lunes, marzo 28, 2011

El largo adiós

Hermanos, antes que nada, una noticia: he completado exitosamente mi entrenamiento de combate y me preparo para ir al exterior. Gracias a todos por su apoyo y por sus oraciones.

De camino me detuve a visitar a mi anciano padre y descubrí que sufre de la enfermedad de Alzheimer y que de hecho, le había sido diagnosticada ocho años atrás pero lo mantuvo en secreto hasta que los síntomas se hicieron demasiado obvios.

Me sentí bien cuando se acordó de mí y de hecho, luce muy bien a pesar de todo, aunque tiene problemas al caminar, diabetes, y otras condiciones.

Mi padre mantiene su sentido del humor y se goza las muchas contradicciones y los momentos embarazosos causados por el declive paulatino de sus facultades mentales. Se ríe largo y con gusto y yo no pude evitar reirme también.

A la enfermedad de Alzheimer se le llama “ el largo adiós” y con razón, porque la enfermedad obliga a los familiares del enfermo desvanecerse lentamente en todas sus capacidades. Aquellos que atienden al enfermo constantemente cargan la cruz más pesada.

Les pido que oren por mi padre. El y su familia inmediata son Testigos de Jehová y como tales la Atalaya les ha indoctrinado a sufrir con estoicismo, pero se les prohibe, desanima o no se les informa a ofrecer sus dolores y sufrimiento en unión con los de Cristo, algo que les haría su carga más ligeria y que les brindaría más luz en la oscuridad y alegría en el dolor. Que el Señor nos fortalezca con su Espíritu mientras decimos nuestro largo adiós.

domingo, marzo 20, 2011

El cónyuge como camino hacia Dios

Padre Nicolás Schwizer

El encuentro de dos personas en Dios a través de la oración o la vivencia religiosa compartida es una de las formas más ricas y profundas de encontrarse ya que estamos ante Dios con lo más rico que cada uno poseemos.

Frente al Señor nos vamos desprendiendo de todo lo que obstaculiza normalmente el encuentro y vamos asumiendo con más objetividad la actitud comprensiva, benigna y compasiva del amor de Dios.

Al unirse dos personas por el sacramento del matrimonio, se les abre una nueva posibilidad de amor sobrenatural: el cónyuge como camino hacia Dios, como lugar de encuentro con Dios. En ese momento solemne de las bodas, Cristo les dice a cada uno: Yo desde ahora te voy a amar especialmente a través del cónyuge, voy a convertirlo en santuario de mi encuentro contigo. Y con ello me deja el gran desafío de buscar al Señor en el corazón del otro donde desde ahora me está esperando, de descubrir el rostro de Cristo en el rostro de mi cónyuge, de acoger su amor como transparente y reflejo del amor divino. Por otra parte, yo debo ser Cristo para el otro, darle el amor, la luz y la fuerza que necesita para crecer y llegar a Dios. Y así cada uno se acepta y se regala al otro como lugar privilegiado de encuentro con el Señor.

Por eso, en todo matrimonio cristiano está siempre Dios como tercero, quien hace de puente y lazo de unión entre los cónyuges. Y precisamente cuando Dios no ocupa ese lugar dentro del matrimonio, entonces queda siempre lugar para otro tercero, que destruye la Alianza matrimonial.

El matrimonio es una comunidad salvífica unida por un vínculo sobrenatural. El amor de Cristo y María sellan nuestro amor. Estamos unidos como la vid y los sarmientos. Nuestra salvación está unida al otro y viene a través del otro.

Mi santidad repercute en el otro, mi pecado también.

Tan profunda es esta Alianza y este conocimiento mutuo que los esposos tendrían que llegar a ser directores espirituales uno del otro. Ya tanto se conocen, que pueden ayudar al otro en su camino de santidad.

Esta Alianza de amor se da entre los esposos y de los esposos con Dios. Por eso es comunidad salvífica, de amor, vida y tareas con Cristo y María. Compartimos su misión y junto con ellos caminamos hacia el Padre Dios. En el caso en que los contrayentes humanos entren en crisis el tercero los sostiene. Cristo carga con el matrimonio. Después de nuestra consagración a la Virgen ella también comienza a ser una aliada y nos ayuda en el camino. Ella también nos sostiene.

Ahora lo que dijimos del matrimonio, eso vale para todos los miembros de la familia: padres, hijos, hermanos... Cada uno es Cristo para los demás, reflejo y transparente del Señor. Cada uno es y ha de ser, para el otro, camino hacia Dios, camino privilegiado de amor a Dios.

