miércoles, marzo 31, 2010

Letanía de la Pasión

Autor: Pbro. D.P.J.E. | Fuente: Salutaris Hostia

Señor, tened piedad de nosotros.

Cristo, tened piedad de nosotros.

Señor, tened piedad de nosotros.

Jesús, Verbo hecho carne y anonadado, tened piedad de nosotros.

Jesús, hecho pobre por nuestro amor,

Jesús, que no teníais dónde reclinar la cabeza,

Jesús, que ayunasteis cuarenta días y cuarenta noches en el desierto,

Jesús, que para consuelo nuestro quisisteis ser tentado,

Jesús, calumniado en vuestros milagros, y acusado de arrojar los demonios en nombre de Belcebú,

Jesús, postrado en el huerto de los Olivos delante del Padre y cargado con los pecados del mundo entero,

Jesús, oprimido de tristeza, reducido a la agonía, y abismado en un mar de dolores,

Jesús, bañado en sudor de sangre,

Jesús, entregado por un pérfido apóstol, y vendido a vil precio como un esclavo,

Jesús, que abrazasteis con amor al traidor Judas,

Jesús, arrastrado con la soga al cuello por las calles de Jerusalén, y cargado de maldiciones,

Jesús, injustamente acusado y condenado,

Jesús, escarnecido, insultado y abofeteado,

Jesús, vestido con un traje ignominioso, y tratado de loco en la corte de Herodes,

Jesús, azotado, despedazado a golpes y nadando en sangre,

Jesús, coronado de espinas,

Jesús, comparado con Barrabás,

Jesús, entregado al furor de vuestros enemigos por la injusticia de Pilatos,

Jesús abrumado de trabajos y oprimido bajo el peso de la cruz,

Jesús, puesto y clavado en un infame madero,

Jesús, varón de dolores,

Jesús, obediente hasta la muerte de cruz,

Jesús, lleno de mansedumbre con los que os dieron a beber hiel y vinagre,

Jesús, que rogasteis por vuestros verdugos y los excusasteis con el Padre,

Jesús, que sacrificasteis, por nuestra redención vuestra honra y vuestra vida,

Jesús, que expirasteis en la cruz movido de vuestro amor a los hombres,

Cordero de Dios, que quitais los pecados del mundo, perdonadnos Jesús.

Cordero de Dios, que quitáis los pecados del mundo, escuchadnos  Jesús.

Cordero de Dios, que quitáis los pecados del mundo, tened piedad de nosotros.

V. Jesús, que quisisteis redimirnos, muriendo por nuestra salvación en la cruz.

R. Aplicadnos los méritos de vuestra pasión y muerte.

Oración. - Dulcísimo Jesús, que por nuestro amor quisisteis vivir, padecer, y morir, concedednos la gracia de padecer con Vos, como Vos, y por Vos, a fin de que viviendo, padeciendo y muriendo en vuestro amor, seamos eternamente felices con Vos en la gloria. Amén.

FUENTE

Manual de Piedad. Pbro. D.P.J.E. Con aprobación eclesiástica. Eugenio Subirana. Edit. y Lib. Pontifico. Barcelona: 1912.

martes, marzo 30, 2010

La Iglesia se impone al poder de las tinieblas

Autor: Prelatura de Moyobamba, Perú | Fuente: El Visitante

Una vez agotadas todas las formas de tentación,

el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno.

(Lc 4, 13)

En estos días, previos a la memoria de la Pasión de Jesús, estamos asistiendo a uno de los ataques más tremendos que ha sufrido la Iglesia de Cristo a lo largo de su historia. La manipulación mediática que se lleva a cabo en torno de los terribles hechos de público conocimiento redunda en un daño espiritual de inmensurables proporciones. Porque, no quepa duda, el daño mayor que se busca producir aquí es de orden espiritual.

Son muchos los que en estos días se han puesto a buscar la punta del ovillo de este asunto de los ataques al clero, a la Iglesia en general, y al Sumo Pontífice en particular. Y se han vertido diversas opiniones sobre los motivos que llevan a los medios de información a tomar posturas tan radicales en contra de la Iglesia. Así, muchos expertos y otros han arribado a certeras conclusiones: que los dueños de tal medio gráfico son ateos y pretenden desmitificar a la Iglesia; que otros responden alobbies muy poderosos que encuentran en las posturas de la Iglesia un freno a sus intereses; que aquella cadena informativa se está tomando revancha contra la Iglesia; que hay centros de poder que buscan desautorizar a la Iglesia ante la opinión pública para poder luego imponer sus políticas sobre aborto, uniones civiles de homosexuales, exenciones impositivas concedidas a la Iglesia, libertad de educación; etcétera. Sin duda todas estas motivaciones son algunos de los ingredientes del cóctel explosivo que se agita contra Cristo y su Iglesia.

En su carta a la comunidad cristiana de Éfeso, San Pablo afirma que “nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio” (6, 12). Pensar que la andanada disparada contra el Sumo Pontífice y la Iglesia es obra meramente humana sería desconocer al verdadero enemigo. Los soberanos de este mundo luchan denodadamente contra el Cuerpo Místico de Cristo. Su estrategia es antigua aunque los medios sean modernos: “heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño” (Mt 16, 31). ¿Cuántos serán los fieles cristianos que en estos días se habrán sentido tentados a desconfiar de sus pastores? ¿Cuántos buenos sacerdotes se habrán sentido humillados al punto de dudar en seguir bebiendo del mismo cáliz de su Señor? ¿Cuántos hombres y mujeres en proceso de conversión habrán sentido que se tambalea su incipiente fe?

¿No habríamos de recordar en esta Semana Santa que somos discípulos de Jesucristo, quien nos dijo: “si esto hacen con el leño verde, ¿qué no harán con el seco?” (Lc 23, 31). Si es hora de padecer la humillación y el escarnio junto a Jesús, hagámoslo. Que asumamos la cruz será, seguramente, escándalo para unos y locura para otros, pero para nosotros ello es fuerza y sabiduría de Dios.

