lunes, enero 03, 2011

Cómo el aborto se vende en Puerto Rico

Hermanos y hermanas, esto, según El Visitante, el semanario católico de Puerto Rico:
Publicidad para “vender” la muerte

Escrito por Administrator

Jueves, 30 de Diciembre de 2010 09:36

Las clínicas de aborto en Puerto Rico se anuncian a todo color y en letras grandes.

Y es que la promoción es parte de la dolorosa legalidad de esta práctica en la Isla.

En uno de los anuncios, se incluye el dibujo de un bebé dentro de la silueta del cuerpo de una mujer. El arte de media página despliega en letras grandes “Terminaciones de embarazo” y destaca el servicio de estacionamiento y anestesia para la madre, aunque no para el que va a morir.

En la publicidad de una clínica en Bayamón usan la foto del rostro de una mujer. Otra de las clínicas resalta en letras grandes el servicio de “sonografía durante la terminación del embarazo”. Así, se puede observar en vivo cómo aspiran o descuartizan a la criatura.

Otra de las instalaciones en Bayamón resalta las palabras “Succión” y “Pastillas Abortivas”. Uno de los anuncios de menor tamaño se limita a dejar un gran espacio vacío y en el centro escribe “…por si decides terminar tu embarazo”, con la dirección y el teléfono.

Pero en la Isla no sólo se promocionan las clínicas locales. En medio de la publicidad puertorriqueña despunta un anuncio de una clínica en Orlando, Florida, para que las boricuas con hasta 7 meses de embarazo (28 semanas) viajen para abortar allá.

Los anuncios vendiendo el aborto no sólo están en medios impresos. También se escucha a nivel radial la voz femenina que repite “Amiga, si has decidido terminar tu embarazo, te podemos ayudar”.

En la Isla, hay siete clínicas de aborto, en las que se practican entre 5mil y 8mil abortos cada año, según las estadísticas más recientes disponibles del Departamento de Salud.

El costo para acabar con la vida del niño va desde los $225 hasta $325 en los primeros tres meses y más si el tiempo de embarazo es mayor.
Comentario. El aborto es un negocio billonario en toda regla, que se lucra de la muerte de millones de inocentes. Las víctimas de este infame negocio son tanto las madres que sufren de un embarazo en situaciones críticas y son explotadas por esa industria, como los bebés que mueren como sacrificio cruento para propiciar las diosas del feminismo y de los "derechos reproductivos".

Vivimos en una era que las vanguardias culturales nos dicen que debemos de estar "informados por la ciencia" y "la razón" y que el aborto es "un derecho" y que al fin y al cabo lo que se aborta es "una macita de células" que la pérdida no es gran cosa.

Sin embargo, bajo esta costra de "progresismo, ciencia y derechos" encontramos una infección no muy diferente a la que afligía Canaán en la Edad de Bronce o Tenochtitlán antes de la Conquista: como ellos, la nuestra es una cultura donde se mata al infante en aras de "la sociedad" o "la nación" mientras se protege la fertilidad "correcta" tanto de los seres humanos como de la naturaleza, la fertilidad de las clases ricas o pudientes, después que no sean más de dos niños por pareja, por supuesto. Y por pareja entiéndase también "dos papás" o "dos mamás".

El aborto terapeútico, quirúrgico y directo, es un pecado contra Dios y contra la humanidad. Es una infamia y una abominación. Es la continuación moderna del sacrificio de infantes que se hacía para procurar bienes y servicios. Los culpables de este pecado son aquellos que libremente y con pleno conocimiento lo buscan y lo incurren, así como aquellos que lo efectúan, facilitan, protegen, defienden e impulsan. Claro que a estos les importa un bledo porque ni reconocen lo que es "pecado", niegan a Dios, y cuestionan lo que es "humanidad". Ya que ellos carecen de conciencia alguna de su crimen y del estado grave de su alma inmortal, seguirán matando - a menos que medie una conversión - hasta el día en que tengan que rendir cuentas ante el Juez Eterno. Y ahí sí que es verdad que será demasiado tarde. Porque se les ha dotado una inteligencia y abilidad técnica superior, a estos el Juez les exigirá más que al meramente ignorante, discapacitado, o cuya libertad moral esté limitada de algún modo. Ya se verá.

- Lee también En oración, frente a las clínicas.

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