrir el valor de esta íntima comunidad de vida establecida por el Creador.

El hombre y la mujer se dan, definitiva y totalmente, el uno al otro convirtiéndose en una sola carne. La fidelidad será la expresión constante del amor que juraron ante Dios un día.

Sin embargo, existen comportamientos que no sólo destruyen la santidad del matrimonio sino que nos distancian de Dios, permiten la entrada del dolor y laceran la dignidad de la unión perpetua de los esposos. Actos que ponen en riesgo la finalidad del matrimonio de ser fiel, unido, total e indisoluble.

El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) enumera varias de estas ofensas. Veamos.

El adulterio

Es un pecado contra la fidelidad. Está catalogado como una injusticia ya que lesiona el signo de la alianza que es el vínculo matrimonial, quebranta el derecho del otro cónyuge y atenta contra la institución del matrimonio.

“Es una grave falta a la promesa de lealtad y de entrega total que hacen los esposos cuando deciden unir sus vidas para siempre. Significa rechazar y despreciar a la persona que está a mi lado para sustituirla por otra. Faltas a tu promesa de hombre o mujer e hieres la dignidad de la otra persona”, explicó Padre Jorge Ambert, director espiritual del movimiento católico Renovación Conyugal, que se dedica a ofrecer talleres y charlas para que las parejas aprendan a comunicarse y sanar su relación.

Poligamia

El régimen en el que se admiten los matrimonios múltiples, un hombre con dos o más mujeres o una mujer con dos o más hombres, contradice la comunión conyugal. Según el documento oficial de la Iglesia “niega directamente el designio de Dios, tal como es revelado desde los orígenes, porque es contrario a la igual dignidad personal del hombre y de la mujer, que en el matrimonio se dan con un amor total y por lo mismo único y exclusivo”.

El divorcio

La disolución del vínculo matrimonial es otra “ofensa grave” a la ley natural, que intenta romper el compromiso sacramental, de ambos esposos, de permanecer juntos hasta la muerte.

“Definitivamente va en contra de los fines para los que está llamado el matrimonio. Se destruye la confianza, la relación y se pierde la comunión, la fidelidad y el amor de los casados”, comentó Padre Ambert.

Incesto

La relación carnal entre parientes dentro de los grados en que está prohibido el matrimonio, es considerada, igualmente, un agravio por corromper las relaciones familiares y representar una regresión a la animalidad.

“Esta falta adquiere una mayor gravedad por atentar escandalosamente contra la integridad física y moral de los jóvenes que quedarán así marcados para toda la vida, y por ser una violación de la responsabilidad educativa” (CIC 2389).

Unión libre

El Magisterio de la Iglesia establece que hay unión libre cuando el hombre y la mujer se niegan dar forma legal y pública a una unión que implica la intimidad sexual. Envuelve conductas que son contrarias a la ley moral como el concubinato, el rechazo al matrimonio y la incapacidad de unirse mediante compromisos a largo plazo.

El Catecismo señala también otras ofensas como la masturbación, fornicación, las actividades pornográficas y las prácticas homosexuales.

martes, noviembre 15, 2011

El futuro sólo lo conoce Dios

Autora: Verónica Cruz Pillich | Fuente: El Visitante

“Si alguno se dirige a los que consultan a los espíritus, o a los brujos para prostituirse con ellos, volveré mi rostro contra él y lo eliminaré de su pueblo”. (Lev. 20:6)

La preocupación por el futuro es para muchos un tema de todos los días. Hay quienes encienden la televisión, hojean el periódico o navegan el internet en busca de falsas respuestas a través de astrólogos y clarividentes. Otros acuden a lugares donde se practica el espiritismo y curiosean, por puro capricho, el supuesto destino que la vida le tiene designado, sin sospechar que incurren en grave pecado, pues es sólo Dios el encargado de trazar el porvenir de todos los seres humanos.