En esta hora en que pareciera triunfar el poder de las tinieblas, más que nunca pidamos el auxilio de nuestro Padre Celestial, pero hagámoslo al pie de la Cruz y junto a María. Perseverando hasta el final obtendremos la victoria de la mano de Aquel que nos ha dicho: “en el mundo tendrán que sufrir, pero tengan valor, Yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33).

Espíritu Santo, danos fortaleza en nuestra Pasión.

Fortalece a nuestro Papa, Benedicto XVI,

para que confirme a sus hermanos.

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

lunes, marzo 29, 2010

Las acusaciones que hace el New York Times al Papa Benedicto son falsas

Una Respuesta al New York Times

Autor: Padre Raymond J. de Souza Fuente: National Review Online Traductor: Teófilo de Jesús

El pasado 25 de marzo, el rotativo norteamericano The New York Times acusó al Cardenal Joseph Ratzinger, ahora el Papa Benedicto XVI, de intervenir para prevenir que un cura, el padre Lawrence Murphy, enfrentase penas por el abuso sexual de menores.

La historia es falsa. La propia documentación no la apoya. De hecho, la acusación demuestra todos los indicios de ser parte de una campaña coordinada contra el Papa Benedicto en vez de ser un ejemplo de periodismo responsable.

Antes de hablar de la sustancia falsa de la historia notemos las siguientes circunstancias:

· La historia del New York Times tiene dos fuentes. La primera lo son los abogados que tienen pendientes una demanda civil contra la Arquidiócesis de Milwaukee. Uno de los abogados, Jeffrey Anderson, también tiene casos pendientes ante la Corte Suprema de los EE.UU. contra la Santa Sede. Él tiene un interés monetario que impacta directamente en la materia reportada.

· La segunda fuente fue el Arzobispo Rembert Weakland, arzobispo retirado de Milwaukee. Él es el obispo más desacreditado y desgraciado en los EE.UU., conocido ampliamente por haber mal manejado los casos de abuso sexual durante su administración y por haber sido culpable de haber usado $450,000 en fondos arquidiocesanos para pagar por el silencio de su examante homosexual quien lo estaba extorsionando. El Arzobispo Weakland ejerció responsabilidad sobre el caso del Padre Murphy entre 1977 y 1998, cuando el Padre Murphy murió. Weakland quedó amargado cuando su mala administración de la Arquidiócesis de Milwaukee le valió el desfavor del Papa Juan Pablo II y del Cardenal Joseph Ratzinger, mucho antes que se revelase que el arzobispo utilizó dinero de sus parroquianos para pagar su amante clandestino. Weakland es una fuente desconfiable prima facie.

· Laurie Goodstein, la autora del reportaje en el New York Times, comparte un historial reciente con el Arzobispo Weakland. El 14 de mayo del año pasado, tras la publicación de la autobiografía del desgraciado arzobispo, Goodstein escribió una historia inusualmente simpática que enterraba todas las alegaciones hechas contra Weakland.

· La protesta que acaeció en Roma el pasado viernes coincidió con la publicación del reportaje en el New York Times. Hay que preguntar cómo fue que los activistas estadounidenses distribuyeron los mismos documentos que el New York Times reportaba el mismo día. La apariencia aquí es una de una campaña coordinada, no la de un reportaje imparcial.

Es posible que fuentes malas puedan aun decir alguna verdad. Pero estas fuentes comprometidas reclaman un mayor escrutinio. Sin embargo, en vez de examinar detenidamente el reportaje original, los editores periodísticos de alrededor del mundo simplemente cotorrearon el reportaje del New York Times, lo cual nos lleva a un problema mucho más fundamental: la historia no es verdad, de acuerdo a su propia documentación.

El New York Times hizo disponible en su propio sitio web la documentación que apoyaba a su reportaje. En esos documentos el Cardenal Ratzinger mismo no tomó decisión alguna que frustrase el proceso judicial. Se le envían cartas, las contesta su diputado. Y aunque echemos eso de lado, el gravamen de la acusación, que la oficina del Cardenal Ratzinger impidió investigación alguna es probado totalmente falso.

Los documentos demuestran que nadie detuvo el juicio canónico o proceso penal contra el Padre Murphy. De hecho, fue abandonado solo días antes del fallecimiento del Padre Murphy. El Cardenal Ratzinger nunca tomó decisión alguna respecto al caso, de acuerdo a los documentos. Su diputado, el Arzobispo Tarcisio Bertone sugirió que ya que la salud del Padre Murphy estaba fallando y que un juicio canónico es una materia complicada, que se recurriese a una manera más apresurada para removerlo de su ministerio.

Vale la pena repetirlo: la acusación de que el Cardenal Ratzinger erró no es apoyada por la documentación sobre la cual se basa la acusación misma. El Cardenal no aparece en el récord tomando decisión alguna. Su oficina, en la persona de su diputado, el Arzobispo Bertone, estuvo de acuerdo en que se efectuase un juicio canónico en pleno. Cuando se hizo evidente que la salud del Padre Murphy iba en caída, el Arzobispo Bertone sugirió medios más apresurados para remover al cura de todo ministerio.

Más aun, bajo la ley canónica que regía en aquel tiempo, la responsabilidad principal de los casos de abuso sexual caían bajo la responsabilidad del obispo local, responsabilidad que del 1977 en adelante mantenía el Arzobispo Weakland como administrador penal del Padre Murphy. Weakland no hizo nada hasta el 1996. Fue en ese momento que la oficina del Cardenal Ratzinger entró en el asunto y seguidamente no hizo nada para impedir el proceso local.

El New York Times llanamente erró en su historia, de acuerdo a su propia evidencia. Los lectores querrán especular por qué.

Presento a continuación la cronología del caso, sacada de los documentos que el New York Times publicó en su propio sitio web:

· 15 de mayo, 1974 – Un ex estudiante de la Escuela St. John para Sordos en Milwaukee alega abuso por parte del Padre Murphy. De hecho, las acusaciones contra el Padre Murphy ya se remontaban a una década.

