viernes, septiembre 30, 2011

Líder tradicionalista vacila reconciliarse con el Sucesor de Pedro

Hermanos: Paz y Bien en Cristo Jesús. Esto, de acuerdo a ACIPrensa:
Bernard FellayBernard Fellay, líder de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X –que agrupa a los seguidores del arzobispo Marcel Lefebvre que falleció excomulgado tras ordenar cuatro obispos sin permiso del Papa– expresó sus dudas y ambigüedades sobre el proceso de diálogo que sostiene la Santa Sede con su organización. 
El domingo 25 de septiembre en la localidad de Ruffec, en la zona central de Francia, tras recibir los votos de una religiosa en su organización, Fellay se refirió al Preámbulo doctrinal que el Vaticano le entregó el día 14 de este mes en el que se establece las condiciones mínimas que los lefebvristas deben aceptar para entrar a la comunión plena de la Iglesia. 
Fellay dijo que "Roma (la Santa Sede) ha hecho dos propuestas a la Fraternidad San Pío X: una doctrinal y la otra canónica. Ni la una ni la otra son claras. Estos dos textos son modificables, pueden ser reescritos, manteniendo la sustancia. El problema está en saber cuál es la sustancia. Hay muchas preguntas pero no muchas respuestas".  
Asimismo aseguró que, "la Fraternidad no firmará un texto que no sea claro. No hará nada que pueda disminuir su Fe o su espíritu de Fe. Así como no hará nada si no tiene claro las buenas intenciones desde su punto de vista". 
Estas afirmaciones contrastan con el tono más conciliador de sus palabras el día 14, luego de recibir el Preámbulo doctrinal, cuando comentó que "la reunión (con el Cardenal Levada en el Vaticano) se realizó con gran cortesía y con mucha calidez, ya que por el bien de la honestidad, la Sociedad San Pío X rechaza evadir los problemas que subsisten".
Sigue leyendo aquí.

Comentario. Francamente, yo no confío en esta gente, en esta Sociedad San Pío X y su empeño de dictarle al Papa lo que tiene y no que aceptar como doctrina y tradición. Yo veo en ellos una arrogancia, una soberbia impenitente. Y esto les cuesta credibilidad.

Este Papa ha hecho contorsiones inmensas para reconciliar a este rebaño rebelde y estos, como rebeldes, todavía pretenden dictar las condiciones de su regularización y reconciliación. Son unos malagradecidos y sus posturas son escandalosas, pretediendo curar con su mal los males de la Iglesia.
Sinceramente, oremos por ellos, para que se arrepientan, conviertan y Dios los sane.

jueves, septiembre 29, 2011

Celebramos hoy la fiesta de los santos arcángeles Miguel, Gabriel, y Rafael

Autora: Myrna Fernández | Fuente: El Visitante
Icon of the Holy Archangels Michael, Gabriel, and Raphael
Sus nombres “normales”, comunes, siempre cautivan. Es posible que recordemos sus “logros del pasado”, y las “funciones” que ejercen cada uno, en torno a la humanidad. Son ellos Miguel, Gabriel y Rafael, siempre mencionados en ese orden, por sus funciones, que todavía son actualidad en el mundo de hoy.

San Miguel Arcángel es el príncipe de los ejércitos celestiales. En amor y obediencia, obtuvo la victoria en una batalla en contra del mal. Es el ángel protector de la Iglesia y se le representa con una balanza. ¿Quién no conoce y repite: “San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro protector contra las adversidades y acechanzas del demonio…?” ¿Sabe alguien ésta o alguna oración que quiera compartirla con los niños de Chiqui-Visitantes?

San Gabriel Arcángel es el mensajero del Cielo, el que anuncia. ¿Recuerdan el anuncio que le hizo a Daniel y a Zacarías? Pero, todavía más, él anunció a María Virgen la más grande de las noticias… Lo recordamos cada mañana en la oración del Angelus cuando dice: El ángel del Señor anunció a María, y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo…, etc. Por eso él es el patrono de las comunicaciones. Por lo regular se le representa con una flor en la mano.

San Rafael Arcángel A partir del momento de su encomienda, ejerce como “medicina de Dios”. En el libro de Tobías, encontramos a un hombre casi “entregado” ante las adversidades, diríamos nosotros, pero sólo era probado por Dios. Así lo señala la introducción. Pero Tobit persevera en la oración, lo que le trae las necesitadas bendiciones de Dios. Ahí surge Rafael el arcángel, que como medicina de Dios lo mismo cura a Tobit y a Sara su mujer, ayuda a Tobías, el hijo, en su viaje, etc. Rafael-medicina, es el portador de la salud para todos. También es el patrono de los esposos, de los enfermos, los farmacéuticos y los médicos.

¿Será acaso que no recordamos a los santos arcángeles? Su celebración debe ser real y de compromiso, porque en verdad celebramos la presencia de Dios en nuestras vidas. El es quien ordena a sus ángeles que guarden nuestros caminos (Salmo 91(90).

miércoles, septiembre 28, 2011

Arzobispo mexicano advierte sobre la Misión de la Virgen del Pozo

Hermanos: Paz y Bien a todos en Cristo Jesús. Comparto esto con ustedes del blog de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES):
El arzobispo de León (estado de Guanajuato, México) acaba de hacer pública una carta circular alertando a sus fieles sobre la devoción a la Virgen del Rosario del Pozo, procedente de Puerto Rico.
D. José Guadalupe Martín Rábago recuerda que, según la Congregación para la Doctrina de la Fe y los obispos puertorriqueños, la asociación que promueve este culto está fuera de la Iglesia católica, y que “se ha desaprobado la conducta de sus dirigentes”.
Ya en el año 2007 la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) dedicó gran parte del número 32 del boletín Info-RIES a la documentación sobre este grupo, la Misión de la Virgen del Pozo. Dirigida por Juan Ángel Collado Pinto, este movimiento de origen católico se formó en torno a unas supuestas apariciones marianas, y tras una investigación de la Iglesia católica, se la declaró fuera de la misma. Los ex-adeptos, además, refieren abusos.
Por su interés, reproducimos debajo, por orden, la circular de la semana pasada del arzobispo de León, monseñor Martín Rábago, y los anexos documentales a su carta, que son los documentos eclesiales anteriores sobre este tema.
Circular 34/2011 - Devoción De La Virgen Del Rosario Del Pozo
A los señores sacerdotes, a los miembros de las comunidades de vida consagrada y a todos los laicos de la diócesis.
Los saludo con gozo en el afecto de Cristo Señor nuestro y les deseo de la paz.
Está promoviéndose, nuevamente, en el ámbito de la Arquidiócesis la devoción a la Virgen del Rosario del Pozo de Sabana Grande de Puerto Rico. He querido constatar la información ya tenida sobre esta asociación y, por documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Conferencia Episcopal de Puerto Rico, puedo afirmar con absoluta certeza que se trata de una organización que no ha sido reconocida por la Iglesia, y que también se ha desaprobado la conducta de sus dirigentes.
Conviene recordar que debemos estar muy prevenidos con respecto a devociones que se alimentan de pretendidas revelaciones que no han sido reconocidas por la Iglesia; éstas llevan un riesgo grande en las prácticas religiosas pues carecen de sentido de Iglesia. Al llevarse a cabo sin la aprobación del magisterio eclesiástico, y sólo con fidelidad a los pretendidos videntes o a centros de organización en rebeldía contra la autoridad responsable de garantizar su autenticidad, se convierten en inadecuadas e inaceptables.
Los señores sacerdotes tengan en cuenta lo anterior para enseñar a los fieles de su comunidad y disuadirlos de pertenecer a esta asociación. Recordar, lo estipulado en la Circular 04/96, particularmente en los apartados 2º y 3º: “Para visitar comunidades en el ámbito de una parroquia, debe darse el consentimiento del Párroco respectivo. Es muy importante que cualquier visita de alguna imagen se haga dentro del plan de trabajo pastoral de la Parroquia”.
Esto debe animarnos a ayudar a las personas que comprender que «ante todo, la Virgen María ha sido propuesta siempre por la Iglesia a la imitación de los fieles… porque en sus condiciones concretas de vida se adhirió total y responsablemente a la voluntad de Dios» (Marialis Cultus, 35), con el fin de que llevemos una auténtica vida cristiana.
En todo caso, particularmente para devociones que no son comunes entre nosotros, les pido que consulten con el Arzobispo o con su Obispo Auxiliar; también con el Vicario General para estar más ciertos y poder orientar adecuadamente a los fieles y proceder debidamente; así se evitarán prácticas inadecuadas en cualquier sentido, y preservaremos la sana práctica de la vida cristiana y las devociones auténticas.
Les anexo la documentación fidedigna respecto de esta inadecuada e inaceptable devoción: son el Decreto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y la Carta Pastoral emitida por la Conferencia Episcopal de Puerto Rico.
Ruego a la Virgen que permaneció firme al pie de la cruz, nuestra Madre Santísima de la Luz, alcance del Salvador, el gozo de perseverar como Discípulos misioneros, como nos convoca nuestro Plan Diocesano de Pastoral.
Con afecto los bendigo.
León, Gto., 15 de Septiembre del 2011
† José G. Martín Rábago, Arzobispo de León.
Pbro. Pascual López Márquez, Secretario Canciller.
Por favor, sigan leyendo aquí.

