domingo, febrero 28, 2010

sábado, febrero 27, 2010

Oremos por nuestros hermanos en Chile

Amigos, como ya sabrán, nuestra hermana República de Chile sufrió un sismo mayor hoy y ya los muertos han pasado de 100 y los damnificados, pues nadie sabe todavía.

Quiero elevar una plegaria por mis cohermanos chilenos y pienso particularmente en los miembros del Movimiento de Schoenstatt que se congrega alrededor de los siguientes santuarios chilenos:

 

Nombre Ciudad
Santuario de Schoenstatt en Arica Chile Santuario Corazón de América Arica
Santuario de Schoenstatt en Iquique Chile Santuario Oasis de María Iquique
Santuario de Schoenstatt en Antofagasta Chile Santuario Puerta del Cielo Antofagasta
Santuario de Schoenstatt en La Serena Chile Santuario Tabor de Peñuelas Peñuelas - La Serena
Santuario de Schoenstatt en Viña del Mar  Chile Santuario Cenáculo de Fundación Viña del Mar
Santuario de Schoenstatt en Bellavista, Santiago Chile Santuario Cenáculo de Bellavista La Florida Santiago
Santuario Nuevo Belén para la Iglesia Quinta Normal Santiago
Santuario Bustos de Providencia Providencia Santiago
Santuario de Campanario Las Condes Santiago
Santuario Sión de la Santísima Trinidad La Florida Santiago
Santuario Nuevo Cenáculo La Florida Santiago
Santuario Hijo del Padre para una Tierra Santa Mariana Rancagua
Santuario de San Fernando San Fernando
Santuario Monte Horeb Chillán Viejo
Santuario Montahue Fundamento vivo para los mas nuevos tiempos Concepción
Santuario Tierra Fiel de María, Cenáculo para la Ciudad Los Angeles
Santuario Ayinrehue Cenaculo, Corazon del Padre Temuco
Santuario de Puerto Montt Puerto Montt

 

Rezo y pido por la interecesión de Nuestra Madre y Reina Tres Veces Admirable de Schoenstatt, los damnificados reciban pronta ayuda y que el país se recupere pronto. Rezo y pido por los familiares y amigos de todos los que sufren y de aquellos que viven aquí en los EE.UU. y no saben de sus familias, que se comuniquen pronto con ellos y los hallen sanos y salvos.

Meditar con los Iconos

 
..la PALABRA lo inspira y evangeliza, la IMAGEN que visibiliza la palabra bíblica y lleva a los ojos lo que la palabra transmite al oído; la ORACIÓN, plegaria litúrgica en la que resuena la voz de la Iglesia y se consuma la Comunión de los Santos en un mismo Espíritu

Orar en el Espíritu Santo.

La oración cristiana personal es siempre una oración en el Espíritu. Esta no sólo tiene su expresión en la meditación o contemplación de la Palabra, en la expresiones litúrgicas; sino también se puede orar en el Espíritu de una forma sencilla, cargada de silencio y de contemplación, con la ayuda de las imágenes.

Es verdadera oración en el espíritu la que nos concentra en Cristo, en su rostro y en su mirada, en la contemplación de su belleza, para que aprendamos a descubrir en El ese icono fundamental que tiene que reflejarse también en nuestra vida, pues estamos destinados a ser conformes a la imagen del Primogénito.

El Antiguo Testamento nos habla del deseo de ver a Dios, de la búsqueda del rostro de Dios en su templo Santo. Pero lo que fue deseo de los justos del A.T. se convirtió en realidad en el Nuevo Testamento, cuando los hambres contemplaron la gloria de Cristo en su rostro humano, que podía mirar y del que se desprendía una mirada de amor.

También hoy el Espíritu orienta nuestra mirada hacia Jesús para entrar en comunión con Él, descubrir su presencia, contemplar su rostro, imagen del Dios invisible.

Por eso el Espíritu Santo, iconógrafo interior, revelador de Cristo, nos empuja suavemente hacia este tipo de oración que a partir de la meditación de la imagen exterior se interioriza en la contemplación de Cristo dentro de nosotros, allí donde contemplamos en los "semblantes plateados" de nuestro espíritu, donde la imagen de Cristo está impresa, para que poco a poco nos vaya llevando a la conformación interior.

Orar con la Iglesia

Desde siempre la Iglesia ha querido orar con imágenes. La presencia de Cristo ha llegado a través de las mediaciones con imágenes en los templos para favorecer su recuerdo, para actualizar su presencia, como estímulo de la fe personal y del encuentro con Él, en la santa celebración de los misterios litúrgicos y en la meditación personal.

La imagen en la tradición oriental es como una presencia sacramental de la persona y del misterio que representa, tanto en la liturgia como en un sencillo ángulo de la habitación o de la capilla, así como también en un lugar discreto de nuestro trabajo cotidiano.

Estas imágenes favorecen en la oración el sentido interpersonal del encuentro y la carga de contenido mistérico que nos revela la imagen. Orar, en esta perspectiva, es buscar, encontrar, acoger la presencia y la mirada de Cristo, y dejarse evangelizar por el contenido del misterio de la salvación que se nos ofrece en esa imagen.

En el contexto cultural en el que vive el hombre de hoy, inmerso en la civilización de la imagen, en la cultura televisiva y cinematográfica, no todo lo que recibe es belleza. Cuantas imágenes turban la conciencia y contradicen la vocación del hombre a la contemplación de Dios y de la belleza de Dios. Muchos cristianos han sustituido la televisión por el icono... Podemos, pues, con este tipo de meditación salir al encuentro del hombre de hoy, evangelizar su sed de belleza, de la belleza en Cristo y en la Virgen para que aprenda a saborear la verdadera belleza de Dios. Una actualización de la pedagogía clásica de la oración.

La oración con imágenes es típica de la experiencia y pedagogía oracional de algunos maestros espirituales, como Santa Teresa de Jesús. Ella aprendió a orar mirando imágenes y aconsejó como óptimo medio de presencia y de recogimiento esta contemplación, para favorecer el encuentro personal con Cristo y el diálogo con Él.

Esta pedagogía de Santa Teresa está fundada en dos observaciones de carácter psicológico y teológico:

- Desde el punto de vista psicológico, el hombre está disperso en su sensibilidad y psicología; tiene necesidad de algunas meditaciones que lo recojan y concentren; la imagen puede ser algo que ayuda a concentrar su mente y su corazón, su imaginación y su pensamiento;

- Desde el punto de vista teológico, Dios no se nos presenta inmediatamente; se nos ofrece y hace presente a través de meditaciones de su presencia: la naturaleza, las palabras, la imagen, la presencia eucarística o sacramental.

La imagen puede ser, pues, una mediación de esta presencia que nos permite entrar en comunión con Dios, según la hermosa tradición oriental y su teología del icono, como sacramental de la presencia de cristo, de la Virgen y de los Santos.

En primer lugar se trata de concentrarse en la imagen y buscar y hallar esa presencia. En segundo momento se trata de interiorizar esa presencia de Jesús dentro de nosotros, ya que Él vive, por la fe y la comunión sacramental del bautismo y de la Eucaristía, dentro de nosotros.