· 12 de septiembre, 1974 – El Padre Murphy recibe “vacaciones por enfermedad temporeras” de la Escuela St. John para Sordos. Se aleja de Milwaukee y se muda a la región norteña de Wisconsin, en la Diócesis de Superior, en donde residió con su madre en su casa familiar. De ahí en adelante el Padre Murphy carece de cartera oficial alguna hasta su muerte en 1998. No vive en Milwaukee, ni se le levantan penas canónicas.

· 9 de julio, 1980 – Oficiales de la Diócesis de Superior le escriben a oficiales de la Arquidiócesis de Milwaukee, preguntando qué ministerio el Padre Murphy podría ejercer en Superior. Se consulta al Arzobispo Rember Weakland, arzobispo de Milwaukee desde 1977, quien dijo que sería desaconsejable permitir al Padre Murphy regresar a su ministerio con la comunidad sorda. No hay indicios que el Arzobispo Weakland previó que otras medidas adicionales fuesen tomadas en el caso.

· 17 de julio, 1996 – Después de haber pasado más de 20 años de las alegaciones de abuso originales, el Arzobispo Weakland le escribe al Cardenal Ratzinger, afirmando que justo acababa de descubrir que el abuso sexual cometido por el Padre Murphy envolvía el sacramento de la confesión – un crimen canónico aun más serio. Las alegaciones relacionadas con el abuso del sacramento de la confesión eran parte de las alegaciones originales de 1974. Hasta ese momento, Weakland ya había sido arzobispo de Milwaukee durante 19 años. Hay que notar también que el Arzobispo Weakland pudo haber procedido contra el Padre Murphy en todo momento con cargos de abuso sexual. La cuestión de solicitación durante el sacramento de la confesión requería que Roma fuese notificada, mas eso pudo haberse hecho también en los años 70.

· 10 de septiembre, 1996 ­­– Le notifican al Padre Murphy que un juicio canónico procedería en su contra. Hasta el 2001 el obispo local tenía la autoridad de convocar esos procesos judiciales. Es ahora que la Arquidiócesis de Milwaukee comienza su juicio. Es notable que hasta este momento, el Arzobispo Weakland no había recibido autorización de Roma para proceder.

· 24 de marzo, 1997 – El Arzobispo Tarcisio Bertone, el diputado del Cardenal Ratzinger en la Congregación de la Doctrina de la Fe, aconseja un juicio canónico contra el Padre Murphy.

· 14 de mayo, 1997 – El Arzobispo Weakland le escribe al Arzobispo Bertone, diciéndole que el proceso penal contra el Padre Murphy ha sido ya lanzado, notando que la Congregación de la Doctrina de la Fe le ha aconsejado proceder aun cuando el estatuto de limitaciones ya ha expirado. De hecho, no hay estatuto de limitaciones en cuanto al crimen de solicitación en el sacramento de la confesión se refiere. Las fases preparatorias del proceso penal o canónico continúan durante el resto de 1997. El 5 de enero de 1998 el Tribunal de la Arquidiócesis de Milwaukee dice que un juicio veloz se podría concluir en el plazo de unos meses.

· 12 de enero, 1998 – El Padre Murphy, a quien le restan solamente 8 meses de vida, apela al Cardenal Ratzinger diciendo que, debido a su frágil salud, se le permita vivir el resto de sus días en paz.

· 6 de abril, 1998 – El Arzobispo Bertone, notando la frágil salud del Padre Murphy y que no han habido nuevas acusaciones durante los 25 años precedentes, recomienda recurrir a medidas pastorales para asegurar que el Padre Murphy no ejerza ministerio alguno sin que medie la carga completa de un proceso penal. Es solamente una recomendación ya que el obispo local retiene el control.

· 13 de mayo, 1998 – El Obispo de Superior, a donde el proceso ha sido transferido y en donde el Padre Murphy ha vivido desde 1974, rechaza la sugerencia de medidas pastorales. Los procedimientos previos formales comienzan el 15 de mayo de 1998, continuando el proceso comenzado tras la notificación de septiembre de 1996.

· 30 de mayo, 1998 – El Arzobispo Weakland, quien se encontraba en Roma, se reúne con oficiales de la Congregación de la Doctrina de la Fe, incluyendo al Arzobispo Bertone, pero no al Cardenal Ratzinger, para discutir el caso. El proceso penal continúa. No se toma decisión alguna para detenerlo, pero debido a las dificultades inherentes a un proceso judicial pasados 25 años de las acusaciones originales, se exploran otras opciones para remover al Padre Murphy de su ministerio.

· 19 de agosto, 1998 – El Arzobispo Weakland escribe que ha detenido el juicio canónico y el proceso penal contra el Padre Murphy y subsiguientemente empezado el proceso para removerlo de su ministerio, una opción más rápida.

· 21 de agosto, 1998 – Muere el Padre Murphy. Su familia desafía las órdenes del Arzobispo Weakland de celebrar un funeral discreto.

El Padre Raymond J. de Souza es capellán de la Queen’s University en Ontario, Canadá

domingo, marzo 28, 2010

En la crisis la autoridad del Papa sale fortalecida

(Publicamos el editorial que ha emitido en los micrófonos de "Radio Vaticano" su director general, el padre Federico Lombardi, S.I., quien es también director de la Oficina de Información de la Santa Sede.)

La cuestión de los abusos sexuales de menores por parte de miembros del clero católico ha seguido estando muy presente en los medios de comunicación de muchos países, en particular en Europa y en América del Norte también en los últimos días tras la publicación de la carta del Papa a los católicos irlandeses.

No es una sorpresa. El argumento es de tal naturaleza que atrae la atención de los medios de comunicación, y el modo con el que la Iglesia lo afronta es crucial para su credibilidad moral.

En realidad, los casos que han salido a relucir tuvieron lugar, por lo general, hace bastante tiempo, incluso hace decenas de años, pero reconocerlos y reparar el daño hecho a las víctimas es el precio del restablecimiento de la justicia y de aquella "purificación de la memoria" que permite mirar con renovado compromiso y con humildad y confianza en el futuro.