De acuerdo al Catecismo de la Iglesia Católica (2115), “la actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las manos de la Providencia, en lo que se refiere al futuro, y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto”. Es decir, todas las formas de adivinación deben rechazarse. La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a médiums, la evocación de los muertos, el espiritismo y la compra/venta de amuletos espirituales son prácticas que encierran ansias de poder sobre el tiempo, la historia y el hombre. Son gravemente contrarias a la virtud de la religión y están en contradicción con el honor y el respeto que debemos solamente a Dios, aun cuando sean para procurar la salud.

El propio Beato Juan Pablo II instó a los ciudadanos, en 1998, a desistir de estas costumbres pecaminosas. “Si queremos plantearnos bien la vida, debemos descifrar su designio. […] Para esto, no hace falta horóscopos ni previsiones mágicas. Hace falta, más bien, una oración auténtica que va acompañada por una opción de vida conforme con la ley de Dios”, manifestó.

Sacramentos de la Iglesia como dirección

Asimismo, el Vicario General de la Diócesis de Caguas, Padre Antonio Cartagena, explicó que, al recurrir a ejercicios que intenten deparar el futuro, se niega la libertad humana y la Providencia divina; es decir, las disposiciones por las que Dios conduce con sabiduría y amor todas las criaturas hasta su fin último (CIC, 321). “Todo género de adivinación nace de la falta de fe en el Dios verdadero. Cuando se cree en el horóscopo, la persona no tiene voluntad propia y su vida no tiene un propósito”, señaló.

De la misma forma, exhortó a los padres y adultos a no permitir que los niños vean estas prácticas como actos sanos. “Hay que educar a los hijos con valores espirituales, y enseñarles que son los sacramentos y la Doctrina de la Iglesia los verdaderos recursos para contemplar la vida y darle dirección. Recomiendo mucho la oración, la catequesis y la lectura de la Palabra con los niños”, sostuvo.

lunes, noviembre 14, 2011

Rumbo al Ultramar

Hermanos, paz y bien a todos en Cristo Jesús. Quiero agradecer a todos aquellos que compartieron con nosotros sus condolencias y oraciones por la partida de mi papá.

Habiendo ya acabado la licencia de emergencia que me permitió ir a despedirle, me redirijo nuevamente a tierras lejanas a llevar a feliz término mi misión militar. Pasquinaré otra vez tan pronto pueda. Les invito mientras tanto a explorar el contenido disponible en el blog.

viernes, noviembre 11, 2011

Hoy, Día del Veterano en los EE.UU., Recordamos a San Martín de Tours, Protector de los Soldados

Fuente: ChurchForum.Org

Martín significa: "el batallador". (De Mart = batalla).

San Martín es un gran santo queridísimo para los franceses, y muy popular en todo el mundo.

Nació en Hungría, pero sus padres se fueron a vivir a Italia. Era hijo de un veterano del ejército y a los 15 años ya vestía el uniforme militar.

Durante más de 15 siglos ha sido recordado nuestro santo por el hecho que le sucedió siendo joven y estando de militar en Amiens (Francia). Un día de invierno muy frío se encontró por el camino con un pobre hombre que estaba tiritando de frío y a medio vestir. Martín, como no llevaba nada más para regalarle, sacó la espada y dividió en dos partes su manto, y le dio la mitad al pobre. Esa noche vio en sueños que Jesucristo se le presentaba vestido con el medio manto que él había regalado al pobre y oyó que le decía: "Martín, hoy me cubriste con tu manto".

Sulpicio Severo, discípulo y biógrafo del santo, cuenta que tan pronto Martín tuvo esta visión se hizo bautizar (era catecúmeno, o sea estaba preparándose para el bautismo). Luego se presentó a su general que estaba repartiendo regalos a los militares y le dijo: "Hasta ahora te he servido como soldado. Déjame de ahora en adelante servir a Jesucristo propagando su santa religión". El general quiso darle varios premios pero él le dijo: "Estos regalos repártelos entre los que van a seguir luchando en tu ejército. Yo me voy a luchar en el ejército de Jesucristo, y mis premios serán espirituales".

En seguida se fue a Poitiers donde era obispo el gran sabio San Hilario, el cual lo recibió como discípulo y se encargó de instruirlo.

