sábado, febrero 26, 2011

La vocación del soldado

“El gran predicador francés, Lacordaire, dijo una vez que la vocación del soldado es próxima en dignidad a la vocación sacerdotal, no solamente porque su vocación condiciona al soldado a defender la justicia en el campo de batalla y el orden en el campo de la paz, pero también porque su vocación le llama al espíritu y a la intención del sacrificio.” – Ven. Arzobispo Fulton J. Sheen

jueves, febrero 24, 2011

Despedida

 


Llego a un fin…y a un comienzo.

Estoy listo, Padre mío, para cumplir con mi misión.

Llévame y tráeme con bien.

Quédate con los míos y permíteme volverlos a ver.

Permíteme volver a sentir el dulce abrazo de mi esposa

El amor de mis hij@s

Los besitos de mis nietos

El ladrido alegre de mis perritas

Pero si me llamases a Tu lado,

Ayúdame a aceptarlo con alegría

Y a proclamar para siempre en Tu presencia

Que por sobre todo

en los cielos y en la tierra

se haga Tu santísima y soberana

Voluntad.

 

Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genitrix.

Nostras deprecationes ne despicias in necessitatibus nostris,

sed a periculis cunctis libera nos semper,

Virgo gloriosa et benedicta.

martes, febrero 22, 2011

El amor a los enemigos: señal de la madurez espiritual


churchsign-amor a los enemigos

Hermanos y hermanas, hoy me viene a la mente los siguientes pasajes bíblicos, empezando con Lucas 6:27-31:

27 Yo les digo a ustedes que me escuchan: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, 28 bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los maltratan. 29 Al que te golpea en una mejilla, preséntale también la otra. Al que te arrebata el manto, entrégale también el vestido. Referencias versículo 3030 Da al que te pide, y al que te quita lo tuyo, no se lo reclames.

31 Traten a los demás como quieren que ellos les traten a ustedes. 32 Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Hasta los malos aman a los que los aman. 33 Y si hacen bien a los que les hacen bien, ¿qué gracia tiene? También los pecadores obran así. 34 Y si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué gracia tiene? También los pecadores prestan a pecadores para que éstos correspondan con algo.

Y luego 1 Pedro 2:16:

16 Sean libres, pero no hagan de la libertad un pretexto para hacer el mal. Sean libres como servidores de Dios.

Terminando con 1 Pedro 3:8-9:

8 Finalmente, tengan todos un mismo sentir, compartan las preocupaciones de los demás con amor fraterno, sean compasivos y humildes. 9 No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien bendigan, pues para esto han sido llamados; y de este modo recibirán la bendición.

Estos versos enseñan el plan de acción a seguir ante todos aquellos que nos maltratan, insultan y condenan, particularmente aquellos que, cuando con toda caridad, se les llama la atención y se les aconseja de acuerdo al Evangelio, resisten la salvación y el consejo salutario.

Vivan estas palabras y verán como vivirán en la Paz de Cristo que sobrepasa todo entendimiento, aun ante la persecución, el insulto, el odio y el desprecio.

lunes, febrero 21, 2011

El lado «obscuro» del Pontificado de Juan Pablo II

1978-2005: Aspectos menos conocidos en los 27 años del Pontificado de Juan Pablo II

Autora: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net

Juan Pablo II será declarado beato el próximo 1o de Mayo según anunció el Papa el pasado mes de Enero. Ante la noticia nadie ha quedado impávido, pero las reacciones han sido de lo más diversas dentro y fuera de la Iglesia.

LOS «NEGOCIANTES»

Estoy hablando aquí de Imprentas, Casas Editoriales, Aerolíneas, Agencias de viajes, Hoteles y Fabricantes de souvenirs y objetos promocionales y religiosos.

Este grupo recibió con gran alegría la noticia de la beatificación (aunque la mayoría no tiene idea de lo que un beato significa), por ver en ella una grandísima oportunidad para lucrar económicamente con la devoción de las personas: sacaron de sus bodegas los escritos ya empolvados de Juan Pablo II, para exhibirlos de nuevo, después de cinco años de encierro, en los escaparates de las librerías; iniciaron la producción en serie de estampitas, medallas, imágenes, banderolas, globos... todos con la imagen de Juan Pablo II, para tener un buen stock a la venta en las fechas próximas a la beatificación; bloquearon todos los vuelos a Roma y los hoteles en esa ciudad, en esas fechas, para armar y vender “paquetes” para los peregrinos que quieran asistir al magno evento y que puedan, claro, pagar el sobreprecio.

Está bien, a mi juicio. Todos son negocios lícitos y, si usando de pretexto algo bueno (muy bueno) como es la beatificación de Juan Pablo II, se crean nuevas fuentes de empleo y se genera riqueza para las familias de los comerciantes... está bien.

LOS «ENTUSIASTAS»

La «Generación Juan Pablo II»... muchos millones de católicos que ahora tienen entre 20 y 30 años. Nacieron y crecieron bajo su pontificado; vieron, en todos los medios de comunicación, centenares de fotografías y escenas del «Papa Viajero» abrazando a los niños, a los nativos, a los indígenas, a los enfermos y ancianos. Lo vieron, con simpatía, en fotografías esquiando en los alpes suizos, caminando por parajes hermosos con botas y mochila al hombro, poniéndose sombreros típicos de los lugares que visitaba. Jamás leyeron un discurso, libro, carta o encíclica de él (eran muy pequeños para hacerlo), pero todos gritaron con entusiasmo, en algún momento, “Juan Pablo, segundo, te quiere todo el mundo” al verlo pasar a lo lejos en el Papa-móvil o en algún evento multitudinario como las Jornadas mundiales de la Juventud.

Esta generación está sensiblemente emocionada con la beatificación. Se trata de «su Papa» al que todavía quieren, extrañan y veneran, pues, aunque jamás leyeron nada de él, ni recuerdan una sola palabra de sus discursos, su mera imagen les trae hermosos recuerdos de su infancia.

No se han quedado quietos con la noticia. Gran parte de ellos está ya organizando, en todos los rincones del planeta, Homenajes, Jornadas, Eventos, para festejar la beatificación en grande y tener, sí, de nuevo, la oportunidad de gritar emocionados “Juan Pablo, segundo, te quiere todo el mundo”. Ya han reservado grandes escenarios, auditorios, estadios y cines y se encuentran elaborando vídeos, himnos y canciones con los últimos avances tecnológicos y sofisticadas escenografías para que en el festejo haya de todo: imágenes 3D, sonido surround y efectos especiales que exalten el corazón de todo el que asista.