A esta confianza contribuyen las numerosas señales positivas que han llegado de diferentes conferencias episcopales, obispos e instituciones católicas de varios países de distintos continentes: las directivas para la gestión correcta y la prevención de los abusos, reiteradas, actualizadas y renovadas en Alemania, Austria, Australia, Canadá, etc.

En particular, una buena noticia es el séptimo informe anual sobre la aplicación de la "Carta para la protección de los niños y jóvenes" de la Iglesia en Estados Unidos. Sin caer en la complacencia fuera de lugar, no se puede dejar de reconocer el esfuerzo extraordinario de prevención efectuado a través de numerosos cursos de formación y capacitación tanto para los jóvenes como para todo el  personal encargado de la  pastoral y la educación. También hay que tener en cuenta que el número de las denuncias de abusos ha disminuido un 30 por ciento en el último año y de que la mayor parte se remonta a hechos sucedidos hace más de 30 años.

Sin entrar en detalles, hay que reconocer que las medidas tomadas y las que se están llevando a cabo se han revelado eficaces. La Iglesia en Estados Unidos ha emprendido un buen camino para renovarse.

Pensamos que esta es una noticia importante en el contexto de los recientes ataques de los medios de comunicación que, evidentemente, han causado daños. Pero un observador imparcial advierte que la autoridad del Papa y la labor intensa y coherente de la Congregación para la Doctrina de la Fe no resultan mermadas, sino al contrario, confirmadas a la hora de sostener y orientar a los episcopados para combatir y extirpar la plaga de los abusos en cualquier lugar donde sucedan.

La reciente carta del Papa a la Iglesia de Irlanda representa un intenso testimonio que contribuye a preparar el futuro a través de un camino de "curación, renovación y reparación".

Con humildad y confianza, con espíritu de penitencia y esperanza, la Iglesia entra ahora en la Semana Santa y pide al Señor, que sufre y resucita por todos, misericordia y gracia.

Fuente: El Visitante.

Domingo de Ramos de la Pasión del Señor - A.D. 2010

¡Bendito el Rey que viene! (Lc 19,28-40)

Fuente: ACIPrensa.

Domingo de Ramos - ícono"Mirad que subimos a Jerusalén" (Lc 18,31). El tiempo de la Cuaresma comenzó con esta advertencia que Jesús hizo a sus Doce apóstoles. La Cuaresma es una subida a Jerusalén junto con Jesús. Jerusalén es el destino final del itinerario cuaresmal y es también la culminación del itinerario terreno de Jesús. El subía a Jerusalén porque allí había de consumar su sacrificio, con el cual iba a obtener la salvación del mundo. El sabía con qué finalidad subía a Jerusalén y qué le iba a ocurrir allá. Por eso agrega: "Se cumplirá todo lo que los profetas escribieron acerca del Hijo del hombre; pues será entregado a los gentiles, y será objeto de burlas, insultado y escupido; y después de azotarlo lo matarán, y al tercer día resucitará" (Lc 18,31-33).

Estas palabras constituyen el primer programa de Semana Santa que se formuló en la historia; lo formuló el mismo Jesús. Ningún programa de Semana Santa, de los que circulan en estos días en nuestras parroquias, podría ser más preciso. Jesús iba a llevar a cabo en su Persona "una vez para siempre" (cf. Heb 10,10) los hechos históricos que nosotros conmemoramos y hacemos presentes en la liturgia de estos días santos. Jesús sabía por qué subía a Jerusalén. Los apóstoles, en cambio, no sabían: "Ellos nada de esto comprendieron; estas palabras les quedaban ocultas y no entendían lo que decía" (Lc 18,34). Y, sin embargo, Jesús los lleva consigo en este camino: "Subimos a Jerusalén".

Hoy día, Domingo de Ramos, hemos llegado al término de la Cuaresma. La lectura del Evangelio nos ubica en el término del camino: "Jesús marchaba por delante subiendo a Jerusalén". Hemos llegado al fin del camino y estamos con Jesús a las puertas de Jerusalén. El Evangelio nos describe el tramo final, previo a su entrada en la ciudad santa.

Cuando todavía está a cierta distancia Jesús prepara su ingreso: "Al aproximarse a Betfagé y Betania, envió a dos de sus discípulos, diciendo: 'Id al pueblo que está enfrente y encontraréis un pollino atado... desatadlo y traedlo'". Jesús se aproximó a Jerusalén desde el Oriente y para llegar a la ciudad tenía que superar el monte de los Olivos. Betania está en la ladera oriental del monte y dista de Jerusalén aprox. 3 kilómetros. El asno serviría a Jesús para subir el monte y aparecer a la vista de Jerusalén sobre esta cabalgadura. Pero no era simplemente para evitar el cansancio de la subida que Jesús quiso montar en un pollino, sino para cumplir lo escrito acerca de él. Ya vimos que él había dicho: "Se cumplirá todo lo que los profetas escribieron". Y el profeta Zacarías había descrito la entrada de un Rey en Jerusalén, diciendo: "¡Exulta sin freno, hija de Sión, grita de alegría, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu Rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno, en un pollino, cría de asna" (Zac 9,9).

El profeta Zacarías ve a lo lejos la entrada de un Rey, que es justo y victorioso; pero, al mismo tiempo humilde y montado en un asno. Así entró Jesús. A él se refiere esa descripción. Esa es la única profecía del Antiguo Testamento en que el Mesías es presentado como "humilde". Pero subsiste un problema: es que Jesús no tiene el aspecto de un Rey. El tiene un aspecto humilde, él "tomó la condición de siervo... y apareciendo como un hombre, se humilló a sí mismo" (cf. Fil 2,7.8). Por más que Lucas evoque las escenas de la entronización del rey Salomón, que entró en Jerusalén montado en la mula real (cf. 1Re 1,33-40), no basta para explicar la reacción de la gente: "Mientras Jesús avanzaba, extendían sus mantos por el camino. Cerca ya de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, llenos de alegría, se pusieron a alabar a Dios a grandes voces". Lucas explica que lo hacen "por todos los milagros que habían visto". No los cautiva la bondad y la humildad de Jesús, ni tampoco sus palabras de vida eterna; aclaman a Jesús porque han visto milagros. Veremos que este motivo se revelará frágil.