Así, poco a poco, se interioriza la imagen y se interioriza el misterio, la relación interpersonal. Se trasciende la meditación externa para quedarnos con la presencia interior y llegar a ese encuentro interpersonal.

Esta es la técnica de meditación que poco a poco desemboca en lo que santa Teresa llama oración de recogimiento. Es tan importante esta forma de orar, que Santa Teresa la ha resumido en esta fórmula tan densa: "Mire que le mira". Esto significa:

- Dios nos mira siempre con amor en Cristo; orar es tomar conciencia de estar en presencia permanente de un Dios que constantemente nos mira con amor y misericordia, de manera que podamos responderle con la misma forma sencilla y profunda: devolver a Dios una mirada de amor.

- Una convicción, sacada de la experiencia, nos dice, como agudamente observa la Santa "que no parece nos escuchan los hombres cuando hablamos si no vemos que nos miran"; el perfecto diálogo incluye la mirada limpia y recíproca; así sabemos que Dios nos mira cuando le hablamos y nosotros miramos a Dios cuan Él nos habla; la oración es un encuentro de miradas.

La contemplación de una imagen expresa concretamente esta relación, favorece la educación a la concentración y a la contemplación interior, se simplifica en la atención sencilla al Dios que nos mira, a Cristo que vive en nosotros.

Una oración para el cristiano de hoy.

La oración con iconos representa una oportunidad, un estimulo para la oración contemplativa, pero desde un punto de vista positivo y cristiano, casi como una contestación a los métodos negativos y abstractos de la técnicas orientales.

Entre otros valores modernos de esta oración hay que notar estos elementos:

- recuperar el misterio del rostro, de la persona, así como la relación simple y profunda de la mirada;

- favorecer la quietud contemplativa y la sinceridad del encuentro interpersonal, en esa cara a cara que exige verdad en la relación con Dios.

- estimular la capacidad de llenar el silencio con una presencia y concentrar nuestra dispersión psicológica y espiritual con la ayuda de la imagen.

Este tipo de oración simplifica la comunicación con Dios. Mirar a Dios como nos mira primero y siempre con amor, abrirse al amor misericordioso. Orar es también dejarnos mirar por Dios hasta el fondo, para que llegue a donde nadie llega, hasta nuestro subconsciente.

Descubrir el rostro de Cristo en los otros será la consecuencia de esta concentración contemplativa, para verlos como son, rostro de Cristo transfigurado o desfigurado, para amarlos y servirlos.

Mirar la imagen es orientar nuestra vida hacia nuestra propia realización en Cristo. Aquí tenemos también una forma de contemplación litúrgica que une así la oración personal con un elemento de la liturgia, que nos convoca al misterio, que nos remite a los contenidos de la Palabra y de la oración de la Iglesia, impregnando de espíritu contemplativo nuestra propia experiencia litúrgica a través del mundo de los rostros pintados y de los rostros vivos de la comunidad eclesial.

- Fuente: El Arca de Noé.org vía Piedras Vivas

jueves, febrero 25, 2010

El Ícono de la Madre de Dios de Fátima – 2da Parte

Autor: Padre Alejandro Burgos

Bendición y veneración del icono

Poco a poco el Icono de la Madre de Dios de Fátima va alcanzando mayor veneración entre los fieles, y parece que la Santísima Virgen muestra cierta predilección por él, como se puede deducir de los acontecimientos más significativos de su veneración pública tanto en el 2006 como en el 2007.

El día 24 de Junio de 2006, el icono ha sido solemnemente bendecido por el Arzobispo de Moscú y colocado en la Iglesia Católica de San Juan Bautista de Tsarskoe Seló (San Petersburgo, Rusia) bajo el signo de la protección de María. En efecto, la parroquia de San Juan Bautista se había consagrado tres años antes al Corazón de María pidiendo que le fuese devuelto el templo parroquial, confiscado por los comunistas en 1938. El 24 de Junio del 2006, Solemnidad de San Juan Bautista y fiesta parroquial, el templo fue devuelto. Lo asombroso es que sólo en este año 2006, el 24 de Junio era el sábado posterior al segundo Domingo después de Pentecostés y, por tanto, también fiesta del Inmaculado Corazón de María...

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El día 13 de Julio de 2006, día de la fiesta del Icono, pues fue el día en que la Virgen habló sobre Rusia en sus apariciones en Fátima, el icono se trasladó solemnemente hasta la pequeña capilla dispuesta para él en ese mismo templo. En la ceremonia participaron miembros de la parroquia católica de rito bizantino de San Petersburgo, que fueron los encargados de trasladar el icono. Católicos de rito latino y de rito bizantino rezamos juntos el rosario, participamos de la Santa Misa y, al final, cantamos el Akafistos en honor de la Virgen. Creo que era la primera vez después de la Revolución en la que católicos de ambos ritos participábamos oficial y públicamente de una oración común.

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El día 7 de Octubre, fiesta del Rosario, la Santísima Virgen quiso reunir en torno a su Icono a muchos Obispos de Europa. A su pequeña capilla en Tsarskoe Seló acudió de modo inesperado una peregrinación muy especial: los presidentes de las Conferencias Episcopales de Europa, reunidos en San Petersburgo, vinieron a venerar el Icono. Mons. Aldo Giordano, presidente de la CCEE incoó la Salve en honor del Icono, a la que se unieron los demás Cardenales y Obispos, representantes de unos 30 episcopados. El presidente de la Conferencia Episcopal Portuguesa se mostró especialmente interesado y quiso manifestar su aprecio al Icono en nombre del pueblo católico portugués.

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El año 2007, 90 aniversario de las apariciones de Fátima, el icono ha sido recibido y venerado en el Santuario de Fátima. En concreto, el 13 de Mayo un spisok (copia venerada) del icono fue bendecido por el ex- Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Angelo Sodano, Legado Papal para esta celebración y luego precedió en la procesión hasta la Capeliña a la estatua de la Virgen. El 13 de Julio este mismo spisok fue colocado en la Capeliña para la veneración de los fieles, recordando que ese día la Virgen habló en Fátima sobre Rusia. Ese mismo día en Tsarskoe Seló celebramos la fiesta del Icono en la que a los actos del 2006 se añadió la procesión con un spisok del icono mientras se rezaba el Santo Rosario.

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Todo estas pequeñas manifestaciones en torno al Icono nos confirman en el proyecto inicial: si la Virgen quiere que el icono alcance la suficiente veneración, se construirá más adelante una pequeña capilla de madera que a su vez será el inicio de un Santuario a la Virgen de Fátima en Rusia.

