jueves, junio 30, 2011

Gestión del legislador católico

Autora: Julia López | Fuente: El Visitante


En la carta pastoral que proclama a Santo Tomás Moro como patrono de los gobernantes y de los políticos, el beato Juan Pablo II ratifica “la necesidad que siente el mundo político y administrativo de modelos creíbles que muestren el camino de la verdad en momentos de arduos desafíos y graves responsabilidades”.

Acorde con este pensamiento, la pasada semana presentamos a nuestros lectores la misión de los legisladores identificados como católicos y sus funciones en el Capitolio.

Es propicio señalar que el Magisterio de la Iglesia reitera el compromiso de los servidores públicos para mantener inalterables los valores morales que son la base de un buen ciudadano, un buen cristiano y un buen católico. Veamos.

José Hernández Mayoral

Partido Popular Democrático (PPD)

Consciente de que no pretende convertirse en un portavoz de la Iglesia Católica en la Legislatura, el senador por acumulación Hernández Mayoral sí admitió haber objetado proyectos que violentan los valores religiosos, al mismo tiempo que reconoció la separación entre la Iglesia y el Estado.

Prueba de ello es su firme posición en contra del aborto y el matrimonio homosexual.

“Si tengo ante mí una medida de esta índole, voy a votar en contra. Por ejemplo, me he cuidado de no radicar proyectos que beneficien a personas divorciadas porque como católico, no creo en el divorcio”, expresó Hernández Mayoral durante la entrevista que se realizó en su oficina en el Capitolio y donde observamos una fotografía en la que comparte con el Beato Juan Pablo II.

Entre las últimas iniciativas impulsadas por Hernández Mayoral destacan aquellas referentes a temas de seguridad y en beneficio del Cuerpo de Bomberos y la Policía de Puerto Rico.

Mientras, casi una docena de sus obras legislativas del último trimestre responden a reconocimientos y homenajes a personalidades destacadas en la Isla.

Roberto Arango Vinet

Partido Nuevo Progresista (PNP)

El senador por el Partido Nuevo Progresista es el autor de la Ley 269 que declara el cuarto lunes de septiembre como el “Día de la Familia a la Mesa”. Según Arango Vinet, el reconocimiento de este día representa una oportunidad para los padres de acercarse a sus hijos y entender los retos que éstos enfrentan en sus vidas.

“Esto es un ejemplo de cómo se puede legislar dentro de la fe, cosas que no son necesariamente religiosas pero que promueven los valores”, comentó.

Para el senador penepé es primordial tener un justo balance entre la vivencia de fe y su labor legislativa.

“Aunque represento, como funcionario electo, personas más allá de la religión católica, dentro de mi forma de legislar, siempre mantengo los cimientos que me enseñaron desde pequeño y que están arraigados en el catolicismo. No significa que me encajone en una sola cosa, pero tus principios son tus principios. Lo que a veces legislas no es para un grupo, sino para más personas por lo que tienes que tener en consideración esas cosas”, añadió.

Arango Vinet ha sido propulsor de varias actividades políticas para promover el diálogo interreligioso en el País.

Antonio Fas Alzamora

(PPD)

En el marco de la beatificación de Juan Pablo II el senador Fas Alzamora dijo a El Visitante que es un buen momento para que el Departamento de Obras Públicas finalmente bautice con el nombre del Papa, un conector entre el peaje Buchanan en Bayamón y el Expreso Las Américas.

Este es un proyecto de su autoría que fue convertido en ley durante el cuatrienio pasado. “Lo hice porque es el único Papa que ha visitado Puerto Rico y precisamente en la época que vino no existía esa avenida. Allí se dio la mayor concentración de personas”, comentó Fas Alzamora.

El senador también es el creador de la medida que declara el Domingo de Resurrección como día feriado porque según éste “el cristianismo existe porque Cristo resucitó. Si no hubiese resucitado sería otra religión, más no el Hijo de Dios”.

Si bien es firme en sus convicciones cristianas, él procura ser imparcial en su vida política. “Lo que he hecho es analizar genéricamente los proyectos que de alguna forma toquen los valores religiosos y donde incluyen a católicos, pero también a protestantes”, expresó el legislador.

Fas Alzamora no favorece las uniones de hecho entre parejas homosexuales y considera que el matrimonio, según lo determinó el Divino Creador, no debe estar sujeto a la formulación de legislación, pues ya está contemplado en el Código Civil.

Migdalia Padilla Alvelo

(PNP)

Sus expresiones en oposición a las prácticas abortistas y a las reclamaciones de las personas del mismo sexo a contraer matrimonio generaron duras críticas por parte de la comunidad homosexual del País. Aún así, la senadora Padilla Alvelo ha sido fiel a sus principios.

“[…] se dice que tiene que haber separación entre Iglesia y Estado y yo entiendo que ni el Estado puede estar solo, ni la Iglesia tampoco. Creo que todo el mundo tiene que trabajar porque la calidad de vida de nuestro País se está deteriorando y los problemas no se pueden traer segmentados. Tenemos que, de alguna manera, aceptarnos tal y cual somos, respetando las diferencias individuales pero a la misma vez siendo portavoces de lo que tú entiendes que puedes aportar al País”, comentó desde su oficina en el Capitolio.

Durante su extensa labor como servidora pública la Presidenta de la Comisión de Hacienda ha mostrado su rechazo a iniciativas como la eutanasia y el aborto.

“Han habido decisiones que me han traído problemas. Como católica me creó mucha contradicción el debate de si los familiares de enfermos podían tomar la decisión de parar una vida. Pienso que la vida me la da Dios y es quien único que me la puede quitar. Esto hizo que votara en contra”, explicó Padilla Alvelo.

Aparte de sus labores en la comisión, la senadora ha estado inmersa en iniciativas en beneficio de las personas del tercer sector.

miércoles, junio 29, 2011

Celebramos hoy la fiesta de los Santos Pedro y Pablo

¡Hoy es el día de mi santo!

Tan atrás como en el siglo cuarto se celebraba una fiesta en memoria de los Santos Pedro y Pablo en el mismo día, aunque el día no era el mismo en Oriente que en Roma. El Martirologio Sirio de fines del siglo cuarto, que es un extracto de un catálogo Griego de santos del Asia Menor, indica las siguientes fiestas en conexión con la Navidad (25 de diciembre): 26 dic. San Estéban; 27 dic. Santos Santiago y Juan; 28 dic. Santos Pedro y Pablo.

La fiesta principal de los Santos Pedro y Pablo se mantuvo en Roma el 29 de junio tan atrás como en el tercero o cuarto siglo. La lista de fiestas de mártires en el Cronógrafo de Filócalo coloca esta nota en la fecha - "III. Kal. Jul. Petri in Catacumbas et Pauli Ostiense Tusco et Basso Cose." (=el año 258) . El "Martyrologium Hieronyminanum" tiene, en el Berne MS., la siguiente nota para el 29 de junio: "Romae via Aurelia natale sanctorum Apostolorum Petri et Pauli, Petri in Vaticano, Pauli in via Ostiensi, utrumque in catacumbas, passi sub Nerone, Basso et Tusco consulibus" (ed. de Rossi--Duchesne, 84).

La fecha 258 en las notas revela que a parir de ese año se celebraba la memoria de los dos Apóstoles el 29 de junio en la Vía Apia ad Catacumbas (cerca de San Sebastiano fuori le mura), pues en esta fecha los restos de los Apóstoles fueron trasladado allí (ver arriba). Más tarde, quizá al construirse la iglesia sobre las tumbas en el Vaticano y en la Vía Ostiensis, los restos fueron restituidos a su anterior lugar de descanso: los de Pedro a la Basílica Vaticana y los de Pablo la iglesia en la Vía Ostiensis.

En el sitio Ad Catacumbas se construyó, tan atrás como en el siglo cuarto, una iglesia en honor de los dos Apóstoles. Desde el año 258 se guardó su fiesta principal el 29 de junio, fecha en la que desde tiempos antiguos se celebraba el Servicio Divino solemne en las tres iglesias arriba mencionadas (Duchesne, "Origines du culte chretien", 5ta ed., París, 1909, 271 sqq., 283 sqq.; Urbano, "Ein Martyrologium der christl. Gemeinde zu Rom an Anfang des 5. Jahrh.", Leipzig, 1901, 169 sqq.; Kellner, "Heortologie", 3ra ed., Freiburg, 1911, 210 sqq.). La leyenda procuró explicar que los Apóstoles ocupasen temporalmente el sepulcro Ad Catacumbas mediante la suposición que, enseguida de la muerte de ellos los Cristianos del Oriente deseaban robarse sus restos y llevarlos al Este. Toda esta historia es evidentemente producto de la leyenda popular.

Una tercera festividad de los Apóstoles tiene lugar el 1 de agosto: la fiesta de las Cadenas de San Pedro. Esta fiesta era originariamente la de dedicación de la iglesia del Apóstol, erigida en la Colina Esquilina en el siglo cuarto. Un sacerdote titular de la iglesia, Filipo, fue delegado papal al Concilio de Éfeso en el año 431. La iglesia fue reconstruida por Sixto II (432) a costa de la familia imperial Bizantina. La consagración solemne pudo haber sido el 1 de agosto, o este fue el día de la dedicación de la anterior iglesia. Quizá este día fue elegido para sustituir las fiestas paganas que se realizaban el 1 de agosto. En esta iglesia, aún en pié (S. Pietro en Vincoli), probablemente se preservaron desde el siglo cuarto las cadenas de San Pedro que eran muy grandemente veneradas, siendo considerados como reliquias apreciadas los pequeños trozos de su metal.

De tal modo, la iglesia desde muy antiguo recibió el nombre in Vinculis, convirtiéndose la fiesta del 1 de agosto en fiesta de las cadenas de San Pedro (Duchesne, op. cit., 286 sqq.; Kellner, loc. cit., 216 sqq.). El recuerdo de ambos Pedro y Pablo fue más tarde relacionado con dos lugares de la antigua Roma: la Vía Sacra, en las afueras del Foro, adonde se decía que fue arrojado al suelo el mago Simón ante la oración de Pedro y la cárcel Tullianum, o Carcer Mamertinus, adonde se supone que fueron mantenidos los Apóstoles hasta su ejecución.