Por eso gritan: "¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor!". No es la primera vez en que, a la vista de sus milagros, quieren hacer rey a Jesús. Recordamos que, cuando él nutrió hasta la saciedad a una multitud con cinco panes y dos peces, en su entusiasmo "querían tomarlo por la fuerza para hacerlo rey" (Jn 6,15). Pero, cuando él deja de hacer milagros y, en un acto de extremo amor a su Padre y a nosotros, los hombres, se entrega a la muerte, y muerte de cruz, esta misma multitud le dice: "'A otros salvó; que se salve a sí mismo...'. Y le decían: 'Si tú eres el Rey de los judíos, ¡salvate!'" (Lc 23,35.37). El mismo que ahora es aclamado por todos como rey, a los pocos días cumplirá también esto otro que estaba escrito: "El oprobio me ha roto el corazón y desfallezco. Espero compasión, y no la hay, consoladores, y no encuentro ninguno" (Sal 69,21).

Los fariseos al ver las aclamaciones de la gente piensan que son excesivas y que Jesús no merece ser aclamado como Rey y Mesías. Por eso dicen a Jesús: "Maestro, reprende a tus discípulos". Lo hacen con su habitual falta de sinceridad, llamandolo "Maestro", no porque adhieran a su doctrina, sino por temor a la gente. Jesús responde: "Os digo que si éstos callan, gritarán las piedras". Jesús, no obstante su humildad, responde reafirmando su condición de Rey y Mesías. Por algo ha querido llegar a Jerusalén en esa forma. Y lo hace con una frase enigmática que sólo él podía pronunciar. En efecto, sólo él puede asegurar, que en la hipótesis de que la multitud callara, gritarían las piedras. Cuando Jesús fue crucificado "estaba el pueblo mirando" (Lc 23,35), en silencio. Ya no gritan. Ha llegado el momento de que griten las piedras. Y así fue. Cuando Jesús murió, "tembló la tierra y las rocas se partieron" (Mt 27,51).

Al evocar la entrada de Jesús en Jerusalén dispongamonos a celebrar la Semana Santa siguiendo a Jesús, no sólo en sus momentos de triunfo, ni sólo atraídos por sus milagros, sino procuremos "tener comunión con sus padecimientos hasta hacernos semejantes a él en su muerte, tratando de llegar así a la resurrección de entre los muertos" (Fil 3,10-11).

+ Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Los Angeles (Chile)

Lecturas de la Misa

Lectura Procesional: Mateo 21:1-11
Primera Lectura: Isaías 50:4-7
Salmo Responsorial: Salmo 22:8-9, 17-20, 23-24
Segunda Lectura: Filipenses 2:6-11
Evangelio: Mateo 26:14 - 27:66 o Mateo 27:11-54

viernes, marzo 26, 2010

Haikú al Amor de los Amores

 

 

Al Poverello
San Francisco de Asís
en todo tiempo

Repetía, El
“Amor no es amado”
El mundo ciego

Al Amor de Dios
Encarnado en Jesús
Acurrucando

A los pequeños
Simples Sencillos Niños
de la mano de

Abbá el Padre
Amor de los Amores
Dios Trino, Uno

Amor

Consagración Total Consumada

Amigos, ayer en la noche de la Fiesta de la Encarnación del Verbo de Dios, en la presencia de mi Padre Espiritual, me consagré totalmente a Jesús por María, según lo enseñó San Luis de Monfort, luego de 30 días de preparación.
¡Oh Jesús, que vives en María!,
ven a vivir en nosotros por tu espíritu de santidad,
por la plenitud de tus dones,
por la perfección de tus caminos,
por la verdad de tus virtudes,
por la comunión de tus misterios.
Domina en nosotros sobre todos los poderes enemigos:
el mundo, el demonio y la carne,
por el poder de tu Espíritu
y para gloria de tu Padre.
Amén
Les pido sus oraciones por mi familia y por mí.

jueves, marzo 25, 2010

Recordamos hoy la Anunciación y la Encarnación del Verbo de Dios

Lectura del Oficio de Lecturas del Día
De una carta de San León Magno, Papa

El misterio de nuestra reconciliación

La majestad asume la humildad, el poder la debilidad, la eternidad la mortalidad; y, para saldar la deuda contraída por nuestra condición pecadora, la naturaleza invulnerable se une a la naturaleza pasible; de este modo, como convenía para nuestro remedio, el único y mismo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también él, pudo ser a la vez mortal e inmortal, por la conjunción en él de esta doble condición.

El que es Dios verdadero nace como hombre verdadero, sin que falte nada a la integridad de su naturaleza humana, conservando la totalidad de la esencia que le es propia y asumiendo la totalidad de nuestra esencia humana. Y, al decir nuestra esencia humana, nos referimos a la que fue plasmada en nosotros por el Creador, y que él asume para restaurarla.

Esta naturaleza nuestra quedó viciada cuando el hombre se dejó engañar por el maligno, pero ningún vestigio de este vicio original hallamos en la naturaleza asumida por el Salvador. Él, en efecto, aunque hizo suya nuestra misma debilidad, no por esto se hizo partícipe de nuestros pecados.

Tomó la condición de esclavo, pero libre de la sordidez del pecado, ennobleciendo nuestra humanidad sin mermar su divinidad, porque aquel anonadamiento suyo -por el cual, él, que era invisible, se hizo visible, y él, que es el Creador y Señor de todas las cosas, quiso ser uno más entre los mortales- fue una dignación de su misericordia, no una falta de poder. Por tanto, el mismo que, permaneciendo en su condición divina, hizo al hombre es el mismo que se hace él mismo hombre, tomando la condición de esclavo.