domingo, septiembre 25, 2011

El uso del agua bendita

Fuente: Enciclopedia Católica

El uso del agua bendita en los primeros días de la era cristiana es atestiguado por documentos de fecha relativamente posterior. Las Constituciones Apostólicas, cuya redacción se remonta a cerca del año 400, le atribuyen el precepto del uso del agua bendita al apóstol San Mateo. La carta escrita bajo el nombre del Papa San Alejandro I, (pontificado del 105-115) es apócrifa y es de tiempos más recientes; de ahí que el primer testimonio histórico no va más atrás del siglo V. Sin embargo, es permisible suponer en aras del argumento que, en los tiempos cristianos primitivos, el agua se usaba con propósitos expiatorios y purificadores, de modo análogo a su uso bajo la ley judía. Como en muchos casos, el agua usada para el sacramento del bautismo era agua fluyente, de río o mar, y no podía recibir la misma bendición que la que se daba en los baptisterios. Sobre este punto en particular la liturgia antigua es oscura, pero dos descubrimientos recientes son de muy decidido interés. El Pontifical o Scrapion de Tumis, un obispo del siglo IV, y del mismo modo el “testamentum Domini”, una composición siríaca que data del siglo V o VI, contiene una bendición del aceite y agua durante la Misa. La fórmula en el Pontifical de Scrapión es como sigue: “Bendecimos estas criaturas en el Nombre de Jesucristo, tu único Hijo; invocamos sobre esta agua y este aceite el Nombre de Aquél que sufrió, que fue crucificado, que resucitó de entre los muertos y que está sentado a la derecha del Padre. Concede a estas criaturas el poder de sanar; que todas las fiebres, todos los malos espíritus y todas las dolencias huyan de quien tome esta bebida o sea ungido con ella, y que sea un remedio en el Nombre de Jesucristo, tu único Hijo.”

Tan temprano como en el siglo IV varios escritos, cuya autenticidad está libre de sospechas, mencionan el uso del agua santificada ya sea por la bendición litúrgica antedicha o por la bendición individual de alguna persona santa. San Epifanio (Contra haeres., lib. I, haer. XXX) narra que en Tiberíades un hombre llamado José derramó agua sobre un loco, al que primero le había hecho la Señal de la Cruz, y pronunció estas palabras sobre el agua: “¡En el nombre de Jesucristo de Nazaret, crucificado, sal de este desgraciado, tú espíritu infernal, y deja que sea sanado!” José se convirtió y luego usó el mismo procedimiento para vencer la brujería; sin embargo, él no era ni un clérigo ni un obispo. Teodoreto (Hist. Igl. V.21) relata que Marcelo, obispo de Apamea, santificó el agua por la Señal de la Cruz y que Afraates curó a uno de los caballos del emperador al hacerlo beber agua bendecida con la Señal de la Cruz (“Hist. relig.”, c. VIII, en P.G., LXXXII, col. 1244, 1375).

También existen tales testimonios en Occidente. San Gregorio de Tours (De gloria confess., c. 82) habla de un ermitaño llamado Eusitio que vivió en el siglo VI y poseía el don de curar la fiebre cuartana dándole a tomar a las víctimas agua que él mismo había bendecido; podemos mencionar muchos otros ejemplos atesorados por Gregorio ("De Miraculis S. Martini", II, XXXIX; "Mirac. S. Juliani", II, III, XXV, XXVI; "Liber de Passione S. Juliani"; "Vitae Patrum", c. IV, n. 3). Se sabe que algunos de los fieles creían que el agua bendita poseía propiedades curativas para ciertas enfermedades, y que esto era muy cierto de forma especial en el agua bautismal. En algunos lugares se conservaba cuidadosamente durante todo el año y, por haber sido usado en el bautismo, se consideraba libre de toda corrupción. Esta creencia se extendió de Oriente a Occidente; y apenas el bautismo se había administrado, la gente se apiñaba alrededor con toda clase de vasijas para llevarse el agua, algunos la mantenían en sus casas y otros regaban sus campos, viñedos y jardines con ella ("Ordo rom. I", 42, in "Mus. ital.", II, 26).

Sin embargo, el agua bautismal no era la única agua bendita. Se mantenía alguna a la entrada de las iglesias cristianas, donde un clérigo rociaba a los fieles según entraban, y por esta razón era llamado hydrokometes o “introductor por agua”, una apelación que aparece en un sobrescrito de una carta de Sinesio en la cual alude al “agua lustral colocada en el vestíbulo del templo”. Quizás esta agua era bendecida en las cantidades necesarias, y la costumbre de la Iglesia puede haber variado a este respecto. Balsamon nos dice que en la Iglesia Griega, ellos “hacían” agua bendita al comienzo de cada mes lunar. Es posible que, según el canon 65 del Concilio de Constantinopla efectuado el año 691, este rito fue establecido con el propósito de suplantar definitivamente la fiesta pagana de la luna nueva y hacer que pasara al olvido.

En Occidente Dom Martène declara que antes del siglo IX no hay nada respecto a la bendición y aspersión de agua que se efectúa todos los domingos en la Misa. En ese tiempo el Papa San León IV ordenó que cada sacerdote bendijera agua cada domingo en su propia iglesia y asperjara a los fieles con ella: "Omni die Dominico, ante missam, aquam benedictam facite, unde populus et loca fidelium aspergantur" (P.L., CXV, col. 679). Hincmar de Reims dio instrucciones como sigue: “Cada domingo, antes de la celebración de la Misa, el sacerdote bendecirá agua en su iglesia, y para este santo propósito, usará una vasija limpia y adecuada. Cuando la gente entre a la iglesia será rociada con esta agua, y los que deseen se pueden llevar alguna en vasijas limpias para que rocíen sus casas, campos, viñedos y ganado, y el forraje con que son alimentados, y también para rociarla sobre su propia comida” ("Capitula synodalia", cap. v, in P.L., CXXV, col, 774). De esta forma se siguió generalmente la regla de tener agua bendita para la aspersión en la Misa de domingo, pero la fecha exacta fijada por León IV y Hincmar no fue seguida en todas partes. En Tours la bendición se realizaba el sábado antes de las vísperas; en Cambrai y en Aras, se daba sin ceremonia en la sacristía antes de la recitación de la hora de prima; en Albi, en el siglo XV, la ceremonia se efectuaba en la sacristía antes de Tercia; y en Soissons en el más alto de los escalones del santuario, antes de Tercia; mientras que en Laon y Senlis, en el siglo XIV, se realizaba en el coro antes de la hora de Tercia. Hay dos domingos en los cuales nunca se bendice el agua: éstos son el Domingo de Pascua y el Domingo de Pentecostés. La razón es porque en la víspera de estas fiestas se bendice y consagra agua para la fuente bautismal y, antes de mezclarla con el santo crisma, se le permite a los fieles tomar alguna para llevarla a sus casas, y usarla en tiempos de necesidad.

viernes, septiembre 23, 2011

¿Tiene sentido la mortificación?

Autor: Pbro. Dr. Eduardo María Volpacchio | Fuente: www.algunasrespuestas.com via Catholic.net

En nuestra era abundan las críticas, burlas o incomprensiones, hacia las prácticas cristianas de mortificación, llegando en ocasiones al escándalo: no faltan quienes se sorprenden indignados de que todavía en el mundo secularizado y moderno haya quienes se mortifican.

Problemas de entendimiento

No deja de resultar curioso el rechazo que siente la cultura postmoderna por la mortificación ajena. En el fondo, parecería encerrar una buena dosis de hipocresía.

Si se lo mira, desde un punto de vista meramente terrenal, se trata de algo libre que además beneficia a quien lo practica. En efecto:

• supone el ejercicio de la libertad personal: nadie es obligado a hacerlo, sino que se hace de buena gana
• se realiza por motivos espirituales: de elevación y mejora personal
• no perjudica a nadie: por el contrario, muchas mortificaciones favorecen a los demás (uno se niega a sí mismo en beneficio del prójimo).
• no daña la propia salud: es más, muchas mortificaciones contribuyen a su mejora.
• se practica privadamente: no tiene por qué molestar, ya nadie hace gala de sus mortificaciones, ni las muestra, ni las hace en público, sino que intenta ser lo más discreto posible por una cuestión de humildad, siguiendo la enseñanza del Maestro: “cuando ayunéis, no os finjáis tristes como los hipócritas, que desfiguran sus rostro para que la gente vea como ayunan. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes perfuma tu cabeza y lava tu cara, para que los hombres no adviertan que ayunas, sino tu Padre que está en lo oculto; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará” (Mt 6,16-18).

