viernes, abril 29, 2011

¿Sancionó Dios el genocidio en la Biblia?

Cómo interpretar los pasajes “difíciles” de las Sagradas Escrituras

Autor: P. Fernando Pascual L.C. | Fuente: Forum libertas vía Catholic.net

A veces resulta difícil comprender algunas páginas de la Biblia, especialmente del Antiguo Testamento. Leemos en ocasiones escenas, acciones, algunas presentadas como “órdenes divinas”, que hoy nos parecen contrarias a la justicia y a la bondad, que vemos como incompatibles con el modo de ser de Dios.

Las dificultades pueden superarse si aprendemos a leer la Biblia en su conjunto y en sus partes según los criterios de interpretación de la Iglesia católica. Vamos a recordar esos criterios y aplicarlos a un pasaje concreto.

Encontramos en el libro de Josué un pasaje que narra la conquista de Jericó. Josué pide a los israelitas que consagren como anatema para Yahveh todo lo que se encontraba en la ciudad, menos a Rajab la prostituta y a su familia. Las murallas de Jericó caen, y los israelitas asesinan a hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, e incluso a los animales (cf. Jos 6,1-27).

Un poco más adelante leemos cómo los gabaonitas, que vivían en la zona, estaban convencidos de que existía una terrible orden divina de exterminio. Tras haber engañado a Josué y conseguido una forma de “coexistencia pacífica” con los israelitas, explican el motivo de su mentira:

“Le respondieron a Josué: ‘Es que tus siervos estaban bien enterados de la orden que había dado Yahveh tu Dios a Moisés su siervo, de entregaros todo este país y exterminar delante de vosotros a todos sus habitantes. Temimos mucho por nuestras vidas a vuestra llegada y por eso hemos hecho esto’” (Jos 9,24).

Surge la pregunta al leer estos pasajes: ¿Dios habría dado la orden de exterminar a los pueblos que vivían en Palestina? En otras palabras: ¿es posible que Dios haya pedido a Josué que cometiese un acto que hoy nos parece claramente injusto? ¿Qué “culpa” podrían tener los civiles desarmados, los ancianos y los niños, las mujeres y los jóvenes, para ser asesinados? Además, ¿cómo justificar la conquista de una ciudad asentada durante muchos años en un lugar concreto? ¿Qué derecho tenían los israelitas de iniciar una guerra de invasión contra poblaciones que durante siglos habían vivido en aquella región?

Son preguntas, es cierto, que nacen desde nuestro tiempo histórico, y que pueden parecen fuera de sitio al ser aplicadas a una época muy diferente de la nuestra. Sin embargo, sabemos que el asesinato de inocentes o que la guerra de exterminio son actos que siempre van contra la justicia, aunque un pueblo haya llegado a un nivel de ceguera que le impida ver la malicia de sus acciones.

Pero entonces, ¿cómo Dios permitió en el pueblo elegido una actitud y unos comportamientos tan gravemente injustos? ¿No pudo haber revelado a los israelitas que nunca es lícito asesinar a inocentes, ni expulsar a una población de la tierra en la que vive?

En el camino hacia la respuesta, hemos de tener presente qué es la Biblia para la Iglesia. Luego podremos recordar los criterios de interpretación que la Iglesia usa para leer cualquier pasaje de la Biblia, y aplicarlos al relato de la conquista de Jericó.

Preguntémonos, para empezar: ¿qué sentido tiene para los católicos la Biblia en su conjunto y en sus distintas partes?

Como enseña el Concilio Vaticano II, la Iglesia considera que Dios ha inspirado todos los libros recogidos en el “canon” (la lista de escritos que constituyen la Biblia). Decir que estos libros están inspirados significa afirmar que exponen con certeza y sin ningún error lo que Dios quiere enseñarnos para nuestra salvación, porque están escritos gracias a la acción del Espíritu Santo (cf. Dei Verbum, n. 11).

Dios es el Autor de los distintos libros de la Biblia, y también es autor el hombre (escritor sagrado) que redacta bajo la luz de Dios y según sus talentos y cualidades humanas (cf. Dei Verbum, n. 11).

Encontramos, así, dos acciones en los escritos sagrados: por un lado, la acción por la que Dios quiere comunicar su Palabra; por otro, la acción del hombre que comprende y expresa el mensaje según su modo de pensar.

Teniendo esto presente, podemos preguntarnos: ¿cómo leer, cómo interpretar cada texto?

La lectura de la Biblia, en la Iglesia, se realiza según unos criterios generales y, siempre, bajo la guía del magisterio (del Papa y de los obispos que enseñan unidos entre sí por lazos de comunión y en plena sintonía con el Papa). Vamos a ver esos criterios generales de interpretación y aplicarlos a nuestro pasaje.

a. Primero, hay que identificar cuál es el género literario usado por el autor de cada libro. Según dice Dei Verbum (n. 12), “para entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos, hay que atender cuidadosamente tanto a las formas nativas usadas de pensar, de hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo, como a las que en aquella época solían usarse en el trato mutuo de los hombres”.

En el caso de la conquista de Jericó, el autor escoge el género de campaña militar, según la mentalidad de una época histórica en la que grupos humanos y tribus enteras pensaban que el derecho de conquista podría justificar la eliminación de las poblaciones vencidas. Además, el pueblo de Israel (y el autor sagrado es hijo de su pueblo) pensaba que ese derecho de conquista, como tantas otras tradiciones, venía directamente de Dios.

Hoy, ciertamente, reconocemos la atrocidad de la matanza de inocentes en cualquier guerra, del pasado o del presente. Pero aquel tiempo era muy diferente. Hemos de recordar, además, que Dios, en la elaboración de la Biblia, “condesciende” (cf. Dei Verbum n. 13) con los hombres y permite que elementos importantes de su mensaje queden expresados a través de palabras escritas por hombres frágiles, incluso pecadores, en un ropaje que nos puede parecer indigno, pero que es simplemente eso: lo que pensaba y vivía un grupo humano en una etapa concreta de su historia.

Hace falta, por tanto, no limitarnos a la “letra” del texto escrito para evitar el peligro de caer en el fundamentalismo. Ello nos lleva a recurrir a otros criterios de interpretación sumamente importantes. Presentamos ahora conjuntamente dos de esos criterios:

b. La Biblia necesita leerse “con el mismo Espíritu con que se escribió para sacar el sentido exacto de los textos sagrados” (Dei Verbum n. 12). En ese sentido, toda la Escritura adquiere comprensión plena a la luz de Cristo, que es el culmen de la Revelación y centro del mensaje que Dios quiere transmitir a los hombres.

c. Hay que leer la Escritura en su unidad, de forma que ningún pasaje sea considerado de modo aislado, como si por sí mismo fuese suficiente para expresar el mensaje de Dios a los hombres. Además, el Antiguo Testamento, que contiene “algunas cosas imperfectas y adaptadas a sus tiempos” (Dei Verbum n. 15) ha de leerse e interpretarse desde la plenitud de comprensión que recibe con el Nuevo Testamento (cf. Dei Verbum n. 16).

Volvamos a nuestro texto para iluminarlo con los dos criterios que acabamos de mencionar. El Nuevo Testamento (el Antiguo Testamento se comprende en plenitud desde el Nuevo Testamento, desde Cristo) ofrece dos textos que interpretan el pasaje que estamos considerando del libro de Josué.

El primer texto se encuentra en la Carta a los Hebreos. Allí leemos lo siguiente: “Por la fe, se derrumbaron los muros de Jericó, después de ser rodeados durante siete días. Por la fe, la ramera Rajab no pereció con los incrédulos, por haber acogido amistosamente a los exploradores” (Hb 11,30-31).

El segundo texto se encuentra en la Carta de Santiago: “Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no por la fe solamente. Del mismo modo Rajab, la prostituta, ¿no quedó justificada por las obras dando hospedaje a los mensajeros y haciéndoles marchar por otro camino?” (Sant 2,24-25).