En eso encontramos el sentido de la Alianza matrimonial y el sentido de la Alianza familiar: Todos juntos, unidos y aliados con la Virgen María, caminamos hacia Dios. Todos juntos, amándonos mutuamente como al Señor, nos consagramos a María y, mediante Ella, nos entregamos para siempre a Dios.

Queridos hermanos, si nos dejamos educar y guiar por la Virgen María, entonces la Alianza con Ella es como una gran escuela de amor. En ella aprendemos a amar para recorrer los caminos del amor divino y llegar al corazón del Padre. Y es así como se está haciendo realidad en nuestra vida la Alianza con Dios.

Preguntas para la reflexión

1. ¿Rezamos juntos como matrimonio?

2. ¿Veo a mi cónyuge como un camino hacia Dios?

3. ¿De qué modo recibo sus sugerencias, críticas…?

jueves, marzo 17, 2011

‘Varón y hembra los creó’

Autor: Jaime Torres Torres | Fuente: El Visitante


En 1986 el Cardenal Joseph Ratzinger, entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y hoy Papa Benedicto XVI, suscribió una carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales.

Con la aprobación de su Santidad Juan Pablo II, el documento, que puede acceder a través de www.vatican.va, alude a la teología de la creación expuesta en el libro del Génesis como la referencia fundamental para comprender los problemas de la homosexualidad.

Dios Padre creó al hombre a su imagen y semejanza; “varón y hembra los creó y les dio su bendición: tengan muchos, muchos hijos”. (Génesis 1; 27-28)

La carta subraya entonces que “los seres humanos son criaturas de Dios llamadas a reflejar, en la complementariedad de los sexos, la unidad interna del Creador”.

Abundando en la citada teología de la creación, el Cardenal Ratzinger alude al capítulo 3 del Génesis para exponer que la verdad sobre el ser humano creado a imagen y semejanza de Dios fue eclipsada por el pecado original que, como versa el capítulo 19, degeneró en las relaciones homosexuales de los hombres de Sodoma y Gomorra, entre otros males -como la envidia que movió a Caín a asesinar a su hermano Abel (Génesis 4)- que distancian al hombre del Padre Creador.

San Pablo, en sus epístolas a los Romanos, los Corintios y los Gálatas, presenta las relaciones homosexuales como conductas que contradicen los designios divinos.

“Hasta sus mujeres han cambiado las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza; de la misma manera, los hombres han dejado sus relaciones naturales con la mujer y arden en malos deseos los unos por los otros. Hombres con hombres cometen acciones vergonzosas, y sufren en su propio cuerpo el castigo de su perversión”. (Romanos 1, 26-27)

No obstante, como publicamos en las ediciones del 20 al 26 de febrero y del 16 al 22 de enero de este año, así como la Congregación para la Doctrina de la Fe declaró en 1975 que aunque los actos homosexuales “en las Sagradas Escrituras están condenados como graves depravaciones e incluso presentados como la triste consecuencia de una repulsa de Dios”, la Iglesia reconoce que “esto no quiere decir que las personas que practican estos actos siempre sean subjetivamente excusables, sino que a veces la ignorancia, el abuso de otras personas e influencias ambientales muy fuertes pueden conducirlas a realizar actos no totalmente libres”.

Como se documentó en la declaración de 1975, las personas homosexuales “deben ser acogidas, en la acción pastoral, con comprensión y deben ser sostenidas en la esperanza de superar sus dificultades personales y su inadaptación social”.

Parte de la labor pastoral de la Iglesia a los hermanos homosexuales la ofrece Courage, con capítulos en la Arquidiócesis de San Juan y en la Diócesis de Ponce, que brinda atención a hombres y mujeres con atracción al mismo sexo en completa confidencialidad, incluso a sus familiares y amigos.

De otro lado, no es menos importante recordar la enorme responsabilidad de los padres respecto a orientar a sus hijos e hijas sobre la actitud crítica con que deben recibir las informaciones que divulga a favor de la agenda homosexual un sector de las corporaciones mediáticas locales e internacionales, sobre todo en esta era cibernética.

En su mensaje para la trigésimo octava Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, titulado “Los medios en la familia: un riesgo y una riqueza”, el Papa Juan Pablo II dijo en 2004 que los medios son peligrosos cuando presentan una perspectiva incorrecta de la vida, la familia, la religión y la moralidad.

En estos tiempos algunas corporaciones adelantan la agenda homosexual divulgando informaciones sobre las preferencias sexuales de figuras públicas (artistas, deportistas, etc.) admiradas por miles de niños y jóvenes.