Así mirado, en realidad debería mover a la admiración y alabanza ajena.
Por el contrario, es llamativo que en una cultura que se dice tolerante con todas la opciones personales, la mortificación produzca semejante rechazo: debería entrar entre lo buenamente tolerado.

Este escándalo es por lo menos contradictorio. Se da en un mundo que “bendice” -por ejemplo- la eutanasia, lo que podría considerarse la peor de las mortificaciones (obviamente no lo es, ya que no es un acto de generosidad, en el que uno se ofrece por los demás). Y paradójicamente se da que quien no ve con malos ojos que quien está harto de vivir (o sufre) se mate a sí mismo y que la sociedad lo ayude a hacerlo, se horroriza porque una persona decide sufrir un poco por motivos altruistas.

El sacrificio es parte de la vida de cualquier persona. Cambian las motivaciones y las prácticas concretas. De hecho, la cultura que rinde culto al cuerpo tiene también su “mortificación” secularizada:

• piercing: agujerearse el cuerpo y llevar colgando todo tipo de metales en las partes más variadas del cuerpo: lengua, ceja, cintura, pechos, etc.
• tatuajes: marcarse el cuerpo como antiguamente se hacía a los esclavos con inscripciones que duran para toda la vida
• cinturones gástricos que impiden comer más de al cuenta
• costosas cirugías estéticas para mejorar el perfil de la cara
• la competición deportiva exige a los atletas sacrificios dietéticos y de entrenamientos muy duros.
• dietas extenuantes para lucir el cuerpo exageradamente flaco que exigen a las mujeres los cánones estéticos actuales; y que no pocas veces conducen a enfermedades psiquiátricas como la anorexia o la bulimia
• horas agotadoras de gimnasio para conseguir una musculatura “dibujada” y una pancita plana.
• exposición solar por horas sufriendo un calor a veces insoportable para lucir un bronceado que teóricamente mejore la propia imagen (esto sólo lo hacen los blancos, paradójicamente las personas de otras razas intentan blanquear el color de su piel)
• encierro por horas en boliches sin luz, sin aire, llenos de humo, con música ensordecedora, en horarios que exigen horas de paciente espera...

¿No será que lo no se entiende y hasta escandaliza no sea la mortificación en sí misma, sino el motivo por el que se realiza?

En efecto, lo que no se entiende de la mortificación cristiana es el por qué: no se hace para ganar dinero, ni para adquirir fama, ni gloria, ni poder, ni para triunfar profesional o deportivamente, ni para tener un cuerpo más atractivo, ni por motivos egoístas. Todo sacrificio hecho por motivos terrenales es elogiado. Pero, si la motivación dice ser espiritual, la cosa cambia. Desconcierta... y hasta indigna.

Y a ese mismo mundo de las dietas estrictas le parece un horror el ayuno: que una persona deje voluntariamente de comer por amor a Dios le suena como un acto oscurantista, retrógrado, masoquista y superado... Y le molesta que haya gente que lo practique. De la práctica de la mortificación corporal ni hablemos.

Y los que se escandalizan por el celibato (que haya quienes no se casen por el Reino de los Cielos les parece una afrenta a la humanidad), son los mismos que no quieren casarse para no atarse a nadie (¿para qué casarse, se preguntan, si se puede gozar de una mujer/hombre sin compromisos y sin hijos, y cambiarlo/a cuando se quiera, sin más trámite?)

La sorpresa de algunos de nuestros contemporáneos ante la mortificación resulta más curiosa todavía si se tiene en cuenta que no es algo nuevo: los cristianos se han mortificado ininterrumpidamente durante los 2000 años del cristianismo. No se trata de un invento reciente de algunos cristianos, sino de una práctica dos veces milenaria de todos ellos. Sin ir más lejos, la Cuaresma (ese tiempo de preparación para la Pascua que se caracteriza por la práctica de la mortificación más intensa) procede de los primerísimos siglos: consta que ya en el siglo II los cristianos ayunaban como preparación a la fiesta de la Resurrección.

Esta incapacidad para entender la mortificación es una limitación cultural. Ya pasará, es consecuencia de las modas imperantes.
La cultura hedonista es un fracaso antropológico, que hace mucho daño al hombre. Basta ver sus frutos: depresión, soledad, odio a los bebés, disminución de matrimonios, plaga de divorcios, abortos, promiscuidad, exaltación de la pornografía y de la prostitución, sida, masacres de embriones, experimentación con seres humanos, intentos de “producción” de seres humanos para la provisión de órganos a personas enfermas...

El hedonismo hace mucho daño al hombre. Ya pasará, como todas las modas. Es una lástima la gran cantidad de gente que destruye su vida (¡la única que tiene!) encandilados por la cultura de la muerte, con un proyecto vida tan dañino para ellos mismos. Es cuestión de paciencia porque sabemos que después de una generación viene otra... y las modas pasan.

Los cristianos entendemos que quienes tienen una planteo materialista de la vida no puedan entender la mortificación y muchas otras cosas. El mismo Jesús, cuando reprendió a Pedro por intentar convencerlo de que eso de la cruz era una locura, le dijo “tus pensamientos no son de Dios, sino de los hombres” (Mt 16,23). Por ese camino no se entiende. Y San Pablo señala: “el hombre animal no puede entender las cosas que son del espíritu de Dios, son necedad para él” (1 Cor 3, 14). Sucede que quien está saturado de materialismo, piensa y juzga todas las cosas según esas solas coordenadas: según el antiguo adagio, ya citado por el mismo San Pablo: “comamos y bebamos que mañana moriremos” (1 Cor 15,32).

¿Por qué los cristianos se mortifican?

La mortificación pertenece a la esencia misma del cristianismo: no hay cristianismo sin cruz. Así consta en la Sagrada Escritura y así lo vivieron los cristianos desde el comienzo.

Es más, fue también así en el Antiguo Testamento. En efecto Dios envía a los profetas a predicar la penitencia. Baste pensar en Jonás y su predicación en Nínive: “dentro de cuarenta días Nínive será destruida” (Jonás 3,4). Y como la penitencia de sus habitantes movió la misericordia divina (Jonás 3,10).

Y los tiempos mesiánicos, se abren con San Juan Bautista, que “curiosamente” vive en el desierto, se alimenta de manera rudimentaria, viste penitentemente, etc. (Mt 3,4). Y no es casualidad, es parte del plan divino. Su predicación precisamente es “haced penitencia, pues el reino de los cielos está al llegar” (Mt 3,3).

Y el mismo Mesías comienza su vida pública, con cuarenta días de ayuno en el desierto (Mt 4,2). Invita a llevar la cruz. Anuncia la persecución a sus discípulos (Lc 21,12). Duerme a la intemperie en sus viajes (no tiene donde reclinar su cabeza: Mt 8,20). Afirma que nadie tiene amor más grande que dar la vida por sus amigos (Jn 15,13). El mismo se entrega a la muerte para salvarnos: téngase en cuenta que todos los sufrimientos soportados por Cristo en la Pasión deben considerarse voluntarios, no sólo como el ofrecimiento de algo sucedido contra la propia voluntad y que no puede evitarse: “por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo”. Como explica a sus discípulos que era necesario que así sucediese (Lc 24,25-26): no había otro camino.

Es tan necesario que resulta incluso una condición básica para poder ser cristiano. El mismo Jesús lo subraya cuando invita a seguirlo: “Quien quiera seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz y me siga” (Mt 16,24). Y los discípulos, a quienes les costó mucho aceptarlo al principio, acabaron entendiendo: poco después de Pentecostés cuando son azotados por el Sanedrín, salen felices de haber sido considerado dignos de sufrir por Cristo (Hechos 5,41) y sus cartas están llenas de referencias optimistas y hasta gozosas a la cruz. Un ejemplo entre muchos, en San Pablo: “Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1,24).

Por eso los cristianos desde muy temprano adoptaron la cruz -el instrumento donde su Dios fue torturado y asesinado- como el signo cristiano por excelencia. Y no por masoquismo, sino por piedad: es la máxima manifestación del amor de Dios.

Y, aunque nadie busca serlo, los mártires son los héroes cristianos: se considera el martirio una gracia.

Y nos preparamos para la fiesta más grande (la Resurrección de Cristo) con un largo tiempo de penitencia: cuarenta días de Cuaresma, que conmemoran los cuarenta días de ayuno de Jesús en el desierto (en los que –además de la oración, sacrificio y caridad personales- se nos manda hacer dos días de ayuno). Y todos los viernes del año son días penitenciales, en los que a través de la abstinencia nos unimos a la Pasión Redentora[1].