También en ambos lugares se erigieron santuarios de los Apóstoles y el de la cárcel Mamertina aún permanece en casi su estado original desde la temprana época Romana. Estas conmemoraciones locales de los Apóstoles están basadas en leyendas y no hay celebraciones especiales en las dos iglesias. Sin embargo, no es imposible que Pedro y Pablo hayan sido confinados en la prisión principal de Roma en el fuerte del Capitolio, de la cual queda como un resto la actual Carcer Mamertinus.

- Fuente: ACIPrensa

domingo, junio 26, 2011

Celebramos hoy la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

(en la Arquiduiócesis para los Servicios Militares de los EE.UU)


Bendito, bendito, bendito sea Dios;
los ángeles cantan y alaban a Dios. (bis)

Creo, Jesús mío, que estás en el altar;
oculto en la Hostia, te vengo a adorar. (bis)

Por amor al hombre moriste en una cruz

y al ara desciendes por nuestra salud. (bis)

Es la Santa Hostia un celestial manjar;
el que bien lo coma jamás morirá. (bis)

Adoro en la Hostia el Cuerpo de Jesús,
—su Sangre Preciosa, que dio por mí en la Cruz. (bis)

Bendito el que viene en Nombre del Señor;
Hosanna en el cielo, Hosanna. (bis)

sábado, junio 25, 2011

"Por qué me opongo al 'matrimonio' entre personas del mismo sexo"

Hermanos, mi colega Daniel O'Connor, un joven de 24 años oriundo del estado de Nueva York, publicó esta entrada en su blog que refleja mi pensar exactamente y ahora la traduzco del inglés para beneficio de ustedes:

¿Por qué me opongo con tanta fuerza al 'matrimonio' entre personas del mismo sexo?

¿Porque es una afrenta a la institución del matrimonio? Sí, pero no sólo por eso, ya que la institución del matrimonio ha sido demolida por nuestra sociedad moderna y sin Dios.

¿Porque lo más seguro es que terminará forzándome a participar de algún modo como ciudadano de esta nación? Sí, pero no sólo por eso, ya que esto listo y dispuesto a que me persigan por mis creencias.

¿Porque vivo en una democracia y la mayoría de mis conciudadanos se oponen al 'matrimonio' entre personas del mismo sexo? Sí, pero no sólo por eso, ya que yo apoyo muchas cosas que mis conciudadanos oponen y me opongo a muchas a las que mis conciudadanos se oponen.

¿Porque es una cuesta resbaladiza que puede desembocar en la legalización de la poligamia, del incesto, etc.? Sí, pero no sólo por eso, ya que eso sería como decir que oponerse al aborto lleva al uso de condones (La sodomía es un mal superior).

¿Porque lo más seguro es que lleve a más enfermedades y la devastación económica del país? Sí, pero no sólo eso, ya que estas consecuencias son más bien pequeñas comparadas con lo que me importa realmente.

En verdad, me opongo al 'matrimonio' entre personas del mismo sexo porque amo a los homosexuales. Porque no quiero ver otro incitamiento (que es lo que esto sería, un endoso legal a ese comportamiento) para que ellos permanezcan en ese estilo de vida perdido o que para otros jóvenes lo sigan. Es un modo de vida que rasga sus almas, hace de la depresión algo rampante y motiva el suicidio en un grado astronómico. Para que el gobierno bendiga sus unions con el 'matrimonio' entre personas del mismo sexo es decir "Vengan y participen de este banquete ya que no hay nada malo en ello. Vengan y apacigüen sus pasiones y ríndansen a sus tentaciones, que nosotros bendeciremos sus esfuerzos. Vengan y cosechen el fruto de sus acciones, para que pasen la eternidad con nosotros." En otras palabras, me opongo al matrimonio entre personas del mismo sexo porque convierte al gobierno en un vocero de Satanás.

¿Es esto 'teocrático' de mi parte? ¿Estoy violando "la separación entre la iglesia y el estado? Etiquétame como se te antoje. Mi postura es una de amor, en obediencia al Todopoderoso a través de su Iglesia, y nunca cambiará.

Bravo y perfecto por el joven Daniel, cuya adultez en el espíritu sobrepasa a los de muchos jóvenes de su edad y definitivamente, a todos aquellos de su edad, o más jóvenes o más viejos, que apoyan enmarcar los actos contra la naturaleza en el reconocimiento legal y social. Bravo, y que Dios bendiga a Daniel y a los hombres y mujeres como él.

  • Visiten el blog de Dan O’Connor aquí.

jueves, junio 23, 2011

¿Qué es una herejía?

Se opone inmediata, directa y contradictoriamente a la verdad revelada por Dios y propuesta auténticamente como tal por la Iglesia

Fuente: Catholic.net

Jesucristo al instituir su Iglesia sobre Pedro le confiere el poder total y lo hace árbitro de la doctrina, que es la línea medular de la fe, sobre la cual funciona la vida de la Iglesia a través de los siglos.

Herejía: es una doctrina que se opone inmediata, directa y contradictoriamente a la verdad revelada por Dios y propuesta auténticamente como tal por la Iglesia.

La palabra "herejía" proviene de la lengua griega y encierra el concepto de error, desviación o enseñanzas de doctrinas que van contra un programa de fe, ya estructurado, o bien sometido a examen y finalmente aprobado con una definición de base inmutable. Desde el tiempo de los apóstoles abundaron las herejías: unas negaban la divinidad de Jesucristo, otras su humanidad y otras amalgamaban la doctrina cristiana con otras religiones, etc.

Durante toda la época de las persecuciones oficiales surgieron herejías, la mayoría provenían de los mismos cristianos descontentos y algunas de los paganos. Tampoco faltaron los defensores de la fe verdadera y exponían, al mismo tiempo, la doctrina bíblica enseñada por la Iglesia.

Apenas terminadas las persecuciones a principios del siglo IV, la Iglesia, como institución, gozó oficialmente de plena libertad y fue, entonces, cuando aparecieron las llamadas grandes herejías; las llamaron grandes por la extensión que cubrieron a lo largo y ancho del imperio romano, que paulatinamente iba cristianizándose, y también por el número de sus seguidores que se enrolaban en sus filas, sin excluir sacerdotes y obispos.

El acto de herejía es un juicio erróneo de la inteligencia. Si el juicio erróneo no se refiere a la regla de la fe, sino al objeto material de la fe, no se trata de actos de herejía.

Entre todos los pecados de infidelidad, la herejía es el más grave, porque supone un conocimiento más completo de la regla de la fe y de las verdades que hay que creer. Esta gravedad es probada por la palabra de Jesucristo, mandando a sus apóstoles a predicar el Evangelio: "Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a todas las criaturas; el que crea y sea bautizado se salvará, el que no crea será condenado" (Marc 16,15).

El hereje ha sido definido así en el código del Derecho Canónico: "Si alguien después de haber recibido el bautismo, aun conservando el nombre de cristiano, niega con obstinación o pone en duda algunas de las verdades de la fe divina que hay que creer, este católico es hereje".

Los castigos que recaen sobre los herejes están expuestos en el mismo Código:

"Todos los que apostatan la fe cristiana, todos los herejes y cismáticos y cada uno de ellos:

1) Incurren por el hecho mismo en la excomunión.

2) Si no se arrepienten después de una advertencia, serán privados de todos los beneficios, dignidades, pensiones, oficios u otros cargos que tuvieran en la Iglesia. Serán declarados infames, y los clérigos, después de una segunda amonestación canónica, son, por sólo este hecho, tachados de infamia, etc.; los clérigos, después de una segunda amonestación canónica sin ningún resultado, serán degradados".

La absolución a los herejes provoca dificultades por razón del rito. El Código resume brevemente las disposiciones de la disciplina canónica: "La absolución de la excomunión está reservada de una manera especial a la Sede apostólica...El pecador así absuelto puede después recibir el perdón de su pecado de un confesor cualquiera. La abjuración está considerada como jurídicamente hecha cuando tiene lugar ante el ordinario del lugar o su delegado y por lo menos ante dos testigos".

Grande es la diferencia entre herejía, que es una recusación de la doctrina católica, y el cisma, que es una rebelión contra la unidad de la Iglesia.

San Pedro describe ya la herejía con los caracteres que se le atribuyen hoy en día: "Herejías de perdición por las cuales la voz de la verdad será blasfemada y se pervertirán muchos hombres. Consiste en una perversión de doctrinas; esta perversión de la doctrina implica en el fondo la negación de la divinidad del Salvador.

Toda doctrina opuesta a la verdadera fe constituye en sí una infidelidad, pero toda infidelidad positiva no es una herejía. Santo Tomás explica que la herejía, siendo elección en la doctrina, se refiere no al mismo fin de la fe, sino al medio propuesto para alcanzar este fin.

Algunas herejías:

  • Docetismo - Negó la humanidad de Jesús y afirmó que Cristo tuvo sólo un cuerpo aparente no real.

  • Ebionismo - Afirmaba que Cristo no es Dios, sino un simple hombre; las corrientes más moderadas, en cambio, admitían también su origen divino.

