lunes, agosto 15, 2011

Cómo vivir la misa a plenitud

Autora: Julia López | Fuente: El Visitante

La Eucaristía se define como ‹‹fuente y culmen de toda vida cristiana››.

‹‹Significa y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad del Pueblo de Dios por las que la Iglesia es ella misma. En ella se encuentra a la vez la cumbre de la acción que, en Cristo, Dios santifica al mundo. Y del culto que en el Espíritu Santo los hombres dan a Cristo y por él al Padre››. (CIC #1325)

En otras palabras, es lo que explica la fe y define el modo de vida del cristiano católico. En ocasiones, debido a las distracciones de la vida diaria pasan desapercibidas las gracias bautismales y bendiciones derramadas en la santa misa. Para saber aprovechar los frutos espirituales que se dan a través de la liturgia y así vivirla a plenitud, hay que conocer, comprender y participar de cada una de sus partes con reverencia, pero sobre todo, es necesario disponer el corazón para tener un encuentro real con el Creador.

“Es una vivencia espiritual continua. Se trata de lo que Dios me ofrece y lo que yo le ofrezco. Si eso no se ha vivido, entonces vamos a la Eucaristía con las manos vacías. Se pierde toda la intención de ofrecer en acción de gracias el fin de semana los dones que Dios me ha dado y que he trabajado durante toda la semana. Es un proceso de escucha, de preparación, de contemplación”, explicó el vicario general de la Diócesis de Caguas, Padre Feliciano Rodríguez.

El sacerdote opina que el regalo mayor que Dios da mediante la liturgia es su propio Espíritu, santo e inmaculado. Y sostiene que quienes viven con intensidad cada una de las partes de la misa, logran ser santificados. “Dios te habla de manera distinta en cada segmento del acto litúrgico. El que necesita perdón, se santifica; el que necesita escuchar la voz de Dios, y oye la Palabra, ahí se santifica. En distintos momentos de la misa y de diferentes fuentes vas recibiendo el don de la santificación. Una persona que vive la Eucaristía como es, sale santa”, afirma padre Feliciano.

Por su parte, el ex profesor de religión y laico comprometido de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Río Grande, Tomás Vargas señala que aquellos que consideran la misa aburrida son personas que no comprenden su importancia.

“Muchos dicen que vienen a la misa a buscar paz. Pero cuando decimos eso, no estamos entendiendo. La misa es todo. Una vez comprendo lo que es y todas sus partes, no hay porque aburrirse. Cuando uno entiende que está aplicando el mismo sacrificio de Cristo en la cruz de una manera litúrgica, cuando sé que tengo en mis manos la salvación del mundo porque tengo en mis manos el sacerdocio de Cristo y lo puedo vivir como pueblo sacerdotal no existe manera de aburrirse. Luego entonces te das cuenta que estás delante de la presencia del mismo Padre”, comentó de manera efusiva Vargas. Para el feligrés, quien asiste con regularidad a su parroquia, el rito inicial prepara al católico para vivir una experiencia sobrenatural con el Señor durante la celebración eucarística.

“Ese acto penitenciario nos ayuda a pasar de una conciencia totalmente ocupada en las cosas del mundo, a una conciencia litúrgica. Obtenemos el perdón de los pecado veniales, pero sobre todo nos ayuda a cambiar las actitudes y de visión”, expresó. El laico comparó el amor hacia la Eucarística con la relación de pareja. “Cuando estás empezando a enamorarte de alguien, sacas de tu tiempo para conocer más a esa persona. Mientras más la conoces, y si es digna de tu amor, más te enamoras de ella. Lo mismo ocurre con la liturgia y con nuestra fe; mientras más vamos más nos enamoramos”, comentó.

Añadió que “una vez la persona comprende su identidad como católico y lo qué representa el tesoro que se tiene en las manos, (la Eucaristía y los sacramentos), vive la misa a plenitud”.

Mientras tanto, el reverendo diácono Ramón Guzmán comenta que durante la consagración se reproduce el sacrificio de Jesús en la cruz.

“Es revivir que Cristo se hace presente; revivir el sacerdocio y el mandamiento de amor que se dio en la Última Cena. Aunque también se debe tener una idea muy clara de que la misa no es la Última Cena, sino el sacrificio de Jesús. Por eso al final el sacerdote dice, ‘por Cristo con Él y en Él”, aclaró.

Por último, Guzmán señaló que el cristiano que dispone su corazón para vivir intensamente la Liturgia y ser ministrado por el Espíritu Santo obtiene el regalo de la salvación. “Los cristianos somos gente que no nos salvamos solos. Nos salvamos en la Iglesia. La santa misa es entrar en comunión con Dios; en una relación íntima con el Señor. Es así como alcanzamos la salvación”, concluyó el diácono.

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