Además de estos tres grandes momentos la devoción al icono se va extendiendo poco a poco por muchos lugares de Rusia y del extranjero. Se han repartido más o menos un millón de estampas editadas, además de en ruso, en otros quince idiomas. En Rusia cada vez se va conociendo más esta devoción, especialmente entre los católicos, que cada año van acudiendo en número mayor a su fiesta. Pequeñas muestras de este aumento de la devoción son la novena editada en su honor, los artículos que sobre él se han editado en diversos medios de comunicación, entre ellos en el boletín de la diócesis de Moscú, los programas radiófonicos en los que se ha hablado sobre él, o la copia en plata del icono en la puerta de un sagrario de Moscú y otras muchas pequeñas manifestaciones. Lo mismo ocurre en el extranjero, donde es cada vez más conocido. Por poner sólo algún ejemplo, un obispo ortodoxo de Guatemala realizó numerosas copias para distribuir en su diócesis, y varios iconógrafos de Portugal, España y Estados Unidos, han manifestado su gran estima por el icono. La Asociación Ayuda a la Iglesia Necesitada ha realizado también numerosas copias del icono que han ayudado a recibir fondos para sus obras de ayuda a la Iglesia.

Otets (Padre) Aleksandr Burgos
Tsarskoe Selo (San Petersburgo)

El Ícono de la Madre de Dios de Fátima – 1ra Parte

Autor: Padre Alejandro Burgos

Misterio de la Luz que es Dios

Fátima y Rusia

La gran unión que el mensaje de Fátima tiene con Rusia ha llevado ya a muchas personas a colaborar de diversos modos en la expansión de la devoción a esa advocación mariana en este país. El ícono (también se dice "icono", sin acento) de la Madre de Dios de Fátima que ahora les presento es un símbolo que vuelve a expresar la predilección que Nuestra Señora tiene por Rusia. Ciertamente este amor se manifestó muy especialmente en las apariciones del 13 de Julio de 1917 en Fátima (Portugal), y de Junio de 1929 en Tuy (España), en las que la Virgen habló del futuro de Rusia como sembradora de errores y persecuciones a la Iglesia en el siglo XX y de su conversión cuando el Papa consagrase este país a su Inmaculado Corazón. También sirve para recordar que a causa de esas apariciones millones de personas han rezado por Rusia durante decenios, y ha nacido en todo el orbe una corriente de amor y oración hacia este país. En este sentido el ícono puede también ayudar a que Rusia salde la gran deuda de gratitud que tiene con la Virgen de Fátima.

Génesis del Ícono

La idea de realizar este icono comenzó en un viaje a Moscú en el año 2000, pero solo a finales del 2002, cuando empecé a trabajar como sacerdote en Rusia, el proyecto comenzó a gestarse seriamente. Primero pregunté su parecer a sacerdotes, religiosas y fieles de San Petersburgo, quienes me animaron a ponerlo en práctica. Luego, durante varios meses me dediqué a estudiar iconografía mariana y también las diversas representaciones que hasta ahora se han hecho de la Virgen de Fátima.

Fátima y Coimbra

Hay dos tipos principales, que de hecho eran las dos imágenes que sor Lucia tenía en el anaquel de su habitación: la de nuestra Señora de Fátima de la “capelinha” y la de la Manifestación del Inmaculado Corazón de María en Coimbra. Esta última es la que más ha influido en el icono por ser la que más próxima me parecía a la iconografía mariana y por que Rusia ha sido consagrada al Inmaculado Corazón. Las dos imágenes tienen en común la figura alargada de la cara y de la imagen, las telas blancas -vestido y manto- de la Virgen, el Rosario y la bola que cuelga desde el pecho de Santa María, símbolos que se han conservado en el icono. De la imagen de Coimbra se ha tomado la fenefa que recorre el manto, así como la centralidad del corazón rodeado de espinas. Por último, cuando ya tuve el proyecto pensado escribí al monasterio de Coimbra, para saber si a sor Lucia le parecía bien. Me contestó la Priora del Monasterio enviándome información y diciéndome que adelante.

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Ivan Lvovich acepta el encargo

En ese momento el Padre Igor Chabanov me presentó al iconógrafo ortodoxo ruso Ivan Lvovich que estaba dispuesto a realizarlo y nos pusimos los dos al trabajo con la idea de que si el icono resultaba del gusto del sacerdote católico y del iconógrafo ruso, habríamos conseguido nuestro objetivo. Desde entonces Ivan Lvovich ha estudiado a fondo toda la literatura sobre Fátima, ha rezado, ha tenido varias enfermedades (dicen que un buen icono debe estar también purificado por el dolor), se ha planteado numerosas dificultades concretas de realización y, después de dos años de trabajo, ha “escrito” este precioso icono de la Madre de Dios de Fátima.

Sor Lucia vio el Ícono

Durante ese largo periodo de escritura del icono Sor Lucia ha recibido en varias ocasiones fotografías de la evolución del proceso. Aunque la priora le enseñaba siempre las fotografías a Sor Lucia, luego me contestaba normalmente en plural, “nos gusta” y yo interpretaba con ello que en la respuesta se incluía a Sor Lucia y seguía adelante. De todos modos, para asegurarme de que mi interpretación era correcta después de la muerte de Sor Lucia escribí a Sor Maria Celina, la priora de Coimbra, preguntando: ¿puedo decir que a Sor Lucia le gustó el icono? La respuesta a esta pregunta es que sí. Sor Lucia vio y apreció y a Sor Lucia le gustó lo que vio realizado del icono de Fatima. Lástima que falleciese antes de poder verlo terminado.

Una Señora más brillante que el Sol

Se trata de un icono grande capaz de presidir una Iglesia en el que se representa a Nuestra Señora en forma de busto, como son los iconos marianos con veneración popular en Rusia, por ejemplo los Vladimir y Kazán. Junto a eso la característica principal es que es una imagen llena de luz. La Virgen en Fátima estaba llena de luz, de una luz, que como decía Francisco, “es Dios”. La llena de gracia es la llena de Dios y en Fátima es la llena de luz: una Señora más brillante que el Sol. Eso acerca mucho Fátima a la teología del icono. El primer icono que todo iconógrafo debe pintar es el de la Transfiguración, para que aprenda que el Icono debe acercar el mundo divino a los hombres, la luz de Dios a la tierra, el resplandor de Dios en los vestidos blancos del Cristo ortodoxo transfigurado. Eso es lo mismo que ocurre con la Virgen en Fátima.

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El Corazón rodeado de espinas

El icono lleva incorporado en su parte central un medallón con la palabra sertse (corazón) en caracteres paleoeslavos. Así propuso Ivan Lvovich salvar la dificultad que la sensibilidad ortodoxa tiene para colocar un corazón en un icono, pues lo considera demasiado carnal. Las letras, sin embargo, comunican la misma realidad del Corazón de María, pero mediante un modo de expresión simbólica acorde con la tradición iconográfica. El Corazón rodeado de espinas indica el amor que María tiene a los hombres y el dolor que la produce la poca correspondencia que estos ofrecen al amor de Dios. El remedio a este dolor nos lo ofrece María en las manos, que nos presentan un rosario al que el iconógrafo quiso dar un color violeta para que así reflejase la idea de la cruz que todo cristiano debe aceptar para seguir al Señor. Así este rosario teñido de violeta es como un resumen del mensaje de Fátima: “Oración y penitencia”.

En el icono, además de las tradicionales MR ZY que indican la Maternidad Divina de María se han escrito dos inscripciones. La superior indica la titularidad del icono: imagen de la Santísima Virgen de Fátima. La inferior izquierda, en caracteres más grandes, dice Toboiu Edinstbo que significa En ti la Unidad.