Y Dios perdona nuestros pecados en el sacramento de la penitencia, donde la misericordia divina nos “aplica” los méritos de la Pasión y Muerte de Cristo. Y la purificación de las “secuelas” del pecado se realiza uniéndose personalmente a la cruz de Jesús a través de la penitencia en sus dos dimensiones: la principal -interior, el cambio de corazón- y su manifestación externa -la mortificación- (Catecismo de la Iglesia n. 1431).

En la doctrina cristiana la salvación eterna pasa por la cruz. Ahí nos redimió el Salvador, y por allí debemos pasar también los discípulos. Santa Rosa de Lima lo decía de un modo gráfico: “fuera de la cruz no hay otra escalera por la que subir al cielo”.

La mortificación tiene dos “versiones”. La “pasiva” consiste en la aceptación generosa y alegre de las penas, dolores y sufrimientos que nos vienen sin buscarlas. La “activa” son las que nos buscamos por propia iniciativa (sobre formas de penitencia, cfr. Catecismo de la Iglesia, nn. 1434-1439).

Una aclaración. Los cristianos no estamos locos. Nadie piense que sentimos placer en el dolor -nos duele como a cualquiera, aunque obviamente con el tiempo uno se acostumbra-. Tampoco pensamos que es un “precio” que hemos de pagar por nuestra salvación.

Nos mueve el amor. Siendo el primer mandamiento el amor a Dios (Mt 22,37-40) -y a fin de cuentas el único, ya que todos los demás se dirigen a eso- no podía ser de otra manera: nos mortificamos por amor: como expresión de amor y para hacernos capaces de amar mejor.


Y, aunque es muy necesaria, la mortificación está muy lejos de ser la principal práctica cristiana. Tiene una función de purificación interior, y, por lo mismo no es un fin en sí misma: nos purificamos para ser más gratos a Dios y disponernos a ser más dóciles a la acción del Espíritu Santo.

La mortificación sólo tiene sentido y valor en un contexto de amor a Dios. Quien se mortificara por otros motivos -por soberbia o vanidad, para sentirse puro, superior, o lo que sea- perdería todo el mérito de su acción, que quedaría vaciada de contenido.

Y la verdad es que tampoco es para tanto... No somos mártires, ni nos sentimos héroes, ni víctimas. Nos parece que es lo menos que podemos hacer por quien ha sufrido tanto por nosotros.

Los beneficios de la mortificación

Los principales beneficios de la mortificación son espirituales.

¡Hace tanto bien al alma! Purifica de los propios pecados y de sus consecuencias, “espiritualiza” aumentando la sensibilidad para la oración, da dominio sobre uno mismo, aleja las tentaciones, libera de caprichos, inmuniza contra el consumismo y la frivolidad, es escuela de generosidad. Lleva a superar defectos y a crecer en virtudes.

Y como la mejor mortificación es la que nos ayuda a mejorar nuestro carácter y a darnos a los demás, tiene muchas consecuencias en el plano humano. Nos ayuda a trabajar mejor (la puntualidad y el orden, por ejemplo, son excelentes mortificaciones). A vivir mejor la caridad y la convivencia (soportar pacientemente las bromas inoportunas, escuchar a personas pesadas, etc. son otros tantos ejemplos de mortificación). Incluso ayuda a disfrutar más las cosas buenas de la vida (la falta de negación de uno mismo lleva a que las cosas “empalaguen”), de la misma manera que cuando éramos chicos, los caramelos que nos gustaban, los disfrutábamos más cuanto menos los comíamos.

La mortificación no nos amarga la vida, ni nos empequeñece el ánimo, sino que acaba siendo fuente de alegría.

Así lo vivieron los santos y millones de cristianos “comunes” que ven en la cruz una bendición de Dios.

Para comprender el sentido de la mortificación del cristiano es muy recomendable, por ejemplo, leer los textos de la Liturgia de Cuaresma: las oraciones y lecturas de las Misas de cada uno de esos cuarenta días. Se puede encontrar allí un tesoro de doctrina.

Y si tenemos en cuenta que Dios sólo nos pide lo que necesitamos, descubriremos que paradójicamente la mortificación es clave para la consecución de la felicidad.


miércoles, septiembre 21, 2011

¿Por qué mortificarse?

Autor: Francisco Luca de Tena | Fuente: Iglesia.org


¿Miedo a la mortificación?

Es cierto que existe el miedo a la mortificación y si buscamos la raíz de ese miedo acabaremos por encontrarla en una especie de desconfianza en Dios. Es como si pensáramos que nadie como nosotros para saber lo que nos conviene y dónde vamos a encontrar la felicidad. Es una cuestión de la que no somos conscientes del todo hasta que la consideramos en la oración, que es donde se aclaran las ideas, y acabamos de darnos cuenta de que efectivamente existe algo así dentro de nosotros.

Hay unas palabras del Señor que, aunque no se pueden aplicar al pie de la letra a cuanto venimos diciendo, pueden darnos luz suficiente para entenderlo mejor. Después de haber hablado Jesús de las dificultades que tienen para salvarse los que han puesto su corazón en las riquezas, San Pedro toma la palabra y le dice: nosotros hemos dejado todas las cosas y te hemos seguido, ¿cuál será nuestra recompensa? Y Cristo le responde: cualquiera que haya dejado casa o hermano o hermana o padre o madre o esposa o hijos o heredades, por causa de mi nombre, recibirá cien veces más y poseerá la vida eterna (Mt 19, 29-30).

¿Cuántos son los que entienden esto? Y si cosas de tanta importancia no somos capaces de convertirlas en realidad, ¿qué nos ocurrirá en lo pequeño, en la mortificación, que al fin y al cabo no es más que una manera de renunciar por amor de Dios a algo concreto?

Tenemos miedo a la mortificación, porque nos parece que es un camino de renuncia en el que no se encuentra recompensa. Y es porque apenas conocemos al Señor y no hemos probado hasta qué punto compensa ser generosos con Él. Solamente se puede dar un consejo: probad y veréis que la mortificación no defrauda; la senda por la que nos lleva es más corta y hacedera de lo que imaginamos y además, en ella, nos encontraremos pronto con Jesús. Confiad y perseverad.

La mortificación de los sentidos

La mortificación es necesaria y su necesidad se manifiesta en la fragilidad de la naturaleza humana, de la que posiblemente tengamos sobrada experiencia. Sin ella difícilmente estaremos cerca de Dios y difícilmente podremos vencer las dificultades que se oponen a su amor. Pero no debemos detenernos ahora en consideraciones teóricas, sino que hemos de descender al terreno de la realidad de la vida. Dar el paso que va desde el pensamiento a la voluntad, a la acción.

La mayor dificultad para vivir la vida de la gracia --esa participación de la naturaleza divina, que nos hace hijos de Dios--, en una buena parte de los casos está en los sentidos; por eso vamos a empezar por ahí. Los pecados de sensualidad que tanto daño hacen al alma comienzan, casi siempre, por los sentidos o por la imaginación. Dios ha puesto para guardar la santa pureza dos mandamientos --esto ya nos da una cierta idea de su importancia--, uno que mira al cuerpo y otro que mira al espíritu. En el sexto --No cometerás actos impuros-- se nos pide la pureza del cuerpo; y en el noveno, la del espíritu, en la mente y en el corazón, en la voluntad --No consentirás pensamientos ni deseos impuros—.

Algunos piensan que todo lo que se refiere al sexo es rechazado de plano por la doctrina de Jesucristo, pero andan lejos de la verdad, pues esto es absolutamente falso, porque Dios es el autor de la naturaleza humana y, por tanto, de la sexualidad, y ha instituido un sacramento, el Matrimonio, en el que el ejercicio de la sexualidad según la naturaleza se bendice y santifica.

Pero nótese bien que se dice en el matrimonio, porque fuera de él Dios lo reprueba como un mal. De modo que, delante de Dios, pretender quitarle importancia a la impureza diciendo que se trata de cosas naturales, de nada vale. Hay muchas cosas naturales que si no se usan adecuadamente se convierten en un mal por el desorden que suponen y por los daños que acarrean. Piénsese en la muerte o en la enfermedad, que no pueden ser más naturales y sin embargo la ciencia y los hombres nos empeñamos en combatirlas. Lo mismo puede decirse de la energía nuclear y de tantos adelantos de la técnica moderna que pueden utilizarse para el bien o para el mal. La distinción no es cuestión académica sino algo profundamente real que tiene su fundamento en la palabra de Dios y nos indica dónde está el bien y dónde el mal, con tanta claridad que basta acudir a los Mandamientos del Decálogo para disipar las dudas que pudieran surgir.

El ejercicio de la mortificación no lleva consigo la condenación de la carne que el Hijo de Dios se dignó asumir; al contrario, la mortificación mira por la «liberación del hombre» que con frecuencia se encuentra, por causa de la concupiscencia, casi encadenado, por la parte sensitiva de su ser (Pablo VI, Const. Apost. Poenitemini). Por eso conviene entender bien que la mortificación no tiene como campo exclusivo el terreno de la pureza. Donde quiera que el enemigo pretenda esclavizarnos hemos de presentarle la batalla.