“Con demasiada frecuencia los medios de comunicación presentan a la familia y la vida familiar de modo inadecuado. La infidelidad, la actividad sexual fuera del matrimonio y la ausencia de una visión moral y espiritual del pacto matrimonial se presentan de modo acrítico, y a veces, al mismo tiempo, apoyan el divorcio, la anticoncepción, el aborto y la homosexualidad. Esas presentaciones, al promover causas contrarias al matrimonio y a la familia, perjudican al bien común de la sociedad”.

Citando su exhortación apostólica “Familiaris Consortio”, Juan Pablo II subrayó que a los padres, como primeros y principales educadores de sus hijos, les corresponde orientarlos acerca del uso de los medios de una manera “moderada, crítica, vigilante y prudente”.

Lee también:

martes, marzo 15, 2011

Memoria Eterna

Hermanos, pido sus oraciones por el reposo del alma de Su Eminencia Nicolás, Metropolitano Titular de Amissos, y hasta el momento de su llamado a la Casa del Padre, Obispo de la diócesis carpato-rusa de la Iglesia Ortodoxa en los EE.UU. Su Eminencia nos dejó el pasado domingo.

El obispo Nicolás representó una figura paternal para mí y mi familia. Siempre hacía tiempo para mí a pesar de sus numerosos deberes y compromisos. Tengo por cierto que en esa Iglesia hermana lo extrañarán muchísimo. Y yo también.

Hasta que nos veamos otra vez, Vladika.

miércoles, marzo 09, 2011

A propósito del Miércoles de Ceniza

Hermanos, ya que hoy es Miércoles de Ceniza, quiero compartir esta breve reflexión del Venerable Arzobispo Fulton J. Sheen:

Es tan difícil admitir que uno es un pecador; es tan difícil ascender la loma del Calvario y arrodillarse bajo la cruz y pedir perdón. Ciertamente es difícil. Pero más difícil es colgar de ella.

Deseo que esta Cuaresma nos lleve al arrepentimiento, a la conversión, y a realizar buenas obras.

sábado, marzo 05, 2011

Durante las próximas semanas…

Hermanos y hermanas, estoy a punto de comenzar adiestramiento de combate el cual durará unas breves semanas. El “blogueo” será más breve y menos frecuente mientras tanto.  Les dejo con la siguiente consideración del Venerable Arzobispo Fulton J. Sheen:

Fue un soldado quien dijo primero las palabras recordadas por la Iglesia en la Comunión:  “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanar mi siervo.” (Mateo 8:8)

Por favor, recuerden a mi familia y a mi en sus oraciones y disfrutren del contenido corriente en ese  blog.

jueves, marzo 03, 2011

Libre de mi propio yo

Padre Nicolás Schwizer


Si miramos el mundo de hoy, nos damos cuenta que la libertad es uno de los grandes valores del hombre moderno. El anhelo de la libertad es muy fuerte. La libertad es el bien supremo del hombre de hoy, raíz de su dignidad humana.

¿Qué es la libertad?

En el libro “Triunfo” de Michel Quoist, leemos: “Si te sometes a la voluntad de tu instinto, tienes una 'libertad' de animal. Si te sometes a la voluntad de la sensibilidad, de tu imaginación, de tu orgullo, de tu egoísmo... tienes una libertad de hombre viciado y limitado por el pecado. Si te sometes a la voluntad de Dios, tienes una libertad de hombre divinizado, una libertad de hijo de Dios”.

La libertad DE - PARA.

La libertad no es para nosotros un fin en sí mismo, sino que la libertad es el gran medio para alcanzar nuestra vocación, nuestra felicidad. Es libertad para. Por eso, la libertad del cristiano es fundamentalmente una libertad atada. No es la libertad de la hoja al viento que permanece estéril, sino que es la libertad de la semilla: enraizada en aquella tierra que la va alimentar y hacer crecer. La libertad nos permite crecer. Pero para crecer tenemos que atarnos, enraizarnos. Y nuestro dilema como hombres es: o nos atamos como hijos a la voluntad de Dios, o nos atamos como esclavos a falsos dioses, a ídolos. La libertad de significa, entonces, ser libres de todas aquellas ataduras que son cadenas y que me impiden crecer.

Los rivales de Dios son los ídolos, que me prometen felicidades engañosas y que me convierten en esclavo. En el fondo hay un único gran ídolo: mi propio yo. El dilema de mi libertad es: la doy amando a otro que no soy yo, o la repliego egoístamente entorno a mi yo. Y entonces pueden surgir una cantidad de ídolos.