  • Mandeísmo - Doctrina heterogénea en sus elementos que se vale de la fantasía en sus elaboraciones.
  • Gnosticismo - La figura de Cristo era un mito más en su visión del mundo.
  • Monoarquismo - En la creación se revela el Dios unipersonal como Padre, en la redención como Hijo, y en la obra de la santificación como Espíritu Santo.
  • Maniqueísmo - Todo procede de dos principios contrarios: el de la luz (Ormuz) y el de las tinieblas (Ahrimán).
  • Los cátaros y albingenses - Se dedicaban a predicar contra la Iglesia y atacarla.
  • Montanismo - Herejía de tendencias apocalípticas y semi-místicas.
  • Arrianismo y semiarrianismo - No hay tres personas en Dios sino una sola, el Padre. Jesucristo no era Dios, sino que había sido creado por éste de la nada como punto de apoyo para su Plan.
  • Macedonianismo - Enseñaban que en la Trinidad existía una jerarquía de personas, en la que el Hijo sería inferior al Padre y el Espíritu Santo sería inferior a ambos.
  • Nestorianismo, monofisismo y monotelismo - Herejías que atentan contra la unión de la naturaleza y la persona de Cristo. 
  • Los Valdenses - Rechazaron la Santa Misa, las ofrendas, las oraciones por los muertos y la oración en la Iglesia.

miércoles, junio 22, 2011

Una cita del Beato Juan XXIII: Al maldecir a los judíos crucificamos a Jesús otra vez

"La marca de Caín está estampada en nuestras frentes. A través de los siglos, nuestros hermano Abel yacía en la sangre que vertimos, y derramamos lágrimas olvidando tu amor. Perdónanos Señor, por la maldición que falsamente le atribuimos a su nombre como judíos. Perdónanos por haberte crucificado en su carne por segunda vez. Porque no sabíamos lo que hacíamos." — Papa Juan XXIII

martes, junio 21, 2011

Un Gran Misterio

Autor: P. José P. Benabarre Vigo | Fuente: El Visitante

Con los judíos y mahometanos, los católicos somos los únicos religiosos monoteístas, es decir, los que creemos que no existe mas que un sólo Dios verdadero, Creador del cielo y de la tierra. Pero a diferencia de esos dos grupos, los católicos creemos, confesamos y adoramos en ese único Dios, a tres Personas realmente distintas: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. No tres dioses, sino un sólo y único Dios, una sola Divinidad. Este es el gran misterio, que escapa a toda inteligencia humana e incluso, la angélica.

Dios Padre

Dios Padre es la fuente de todo ser y bien. Él es el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, y a Él atribuimos la creación (Credo).

Según los evangelios, Jesús de Nazaret se dirigió muchas veces a Dios como su Padre. Y es curioso que las primeras y las últimas palabras que este evangelista [Lucas] nos transmite de Jesús sean precisamente dirigidas a su Padre celestial (Lc 2, 49; 23, 46).

También Dios Padre es nuestro Padre. San Juan nos llama simplemente “hijos de Dios” pero san Pablo aclara que somos “hijos adoptivos” (1 Jn 3, 1-2; Rom 8, 15; Ef 1, 5).

Dios Hijo

Nuestra fe nos enseña (Credo) que Jesús de Nazaret, además de ser hijo biológico de María Virgen, es Hijo de Dios Padre celestial. Nos lo dijo Él de varios modos: “Yo y el Padre somos uno” (Jn 10, 30). Los judíos que le escucharon esa frase le llamaron blasfemo, y quisieron apedrearle porque se hacía pasar por Dios (Jn 10, 33-39). Con sus maravillosas obras, que ningún otro había hecho (Jn 15, 24), Jesús probó también su Divinidad. A El debemos nuestra redención (Ef 1, 7) y la más bella de las doctrinas.

Dios Espíritu Santo

Al Espíritu Santo se debe la Encarnación de Jesús en María Virgen (Lc 1, 35); estuvo presente en el bautismo de Jesús (Mc 1, 10), y preside la obra santificadora de la Iglesia (Jn 14, 16, 26; 15, 26).

Nuestra devoción a la Santísima Trinidad

Es bueno que seamos devotos de los santos, especialmente para imitarles. Mas, por amor de los amores, no nos olvidemos de la Santísima Trinidad, de quien ellos [los santos] sólo son siervos. Es indiferente que nos dirijamos a cualquiera de las tres Personas. Pero lo mejor es imitar a la Iglesia que, en su liturgia, siempre se dirige al Padre, por Jesucristo en el Espíritu Santo. Y nuestro mejor abogado ante el Padre es Jesús, que nos ha prometido obtener de Él cuanto [bueno] le pidamos en su nombre (Jn 14, 13).

lunes, junio 20, 2011

Disparates litúrgicos en otras tierras

Hermanos, estos vídeos vienen de Austria. El católico consciente debe de preguntarse seriamente: ¿es esto enculturación también?

Misa indignamente celebrada en Viena, Austria.

“No no, si hay que hacer las cosas ‘relevantes’ por los nenes y los jóvenes. Hay que ser ‘tolerantes’ no seas tan prejuiciado. ¡Te crees Dios!”

Estas sandeces y muchísimas otras son los “argumentos” que aquellos que se arrogan para sí el poder de “enculturar la liturgia” – cosa que el Concilio Vaticano II reserva a la Santa Sede – estrellan contra la razón, la ley y la rúbrica.

Hay que recordar la siguiente verdad: el sujeto de la liturgia es la Iglesia, no lo es ni el celebrante ni el pueblo reunido. Cuando se celebra una Misa, la Iglesia entera celebra. Y segundo y lo más importante: el objeto de la liturgia es DIOS. No son ni los nenes, ni los jóvenes ni nadie más. Cuando se “encultura” la Misa arbitrariamente se comete una falta grave contra Dios y contra la Iglesia que es el Cuerpo de Cristo.

Oremos por nuestros sacerdotes. ¡Qué mucho están bajo ataque malévolo de todas direcciones! Porque cuando un sacerdote cae, el Cuerpo de Cristo sufre de hambre de la Eucaristía y el crecimiento del Cuerpo se atrofia. No en balde la estrategia infernal de los últimos tiempos ha sido la de hacer caer a los sacerdotes de cualquier modo.

Oremos, hermanos, oremos por nuestros curas.

domingo, junio 19, 2011

Contemplamos hoy el misterio de Dios, Uno y Trino


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Hermanos, hoy contemplamos el misterio de la Unidad y Trinidad del único Dios. Mediante el uso de nuestra razón natural podemos llegar al conocimiento de la existencia de un sólo Dios y atener la certeza de ese conocimiento a través de la fe.

De que Dios existe y este es Uno lo sabemos por las Sagradas Escrituras:

Escucha, Israel: Yavé, nuestro Dios, es Yavé-único. (Deuteronomio 6:4)

Las Sagradas Escrituras también nos dice que Dios es Padre:

9. Ustedes, pues, recen así: Padre nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu Nombre,

10. venga tu Reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo.

11. Danos hoy el pan que nos corresponde;

12. y perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores;

13. y no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno. (Mateo6: 9-13)

También aprendemos de las Sagradas Escrituras que el Verbo o Palabra de Dios, encarnado en la persona de Jesús Mesías, es Dios:

En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba ante Dios, y la Palabra era Dios. (Juan1:1)

Las Sagradas Escrituras nos revelan la deidad del Espíritu Santo:

3. Pedro le dijo: «Ananías, ¿por qué has dejado que Satanás se apoderara de tu corazón? Te has guardado una parte del dinero; ¿por qué intentas engañar al Espíritu Santo?

4. Podías guardar tu propiedad y, si la vendías, podías también quedarte con todo. ¿Por qué has hecho eso? No has mentido a los hombres, sino a Dios.» (Hechos 5:3-4)

Y sin embargo, el primer versículo, el fundamento de nuestra fe monoteísta,queda incólume,válido eternamente:

Escucha, Israel: Yavé, nuestro Dios, es Yavé-único. (Deuteronomio 6:4)

El Padre, el Hijo, y el + Espíritu Santo comparten el mismo y único Nombre divino:

19. Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,

20. y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia.» (Mateo 28:19-20)

El mismo Nombre revelado a Moisés como el nombre único y exclusivo del Dios de Israel:

The same revealed to Moses as the unique name of the one God of Israel:

13. Moisés contestó a Dios: «Si voy a los hijos de Israel y les digo que el Dios de sus padres me envía a ellos, si me preguntan: ¿Cuál es su nombre?, yo ¿qué les voy a responder?»

14. Dios dijo a Moisés: «Yo soy: YO- SOY.» «Así dirás al pueblo de Israel: YO-SOY me ha enviado a ustedes.

15. Y también les dirás: YAVE, el Dios de sus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado. Este será mi nombre para siempre, y con este nombre me invocarán de generación en generación.»Moisés es enviado como liberador (Exodo 3:13-15)

Este compartir divino de las Tres Personas de una Esencia Divina única es a lo que nos referimos cuando llamamos a Dios “Santísima Trinidad.” A este misterio lo contemplamos hoy de modo especial, pero la realidad es que todo cristiano que respete la integridad de la Biblia y reciba con veneración la fe de nuestros ancestros contemplan este misterio en la oración todos los días.

Fuera de esta fe en el Dios Trino y Uno, excepto con el permiso especial de Dios quien condesciende a nuestra ignorancia no culpable y en vista a los méritos infinitos de Jesús, nadie puede salvarse.

Y nadie puede salvarse sin esta fe porque es en el fuego consumidor del Dios Trino en donde encontramos el Amor Eterno, Amando y siendo Amado en retorno, quien colmará todos nuestros deseos.

Fuimos creados para esta visión. La salvación para nosotros significa la contemplación eterna del Dios Trino, verlo tal cual es, Padre, Hijo y + Espíritu Santo.

Que El nos llene y nos haga partícipes de su naturaleza divina. (2 Pedro 1:4)


Traditional Orthodox Icon of the Holy Trinity

sábado, junio 18, 2011

¿Por qué los cristianos creen en la Trinidad?

La Trinidad, escuela de relación

Autor: Raniero Cantalamessa, OFM Cap. | Fuente: zenit.org

¿Por qué los cristianos creen en la Trinidad? ¿No es ya bastante difícil creer que existe Dios como para añadirnos el enigma de que es «uno y trino»? A diario aparece quien no estaría a disgusto con dejar aparte la Trinidad, también para poder así dialogar mejor con judíos y musulmanes que profesan la fe en un Dios rígidamente único.

La respuesta es que los cristianos creen que Dios es trino ¡porque creen que Dios es amor! Si Dios es amor debe amar a alguien. No existe un amor al vacío, sin dirigirlo a nadie. Nos interrogamos: ¿a quién ama Dios para ser definido amor? Una primera respuesta podría ser: ¡ama a los hombres! Pero los hombres existen desde hace algunos millones de años, no más. Entonces, antes, ¿a quién amaba Dios? No puede haber empezado a ser amor desde cierto momento, porque Dios no puede cambiar. Segunda respuesta: antes de entonces amaba el cosmos, el universo. Pero el universo existe desde hace algunos miles de millones de años. Antes de entonces, ¿a quién amaba Dios para poderse definir amor? No podemos decir: se amaba a sí mismo, porque amarse a uno mismo no es amor, sino egoísmo, o como dicen los psicólogos, narcisismo.

