Amigos, lo que sigue es una traducción hecha por este servidor de una entrevista concedida por el cardenal-electo Raymond Burke, Prefecto de la Signatura Apostólica, el "tribunal supremo" de la Iglesia Católica. La entrevista fue conducida por el Sr. Thomas McKenna, Presidente de Acción Católica por la Fe y la Familia, una organización sin fines de lucro basada en los EE.UU. El vídeo de la entrevista de 25 minutos de duración puede ser visto aquí. (Read it in English Em Português)

¡Buenas tardes! Me llamo Thomas McKenna y soy el Fundador y Presidente de la organización Acción Católica por la Fe y la Familia, una organización de laicos que busca defender y promover los valores de nuestra fe católica.
Hoy estoy en Roma con Su Excelencia, el Arzobispo Raymond Burke quien justamente hace unas horas se enteró de que próximamente será elevado al Colegio Cardenalicio por voluntad de Su Santidad, el Papa Benedicto XVI. Invité al Arzobispo Burke hoy aquí para discutir conmigo la carta pastoral que escribió cuando servía como Arzobispo de San Luis en los EE.UU., la cual trataba del votante católico y de sus obligaciones.
Su Excelencia, me complace mucho estar con Ud. aquí hoy y me siento muy honrado, justamente en este día que es tan especial para Ud. cuando el Santo Padre le ha elevado al Colegio de Cardenales. Su Excelencia, es un honor estar con Ud. este día y quiero ser la primera persona que lo felicite por el honor que Ud. ha recibido del Santo Padre.
Arzobispo Burke (AB) – Muchas gracias, Thomas.
Thomas McKenna (TM) – Una de las preguntas que me gustaría hacerle para empezar, es, ¿por qué Su Excelencia cuando era arzobispo en aquel tiempo, durante las elecciones generales del 2004, concibió la idea de escribir una carta pastoral abordando el tema del [votante] católico y de sus [preferencias] eleccionarias?
AB – Fue debido a que yo había descubierto a través de los años mucha gente simplemente se encontraba confundida acerca de sus obligaciones morales al momento de votar. Muchos católicos llevan la idea de que ellos pueden mantener ciertas verdades morales en sus vidas personales, pero que al momento de votar estas verdades podían ser echadas de lado y votar de acuerdo a otros criterios. Por esto yo quería asegurarme de que los fieles se dieran cuenta de que ellos tenían una grave obligación moral de votar por aquellos candidatos que defendieran la verdad de la ley moral la cual, por supuesto, sirve al mayor bien social de todos en la sociedad.
Esa fue mi razón principal de escribir la carta pastoral, para mostrar una vez más los principios morales que nos deben guiar al momento de votar, a los fieles de la Arquidiócesis de San Luis y de otros fieles de más allá que leyesen la carta.
Esto adquiere un significado particular en una república democrática como la nuestra, porque nosotros cooperamos de verdad en la formulación de las leyes y políticas públicas de nuestra nación cuando elegimos a quienes ejercen el poder. Por eso es que no podemos decir que, por ejemplo, que ya que la práctica del aborto procurado es una ampliamente propagada en nuestra sociedad, o que se permite con mayor frecuencia la práctica de supuestos “matrimonios” entre personas del mismo sexo, no podemos decir “Pero, yo no tengo nada que ver con eso”. Claro que tenemos que ver, porque somos nosotros los que elegimos a los oficiales que permiten estas cosas en nuestra sociedad. Esa fue mi razón principal de escribir esta carta.
TM – Eso es muy importante, muy importante en nuestros tiempos: la claridad. Una de las cosas que nos hace mucha falta hoy día es eso, claridad.
AB – No podemos hacer nada que sea bueno si no estamos diciendo la verdad. Existe por ahí una idea extraña que a hace pensar a la gente que de algún modo, sin uno ser claro y verdadero, todavía podemos hacer de algún modo lo que es recto y bueno y eso no funciona.
TM – Su Excelencia, ¿qué usted le diría a esos que dicen que cuando un obispo escribe una carta pastoral acerca de nuestras obligaciones al votar, ese obispo está interfiriendo y rompiendo el supuesto pacto de separación entre la iglesia y el estado en nuestro país?