Así, por ejemplo, convendrá mortificar la imaginación para que, por lo menos, no nos haga perder el tiempo. La pereza pretende hacernos abandonar el cumplimiento del deber: una buena mortificación es vencerla. Otro tanto se puede decir de la comida y de la bebida en las que con frecuencia nos dejamos llevar exclusivamente del gusto, sin darnos cuenta que con esa actitud nos olvidamos de Dios que ha de ser el objeto de nuestras preferencias. La Iglesia lo ha entendido siempre así, por eso en su tercer Mandamiento no se limita a aconsejar sino que ordena ayunar y abstenerse de comer carne determinados días del año. Su Santidad Juan Pablo II subraya además que, aunque mitigada desde hace algún tiempo «la disciplina penitencial de la Iglesia» no puede abandonarse sin grave daño (Exhort. Apost. sobre Reconciliación y penitencia, n.º 26. Publicada en esta misma Colección en los núms. 394-395) .

Hemos de acostumbrarnos a dominar los sentidos con la mortificación, no sólo para ser personas cabales sino también para amar más a Dios con el que deseamos compartir nuestra vida y con el que esperamos vivir en el Cielo.

lunes, septiembre 19, 2011

La predestinación

Autor: P. José Benabarre Vigo | Fuente: El Visitante

En sentido teológico, predestinación, “es la ordenación de la voluntad divina con que ab aeterno (desde toda la eternidad) tiene elegidos a los que, por medio de su gracia, han de ser salvados.

Una interpretación literal primera de esta definición indicaría que nuestro destino final -cielo o infierno- está ya determinado, hagamos lo que hagamos en nuestra vida. Por tanto, no debemos preocuparnos de nuestra salvación, pues, si estamos predestinados, iremos al cielo; de lo contrario, el infierno será nuestra eterna morada.

El lector culto advertirá enseguida que tal interpretación no sólo es deletérea, sino también falsa.

Dios nos creó a todos y por todos murió Cristo

Que Dios nos creó a todos para ser felices en este mundo y en el otro y que por todos murió Cristo, es una constante doctrina de la Iglesia. No es necesario probarla. Y que el infierno no fue creado para el hombre, sino para el diablo y para los que voluntariamente le siguen, tampoco. Nos lo enseña claramente Jesús (ver Mt 25, 31 ss). Como también es de fe que a todos se da la gracia suficiente para que, si lo quieren y cooperan, puedan salvarse.

Pero que existe la predestinación tal cual nos lo afirma claramente San Pablo en Romanos: “A los que había escogido, Dios los predestinó para ser imagen de su Hijo... A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó” (Rom 8, 28-30).

Nuestra libertad

La voluntad divina de salvarnos a todos es clara, como también lo es el que no nos fuerza a que la aceptemos. Nos brinda la salvación, pero no nos la impone. Es el don divino de la libertad y su buen uso el que, en último resultado, determina nuestra salvación. Y “buen uso” significa aquí que durante toda nuestra vida cumplimos bien nuestras obligaciones con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos. Y si fallamos, la buena confesión nos restituye la gracia. Y si en gracia de Dios nos coge la muerte, nuestra salvación está asegurada.

Sintámonos llamados

Pues la voluntad divina de salvarnos se manifestó claramente al adoptarnos como hijos en el Bautismo, hemos de procurar sentirnos llamados no sólo a la salvación, sino también a la santidad. Y es claro que no basta “sentirnos”; hemos de procurar con toda sinceridad y verdad que ese “sentimiento” se convierta en actos virtuosos que, en todo momento, correspondan a lo que Dios espera de nosotros.

Buenos cristianos

Al agradecimiento de haber sido llamados debe seguir un sincero esfuerzo para ser fieles a esa llamada.

Esa fidelidad puede tener grados tan diversos como el treinta, sesenta o cien; pero el esfuerzo debe ser real y el deseo tiene que ir en aumento; de lo contrario defraudaremos a Dios.

Nuestra hermandad universal nos pide que, además de preocuparnos de nosotros mismos, debemos ayudar también al prójimo a salvarse. Hay muchas formas de hacerlo. Y el Vaticano II nos recuerda que los cristianos que descuidan hacerlo “son inútiles para sí mismos y para la Iglesia” (AA 2).

sábado, septiembre 17, 2011

El sentido católico de la muerte

Icono de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo
Hermanos, que la paz de Cristo sea con ustedes. Estaba leyendo este artículo en el rotativo sanjuanero El Nuevo Día, titulado La muerte no existe en donde la autora, "coach de vida certificada" Ma Prem Bhama, afirma entre otras cosas, lo siguiente:
Como es natural, el llanto surge espontáneamente al hablar del ser que trascendió a un nuevo y mejor estado de conciencia y no podemos ver que esa persona está en su lugar de origen, está con el divino creador o en un estado de profunda calma esperando a renacer.
¿Por qué la muerte nos da tanto miedo? ¿Por qué nos duele tanto que un ser querido deje su cuerpo? Buda dijo que la raíz del sufrimiento es el apego. Hay que reconocer el apego, soltar y observar nuestros estados mentales para poder trabajar con cada uno de ellos: negación, coraje, frustración y aceptación.
Comentario. Bueno, da la casualidad que fuera del Judaísmo, la religión no-cristiana que más yo respeto es el budismo. Asumo que la dama Ma Prem Bhama es budista, lo cual también respeto. Para quien no conoce a Jesús de Nazaret en persona, el budismo le es atractivo y como dice San Juan, el Verbo es "la luz que ilumina a todo hombre" (Juan 1:9) en el budismo se pueden encontrar varias enseñanzas que son útiles, como lo son los del apego y despego que se encuentran también en los evangelios y en la tradición contemplativa cristiana de modo desarrollado. Así que el propósito de este escrito no es para criticar negativamente lo que propone la dama Ma Prem Bhama más bien es proponer el sentido cristiano de la muerte y describirlo brevemente. Para eso vamos al Catecismo de la Iglesia Católica donde encontramos lo siguiente:

  • 1005 Para resucitar con Cristo, es necesario morir con Cristo, es necesario "dejar este cuerpo para ir a morar cerca del Señor" (2 Co 5,8). En esta "partida" (Flp 1,23) que es la muerte, el alma se separa del cuerpo. Se reunirá con su cuerpo el día de la resurrección de los muertos (cf. SPF 28).


  • 1006 "Frente a la muerte, el enigma de la condición humana alcanza su cumbre" (GS 18). En un sentido, la muerte corporal es natural, pero por la fe sabemos que realmente es "salario del pecado" (Rm 6, 23;cf. Gn 2, 17). Y para los que mueren en la gracia de Cristo, es una participación en la muerte del Señor para poder participar también en su Resurrección (cf. Rm 6, 3-9; Flp 3, 10-11).


  • 1007 La muerte es el final de la vida terrena. Nuestras vidas están medidas por el tiempo, en el curso del cual cambiamos, envejecemos y como en todos los seres vivos de la tierra, al final aparece la muerte como terminación normal de la vida. Este aspecto de la muerte da urgencia a nuestras vidas: el recuerdo de nuestra mortalidad sirve también par hacernos pensar que no contamos más que con un tiempo limitado para llevar a término nuestra vida.


  • 1008 La muerte es consecuencia del pecado. Intérprete auténtico de las afirmaciones de la Sagrada Escritura (cf. Gn 2, 17; 3, 3; 3, 19; Sb 1, 13; Rm 5, 12; 6, 23) y de la Tradición, el Magisterio de la Iglesia enseña que la muerte entró en el mundo a causa del pecado del hombre (cf. DS 1511). Aunque el hombre poseyera una naturaleza mortal, Dios lo destinaba a no morir. Por tanto, la muerte fue contraria a los designios de Dios Creador, y entró en el mundo como consecuencia del pecado (cf. Sb 2, 23-24). "La muerte temporal de la cual el hombre se habría liberado si no hubiera pecado" (GS 18), es así "el último enemigo" del hombre que debe ser vencido (cf. 1 Co 15, 26).


  • 1009 La muerte fue transformada por Cristo. Jesús, el Hijo de Dios, sufrió también la muerte, propia de la condición h umana. Pero, a pesar de su angustia frente a ella (cf. Mc 14, 33-34; Hb 5, 7-8), la asumió en un acto de sometimiento total y libre a la voluntad del Padre.La obediencia de Jesús transformó la maldición de la muerte en bendición (cf. Rm 5, 19-21).


  • 1013 La muerte es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena según el designio divino y para decidir su último destino. Cuando ha tenido fin "el único curso de nuestra vida terrena" (LG 48), ya no volveremos a otras vidas terrenas. "Está establecido que los hombres mueran una sola vez" (Hb 9, 27). No hay "reencarnación" después de la muerte.