A juicio de algunos, todo este entusiasmo juvenil, sus esfuerzos y el dinero que se está invirtiendo en la organización de los magnos eventos, sería mucho más fructífero para el Reino de Cristo si se invirtiera en la evangelización y la formación de tantos católicos que no conocen su fe. No sé... pudiera ser que tengan razón.

A mí en lo personal, más que la fiesta, me cuestiona el hecho de que, si la beatificación autoriza sólo el culto local (y no universal, que es permitido y obligado sólo después de la canonización), tal como lo confirmó recientemente el Card Saravia aquí... ¿es lícito, canónicamente hablando, organizar y promover estos festejos alrededor de la persona de Juan Pablo II fuera del lugar en donde será la beatificación?

Dejo la pregunta al aire, pues no conozco la respuesta.


LOS «RESENTIDOS»

Cuando mucho son una decena de personas, eso sí, muy ruidosas, extremadamente ruidosas, que están verdaderamente furiosas con la beatificación. En su momento le presentaron peticiones a Juan Pablo II, éste no se las concedió y ahora, resentidos, buscan la manera de vengarse de él tratando de difamarlo ante los medios, alegando que fue encubridor, solapador y no sé cuántas cosas más. No hay quien los escuche, pero seguramente seguirán gritando en los medios que se presten a difundir su rencor.

LOS «CASTIGADOS»

Aquí hablo de esos pequeños grupúsculos que, como los anteriores, también están resentidos en contra de Juan Pablo II porque fue él quien los puso “en su lugar” y los amonestó, en público, desenmascarando sus infidelidades. Acá están, entre otros, los teólogos de la liberación, las feministas radicales, los homosexuales, los curas casados, los promotores del sacerdocio femenino y de la abolición del celibato. Todos estos rechazan la idea de la beatificación, tachando a Juan Pablo II de retrógrada e intolerante. En fin... con sus quejas, groseras e irrespetuosas, sólo están luciendo y confirmando lo mal que están.


LOS «CRITICOS»

Venerable Juan Pablo II ora frente al Muro de las LamentacionesPersonas entre 45 y 60 años, buenos católicos (muy buenos) que vivieron la transición Pío XII - Juan XXIII - Pablo VI - Juan Pablo II y sufrieron con los desórdenes del post-concilio. Éstos, son de los que están acostumbrados a buscar “el puntito negro en el arroz” con frases del tipo “Todo muy bien, pero...”

La próxima beatificación de Juan Pablo II no ha sido la excepción y los críticos han empezado a buscar y encontrar “los negritos”. Siguieron de cerca a Juan Pablo II, escucharon con atención sus discursos, leyeron sus cartas y encíclicas, lo admiran, lo quieren, saben que fue una persona excepcional, pero...

- ¿Por qué besó el Corán en 1999? (Nota del blóguer: porque las verdades que contiene son cristianas. Se besa lo verdadero, no lo falso)
- ¿Por qué en el encuentro con la juventudes mahometanas los invitó “a vivir su fe también en otros países”, en lugar de invitarles a convertirse al cristianismo?
- ¿Por qué, en México, aceptó recibir una “limpia” de manos de una bruja, durante la ceremonia de canonización de San Juan Diego?
- ¿Por qué permitió que se pusiera la imagen de un buda sobre el altar (reservado para la Eucaristía) durante el encuentro en Asís y, en cambio, no permitió, ahí mismo, que se entronizara la imagen de la Virgen de Fátima “por no herir la sensibilidad de las otras creencias”?
- ¿Por qué permitió, en África, que una mujer topless leyera las lecturas durante la Misa?
- ¿Por qué puso una oración en el muro de los lamentos en Jerusalén, como si fuera judío? (Nota del blóguer: porque cualquiera puede hacerlo y cuando yo vaya, lo haré también)
- ¿Por qué aumentó misterios al Rosario, siendo una oración “intocable” dictada por la mismísima Virgen? (Nota del blóguer: Porque la autoría del Rosario atribuída a Ntra. Sra. es legendaria, no histórica. Y aunque haya sido histórica, en la tierra aun Nra. Sra. está subordinada al Sucesor de Pedro)
- ¿Por qué se rebajó a “orar” junto con brujos vudús (abiertamente satánicos) en el encuentro de Asís?
- ¿Por qué...?

En fin... estas personas no son malas (al revés). Quieren la beatificación de Juan Pablo II, pero... sí... expresan, un poco consternados, que les hubiera gustado que alguien les explicara si se revisaron, durante el proceso, estas acciones “poco ortodoxas” (a su juicio) de Juan Pablo II.

Ignoro si la Santa Sede hará público todo el estudio previo a la beatificación. Supongo que no. Así que estas personas se quedarán con la duda y, estoy segura que en cuanto se declare beato a Juan Pablo II, lo venerarán obedientemente, pues son personas fieles al Papa y al Magisterio.

LOS «FANS DEL CARD. RATZINGER»

Éste es un grupo bastante numeroso de excelentes católicos que aman profundamente a a la Iglesia; conocen y defienden la Tradición y la Sagrada Liturgia y que, basándose en las palabras del entonces Card Ratzinger en el Vía Crucis del 2005 (unos días antes de la muerte de Juan Pablo II) se preguntan: “¿puede ser declarado beato alguien que dejó la Iglesia en este estado tan deplorable?”

Aquí copio algunos extractos de las palabras del Cardenal (*):

"Pero, ¿no deberíamos pensar también en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia? ¡Cuántas veces se abusa del santo sacramento de su presencia, en qué vacío y maldad de corazón entra él con frecuencia! ¡Cuántas veces celebramos sólo nosotros sin darnos cuenta siquiera de él! ¡Cuántas veces se deforma y se abusa de su Palabra! ¡Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vacías! ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y también entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! ¡Qué poco respetamos el sacramento de la reconciliación, en el cual él nos espera para levantarnos de nuestras caídas! [...]Señor, frecuentemente tu Iglesia nos parece una barca a punto de hundirse, que hace agua por todas partes. Y también en tu campo vemos más cizaña que trigo. Nos abruman su atuendo y su rostro tan sucios. Pero los ensuciamos nosotros mismos. Nosotros somos quienes te traicionamos[...]"

Este grupo está erróneamente convencido de que Juan Pablo II se dedicó a viajar y a establecer relaciones diplomáticas y descuidó, mientras tanto, el interior de la Iglesia y el depósito de la fe.