Estos dos pasajes del Nuevo Testamento interpretan la conquista de Jericó y el privilegio dado a Rajab en clave de fe y de obras: quien cree y se comporta de modo correcto se beneficia de la acción salvífica de Dios. No se habla de los otros aspectos del libro de Josué (la conquista de la ciudad, la entrega al “anatema” de hombres, mujeres, niños, animales), que quedan en la sombra y no son vistos como relevantes respecto de la pregunta con la que debemos leer la Biblia: ¿qué mensaje salvífico ofrece un pasaje concreto? La respuesta de estos dos textos del Nuevo Testamento para el pasaje que estamos considerando es clara: la fe lleva a la salvación, la falta de fe provoca la ruina de los hombres.

d. Damos un paso adelante con la ayuda de otros criterios de interpretación. Uno se refiere a la Tradición viva de la Iglesia. Como enseña el Concilio Vaticano II, la Sagrada Escritura debe ser leída teniendo “en cuenta la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe” (Dei Verbum n. 12, cf. nn. 8-10). Nos fijamos ahora en la Tradición.

¿Qué entendemos por “Tradición viva”? En ella se recoge la predicación que los Apóstoles legaron a los obispos que les sucedieron, y que se convierte en una “transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu Santo”, que es “distinta de la Sagrada Escritura, aunque estrechamente ligada a ella. Por ella, la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 78, que cita Dei Verbum n. 8). De modo especial, los Santos Padres recogen y reflejan esta Tradición viva, y nos permiten acceder en su integridad a la Revelación de Dios (que está recogida tanto en la Tradición como en la Escritura).

Lo que acabamos de decir explica por qué el cristianismo no es una “religión del libro”: no se basa simplemente en un texto sagrado en el cual se encontraría todo y al cual se debería recurrir siempre, directamente, sin intermediarios ni interpretaciones. Sobre este punto, el Catecismo de la Iglesia católica n. 108, explica:

“Sin embargo, la fe cristiana no es una religión del Libro. El cristianismo es la religión de la Palabra de Dios, no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encarnado y vivo. Para que las Escrituras no queden en letra muerta, es preciso que Cristo, Palabra eterna del Dios vivo, por el Espíritu Santo, nos abra el espíritu a la inteligencia de las mismas (cf. Lc 24,45)”.

e. Otro criterio, ya mencionado, es la analogía de la fe. Por analogía de la fe se entiende la trabazón profunda que existe entre las verdades cristianas, dentro del conjunto de la Revelación. En otras palabras, no se puede “sacar” de un pasaje bíblico una conclusión que vaya contra lo que entendemos en la lectura completa de la Biblia y de la Tradición.

Es claro que si aplicamos la analogía de la fe es imposible interpretar la conquista de Jericó como si Dios hubiera ordenado un genocidio, sencillamente porque Dios es amante de la vida y, si no amase algo, no lo habría creado (cf. Sab 11,24-26). Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y así viva (cf. Ez 18,23). El Hijo no vino para condenar, sino para salvar a todo el que crea (cf. Jn 3,16-18). El seguidor de Cristo no puede desear que caiga fuego del cielo para destruir a los que no reciben al Señor (cf. Lc 9,51-56).

Desde la ayuda y la integración de otros pasajes bíblicos podemos llegar a una lectura correcta del libro de Josué. Si, además, vemos la Tradición viva de la Iglesia y las enseñanzas constantes de los Papas y de los obispos, aparece claramente que la Iglesia no ha defendido nunca un “derecho de conquista” que implique la destrucción completa de un pueblo, sino que más bien ha condenado siempre cualquier crimen de inocentes, también en tiempo de guerra, porque va contra el quinto mandamiento, y porque nadie debería apoyarse en la Biblia para justificar ninguna guerra de agresión ni, mucho menos, el exterminio de un pueblo.

Podemos añadir aquí que el pasaje de la conquista de Jericó, como otros pasajes bíblicos, fue interpretado por algunos Escritores eclesiásticos y Santos Padres de un modo alegórico, como una figura que escondía un significado más profundo. Por poner un ejemplo, Orígenes (siglos II-III) veía en la ciudad de Jericó una imagen del mundo; en Rajab, que acogió a los exploradores, encuentra un modelo de todos aquellos que reciben a los apóstoles por la fe y la obediencia; en el hilo escarlata que cuelga en su casa (cf. Jos 2,18) descubre una señal de la Sangre salvadora de Cristo (cf. Orígenes, Homilías sobre el libro de Josué, 6,4).

Existe, ciertamente, el peligro, ya señalado por santo Tomás de Aquino y recordado en un importante documento de la Pontificia Comisión Bíblica (El pueblo judío y sus escrituras sagradas en la Biblia cristiana, n. 20), de exagerar en el uso de la alegoría y olvidar la importancia de los datos históricos. Lo que encontramos en el libro de Josué, en un estilo que ciertamente no es el de un cronista ni el de un historiador en el sentido moderno de la palabra, es la narración de la conquista de una de las ciudades de la tierra prometida.

La conquista de Jericó es un dato histórico de un enorme dramatismo. Se coloca, por un lado, en el camino de Israel, el pueblo que sale de Egipto, que es ayudado por Dios para librarse de la opresión de los egipcios, que recibe unos mandamientos y unas promesas. Por otro lado, en el momento de la llegada, del asentamiento, de la conquista de unas tierras según un deseo divino que responde a la lógica de la promesa: si el pueblo será fiel, podrá vivir en libertad y tener una patria propia.

La ocupación de la tierra prometida se realizó, como dijimos, según modos que reflejan una mentalidad muy lejana a la nuestra. El hecho de la matanza, de haber ocurrido, sigue un modo de pensar en el que el derecho de conquista “permitía” tomar medidas muy fuertes sobre los vencidos. Pero la lectura correcta del hecho, en el contexto de una intervención de Dios en la historia, no puede prescindir de que por encima de una acción injusta, y con un pueblo todavía necesitado de una profunda conversión, Dios estaba preparando un camino para ofrecer la salvación a los hombres, si éstos la aceptaban con una fe como la que, en un modo imperfecto, encontramos en Rajab.

Además, notamos que la misma narración bíblica no nos habla de un exterminio completo de los pueblos que vivían en Palestina. Como vimos, los habitantes de Gabaón hicieron alianza con Josué (cf. Jos 9,3-27).

Otros pueblos no fueron conquistados, y serán motivo de continuas guerras y aflicciones para los judíos. El autor sagrado interpretó este hecho como parte de la voluntad de Dios, que habría querido “probar” a su pueblo para ver si mantenía o no su fidelidad. Sabemos que el pueblo no fue fiel: se unió con los pueblos vecinos y cayó en la idolatría y en numerosos males y derrotas (cf. Jue 2,20-3,8).

Está claro que siempre será incorrecto considerar a los pueblos vecinos simplemente como objeto de odio o de desprecio por parte de Dios. Aunque Israel tiene clara conciencia de ser un pueblo elegido, predilecto, amado, necesita reconocer que su elección está en función del amor que Dios tiene también a otros pueblos. Lo señala expresamente la Pontificia Comisión Bíblica en el documento antes citado:

“La elección de Israel no implica el rechazo de las demás naciones. Al contrario, presupone que las demás naciones pertenecen también a Dios, pues ‘la tierra le pertenece y todo lo que en ella se encuentra’ (Dt 10,14), y Dios ‘ha dado a las naciones su patrimonio’ (32,8). Cuando Israel es llamado por Dios ‘mi hijo primogénito’ (Ex 4,22; Jr 31,9) o ‘las primicias de su cosecha’ (Jr 2,3), esas mismas metáforas implican que las demás naciones forman parte igualmente de la familia y de la cosecha de Dios. Esta interpretación de la elección es típica de la Biblia en su conjunto” (El pueblo judío y sus escrituras sagradas en la Biblia cristiana, n. 33).

Es posible, además, realizar una lectura más precisa sobre este relato y sobre los diversos pasajes del Antiguo Testamento que hablan del “anatema”. ¿En qué consiste el “anatema”? En consagrar a Dios el botín y los despojos de los derrotados, para evitar cualquier contaminación con las religiones presentes en Palestina. En Dt 13,13-19 la orden de destrucción completa afecta no sólo a los extranjeros, sino a aquellas ciudades de Israel (es decir, a los mismos judíos) que se aparten de la Alianza y den culto a otros dioses.