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Vocación ecuménica del Ícono

Esta última expresión nos recuerda la vocación ecuménica del Icono, que ha sido escrito aunando los esfuerzos de un sacerdote católico y un iconógrafo ortodoxo, intentando crear una imagen ante la que católicos y ortodoxos puedan rezar juntos. En ella se expresan dos tipos de ecumenismos importantes, el ecumenismo del Corazón de María y el ecumenismo del martirio, ambos muy relacionados con el mensaje de Fátima.

Efectivamente, para todos los que vivimos en Rusia resulta innegable que el amor a María nos une muy especialmente, así como es también manifiesto que en su Corazón de Madre cabemos todos y allí ya estamos unidos. Además la llamada que el icono hace a la unidad está relacionada con el ecumenismo del martirio al que hace referencia el tercer misterio de Fátima al relatarnos el martirio de la Iglesia en el siglo XX. Si se conoce la historia de Rusia y como en los Gulags soviéticos ortodoxos y católicos hemos sufrido juntos el martirio y por primera vez convivido en amistad, nadie podrá dudar de que los mártires de la visión de los pastorcillos en Fátima incluyen a fieles de una y otra confesión. El Icono de la Madre de Dios de Fátima quiere ser en ese sentido un servicio a la unidad de la Iglesia, en la persona de María bajo la advocación de Fátima.

miércoles, febrero 24, 2010

Las batallas más grandes se ganan de rodillas

Autora: Leyda Pizarro | Fuente: El Visitante

Muchas personas abusadas, física o emocionalmente, tienden a desarrollar un comportamiento vengativo e intolerante hacia sus semejantes.

La ira, la venganza, el alcohol, las drogas y el deseo de hacer daño a los demás, son actitudes comunes en personas que guardan resentimientos del pasado.

La oración y la lectura bíblica no son sólo instrumentos para profundizar en la fe; sino herramientas que ayudan a moderar actitudes negativas y a llevar una sana convivencia.

Juan Esquerda Bifet, Profesor de la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, afirma que la oración y la meditación de la palabra, son las dos ruedas hacia el camino de la virtud. Son nuestra espada y escudo; la mejor defensa para enfrentar los comportamientos impetuosos.

La oración resulta ser el arma de elección, para enfrentar los rencores que nacen de las malas experiencias. Ata todo resentimiento, y desata un bálsamo de paz y sosiego para la estabilidad y bienestar de las personas. Es un desahogo íntimo con Dios; la fuente donde se recibe la fortaleza para desafiar con valor la situación que se enfrenta. Las batallas más grandes, se ganan de rodillas.

En una sociedad de constante disturbio, la palabra de Dios enseña a que seamos apacibles, sabios, justos, tolerantes y virtuosos en todos los sentidos. Aquel que obedece la palabra de Dios, reconoce la necesidad de agradar a Dios a través de sus actos. La biblia nutre, da a conocer a Dios y nos enseña a como imitar a Dios, conforme su palabra.

lunes, febrero 22, 2010

El fuego del infierno quema de verdad, por si no lo sabías

¿Se sufre físicamente en el infierno? Es de fe que la pena de daño y la pena de sentido son realmente distintas y no se puede reducir la pena de sentido a la mera aflicción psicológica producida por la privación de la vista de Dios

Autor: Padre Carlos Buela | Fuente: www.iveargentina vía Catholic.Net


El castigo infligido a las creaturas o pena de sentido

No sólo es un dogma de fe definida la existencia y eternidad del infierno, tal como fue declarada por el Concilio IV de Letrán: “…para que reciban según sus obras, ya hayan sido buenas o malas, los unos con el diablo pena perpetua, y los otros con Cristo gloria sempiterna” (13); es también de fe definida que los condenados padecen pena de daño, como se enseña en la constitución “Benedictus Deus:” “…según común ordenación de Dios, las almas de los que mueren en pecado mortal actual en seguida después de su muerte descienden a los infiernos, donde son atormentadas con penas infernales” (14), es también de fe definida la existencia y eternidad de la pena de sentido, como se enseña en el Símbolo “Quicumque”: “…y los que hicieron bien, irán a la vida eterna; los que hicieron mal, irán al fuego eterno. Ésta es la fe católica: a no ser que uno la crea fiel y firmemente, no podrá salvarse” (15).

En el Concilio Vaticano II, en la Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, 48, se enseña la necesidad de una constante vigilancia, para que “no como a siervos malos y perezosos (cf. Mt 25, 26) se nos mande apartarnos al fuego eterno (cf. Mt 25, 41), a las tinieblas exteriores, donde habrá llanto y rechinar de dientes (Mt 22, 13 y 25, 30). Estas palabras se introdujeron en el texto para afirmar “la pena eterna del infierno”. En efecto, dice la Comisión teológica: “Se introdujeron en el texto las palabras de nuestro Señor acerca de la pena eterna del infierno, como fue pedido explícitamente por muchos Padres” (16). (Más adelante indicaremos porqué las explicaciones de la Comisión teológica constituyen la explicación oficial del texto). Asimismo, donde se habla de “la resurrección de vida” y de “la resurrección de condenación”, en el mismo número, estas palabras se conciben como complemento de las otras palabras referidas al infierno que citamos anteriormente. Dice la Comisión teológica: “tomando razón de la precedente enmienda, por la lógica interna de la exposición y para más satisfacer los deseos de los Padres, se introdujeron las palabras acerca de la resurrección de vida o de juicio” (17).

La principal pena de sentido es el fuego, de ahí que diga el rico epulón: “estoy atormentado por estas llamas” (Lc 16, 24). Como lo afirman los Santos Padres y Doctores, y autores eclesiásticos antiguos, por ejemplo:
  • San Ignacio de Antioquía: “No erréis, hermanos míos: los perturbadores de las familias no heredarán el reino de Dios. Si, pues, aquellos que han obrado estas cosas según la carne, están muertos, ¿cuánto más si alguno corrompe, con prava doctrina, la fe de Dios, por la que Jesucristo fue crucificado? Ese tal, estando manchado, irá al fuego inextinguible; de modo semejante, el que le presta oído” (18).

  • El autor del “Martirio de San Policarpo”: “Y atendiendo a la gracia de Cristo, [los mártires] despreciaban los tormentos mundanos, liberándose, con la duración de una hora, de la pena eterna. Les parecía frío el fuego de los crueles verdugos. Porque tenían ante los ojos el huir de aquel que es eterno y nunca se extinguirá” (19).

  • El autor de la llamada 2da. carta a los Corintios: “Y los incrédulos verán la gloria de él y su fuerza y se admirarán viendo el dominio del mundo en Jesús, diciendo: Ay de nosotros, porque tú eras y ni lo supimos ni lo creímos ni obedecimos a los presbíteros, que nos predicaban de nuestra salvación; y el gusano de ellos no morirá y el fuego de ellos no se extinguirá, y serán un espectáculo para toda carne…[los justos] verán cómo son castigados con terribles tormentos y fuego inextinguible, los que erraron y negaron a Jesús con palabras y obras darán gloria a su Dios” (20).