He aquí la respuesta de la revelación cristiana. Dios es amor en sí mismo, antes del tiempo, porque desde siempre tiene en sí mismo un Hijo, el Verbo, a quien ama con amor infinito, que es el Espíritu Santo. En todo amor hay siempre tres realidades o sujetos: uno que ama, uno que es amado y el amor que les une. Allí donde Dios es concebido como poder absoluto, no existe necesidad de más personas, porque el poder puede ejercerlo uno solo; no así si Dios es concebido como amor absoluto.

La teología se ha servido del término naturaleza, o sustancia, para indicar en Dios la unidad, y del término persona para indicar la distinción. Por esto decimos que nuestro Dios es un Dios único en tres personas. La doctrina cristiana de la Trinidad no es un retroceso, un pacto entre monoteísmo y politeísmo. Al contrario: es un paso adelante que sólo el propio Dios podía hacer que lo diera la mente humana.

La contemplación de la Trinidad puede tener un precioso impacto en nuestra vida humana. Es un misterio de relación. Las personas divinas son definidas por la teología «relaciones subsistentes». Significa que las personas divinas no tienen relaciones, sino que son relaciones. Los seres humanos tenemos relaciones -entre padre e hijo, entre esposa y esposo, etcétera--, pero no nos agotamos en esas relaciones; existimos también fuera y sin ellas. No así el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

La felicidad y la infelicidad en la tierra dependen en gran medida, lo sabemos, de la calidad de nuestras relaciones. La Trinidad nos revela el secreto para tener relaciones bellas. Lo que hace bella, libre y gratificante una relación es el amor en sus diferentes expresiones. Aquí se ve cuán importante es que se contemple a Dios ante todo como amor, no como poder: el amor dona, el poder domina. Lo que envenena una relación es querer dominar al otro, poseerle, instrumentalizarlo, en vez de acogerle y entregarse.

Debo añadir una observación importante. ¡El Dios cristiano es uno y trino! Ésta es, por lo tanto, asimismo la solemnidad de la unidad de Dios, no sólo de su trinidad. Los cristianos también creemos «en un solo Dios», sólo que la unidad en la que creemos no es una unidad de número, sino de naturaleza. Se parece más a la unidad de la familia que a la del individuo, más a la unidad de la célula que a la del átomo.

La primera lectura de la Solemnidad nos presenta al Dios bíblico como «misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad». Éste es el rasgo que reúne más al Dios de la Biblia, al Dios del Islam y al Dios (mejor dicho, la religión) budista, y que se presta más, por ello, a un diálogo y a una colaboración entre las grandes religiones. Cada sura del Corán empieza con la invocación: «Enel nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo». En el budismo, que desconoce la idea de un Dios personal y creador, el fundamento es antropológico y cósmico: el hombre debe ser misericordioso por la solidaridad y la responsabilidad que le liga a todos los vivientes. Las guerras santas del pasado y el terrorismo religioso del presente son una traición, no una apología, de la propia fe. ¿Cómo se puede matar en nombre de un Dios al que se continúa proclamando «el Misericordioso y el Compasivo»? Es la tarea más urgente del diálogo interreligioso que juntos, los creyentes de todas las religiones, deben perseguir por la paz y el bien de la humanidad.

¿Quién es Raniero Cantalamessa?
Preguntas y comentarios al autor de este artículo

jueves, junio 16, 2011

Fundamento de una nueva sociedad

Padre Nicolás Schwizer

¿Cómo ha de realizarse esa construcción de una nueva sociedad? En base a hombres/nuevos. Sin ese cambio interior del ser humano, no puede haber cambio real en las estructuras exteriores.

El hombre y su comportamiento, es la base de la sociedad. Por eso urge transformar al hombre para que tenga un espíritu nuevo, mentalidad y actitudes nuevas. ¿Y cómo se logra eso?

Ahí entra la gracia y la fuerza transformadora de la Euca­ristía. Porque, ¿qué pasa en la Consagración de la misa? El sacerdote, en nombre del Señor, convierte el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. El pan, un alimento natu­ral, se convierte en un alimento sobrenatural. ¿Y cuál es el sentido de nuestra participación en la misa? El sentido es que en el Ofertorio nosotros mismos con todo lo nuestro nos entreguemos al Padre, junto con pan y vino. El sentido es que nosotros mismos nos pongamos como ofrenda en la patena y en el cáliz.

¿Y qué pasa entonces en el momento de la consagración? Allí Dios quiere obrar también en nosotros el mismo milagro de transformación que realiza con el plan y el vino. Él quiere ir divinizándonos, ir transformándonos en Cristo, en forma creciente. La meta es que algún día podamos decir con San Pablo; “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”. Lo que la sociedad del mañana necesita es el hombre transforma­do en otro Cristo. Necesita de la mujer transformada en la pequeña María ya que la Virgen es el reflejo más fiel de su Hijo Jesús.

Ahora, para que esta fuerza transformadora de la Consagra­ción pueda actuar en nosotros, necesitamos prolongar la Euca­ristía en nuestra vida cotidiana. Ese proceso de conversión al hombre nuevo debe continuar a lo largo de toda la semana. Porque la nueva sociedad se construye, a partir de la Misa dominical en las actividades de cada día.

Por eso, la Eucaristía no debe terminar en el altar. Está hecha para prolongarse en la vida, a lo largo del día y de la semana, hasta la próxima Eucaristía. Resulta que la Misa, según el último Concilio, es “La fuente y la cumbre” de toda nuestra vida cristiana.

El cristiano ha de ser un hombre que vive en una permanente Eucaristía. Debemos vivir de misa en misa. Es así como la misa dominical se convierte en una misa de la vida.

“Del altar a la arena”, decían los primeros cristianos, refiriéndose a la arena de los circos donde iban a ser marti­rizados. Y nuestra arena es la vida diaria; toda nuestra vida y especialmente nuestro esfuerzo cotidiano por transformarnos en hombres nuevos, ha de ser una prolongación de la Eucaristía.

Esta misión de convertir toda nuestra vida en Eucaristía prolongada, se nos da expresamente en el envío de la Misa. Allí Cristo nos envía a transformarnos a nosotros mismos en reflejos y testigos suyos. Allí nos envía también a transfor­mar el mundo que nos rodea.

Quiere que a través de nuestro trabajo, nuestro esfuerzo diario se convierta en un mundo nuevo, un mundo que sea más humano y que sea más de Dios. Quiere que, en la fuerza transformadora de la Eucaristía, construyamos una nueva sociedad.

Lo que Cristo nos pide al enviarnos de nuevo al mundo, es que todo lo que hagamos durante la semana sea un aporte en la construcción de una sociedad renovada: nuestro trabajo o estu­dio bien hecho; nuestro amor matrimonial y familiar; forjar la comunidad nueva en nuestro ambiente; formarnos y educarnos a nosotros mismos para llegar a ser hombres nuevos. Lo que nos pide Cristo, al final de la Misa es realizar en el ambiente cotidiano lo que hemos vivido con Él en la Eucaristía, convirtiéndonos en anticipo de un mundo y una sociedad nuevos.

Preguntas para la reflexión

1. ¿Asisto a la Misa como una rutina?

2. ¿Al llegar a casa, recuerdo algo del sermón?

3. ¿Soy conciente que algo debo transformarme en cada celebración eucarística?

miércoles, junio 15, 2011

Y me llegó una visita desde…

…desde la Santa Sede. Lo pueden ver aquí en mi cuenta gotas:

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A lo mejor fue el Santo Padre, “surfeando.” Winking smile

martes, junio 14, 2011

Papa Benedicto XVI: “la Iglesia es el sujeto de la liturgia”

Hermanos, en su reciente carta al al Pontificio Instituto de Música Sacra, con motivo del centenario de su fundación, el Santo Padre Benedicto XVI dijo entre otras cosas lo siguiente:


Un aspecto fundamental, particularmente querido para mí, deseo poner de relieve a este propósito: cómo desde san Pío X hasta hoy se percibe, a pesar de la natural evolución, la sustancial continuidad del Magisterio sobre la música sacra en la Liturgia. En particular, los Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II, a la luz de la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, quisieron reafirmar el fin de la música sacra, es decir, "la gloria de Dios y la santificación de los fieles" (n. 112), y los criterios fundamentales de la tradición, que me limito a recordar: el sentido de la oración, de la dignidad y de la belleza; la plena adhesión a los textos y a los gestos litúrgicos; la implicación de la asamblea y, finalmente, la legítima adaptación a la cultura local, conservando al mismo tiempo la universalidad del lenguaje; la primacía del canto gregoriano, como modelo supremo de música sacra, y la sabia valoración de las demás formas expresivas, que forman parte del patrimonio histórico-litúrgico de la Iglesia, especialmente, pero no solo, la polifonía; la importancia de la schola cantorum, en particular en las iglesias catedrales. Son criterios importantes, que hay que considerar atentamente también hoy. A veces, de hecho, estos elementos, que se encuentran en la Sacrosanctum Concilium, como, precisamente, el valor del gran patrimonio eclesial de la música sacra o la universalidad que es característica del canto gregoriano, se consideraron expresiones de una concepción que respondía a un pasado que superar y descuidar, porque limitaba la libertad y la creatividad del individuo y de las comunidades. Pero tenemos que preguntarnos siempre de nuevo: ¿quién es el auténtico sujeto de la Liturgia? La respuesta es sencilla: la Iglesia. No es el individuo o el grupo el que celebra la Liturgia, sino que es ante todo acción de Dios a través de la Iglesia, que tiene su historia, su rica tradición y su creatividad. La Liturgia, y en consecuencia la música sacra, "vive de una relación correcta y constante entre sana traditio y legitima progressio, teniendo bien presente que estos dos conceptos – que los Padres conciliares claramente subrayaban - se integran mutuamente porque “la tradición es una realidad viva, que por ello incluye en sí misma el principio del desarrollo, del progreso.”

Lean la carta entera aquí.

Comentario. Citando a sus predecesores y a la constitución pertinente del Concilio Vaticano II, el Papa Benedicto XVI excluye tácitamente a la canción popular – y por supuesto, a toda pretensión de “baile litúrgico – de la expresión musical propia de la Iglesia universal. Nos recuerda también que el sujeto de la liturgia es la Iglesia, no es ni el celebrante ni el grupo que celebra la Liturgia y que eso de por sí limita toda innovación que no esté concorde a la sana tradición.