En realidad, ya vimos que no todos los pueblos fueron exterminados. Con el pasar del tiempo, muchos de los pueblos hostiles dejaron de existir en Palestina. Entonces, ¿cómo entender el anatema? Lo explica el documento que citamos antes:

“En el tiempo de la composición del Deuteronomio así como del libro de Josué, el anatema era un postulado teórico, puesto que en Judá ya no existían poblaciones no israelitas. La prescripción del anatema pudo ser el resultado de una proyección en el pasado de preocupaciones posteriores. En efecto, el Deuteronomio se preocupa de reforzar la identidad religiosa de un pueblo expuesto al peligro de los cultos extranjeros y de los matrimonios mixtos” (El pueblo judío y sus escrituras sagradas en la Biblia cristiana, n. 56).

En ese contexto, pueden darse tres interpretaciones del anatema, expresados en el mismo n. 56 del documento que acabamos de citar:

-primero, teológico: reconocer la tierra como un dominio del Señor;

-segundo, moral: evitar al pueblo cualquier posible tentación que pueda dañar la propia fidelidad a Dios;

-tercero, sociológico: la tentación del pasado que puede darse en el presente “de mezclar la religión con las formas más aberrantes de recurso a la violencia” (El pueblo judío y sus escrituras sagradas en la Biblia cristiana, n. 56).

Esa tercera interpretación del anatema, podemos decirlo con seguridad, no corresponde al proyecto de amor de Dios. En otras palabras, Dios no quiso de ningún modo que fueran eliminados seres inocentes en la conquista de ciudades por parte de los judíos.

Quizá para más de uno quedaría por responder una pregunta que surge al leer la Biblia: ¿por qué no simplificar el texto sagrado? ¿No sería mejor dejar de lado un Antiguo Testamento difícil de entender, con pasajes como el de la conquista de Jericó que resultan “escandalosos”? ¿No lograríamos así un cristianismo más asequible al mundo moderno?

La respuesta está en comprender la naturaleza de la Biblia: es un único libro, en el que Cristo ocupa el lugar central, y en el que cada pieza tiene su valor. El Antiguo Testamento no es un “lastre”, sino un elemento clave de la Revelación, un conjunto de libros que nos lleva a comprender mejor la acción salvadora de Dios en su Hijo encarnado.

Como recordaba la Pontificia Comisión Bíblica en el texto antes citado: “Sin el Antiguo Testamento, el Nuevo sería un libro indescifrable, una planta privada de sus raíces y destinada a secarse” (El pueblo judío y sus escrituras sagradas en la Biblia cristiana, n. 84). O, como decía san Agustín, “en el Antiguo Testamento está velado el Nuevo, y en el Nuevo está la revelación del Antiguo” (La catequesis de los principiantes, IV,8).

En conclusión, los pasajes difíciles de la Biblia adquieren su inteligibilidad a la luz de una lectura realizada dentro de la fe de la Iglesia, según unos criterios de interpretación que nos dan la llave para la comprensión de un texto que narra una historia maravillosa: la de la llamada de un Dios que ama a los hombres; y la de la respuesta de los hombres que, en medio de las mil peripecias de la vida, y con límites debidos a las distintas épocas de la historia, se dejan guiar y maduran su respuesta de amor a quien tanto nos ha amado.

Para profundizar, cf. Curso de la Biblia del P. Antonio Rivero L.C., especialmente
Interpretación de la Biblia

Biógrafo de Juan Pablo Magno sale en su defensa

Fuente: Religión en Libertad/ACI vía Catholic.Net

George Weigel A sólo de 4 días para la beatificación de Juan Pablo II, surgen diferentes opiniones a favor y en contra de este proceso que llevará al Santo Padre a los altares.

El biógrafo papal George Weigel rebatió las críticas contra la velocidad del proceso de canonización de Juan Pablo II y consideró que las acusaciones de quienes señalan al Papa como responsable por los escándalos sexuales que ocurrieron durante su pontificado son absolutamente infundadas.

En declaraciones del 25 de abril, Weigel afirmó que la investigación sobre la vida de Juan Pablo II ha sido muy profunda y los resultados llenan cuatro volúmenes.

Weigel señaló que el mismo Papa retiró el periodo de cinco años de espera usualmente prescrito entre la muerte de alguien y la apertura oficial de un proceso de beatificación en el caso de la Madre Teresa, otra ocasión en la que había una gran convicción popular sobre la santidad de la fallecida.

Al refutar las acusaciones de encubrimiento de Juan Pablo II a casos de pederastia, el biógrafo papal explicó que tanto en los Estados Unidos como en otras partes, la mayoría de abusos no sucedieron durante el pontificado de Juan Pablo II, aunque las revelaciones de esos casos sí.

Juan Pablo II fue un gran reformador del sacerdocio y el ministerio ordenado de la Iglesia está en mucha mejor forma hoy, gracias a él, de lo que estaba en 1978.

El biógrafo reconoció a ACI Prensa que ciertos despachos vaticanos, especialmente la Congregación para el Clero fueron más lentos de lo que debían haber sido en reconocer la naturaleza del problema en los Estados Unidos y en elaborar remedios apropiados.

Sin embargo, precisó, una vez que estaba claro, en abril de 2002, que esto no podía ser manejado por los obispos estadounidenses solos y que una intervención papal era necesaria, él (Juan Pablo II) intervino y dejó inequívocamente claro que no hay lugar en el sacerdocio para aquellos que dañan a los jóvenes.

Al referirse a la relación del Papa con el P. Marcial Maciel, Weigel afirmó que Juan Pablo II fue engañado por él al igual que mucha, mucha gente.

El discipulado cristiano radical de Juan Pablo II y su notable capacidad de hacer brillar el compromiso a través de sus palabras y sus actos, hizo al Cristianismo interesante e irresistible otra vez en un mundo que pensó que ya había superado su necesidad de fe religiosa, agregó.

Juan Pablo II, afirmó Weigel, fue un hombre de coraje extraordinario, pues levantó la dignidad de la persona humana y proclamó la universalidad de los derechos humanos en una manera que ayudó a traerse abajo la más grande tiranía en la historia de la humanidad.

Si éste es un fracaso papal, no sé cómo luce un éxito papal, finalizó.

Comentario. Hermanos, he visto montones de comentarios viciosos en varias lenguas lanzados contra la persona del Siervo de Dios Juan Pablo II, mientras que otros buscan crear un colectivo de resistencia contra elevación de Juan Pablo Magno a los altares. A los organizadores de dicha resitencia les digo: no pierdan su tiempo. A otro perro con su hueso. La beatificación, va.

Y a la gente sin clase que les encanta lanzar todo tipo de insultos e improperios contra el Siervo de Dios, que se miren en un espejo y que imploren la misericordia de Dios.

jueves, abril 28, 2011

“…y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es falsa; todavía están en sus pecados.”


12 Ahora bien, si se predica que Cristo (el Mesías) ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos entre ustedes que no hay resurrección de muertos? 13 Y si no hay resurrección de muertos, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado; 14 y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también la fe de ustedes. 15 Aún más, somos hallados testigos falsos de Dios, porque hemos testificado contra[c] Dios que El resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan.

16 Porque si los muertos no resucitan, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado; 17 y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es falsa[d]; todavía están en sus pecados. 18 Entonces también los que han dormido (han muerto) en Cristo están perdidos. 19 Si hemos esperado en Cristo para[e] esta vida solamente, somos, de todos los hombres, los más dignos de lástima. 

(1 Corintios 15: 12-19, Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy)

Hermanos, haríamos bien en meditar estas palabras y llevarlas a nuestros corazones. La resurrección de Cristo es primicia de la nuestra. Resucitaremos porque El resucitó. Oremos y vivamos de tal modo que nuestra resurrección sea una para la vida eterna, para reinar con El por los siglos de los siglos, Amen.

lunes, abril 25, 2011

“¿Oh hades dónde está tu victoria? Cristo resucitó, y fuiste aniquilado.”