  • 1014 La Iglesia nos anima a prepararnos para la hora de nuestra muerte ("De la muerte repentina e imprevista, líbranos Señor": antiguas Letanías de los santos), a pedir a la Madre de Dios que interceda por nosotros "en la hora de nuestra muerte" (Ave María), y a confiarnos a San José, Patrono de la buena muerte.


  •  1021 La muerte pone fin a la vida del hombre como tiempo abierto a la aceptación o rechazo de la gracia divina manifestada en Cristo (cf. 2 Tm 1, 9-10). El Nuevo Testamento habla del juicio principalmente en la perspectiv a del encuentro final con Cristo en su segunda venida; pero también asegura reiteradamente la existencia de la retribución inmediata después de la muerte de cada uno con consecuencia de sus obras y de su fe. La parábola del pobre Lázaro (cf. Lc 16, 22) y la palabra de Cristo en la Cruz al buen ladrón (cf. Lc 23, 43), así como otros textos del Nuevo Testamento (cf. 2 Co 5,8; Flp 1, 23; Hb 9, 27; 12, 23) hablan de un último destino del alma (cf. Mt 16, 26) que puede ser diferente para unos y para otros.


  • 1022 Cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo, bien a través de una purificación (cf. Cc de Lyon: DS 857-858; Cc de Florencia: DS 1304-1306; Cc de Trento: DS 1820), bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del cielo (cf. Benedicto XII: DS 1000-1001; Juan XXII: DS 990), bien para condenarse inmediatamente para siempre (cf. Benedicto XII: DS 1002).
  • Quiero añadir a esta reflexión la última estrofa del Cántico de las Criaturas de San Francisco de Asís:

    Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar. Ay de aquellos que mueran en pecado mortal.
    Bienaventurados a los que encontrará en tu santísima voluntad porque la muerte segunda no les hará mal.
    Alaben y bendigan a mi Señor y denle gracias y sírvanle con gran humildad.
    Hermanos, no solamente la muerte existe, sino que también se muere una vez y después el juicio, como lo dijo el apóstol San Pablo. Y no solamente hay una muerte, hay dos y la segunda es peor que la primera, porque la segunda es la pérdida eterna de la visión de Dios, la posesión de Dios mismo, que es lo único que puede satisfacer nuestra ansia de felicidad eterna.

    Quien muere en Cristo, gana. No tiene por qué preocuparse. Quien muere sin la gracia de Dios por haberla rechazado libremente y con pleno conocimiento, encuentra la sanción eterna de Dios en la elección que hiciese en esta vida. Dios, como el caballero que es, reconoce el rechazo de su criatura.

    Las neurosis que nos agobian por el miedo que le tenemos a la muerte son innecesarias. La cura es la gracia de Cristo Jesús, nuestro Médico Divino. Cuando sepas de alguien que muere en Cristo no llores. Antes bien, grita ¡Aleluya! Porque como dice otra vez el apóstol Pablo, "sin con El morimos, con El viviremos."

    Despliegue dinámico ahora disponible en este blog

    Hermanos: que la paz sea con ustedes. Gracias a Google este blog ahora posee despliegues dinámicos. Estos despliegues son útiles si se accede a este blog mediante dispositivos portátiles como iPads. La foto de abajo captura el despliegue en modo de "mosaico." Les invito a acceder a los nuevos despliegues mediante este enlace que también se encontrará en el marginal izquierdo. Gracias a todos por su patrocinio.

    Vivificat - Despliegue en Mosaico

    jueves, septiembre 15, 2011

    Me solidarizo con los blóguers mexicanos asesinados por los Zetas

    Hermanos: Que la paz sea con ustedes. La cadena noticiosa estadounidense CNN informa sobre el brutal y cruento asesinato de blóguers por parte de sicarios de los carteles mexicanos de la droga. Los tortudados cuerpos sin vida de estos héroes que se atrevieron a documentar y criticar la diabólica sed de sangre de los sicarios de la banda criminal "Los Zetas" fueron mutilados y colgados de un puente en la ciudad norteña de Nuevo Laredo.

    Quiero declarar mi solidaridad con los asesinados colegas y orar por su descanso eterno, y oremos también por sus familias. Finalmente, oremos por la conversión y arrepentimiento de los sicarios y por el despunte de la paz en México. Por Jesucristo, Nuestro Señor, Amén.

    miércoles, septiembre 14, 2011

    Nuestra filiación divina: sus implicaciones

    Autor: P. Benigno Benabarre Vigo | Fuente: El Visitante

    Sabemos por revelación, que en la unicidad divina hay un Padre Dios, un Hijo Dios y un Espíritu Santo Dios. Encarnado en María, virgen, ese Hijo Dios se constituyó en hermano mayor nuestro al ser nosotros adoptados en el sacramento del Bautismo mediante la fórmula trinitaria: “Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”

    Sería bueno que reflexionáramos en la grandiosidad de esa consagración y adopción consiguiente -la mayor dignidad que el humano puede alcanzar.

    Obligaciones como hijos de Dios

    Siempre en lo humano y, con mayor razón, en lo divino, el buen hijo de Dios ha de amarle, obedecerle, servirle y estarle agradecido con todo su corazón, alma y fuerzas, en todo tiempo, lugar y circunstancia.

    Amar a Dios. Amar a los que nos han hecho algún bien es el primer sentimiento que nace en el corazón del bien nacido. Y ha de ser un amor práctico, un amor que se sacrifica, se complace en darlo a conocer y lo defiende y si es necesario, da su vida por él. Es lo que Cristo hizo por nosotros.

    Obedecer a Dios. El amor a Dios exige nuestra obediencia absoluta a todos sus mandatos. Decir que le amamos de veras y no obedecerle en todo es inconsistente. Y lo que Dios nos manda lo tenemos en la Biblia y en la voz viva de Dios, que es su Iglesia Católica, la única que Cristo fundó. Nuestra obediencia será sólo grata a Dios si todo lo hacemos con alegría y para complacerle. Así nos lo recuerda San Pablo.

    Servir a Dios. Dios nuestro Señor no nos necesita para nada -somos nosotros los que dependemos de Él. Nuestros servicios deben ser hechos al prójimo (sus otros hijos) con el mismo cuidado y amor con que lo haríamos al mismo Dios. Esto se funda en lo que nos manda San Juan: amar a Dios como Él nos amó, hasta morir en la cruz, si fuere necesario.

    Agradecer a Dios. La falta de agradecimiento a Dios es uno de los pecados más comunes. Por ejemplo: ¿”Bendecimos” todos los días nuestra comida y damos rendidas gracias a Dios por el alimento que nos proporciona? ¿Lo hacemos por rutina o con plena conciencia? Después de la comunión, ¿dedicamos varios minutos para dar gracias a Jesús por el extraordinario regalo de dignarse venir a nuestro corazón? ¿Cuántos, al terminar la Misa, salen de la iglesia inmediatamente y se ponen a conversar, teniendo aún al Jesús total “real, verdadera y sustancialmente en su interior”, como nos enseña la Iglesia? Es mucho lo que Dios nos exige pero si tenemos un poquito de fe, reconoceremos que nos promete mucho más de lo que vale nuestro servicio a EL.

    martes, septiembre 13, 2011

    Tertulia teológica: María es la Madre de Dios

    Autor: Jorge Rodríguez | Fuente: El Visitante

    En una reciente edición de El Visitante, el Padre Benito Aranda presenta una evaluación de dos cantos a la Virgen María. El primer canto es atribuido al Padre Aníbal Reyes Belén, fundador de los Esclavos de la Eucaristía y María Virgen.

    El Padre Aníbal muere a los 38 años de edad, después de haber ofrecido su vida a Dios en holocausto de amor, el 7 de octubre de 1985, fiesta de la Virgen del Santo Rosario. En el primer canto escuchamos: “Madre del divino pan, Madre de la Eucaristía. Madre que nos alimentas, eres tu Virgen María” .

    El Padre Aranda lo rechaza como herético. Su razonamiento es que no es la Virgen quien debe decir estas palabras sino Cristo, el Señor. Dice que es Cristo quien nos alimenta y nadie más. Recordemos el dogma de fe, refiriéndonos al Concilio de Efeso: “María es la Madre de Dios (Cristo en la Trinidad).

    Cristo establece en la Ultima Cena el sacramento de la Eucaristía donde afirma varias veces que es Él mismo el que está presente como Eucaristía viva y real. Luego María, que es Madre de Cristo y nos lo trajo al mundo, es como consecuencia Madre de la Eucaristía. ¿Cómo es posible que el Padre Aranda pueda decir que esto es herético?

    Estas aseveraciones crean gran confusión al dudar de la Santísima Madre como modelo nuestro. Cristo nos la dejó como Madre nuestra universal anunciada a San Juan al pie de la Cruz. Así nos la dejó como guía del verdadero camino que hemos de seguir hacia su Hijo.