La existencia de este grupo es lo que me impulsó a escribir este artículo, pues estoy convencida de que están en el error. Efectivamente, durante todo el pontificado de Juan Pablo II, los medios se dedicaron a publicar sólo sus viajes apostólicos y diplomáticos y sus hermosas fotografías con gobernantes y personas con trajes folclóricos. Pero... hubo una parte muy importante en el pontificado de Juan Pablo II que los medios dejaron en la más completa obscuridad. No le hicieron la más mínima promoción, no sé si por ignorancia u omisión voluntaria. Es el «lado obscuro» del pontificado de Juan Pablo II, no porque sea tenebroso, sino porque se quedó en la obscuridad de los archivos vaticanos.

Para este grupo, quise hacer una lista (de ninguna manera exhaustiva) de algunas cosas que se hicieron durante el pontificado de Juan Pablo II para defender la fe y disciplina dentro de la Iglesia.

Pensaba ponerla aquí mismo, pero al hacerla resultó ser una lista demasiado larga para dejarla en el cuerpo del artículo, así que la pongo en un artículo aparte, al que pueden acceder aquí:

1978-2005: aspectos menos conocidos en los 27 años del Pontificado de Juan Pablo II

Confío en que, al verla, este grupo reflexionará y se dará cuenta del gran trabajo que hizo (también hacia dentro) Juan Pablo II.

LOS QUE MEJOR SABEN DEL TEMA

Acá están, por supuesto, el Papa y todo el equipo que colaboró directamente en el proceso de beatificación: Mons. Slawomir Oder, postulador de la causa, abierta formalmente el 28 de junio del 2005; los vicepostuladores, los miembros del Tribunal Rogatorial en Cracovia, los censores teólogos (encargados de analizar todos sus escritos), los testigos de visu y ex auditu que declararon; el promotor de justicia (antes llamado "el abogado del diablo"); el miembro del Colegio de Relatores que habrá presentado la ponencia a la Comisión de teólogos y éstos, que con su voto positivo la pasaron a los Obispos y Cardenales miembros de la Congregación para las causas de los Santos.

Estas personas sí saben del asunto pues estudiaron a fondo (muy a fondo) la vida y obra de Juan Pablo II y presentaron su voto a favor para que Benedicto XVI lo declarara Venerable, junto con Pío XII, el 19 de diciembre del 2009, confirmando formal y públicamente su vivencia heroica de las virtudes.

En este grupo también está el grupo de médicos, encabezados por el Dr. Patrizio Polisca que llevaron a cabo, después, las investigaciones alrededor de la veracidad del milagro presentado (la curación inexplicable e inmediata de la monja francesa Marie Simon-Pierre, enfermera de profesión, quien sufría la enfermedad de Parkinson) y que es el que, al haber sido confirmado, permite que el Papa declare la beatitud de Juan Pablo II.

Yo, junto con la grandísima mayoría de los católicos, me uno de corazón a este grupo. Si el Papa, en su sabiduría y bondad y de acuerdo con todos los estudios que le han presentado, ha decidido declarar beato a Juan Pablo II, a mí no me queda duda alguna; me uno a su alegría confiando plenamente en que todo el proceso se llevó a cabo de manera meticulosa y exigente tal como el mismo Benedicto XVI dejó establecido en la instrucción sobre el procedimiento en las causas de los santos,
Sanctorum Mater

No queda más que dar gracias a Dios por la beatificación próxima y por el fecundo y prolongado pontificado de Juan Pablo II con el que Dios ha enriquecido, bendecido y fortalecido a su Iglesia y al mundo entero.

¡Que viva Juan Pablo II! y que Dios les llene de bendiciones a todos ustedes.

sábado, febrero 19, 2011

El verdadero cambio necesario que sí precisa la Iglesia

Lo que necesitamos es fe en plenitud, cultivo espiritual, comunión eclesial, autenticidad, lealtad, conversión y pasión por Jesucristo, por su Iglesia y por la misión evangelizadora a favor de la humanidad

Autor: Editorial Ecclesia | Fuente: www.revistaecclesia.com vía Catholic.net

woman-with-clerical-collarEl pasado 3 de febrero un grupo de 144 teólogos alemanes, austriacos y suizos -un tercio de su actual totalidad en ejercicio- hicieron público un memorandum titulado «Iglesia 2011: Un cambio necesario Necesidad de avanzar hacia un nuevo comienzo». La supresión del celibato sacerdotal, el acceso de las mujeres al sacerdocio ministerial, una mayor participación de los laicos y procesos más democráticos en las elecciones episcopales son los reclamos principales del mismo. En España, tres antiguos profesores de Teología han encabezado asimismo una campaña de recogida de firmas de adhesión al manifiesto.

¿Es este el verdadero cambio que necesita nuestra Iglesia? ¿Nuestra propia identidad cristiana y eclesial y los problemas y limitaciones pastorales con que topamos hoy día y hasta nuestros mismos pecados pasados o presentes demandan en realidad abordar cuestiones de esta naturaleza? ¿Con medidas similares han conseguido otras Iglesias y confesiones cristianas revitalizar, redinamizar y fertilizar sus comunidades o, al contrario, han sido sumidas todavía más en la crisis y en las crisis? ¿Siguiendo estas propuestas -no todas de la misma envergadura y cualificación-, seríamos más fieles al Evangelio y prestaríamos mejor servicio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo? Creemos sincera, humilde y firmemente que no.

En referencia a la supuesta posibilidad y conveniencia del sacerdocio femenino, la Iglesia -repite paciente y fundamentadamente el magisterio papal de las últimas décadas- no puede dar lo que no tiene y a lo que no está legitimada. Las razones del celibato sacerdotal, de carácter disciplinar, sí, y también de amplio respaldo y cobertura espiritual, pastoral y doctrinal -al menos en cuanto a imitación y seguimiento de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote y de cuyo sacerdocio participan los sacerdotes ministeriales-, son muy poderosas, fecundas y válidas. Y la mayor y mejor participación de los laicos en la vida de la Iglesia no puede ser jamás cuestión de aspiraciones en lograr simplemente por lograr poderes humanos o influencias sociales, en fomentar grupos de presión, en alcanzar cuotas estadísticas y en seguir meros eslóganes publicitarios. Y por lo respecta a los procesos de los nombramientos de los obispos, bueno será recordar que estos nunca se producen sin una amplia y detenida consulta intraeclesial, que obviamente en ningún lugar está escrito que no pueda ser de otra manera ni aún mayor o también menor a tenor de las circunstancias.

El verdadero cambio necesario que urge nuestra Iglesia pasa siempre y también ahora por el reto de la santidad, de la fidelidad, de la comunión, de la constante renovación espiritual y del ardor evangelizador. El verdadero cambio necesario es vivir de la Palabra de Dios, que encuentra en la Iglesia -como recordó días atrás en el Congreso sobre la Biblia de la CEE el teólogo y arzobispo Ladaria- el único ámbito adecuado para su interpretación como Palabra actual de Dios. El verdadero cambio que necesitamos es el del desapego iluminado desde la fe y desde la independencia ideológica ante las consignas y reclamos de la moda y de lo política, social o culturalmente correcto, que aunque pueda conllevar renuncias, son, en realidad, ofrendas libres, generosas y en positivo por la auténtica causa del Reino.