AB – Bueno, la noción única de la separación entre la iglesia y el estado según se entiende propiamente en nuestra nación se encuentra la Cláusula de Establecimiento, que es el nombre real de esa parte de nuestra Constitución, o de las Enmiendas de la Constitución. Y lo que significa es que en EE.UU. no tenemos una religión del estado, por ejemplo. Es un país en donde la fe católica o cualquiera otra fe carecen de status particular.
Simultáneamente, los fundadores de nuestro país se mostraban bien interesados en promover la fe religiosa del pueblo porque los fundadores entendían que la religión inspiraría al pueblo con los motivos más exaltados que los convertiría en buenos ciudadanos y promotores del bien para todo el país.
Por eso y de hecho, es mi obligación como obispo urgir a los fieles a que lleven a cabo sus obligaciones cívicas de acuerdo a su fe católica. Al mismo tiempo, yo no puedo meterme en la política ni lo hice en mi carta pastoral, en el sentido de favorecer a un candidato por sobre otro. No, simplemente lo que yo hice fue darle a los votantes los principios que ellos necesitaban para decidir por quién ellos querrían votar. Yo nunca le dije a nadie que votara por este o aquel candidato, sino que simplemente les dije los principios que ellos iban a necesitar para votar de un modo moralmente bueno por cualquier candidato a elección.
TM – Muy bien. Su Excelencia, una de las cosas que yo pienso es de la mayor gravedad hoy día y que yo sé que muchos políticos y mucha gente no quieren escuchar es el asunto del aborto procurado en nuestro país. Hasta la fecha, de acuerdo a las estadísticas oficiales más sobrias, al menos 50 millones de bebés han sido asesinados en los vientres de sus madres en nuestro país. Para dejarlo por sentado aquí, ¿diría Ud. que si sería lícito para un católico votar por un candidato que favorezca al aborto, ya sea que lo haya dicho en su plataforma política, o manifestado mediante su voto legislativo que esté a favor del aborto: ¿es válido votar por dicho candidato?
AB – No. Tú no nunca puedes votar por alguien que apoye el derecho absoluto de una mujer a escoger la destrucción de una vida humana en su vientre o el derecho al aborto procurado. En el caso en que no haya candidato alguno que busque eliminar todo aborto, puedes votar por aquel candidato que busque limitar este grave mal en nuestro país, pero nunca podrás justificar tu voto para un candidato que no quiera limitar el aborto y que busque aumentar su acceso.
TM – No es solamente en los EE.UU., en nuestro país, en donde arde el debate sobre el aborto. Ahora mismo, en Brasil, el país católico más grande del mundo en donde el aborto continúa siendo ilegal, se acrecienta el debate porque uno de los candidatos que representa a un partido político de ese país es pro-aborto y los obispos católicos de Brasil se han declarado fuertemente en su contra. Me gustaría saber si Ud. que viene de los EE.UU. y que escribió esta carta pastoral en 2004, si podría dirigirles a los obispos de Brasil alguna palabra de aliento. ¿Qué usted les diría a los obispos de Brasil en cara a este momento, uno crucial en Brasil, ya que allí todavía no existe el aborto y este tema podría ser decisivo en las elecciones de ese país?
AB – Yo ciertamente les aliento y antes los felicito por el ejercicio que han hecho de su oficio, que es el de ser maestros de la fe en un asunto bien crítico. ¿Cómo un obispo puede dormir de noche cuando falta en enseñar y advertir a sus fieles que el aborto es un mal grave que se cierne sobre su nación? A estos obispos hay que felicitarles mucho, ya que lo que hacen es ejerciendo su oficio de maestros de la fe y la moral. Y es como yo digo, esto es un asunto bien fundamental y crítico, el de la protección de la vida humana inocente e indefensa. Por eso prometo que rezaré por estos obispos, para que continúen anunciando valientemente la fe.
Tristemente, en esta sociedad en la que vivimos, se le hace bien difícil a los obispos ejercer su oficio porque entonces se les acusa de ser partisanos o de otras cosas. Pero lo que un obispo se debe de decir a sí mismo es esto: ¿Qué es lo que la fe católica enseña acerca de esta materia y cómo yo puedo anunciarlo de la mejor manera al pueblo, para alertarles, para que en sus conciencias hagan lo que están obligados a hacer?