HOMILÍA PASCUAL DE SAN JUAN CRISÓSTOMO

Aquél que es devoto y amante de Dios,
que disfrute de esta magnifica y brillante fiesta.
Aquél que es un siervo agradecido,
que entre alegremente en el gozo del Señor.

Aquél que está cansado en ayuno
que reciba ahora el denario de recompensa.
Si alguien ha trabajado desde la primera hora,
que reciba su gratificación correspondiente.
Si alguien ha llegado después de la tercera hora,
que participe en la fiesta agradecido.
Aquél que llega después de la sexta hora,
que no dude: él nada pierde.
Si alguien ha demorado hasta la novena hora,
que se aproxime, sin vacilación.
A
quél que llega en la undécima hora,
que no tema a causa de su demora,
porque el Señor es de gracia y de generosidad.

El recibe tanto a los últimos como a los primeros.
El concede descanso al que viene en la undécima hora,
igual como aquél que ha trabajado desde la primera hora.
El tiene misericordia del último, y satisface al primero.
A aquél da, y a éste regala.
El recibe las obras y acepta la intención.
Honra los hechos, y alaba el empeño.

Por lo tanto, entrad vosotros todos al gozo de vuestro Señor.
Los primeros y los últimos, tomad vuestra recompensa.

Ricos y pobres, regocijaos y alegraos juntos.
Porque la mesa está llena, deleitaos de ella todos.
El ternero está echado entero; que nadie se retire con hambre.
Regocijaos todos del banquete de la fe.
Disfrutad de todas las riquezas de la bondad.

Que nadie se queje de su pobreza,
porque el Reino Universal se ha manifestado.
Que nadie se lamente a causa de los pecados,
porque el perdón ha surgido resplandeciente del Sepulcro.

Que nadie tema la muerte,
porque la muerte del Salvador nos ha librado.
Porque destruyó la muerte
cuando ésta se apoderó de El.
Aquél que descendió al infierno aniquiló al infierno;
y lo hizo experimentar la amargura; cuando éste tomó su Cuerpo.

Esto predijo Isaías cuando exclamó diciendo:
"El hades fue amargado, cuando Te encontró abajo.
Ha sido amargado, funestamente, porque ha sido destruido.
Ha sido amargado porque ha sido encadenado.

Recibió un Cuerpo, y he aquí que era Dios.
Tomó la tierra, y encontró Cielo.
Tomó lo visible, y fue vencido invisiblemente.

¿Oh muerte dónde está Tu poder?
¿Oh hades dónde está tu victoria?
Cristo resucitó, y fuiste aniquilado.
Cristo resucitó y fueron arrojados los demonios,
Cristo resucitó y los Angeles se regocijaron.
Cristo resucitó y reinó la vida.
Cristo resucitó, y los sepulcros se vaciaron de los muertos.

Porque Cristo habiendo resucitado de entre los muertos,
fue el Primogénito de entre los muertos,
a El sean la gloria y el poder por los siglos de los siglos.

Amén.

domingo, abril 24, 2011

Domingo de Pascua de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, AD 2011

resurrection icon

Pregón Pascual

Exulten por fin los coros de los ángeles,
exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria de Rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.

Goce también la tierra,
inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla
que cubría el orbe entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

En verdad es justo y necesario
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán
y, derramando su sangre,
canceló el recibo del antiguo pecado.

Porque éstas son las fiestas de Pascua,
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

Ésta es la noche
en que sacaste de Egipto
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

Ésta es la noche
en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.

Ésta es la noche
en que, por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo
son arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.

Ésta es la noche
en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?

¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó de entre los muertos.

Ésta es la noche
de la que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mí gozo.»

Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los poderosos.

En esta noche de gracia,
acepta, Padre santo,
este sacrificio vespertino de alabanza
que la santa Iglesia te ofrece
por rnedio de sus ministros
en la solemne ofrenda de este cirio,
hecho con cera de abejas.

Sabernos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de esta cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.

¡Que noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano y lo divino!

Te rogarnos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
arda sin apagarse
para destruir la oscuridad de esta noche,
y, como ofrenda agradable,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
y es Cristo, tu Hijo resucitado,
que, al salir del sepulcro,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina glorioso
por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo ha resucitado! ¡En verdad ha resucitado!
Vivimos para esta Noche
La muerte no tendrá la última palabra.

sábado, abril 23, 2011

“Vivimos para esta noche” (Republicado)

resurrection icon La lección más imperecedera que nos dejó nuesto Beato, el puertorriqueño Carlos Manuel Rodríguez Santiago, es su amor a la noche de hoy, cuando cantamos el pregón pascual, anunciando al mundo nuevamente que Cristo vive, que ha resucitado de entre los muertos; que con su muerte derrotó la muerte y con su resurrección nos ganó la vida eterna.

La muerte ni tendrá la última palabra ni reirá último.

"Vivimos para esta noche" decía nuestro futuro santo. Esta es la noche del gran pregón, cuando alabamos la misma culpa original que nos hizo caer de la gracia de Dios, culpa a la que llamamos "feliz". En las palabras del  jesuita argentino Padre Guillermo Ortiz:

'Feliz culpa que nos mereció tan grande redentor', canta con gozo extraordinario el pregón pascual anunciando la resurrección de Cristo.

¿Qué pensás de esto? ¿No es un escándalo proclamar feliz la culpa?

¿Pero acaso no es mayor escándalo que el mismo Dios se abaje tanto para sacar al hombre del precipicio en el que ha caído, el abismo del egoísmo y la injusticia, de donde no puede salir jamás por sí mismo?

El egoísmo y la injusticia son tan malos y dañinos para el hombre, que le abortan su destino de felicidad, lo extravían del único camino, el camino del amor.

El que ha probado esta orfandad y extravío, entiende la grandeza y la profundidad del amor que le ofrece la salvación.

Cuando estabas hundido en la miseria del pecado, y probaste la impotencia de tus propias fuerzas para salir del foso de la muerte y suplicaste ayuda y te encontraste con el perdón infinito de Dios buscándote, entonces conocés la profundidad de la misericordia de Dios.

La profundidad del abismo mide también el amor y la condescendencia de Dios con nosotros.

Por eso el pregón pascual canta lleno de gozo: ‘Feliz culpa que nos mereció tan grande redentor’.

Feliz culpa si por ella entendiste que en el pecado no está lo mejor.

Feliz culpa si por ella dejaste de confiar en tu fuerza y en tu capacidad, y pusiste toda tu confianza en el amor de Dios.

Feliz culpa si por ella conozco la magnitud de la misericordia de Dios.

Amados padres, madres, hermanos y hermanas: la noche para la cual vivimos es esta noche. Que el amor del Padre, la paz de Jesucristo Nuestro Señor, y la comunión del Espíritu Santo quede con todos nosotros esta noche santa, dulce, linda y llena de amor.

Líbranos, Señor, de los Disparates Litúrgicos

Hermanos, durante una liturgia del día de Pascua de Resurrección el año pasado, personas responsables de una parroquia en Puerto Rico llevaron acabo una adición no autorizada a la Santa Misa consistiendo en baile, canto y acciones teatrales con el objeto de atraer y hacer relevante la Misa a la juventud de esa parroquia. El subsecuente Disparate Litúrgico ha sido documentado ampliamente aquí y las distintas leyes, rúbricas y opiniones que desautorizan ese tipo de adaptación pueden leerse aquí. Peor, las personas que se quejaron han sido objeto de persecución y algunos de los responsables, junto con su fanaticada, continúan insistiendo altaneramente de que no obraron mal y que su innovación unilateral es permitida por el Concilio Vaticano II – aunque la cita de los documentos de dicho Concilio autorizando tal esperpento nunca la demuestran.