  • San Justino: “…en ningún modo puede suceder que a Dios se le oculte el maligno, o el avaro, o el insidioso, o el dotado de virtud, y que cada uno va o a la pena eterna o a la salvación eterna según los méritos de sus acciones. Porque si estas cosas fuesen conocidas por todos los hombres, nadie elegiría el vicio para un breve tiempo, sabiendo que iría a la condenación eterna del fuego; sino que se contendría totalmente y se adornaría de virtud, ya para conseguir los bienes que están prometidos por Dios, ya para huir los suplicios” (21).

  • San Ireneo: “la pena de aquellos que no creen al Verbo de Dios, y desprecian su venida, y vuelven atrás, ha sido ampliada; haciéndose no sólo temporal, sino eterna. Porque a todos aquellos a los que diga el Señor: Apartaos de mí, malditos, al fuego perpetuo, esos serán siempre condenados” (22).

  • Discurso a Diogneto: Los mártires se admirarán al ver el castigo de “la muerte verdadera, que es reservada para aquellos que serán condenados al fuego eterno, que será suplicio hasta el fin para los que le son entregados” (23).

  • Tertuliano habla de: “fuego continuo” (24), “fuego eterno” (25), “fuego perpetuo” (26), “fuego eterno de la gehenna para la pena eterna” (27).

  • San Cipriano: “La gehenna siempre ardiente quemará a los que le son entregados, y una pena voraz con llamas vivaces; ni hay posibilidad de que los tormentos tengan alguna vez descanso o fin. Las almas con sus cuerpos serán conservadas para infinitos tormentos de dolor … Creerán tarde en la pena eterna los que no quisieron creer en la vida eterna” (28).

  • San Agustín: “será un fuego corpóreo” (29).

  • San Juan Crisóstomo dice que todos los padecimientos de esta vida, por grandes que se los suponga, son pálida imagen de las torturas del infierno y ni llegan a ser sombra de aquellos suplicios (30).

  • San Gregorio Magno: “No dudo en afirmar… es corpóreo” (31).

  • Santo Tomás de Aquino: “Es preciso decir que el fuego que atormentará a los cuerpos de los condenados es corpóreo” (32).

  • Santa Catalina de Siena: “Hija, la lengua no es capaz de hablar sobre estas infelices almas y sus penas… El primero es verse privados de mí, lo cual les es tan doloroso, que, si le fuera posible, antes que estar libres de las penas y no verme, elegirían el fuego y atroces tormentos con tal de verme… El cuarto tormento es el fuego, que arde y nunca se acaba. El alma, por su propio ser, no se puede consumir, por no ser algo material, sino incorpórea. Pero yo, por justicia divina, he permitido que la queme sufriendo, que la aflija y no la consuma. La quema y hace sufrir con penas grandísimas, de modos diversos según la diversidad de los pecados, a unos más y a otros menos en conformidad con la gravedad de la culpa” (33).

  • Santa Teresa de Jesús: “…como del dibujo a la verdad, el quemarse acá es muy poco en comparación de este fuego de allá” (34).

  • San Alfonso de Ligorio: “Como el pez en el agua se halla rodeado de agua por todas partes, así el condenado se halla por completo sumido en el fuego” (35).

  • San Juan Bosco cuenta un sueño que tuvo del infierno donde fue obligado a poner su mano en la pared y dice que al día siguiente “observé que la mano estaba efectivamente hinchada; y la impresión imaginaria de aquel fuego tuvo tal fuerza, que poco después la piel de la palma de la mano se desprendió y cambió” (36).

  • La Virgen de Fátima el 13 de julio de 1917, en su tercera aparición, según contó Lucía: “…abrió de nuevo sus manos. El haz de luz que de ellas salía parecía penetrar la tierra, y vimos como un mar de fuego, y mezclados en el fuego los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes negras o bronceadas, con forma humana, que se movían en el fuego llevadas por las llamas, que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todos lados, así como caen las chispas en los incendios, sin peso ni equilibrio, entre gemidos de dolor y desesperación, que horrorizaban y hacían estremecer de pavor… Aterrados, levantamos la mirada hacia Nuestra Señora, quien nos dijo con bondad y tristeza: -Han visto el infierno a donde van a parar las almas de los pobres pecadores. Cuando recen el Rosario, digan después de cada misterio: -¡Oh Jesús mío! perdónanos nuestras culpas, presérvanos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia” (37).
  • Pablo VI en el “Credo del Pueblo de Dios” afirma que los que hayan rechazado hasta el final el amor y la piedad de Dios: “serán destinados al fuego que nunca cesará” (38).

    Por último, por el modo de hablar de los documentos y del magisterio ordinario, que así se ha expresado durante tantos siglos, es de fe que la pena de daño y la pena de sentido son realmente distintas y no se puede reducir la pena de sentido a la mera aflicción psicológica producida por la privación de la vista de Dios (39).

    Frente a esta nube de testigos, ¿se puede, cuerdamente, dudar de la realidad de este “lugar de castigo” (cf. Lc 16, 28)? ¿No sería más cuerdo vivir de manera de no ir a él?

    Por tanto, teniendo en cuenta el sentir moralmente unánime de los Santos Padres y teólogos, el magisterio ordinario de la Iglesia, etc., afirmamos con ellos que el fuego del infierno no es metafórico (no existe tan sólo en la mente de los condenados (40)), sino verdadero, real, corpóreo (en cuanto es un agente material, que existe en su objetiva realidad y que atormenta a los réprobos).

    Así como afirmamos su corporeidad, afirmamos que no conocemos su materialidad porque es un fuego especial, sui generis, ya que tiene propiedades diferentes al fuego de la tierra. Es un fuego no extinguible, sino inextinguible (no necesita de combustible para ser alimentado); no temporal, sino eterno; no para confort de los cuerpos, sino para castigo de las almas y de los cuerpos; y que atormenta a los réprobos sin destruirlos. Es un fuego que sin matar, abrasa; sin consumir, quema; sin alumbrar, arde; y que, a pesar de sus llamas, envuelve a los condenados en opacas tinieblas y noches sempiternas.

    Ni la más escabrosa y estrafalaria descripción de las penas de sentido, ni siquiera la más truculenta y grotesca, podrán llegar a mostrar con fidelidad, lo que esas penas son. Los que se horrorizan de esas pinturas o de esas descripciones, más bien deberían apartarse de sus pecados que les impiden ver, con toda su hondura, al fin al que se encaminan por propia culpa.

    Por eso, teniendo en cuenta la importancia de la pena de daño sobre la pena de sentido, decía San Juan Crisóstomo: “Hay muchos hombres que, juzgando absurdamente, desean ante todo evitar el fuego del infierno; pero yo creo que incomparablemente mayor que la pena del fuego será la pena de haber perdido para siempre aquella gloria; ni creo que sean más dignos de llorarse los tormentos del infierno que la pérdida del reino de los cielos; pues este tormento es el más acerbísimo de todos” (41). En otro lugar dice: “La pena del fuego del infierno es ciertamente intolerable. Pero, aunque imaginemos mil infiernos de fuego, nada habríamos adelantado para comprender lo que significa haber perdido la bienaventuranza eterna, ser rechazado por Cristo, oír de él aquellas palabras: No os conozco” (42).