    Los comentarios del Padre Aranda chocan con los que el Beato Juan Pablo II siempre expresó sobre María en su labor como corredentora. En estos tiempos de gran confusión no abonan a la fe y pueden entorpecer la buena labor de muchos católicos que desean fortalecer a la Iglesia verdadera.

    Examinemos el segundo canto: “Como a su madre acuden los hijos sin temor, venimos Madre a verte, a darte nuestro amor. Siguiendo tus caminos llegamos a Jesús. Entre nosotros Madre, todo lo hiciste tú”. La procedencia de este segundo canto la desconozco. El Padre Aranda lo atribuye al gran Padre Gabaraín, autor de bellos himnos de nuestra Iglesia con quien tuve la dicha de hablar por teléfono antes de su fallecimiento. Habría que analizar en detalle este cántico y su procedencia para hacer una determinación.

    - El artículo original del Padre Benito al cual este responde también puede leerse en Vivificat, aquí.

    domingo, septiembre 11, 2011

    El Papa recuerda 11 de septiembre: Nada justifica el terrorismo

    Fuente: ACIPrensa

    Papa Benedicto XVI envió una carta al Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), Mons. Timothy Dolan, en la que asegura que nada justifica el terrorismo y eleva sus oraciones por las víctimas de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, al conmemorarse el 10° aniversario de estos trágicos hechos.

    En la misiva dada a conocer esta mañana por la Santa Sede, el Papa escribe al Arzobispo de Nueva York que "en este día mis pensamientos se vuelcan a los sombríos eventos del 11 de septiembre de 2001, cuando muchas vidas inocentes se perdieron en el brutal ataque a las torres gemelas del World Trade Center y los subsiguientes ataques en Washington D.C. y Pennsylvania".

    Por ello, dice el Santo Padre, "me uno a usted al encomendar a las miles de víctimas a la infinita misericordia de Dios Todopoderoso y al pedir a nuestro Padre celestial que consuele a aquellos que lloran la pérdida de sus seres queridos".

    "La tragedia de ese día se ve agravada por la afirmación de los perpetradores de haber actuado en el nombre de Dios. Una vez más, tiene que quedar inequívocamente claro que ninguna circunstancia puede justificar actos de terrorismo".

    Benedicto XVI explica luego que "toda vida humana es preciosa a los ojos de Dios y ningún esfuerzo debe ahorrarse en el intento por promover en todo el mundo un genuino respeto por los derechos inalienables y la dignidad de los individuos en todo lugar".

    "El pueblo estadounidense –prosigue– debe ser felicitado por el coraje y generosidad que mostraron en las operaciones de rescate y por su resistencia al seguir adelante con esperanza y confianza".

    El Papa señala finalmente que "rezo fervientemente por un compromiso firme para con la justicia y una cultura global de solidaridad que ayuden al mundo ante el dolor que con frecuencia generan los actos de violencia, y que ambos generen las condiciones para una mayor paz y prosperidad ofreciendo un futuro más claro y seguro".

    Como parte de los actos que el Vaticano está organizando en recuerdo de las víctimas de los atentados, la Misión Permanente de la Santa Sede ante la ONU en Nueva York celebra hoy una Misa en la Catedral de St. Patrick a las 5:30 p.m. que será presidida por el Arzobispo Francis Chullikatt, Nuncio ante este organismo.

    Las tragedia del 11-9

    El 11 de septiembre de 2001 el grupo terrorista Al Qaeda secuestró dos aviones comerciales en Estados Unidos. Dos de ellos se estrellaron contra la Torres Gemelas en el World Trade Center provocando la completa destrucción de estos edificios.

    Los terroristas secuestraron otros dos aviones, uno de los cuales impactó en una de las paredes del Pentágono en Virginia, y el otro ese estrelló en campo abierto.

    Como resultado de los atentados murieron unas de 3 mil personas y otras 6 mil resultaron heridas.

    El lugar en donde estaban estos edificios ha sido rebautizado desde entonces como Zona Cero, adonde llegó el Papa Benedicto XVI, en su viaje de abril de 2008, para rezar por las víctimas de estos trágicos sucesos.

    Antes de realizar su viaje a Estados Unidos, el Santo Padre había hecho un pedido explícito para que ese momento de oración en la zona del desastre hiciese parte del programa oficial en la visita a este país y a la sede de la ONU en Nueva York

    Comentario. Este décimo aniversario de estos salvajes ataques me encuentran en el lugar en donde se planificaron y como consecuencia de ellos. Por eso, me encuentro en una circunstancia especial y mi punto de vista ha sido afectado profundamente por ello.

    Hermanos, les digo que la fuerza militar justa solamente puede detener la maldad más obvia y descarada. Pero nunca será suficiente para corregir el mal que fluye de los pecados capitales individuales y en agregado. La verdadera guerra es una invisible, contra las huestes diabólicas que buscan nuestra destrucción espiritual. Esa guerra se gana de rodillas en oración, sacrificio y penitencia. De hecho, esa guerra está ganada ya por la victoria de Cristo en la cruz. Nos queda entonces reclamar esa victoria.

    Hermanos, hoy que recordamos este día aciago, recordemos las vidas sacrificadas por aquellos que han muerto o han sido heridos por causa de nuestra defensa. Oremos también por sus familias y allegados. Oremos por nuestras comunidades y por nuestros países, para que todos nos sepamos apropiar de la paz de Cristo, la paz que trasciende todo entendimiento. Amén.

    miércoles, septiembre 07, 2011

    “El olor del barril”: La influencia del subconsciente en la personalidad

    P. Nicolás Schwizer

    La influencia del subconsciente en la personalidad Las impresiones guardadas en el subconsciente no siempre quedan allí. En determinados momentos afloran a la superficie de nuestra conciencia e influyen sobre la personalidad. Esto se da por dos razones:

    Por asociación. En mi subconsciente tengo p.ej. ofensas no digeridas que se juntaron durante muchos años. Si de repente me ofenden de nuevo o incluso lo hace la misma persona, mi subconsciente la asocia con las ofensas anteriores y todo junto aflora en mi conciencia y cae como una montaña sobre mí.

    Por sobrecarga. Cuando las exigencias impuestas a mi conciencia son muy pesadas, el subconsciente se hace notar menos. Pero apenas ceda la presión ejercida sobre mi conciencia, pueden reaparecer con más fuerza las imágenes del subconsciente. Es como con un tonel. Aunque se le agregue agua a gotas, no bien está lleno, se volcará. Esto se da p.ej. en situaciones de cansancio o agotamiento.

    El subconsciente influye decisivamente en el desarrollo y actuar del hombre. Podemos distinguir dos posibilidades de intervención del subconsciente:

    1. La función positiva, integradora. La clave está en las vinculaciones afectivas profundas del padre y de la madre. Marcan al niño para toda su vida, crean en su subconsciente una predisposición positiva y una seguridad instintiva. La madre está formando la vida inconsciente del hijo ya cuando está todavía en su seno. Así nos damos cuenta de cuán importantes son las primeras impresiones que recibimos de niños.

    Explica el P. Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt: “Sucede como con un barril. Mantiene el olor de aquello con lo que fue llenado primero. Así, las primeras impresiones no pueden ser borradas del alma de la persona, si bien, tampoco las posteriores. Pero las primeras son tan decisivas para toda la vida, porque todas las siguientes imágenes e impresiones son asociadas, relacionadas con las primeras imágenes”.

    Las primeras impresiones determinan la dirección de nuestra vida afectiva y la vida subconsciente del alma. Y nos damos cuenta también qué importante es preservar a nuestros hijos de las impresiones perniciosas y malsanas en su afectividad y fantasía.

    A estas vinculaciones primarias del niño a la madre y al padre se agregan después las vinculaciones a los hermanos y a otras personas, como también el arraigo en lugares e ideas. Así se forma todo un sano organismo de vinculaciones en el cual el ser humano se siente cobijado, protegido y aceptado.

    2. Las impresiones negativas. Pueden llevar a una desintegración de la personalidad humana: son aquellas impresiones no elaboradas o digeridas. Son la causa de nuestras inhibiciones, complejos, traumas y otras enfermedades neuróticas. Incluso pueden desembocar en enfermedades físicas. Hay una multitud de enfermedades corporales debidas, en último término, a enfermedades del alma.

    Tenemos que dedicar tiempo y fuerzas a esa transformación profunda de nuestra vida subconsciente. Es importante elaborar esas cosas, cuando aún somos jóvenes. Más adelante, al ir perdiendo nuestra fuerza creadora, aquello que no recuperamos ahora se convertirá en un bumerang que ya no podremos dominar.