Claro que hay que escuchar y discernir los signos de los tiempos. Claro que siempre es bueno el diálogo y el encuentro. Y estos mismos signos de los tiempos y desde el diálogo y el encuentro precisos lo que se reclama de nosotros los cristianos, de nosotros miembros de la Iglesia, no son posturas acomodaticias ni posicionamientos ideologizados y trasplantados desde fuera. No son viejas y superadas polémicas, ni nuevas o larvadas divisiones o disensiones. No son posiciones lejanas y hasta contrarias al magisterio eclesial, sino todo lo contrario.

En medio de estos presentes tiempos recios de increencia y secularización, lo que reclaman los signos de los tiempos no es que nosotros también nos secularicemos y presentemos, vivamos y transmitamos un Evangelio «light» o bajo en calorías para así, supuestamente -solo supuestamente- hacerlo más atractivo y simpático, porque si la sal se vuelve sosa... Lo que necesitamos es fe en plenitud, cultivo espiritual, comunión eclesial, autenticidad, lealtad, conversión y pasión por Jesucristo, por su Iglesia y por la misión evangelizadora a favor de la humanidad. Es, en suma, ser más de Dios, del Dios de Jesucristo, para así ser más y mejor de y para los hombres nuestros hermanos.

martes, febrero 15, 2011

¡Digno es el Cordero!


Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.

Apocalipsis 4:12

lunes, febrero 14, 2011

jueves, febrero 10, 2011

Para pensar...

No hagas a otro lo que a ti no te agrada. Da tu pan al hambriento y tu ropa al desnudo. Pide consejo al sensato y no desprecies un consejo útil. Bendice al Señor Dios en todo momento, y pídele que allane tus caminos y que te dé éxito en tus empresas y proyectos. - Tb 4,16-17. 19-20

lunes, febrero 07, 2011

El Hermano Rafael, un maestro de la oración contemplativa

Fuente: Abandono.com

San Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.

Dotado de una precoz inteligencia, ya desde su primera infancia daba señales claras de su inclinación a las cosas de Dios. En estos años recibió la primera visita de la que había de ser su sino y compañera: la enfermedad que le obligó a interrumpir sus estudios.

Recuperado de ella, su padre, en agradecimiento a lo que consideró una intervención especial de la Santísima Virgen, a finales de verano de 1922 lo llevó a Zaragoza, donde le consagró a la Virgen del Pilar, hecho que no dejó de marcar el ánimo de Rafael.

Trasladada su familia a Oviedo, allí continuó sus estudios medios, matriculándose al terminarlos en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid.

Con una inteligencia brillante, Rafael estaba dotado de destacadas cualidades para la amistad. A la vez que crecía en edad y desarrollaba su personalidad, crecía también en su experiencia espiritual de vida cristiana.

En su corazón bien dispuesto, Dios quiso suscitar la invitación a una consagración especial en la vida monástica. Habiendo tomado contacto con el monasterio cisterciense de San Isidro de Dueñas -su Trapa- se sintió fuertemente atraído por lo que vio era el lugar que correspondía con sus deseos íntimos. Allí ingresó el 15 de enero de 1934.

Dios quiso probarle misteriosamente con una penosa enfermedad -la diabetes sacarina- que le obligó a abandonar tres veces el monasterio, adonde otras tantas volvió en aras de una respuesta generosa y fiel a lo que sentía ser la llamada de Dios.

Santificado en la gozosa fidelidad a la vida monástica y en la aceptación amorosa de los planes de Dios, consumó su vida en la madrugada del 26 de abril de 1938, recién estrenados los 27 años, siendo sepultado en el cementerio del monasterio.

Pronto voló imparable su fama de santidad allende los muros del monasterio. Con la fragancia de su vida, sus numerosos escritos continúan difundiéndose con gran aceptación y bien para cuantos entran en contacto con él.

El 20 de agosto de 1989, SS. Juan Pablo II, con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, le propuso como modelo para los jóvenes en Santiago de Compostela, declarándolo Beato el 27 de septiembre de 1992 para gozo de la santa Iglesia y prenda de gracias para todo el pueblo de Dios, y el 11 de octubre de 2009, Rafael Arnáiz fue canonizado por Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro de Roma, junto con otros cuatro beatos: Francisco Coll, dominico español fundador de la congregación de Hermanas Dominicas de la Anunciata; Juana Jugan, religiosa francesa fundadora de las Hermanitas de los Pobres; el Padre Damián, misionero belga; y Zygmunt Szczesny Felinski, arzobispo polaco.

domingo, febrero 06, 2011

El apostolado hacia fuera

Padre Nicolás Schwizer

Podemos distinguir algunos medios diferentes.

1. El apostolado de la palabra. La palabra pone nombre a lo que un modo de vivir sugiere. Propone abiertamente el sentido que uno da a la vida y que se transparentó en el testimonio. Es una palabra que para ser realmente apostólica, debe ser respetuosa, comprensible, fundamentada.

El testimonio más hermoso se revelará a la larga impotente, si no es esclarecido, justificado, explicitado, nos enseña Pablo VI en una de sus encíclicas. Y nosotros somos cristianos porque un día nos llegó esa palabra esclarecedora. Y por gratitud nosotros también debemos dirigir esa palabra, en un momento dado, a hermanos que están buscando, consciente o inconscientemente, el sentido de su vida.

2. El apostolado de la acción. Son sobre todo tres campos que se nos ofrecen para ello: nuestra comunidad, la Iglesia y el mundo.

 

2.1 La construcción de nuestra comunidad, es una prioridad para nosotros. El mejor servicio que podremos prestar a nuestra Iglesia, consistirá en forjar una comunidad pujante, numerosa, misionera. Y esto exige dedicación y entrega constante.

Personalmente estoy convencido de que algunos de nosotros hacemos muchas cosas y, entre ellas, participamos también de nuestra comunidad. Algunos, quizás, hacen lo urgente y ya no les queda tiempo y fuerza para hacer lo importante.

Otros no son capaces de decir el “no apostólico”. Probablemente nos falte a todos una clara escala de valores. ¿No sería ésta la oportunidad para que cada uno o cada matrimonio se haga una lista de sus prioridades personales?