Bueno, nada más con el testigo. Lo que hay que hacer es rezar:

Oremos que las graves irreverencias em tu Santa Misa  no sucedan otra vez ni en esa parroquia, ni en ninguna otra iglesia, capilla, oratorio ni liturgia alguna en el mundo. Concédele a nuestros sacerdotes, diáconos y laicos responsables, Señor, prudencia, sabiduría, conocimientos y celo por tu Santo Sacrificio incruento en donde se hacen presentes tu Cuerpo y tu Sangre. Ayuda a nuestros obispos y ordinarios responsables a tener el valor y la tenacidad necesarias para corregir a los incautos y dirigir a los pastores tímidos que no quieren o no se atreven a corregir a los que caen en este error. En fin, Señor, que tu Espíritu se manifieste, el Espíritu de adoración, de latría, y de celo por tu casa. En fin, que los jóvenes aprendan a conocerte, a amarte y a adorarte en una Eucaristía correctamente celebrada, en unión con todos los santos del pasado, presente y futuro, en continuidad y comunión con ellos. Padre, te lo pedimos en el nombre de tu Hijo Jesús Resucitado, Amén.

viernes, abril 22, 2011

Sábado Santo de la Pasión de Nuestro Señor AD 2011


La única opción posible es la de mantener un
silencio honroso y reverente… 

Viernes Santo de la Pasión del Señor- AD 2011



Oficio de Lecuras del Día
El valor de la sangre de Cristo
San Juan Crisóstomo

Catequesis 3,13-19


¿Quieres saber el valor de la sangre de Cristo? Remontémonos a las figuras que la profetizaron y recorramos las antiguas Escrituras.

Inmolad, dice Moisés, un cordero de un año; tomad su sangre y rociad las dos jambas y el dintel de la casa. ¿Qué dices, Moisés? La sangre de un cordero irracional ¿puede salvar a los hombres dotados de razón? «Sin duda, responde Moisés: no porque se trate de sangre, sino porque en esta sangre se contiene una profecía de la sangre del Señor».

Si hoy, pues, el enemigo, en lugar de ver las puertas rociadas con sangre simbólica, ve brillar en los labios de los fieles, puertas de los templos de Cristo, la sangre del verdadero Cordero, huirá todavía más lejos.

¿Deseas descubrir aún por otro medio el valor de esta sangre? Mira de dónde brotó y cuál sea su fuente. Empezó a brotar de la misma cruz y su fuente fue el costado del Señor. Pues muerto ya el Señor, dice el Evangelio, uno de los soldados se acercó con la lanza, y le traspasó el costado, y al punto salió agua y sangre: agua, como símbolo del bautismo; sangre, como figura de la eucaristía. El soldado le traspasó el costado, abrió una brecha en el muro del templo santo, y yo encuentro el tesoro escondido y me alegro con la riqueza hallada. Esto fue lo que ocurrió con el cordero: los judíos sacrificaron el cordero y yo recibo el fruto del sacrificio.

Del costado salió sangre y agua. No quiero, amado oyente, que pases con indiferencia ante tan gran misterio, pues me falta explicarte aún otra interpretación mística. He dicho que esta agua y esta sangre eran símbolos del bautismo y de la eucaristía. Pues bien, con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: con el agua de la regeneración y con la renovación del Espíritu Santo, es decir, con el bautismo y la eucaristía, que han brotado ambos del costado. Del costado de Jesús se formó, pues, la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva.

Por esta misma razón afirma San Pablo: Somos miembros de su cuerpo, formados de sus huesos, aludiendo con ello al costado de Cristo. Pues de la misma forma que Dios hizo a la mujer del costado de Adán, de igual manera Jesucristo nos dio el agua y la sangre salida de su costado, para edificar la Iglesia. Y de la misma manera que entonces Dios tomó la costilla de Adán, mientras éste dormía, así también nos dio el agua y la sangre después que Cristo hubo muerto.

Mirad de qué manera Cristo se ha unido a su esposa, considerad con qué alimento la nutre. Con un mismo alimento hemos nacido y nos alimentamos. De la misma manera que la mujer se siente impulsada por su misma naturaleza a alimentar con su propia sangre y con su leche a aquél a quien ha dado a luz, así también Cristo alimenta siempre con sangre a aquellos a quienes él mismo ha hecho renacer.

- Lectura cortesía del sitio digital del Testigo Fiel

jueves, abril 21, 2011

Jueves Santo de la Pasión del Señor - AD 2011


El Cordero inmaculado nos sacó de la muerte a la vida
Melitón de Sardes, obispo - Homilía sobre la Pascua 65-71


Muchas predicciones nos dejaron los profetas en torno al misterio de Pascua, que es Cristo: a él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Él vino desde los cielos a la tierra a causa de los sufrimientos humanos; se revistió de la naturaleza humana en el vientre virginal y apareció como hombre; hizo suyas las pasiones y sufrimientos humanos con su cuerpo, sujeto al dolor, y destruyó las pasiones de la carne, de modo que quien por su espíritu no podía morir acabó con la muerte homicida.

Se vio arrastrado como un cordero y degollado como una oveja, y así nos redimió de idolatrar al mundo, como en otro tiempo libró a los israelitas de Egipto, y nos salvó de la esclavitud diabólica, como en otro tiempo a Israel de la mano del Faraón; y marcó nuestras almas con su propio espíritu y los miembros de nuestro cuerpo con su sangre.

Éste es el que cubrió a la muerte de confusión y dejó sumido al demonio en el llanto, como Moisés al Faraón. Éste es el que derrotó a la iniquidad y a la injusticia, como Moisés castigó a Egipto con la esterilidad.

Éste es el que nos sacó de la servidumbre a la libertad, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, de la tiranía al recinto eterno, e hizo de nosotros un sacerdocio nuevo y un pueblo elegido y eterno. Él es la Pascua de nuestra salvación.

Éste es el que tuvo que sufrir mucho y en muchas ocasiones: el mismo que fue asesinado en Abel y atado de pies y manos en Isaac, el mismo que peregrinó en Jacob y fue vendido en José, expuesto en Moisés y sacrificado en el cordero, perseguido en David y deshonrado en los profetas.

Éste es el que se encarnó en la Virgen, colgado del madero, sepultado en tierra, y el que, resucitado de entre los muertos, subió al cielo.

Éste es el cordero que enmudecía y que fue inmolado; el mismo que nació de María, la hermosa cordera; el mismo que fue arrebatado del rebaño, empujado a la muerte, inmolado al atardecer y sepultado por la noche; aquel que no fue quebrantado en el leño, ni se descompuso en la tierra; el mismo que resucitó de entre los muertos e hizo que el hombre surgiera desde lo más hondo del sepulcro.

- Fuente: El Testigo Fiel

martes, abril 19, 2011

Triduo

Autor: R.P. Frank Pavone | Fuente: Priests for Life

Nos aproximamos rápidamente a los días en que la Iglesia observa aquello de lo que habló nuestro Señor, los días de su traición, crucifixión y resurrección. Este período sagrado de tres días, el triduo, es el meollo de todo el año litúrgico. Comienza el Jueves Santo y termina en la noche del domingo de Pascua. Es un derroche de antiguo simbolismo, está repleto de ellos y de temas para la meditación profunda, uno de los cuales es la dignidad infinita del vida humana.

El triduo ocurrió, después de todo, por causa de la vida humana. Dios ama a los seres humanos y la crucifixión y resurrección de Dios encarnado introduce a los seres humanos a la vida eterna. Las "puertas del cielo" no están hechas de plata u oro, sino de carne y huesos humanos. Jesús lleva al cielo la mismísima naturaleza que todos nosotros compartimos, nacidos y no nacidos. Los eventos del triduo son ante todo físicos: Su Cuerpo entregado en la mesa, clavado en la cruz, depositado en la tumba, resucitado entre los muertos. Estos días dan sentido al cuerpo humano. No tenemos libertad para descuidar el cuerpo, debemos alimentar a los hambrientos, acoger al desamparado, cuidar los enfermos, y proteger a los no nacidos de los forceps del abortero.

El Jueves Santo, no se permite celebrar misa sin una congregación. Es el día en que el Señor dio el mandamiento del amor fraternal y nos dio la Eucaristía, que establece comunión entre hermanos y hermanas. El lavado de los pies revela el sentido de la Eucaristía y la cruz: Entregó su vida por nosotros, así que debemos entregar nuestras vidas por cada uno. El triduo nos enseña, entonces, que es asunto nuestro cuando alguien esta desempleado, o es discriminado, o a punto de tener un aborto. Es asunto nuestro porque el asunto del cristiano es el amor.