TM – En su calidad de maestro, de padre de la Iglesia, ¿qué usted le diría a un católico que dice “Por razones sociales o por otras razones yo pienso esto, y aunque la Iglesia dice esto otro, yo voto de acuerdo a mis razones”?
AB – Yo simplemente les diría: ¿Ustedes siguen la Regla de Oro que Nuestro Señor mismo nos enseñó en los evangelios? Dicho de otro modo, ¿ustedes “tratan a los demás como ustedes quieren que los demás les traten”? ¿Ustedes piensan que es de verdad justo avanzar algún otro interés, por bueno que sea por ejemplo, como la protección del medioambiente o cualquier otro, al costo de negarles a otros miembros de la sociedad y especialmente aquellos que dependen de nosotros para su supervivencia, negarles su derecho a la vida? Y yo pienso que si la mayoría de la gente reflexionara de este modo, simplemente en términos de la Regla de Oro, ellos entenderían que esta negación nunca debiera ser un derecho.
No se puede justificar votar por un candidato que, a pesar de que proponga algo bueno por un lado, favorece el mal intrínseco y grave que es el aborto por el otro. Es así que yo urgiría al pueblo a que consideren los más pequeños de nuestros hermanos y hermanas, co-miembros con nosotros de la familia de Dios a quienes nuestra sociedad nos enseña a no tener en cuenta o a no pensarles ni siquiera como seres humanos, pero que en realidad y de verdad son seres humanos como nosotros y así obrar hacia ellos de modo correcto, de la misma manera que a nosotros nos hubiese gustado que obraran con nosotros cuando éramos seres pequeñitos en nuestros vientres maternos, desde la etapa embrionaria hasta antes de nacer, como ahora queremos que el electorado vote para proteger y salvaguardar nuestras vidas.
TM – Hay una guerra encendida en los EE.UU., como Ud. ya sabe, sobre el asunto de llamado “matrimonio” entre personas del mismo sexo. Uno de los grandes obstáculos, se podría decir, o preguntas que se hacen los católicos es que muchos de ellos piensan que se trata de discriminación – que es algo que se le representa de este modo – y que nosotros somos una nación basada en la imparcialidad y que al no permitir a la gente del mismo sexo que se casen y que vivan como los casados de sexos opuestos, que esto es discriminación hacia las parejas del mismo sexo. En mi experiencia este punto de vista ha afectado a muchos católicos. ¿Cuál sería la respuesta de la Iglesia hacia esta idea de que el matrimonio entre personas del mismo sexo debiera permitirse porque de no hacerse equivaldría a la discriminación hacia el pueblo de descendencia africana que se practicaba antes en nuestro país, lo cual fue injusto, pero cómo eso se compara con lo que vemos hoy?
AB – Cuando se encuentra una discriminación injusta, por ejemplo, cuando vemos que un ser humano como nosotros, por causa del color de su piel, no es parte de la raza humana como lo sería, digamos, una persona de piel blanca, eso es un tipo de discriminación que es injusta e inmoral. Pero hay una clase de discriminación que es justa y buena y esa es la discriminación entre lo bueno y lo malo, entre lo que está de acuerdo a nuestra naturaleza humana y lo que es contrario a ésta. Por eso la Iglesia Católica, cuando enseña que los actos sexuales entre personas del mismo sexo son intrínsecamente malos y contra la naturaleza, simplemente anuncia la verdad que ayuda al pueblo a discriminar entre lo bueno y lo malo en sus acciones.
¿Qué significa esto en el caso concreto de alguien que encontramos quien, por alguna razón, siente una atracción de actuar de este modo, que se siente atraída sexualmente a personas de su mismo sexo y de mantener actividad sexual con éstas? Tenemos que ser absolutamente compasivos. No tenemos el derecho de negarle la dignidad humana al individuo que sufre de esta atracción contranatural. Pero nuestra compasión con la persona nos debe de llevar antes que nada a ser honestos con él o ella, y ayudarles a conocer que esta atracción no es correcta, y de bregar con esta atracción de la manera que seamos capaces de bregar con la atracción como los seres morales que somos; corregir esta atracción dentro de sí mismos, y esforzarse más y más a redirigir sus afectos en un modo que respete la ley de Dios.