Los ídolos de la comodidad, la flojera y la irresponsabilidad. El voluntarismo, el deseo de hacer mi voluntad y que no sea contrariada. El activismo, esa tendencia a hacer, más que acoger, es muy fuerte en nosotros, sobre todo en el varón. Otro ídolo es el naturalismo que nos impulsa a rechazar algo clave en la fe que es el misterio de la cruz. Y son también ídolos algunos impulsos que no controlamos y que nos tiranizan: el mal genio, la impaciencia y tantas otras cosas que no hemos logrado dominar.

Entonces, si queremos ser libres interiormente, tenemos que luchar contra nosotros mismos, debemos conquistar nuestra libertad paso a paso. No seremos libres mientras estemos atados a las cosas o a las personas. No son las cosas que se atan a nosotros, sino somos nosotros los que nos atamos a las cosas, que nos entregamos a ellas como esclavos.

Para ponernos en camino hacia la libertad interior, debemos conocernos a nosotros mismos: nuestras posibilidades, nuestras limitaciones y ataduras.

Y así empieza la lucha de librarnos de todo aquello que entorpece nuestra verdadera personalidad. Desprendernos de muchas cosas: complejos, angustias, tiranía de los instintos, desórdenes, faltas de carácter, etc. Es todo el campo de la autoeducación.

Pero la libertad no termina aquí. Queremos ser libres para alguien. La posesión de sí mismo tiene por fin la donación, el compromiso.

El sentido de la libertad interior es la entrega al Tú, la solidaridad para los hermanos, la donación a Dios. Entre ambos aspectos (libre de - a fin de ser libre para) resulta una tensión, una polaridad creadora: libertad - vínculo.

Preguntas para la reflexión

1. ¿Cuáles son mis ídolos?

2. ¿Trabajo regularmente en mi autoeducación?

3. ¿Le ofrezco a Dios mis esfuerzos por mi autoformación?

martes, marzo 01, 2011

La Tradición, fuente de fe

Autor: P.José Benabarre Vigo | Fuente: El Visitante

Icono de los Santos ApóstolesAtrevidamente, y sin apoyo alguno en la Sagrada Biblia, Lutero sentenció que la única fuente de nuestra fe es la Sagrada Escritura.

En cambio, la Iglesia, fundada en esa misma Escritura, afirma, confiesa y celebra que también la TRADICIÓN, es fuente de la fe cristiana.        

Entiéndese por Tradición las enseñanzas de los Apóstoles transmitidas a la comunidad eclesial de todos los tiempos. Esa enseñanza garantiza la lista de los 73 libros de que se compone la Biblia y el verdadero significado de los contenidos de la misma (Vaticano II, Dei Verbum 9). “Toda la Tradición y las Escrituras están estrechamente unidas; manan de la misma fuente y corren hacia un mismo fin” (mismo lugar).

Manan de la misma fuente

La misma y única fuente es la predicación de los 12 apóstoles y de sus colaboradores. Jesucristo no tuvo secretarios (razón por la cual no hay que interpretar muchos pasajes de la Biblia literalmente). Mateo, Marcos y Juan escribieron lo que recordaban haber oído a su Maestro Jesús, y lo que copiaron de las tradiciones vivas de sus iglesias. San Lucas, que no perteneció al grupo de los Doce apóstoles, afirma que “escribió sobre las cosas verificadas entre nosotros [la primera comunidad cristiana],  tal como nos la han transmitido los que desde el principio fueron testigos [los apóstoles] y otros servidores de la palabra” (Lc, Prólogo 1-2).

El mismo respeto y fe

Transmisión y Tradición significan aquí lo mismo. Y es evidente que los cuatro evangelios no contienen todo lo que Cristo predicó en sus tres años de vida pública. Nos lo asegura San Juan (Jn 21.25). Por tanto, los cristianos debemos el mismo respeto y adhesión a la Sagrada Biblia y a la Tradición. ¡El mismo respeto, aunque Lutero diga lo contrario!

Hoy como ayer, la verdad de ambas nos la garantiza la presencia del Espíritu Santo en su Iglesia -¡LA CATÓLICA Y SÓLO LA CATÓLICA!- (Jn 14, 26), dirigida, como siempre, por el papa y el colegio de los obispos.

Ciertamente, los católicos somos más afortunados que los demás cristianos. La fe integral, las buenas obras y una jerarquía guiada por el Espíritu Santo, nos hacen más fácil la salvación, a poco que cooperemos.