Como Martín sentía un gran deseo de dedicarse a la oración y a la meditación, San Hilario le cedió unas tierras en sitio solitario y allá fue con varios amigos, y fundó el primer convento o monasterio que hubo en Francia. En esa soledad estuvo diez años dedicado a orar, a hacer sacrificios y a estudiar las Sagradas Escrituras. Los habitantes de los alrededores consiguieron por sus oraciones y bendiciones, muchas curaciones y varios prodigios. Cuando después le preguntaban qué profesiones había ejercido respondía: "fui soldado por obligación y por deber, y monje por inclinación y para salvar mi alma".

Un día en el año 371 fue invitado a Tours con el pretexto de que lo necesitaba un enfermo grave, pero era que el pueblo quería elegirlo obispo. Apenas estuvo en la catedral toda la multitud lo aclamó como obispo de Tours, y por más que él se declarara indigno de recibir ese cargo, lo obligaron a aceptar.

En Tours fundó otro convento y pronto tenía ya 80 mojes. Y los milagros, la predicación, y la piedad del nuevo obispo hicieron desaparecer prontamente el paganismo de esa región, y las conversiones al cristianismo eran de todos los días. A los primeros que convirtió fue a su madre y a sus hermanos que eran paganos.

Un día un antiguo compañero de armas lo criticó diciéndole que era un cobarde por haberse retirado del ejército. Él le contestó: "Con la espada podía vencer a los enemigos materiales. Con la cruz estoy derrotando a los enemigos espirituales".

Recorrió todo el territorio de su diócesis dejando en cada pueblo un sacerdote. Él fue fundador de las parroquias rurales en Francia.

Dice su biógrafo y discípulo, que la gente se admiraba al ver a Martín siempre de buen genio, alegre y amable. Que en su trato empleaba la más exquisita bondad con todos.

Un día en un banquete San Martín tuvo que ofrecer una copa de vino, y la pasó primero a un sacerdote y después sí al emperador, que estaba allí a su lado. Y explicó el por qué: "Es que el emperador tiene potestad sobre lo material, pero al sacerdote Dios le concedió la potestad sobre lo espiritual". Al emperador le agradó aquella explicación.

En los 27 años que fue obispo se ganó el cariño de todo su pueblo, y su caridad era inagotable con los necesitados. Los únicos que no lo querían eran ciertos tipos que querían vivir en paz con sus vicios, pero el santo no los dejaba. De uno de ellos, que inventaba toda clase de cuentos contra San Martín, porque éste le criticaba sus malass prisioneros para que declararan sus delitos. Nuestro santo se oponía totalmente a esto, y aunque por ello se ganó la enemistad de altos funcionarios, no permitía la tortura.

Supo por revelación cuándo le iba a llegar la muerte y comunicó la noticia a sus numerosos discípulos. Estos se reunieron junto a su lecho de enfermo y le suplicaban llorando: "¿Te alejas padre de nosotros, y nos dejas huérfanos y solos y desamparados?". El santo respondió con una frase que se ha hecho famosa: "Señor, si en algo puedo ser útil todavía, no rehuso ni rechazo cualquier trabajo y ocupación que me quieras mandar".

Pero Dios vio que ya había trabajado y sufrido bastante y se lo llevó a que recibiera en el cielo el premio por sus grandes labores en la tierra.

El medio manto de San Martín (el que cortó con la espada para dar al pobre) fue guardado en una urna y se le construyó un pequeño santuario para guardar esa reliquia. Como en latín para decir "medio manto" se dice "capilla", la gente decía: "Vamos a orar donde está la capilla". Y de ahí viene el nombre de capilla, que se da a los pequeños salones que se hacen para orar.

Que el simpático San Martín nos obtenga de Dios la gracia de recordar siempre que todo favor que hacemos al prójimo lo recibe y lo paga Jesucristo, como si se lo hubiéramos hecho a Él en persona.