2.2 Otro campo apostólico es la Iglesia. Queremos ser corazón de la Iglesia.

Creo que tarde o temprano vamos a tener que desarrollar también una estrategia apostólica. Nuestro apostolado no puede ser fruto solamente de gustos o vocaciones personales, sino también tiene que responder a necesidades más grandes y amplias.

Tenemos que estar dispuestos a ello, si hace falta. Pensemos p. ej. en la posibilidad de asumir algún día la responsabilidad por un instituto de pastoral familiar, etc.

2.3 El otro campo es el mundo, campo más específico de los laicos. Somos llamados a transformar el mundo, a transformar nuestra patria, a transformar el mundo. Dios, a través nuestro, quiere crear un nuevo orden social. Tenemos la responsabilidad de trabajar y luchar para que nuestra tierra llegue a ser un trozo de cielo.

El mundo de la política, lo social, la economía, la cultura y las artes y otras realidades abiertas al apostolado nos esperan.

3. Un último medio, además de la palabra y de la acción, es el apostolado de la oración y del sufrimiento. Es un apostolado que todos pueden realizar.

En algunos momentos es el único apostolado eficaz y fecundo. De todos modos debería acompañar siempre nuestras acciones apostólicas externas. Pero me da la impresión que nos cuesta mucho más que la acción. Estamos lejos todavía de ser maestros de la oración y del sacrificio.

4. Un paso más. A nivel familiar, hemos de buscar, tal vez, formas de apostolado comunitario en el cual todos los miembros puedan ayudar. Así la familia se va convirtiendo en una escuela de apóstoles y en un pequeño Cenáculo, desde el cual cada uno es enviado a asumir sus compromisos apostólicos personales en la Iglesia y el mundo. Para ello, nuestro hogar juega un papel decisivo: como lugar de arraigo y de apoyo, como lugar de formación y transformación, como lugar de envío apostólico.

Preguntas para la reflexión

1. ¿Qué apostolado estoy realizando actualmente?

2. ¿Qué tipo de apostolado me gustaría hacer?

3. ¿De qué manera puedo cambiar mi ambiente?

sábado, febrero 05, 2011

Los fenómenos sobrenaturales

Autor: Jorge Enrique Mújica | Fuente: Virtudes y Valores via Catholic.net

San Juan VianneyEn la vida de san Juan María Vianney, cura de Ars, escrita por Francis Trochu leemos lo siguiente: «Un joven de Lyon se había apenas confesado cuando el santo le dice: 

- Amigo, no has dicho todo. 

- Ayudadme vos, Padre: no puedo recordar todas mis faltas.

- ¿Y aquellas candelas que robaste de la iglesia de San Vicente?. Era verdad, pero lo había olvidado». 

En otra ocasión, una mañana durante la misa, una señora se presentó a recibir la comunión. El santo pasó dos veces cerca de ella sin dársela. A la tercera vez le dice la señora en voz baja: 

- «Padre mío, no me has dado la comunión». 

- «No hija mía; esta mañana has comido algo». 

Entonces la señora se acordó de haber comido un poco de pan.

A fines del s. XIX, el doctor Imbert, profesor de medicina en Clermont-Ferrand, describió ampliamente un testimonio acerca de Luisa de Lasteau, hoy beata, y su facilidad sobrenatural para reconocer los objetos sagrados (ierognosis): «Se le presentaba una reliquia, aunque fuese de un siervo de Dios no beatificado, y sonreía satisfacida, pronta a besarla. Lo mismo hacía con los objetos benditos aunque tuvieran forma profana, mientras se mostraba insensible por los objetos no bendecidos aunque fuesen imágenes sacras. Un sacerdote vestido de civil, le presentó un crucifijo sin bendecir y no le causó impresión. Después, con su mano consagrada, trazó sobre la cruz la bendición y se lo volvió a mostrar; entonces Luisa mostró su característica sonrisa al sacerdote. Los presentes exclamaron: ¡qué sublime es la bendición del sacerdote!»

Es común hallar en librerías una abundante literatura que intenta explicar, acertada o erróneamente, fenómenos sobrenaturales extraordinarios que por su relación con la fe, su impacto real, atractivo o de simple curiosidad, llaman enormemente la atención. Y no es para menos: profecía, poder de sanación, discernimiento de espíritus, don de lenguas, visiones, revelaciones, habilidad infusa para el ejercicio de las artes, ciencia, estigmas, lágrimas o sudor de sangre, privación del sueño, bilocación, levitaciones, sutilezas, luminosidad... son temas que dejan un deseo de profundización mayor.

Al referirnos a fenómenos sobrenaturales hacemos relación a lo que trasciende lo natural, lo que está más allá de las leyes normales como el no poder volar por nosotros mismos o conocer lenguas sin antes haberlas estudiado. La causa sólo puede ser Dios aunque la propia naturaleza o el Demonio pueden imitar algunos de estos fenómenos para confundir cuando en realidad no son tales. 

Los fenómenos sobrenaturales se manifiestan con los así llamados fenómenos místicos. Estos de deben a gracias regaladas por Dios que quiere ofrecer una posibilidad de unión más íntima con él al alma que los recibe o manifestar externamente al mundo el misterio de su acción omnipotente no explicable a la ciencia.

Las causas puramente naturales tienen como fuente elementos de orden fisiológico (temperamento, sexo, edad), la imaginación, los estados depresivos del espíritu (trabajo intelectual absorbente, meditación religiosa mal regulada, excesiva austeridad) y las enfermedades. Estas llevan a confundir con fenómenos "sobrenaturales" lo que en realidad se puede explicar naturalmente.

Es de fe que existen los demonios quienes, por permisión divina, influyen sobre algunos hombres. Sin embargo, la voluntad humana permanece siempre libre. El demonio no puede producir verdaderos fenómenos pues es gracia exclusiva de Dios (resucitar un muerto, curar instantáneamente heridas, traslocaciones, profecías, conocer los pensamientos, crear, violar las leyes de la naturaleza como la gravedad, etc.) pero sí puede falsificar visiones, éxtasis, esplendores y rigidez en el cuerpo, ardores en el corazón, curación de enfermedades producidas por él mismo, hacer aparecer estigmas, esconder objetos y moverlos.

La acción divina, que es de donde provienen los auténticos fenómenos, se desarrolla principalmente en el intelecto, en la voluntad y en el organismo de aquellos que la experimentan. De ahí que los grandes fenómenos se clasifiquen en tres grupos: de orden cognoscitivo, de orden corporal y de orden afectivo.