Y, así, el Hijo de Dios hace su entrada en la bajeza de este mundo, bajando desde el trono celestial, sin dejar la gloria que tiene junto al Padre, siendo engendrado en un nuevo orden de cosas.

En un nuevo orden de cosas, porque el que era invisible por su naturaleza se hace visible en la nuestra, el que era inaccesible a nuestra mente quiso hacerse accesible el que existía antes del tiempo empezó a existir en el tiempo, el Señor de todo el universo, velando la inmensidad de su majestad, asume la condición de esclavo, el Dios impasible e inmortal se digna hacerse hombre pasible y sujeto a las leyes de la muerte.

El mismo que es Dios verdadero es también hombre verdadero, y en él, con toda verdad, se unen la pequeñez del hombre y la grandeza de Dios.

Ni Dios sufre cambio alguno con esta dignación de su piedad, ni el hombre queda destruido al ser elevado a esta dignidad. Cada una de las dos naturalezas realiza sus actos propios en comunión con la otra, a saber, la Palabra realiza lo que es propio de la Palabra, y la carne lo que es propio de la carne.

En cuanto que es la Palabra, brilla por sus milagros; en cuanto que es carne, sucumbe a las injurias. Y así cómo la Palabra retiene su gloria igual al Padre, así también su carne conserva la naturaleza propia de nuestra raza.

La misma y única persona, no nos cansaremos de repetirlo, es verdaderamente Hijo de Dios y verdaderamente hijo del hombre. Es Dios, porque en el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios; es hombre, porque la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

- Fuente: El Testigo Fiel

Lecturas de la Santa Misa de Hoy

Les anuncio también que hoy haré mi consagración total a Jesús por María de acuerdo a las enseñanzas de San Luis Grignon de Monfort. Dios nos guarde a todos en esta bella fiesta.

lunes, marzo 22, 2010

Los antipapas y los peligros del magisterio paralelo

Por monseñor Giampaolo Crepaldi

ROMA, lunes 22 de marzo de 2010 (ZENIT.org).- El intento de la prensa de implicar a Benedicto XVI en la custión de la pedofilia es solo el más reciente de los signos de aversión que muchos nutren hacia el Papa. Es necesario preguntarse cómo este Pontífice, a pesar de su mansedumbre evangélica y de su honradez, de la claridad de ss palabras unida a la profundidad de su pensamiento y de sus enseñanzas, suscite en algunas partes sentimientos de hastío y formas de anticlericalismo que se creían superadas. Y esto, hay que decirlo, suscita aún mayor asombro e incluso dolor cuando quienes no siguen al Papa y denuncian sus presuntos errores son hombres de Iglesia, sean teólogos, sacerdotes o laicos.

Las inusitadas y claramente forzadas acusaciones del teólogo Hans Küng contra la persona de Joseph Ratzinger teólogo, obispo, Prefecto de la Congregación de la Fe y ahora Pontífice por haber causado, según él, la pedofilia de algunos eclesiásticos mediante su teología y su magisterio sobre el celibato nos amargan profundamente. Nunca había sucedido que la Iglesia fuese atacada de esta forma. A las persecuciones contra muchos cristianos, crucificados en sentido literal en muchas partes del mundo, a las múltiples tentativas de desarraigar el cristianismo en las sociedades antes cristianas con una violencia devastadora en el plano legislativo, educativo y de las costumbres que no puede encontrar explicaciones en el buen sentido común, se añade desde hace tiempo un encarnizamiento contra este Papa, cuya grandeza providencial está ante los ojos de todos.

De estos ataques se hacen tristemente eco cuantos no escuchan al Papa, también entre eclesiásticos, profesores de teología en los seminarios, sacerdotes y laicos. Cuantos no acusan abiertamente al Pontífice, pero ponen sordina a sus enseñanzas, no leen los documentos de su magisterio, escriben y hablan sosteniendo exactamente lo contrario de cuanto él dice, dan vida a iniciativas pastorales y culturales, por ejemplo en el terreno de la bioética o en el del diálogo ecuménico, en aierta divergencia con cuanto él enseña. El fenómeno es muy grave por cuanto está muy difundido.

Benedicto XVI ha dado enseñanzas sobre el Vaticano II que muchísimos católicos rebaten abirtamente, promoviendo formas de contraformación y de magisterio paralelo sistemático, guiados por muchos “antipapas”; ha dado enseñanzas sobre los “valores no negociables” que muchísimos católicos minimizan o reinterpretan, y esto sucede también por parte de teólogos y comentaristas de fama huéspedes en la prensa católica además de en la laica; ha dado enseñanzas sobre la primacía de la fe apostólica en la lectura sapiencial de los acontecimientos y muchísimos continúan hablando de la primacía de la situación, o de la práxis, o de los datos de las ciencias humanas; ha dado enseñanzas sobre la conciencia o sobre la dictadura del relativismo pero muchísimos anteponen la democracia o la Constitución al Evangelio. Para muchos la Dominus Iesus, la Nota sobre los católicos en política de 2002, el discurso de Regensburg de 2006, la Caritas in veritate es como si nunca hubiesen sido escritos.

La situación es grave, porque esta brecha entre los fieles que escuchan al Papa y quienes no le escuchan se difunde por todas partes, hasta en los semanarios diocesanos y en los Institutos de Ciencias Religiosas, y anima dos pastorales muy distintas entre sí, que ya casi no se entienden entre ellas, como si fuesen expresión de dos Iglesias diversas y provocando inseguridad y extravío en muchos fieles.

En estos momentos muy difíciles, nuestro Observatorio siente el deber de expresar nuestra filial cercanía a Benedicto XVI. Oramos por él y permanecemos fieles en su seguimiento.

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Monseñor Giampaolo Crepaldi es arzobispo de Trieste y Presidente del Observatorio Internacional Cardinale Van Thuân

domingo, marzo 21, 2010

Oración Para Sanar El Arbol Familiar

Amigos, siento una necesidad particular para rezar esta oración en estos momentos. Por favor, recuérdennos en sus oraciones mientras la rezan.