Si tenéis fe, nada será imposible para vosotros (Jesucristo. Mt. 17,20).

jueves, noviembre 10, 2011

Recordamos hoy a San León Magno, Papa y Doctor de la Iglesia

Pope Leo the Great

Llamado Magno por la grandeza de sus obras su santidad, es el Pontífice más importante de su siglo. Tuvo que luchar fuertemente contra dos clases de enemigos: los externos que querían invadir y destruir a Roma, y los internos que trataban de engañar a los católicos con errores y herejías.

Nació en Toscana, Italia; recibió una esmerada educación y hablaba muy correctamente el idioma nacional que era el latín. Llegó a ser Secretario del Papa San Celestino, y de Sixto III, y fue enviado por éste como embajador a Francia para tratar de evitar una guerra civil que estallaría por la pelea entre dos generales.

Desde el principio de su pontificado dio muestra de poseer grandes cualidades para ese oficio. Predicaba al pueblo en todas las fiestas y de él se conservan 96 sermones, que son verdaderas joyas de doctrina. A los que estaban lejos los instruía por medio de cartas. Se conservan 144 cartas escritas por San León Magno.

Murió el 10 de noviembre del año 461.

Oremos:

Oh Dios Padre nuestro,
tú que no permites que el poder del infierno derrote a tu Iglesia,
fundada sobre la firmeza de la roca apostólica, concédele,
por los ruegos del papa san León Magno,
permanecer siempre firme en la verdad,
para que goce de una paz duradera.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.

Amén.

lunes, noviembre 07, 2011

Sacerdotes del hogar

Padre Nicolás Schwizer

En la época de los primeros cristianos toda la vida eclesial se desarrollaba en las casas, ya que aún no había templos propios. Toda la familia se convertía y pasaba a formar parte de la Iglesia. Hoy en día volvemos a tomar conciencia de esta realidad tan importante. Mediante el bautismo y el sacramento del matrimonio, Cristo mismo está presente en cada hogar cristiano y desde allí realiza su tarea salvadora: sana, bendice, transforma, guía y educa a su pueblo en su camino de Salvación.

En el documento del Concilio Vaticano II leemos: “en esta especie de Iglesia doméstica los padres deben ser para los hijos los primeros predicadores de la fe, mediante la palabra y el ejemplo y deben fomentar la vocación sagrada” (Lumen Gentium, 11).

Nuestra primera experiencia eclesial es nuestro propio hogar. Allí aprendemos a creer, a amar a Dios y a los hombres, allí nos desarrollamos como personas. En el seno del hogar encontramos a Dios que habita en medio nuestro. Por el bautismo participamos de la misión profética, sacerdotal y real de Cristo; por el sacramento del matrimonio lo hacemos como pareja, y Cristo mismo actúa por medio nuestro, santificando nuestra familia.

Tanto el padre como la madre participan del magisterio, del sacerdocio y de la pastoral de Cristo. Ellos son los primeros catequistas y formadores de la fe cristiana.

La Iglesia, en su función magisterial, tiene la misión de transmitir la fe, velar por las tradiciones y verdades de la Iglesia. Cristo nos ha revelado la verdad acerca del Padre y nos ha mostrado el sentido del hombre mismo.

Esto se ha afianzado durante los siglos por medio de tradiciones que cultivaron y ayudaron a llevar a la vida dichas verdades cristianas. Es nuestra tarea como familias “velar” para que nuestros hijos crezcan en dicha tradición y puedan continuarla.

Hoy más que nunca necesitamos claridad acerca de las verdades y costumbres cristianas ya que nuestros hijos están constantemente bombardeados por un ambiente secularista y poco cristiano. Queremos ser catequistas, educadores en los valores y costumbres cristianas para nuestros hijos. De allí la pregunta de cuánto tiempo le dedicamos a nuestra formación catequética.

Lo que no se sabe, no se vive y no se puede enseñar. Un gran problema es la ignorancia religiosa que ha provocado la proliferación de innumerables sectas cristianas y no cristianas que van lentamente minando nuestra fe.

La familia hoy más que nunca, tiene un rol fundamental en la transmisión de la fe. Qué bien nos haría como matrimonio tomar el catecismo y empezar a leer juntos las partes que más nos interesan. Tendría que transformarse en nuestro “mataburros”.