Fenómenos de orden cognoscitivo

Las visiones, referidas estrictamente al sentido de la vista, son percepciones de objetos mediante los ojos corporales. Hay tres tipos de visiones: 

    1) las externas o corporales, llamadas apariciones, donde se percibe una realidad objetiva naturalmente invisible al hombre 
    2) las imaginarias, que son representaciones sensibles internas circunscritas a la imaginación 
    3) las intelectuales, en las que se produce la visión por medio de la inteligencia, sin impresión o imagen sensible.
Las locuciones son fórmulas que enuncian afirmaciones o deseos. Se dividen en: 

    1) auriculares (percibidas por medio del oído) 
    2) imaginarias (se perciben con la imaginación durante el sueño o la vigilia)
    3) intelectuales (las que se dejan oír directamente en el intelecto sin el concurso de los sentidos) que es como se comunican los ángeles.
Las revelaciones son las manifestaciones sobrenaturales de una verdad oculta o un secreto divino hecho por Dios para el bien general de la Iglesia o para la utilidad de quien la recibe. Son de dos tipos: 

    1) privadas: hechas a un individuo y que no entran en el depósito de la fe 
    2) universal: la dada por la Sagrada Escritura.
Las primeras nunca contradicen a las segundas si son auténticas. Sólo a la Iglesia corresponde declarar si un mensaje es o no revelación privada

Por discernimiento de los espíritus se entiende el conocimiento sobrenatural de los secretos del corazón comunicados por Dios a sus siervos. Fue el caso del cura de Ars. En esta categoría también entra el descifrar y aclarar si otros fenómenos vienen o no de Dios.

La ierognosis es el conocimiento de lo que es sagrado manifestado en el poder o facultad que tuvieron algunos santos para reconocer las cosas santas y distinguirlas de las profanas. Este fue el caso de la beata Luisa Lausteau.

Santa Catalina de BoloniaOtros fenómenos de conocimiento son la ciencia infusa universal (como el caso de Gregorio López (1562-1596) que sin estudio alguno, poseía un bastísimo conocimiento de la Sagrada Escritura, la historia de la Iglesia y los principios de la vida espiritual), el conocimiento sobrenatural de teología (los casos de santa Gertrudis y santa Catalina de Siena, luminarias de la mística), habilidad infusa para el ejercicio de las artes (por ejemplo san Francisco de Asís y Jacopone da Tordi, compositor del «Stabat Mater», para la poesía; santa Catalina de Bolonia, para la música; el beato Angélico da Fiesole para la pintura, etc.)


Fenómenos místicos de orden corporal

El primer caso documentado de una persona estigmatizada fue el San Francisco de Asís, quien recibió los estigmas en un éxtasis que tuvo el 17 de septiembre de 1224. Después de él se han multiplicado los casos. Quizá hubieron estigmatizados antes de San Francisco. No lo sabemos. 

En 1894 se publicó en París el libro «La estigmatisation». En él, el doctor Imbert-Gourtbeyre, quien estudió con competencia y atención el tema, enumera hasta 321 casos de estigmatizaciones verdaderas en la historia. De esos 321 estigmatizados 62 fueron canonizados (42 hombres y 9 mujeres). Por el tiempo y por la resonancia, nos es muy cercano el caso de San Pío de Pietrelcina, de cuyas llagas emanaba, además, un olor muy agradable.

Estamos ahora de frente a los fenómenos místicos de orden corporal. Éstos se reflejan principalmente sobre el organismo, en cualquiera de sus funciones vitales o en diferentes aspectos de su actividad y manifestaciones exteriores, como recuerda el P. Royo Marín. Estos son los principales:

Los estigmas consisten en la aparición espontánea de llagas sanguinolentas en manos, pies, costado izquierdo, en la cabeza o en la espalda. Pueden ser visibles o invisibles. Muchos han tratado de dar una explicación racionalista al fenómeno atribuyéndolo al fanatismo. Es verdad que la imaginación puede ejercer una posible influencia psíquica, pero jamás será capaz de producir heridas físicas visibles. Bastaría hacer un ejercicio simple para darse cuenta de la imposibilidad: si se fija la vista en alguna parte del cuerpo y se piensa, con todas las fuerzas, que se quiere una herida visible en el costado; se podrá pasar todo un día y no se logrará. Los hechos hablan por sí solos.

También existen los estigmas diabólicos. ¡Sí, el demonio es capaz de producirlos! Si en el orden natural, en base a la hipnosis y a la sugestión, se han llegado a producir manifestaciones similares en sujetos desequilibrados, neuróticos o histéricos, cómo no iba a poder producirlos el demonio. 

El sudor de sangre consiste en la expulsión, en cantidad considerable, de líquido sanguinolento a través de los poros de la piel, particularmente los de la cara. Las lágrimas de sangre son una efusión sanguinolenta a través de la mucosa de los ojos.

En el caso del sudor de sangre, el hecho histórico por excelencia es el de Nuestro Señor Jesucristo referido por San Lucas en el capítulo 22, versículo 44, de su Evangelio. Tras Jesucristo, un número pequeño de santos y personas pías han tenido sudor de sangre: santa Ludgarda (1182-1246), la beata Cristina di Stumbeln (1242-1312), Magdalena Morice (1736-1769), María Domenica Lazzari (1815-1848), Caterina Putigny (1803-1885).

Los casos de lágrimas de sangre son más raros aunque hay registrados dos casos muy famosos, el de Rosa María Andriani (1786-1845) y el de Teresa Neumann a mediados del siglo pasado.

La renovación o cambio de corazón es un fenómeno registrado en la historia de la mística y muy sorprendente. Consiste en la extracción del corazón de carne y en la sustitución con otro que es el de Cristo mismo.

Sta Margarita María de AlacoqueSon famosos los casos de las santas Catalina de Siena, Ludgarda, Gertrudis, María Magdalena de Pazzi, Caterina de Ricci, Juana de Valois o Margarita María de Alacoque.

Así describía el confesor de santa Catalina de Siena el fenómeno de la sustitución de corazón: «Se encontraba un día en la capilla de la iglesia de los hermanos predicadores en Siena... Recuperada del éxtasis se puso de pie para regresar a casa. Una luz del cielo la envolvió y en la luz apareció el Señor que tenía en su mano un corazón humano, verdadero y esplendoroso... El Señor se le acercó, abrió el pecho de ella por la parte izquierda e, introduciéndole Él mismo el corazón que tenía en las manos, le dice: "Querida hijita, como el otro día tomé tu corazón, he aquí que te doy el mío con el cual siempre viviréis”. De lo dicho queda la apertura que le hizo en el costado; en signo del milagro ha quedado en aquel lugar un cicatriz, como me han asegurado a mí las compañeras que han podido verla. Queriendo saber la verdad de lo sucedido, ella misma fue obligada a confesármelo».