No se permite la misa el Viernes Santo, o durante el día el Sabado Santo. El tabernáculo está vacío. La Iglesia experimenta el silencio extraño y el vacío de aquel primer Viernes Santo. El Señor ha sido llevado. Para amarnos, debemos ser capaces de entrar en el vacío del otro. Cuan profunda, en efecto, es la soledad del vientre vacío para aquellos que han experimentado un aborto. Es un vacío obsesionante, que dura toda la vida y que clama por cuidados compasivos.

Viernes Santo es también el día en que el Señordio el mayor ejemplo de perdón. El fue víctima de la pena capital. Es un día para renovar nuestra determinación a trabajar por alternativas a la pena de muerte y alternativas a la guerra.

El día supremo es Pascua. La Vigilia Pascual no puede comenzar antes del anochecer porque la Iglesia quiere dramatizar el hecho que la oscuridad (que simboliza la muerte y el pecado) es conquistada por la luz (que simboliza Cristo Resucitado). "¡Luz de Cristo!" proclama el diácono. "¡Demos gracias a Dios!" responde el pueblo. ¡Gracias, en efecto, porque la victoria pertence a la Vida! ¡No deje que nada le quite esa alegría pascual!

lunes, abril 18, 2011

El Ayuno Verdadero

Hermanos, estos versículos del libro del Profeta Isaías  (Isaías 58: 1-8) me conmovieron. Me parece que se nos aplica a muchos durante la cuaresma, particularmente a aquellos de entre nosotros que ayunan por obligación o para presumir. Noten también como el “ayuno verdadero” se asemeja a la práctica de las obras de misericordia corporales. ¡Vamos a vivirlo!

1 »¡Grita con toda tu fuerza, no te reprimas!
      Alza tu voz como trompeta.
   Denúnciale a mi pueblo sus rebeldías;
      sus pecados, a los descendientes de Jacob.
2 Porque día tras día me buscan,
      y desean conocer mis *caminos,
   como si fueran una nación
      que practicara la justicia,
   como si no hubieran abandonado
      mis mandamientos.
   Me piden decisiones justas,
      y desean acercarse a mí,
3 y hasta me reclaman:
      "¿Para qué ayunamos, si no lo tomas en cuenta?
      ¿Para qué nos afligimos, si tú no lo notas?"
      »Pero el día en que ustedes ayunan,
      hacen negocios y explotan a sus obreros.
4 Ustedes sólo ayunan para pelear y reñir,
      y darse puñetazos a mansalva.
   Si quieren que el cielo atienda sus ruegos,
      ¡ayunen, pero no como ahora lo hacen!
5 ¿Acaso el ayuno que he escogido
      es sólo un día para que el *hombre se mortifique?
   ¿Y sólo para que incline la cabeza como un junco,
      haga duelo y se cubra de ceniza?
   ¿A eso llaman ustedes día de ayuno
      y el día aceptable al Señor?

6 »El ayuno que he escogido,
      ¿no es más bien romper las cadenas de injusticia
      y desatar las correas del yugo,
   poner en libertad a los oprimidos
      y romper toda atadura?
7 ¿No es acaso el ayuno compartir tu pan con el hambriento
      y dar refugio a los pobres sin techo,
   vestir al desnudo
      y no dejar de lado a tus semejantes?
8 Si así procedes,
      tu luz despuntará como la aurora,
      y al instante llegará tu sanidad;
   tu justicia te abrirá el camino,
      y la gloria del Señor te seguirá.

domingo, abril 17, 2011

María al pie de la cruz

Padre Nicolás Schwizer

Es allí cuando María será verdaderamente importante. Entonces descenderá sobre ella una palabra dedicada a su más íntimo corazón de madre, que se verá misteriosamente ensanchado.

Si Cristo ha elegido la vocación de sufrir y morir por la salvación del mundo, es claro que cuantos, a lo largo de los siglos, le estarán unidos por amor, tendrán que aceptar, cada uno en su rango y función, esa misma vocación de morir y sufrir por esa salvación. Y, si un miembro de Cristo, huye de esa función, falta algo, no sólo a ese miembro, sino, como explicaría san Pablo, a la misma pasión de Cristo. Porque su pasión pide ser prolongada en la compasión corredentora de todos los miembros de Cristo. Este es el misterioso sentido de la frase de san Pablo a los colosenses: “Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo, para el bien de su cuerpo que es la Iglesia” (1, 24).

Aquel pequeño grupo al pie de la cruz, aquella Iglesia naciente, estaba, pues, ahí por algo más que por simples razones sentimentales. Estaba unida a Jesús, pero no sólo a sus dolores, sino también a su misión.

Y, en esta Iglesia, tiene María un puesto único. Hasta entonces ese puesto y esa misión habían permanecido como en la penumbra. Ahora en la cruz se aclararán para la eternidad.

Esta es la hora, este el momento en que María ocupa su papel con pleno derecho en la obra redentora de Jesús. Y entra en la misión de su hijo con el mismo oficio que tuviera en su origen: el de madre.

Es evidente que, en la cruz, Jesús hizo mucho más que preocuparse por el futuro material de su madre, dejando en manos de Juan su cuidado. La importancia del momento, el juego de las frases bastarían para descubrirnos que estamos ante una realidad más honda.

Si se tratara de una encomienda solamente material sería lógico el “he ahí a tu hijo”.

María se quedaba sin hijo, se le daba uno nuevo. Pero ¿por qué el “he ahí a tu madre”? Juan no sólo tenía madre, sino que estaba allí presente. ¿Para qué darle una nueva?

Es claro que se trataba de una maternidad distinta. Y también que Juan no es allí solamente el hijo del Zebedeo, sino algo más. Ya desde la antigüedad, los cristianos han visto en Juan a toda la humanidad representada y, más en concreto, a la Iglesia naciente. Es a esta Iglesia y a esta humanidad a quienes se les da una madre espiritual. Es esta Virgen, envejecida por los años y los dolores, la que, repentinamente, vuelve a sentir su seno lleno de fecundidad.

Ese es el gran legado que Cristo concede desde la cruz a la humanidad. Esa es la gran tarea que, a la hora de la gran verdad, se encomienda a María. Es como una segunda anunciación. Hace treinta años - ella lo recuerda bien - un ángel la invitó a ser la madre de Dios. Ahora, no ya un ángel, sino su propio hijo, le anuncia una tarea más empinada si cabe: recibir como hijos de su alma a quienes son los asesinos de su primogénito.

Y ella acepta. Aceptó, hace ya treinta años, cuando dijo aquel “fiat”, que era una total entrega en las manos de la voluntad de Dios. De ahí que el olor a sangre del Calvario comience extrañamente a tener un sabor de recién nacido. De ahí que sea difícil saber si ahora es más lo que muere o lo que nace. De ahí que no sepamos si estamos asistiendo a una agonía o a un parto. ¡Hay tanto olor a madre y a engendramiento en esta dramática tarde...!

Preguntas para la reflexión

1. A María, ¿la siento como mi madre?

2. ¿Cómo me imagino a María al pie de la cruz?

3. ¿Qué me dice la frase "he ahí a tu hijo"?

Domingo de Ramos de la Pasión del Señor - A.D. 2011

Mateo 21: 1 - 11

Domingo de Ramos - ícono1 Cuando se aproximaron a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, entonces envió Jesús a dos discípulos,

2 diciéndoles: «Id al pueblo que está enfrente de vosotros, y enseguida encontraréis un asna atada y un pollino con ella; desatadlos y traédmelos.

3 Y si alguien os dice algo, diréis: El Señor los necesita, pero enseguida los devolverá.»

4 Esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del profeta:

5 Decid a la hija de Sión: He aquí que tu Rey viene a ti, manso y montado en un asna y un pollino, hijo de animal de yugo.

6 Fueron, pues, los discípulos e hicieron como Jesús les había encargado:

7 trajeron el asna y el pollino. Luego pusieron sobre ellos sus mantos, y él se sentó encima.