Así que decir, pues, “que no” al matrimonio entre personas del mismo sexo, no es signo de discriminación. Con crear una nueva idea del matrimonio que sea contraria a la manera que Dios nos creó, de tal modo que el matrimonio entre un hombre y una mujer no sea diferente del “matrimonio” entre dos hombres o dos mujeres, no le estamos haciendo bien alguno a las personas que sienten este tipo de atracción.
TM – Su Excelencia, en la carta pastoral que Ud. escribió había un punto al cual Ud. se refirió: aquellos funcionarios públicos que votan a favor del aborto, o de manera contraria a la enseñanza de la Iglesia en otros asuntos, pero que continúan recibiendo comunión o asistiendo a la iglesia y presentándose como católicos, esto crea escándalo. ¿Podría indicarnos por qué esto es un escándalo y qué tan serio es?
AB – Te puedo decir que es bien serio. Y es porque para mucha gente, católicos y no-católicos, han comenzado a creer que la enseñanza de la Iglesia Católica acerca de la maldad del aborto parece no ser muy firme, o que esté a punto de cambiar de algún modo. Te voy a dar un ejemplo. En el 2004 estaba visitando un funcionario público de alto rango en Washington quien no es católico pero que es un cristiano devoto y sincero. Él me preguntó – durante nuestra larga visita a solas – “Ud. cree que cuando este Santo Padre muera” – refiriéndose al Venerable Papa Juan Pablo II – “que el próximo Santo Padre tal vez cambie la enseñanza sobre el aborto?”
Yo me quedé pasmado. Le dije, “¿Y por qué me preguntas eso? La Iglesia no puede cambiar su enseñanza respecto al aborto. Es parte de la ley moral natural. La Iglesia lo que ha hecho es apegarse más y más a esta enseñanza con fidelidad.” Él me contestó: “Bueno, es que he llegado a pensar de que esta no debe de ser una enseñanza muy firme porque te apuesto a que te puedo mencionar por nombre a 70 u 80 católicos en el capitolio –la casa de las leyes en EE.UU.– que votan regularmente a favor de leyes que impulsan el aborto.”
Entonces, ¿qué es dar escándalo? El escándalo es un acto o una omisión que lleva al pueblo a confundirse o a caer en un error acerca del bien moral. Aquí hay un ejemplo perfecto: los católicos que traicionan su fe católica en el transcurso de su vida política, como legisladores, jueces o lo que sean, llevando a la gente a creer que el aborto no es la gran maldad que es, o que de hecho, que el aborto es bueno en algunas circunstancias, esos dan escándalo.
Hoy es más importante que nunca considerar la realidad del escándalo porque existe una tendencia – si le dices a alguien, “Eso me escandaliza” – la tendencia es responder “Eso es problema tuyo. Hablas de una persona bueno que hace lo que piensa es correcto” y así por el estilo, sin distinguir lo verdadero de lo falso – “y eres tú el causante de la dificultad por criticarle.”
Eso no es verdad. Cuando expresamos el escándalo que algo nos causa estamos llamando a la persona a que se reforme y, uno espera, a que repare el daño causado. No es cuestión de acusar a otros falsamente. No es cuestión de introducir falta de unidad o discordia en la comunidad. Es realmente una cuestión de buscar los fundamentos donde se encuentra la unidad real, es decir, unidad en la promoción del bien común. Por eso es que tenemos que recapturar esta idea de escándalo porque es lo que está sucediendo aunque la gente no quiera reconocerlo. Mucha gente ha sido descarriada en cuanto a lo que se relaciona con la vida humana y ahora lo vemos de modo particular en lo que concierne a las uniones entre personas del mismo sexo.
TM – Aquel funcionario público que sea católico y haya dado escándalo, cuando al fin lo entienda así, ¿qué tipo de reparación o enmienda de vida cualificaría para reparar el mal realizada por el escándalo en el mundo de hoy?
AB – Antes que nada tiene que haber una verdadera reforma del corazón. Eso se hace mediante el Sacramento de la Penitencia, mediante la satisfacción o penitencia que se le asigne en el sacramento. Pero entonces uno tiene que reconocer que porque uno es un funcionario público que ha promovido algo bien malo, uno tiene que renunciar públicamente el error bajo el cual operaba y al cual dirigía otras personas.