    Ahora, ¿qué tipo de experiencias no digeridas podríamos encontrar en nuestro interior? Pueden ser cosas que remontan a nuestra niñez: falta de amor o comprensión, un rechazo, experiencias sexuales traumáticas. Tal vez hemos recibido heridas interiores que nos sangran. O sufrimos decepciones y desengaños de parte de otras personas. Quizás grandes esperanzas nuestras se frustraron y quedamos amargados. Muchas veces nos han tratado injustamente y por eso nos volvimos vengativos. O puede ser que me tocaron a mí o algún familiar en el honor y sigo resentido o con rencor. Todas estas cosas duelen en el alma y deben dolernos. No somos ni queremos ser superhombres, que aprietan los dientes y tragan todo convulsivamente. Todas esas impresiones generan, además, reacciones. Y esas reacciones son, no pocas veces, exageradas y desmedidas.

    Preguntas para la reflexión

    1. ¿Soy consciente que mi hijo (a) está "grabando" en su interior todas las vivencias familiares?

    2. ¿Cómo podemos aumentar las vivencias afectivas en la familia?

    3. ¿Con qué "llenamos el barril"?

    martes, septiembre 06, 2011

    Detienen en Cuba a líder de Damas de Blanco

    Hermanos, esto de acuerdo a ACIPrensa:
    Fuentes de la disidencia denunciaron que Laura Pollán, líder de las Damas de Blanco, junto a otras mujeres y damas de apoyo, fueron detenidas este domingo en varias localidades de la provincia de Matanzas (Cuba), cuando iban a Misa. 
    "Es algo muy lamentable que no podamos nosotras caminar por las calles de nuestro país e ir a la iglesia a participar de la Misa", expresó la dama de blanco Berta Soler al denunciar la detención de un grupo de mujeres en la localidad de Cárdenas.
    Por su parte, Radio Martí informó el domingo que la activista de derechos humanos Leticia Ramos Herreria, una de las damas de apoyo, permanece bajo arresto domiciliario en su casa.
    Según Cuba Encuentro, el expreso político Héctor Maseda dijo que no se conoce el paradero de las mujeres arrestadas en Cárdenas. Además, indicó, se detuvo a otro grupo de damas de blanco y de apoyo en la localidad de Colón cuando se dirigían a la iglesia.
    Comentario. En Cuba lo que quieren es respirar sin tener que pedirle permiso a la oligarquía. Quieren comer un poquito más y mejor que lo que le dan en las raciones y trabajar ganando el justo sustento y no lo que dicte un aparatchik. Quieren pensar y contribuir que es lo mejor que le conviene al país sin temor a que la policía secreta los secuestre y encierre por días para amedrentarlos y castigarlos. En fin, que buscan el fin no-violento de la llamada "revolución" por putrefacción, no revuelta. Pero el régimen del Gran Macho no les deja. Para la dictadura es todo o nada. Prefieren que su país se reviente a reconocer que durante 50 años todo lo han hecho mal.

    Los marxistas piensan que los seres humanos, palitos débiles que somos, podemos construir un edificio grande, sólido y robusto, con tal que contemos con los planes correctos, los trabajadores necesarios, y el capataz eficiente. Como su antropología es falsa, sus conclusiones son falsas. Para ser una ideología diz que "científica," la evidencia aglomerada por 50 años de desastre todavía no les convence.

    Oremos por las Damas de Blanco, por el pueblo cubano y sí, por la oligarquía gobernante. Oremos para que todos salgan del hoyo sin matarse o amedrentarse y para que su país pueda levantarse y caminar otra vez en la senda de la libertad.

    domingo, septiembre 04, 2011

    Haikú al otoño


    ¡Cómo añoro
    mi niña - el otoño
    infundirá paz!

    viernes, septiembre 02, 2011

    Bloguipausa en efecto

    Hermanos, que la paz este con ustedes. Este fin de semana feriado en los EE.UU. me lo quiero tomar libre yo también del menester de bloguería. Disfruten su fin de semana largo –aquellos que lo tengan- y recuerden en sus oraciones y pensamientos a quienes estamos lejos de hogar y patria luchando por un mundo mejor.

    jueves, septiembre 01, 2011

    Oración de Perdón

    Autor: P. Roberto De Grandis | Fuente: Catholic.net

    Señor Jesucristo, hoy te pido la gracia de poder perdonar a todos los que me han ofendido en mi vida.

    Sé que Tú me darás la fuerza para perdonar.

    Te doy gracias porque Tú me amas y deseas mi felicidad más que yo mismo.

    "Señor Jesucristo, hoy quiero perdonarme por todos mis pecados, faltas y todo lo que es malo en mí y todo lo que pienso que es malo.

    Señor, me perdono por cualquier intromisión en ocultismo, usando tablas de uija, horóscopos, sesiones, adivinos, amuletos, tomado tu nombre en vano, no adorándote; por herir a mis padres, emborracharme, usando droga, por pecados contra la pureza, por adulterio, aborto, robar, mentir.

    Me perdono de verdad. Señor, quiero que me sanes de cualquier ira, amargura y resentimiento hacia Ti, por las veces que sentí que Tú mandaste la muerte a mi familia, enfermedad, dolor de corazón, dificultades financieras o lo que yo pensé que eran castigos. ¡Perdóname, Jesús, Sáname!

    Señor, perdono a mi madre por las veces que me hirió, se resintió conmigo, estuvo furiosa conmigo, me castigó, prefirió a mis hermanos y hermanas a mí, me dijo que era tonto, feo, estúpido o que le había costado mucho dinero a la familia, o cuando me dijo que no era deseado, que fui un accidente, una equivocación o no era lo que quería.

    Perdono a mi padre por cualquier falta de apoyo, falta de amor, o de afecto, falta de atención, de tiempo, o de compañía, por beber, por mal comportamiento, especialmente con mi madre y los otros hijos, por sus castigos severos, por desertar, por estar lejos de casa, por divorciarse de mi madre, por no serle fiel.

    Señor, perdono a mis hermanos y hermanas que me rechazaron, dijeron mentiras de mí, me odiaron, estaban resentidos contra mí, competían conmigo por el amor de mis padres; me hirieron físicamente o me hicieron la vida desagradable de algún modo. Les perdono, Señor.

    Señor, perdono a mi cónyuge por su falta de amor, de afecto, de consideración, de apoyo, por su falta de comunicación, por tensión, faltas, dolores o aquellos otros actos o palabras que me han herido o perturbado.

    Señor, perdono a mis hijos por su falta de respeto, obediencia, falta de amor, de atención, de apoyo, de comprensión, por sus malos hábitos, por cualquier mala acción que me puede perturbar.

    Señor, perdono a mi abuela, abuelo, tíos, tías y primos, que hayan interferido en la familia y hayan causado confusión, o que hayan enfrentado a mis padres.

    Señor, perdono a mis parientes políticos, especialmente a mi suegra, mi suegro, perdono a mis cuñados y cuñadas.

    Señor, hoy te pido especialmente la gracia de perdonar a mis yernos y nueras, y otros parientes por matrimonio, que tratan a mis hijos sin amor.

    Jesús, ayúdame a perdonar a mis compañeros de trabajo que son desagradables o me hacen la vida imposible. Por aquellos que me cargan con su trabajo, cotillean de mí, no cooperan conmigo, intentan quitarme el trabajo. Les perdono hoy.

    También necesito perdonar a mis vecinos, Señor. Por el ruido que hacen, por molestar, por no tener sus perros atados y dejar que pasen a mi jardín, por no tener la basura bien recogida y tener el vecindario desordenado; les perdono.

    Ahora perdono a mi párroco y los sacerdotes, a mi congregación y mi iglesia por su falta de apoyo, mezquindad, falta de amistad, malos sermones, por no apoyarme como debieran, por no usarme en un puesto de responsabilidad, por no invitarme a ayudar en puestos mayores y por cualquier otra herida que me hayan hecho; les perdono hoy.

    Señor, perdono a todos los profesionales que me hayan herido en cualquier forma, médicos, enfermeras, abogados, policías, trabajadores de hospitales. Por cualquier cosa que me hicieron; les perdono sinceramente hoy.

    Señor, perdono a mi jefe por no pagarme lo suficiente, por no apreciarme, por no ser amable o razonable conmigo, por estar furioso o no ser dialogante, por no promocionarme, y por no alabarme por mi trabajo.

    Señor, perdono a mis profesores y formadores del pasado así como a los actuales; a los que me castigaron, humillaron, insultaron, me trataron injustamente, se rieron de mí, me llamaron tonto o estúpido, me hicieron quedar castigado después del colegio.

    Señor, perdono a mis amigos que me han decepcionado, han perdido contacto conmigo, no me apoyan, no estaban disponibles cuando necesitaba ayuda, les presté dinero y no me lo devolvieron, me criticaron.

    Señor Jesús, pido especialmente la gracia de perdonar a esa persona que más me ha herido en mi vida. Pido perdonar a mi peor enemigo, la persona que más me cuesta perdonar o la persona que haya dicho que nunca la perdonaría. "Gracias Jesús, porque me estás liberando del mal de no perdonar y pido perdón a todos aquellos a los que yo también he ofendido.

    Gracias, Señor, por el amor que llega a través de mí hasta ellos. Amén.