8 La gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino.

9 Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!»

10 Y al entrar él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. «¿Quién es éste?» decían.

11 Y la gente decía: «Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea.»

martes, abril 12, 2011

En el Ultramar

Hermanos, quería dejarles saber que ya me encuentro en el Ultramar cumpliendo con mi deber militar. Gracias a todos por sus oraciones y buenos deseos. De verdad siento la protección divina que sus oraciones me han brindado. Seguiré blogueando según se me presente la oportunidad. Dios los guarde a todos.

sábado, abril 09, 2011

Ateos de Madrid amenazan con "castigar a católicos" en Jueves Santo

Amigos, esto de acuerdo a ACIPrensa:

La plataforma ciudadana HazteOir.org lanzó una campaña de mensajes a la Delegación del Gobierno de Madrid para que las autoridades detengan la llamada "procesión atea" que un grupo de no creyentes pretende realizar el Jueves Santo para -según proclaman sus organizadores- "castigar a la conciencia católica".

La autoproclamada "procesión atea" recorrerá el centro de Madrid por iniciativa de Ateos en Lucha, la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores y la asociación La Playa de Lavapiés. El grupo partirá a las 19.30 horas desde la plaza de Tirso de Molina (Madrid), recorrerá las calles y plazas de Lavapiés que tienen nombres inspirados en los motivos de la fe cristiana, según han anunciado sus convocantes.

HazteOir.org recordó que el portavoz de Ateos en Lucha afirmó el 24 de marzo en un programa de radio que "somos un frente de ideas que estamos exclusivamente para castigar a la conciencia católica. Nuestro propósito es hacer daño en las ideas de la gente. No nos andamos con contemplaciones".

Los organizadores han anunciado por Internet que su manifestación "incluirá la representación de Pasos con nombres ofensivos y zafios como la 'Hermandad de la Santa Pedofilia', la 'Cofradía del Papa del Santo Latrocinio' o la 'Cofradía de la Virgen del Mismísimo Coño'".

Además, los organizadores han amenazado con dar un mal recibimiento al Papa Benedicto XVI cuando llegue en agosto para la Jornada Mundial de la Juventud.

"Por sí mismas, estas declaraciones de los organizadores de la procesión atea pueden ser constitutivas de delitos de amenazas y ofensas a las creencias religiosas, todos ellos tipificados en el Código Penal", advirtió HazteOir.org y solicitó a los ciudadanos pedir "a la delegada del Gobierno que actúe para impedir un nuevo ataque a los sentimientos y creencias de los cristianos".

"Pídele que cumpla y haga cumplir la Ley e impida la anunciada procesión atea por el centro de Madrid, en pleno Jueves Santo", agregó la plataforma y publicó un formulario de contacto con las autoridades en la página web: http://www.hazteoir.org/firma/37378-firma-no-procesion-atea-en-jueves-santo

Comentario. No, si los ateos son, aparte de ser portadores de una inteligencia y raciocinio superiores, buena, pero que buena gente. Okay, algunos lo son pero otros son personas atascadas en la pre-adolescencia. Como estos españoles aquí descritos. Malcriados y tontitos.

Oremos por ellos.

viernes, abril 08, 2011

Acompañar a Jesús

Padre Nicolás Schwizer

Quisiera invitarlos, al comienzo de esta Semana Santa, a acompañar a Jesús, a solidarizarse con Él, a actualizar su pasión. Porque no basta con escribir, recordar y admirar estos grandes sucesos en torno a Jesús.

Pero, ¿cómo podemos acompañarlo en su pasión y muerte? Podemos hacerlo, sobre todo, si ‑ por amor a Él ‑ aceptamos valientemente nuestra propia cruz, nuestros dolores y sufrimientos personales, en todas sus formas y apariencias.

Y si no sólo aceptamos todas las adversidades de nuestra vida, sino también se las ofrecemos alegremente al Señor.

Es que Pascua se hace posible sólo por medio de la pasión. Es que llegamos a la resurrección sólo por medio de la cruz, como Jesús y con Él. Aceptar y ofrecer nuestra cruz debe ser nuestro pequeño aporte personal a la redención del mundo, la que realizó Jesús por su pasión y muerte.

En la Misa, al presentar a Dios las ofrendas de pan y vino, les invito a poner sobre la patena también su propio sufrimiento, su cruz personal, para que Dios los acepte, junto con el sufrimiento y la cruz de su Hijo Jesucristo.

Es hacer vida aquella aclamación que, después de la consagración de la misa, todos juntos decimos: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, esperamos tu venida gloriosa”.

¿Qué significa eso? No es sólo el recuerdo y la participación interior en su muerte. Es también comprometernos a anunciar su muerte en nuestra vida diaria. Es esforzarnos diariamente por morir al pecado y al egoísmo. ¿Qué es lo que debe morir en mí? ¿Qué cosas me hacen tan difícil la entrega de mi corazón, la entrega de mi voluntad?

En la misa subo con Cristo a la cruz y me dejo clavar en ella. Pero entonces debo quedarme clavado en la cruz, durante el día y la semana, hasta la próxima misa. Debo anunciar la muerte del Señor durante el día.

Debo demostrar durante el día que he entregado totalmente mi voluntad a la voluntad del Padre. Debo demostrarlo a través de los pequeños sacrificios y renuncias diarias que Dios y los demás me piden. Si no estoy dispuesto a ello, bajo de la cruz, le dejo a Cristo solo con su cruz, renuncio a anunciar la muerte del Señor.

Y el sentido de todo nuestro esfuerzo, de nuestra lucha diaria es siempre el mismo: Como en la consagración de la misa pan y vino se convierten en cuerpo y sangre del Señor, así también nosotros vamos transformándonos en Cristo. El misterio de la cruz en nuestra vida es el misterio de una santa transformación, una cristificación y divinización. Y en la medida en que vamos asemejándonos a Cristo, vemos con otros ojos el sufrimiento, todas las dificultades diarias, todas las molestias y preocupaciones, todas las pequeñas batallas diarias. En lo más profundo del alma, esto deja de hacernos desdichados.

El corazón está en Dios, aunque los ojos estén llenos de lágrimas. Permanece en paz, sereno, feliz. ¡Cómo anhelamos esta transformación! Con el tiempo será una realidad: El alma será divinizada. Ya no viviremos nosotros, sino Cristo vivirá en nosotros.

Entonces, en unión con el sacrificio de Él, también nuestros dones van a ser transformados y van a dar frutos infinitamente fecundos.

Así nuestra entrada a la Jerusalén celestial, el final de nuestra vida, va a ser tan jubilosa y feliz como la entrada del Señor que recordamos en el domingo de Ramos.

Preguntas para la reflexión

1. ¿Me lamento de mis cruces?

2. ¿Soy de los que digo o pienso: Señor, por qué a mí?

3. ¿Ofrezco mis cruces durante la Misa?

jueves, abril 07, 2011

Sacerdote presenta ministerio católico para homosexuales, fiel a doctrina de la Iglesia

Fuente: ACIPrensa vía El Visitante

En declaraciones a ACI Prensa, el P. Leopoldo Sánchez, quien hasta hace poco se desempeñó como asesor pastoral espiritual en Courage Latino, explicó la labor que realiza este ministerio para acompañar espiritualmente a los homosexuales, en fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia Católica.

El sacerdote señaló que el objetivo de este apostolado "es favorecer, apoyar la santificación, que es realmente el llamado último que tenemos". Esta santificación se sustenta en la "práctica vivencial del Evangelio", precisó.

Courage Latino hace parte de Courage International, que es una organización fundada en Estados Unidos por el P. John Harvey en 1980. Tiene como misión atender pastoralmente a personas homosexuales. En América Latina, donde sirve desde el año 2002, tienen diversas sedes en México y Puerto Rico.

El P. Sánchez dijo a ACI Prensa que "este apostolado es netamente espiritual. La manera como nosotros ayudamos a las personas que se acercan, que tienen la situación de atracción al mismo sexo, es creando comunidades de apoyo donde a través de la dinámica grupal hay una comunicación fraterna, un compartir comprometido de su experiencia, de su vida".