    Es que la pena de sentido, por muy grande que sea, es finita, mientras que la pena de daño es infinita. Enseña Santo Tomás: “La pena es proporcionada al pecado.

    En el pecado hay que distinguir dos aspectos.

    El primero es la aversión del bien imperecedero, que es infinito; y por este motivo el pecado es también infinito.

    El segundo es la conversión desordenada a un bien perecedero; y en este sentido el pecado es finito, tanto por parte del objeto al que se convierte, que es finito, como por el acto pecaminoso en sí mismo, ya que los actos de la creatura no pueden ser infinitos.

    Por consiguiente, por parte de la aversión le corresponde al pecado la pena de daño, que es infinita, ya que es la pérdida de un bien infinito, como es el mismo Dios. Y por parte de la conversión desordenada a la criatura, le corresponde la pena de sentido, que es finita” (43).

    Por muy difícil que sea a la sensibilidad del hombre moderno, lo que está revelado, revelado está. Y no hay forma cuerda de evadir esa realidad. Un autor después de afirmar la existencia del fuego material y corpóreo -aunque no como el nuestro- nada menos que … ¡lo identifica con el Espíritu Santo!: “¡El fuego del infierno es, de algún modo, el mismo Dios! Es la misma llama de amor viva -que es el Espíritu Santo- que purifica en esta vida y en el purgatorio y atormenta eternamente en el infierno” (44).

    -Accede a las notas aquí

    domingo, febrero 21, 2010

    Oración Universal

    Atribuida al Papa Clemente XI

    Pope Clement XI

    Creo en ti, Señor, pero ayúdame a creer con firmeza; espero en ti, pero ayúdame a esperar sin desconfianza; te amo, Señor, pero ayúdame a demostrarte que te quiero; estoy arrepentido, pero ayúdame a no volver a ofenderte.

    Te adoro, Señor, porque eres mi creador y te anhelo porque eres mi fin; te alabo, porque no te cansas de hacerme el bien y me refugio en ti, porque eres mi protector.

    Que tu sabiduría, Señor, me dirija y tu justicia me reprima; que tu misericordia me consuele y tu poder me defienda.

    Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame a pensar en ti; te ofrezco mis palabras, ayúdame a hablar de ti; te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir tu voluntad; te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por ti.

    Todo aquello que quieres tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras.

    Te pido, Señor, que ilumines mi entendimiento, que fortalezcas mi voluntad, que purifiques mi corazón y santifiques mi espíritu.

    Hazme llorar, Señor, mis pecados, rechazar las tentaciones, vencer mis inclinaciones al mal y cultivar las virtudes.

    Dame tu gracia, Señor, para amarte y olvidarme de mí, para buscar el bien de mi prójimo sin tenerle miedo al mundo.

    Dame tu gracia para ser obediente con mis superiores, comprensivo con mis inferiores, solícito con mis amigos y generoso con mis enemigos.

    Ayúdame, Señor, a superar con austeridad el placer, con generosidad la avaricia, con amabilidad la ira, con fervor la tibieza.

    Que sepa yo tener prudencia, Señor, al aconsejar, valor en los peligros, paciencia en las dificultades, sencillez en los éxitos.

    Concédeme, Señor, atención al orar, sobriedad al comer, responsabilidad en mi trabajo y firmeza en mis propósitos.

    Ayúdame a conservar la pureza de alma, a ser modesto en mis actitudes, ejemplar en mi trato con el prójimo y verdaderamente cristiano en mi conducta.

    Concédeme tu ayuda para dominar mis instintos, para fomentar en mí tu vida de gracia, para cumplir tus mandamientos y obtener mi salvación.

    Enséñame, Señor, a comprender la pequeñez de lo terreno, la grandeza de lo divino, la brevedad de esta vida y la eternidad futura.

    Concédeme, Señor, una buena preparación para la muerte y un santo temor al juicio, para librarme del infierno y obtener tu gloria.

    Por Cristo nuestro Señor.

    Amén.

    - Fuente: Catholic.net

    Primer Domingo de Cuaresma

    Lecturas de la Misa de Hoy

    viernes, febrero 19, 2010

    La oración de Jesús

    Padre Nicolás Schwizer

    Circunstancias. La oración de Jesús - igual que la nuestra - no era algo automático, que Él ponía en marcha cuando quería. Tenía que escoger bien el lugar: el desierto, la soledad de un monte. Tenía que elegir también el momento, las circunstancias que inspiraban y favorecían la oración.

    En su existencia tan llena de ocupaciones - como lo es la nuestra - ­le resultaba muchas veces difícil encontrar el tiempo necesario. Entonces tenía que levantarse muy de madrugada, o se retiraba al atardecer, o velaba durante la noche.

    E incluso a veces, cuando le estorbaba la presencia de sus discípulos, los mandaba subir a la barca y los enviaba a la otra orilla del lago.

    Frecuentemente, Jesús oraba a solas. Su relación excepcional con el Padre explica este modo singular de orar, en el que ni siquiera los más íntimos discípulos tienen acceso.

    ¿Por qué ora? Ahora, ¿cuál era esa oración que Jesús se empeñaba tanto en proteger? ¿Qué tenía que pedir Él, el hijo de Dios, qué gracia o qué ayuda?

    ¡Qué no se nos ocurra pensar que Jesús oraba para darnos buen ejemplo! Un teólogo moderno dice acertadamente: “Si la oración de Cristo tiene algún sentido para nosotros, si es un ejemplo, entonces es porque ante todo tiene un sentido para Él mismo.”

    Lo mismo que todos nosotros, Jesús no tuvo siempre la misma claridad de conciencia, ni la misma concentración de atención. Él fue vulnerable a las impresiones y sensible a las influencias. Tuvo necesidad de recogerse para pensar mejor lo que pensaba y para saber mejor lo que sabía.

    Encuentro con el Padre. Se apartaba frecuentemente de la gente, cansado de su incredulidad: “raza incrédula y perversa, ¿hasta cuándo os soportaré?” O estaba apenado por la dureza de su corazón, impaciente por su obstinación y su lentitud para comprender: “¿Tenéis la mente cerrada?”, les pregunta en una oportunidad.

    Entonces necesitaba calmarse, consultar en su interior con el Padre, para encontrar el sentido verdadero de su misión, su indulgencia para con los hombres, su fe en su fuerza de redención. Y luego volvía a los suyos renovado y sereno.

    La voluntad del Padre. Jesús conoció la tentación que le llegaba en el sufrimiento, en la soledad, en el miedo. Necesitaba expresar lo que le subía espontáneamente a los labios: “¡Padre, líbrame de esta hora! ¡Padre, si es posible, aparta de mí este cáliz!”

    Gracias a la oración, Cristo iba ahondando, encontrando su verdadera naturaleza. Se acordaba de dónde venía y adónde iba. Volvía a sentirse HIJO y una vez unido así con su Padre, ya no tenía más que una sola oración: “¡Padre, que se haga tu voluntad!”. Era su mejor oración, la culminación de todas sus oraciones.