He aquí otro medular que debe pesar sobre las conciencias de los liturgistas de nuestros pueblos antes de ponerse a inventar e inyectar esperpentos que no pertenecen dentro de nuestra liturgia latina.

lunes, junio 13, 2011

De cómo San Francisco de Asís convirtió a la fe al sultán de Babilonia

Hermanos, de acuerdo a la Wikipedia, los Fioretti — o Florecillas, de autor anónimo— son una recopilación de hechos de Francisco, de algunos de los frailes que lo acompañaban y de San Antonio de Padua. Escritas en la segunda mitad del siglo XIV no constituyen una biografía sino una exaltación de las virtudes del poverello y de su vida simple para edificación del lector.[75] Por ejemplo, en la historia de Cómo Francisco libró de un lobo feroz a la ciudad de Gubio, el poverello fue a buscar a la fiera que atacaba a los habitantes de la localidad. Logró hacer un pacto con él al «convencerlo» de no seguir sus fechorías a cambio que los pobladores le darían el sustento que necesitaba. La bestia puso una pata delantera sobre la mano de Francisco en señal de asentimiento. Logró convivir con la gente y murió dos años después de viejo.

Tradicionalmente contiene 53 capítulos; a través del tiempo se agregaron otros relatos que tienen como protagonistas a los frailes Junípero y Gil. De éste último hay unos denominados «Doctrina y dichos». Otros narran la estigmatización del santo católico.[76]

Esta es una de mis florecillas favoritas, la de San Francisco de Asís convirtió a la fe al sultán de Babilonia. El texto es cortesía de Franciscanos.org.

 

St. Francis meets the Sultan

San Francisco, impulsado por el celo de la fe de Cristo y por el deseo del martirio, pasó una vez al otro lado del mar con doce compañeros suyos muy santos con intención de ir derechamente al sultán de Babilonia (7). Llegaron a un país de sarracenos, donde los pasos fronterizos estaban guardados por hombres tan crueles, que ningún cristiano que se aventurase a atravesarlos podría salir con vida; pero plugo a Dios que no murieran, sino que fueran presos, apaleados y atados, y luego conducidos a la presencia del sultán. Delante de él, San Francisco, bajo la guía del Espíritu Santo, predicó tan divinamente la fe de Jesucristo, que para demostrarla se ofreció a entrar en el fuego.

El sultán le cobró gran devoción debido a esa su constancia en la fe y al desprecio del mundo que observaba en él, pues, siendo pobrísimo, no quería aceptar regalo ninguno, como también por el anhelo del martirio que mostraba. Desde entonces, el sultán le escuchaba con agrado, le rogó que volviese a verle con frecuencia y le concedió a él y a sus compañeros que pudiesen predicar libremente donde quisieran. Y les dio una contraseña a fin de que no fuesen molestados de nadie.

Finalmente, viendo San Francisco que no era posible lograr mayor fruto en aquellas tierras, determinó, por divina inspiración, volver con todos sus compañeros a tierra de cristianos; los reunió a todos y fue a despedirse del sultán. Entonces le dijo el sultán:

-- Hermano Francisco, yo me convertiría de buena gana a la fe de Cristo, pero temo hacerlo ahora, porque, si éstos llegaran a saberlo, me matarían a mí y te matarían a ti con todos tus compañeros. Tú puedes hacer todavía mucho bien y yo tengo que resolver asuntos de gran importancia; no quiero, pues, ser causa ni de tu muerte ni de la mía. Pero enséñame cómo puedo salvarme; yo estoy dispuesto a hacer lo que tú me digas.

Díjole entonces San Francisco:

-- Señor, yo tengo que dejarte ahora; pero, una vez que esté de vuelta en mi país y haya ido al cielo, con el favor de Dios, después de mi muerte, si fuere voluntad de Dios, te mandaré a dos de mis hermanos, de mano de los cuales tú recibirás el bautismo de Cristo y te salvarás, como me lo ha revelado mi Señor Jesucristo. Tú, entre tanto, vete liberándote de todo impedimento, para que, cuando llegue a ti la gracia de Dios, te encuentre dispuesto a la fe y a la devoción.

El sultán prometió hacerlo así y lo cumplió.

Después de esto, emprendió el viaje de vuelta con aquel venerable colegio de sus santos compañeros. A los pocos años, San Francisco entregó su alma a Dios por muerte corporal. El sultán, que había caído enfermo, esperaba el cumplimiento de la promesa de San Francisco, e hizo colocar guardias en ciertos puntos con el encargo de que, si aparecían dos hermanos con el hábito de San Francisco, fuesen al punto conducidos a su presencia. Por el mismo tiempo se apareció San Francisco a dos hermanos y les ordenó que, sin perder tiempo, marchasen al sultán y procurasen su salvación, como él se lo había prometido. Aquellos hermanos pasaron en seguida el mar y fueron conducidos por los guardias a la presencia del sultán. Al verlos éste, se llenó de alegría y les dijo:

-- Ahora sé verdaderamente que Dios me ha enviado a sus siervos para mi salvación, conforme a la promesa que me hizo San Francisco por revelación divina.

Recibió, pues, de aquellos hermanos la enseñanza de la fe de Cristo y el santo bautismo; y, regenerado así en Cristo, murió de aquella enfermedad y su alma fue salva por las oraciones y los méritos de San Francisco (9).

En alabanza de Cristo. Amen.

En aquellos tiempos,así como en nuestros días, regía la estricta tradición o hadith islámica que castigaba con la muerte los conversos al cristianismo desde el islam. Debido a mis circunstacias particulares y tras observar sucesos contemporáneos de persecución religiosa dirigida contra los cristianos en países de mayoría islámica, pregunto: ¿qué harías?¿Tendríamos el valor suficiente de llevarle a Cristo a los musulmanes de hoy como San Francisco lo tuvo con los del ayer? ¿Cómo compartirías a Cristo con un amigo musulmán? ¿Qué ejemplo le darías?

domingo, junio 12, 2011

¡Pentecostés, día de fiesta en tu iglesia Señor!

Hermanos, esta canción yo la cantaba mucho en mi primera juventud. La aprendí del Ministerio de Música de Ponce.

Pentecostés, día de fiesta en tu iglesia Señor
Pentecostés, día de hermandad y amor 
como viento impetuoso enviarás tu Santo Espíritu 
y a las almas redimidas salvarás 
como río caudaloso de amor derramarás 
y tu iglesia con poder renovarás 
¡Cristo, Cristo, Cristo!

Pentecostés, día de fiesta en tu iglesia Señor 
Pentecostés, día de hermandad y amor 
como lenguas de fuego avivarás nuestras almas 
y alabanzas nos saldrán del corazón 
y seremos las semillas que darán frutos de amor 
cantaremos maravillas del Señor
¡Cristo, Cristo, Cristo!

Pentecostés, día de fiesta en tu iglesia Señor 
Pentecostés, día de hermandad y amor 
como símbolos de amor unirás los corazones 
y seremos como hermanos ante Dios 
compartiendo nuestras vidas 
compartiendo nuestro pan 
marcharemos de la mano hacia el Señor. 
¡Cristo, Cristo, Cristo!

Que en este bello día el Espíritu Santo llene nuestras almas y nuestros corazones.

¡Aleluya! ¡Cristo vive! ¡Jesús es Señor!

Oración Cristiana Ortodoxa Oriental al Espíritu Santo

 

Oh Rey Celestial, Confortador y Espíritu de la Verdad
Que eres omnipresente y llenas todas las cosas
Tesorero de bendiciones y Dador de vida
Ven y mora entre nosotros y límpianos de toda mancha
y salva nuestras almas, ¡Oh Tú que eres Bendito!

Celebramos hoy la Fiesta de Pentecostés, AD 2011


Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo
Padre amoroso del pobre,
don en tus dones esplendido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

“Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor.
Aleluya”

viernes, junio 10, 2011

La Ascensión del Señor

Autor: P. Ángel M. Santos Santos | Fuente: El Visitante

Después de dos milenios, la Iglesia tiene las mismas debilidades humanas que en su inicio; pero también posee la fuerza de Cristo para cumplir su misión. Debilidad humana y potencia de Dios, pecado y gracia, trigo y cizaña están presentes en la Iglesia, en cada momento de su historia. El bautizado, miembro de la Iglesia que siempre necesita purificación, lucha por mantenerse en la amistad con Cristo para no perder la fortaleza de lo Alto.

La fuerza en la debilidad

La duda de los 11, viendo a Jesús antes de su ascensión al Cielo, muestra la flaqueza de sus discípulos ya desde el principio. La grandeza de la Iglesia no se encuentra sólo en la virtud de sus fieles, que son siempre débiles y necesitados de asistencia. La fuerza de los cristianos está en Cristo y su Espíritu. Cuando la Iglesia acoge un nuevo creyente, éste sabe que no ingresa a un grupo de cristianos perfectos. Se hace discípulo de Jesús para ayudar a los otros en el camino hacia Dios viviendo la santidad.

Ante la vacilación y la duda de los 11, Jesús les asegura que ha recibido pleno poder en el Cielo y en la tierra. La presencia de Jesús concede a la Iglesia la fuerza para la misión. Como enseña el Papa: “Una vida santa no es fruto principalmente de nuestro esfuerzo, de nuestras acciones, porque es Dios, el tres veces santo, quien nos hace santos; es la acción del Espíritu Santo que nos anima desde nuestro interior; es la vida misma de Cristo resucitado la que se nos comunica y la que nos transforma” (Benedicto XVI, Audiencia general, 13 abril 2011).

Los pecados de hoy

Actualmente, en la Iglesia se encuentran muchos pecados que la afean y que le quitan su credibilidad ante un mundo descreído. El pecado es una realidad social y muchas veces está presente dentro de la Iglesia por sus miembros infieles a los mandamientos de Cristo. Pero la Iglesia, por la presencia de Cristo, libera del pecado ofreciendo el perdón a quien se arrepiente.

A veces, se podría pensar que una acusación de pecado contra algún miembro de la Iglesia es sólo una señal de persecución. Pero la imputación de pecado siempre es un llamado de conversión y una oportunidad de purificación. Ante el reproche por el pecado, la Iglesia sólo tiene una manera de defenderse: proclamando la verdad sobre el ser humano, Dios y la Iglesia.