Padre Celestial, vengo a ti como tu hijo, con gran necesidad de tu ayuda; tengo necesidades de salud física, emocional, espiritual, y de relaciones personales. Muchos de mis problemas han sido causados por mis propias fallas, negligencias, y pecaminosidad, por lo que humildemente ruego tu perdón, Señor. Pero también te pido que perdones los pecados de mis ancestros cuyas fallas han dejado sus efectos en mí y en las tendencias indeseables, patrones de conducta, y defectos en el cuerpo, mente, y espíritu. Sáname, Señor, de todos estos desórdenes.

Con tu ayuda perdono sinceramente a cada uno de ellos, miembros vivos y muertos de mi árbol familiar, quienes me han ofendido a mí o a mis seres queridos en cualquier forma, o cuyos pecados han dado como resultado nuestros sufrimientos y desórdenes en el presente. En el nombre de tu divino Hijo Jesús, y en el poder de tu Espíritu Santo, te pido Padre, liberarme a mí y a todos los de mi árbol familiar de la influencia del maligno.

Libera de toda forma de la esclavitud del diablo a todos los miembros vivos y muertos de mi árbol familiar, incluyendo a aquellos que han sido adoptados, y aquellos relacionados a la familia extendida. Por tu amorosa preocupación por nosotros, Padre celestial, y por la sangre derramada de tu precioso Hijo Jesús, te ruego que extiendas bendición sobre mí y sobre todos mis parientes vivos y muertos. Sana cada efecto negativo transmitido a través de todas las generaciones pasadas, y previene de tales efectos negativos a las futuras generaciones de mi árbol familiar.

Simbólicamente coloco la cruz de Jesús sobre la cabeza de cada persona en mi árbol familiar, y entre cada generación; te pido que dejes que la sangre limpiadora de Jesús purifique las líneas de sangre en mi linaje familiar. Envía a tus ángeles protectores a que permanezcan a nuestro alrededor. Dales especial poder para proteger, guiar, y animar a cada uno de nosotros en nuestras necesidades. Deja que tu poder sanador sea liberado en este mismo instante, y que continúe mientras tu soberanía lo permita.

Señor, reemplaza en nuestro árbol familiar toda esclavitud por una integración santa de amor familiar. Que haya siempre una unidad más profunda contigo, Señor, a través de tu Espíritu Santo, hacia tu Hijo Jesús. Permite que la familia de la Santa Trinidad penetre nuestra familia con su tierna, cálida, y amorosa presencia, para que así en nuestra propia familia podamos reconocer y manifestarnos ese amor unos a otros. Todas nuestras necesidades que nos son desconocidas también las incluimos en esta petición que hacemos en el precioso nombre de Jesús. Amén.

Autor: Reverendo John H. Hampsch C.M.F. Fuente: Catholic Warriors.

Isabel nos presenta a María: Feliz tú...

Padre Nicolás Schwizer

María es presentada por su prima Isabel con su saludo de alabanza: “Feliz tú que creíste”. Nos invita a reconocerla como la Madre y Educadora de la fe y modelo de nuestra propia fe.

Si miramos con atención el mundo de hoy notamos que está pasando por una fuerte crisis de fe. Existe el proceso lento de descristianización de una paralización y aun de una extinción de la fe en el hombre moderno, y hasta en los movimientos religiosos.

Tal vez también a nosotros nos ocurra un día que debamos constatar: En el fondo ya no creo más lo que he creído antes; se perdió mi entusiasmo, el fervor religioso de mi juventud. Y tal vez no nos sentimos demasiado tristes, sino lo constatamos simplemente.

Nuestra vida de fe tiene sus altos, y bajos. Tenemos épocas en que todo nos anda mal, en que nos cuesta rezar, confesarnos, buscar a Dios. Pero, ¿qué pasará si estos se reiteran y llegan a ser permanentes?

En esa crisis de fe, la Iglesia hoy nos muestra la actitud de la Sma Virgen, nos muestra su fe ejemplar. ¿Y cómo nos presenta el Evangelio la fe de María?

a) Fe personal: Para Ella, creer no es saber de memoria el “Credo”, aceptarlo, defenderlo y confesarlo todos los Domingos en la Eucaristía. Para María, creer es mas bien comprometerse con toda su persona y con toda su existencia con el Dios personal. No es tanto aceptar verdades y artículos de fe, sino mas bien, unirse de persona a persona con Dios. María está siempre abierta para Dios y para su deseo, porque le tiene una confianza inmensa, porque se fía de Él.

b) Fe activa (libre y obediente): El relato de la Anunciación pone de relieve el diálogo entre María y el Ángel. Así se destaca que María no da su respuesta en una forma pasiva, sino con una fe libre y obediente. Es un consentimiento activo y responsable.

María nos enseña que la fe verdadera está lejos de ser totalmente pasiva. María obedece entregándose enteramente al plan de Dios. Pero esta entrega incondicional no le impide interrogar para asumir su obediencia con libertad, convirtiéndose en colaboradora de ese mismo plan. La fe de María es activa, porque soporta y acepta que se destruyan siempre de nuevo sus propios proyectos. No cuestiona a Dios, sino a sí misma.

c) Fe fuerte y fiel: La fe de María no es una fe acabada desde el inicio. También Ella con su fe está en camino.

Muchas veces no entiende el porqué de los acontecimientos, tiene que pasar por la oscuridad - como todos nosotros. Pero Ella, como dice el Evangelio: “Guardaba y meditaba estas cosas en su corazón”

Pone todo lo que le pasa en relación con Dios, con su palabra y su voluntad. Busca el sentido de las cosas, el deseo divino detrás de ello.

María ha mantenido la fe a través de muchas pruebas y muchas oscuridades, hasta el pie de la cruz. Dice de Ella el Papa Juan Pablo II: “Conoció las mismas contradicciones de nuestra vida terrena.