    ¿Y nosotros? Si queremos saber el estado de nuestra vida cristiana, sólo necesitamos fijarnos en cómo rezamos.

    Quizás no sepamos rezar. Sabemos charlar con nuestros amigos, nuestros compañeros horas y horas. Pero no sabemos hablar, charlar con Dios ni siquiera unos pocos minutos por día.

    Cuanto más sencilla y filial es nuestra oración, tanto más gusta a Dios. Dios busca al hombre simple, que habla con Él, como un niño con su padre. La filialidad, actitud fundamental del ser humano ante Dios, es también la actitud en la oración ante Dios.

    Queridos hermanos, el gran ejemplo de Cristo, de María, la Virgen orante, y de los Santos quiere desafiarnos y animarnos a una vida de oración más seria, más intensa, más profunda.

    Preguntas para la reflexión

    1. ¿Elegimos bien el lugar y el momento de la oración y le dedicamos suficiente tiempo?

    2. ¿La tomamos en serio como el alimento y la respiración del alma?

    3. ¿Nuestra oración es realmente un hablar personal y espontáneamente con Dios?

    jueves, febrero 18, 2010

    José Kentenich: el gran divulgador de la figura mariana

    Autor: Carlota Falcó Vich | Fuente: ForumLibertas.com vía Catholic.net

    Fue interrogado por la Gestapo e internado en el campo de concentración de Dachau donde reforzó su fe y el movimiento Schoenstatt.

    Jose Kentenich: el gran divulgador de la figura mariana

    Acaba de salir el libro Jose Kentenich: Historia de un hombre libre. Escrito por Eduardo T. Gil de Muro, se cuenta la vida del fundador del movimiento Schoenstatt.

    El padre Jose Kentenich fue sacerdote y sufrió los interrogatorios de la temida Gestapo, la policía secreta de la Alemania nazi. Durante tres años, estuvo internado en el campo de concentración de Dachau donde, junto con diversos sacerdotes, fundó la Internacional de Schoenstatt y se convirtió en uno de los renovadores del catolicismo más destacados del siglo XX.

    El movimiento de la figura mariana

    La obra principal que llevó a cabo Kentenich fue recuperar la figura de la Virgen María más allá de lo popular. El movimiento Schoenstatt tiene sus principales focos en las ideas expuestas por Kentenich en 1914. Estas ideas fueron el desarrollo de la personalidad cristiana, una marcada vida espiritual con María, la orientación hacia ideales y el vivir y pensar orgánico.

    De esta manera, la espiritualidad de Schoenstatt quiere ayudar a las personas en el logro de una honda vivencia de fe. Para ello, por medio de una alianza con la Virgen María procura experimentar a Dios, como al Dios de la vida y la historia.

    Asimismo, Schoenstatt quiere conducir nuevamente al mundo a una profunda alianza de amor con la Virgen María, para que la alianza con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo llegue a ser indeleble, honda e indestructible, y como tal, se conserve siempre.

    La estructura del movimiento incluye muchas propuestas con diferentes orientaciones y niveles de compromiso, desde grupos laicos hasta órdenes religiosas. Actualmente, sus seguidores podrían aproximarse al millón de personas.

    Prisionero del régimen nazi

    El movimiento de Schoenstatt llamó la atención del régimen nazi al que el padre Kentenich se opuso tenazmente. A consecuencia de sus ideas contrarias y de su prédica y labor pedagógica, fue hecho prisionero en Koblenza y enviado al campo de concentración de Dachau.

    El sacerdote tuvo la oportunidad de evitar ser internado a través de algunas influencias pero vislumbró en la fe que su ida al campo de concentración estaba en los planes de Dios como un medio de santificación propia y para su familia espiritual. En 1942, tomó la decisión voluntaria de ir a Dachau y permaneció allí hasta la liberación por los Aliados en 1945.

    El padre Kentenich fundó el Instituto de los Hermanos de María y el Instituto de las Familias junto con los sacerdotes internos. De la misma manera, fundó la Internacional de Schoenstatt. La estancia en el campo de concentración contribuyó a acrecentar la paternidad espiritual del sacerdote hacia su familia así como la fidelidad de sus hijos espirituales hacia él.

    El lugar de peregrinación

    El santuario de devoción mariana está ubicado en el valle de Schoenstatt, junto a Vallendar, en Renania-Palatinado. Es el lugar de peregrinación de la devoción mariana y del movimiento fundado por Kentenich del que existen más de 190 réplicas en diversos lugares de todo el mundo.

    El santuario de la virgen de Schoenstatt tiene tres gracias fundamentales: la primera es el cobijamiento. Este simboliza la sensación de protección y de bienestar que implica peregrinar al santuario. La segunda es la transformación interior que describe la acción de María como educadora y acompañante del camino de crecimiento de las personas. Y la última es el envío apostólico, es decir, el impulso de salir al encuentro de los demás para construir la comunidad nueva.

    Actualmente, el movimiento tiene presencia en muchos países del mundo, además de en Alemania. Principalmente, en Latinoamérica, España, Portugal, Estados Unidos, India, Chile y en algunos países de África.

    La vida del fundador del Schoenstatt

    Jose Kentenich nació en Gymnich, un pueblo al sudoeste de Colonia, Alemania. Su madre lo consagró a María, de quien era muy devota. Por situaciones económicas, la madre se vio obligada a internarlo en el orfanato de Oberhausen a los ocho años de edad. Allí, en 1897, recibió la primera comunión y le confirmó a su madre su deseo de ser sacerdote.

    En 1899, Kentenich ingresó al Seminario de los Padres Pallottinos en Ehrenbreitstein, donde cursó los estudios secundarios. Al acabar, inició la carrera de Teología y Filosofía en Limburgo y fue en 1910 cuando fue ordenado sacerdote.

    A instancias de los seguidores del movimiento, el 10 de febrero de 1975 se inició, en Tréveris, el proceso de beatificación del padre Kentenich.

    miércoles, febrero 17, 2010

    lunes, febrero 15, 2010

    Lista de lecturas buenas para la cuaresma

    Amigos, reproduzco aquí el índice de libros disponibles para descargar gratis del sitio de Católicos.com. No los he leído todos así que por haberlos listados aquí no significa que esté de acuerdo con lo que se dice en todo o en parte. Espero que hagan de su cuaresma una provechosa espiritualmente.

    domingo, febrero 14, 2010

    VI Domingo del tiempo ordinario

    La cuaresma comienza el miércoles de esta semana; el próximo domingo será el primer domingo de cuaresma.

    viernes, febrero 12, 2010

    Partes de la Santa Misa

    Por si acaso no te recuerdas…

    RITOS INICIALES

    Son ritos introductorios a la celebración y nos preparan para escuchar la palabra y celebrar la eucaristía.

    Comprende:
    Entrada - Señal de la cruz - Saludo - Acto penitencial - Gloria - Oración colecta.

    Procesión de entrada

    Llegamos al templo y nos disponemos para celebrar el misterio más grande de nuestra fe. Acompañamos la procesión de entrada cantando con alegría. 