El ayuno absoluto. Está demostrado que el hombre puede sobrevivir naturalmente en una abstinencia total de alimento prolongada sólo por algunas semanas. En 1831 un condenado a muerte, Garnié, rehusó tomar alimentos a excepción de un poco de agua. Murió después de 63 días. Pesaba sólo 26 kilos. En la Iglesia, los casos más notables de ayuno absoluto son los de santa Catalina de Siena (cerca de ocho años), santa Ludovina de Schiedman (28 años), las beatas Caterina de Raconigi (diez años), Domenica Lazzari y Luisa Lasteau (14 años). Todas ellas llevaban una vida normal e incluso muy activa. Sin embargo el ayuno por sí mismo no prueba la santidad pero sí la Iglesia reconoce en algunos de sus santos un privilegio similar dado por Dios como recompensa por sus virtudes.

La vigilia o privación prolongada del sueño es análogo al precedente. Los casos más notables son los de san Macario de Alejandría quien pasó 20 años continuos sin dormir. Santa Coleta dormía una hora a la semana y una vez en su vida permaneció un año sin dormir. San Pedro de Alcántara dormía hora y media al día por cuarenta años, como testimonió santa Teresa de Jesús. Santa Rosa de Lima limitaba a dos horas el tiempo concedido para el reposo y santa Catarina de Ricci no dormía más que dos o tres horas por noche. Los médicos y los fisiólogos coinciden en el decir que sin salir de las leyes normales de la naturaleza orgánica no se puede privar a una persona del sueño. Las largas vigilias y abstinencias se encuentran sobre todo entre los contemplativos.

La agilidad consiste en la traslación corporal casi instantánea de un lugar a otro, a veces remotísimo del primero. Es diferente a la bilocación porque no hay simultaneidad de presencia en ambos lugares sino únicamente traslación de un lugar a otro.

En la mismísima Biblia leemos que el diácono Felipe fue trasportado por el Espíritu de Dios a la ciudad de Azoto después que instruyó y bautizó sobre el camino de Jerusalén a Gaza al eunuco Candace (Hechos de los apóstoles 8, 39-40) aunque quizá sea más famosos el caso de Habacuc, trasportado por el ángel de Judea a Babilonia para que llevase alimento a Daniel en la fosa de los leones (Dan 14, 33-39).

Otros santos conocidos también la ha tenido: santa Teresa contaba que san Pedro de Alcántara se le aparecía, aún viviente, varias veces. También san Felipe Neri se aparecío muchas veces mientras estaba en vida. San Antonio de Padua llegó a hacer, en una sola noche, el viaje de Padua a Lisboa; y regresó en la misma noche. En la vida de san Martín de Porres se narran prodigios de este tipo.

La bilocación es uno de los fenómenos más sorprendentes de la mística y uno de los más difíciles de explicar a menos que se recurra al milagro. Consiste en la presencia simultánea de una misma persona en dos lugares diversos. Se han dado muchos casos en la historia de la vida de los santos. Entre los más conocidos están los de san Francisco de Asís, san Antonio de Padua, san Francisco Xavier, san Martín de Porres, san José de Cupertino o san Alfonso María de Ligorio.

De san Alfonso María se lee en su proceso de canonización que el 21 de septiembre de 1774, mientras estaba en Arienzo, pequeña villa de su diócesis, cae en una especia de desvanecimiento. Permanece cerca de dos días inmerso en un dulce y profundo sueño, sentado sobre un sillón. Uno de sus siervos habría querido despertarlo, pero su vicario general, D. G. Nicola de Rubino, ordenó que lo dejaran reposar. Cuando se despertó, el santo sonó la campana. Acudieron prontamente sus familiares. Viéndolo grandemente agitado le preguntaron:

-«¿Qué te sucede?, son dos días en que no has hablado ni dado ninguna señal de vida».

Él respondió asegurando que había ido a asistir al Papa que acababa de morir hace una hora. Poco tiempo después llegó la noticia de la muerte de Clemente XIV, acaecida el 22 de septiembre a la una de la tarde, momento preciso en el que el santo había sonado la campanilla. San Alfonso fue visto en ambos lugares contemporáneamente por una multitud de testigos.

Las levitaciones consiste en la elevación espontánea del suelo y en el mantenimiento del cuerpo humano sin ningún apoyo y sin causa natural visible. Por regla, le levitación mística se verifica mientras el paciente está en éxtasis y, si el cuerpo se eleva un poco, se llama éxtasis ascensional; si se eleva a gran altura, recibe el nombre de vuelo extático; y si comienza a andar velozmente a ras del suelo, pero sin tocarlo, se llama marcha extática.

En el proceso de canonización de san José de Cupertino se registran más de sesenta casos de levitación. Fue visto volar sobre el púlpito de la iglesia, por los muros y delante de un crucifijo o una imagen pía; aterrizar sobre el altar o cerca del tabernáculo; sostenerse como un pájaro sobre ramas débiles; hacer saltos de grandes distancias. Una palabra, una mirada, la mínima cosa en relación con la piedad, le producía estos transportes. En un periodo de su vida llegaron a ser tan frecuentes que sus superiores debieron exceptuarlo del rezo común en el coro para que, contra su voluntad, no interrumpiera ni perturbase las ceremonias de la comunidad con sus vuelos extáticos de los cuales muchas personas fueron testigos, entre ellos el Papa Urbano VIII y el príncipe protestante Juan Federico de Brunswick, el cual no sólo quedó impresionado sino que se convirtió al catolicismo y vistió el sayal franciscano.

Está claro que la simple naturaleza no puede alterar las leyes de la gravedad, siempre fijas y constantes. La Iglesia ha explicado este fenómeno como una anticipación del don de agilidad propia de los cuerpos gloriosos.

San Francisco de AsísLas sutilezas consisten en el paso de un cuerpo a través de otro. En el momento del tránsito supone la compenetración o coexistencia de los dos cuerpos en un mismo lugar. Este prodigio se verificó en la persona de Jesús cuando a puertas cerradas se presentó a sus discípulos, como narra san Juan en los versículos 20-26 del capítulo 19 de su Evangelio. También es célebre el caso de san Raymundo de Peñafort que entró en su convento de Barcelona a puertas cerradas.

Las luces o esplendores son ciertos esplendores que algunas veces irradian los cuerpos de los santos sobre todo durante la contemplación o el éxtasis. Este fenómeno se verificó en san Luis Beltrán, san Ignacio de Loyola, san Francisco de Paula, san Felipe Neri, san Francisco de Sales, san Carlos Borromeo, san Juan María Vianey, etc. Es uno de los más frecuentes entres los grandes santos.