Así que para mí la única cosa adecuada para un funcionario público es decir, “Yo estaba en un error y ahora entiendo la verdad acerca de la vida humana y me arrepiento profundamente de lo que he hecho.” Te doy por ejemplo, en el campo médico, el de Bernard Nathason, quien fue un gran promotor del aborto procurado y después hizo reparación, reconoció su error y empezó a escribir libros y dar charlas para tratar de reparar las muchas, muchísimas vidas que él una vez quitó.
Recuerdo también cuando escuché una charla de un médico cuando yo era obispo de LaCrosse. Él había estado haciendo abortos por 14 años. Finalmente, entendió la maldad del aborto. ¿Cómo esto acaeció? Él y su esposa tenían una hijita de cinco años de edad. Un día, salió corriendo a jugar con amigo al otro lado de la calle sin mirar a ambos lados y la atropelló un automóvil. Tristemente, murió.
Dijo que no se dio cuenta en ese momento de su muerto, Claro que sufrieron terriblemente. Tuvo su funeral y eventualmente regresó a su práctica médica. Dijo que cuando entró al quirófano para hacer el aborto, se dio cuenta. Entendió al fin y al cabo que: “Aquí estoy sufriendo por la muerte de mi hijita…” y ahí mismo dejó de hacer abortos. Dedicó su vida – esto ocurrió hacen varios años, estoy seguro que aun continúa” a conducir charlas con varios grupos, especialmente gente joven, acerca de la maldad del aborto y de ese modo repara sus previos actos. Él declaró su error abiertamente y con tristeza profunda por las vidas que él quitó.
TM – Eso es una historia bien conmovedora, Su Excelencia. Me demuestra cómo Dios dará la gracia suficiente para una conversión.
AB – Así mismo. Es algo extraordinario. Uno mismo se dice: “¿Cómo es que alguien puede ser perdonado por cometer abortos?” Dios nos perdona. Su misericordia no tiene límites y esa misericordia nos lleva a lo que humanamente tenemos que hacer, a reparar el mal realizado y a llevar al pueblo hacia el bien.
TM – Quiero agradecerle por su tiempo y por compartir su perspicacia e inspiraciones acerca de la importante que es para los católicos ejercer el voto y cómo esto puede afectar nuestra vida cívica y espiritual. Quiero preguntarle si tiene algo que decirnos a nosotros sus conciudadanos estadounidenses para concluir.
AB – Primero, quiero agradecerte por todo el trabajo que has hecho con tu organización para promover el bien común de nuestra nación. Segundo, quiero invitar a todos los que nos escuchan a invocar de modo particular la intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe, la que nos ha sido dada como Madre de América. Ella es nuestra Madre, la Madre de Nuestro Señor Jesús pero también de un modo particular, nuestra Madre. Ella apareció en nuestro continente en 1531 y se nos reveló como Protectora de toda vida humana.
Oremos de modo bien especial que, a través de su intercesión, uniendo nuestros corazones con su Corazón Inmaculado, a orar por el fin de todos los males, del aborto y todos los ataques contra la familia, especialmente para detener toda promoción de las “uniones del mismo sexo.” Tengamos confianza que Nuestro Señor escuchará nuestra oración. Que a través de nuestros pobres esfuerzos y de nuestras oraciones, ganaremos para nuestros hermanos y hermanos el don del amor y misericordia de Dios.
TM – Muchas gracias y felicidades otra vez por su elevación al cardenalato.
AB – Gracias a ti. Dios te bendiga.
© 2010 Acción Católica Por la Fe y la Familia – Reproducido con permiso.











2 comentarios:
Poco a poco la gente se están dando cuenta que las tres religiones Abrahámicas son un maldito juego de teléfono. Ya es hora que estos cultos del desierto sean reducidos a estatus de mitología.
Entiendo por qué te sientes así. Sin un Dios que te exija excelencia moral puedes hacer lo que te venga en gana sin remordimiento y sin que tu reputación y buen nombre sufran. Dado el estado de nuestra cultura, completamente comprensible.
-Theo
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