    Saludo inicial

    Después de besar el altar y hacer la señal de la cruz, el sacerdote saluda a la asamblea. 

    Acto penitenfcial

    Pedimos humildemente perdón al Señor por todas nuestras faltas. 

    Gloria

    Alabamos a Dios, reconociendo su santidad, al mismo tiempo que nuestra necesidad de Él.

    Oración / Colecta

    Es la oración que el sacerdote, en nombre de toda la asamblea, hace al Padre. En ella recoge todas las intenciones de la comunidad.

     

    LITURGIA DE LA PALABRA

    Escuchamos a Dios, que se nos da como alimento en su Palabra, y respondemos cantando, meditando y rezando.

    comprende

    Primera Lectura - Salmo Responsorial - Segunda Lectura - Aleluya - Evangelio - Homilía - Credo - Oración universal.

    Primera lectura

    En el Antiguo Testamento, Dios nos habla a través de la historia del pueblo de Israel y de sus profetas.

    Salmo

    Meditamos rezando o cantando un salmo.

    Segunda lectura

    En el Nuevo Testamento, Dios nos habla a través de los apóstoles.

    Evangelio

    El canto del Aleluya nos dispone a escuchar la proclamación del misterio de Cristo. Al finalizar aclamamos diciendo: "Gloria a ti, Señor Jesús".

    Homilía

    El celebrante nos explica la Palabra de Dios.

    Credo

    Después de escuchar la Palabra de Dios, confesamos nuestra fe.

    Oración de los fieles

    Rezamos unos por otros pidiendo por las necesidades de todos.


    LITURGIA DE LA EUCARISTÍA I

    Tiene tres partes: Rito de las ofrendas, Gran Plegaria Eucarística (es el núcleo de toda la celebración, es una plegaria de acción de gracias en la que actualizamos la muerte y resurrección de Jesús) y Rito de comunión.

    Presentación de dones

    Presentamos el pan y el vino que se transformarán en el cuerpo y la sangre de Cristo. Realizamos la colecta en favor de toda la Iglesia. Oramos sobre las ofrendas.

    Prefacio

    Es una oración de acción de gracias y alabanza a Dios, al tres veces santo.

    Epíclesis

    El celebrante extiende sus manos sobre el pan y el vino e invoca al Espíritu Santo, para que por su acción los transforme en el cuerpo y la sangre de Jesús.

    Consagración

    El sacerdote hace "memoria" de la última cena, pronunciando las mismas palabras de Jesús. El pan y el vino se transforman en el cuerpo y en la sangre de Jesús.

    Aclamación

    Aclamamos el misterio central de nuestra fe.

    Intercesión

    Ofrecemos este sacrificio de Jesús en comunión con toda la Iglesia. Pedimos por el Papa, por los obispos, por todos los difuntos y por todos nosotros.

    Doxología

    El sacerdote ofrece al Padre el cuerpo y la sangre de Jesús, por Cristo, con él y en él, en la unidad del Espíritu Santo. Todos respondemos: "Amén".

    Padre nuestro

    Preparándonos para comulgar, rezamos al Padre como Jesús nos enseñó.

    Comunión

    Llenos de alegría nos acercamos a recibir a Jesús, pan de vida. Antes de comulgar hacemos un acto de humildad y de fe.

    Oración

    Damos gracias a Jesús por haberlo recibido, y le pedimos que nos ayude a vivir en comunión.


    RITOS DE DESPEDIDA

    Son ritos que concluyen la celebración.

    Bendición

    Recibimos la bendición del sacerdote.

    Despedida y envío

    Alimentados con el pan de la Palabra y de la Eucaristía, volvemos a nuestras actividades, a vivir lo que celebramos, llevando a Jesús en nuestros corazones.

    - Fuente: ACIPrensa

    miércoles, febrero 10, 2010

    La Declaración de Manhattan: Un Llamado a la Conciencia Cristiana

    ¡Fírmala!

    “Nosotros, como Ortodoxos, Católicos, y Cristianos Evangélicos, nos hemos reunido, comenzando en New York el 28 de Septiembre de 2009, para hacer la siguiente declaración, la cual firmamos como individuales, no a nombre de nuestras organizaciones, sino hablando hacia y por nuestras comunidades. Actuamos en obediencia a un Dios verdadero, al Dios trino de santidad y amor, quien ha puesto este reclamo en nuestras vidas y por ese reclamo nos ha llamado con creyentes de todas las edades y de todas las naciones a buscar y defender lo bueno y a todo aquel que lleve su imagen. Hemos establecido ésta declaración en la luz de la verdad que está basada en las Santas Escrituras, en la razón natural humana (la cual es en sí, en nuestro punto de vista, un regalo de un Dios bueno), y en la naturaleza del ser humano. Hacemos un llamado a todas las personas de buena voluntad, creyentes y no creyentes por igual, a considerar cuidadosamente, y reflexionar críticamente en los puntos que hemos citado mientras nosotros, con San Pablo, recomendamos este compromiso a la conciencia de cada uno a los ojos de Dios.

    “Con todo este ámbito de la aflicción Cristiana, incluyendo un especial interés por el pobre y vulnerable, llama nuestra atención, que estamos especialmente preocupados que hoy en día en nuestra nación las vidas de los que aún no han nacido, los discapacitados, y los ancianos se ven severamente amenazadas; que la institución del matrimonio, ya golpeado por promiscuidad, infidelidad y divorcio, está en peligro de redefinirse para acomodar las ideas que están de moda; que la libertad de religión y los derechos de la conciencia son gravemente dañados por quienes usarían los instrumentos de coerción para obligar a las personas de la fe a comprometer sus más profundas convicciones. Por causa de que la santidad de la vida humana, la dignidad del matrimonio como la unión de esposo y esposa, y la libertad de conciencia y de religión son principios fundamentales de justicia y de bien común, estamos obligados por nuestra fe Cristiana a hablar y actuar en su defensa. En ésta declaración afirmamos:

    1) La dignidad profunda, inherente y equitativa de que cada ser humano como una criatura confeccionada a la misma imagen de Dios, poseyendo derechos innatos de igualdad de dignidad y vida;

    2) El matrimonio es una unión de un hombre y una mujer, ordenado por el Dios de la creación, e históricamente entendido igualmente por creyentes y no creyentes, como la institución más elemental de la sociedad y

    3) Libertad de religión, que está basada en el carácter de Dios, el ejemplo de Cristo, y la inherente libertad y dignidad de los seres humanos creados a imagen divina.

    “Somos Cristianos que nos hemos unidos a través de las líneas históricas de las diferencias eclesiásticas para afirmar nuestro derecho—y, más importante, para abrazar nuestra obligación—de hablar y actuar en defensa de estas verdades. Nos comprometemos los unos a los otros y a nuestros hermanos creyentes, que ningún poder en la tierra, sea cultural o político, nos intimidará a callar o a conformarnos. Es nuestro compromiso proclamar el Evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo en su plenitud, tanto en temporada como fuera de ella. Que Dios nos ayude a no fallar en ese deber.

    - Descarga la Declaración de Manhattan en su totalidad de aquí.

    - Añade tu firma a la Declaración aquí.