El bautismo y la Palabra

La misión de la Iglesia es hacer discípulos de Cristo mediante el sacramento del Bautismo, y enseñar a cumplir todo lo que El mandó. Este sacramento requiere la observancia de dos promesas: renunciar al pecado y creer en Cristo Jesús. El pecado no pertenece a Cristo ni a su Iglesia. Ni siquiera es propio de la naturaleza humana. El pecado es la negación de Cristo, rechazo del amor de Dios y negación de la santidad de la Iglesia. El pecado deshumaniza y descristianiza.

A veces los padres pretenden que la Iglesia bautice a un niño sin la presencia de un compromiso auténtico con Cristo. Se olvidan que la Iglesia bautiza con la condición de que los padres enseñen a su hijo a guardar todo lo que Jesús mandó. La misión de la Iglesia es el anuncio y la práctica de este sencillo evangelio que hace libre al ser humano y lo conduce hacia Dios. La buena nueva de Jesucristo es la fuerza y la libertad de los hijos de Dios en la Iglesia, a pesar de su evidente debilidad humana.

miércoles, junio 08, 2011

¿Qué sabemos del Espíritu Santo?

El punto de partida obligado es el Nuevo Testamento, que es, también él, fruto madurado en Iglesia, de una vida y de una experiencia

Autor: Mariano de Blas | Fuente: Catholic.net

Santa Teresa llama a nuestra alma un castillo interior, un palacio. En ese castillo, palacio o templo vive "El dulce huésped del alma": El Espíritu Santo.

¿Quién es el Espíritu Santo? Jesucristo le llama el Consolador. En nuestra alma vive el AMOR, vive allí de forma permanente, llegó a nuestra alma para quedarse. “¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu Santo vive en vosotros?” decía San Pablo a los primeros cristianos.

Su estancia en el castillo obedece a una tarea que debe realizar, se le ha encargado que haga de ti un santo ó una santa, un apóstol. Desde el primer momento de la entrada en tu alma, en el bautismo, se ha dedicado a trabajar a destajo, ha trabajado muchos años, se ha llevado muchos desengaños, porque hay que ver cómo nos hemos portado con Él.

Ha sufrido, posiblemente, el destierro, le hemos roto su obra maestra, como el niño malo que destruye de un puntapié el castillo que construye el niño bueno en la playa. Y sobre las ruinas de nosotros mismos ha vuelto a colocar otra vez piedra sobre piedra, con una paciencia y con un amor tan grandes que sólo porque es Dios los tiene. Él no desespera, más aún tiene abrigadas firmísimas esperanzas de acabar con su obra maestra contigo. Él sabe que puede aunque tú no seas mármol de Carrara, sólo necesita algo de colaboración de tu parte o por lo menos que no le estorbes.

Los medios: la gracia santificante, las gracias actuales, sus inspiraciones, dones y frutos.

¿Cuál es su estrategia? La describe muy bien un himno dedicado al Espíritu Santo. Seleccionaré algunas partes de este himno.

Primero: El mejor consolador.

Consolando, secando lágrimas, arrancando los cardos y las ortigas del desaliento, tristeza y amargura. Uno de sus mejores oficios -lo sabe hacer muy bien- es consolar, por fortuna para nosotros que somos bastante llorones y necesitamos algo más que Kleenex para nuestros ratos de tristeza. El mejor Consolador, ya sabemos. Cuando lleguen los momentos más penosos en los que llorar es poco, cuando la crisis nos agarre por el cuello y nos patee, acudir a quien quiere y puede consolarnos.

Nosotros podemos decir: aquí me sorprende la realidad más radiante que vivimos los cristianos y, por tanto, adiós soledad, adiós tristeza, adiós lágrimas. Arrancarnos la tristeza peor, la de la separación de Dios, la de la infidelidad. Alegrarnos inmensamente de haber sido hechos hijos de Dios, alegrarnos de que nuestros nombres están escritos en el cielo, vivir con alegría diaria contagiosa, alegría en el dolor, en la enfermedad, alegría en las buenas y en las malas. Espíritu Santo, haznos apóstoles de la alegría, haznos vivir un cristianismo alegre, que vivamos con aire de resucitados, y que hagamos vivir a los otros así también.

Segundo: Dulce huésped del alma.

Es uno de los títulos más hermosos. No huésped inoportuno. Cuantos huéspedes con los que nosotros no quisiéramos encontrarnos, a los que les damos la vuelta. En el caso del Espíritu Santo es un dulce huésped, esperado con ansia, acogido con cariño, porque siempre trae buenas noticias, buenos regalos, dones; El mismo es el Don por excelencia.

¿Me alegro de tenerlo siempre conmigo, lo entristezco con mi desamor, le pido muchos regalos espirituales? Y ¿qué le doy yo: mi amor, mi fidelidad? ¿Le escucho dócilmente? ¿El himno "Ven, Espíritu Creador" es mi saludo mañanero, son las mañanitas al dulce huésped de mi alma? ¿Alguna vez se las he cantado? Recordemos la frase de San Pablo; "¿No sabéis que sois templos del Espíritu Santo? Él ora con nosotros y por nosotros. Vivo, por tanto, en la presencia del Espíritu Santo, gozo minuto a minuto de su compañía gratísima, y su gracia está siempre a mi disposición.

Tercero: Dulce refrigerio.

Cuando el bochorno arrecia y la lengua se reseca como ladrillo y el sudor empapa la ropa, una simple coca-cola fría, un ventilador oportuno, una alberca, solucionan el problema. Pero hay otros bochornos y calores interiores que requieren de otro refrigerio. Cuando se encrespan las pasiones, cuando el orgullo se revuelve como león herido, cuando la sensualidad con su baba venenosa quiere mancharel corazón y el alma, cuando la fiebre del mundo (placeres, dolce vita...) queman de ambición nuestro espíritu, llamar urgentemente al Espíritu Santo, para que nos brinde su dulce refrigerio y vuelvan las cosas a su lugar: El mundo allá y yo acá.

Cuarto: Tregua en el duro trabajo

Ofreciendo descanso en el duro bregar de la vida. Una mañana de domingo en la casa con niños, un día en la oficina en que todo salió mal, cansa, erociona, desgasta, produce no rara vez frustración. Cuando uno de plano está agotado, abrumado por el trabajo los problemas y las preocupaciones, acudir sencillamente a quien es descanso en el trabajo, ¡Oh Espíritu Santo, desperdiciado tantas veces que gemimos bajo el peso del trabajo! ¡Oh jornaleros que teniendo la fuente a unos metros se mueren de sed! Dios es abismo de amor, torrente de felicidad, éxtasis de la vida, tenerlo tan cerca y morirse de hambre, la fuente a unos pasos y morirse de sed, la hoguera alumbrando en torno y morirse de frío, el amor cerca del corazón. Sólo unos pasos tenía que dar. Vivir cerca de la luz, y morir en el túnel de las tinieblas.

Quinto: Brisa en las horas de fuego

Siendo frescura en medio del calor. Un vaso de agua fría en un día de verano, la sombra de un árbol en el campo abrasado, una brisa fresca, una fuente fría junto al camino polvoriento, cuanto se agradecen. En la vida no podemos estar luchando todo el tiempo, somos humanos y necesitamos de tanto en tanto de un respiro. El Espíritu Santo es el agua fria, es la sombra, la brisa fresca y nuestra fuente de agua viva junto al camino de la vida.

Sexto: Gozo que enjuga las lágrimas

Consolando en la aflicción. Buena falta nos hace: lloramos como niños chicos por cualquier cosa. Llorar equivale a desanimarnos, a perder el entusiasmo por nuestra vocación cristiana y humana, a querer volver atrás. Para esos momentos malos, en que podemos reaccionar como niños caprichosos, acudir a quien es el consuelo en la aflicción.

Se le atribuye al Espíritu Santo casi un oficio de madre. El sufrimiento se encuentra en la vida de todos . Cuando se le espera y cuando no. Por ello necesitamos la presencia del Espíritu Santo .
Posteriormente, el himno al que nos estamos refiriendo añade una serie de peticiones al Espíritu Santo.

Séptimo: Lava lo que está manchado

Lava lo que está manchado: mi alma llena de arrugas, mi corazón manchado de afectos desordenados, mi pequeño mundo lleno de cosas humanas, de tierra, de lodo; mi mente y mis sentidos a veces tan vacíos de Dios y tan llenos de mis pasiones desordenadas. Lava sobre todo la conciencia de todo pecado e imperfección, de las salpicaduras del mundo, de las manchas de pasiones, del barro de los malos pensamientos. Lava y purifica nuestra intención en el obrar, que a veces se tiñe de negras aficiones: el egoísmo, vanidad, respeto humano son manchas grasientas que requieren de un eficaz blanqueador. Necesitamos que des una limpiadita a nuestras virtudes.

Octavo: Riega el desierto del alma

Somos raíz de tierra árida, árbol que crece en la estepa. ¿Han visto ustedes los árboles que crecen en las orillas de los ríos? ¡Qué diferencia! Siempre están verdes. Decía el poeta Antonio Machado estas hermosas palabras: “Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo, algunas hojas verdes le han salido".

A base de agua los judíos han hecho florecer el desierto del Sinaí. Tú puedes, Espíritu Santo, hacer florecer mi desierto, esa estepa en que a penas los cardos y las jaras crecen. Y entonces crecerán virtudes, crecerán buenas obras en mi alma.

Noveno: Sana el corazón enfermo.

Médico de todas las enfermedades, médico de las enfermedades que he tenido y que ahora sufro, médico a domicilio.

Señor, si quieres, puedes curarme la lepra, el cáncer, el sida, la cangrena, la parálisis espiritual, las fiebres reumáticas, el escorbuto. ¿Cuál es mi enfermedad? Escuchemos en seguida la frase de mando: ¡Levántate y anda! Médico de las almas, que sabes la enfermedad y conoces la medicina, ¿cuál es mi enfermedad y mi mal? ¡Dímelo!.. Y proporciona el remedio que Tú sabes y yo no quiero aceptar a veces; cúrame antes de que la enfermedad me cause la muerte, cúrame las heridas que mi orgullo, sensualidad y egoísmo me abren a diario, las heridas de mis pecados antiguos y de mis pecados de hoy.