También podríamos preguntarnos cómo cultivamos nuestro amor a la Iglesia en nuestra casa: la lectura de la palabra de Dios, nuestras conversaciones acerca de la fe, cómo aprovechamos los periodos de catequesis de confirmación y primera comunión de nuestros hijos.

Nuestro desafío es conquistar lo que se ha heredado. Tenemos que llevar hacia el futuro lo que nos legaron nuestros abuelos. ¿Qué nos legaron? Lo que hayáis heredado de vuestros padres, conquistadlo para así poseerlo realmente.

Que esos valiosos bienes de la fe católica se conviertan en íntima y personalísima posesión nuestra; de lo contrario nada estará asegurado en nosotros ni en nuestra familia, ni tampoco estaremos prevenidos contra el espíritu mundano y demoníaco.

Preguntas para la reflexión

1. ¿Acompañamos el catecismo de nuestros hijos?

2. ¿Soy un cristiano de costumbre, de tradición

sábado, noviembre 05, 2011

¿Por qué orar?

Autor: Saúl Castiblanco | Fuente: es.gaudiumpress.org vía Catholic.net


Nada más indispensable que la oración. Más que el aire y el alimento, pues es el alimento del alma. El que no ora está peor que el que no come: la muerte del alma será solo cuestión de tiempo. Es comúnmente a través de la oración que el ser humano recibe la gracia, las fuerzas para llevar virtuosamente la lucha de todos los días.

Entretanto, la experiencia común y fácilmente visible muestra que al hombre de nuestros días no le es fácil recoger sus sentidos y espíritu para entablar ese necesario diálogo con Dios. Las "ocupaciones", las "obligaciones", (mejor, las "agitaciones") etc., lo cierto es que aún teniendo tiempo disponible, lo que al hombre de hoy le es difícil es sosegar su espíritu para con calma y serenidad comenzar a pensar en las realidades divinas, y buscar entablar una conversación con su Hacedor.

Entonces, un primer ejercicio a realizar es buscar esos espacios a lo largo del día para sosegar el espíritu. Establecer un horario. Muy probablemente en esos instantes inquietarán a la mente las "mil cosas por hacer", pero, justamente, debemos tener claro la principal de esas "mil cosas" será buscar la disposición de ánimo para hablar con Dios. Y con el tiempo, el esfuerzo y el favor de Dios, se irá habituando el espíritu a esos espacios.

A grandes rasgos, la oración personal puede ser vocal, meditativa y contemplativa. Estos tres grandes tipos no son compartimientos enteramente separados, sino que pueden mezclarse dependiendo de cada temperamento y del nivel alcanzado por cada uno en su vida espiritual.

Por ejemplo, al momento de rezar el Rosario a la Virgen -sublime oración vocal-, es forzoso, para no imitar a los papagayos, ir meditando en las verdades de la fe que nos propone cada uno de los misterios. Por ej. la solemnidad juvenil y sacral del Niño Dios, enseñando con autoridad casta y firme a los avisados ancianos doctores de la Ley, y anteponiendo el cumplimiento de su deber divino de predicador incluso a los afectos purísimos de su Madre. O el dolor profundo, inenarrable, pero también serenísimo del Cordero sin mancha clavado en la Cruz, que tenía a la vez ojos de misericordia total hacia sus propios verdugos, y ojos contemplativos dirigidos hacia su Padre Eterno que ya abría sus brazos para recibir su alma divina. Etc.

Es decir, una oración meramente vocal, como la recitación del Rosario, ya debe estar impregnada de meditación. Entretanto, quien no encuentre con facilidad temas de meditación, aquel que fácilmente se distraiga, no debe intimidarse o desanimarse, que ningún proyecto comienza hecho, sino que todo hay que irlo construyendo...