Se le prometió que a su Hijo se le daría el trono de David, pero cuando nació no hubo lugar para Él ni en el mesón. Y María siguió creyendo.

El ángel le dijo que su Hijo sería llamado Hijo de Dios. Pero lo vio calumniado, traicionado y condenado, y abandonado a morir como un ladrón en la cruz. A pesar de ello, creyó María que se cumplirían las palabras da Dios.”

Es realmente admirable la fuerza y la fidelidad de su fe. Nunca hubo alguien que la igualara. Por eso, el Espíritu Santo la alaba en su prima Isabel, proclamándola feliz por la firmeza incomparable de su fe.

María, es feliz, bendita, llena de gracia, la más grande porque creyó en Dios y se entregó a Él sin condiciones.

La Sma. Virgen, esta mujer de una fe extraordinaria, se nos ha dado a nosotros por modelo en nuestra peregrinación de fe. De María aprendemos a confiar y entregarnos a un Dios personal. De María aprendemos a aceptar la voluntad de Dios con libertad y colaborar con Él con una fe activa. De María aprendemos también a creer cuando no entendemos el plan de Dios y permanecer fieles en las pruebas de la vida.

Pidámosle, por eso, a la Sma. Virgen, que nos forme y eduque en la fe, según su gran ejemplo. Entonces también a todos nosotros se nos dirá, un día: ¡Felices Uds. porque creyeron!

Preguntas para la reflexión

1. ¿Cómo definiría mi fe: tibia, profunda…?

2. ¿Soy un cristiano por tradición?

3. ¿Mantengo la fe en las pruebas difíciles?

sábado, marzo 06, 2010

Observando silencio cuaresmal

Amigos, quiero recordarles que observo una disminución en el ritmo de mis escritos debido a la cuaresma. Busco cultivar, dentro de mis debered, un silencio digno de la temporada. Por favor, disfruten del contenido disponible en línea.

miércoles, marzo 03, 2010

Solidaridad

Padre Nicolás Schwizer

Todos conocemos la frase bíblica: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”….

Al escucharla, es como si de pronto nos vemos despedidos del cielo a la tierra, del espiritualismo a la encarnación. La sorpresa es profunda y general. Los justos como los condenados, protestamos: “¿Cuándo te hemos visto...?”

Jesús nos avisa de antemano que no seremos juzgados por nuestras prácticas religiosas: no nos preguntarán si hemos rezado, si hemos profetizado, si hemos asistido a charlas, retiros o reuniones religiosas. El juicio final no se basará en la cantidad de nuestras comuniones, de nuestras misas dominicales, de nuestras confesiones. Toda esa intimidad aparente con Jesús no nos impedirá ser puestos a la puerta del Reino. No seremos interrogados sobre lo que hicimos frente a Dios, sino sobre lo que hicimos frente a los demás.

Cristo se identifica aquí plenamente con los pequeños, pobres y humildes. En ellos, Dios está a nuestro alcance, para que podamos amarlo y servirlo. “Cuando lo hicieron con uno de estos mis hermanos, conmigo lo hicieron”.

Él está allí, a nuestro lado, con mil rostros distintos. Pero nosotros, ciegos, duros, egoístas y negligentes, no sabemos verlo, peor todavía, no queremos verlo. Lo dejamos ir. Y, tal vez, hasta lo despreciamos. Provocamos su justicia con nuestra injusticia y falta de solidaridad. “Cada vez que no lo hicieron con uno de estos mis hermanos, conmigo no lo hicieron”.

Si la solidaridad fraterna es la única garantía para entrar en su Reino, entonces no nos queda otro camino que buscar el rostro de Cristo en el rostro de nuestros hermanos que sufren. Y cuando lo descubrimos, tenemos que acogerlos y, ayudarles como lo haríamos con Jesús mismo.

Y así ningún cristiano puede permanecer tranquilo, mientras que haya niños que no tienen que comer, jóvenes sin posibilidad de instruirse, adultos que carecen de trabajo, ancianos pasando los últimos años de su vida en una resignada desesperación.

En cada uno de estos rostros se refleja nuestro Señor. Porque en cada uno de estos hermanos necesitados nos sale nuestro Dios al encuentro.

El auténtico amor se manifiesta y realiza cuando es capaz de traducirse en solidaridad. Porque el amor es una fuerza de unión, una tendencia a considerar al otro como parte de mi propio ser, como mi verdadero hermano en Cristo.

Por eso, amar es compartir: sentir mías las alegrías, las esperanzas, las angustias y las necesidades del otro. Y hacerle sentir que también lo mío ‑ mi corazón, mi tiempo, mi pan ‑ está a su disposición. En esto consiste la solidaridad. Y en este tiempo difícil que estamos viviendo, es necesario que todos seamos solidarios con los hermanos necesitados. Además, es el único signo por el cual los hombres podrán reconocernos como discípulos de Cristo e instrumentos del Espíritu Divino.

Pues lo peor no es ciertamente el mal que cometemos, sino el bien que dejamos de hacer. Existe un grupo numeroso de gente que “no roba, ni mata, ni hace mal a nadie”. Pero tampoco hace el bien.

Retirarse a la vida privada, refugiarse en la multitud, lavarse las manos ante los gritos de los más pobres y oprimidos - es hacerse cómplice y corresponsable de la injusticia. Pero todos serán descubiertos y condenados cuando llegue el día de las responsabilidades. Todos serán despojados de su paz y de su seguridad burguesas, en aquel día terrible. Porque Dios vendrá como un ladrón que no anuncia ni el día ni la hora de su visita.

Queridos hermanos, renovemos por eso no sólo nuestro amor al Señor, sino también nuestra entrega generosa a los hermanos, sobre todo a nuestros hermanos pobres, desamparados y marginados. Y entonces nos esperará, al final de nuestra vida, la invitación del Juez divino: “¡Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo!”

Preguntas para la reflexión

1. ¿Qué hago por los más pobres?
2. ¿La religión es un refugio para mí?
3. ¿Me considero una persona solidaria?