Décimo: Doma el Espíritu indómito.

Dobla mi orgullo, ablanda mi cabeza dura y mi duro corazón; si es de piedra, hazlo de carne; hazme bajar la cabeza ante la obediencia y dar el brazo a torcer. Hazme duro para conmigo mismo, que no acepte flojedades, medias tintas, fariseísmos, pero hazme blando con los demás, como un pedazo de pan que dé alimento a todos los que se crucen en mi camino; hazme, Señor, instrumento de paz, como te pedía Francisco de Asís: "Donde haya odio, ponga yo tu amor, donde haya injurias, perdón".

Once: Calienta lo que está frío.

A veces somos témpanos flotantes, corazones en frigorífico, que nos se derriten con las grandes motivaciones del amor de Cristo, el celo por la salvación de las almas, la vocación a la misión. Te pido un amor apasionado, pasión por la misión.

Doce : Endereza lo que está torcido

¿Cuántos criterios en mi vida andan torcidos? Enderézalos endereza los malos hábitos, por ejemplo, el hábito de pensar mal, el hábito tan arraigado de murmurar de mis hermanos, el hábito terrible de la ociosidad, del no hacer nada, el hábito que mata la oración, la rutina, el hábito de la pereza, el hábito que empequeñece mis fuerzas con la pusilanimidad, la timidez. Quiero dejarte el timón de mi vida, de mi barca, y quiero remar con todas las fuerzas de mis brazos.

Para concluir, demos un repaso a los deberes que tenemos con este ilustre huésped: En primer lugar, tomarlo en cuenta, hacerle caso, no dejarlo solo, ignorado abandonado. Porque dejamos abandonado el Amor.

En segundo lugar: Gratitud: le debemos tanto. La ingratitud es cardo que crece en los corazones pero sobre todo en los corazones de los cristianos, por el simple hecho de haber recibido demasiadas cosas de Dios.

En tercer lugar: Amor. Debería ser fácil amar al AMOR, enamorarse del que nos ama infinitamente a cada uno de nosotros. Antes de pedirnos que le amemos con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y todas las fuerzas, antes nos ha dicho Él: "Te amé con un amor eterno".

En cuarto lugar: Docilidad y colaboración. Para ser santos debemos dejarnos guiar y obedecer al capitán del barco.

En quinto lugar: Cuando menos no estorbarle, dejarle trabajar en nosotros. “Hoy, si escucháis su voz, no endurezcáis el corazón”.

Comentarios al autor mdeblas@arcol.org

martes, junio 07, 2011

Haikú a la Parusía


El Espíritu
Y la Esposa dicen "Ven"
¡Ven, Señor Jesús!

 

lunes, junio 06, 2011

domingo, junio 05, 2011

Espíritu de Cenáculo

Padre Nicolás Schwizer

Para construir el mundo nuevo, el Reino de Dios en la tierra necesitamos del Espíritu Santo. Somos demasiado pocos. Y nos sentimos demasiado débiles y desvalidos para una misión tan grande.

Más que nunca necesitamos la fuerza de lo alto. Más que nunca hemos de unir nuestra pequeñez con la grandeza de Dios. Más que nunca precisamos del Espíritu Santo, el Espíritu vivificador y transformador.

Un gran momento en la historia de la Iglesia fue la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, reunidos en el Cenáculo, el día de Pentecostés.

Fue la fuerza y el fuego del Espíritu que los lanzó después a los cuatro vientos. Fue ese mismo Espíritu que los llevó a consumirse por su misión de cambiar todo el mundo.

Revivir el Espíritu de Cenáculo

Me parece que tendríamos que renovar ese gran momento histórico, tendríamos que revivir esa situación de Pentecostés y hacernos inundar por el espíritu de Cenáculo.

¿Cuál es ese espíritu? Nos lo indican los Hechos de los apóstoles: “Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de María, la madre de Jesús”. Espíritu de Cenáculo es, por eso, un triple espíritu: espíritu mariano, espíritu comunitario, espíritu de oración.

1. Espíritu mariano. Como en el cenáculo histórico, también nosotros nos reunimos en torno a la Virgen María. Y sobre todo por su poderosa súplica maternal vendrá el Espíritu Santo sobre nosotros.

Seguramente conocemos las palabras de San Grignion de Montfort, repetida tantas veces por nuestro Padre Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt: “El Espíritu Santo quiere encontrar en nuestras almas a la Sma. Virgen, quiere encontrar actitud y espíritu marianos. Y si la encuentra a María en un alma, no le queda más remedio que penetrar en esta alma con sus dones y obrar allí sus milagros.”

Y todos nosotros necesitamos milagros: milagros de entendimiento, de transformación, de convicción, de entusiasmo, de heroísmo.

2. Espíritu comunitario. Formamos parte de una familia. Y como familia cristiana hemos de formar una comunidad de corazones y de tareas.

Una comunidad de corazones: Somos muchos y por eso es más difícil. Nos une un gran amor a la Virgen. Queremos llegar a ser un solo corazón y una sola alma. Y el Espíritu Santo es nuestro gran vínculo de unidad: Debe penetrarnos con su fuego de amor.

Una comunidad de tareas: de una u otra forma somos los conductores de la comunidad, el destino de la comunidad está en nuestras manos. Esto ha de exigirnos al máximo. Pero también el destino de la patria depende de nosotros. Es una responsabilidad muy grande ante la historia.

3. Espíritu de oración. Todas nuestras actividades no son solamente para reflexionar e intercambiar ideas, sino también para orar como Familia, como comunidad, implorar el Espíritu Santo.

El Espíritu de Dios tiene que iluminarnos, guiarnos, apoyarnos. Sólo así podremos entender lo que Dios pide de nosotros, de nuestra comunidad, de nuestra parroquia en estos tiempos. Sólo así podremos encendernos de nuevo y con más fuerza por nuestra gran misión: convertir nuestra patria en un mundo nuevo, en una Nación de Dios.

Y tenemos los Santuarios, nuestros Cenáculos. Allí el Espíritu Santo quiere llenarnos con su fuego. Y desde allí quiere enviarnos a cambiar el mundo, igual que envió a los apóstoles hace más de dos mil años.

Preguntas para la reflexión

1. ¿El Esp. Santo encontraría a María en mí corazón?

2. ¿Cómo es mi participación en la comunidad?

3. ¿Me considero una persona de oración?

viernes, junio 03, 2011

La oración contemplativa (Parte 2 de 2)

Autor: R.P. Tomás Merton, OCSO (+1968) | Fuente: Abandono.com

La verdadera contemplación no es un truco psicológico, sino una gracia teologal. Sólo nos viene en forma de un regalo, y no como resultado de nuestro empleo inteligente de técnicas espirituales. La lógica del quietismo es una lógica puramente humana, en la cual dos más dos son cuatro. Desgraciadamente, la lógica de la oración contemplativa es de un orden enteramente diferente. Está más allá del dominio estricto de causa y efecto, porque pertenece enteramente al amor, a la libertad, a los desposorios espirituales. En la verdadera contemplación no hay "razón por la que" el vacío nos deba llevar necesariamente a ver a Dios cara a cara. Ese vacío nos puede llevar de la misma manera a encontrarnos cara a cara con el demonio, y de hecho a veces lo hace. Es parte del riesgo de este desierto espiritual. La única garantía contra el enfrentamiento con el demonio en la oscuridad, si es que podemos hablar realmente de algún tipo de garantía, es simplemente nuestra esperanza en Dios, nuestra confianza en su voz, en su misericordia.

Ha quedado claro que el camino de la contemplación no es de ninguna manera una "técnica" deliberada de vaciarse uno mismo, para conseguir una experiencia esotérica. Es una respuesta paradójica a la llamada de Dios casi incomprensible, lanzándonos a la soledad, zambulléndonos en la oscuridad y el silencio, no para retirarnos y protegernos del peligro, sino para llevarnos a salvo a través de peligros desconocidos, por un milagro de su amor y de su poder.

El camino de la contemplación no es, de hecho, camino alguno. Cristo es el único camino, y él es invisible. El "desierto" de la contemplación es sencillamente una metáfora para explicar el estado de vacío que experimentamos cuando hemos abandonado todos los caminos, nos hemos olvidado de nosotros mismos y hemos tomado a Cristo invisible como nuestro camino. Como dice san Juan de la Cruz:

Y así grandemente se estorba un alma para venir a este alto estado de unión con Dios, cuando se ase a algún entender, o sentir, o imaginar, o parecer, o voluntad, o modo suyo, o cualquiera otra obra o cosa propia, no sabiéndose desasir y desnudar de todo ello... Por tanto, en este camino, el entrar en camino es dejar su camino; o por mejor decir, es pasar al término y dejar su modo, es entrar en lo que no tiene modo, que es Dios. Porque el alma que a este estado llega, ya no tiene modos, ni maneras, ni menos se ase ni puede asir a ellos... aunque en sí encierra todos los modos, al modo del que no tiene nada, que lo tiene todo.

Esto podría completarse con las palabras que siguen de John Tauler:

Cuando hemos probado esto en la auténtica profundidad de nuestras almas, nos hace hundirnos y disolver-nos en nuestra nada y pequeñez. Cuanto más brillante y más pura es la luz que se derrama en nosotros por la grandeza de Dios, tanto más claramente veremos nuestra nada y pequeñez. En realidad así es cómo podemos discernir la autenticidad de esta iluminación. Porque es el brillo divino de Dios en lo más profundo de nuestro ser, no por medio de imágenes, no por medio de nuestras facultades, sino en las auténticas profundidades de nuestras almas. Su efecto será hundirnos más y más en nuestra propia nada.