Sin embargo, como vemos, la oración mucho se beneficia de la lectura espiritual, que nos da elementos para comunicarnos con el Creador. Es decir, el cristiano debe alimentar su oración con lectura de la biblia, o de una buena historia sagrada, o de vidas de santos, un buen catecismo, o libros de piedad preferiblemente escritos por santos, etc. ¿Que no tenemos el hábito de la lectura? Podemos también pedirlo a Dios en la oración. También se pueden recoger elementos de religión escuchando un buen programa radial o televisivo, aunque la lectura siempre prima, porque exige más el esfuerzo de la voluntad, y con ello se favorece la memorización, el recuerdo.

La meditación es el momento de la purificación de nuestro amor

Esas lecturas espirituales son por lo demás la ´materia prima´ del segundo tipo de oración que es la meditación. La meditación es un recorrer alguna o algunas verdades de la fe con el entendimiento, pero excitando en la voluntad afectos amorosos hacia Dios. No es por tanto una simple lectura espiritual, sino que es algo a la manera de una lectura espiritual mental reflexionada, con espacios para re-pensar lo que se está considerando, pero sobre todo con momentos en que nuestro amor agradece al Creador por los múltiples dones y beneficios que nos ha dado y que constantemente nos dispensa.

¿Cómo no agradecer el infinito hecho de la Encarnación del Hijo del Hombre, que nos salvó, que sublimó la naturaleza humana hasta un culmen impensable por cualquier mente creada, que nos dio el ejemplo perfecto para imitar a todo momento, bajo cualquier aspecto? Cuanto amor debería suscitar en nuestras almas, la consideración meditativa de todo un Dios-hombre, nacido de una Inmaculada Virgen Madre. Y así con los múltiples temas de la religión cristiana.

La meditación, pues, debe ser sobre todo el momento del amor, de la purificación y direccionamiento de nuestros afectos rumbo al Creador. Esa es la clave de todo, pues es el amor el que nos eleva hasta el Infinito. Y Dios, que sí conoce la ley reciprocidad en el amor, no permanece impávido ante nuestros afectos, sino que nos responde el millón por uno.

La vida contemplativa

El amor a Dios atrae uno de sus principales dones, que es la capacidad de contemplación, el tercer tipo de oración, en el que nos adentramos ya en la experiencia llamada mística.

La contemplación -oración de los adelantados en los caminos de la santidad- "es una deliciosa admiración de la verdad resplandeciente", según afirma una obra que otrora se atribuyó a San Agustín. Es "una santa embriaguez que aparta al alma de la caducidad de las cosas temporales y que tiene por principio la intuición de la luz eterna de la Sabiduría", expresa el Santo de Hipona. Es "una mirada libre y penetrante del espíritu suspendida de admiración ante los espectáculos de la Divina Sabiduría", nos dice Ricardo de San Víctor. La contemplación es "una sencilla intuición de la verdad que termina en un movimiento afectivo", expresa Santo Tomás de Aquino. "La contemplación no es más que una amorosa, simple y permanente atención del espíritu a las cosas divinas" manifiesta San Francisco de Sales. "La contemplación es una vista de Dios o de las cosas divinas simple, libre, penetrante, cierta, que procede del amor y tiende al amor", expresa el P. Lallemant.

El estado contemplativo en su perfección es la mayor unión posible con Dios en esta tierra, y por ello es propio de las almas que se hallan en un alto grado de la vida espiritual. Entretanto, siendo el punto final del camino de una vida espiritual, no es extraño que Dios vaya dando algo de ello en medio del camino, nos muestre de cuando en vez las delicias que esperan a quien persevera en la oración.

Son momentos en que sentimos una inexpresable alegría en el fondo del espíritu, momentos en que percibimos a la par de una dulzura exquisita una fortaleza interna especial. Instantes en que nos sentimos acariciados por una mano de una tersura indefinible, que nos sosiega, nos alivia, nos anima serenamente. En la medida en que el hombre progresa en su vida de oración, esos instantes divinos se irán tornando más y más frecuentes.

Entretanto, todo comienza con un reconocimiento de la debilidad del hombre, con la humildad, con el saber que "solo Dios basta" y no mis fuerzas, y por tanto con la conciencia de la necesidad necesarísima de la oración

viernes, noviembre 04, 2011

Haikú a mi padre


Postrer otoño
de su atardecer – sí,
quedé huérfano.