El perfume sobrenatural (osmogenesia) consiste en un cierto perfume de exquisita suavidad y fragancia que emana del cuerpo mortal de los santos o del sepulcro donde reposan sus restos. Se trata de un aroma singular que nada tiene de común con los perfumes terrenos. Los testigos que lo han experimentado no encontraron analogías para hacer entender la suavidad y fragancia de un aroma inconfundible jamás sentido en la tierra.

El perfumero de la corte de Saboya fue enviado un día al convento de la beata María de los Ángeles para que buscase individuar la naturaleza del olor que la sierva de Dios emanaba. Debió confesar que no se asemejaba a ninguno de los perfumes de esta tierra. Las religiosas, sus compañeras, lo llamaban “olor de paraíso o de santidad”.

Han exhalado suave olor las reliquias o los sepulcros de san Francisco de Asís, santo Domingo de Guzmán, santo Tomás de Aquino, santa Rosa de Lima, santa Teresa, santa Francisca Romana, etc.


Fenómenos de orden afectivo

Quedan aún por explicar un tercer tipo de fenómenos, los de orden afectivo. Se consideran tales, prevalentemente, dos tipos: los éxtasis místicos y los incendios de amor. Algunos estudiosos llaman a este tercer tipo de fenómenos, psico-fisiológicos pues tienen, en buena medida, su raíz principal en la voluntad; de ahí que algunos autores los clasifiquen entre los fenómenos de orden orgánico.

Los éxtasis místicos no son gracias gratis dadas por Dios. Entran en el desarrollo normal de los grados de oración mística y constituyen un fenómeno normal en el desarrollo de la vida cristiana. Pero como su aspecto exterior es espectacular, presenta ciertas semejanzas con los fenómenos de tipo extraordinario que se han mencionado.

Los incendios de amor son un hecho comprobado en la vida de algunos santos en los que el amor hacia Dios se manifiesta algunas veces hacia el exterior bajo la forma de fuego que quema, incluso materialmente, la carne y la ropa cercana al corazón. Esta manifestación se produce en grados diversos:

    1) Simple calor intenso: es un extraordinario calor del corazón que se dilata; este calor se expande a todo el organismo. Es clásico el episodio de la vida de san Wenceslao, duque de Bohemia. De noche visitaba la iglesia a pies descalzos. Al siervo que le acompañaba le recomendaba meter los pies en los zapatos que él dejaba para no congelarse.

    2) Ardores intensísimos: el fuego del amor divino puede llegar a tal intensidad que a veces es necesario recorrer a refrigerantes para poderlo soportar. Se cuenta de san Estanislao de Kotska, que era tan fuerte el fuego que lo consumía, que en pleno invierno era necesario aplicarle sobre el pecho paños empapados de agua helada. Santa Caterina de Génova no podía acercar su mano al corazón sin experimentar un calor intolerable.

    3) La quemadura material: cuando el fuego del amor llega a producir incandescencias, las quemaduras se realizan plenamente. Es lo que se llama a pleno título incendios de amor. El corazón de san Pablo de la Cruz, fundador de los pasionistas, ardía de tal manera, que más de una vez su túnica de lana aparecía completamente quemada por la parte del corazón. El beato Nicolás Factor, religioso franciscano, incapaz de soportar el fuego que ardía en su corazón, se hechó un vaso de agua helada en pleno invierno. Consta en su proceso de beatificación que el agua, inmediatamente, se evaporó.
Existe sin duda una estrecha relación entre el amor y el fuego producido. 

La naturaleza prodigiosa de todos estos fenómenos exige recurrir a lo sobrenatural para poder ser explicados. Este recurso, indiscutiblemente, demuestra la grandeza infinita de Dios el cual esparce a manos llenas sus tesoros. Es fácil recurrir a lecturas que intentan, acertada o erradamente, para bien o para confusión del lector, explicar estos casos que son verdaderamente atrayentes. Este texto es una buena guía para no perder el norte y tampoco dejarse engañar.

BIBLIOGRAFÍA:

Introducción a los fenómenos. Gemino. Fenómenos. Arato. Biblioteca Clásica Gredos Ed. Gredos, S.A. Madrid, 1993

Teología della perfezione cristiana. Antonio Royo Marín. 10ª edición 1997. Edición San Paolo. Edizione italiana a cura di G. Pettinati, S. Pienotti, A. Girlanda. Págs. 1026-1132

Dizionario di mística. A cura di I. Borriello - E. Caruana - M.R. Del Genio - N. Suffi
Libreria editrice vaticana 1998

Summa daemoniaca, José Antonio Fortea, Contenidos de Formación Integral. Segunda edición: diciembre de 2003. México. 

Compendio de Teología Ascética y Mística, Tanquerey. Ediciones Palabra, Madrid, 1990. 

El respeto al misterio. Revista Alférez. Madrid, 30 de abril de 1948 Año II, números 14 y 15 [página 10]
Los grandes maestros de la vida espiritual. Historia de la espiritualidad cristiana. A. Royo Marin. BAC, Madrid, 1973.

miércoles, febrero 02, 2011

Oración a la Virgen María por los Sacerdotes

Autor: Venerable Papa Juan Pablo II

Oh  María,
Madre de Jesucristo y Madre de los sacerdotes:
acepta este título con el que hoy te honramos
para exaltar tu maternidad
y contemplar contigo
el Sacerdocio de tu Hijo unigénito y de tus hijos,
oh Santa Madre de Dios.

Madre de Cristo,
que al Mesías Sacerdote diste un cuerpo de carne
por la unción del Espíritu Santo
para salvar a los pobres y contritos de corazón:
custodia en tu seno y en la Iglesia a los sacerdotes,
oh Madre del Salvador.

Madre de la fe,
que acompañaste al templo al Hijo del hombre,
en cumplimiento de las promesas
hechas a nuestros Padres:
presenta a Dios Padre, para su gloria,
a los sacerdotes de tu Hijo,
oh Arca de la Alianza.

Madre de la Iglesia,
que con los discípulos en el Cenáculo
implorabas el Espíritu
para el nuevo Pueblo y sus Pastores:
alcanza para el orden de los presbíteros
la plenitud de los dones,
oh Reina de los Apóstoles.

Madre de Jesucristo,
que estuviste con Él al comienzo de su
 vida 
y de su misión,
lo buscaste como Maestro entre la muchedumbre,
lo acompañaste en la cruz,
exhausto por el sacrificio único y
 
eterno,
y tuviste a tu lado a Juan, como hijo
 
tuyo:
acoge desde el principio
a los llamados al sacerdocio,
protégelos en su formación
y acompaña a tus hijos
en su vida y en su ministerio,
oh Madre de los sacerdotes. 


Amén