"En estas comunidades de apoyo también se vive y se tiene una fuerte experiencia de oración. Además de estas comunidades de apoyo, que las llamamos capítulos, se tiene y se apoya con la asesoría espiritual".

Adicionalmente se forman los grupos de Encourage, grupos de apoyo con "los papás, familiares, amigos, a los que también se les acompaña en este proceso de vivencia de tener entre los miembros de su familia a una persona con esta situación".

"Otro auxilio que tenemos", señaló el P. Sánchez a ACI Prensa, "son las ciencias humanas. También se recurren a algunas medidas, recursos psicológicos, con el fin de que las personas tengan herramientas para ir creciendo en su madurez humana y en su madurez cristiana, y puedan tener una vivencia de su atracción a partir del Evangelio, como nos lo propone la Iglesia".

En esta labor pastoral "la mayoría de la experiencia que tengo fue siempre positiva, alentadora, una experiencia realmente de resurrección".

"El tiempo que estuve acompañando más permanentemente a los jóvenes de manera individual y como apostolado, la experiencia que tuve fue de una vivencia de una recuperación de una autoestima, de un reavivamiento en su deseo de vivir y de luchar a pesar de las circunstancias y de todas las cosas adversas".

El P. Sánchez manifiesta que "este apostolado es una expresión de la Iglesia. A veces se acusa fuertemente a la Iglesia de ser homofóbica, rechazar o promover una cultura de condena y de rechazo a las personas homosexuales, pero con este apostolado la Iglesia está demostrando que realmente lo que quiere es cumplir el deseo de Dios de que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Y decir todos es todos".

"Dentro de la Iglesia existe este sector de personas que tienen esta situación de atracción al mismo sexo, son hijos de la iglesia, son nuestros hermanos, son hijos de Dios, templos vivos del Espíritu, y ellos, como todas las personas, independientemente de su condición sexual requieren un apoyo, una auténtica ayuda de la Iglesia para que lleguen a la felicidad plena, a su realización humana y cristiana".

El P. Leopoldo Sánchez actualmente no brinda de forma oficial el asesoramiento en Courage tras embarcarse en un nuevo servicio solicitado por su diócesis, pero su apoyo "sigue de alguna manera de acuerdo a las nuevas posibilidades que tengo de tiempo, quizás no con todo el tiempo que me gustaría ofrecerles, porque para mí ha sido una bendición de Dios en mi ministerio servir a este sector de la Iglesia".

Más información: www.courage-latino.org y consultas@courage-latino.org

martes, abril 05, 2011

La fe sin obras está muerta

Hermanos, quiero compartir con Uds. la lectura bíblica de la oración vespertina de hoy:

Icon of St. James son of Zebedee.14. Hermanos, si uno dice que tiene fe, pero no viene con obras, ¿de qué le sirve? ¿Acaso lo salvará esa fe? 15.Si un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse ni qué comer, 16. y ustedes les dicen: «Que les vaya bien, caliéntense y aliméntense», sin darles lo necesario para el cuerpo; ¿de qué les sirve eso? 17.Lo mismo ocurre con la fe: si no produce obras, muere solita. 18. Y sería fácil decirle a uno: «Tú tienes fe, pero yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo te mostraré mi fe a través de las obras. (Santiago 2: 14-18)

Esta es una gran enseñanza contenida en esa epístola que Martín Lutero una vez llamó “la epístola de paja”. Y ya que estamos en el tema de la fe y las obras, quiero compartir con Uds también la enseñanza católica al respecto, según el Catecismo de la Iglesia Católica:

1814 La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que El nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque El es la verdad misma. Por la fe ‘el hombre se entrega entera y libremente a Dios’ (DV 5). Por eso el creyente se esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios. ‘El justo vivirá por la fe’ (Rm 1, 17). La fe vivaactúa por la caridad’ (Ga 5, 6).

1815 El don de la fe permanece en el que no ha pecado contra ella (cf Cc. Trento: DS 1545). Pero, ‘la fe sin obras está muerta’ (St 2, 26): privada de la esperanza y de la caridad, la fe no une plenamente el fiel a Cristo ni hace de él un miembro vivo de su Cuerpo.

1965 La Ley nueva o Ley evangélica es la perfección aquí abajo de la ley divina, natural y revelada. Es obra de Cristo y se expresa particularmente en el Sermón de la Montaña. Es también obra del Espíritu Santo, y por él viene a ser la ley interior de la caridad: ‘Concertaré con la casa de Israel una alianza nueva... pondré mis leyes en su mente, en sus corazones las grabaré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo’ (Hb 8, 8-10; cf Jr 31, 31-34).

1966 La Ley nueva es la gracia del Espíritu Santo dada a los fieles mediante la fe en Cristo. Actúa por la caridad, utiliza el Sermón del Señor para enseñarnos lo que hay que hacer, y los sacramentos para comunicarnos la gracia de realizarlo:

El que quiera meditar con piedad y perspicacia el Sermón que nuestro Señor pronunció en la montaña, según lo leemos en el Evangelio de san Mateo, encontrará en él sin duda alguna la carta perfecta de la vida cristiana... Este Sermón contiene todos los preceptos propios para guiar la vida cristiana. [S. Agustín, serm. Dom. 1, 1).

1967 La Ley evangélicada cumplimiento’ (cf Mt 5, 17-19), purifica, supera, y lleva a su perfección la Ley antigua. En las ‘Bienaventuranzasda cumplimiento a las promesas divinas elevándolas y ordenándolas al ‘Reino de los cielos’. Se dirige a los que están dispuestos a acoger con fe esta esperanza nueva: los pobres, los humildes, los afligidos, los limpios de corazón, los perseguidos a causa de Cristo, trazando así los caminos sorprendentes del Reino.

1968 La Ley evangélica lleva a plenitud los mandamientos de la Ley. El Sermón del monte, lejos de abolir o devaluar las prescripciones morales de la Ley antigua, extrae de ella sus virtualidades ocultas y hace surgir de ella nuevas exigencias: revela toda su verdad divina y humana. No añade preceptos exteriores nuevos, pero llega a reformar la raíz de los actos, el corazón, donde el hombre elige entre lo puro y lo impuro (cf Mt 15, 18-19), donde se forman la fe, la esperanza y la caridad, y con ellas las otras virtudes. El Evangelio conduce así la Ley a su plenitud mediante la imitación de la perfección del Padre celestial, mediante el perdón de los enemigos y la oración por los perseguidores, según el modelo de la generosidad divina (cf Mt 5, 44).

1969 La Ley nueva practica los actos de la religión: la limosna, la oración y el ayuno, ordenándolos al ‘Padre que ve en lo secreto’, por oposición al deseo ‘de ser visto por los hombres’ (cf Mt 6, 1-6; 16-18). Su oración es el Padre Nuestro (Mt 6, 9-13).

1970 La Ley evangélica entraña la elección decisiva entre ‘los dos caminos’  (cf Mt 7, 13-14) y la práctica de las palabras del Señor (cf Mt 7, 21-27); está resumida en la regla de oro: ‘Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros; porque ésta es la Ley y los profetas’ (Mt 7, 12; cf Lc 6, 31).

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Finalmente, les deseo recordar las obras de misericordia que nosotros los cristianos católicos estamos obligados a realizar durante nuestras vidas. Las obras de misericordia corporal son:

  • Dar de comer al hambriento
  • Dar de beber al sediento
  • Vestir al desnudo
  • Dar albergue al forastero
  • Visitar y cuidar a los enfermos
  • Visitar a los presos
  • Enterrar a los muertos

Las obras de misericordia espiritual son:

  • Instruir al ignorante.
  • Dar buen consejo a quien lo necesita.
  • Corregir al que se equivoca.
  • Perdonar las injurias.
  • Consolar al triste.
  • Sufrir con paciencia los defectos de los demás.
  • Rogar a Dios por los vivos y difuntos.

Ruego a Dios que durante este tiempo de cuaresma y más allá vivamos con valentía nuestras obligaciones como cristianos enteros, es decir, como cristianos católicos.