Se pueden sacar dos sencillas conclusiones de todo esto. Primero, que la contemplación es la culminación de la vida cristiana de oración, porque el Señor no desea nada de nosotros más que convertirse él mismo en nuestro "camino", en nuestra "verdadera vida". Esta es la única finalidad de su venida a la tierra para buscarnos, para poder elevarnos, juntamente con él, al Padre. Sólo en él y con él podemos alcanzar al Padre invisible, al que nadie podrá ver y seguir viviendo. Muriendo a nosotros mismos, y a todas las "maneras", "lógicas" y "métodos" propios nuestros, podemos ser contados entre aquellos a los que la misericordia del Padre ha llamado a sí en Cristo. Pero la otra conclusión es igualmente importante. Ninguna lógica propia puede conseguir esta transformación de nuestra vida interior. No podemos argumentar que el "vacío" es igual a la "presencia de Dios", y luego sentarnos tranquilamente para conseguir la presencia de Dios vaciando nuestras almas de toda imagen. No es cuestión de lógica ni de causa y efecto. Tampoco es cuestión de deseo, o de una empresa proyectada, o de nuestra propia técnica espiritual.

Todo el misterio de la oración contemplativa simple es un misterio de amor divino, de vocación personal y de don gratuito. Esto, y sólo esto, consigue el verdadero «vacío», en el que ya nada queda de nosotros mismos.

Un vacío deliberadamente cultivado, para llenar una ambición espiritual no responde en absoluto al concepto de vacío espiritual. Es la plenitud de uno mismo. Tan lleno que la Luz de Dios no tiene sitio alguno por donde poder penetrar. No hay grieta ni rincón abandonado donde algo pueda encajarse en ese duro corazón, fruto de la autoabsorción, que es nuestra opción de vivir centrados en nuestro propio ser. Y, en consecuencia, cualquiera que aspire a convertirse en contemplativo debe pensarlo dos veces antes de ponerse en camino. Quizá la mejor forma de convertirse en contemplativo seria desear con todo el corazón ser cualquier cosa menos contemplativo. ¿Quién sabe?

Pero, naturalmente, tampoco eso es verdad. En la vida contemplativa, ni el deseo ni el rechazo del deseo es lo que cuenta, sino sólo aquel "deseo" que es una forma de "vacío", que asiente con lo desconocido y avanza tranquilamente por donde no ve camino alguno. Todas las paradojas acerca del camino contemplativo se reducen a ésta: estar sin deseos significa ser llevado por un deseo tan grande que es incomprensible. Es demasiado grande para ser completamente sentido. Es un deseo ciego, que parece un deseo de "la vaciedad", sólo porque nada puede contentarlo. Y porque es capaz de descansar en la vaciedad, entonces, relativamente hablando, descansa en la vaciedad. Pero no en una vaciedad como tal, en una vaciedad por si misma. Realmente no existe tal entidad como pura vaciedad, y la vaciedad meramente negativa del falso contemplativo es una "cosa", no la "nada". La «cosa" que se reduce a la oscuridad misma, de la cual todos los demás seres están excluidos deliberadamente y por todos los medios.

Pero la verdadera vaciedad es la que trasciende todas las cosas, y aún es inmanente a todas ellas. Porque lo que parece vaciedad en este caso es puro ser. O al menos un filósofo podría describirla así. Pero para el contemplativo es otra cosa. No es ni ésta ni aquélla. Todo lo que digáis de ella es diferente a lo que se decía. Lo propio de la vaciedad, al menos para un cristiano contemplativo, es puro amor, pura libertad. Amor que está libre de todo, no determinado por nada, o visto en alguna clase de relación. Es un compartir, a través del Espíritu Santo, en la infinita caridad de Dios. Y así, cuando Jesús dijo a sus discípulos que amaran, se refería a una forma de amar tan universal como la del Padre, que envía su lluvia lo mismo sobre justos que sobre pecadores. "Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto." Esta pureza, libertad e indeterminación del amor es la auténtica esencia del cristianismo. A esto aspira sobre todo la vida monástica.

La oración contemplativa (Parte 1 de 2)

Autor: R.P. Tomás Merton, OCSO (+1968) | Fuente: Abandono.com

La oración contemplativa es, en cierto modo, simplemente la preferencia por el desierto, el vacío, la pobreza. Cuando uno ha conocido el sentido de la contemplación, intuitiva y espontáneamente busca el sendero oscuro y desconocido de la aridez con preferencia a ningún otro. El contemplativo es el que más bien desconoce que conoce, más bien no goza que goza, y el que más bien no tiene pruebas de que Dios le ama. Acepta el amor de Dios en fe, en desafío a toda evidencia aparente. Ésta es una condición necesaria, y muy paradójica, para la experiencia mística de la realidad de la presencia de Dios y de su amor para con nosotros. Sólo cuando somos capaces de «dejar que salgan» todas las cosas de nuestro interior, todos los deseos de ver, saber, gustar y experimentar la presencia de Dios, entonces es cuando realmente nos hacemos capaces de experimentar la presencia con una convicción y una realidad abrumadoras, que revolucionan toda nuestra vida interior.

Walter Hilton, un místico inglés del siglo catorce dice en su Scale of Perfection:

Es mucho mejor ser separado de la visión del mundo en esta noche oscura, por muy penoso que eso pueda resultar, que morar fuera, ocupado en los falsos placeres del mundo... Porque cuando estás en esa noche, te encuentras mucho más cerca de Jerusalén que cuando estás en la falsa luz. Abre tu corazón al movimiento de la gracia y acostúmbrate a residir en esta oscuridad, intenta familiarizarte con ella y encontrarás rápidamente que la paz, y la verdadera luz de la comprensión espiritual inundarán tu alma...

La contemplación es esencialmente una escucha en el silencio, una expectación. Y también, en cierto sentido, debemos empezar a escuchar a Dios cuando hemos terminado de escuchar. ¿Cuál es la explicación de esta paradoja? Quizá que hay una clase de escucha más elevada, que no es una atención a la longitud de cierta onda, una receptividad para cierto mensaje, sino un vacío que espera realizar la plenitud del mensaje de Dios dentro de su aparente vacío. En otras palabras, el verdadero contemplativo no es el que prepara su mente para un mensaje particular, que él quiere o espera escuchar, sino el que permanece vacío porque sabe que nunca puede esperar o anticipar la palabra que transformará su oscuridad en luz. Ni siquiera llega a anticipar una clase especial de transformación. No pide la luz en vez de la oscuridad. Espera la Palabra de Dios en silencio, y cuando es "respondido", no es tanto por una palabra que brota del silencio. Es por su silencio mismo cuando de repente, inexplicablemente revelándose a él como la palabra de máximo poder, llena de la voz de Dios.

Pero no debemos aceptar una visión puramente quietista de la oración contemplativa. No es mera negación. Nadie se convierte en contemplativo sencillamente por «oscurecer» las realidades sensibles, y permanecer solo consigo mismo en la oscuridad. En primer lugar, uno que hace eso como un montaje, a propósito, como conclusión de un razonamiento práctico sobre el tema, y sin una vocación interior, sencillamente entra en una oscuridad artificial que se ha fabricado él mismo. No está solo con Dios, sino solo consigo mismo. No está en presencia del Único Trascendente, sino de un ídolo, el de su propia identidad complaciente. Se ve inmerso y perdido en si mismo, en un estado de narcisismo inerte, primitivo e infantil. Su vida es »nada» no en el sentido misterioso, dinámico, en el que la nada del místico es paradójicamente el todo de Dios. Es sencillamente la nada de un ser finito, abandonado a si mismo en su propia trivialidad.

Los místicos Rhenish del siglo catorce tuvieron que luchar contra muchas formas heréticas de contemplación y contra la pasividad de la voluntad propia, arbitraria, de los que abrazaban la forma quietista de oración de una manera sistemática, dedicándose a cultivar simplemente la inercia como si ella fuera, por si misma, suficiente para resolver los problemas. De ésos dice Tauler:

Estas personas han entrado en un camino sin salida. Confían totalmente en su inteligencia natural y están totalmente orgullosos de ellos mismos al hacerlo. Nada saben de las profundidades y riquezas de la vida de Nuestro Señor Jesucristo. Ni siquiera han formado sus propias naturalezas por el ejercicio de la virtud y no han avanzado en los caminos del verdadero amor. Confían exclusivamente en la luz de su razón y en su falsa pasividad espiritual.

El problema que entraña el racionalismo es que se engaña a sí mismo en su racionalización y manipulación de la realidad. Hace culto del «permanecer sin moverse", como si eso en si mismo tuviera un poder mágico para resolver todos los problemas y llevar al hombre al contacto con Dios. Pero de hecho es sencillamente una evasión. Es una falta de honradez y seriedad, una banalidad con la gracia y una huida de Dios. Esto es realmente el "quietismo puro". Pero, ¿podemos decir que algo semejante existe en nuestros días?

El quietismo absoluto no es un peligro omnipresente en el mundo de nuestro tiempo. Para ser un quietista absoluto, uno tendría que hacer esfuerzos heroicos para permanecer sin hacer nada, y tales esfuerzos están más allá del poder de la mayoría de nosotros. Sin embargo, existe una tentación de una clase de pseudoquietismo que afecta a los que han leído libros sobre el misticismo sin entenderlos en absoluto. Y eso los lleva a una vida espiritual deliberadamente negativa, que no es más que una dejación de la oración, por ninguna otra razón que por la de imaginar que, dejando de ser activo, uno entra en la contemplación. Eso lleva en realidad a la persona a estar vacía, sin una vida espiritual, interior, en la que las distracciones y los impulsos emocionales gradualmente los afirman a expensas de toda actividad madura, equilibrada, de la mente y el corazón. Persistir en esta situación de paréntesis puede llegar a ser muy perjudicial espiritual, moral y mentalmente.

El que sigue los caminos ordinarios de la oración, sin prejuicio alguno y sin complicaciones, será capaz de disponerse mucho mejor para recibir su vocación a la oración contemplativa a su debido tiempo, dando por sabido que le llegará su momento.

miércoles, junio 01, 2011

Un pensamiento de Tomás Merton

R.P. M. Luís (Tomás) Merton, OCSO (+1968)

Todo momento y todo evento en la vida de todo hombre en la tierra planta algo en su alma. Así como el viento carga miles de visibles e invisibles semillas aladas, con el correr del tiempo brinda gérmenes de vitalidad espiritual que vienen a descansar imperceptiblemente en las mentes y voluntades de los hombres. La mayor parte de estas innumberables semillas se pierden, porque los hombres no están preparadas para recibirlas; porque esas semillas no pueden germinar excepto en un alma buena con libertad y deseo.

- Tomás Merton, OCSO (+1968), Seeds of Contemplation.