Autor y Traductor: Teófilo de Jesús | Original en inglés aquí | Em português| En italiano
Como acostumbro en la cuaresma durante estos últimos años, me puse a esperar por la erupción inevitable de reportes sensacionales, supuestas revelaciones, o astutas reinterpretaciones del mensaje cristiano tradicional que siempre surgen durante esta época. Me pregunté, ¿qué nos esperará este año, un nuevo documental acerca del cadáver de Jesús? ¿Será otro bestseller sin mérito literario como el infame Código de Da Vinci?
Nada de eso. La sorpresa pascual de este año han sido el arrecio de ataques contra la Iglesia Católica en general y al papa Benedicto en particular, por parte de críticos dentro y fuera de la Iglesia. Que quiénes son y qué es lo que dicen nos revela ampliamente lo que en verdad quieren.
Pero antes de explorar el asunto, reafirmo lo que todo el mundo sabe: que esta herida es una que ha sido propinada por nosotros mismos. El manejo inepto de las acusaciones de abuso sexual durante muchos años es lo que nos ha traído aquí. Ha sido como lo dijo el papa Benedicto a los obispos irlandeses:
No se puede negar que algunos de vosotros y de vuestros predecesores han fracasado, a veces lamentablemente, a la hora de aplicar las normas, codificadas desde hace largo tiempo, del derecho canónico sobre los delitos de abusos de niños. Se han cometido graves errores en la respuesta a las acusaciones. Reconozco que era muy difícil comprender la magnitud y la complejidad del problema, obtener información fiable y tomar decisiones adecuadas en función de los pareceres contradictorios de los expertos. No obstante, hay que reconocer que se cometieron graves errores de juicio y hubo fallos de dirección. Todo esto ha socavado gravemente vuestra credibilidad y eficacia.
Y a los sacerdotes y religiosos acusados de ese mismo país, les dijo:
Habéis traicionado la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres. Debéis responder de ello ante Dios Todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos. Habéis perdido la estima de la gente de Irlanda y arrojado vergüenza y deshonor sobre vuestros semejantes. Aquellos de vosotros que son sacerdotes han violado la santidad del sacramento del Orden, en el que Cristo mismo se hace presente en nosotros y en nuestras acciones. Junto con el inmenso daño causado a las víctimas, un daño enorme se ha hecho a la Iglesia y a la percepción pública del sacerdocio y de la vida religiosa.
Lo mismo aplica aquí en los EE.UU. y en todos los países aunque el Papa no lo hubiese dicho.
Con todo lo que ha pasado, aun encuentro chocante que una de las fuentes de un artículo investigativo recientemente publicado por el New York Times acerca de la supuesta complicidad del Vaticano fue el ex-arzobispo de Milwaukee, Rembert Weakland (foto a la izquierda), un homosexual declarado que fue obligado a dimitir a su cargo por haber usado dinero de la iglesia para pagar el silencio de su amante.
Lo que me parece peor, Weakland mantuvo su información en su seno y esperó con toda malicia hasta el momento adecuado para revelarla y así ocasionar el impacto más severo posible.
O consideren el caso del teólogo disidente, el suizo Hans Küng (foto abajo a la derecha), cuyas obras principales he leído y quien en su momento, pienso yo, tuvo cosas importantes que decir acerca del ser cristiano y de la naturaleza de la iglesia.
En la década de los 70, Küng propuso como hechos una serie de opiniones personales en materia teológica y moral que no solamente socavaban el mensaje cristiano, mas canonizaban el relativismo ético y la psicobaba que reforzaron la ecología de abuso sexual en la Iglesia. Ahora este sujeto busca responsabilizar al Papa por supuestamente encubrir los casos de abuso sexual en su antigua diócesis alemana.
Entonces, ¿cuál es la agenda aquí?
Weakland y Küng son nada más que dos piezas pequeñas en una maquinaria bien aceitada que busca, sino la destrucción de la Iglesia, entonces hacerla irrelevante en la arena pública.
Los fustigadores de afuera entienden que una Iglesia Católica sin credibilidad no será capaz de defender convincentemente a los pobres, los marginados, a los ancianos, enfermos y a los no-nacidos.
Una Iglesia débil y sin credibilidad será una impotente e incapaz de oponerse a agendas de moda tales como el matrimonio civil y hasta eclesiástico entre personas del mismo sexo, o exigirle a personajes políticos a que detengan una reforma de salud que le regale tanto a los aborcionistas, como sucedió recientemente aquí en los EE.UU.
La crítica interna busca reemplazar la norma teológica y moral, imponiendo sus puntos de vista favorables a la ordenación de hombres casados y de mujeres al sacerdocio y el relajamiento de la ética sexual católica particularmente en materias del control artificial de la natalidad y del aborto.
Esa misma crítica interna busca también potenciar a organizaciones supuestamente católicas que sin escrúpulos se enfrentan constantemente al magisterio del papa y los obispos como lo vemos frecuentemente aquí en los EE.UU. durante la reforma de salud.
Y para terminar, la crítica interna y sus activistas buscan rehabilitar a teólogos disidentes como Küng y elevarlos al status de normatividad católica.
Habiéndose envuelto en la bandera de la defensa de las víctimas de abuso sexual, los fustigadores han estado ganando mediante procesos judiciales interminables que buscan agotar a la Iglesia de su patrimonio material mientras que someten al papa y a los obispos al ridículo, al criticismo sinfín y a la desobediencia.
Con todo y esto a la prensa no le interesa cuestionar los motivos de la crítica y eso, opino yo, la hace cómplice de esa agenda de socavación a la Iglesia.
Considerando todo esto, parece ser que para los enemigos de la Iglesia, el fin justifica los medios.
Y eso es también un mal al cual hay que resistir.











4 comentarios:
Cierto es el que algunas personas pueden tener una intención dudosa en cuanto a sus declaraciones en torno -o en contra- de la Iglesia, lo cual podría, de alguna manera, restarle valor a lo alegado. Pero más cierto es el que esas declaraciones dudosas no disminuyen, en lo más mínimo, el daño que esos pederastas le causaron a sus víctimas. La Iglesia está compuesta por hombres y, por ende, es de esperarse que algunos sucumban ante el mal y actúen de manera inapropiada, lo que es inaceptable es el hecho de que, por evitarle escándalos a la Iglesia, se encubra y deje de denunciarse como es debido las monstruosidades cometidas por estos hombres. En el mundo civil se castiga de manera contundente a los criminales de esta índole y se debería, de igual forma, procesar a los sacerdotes pederastas. Ya que ellos son hombres, al igual que nosotros, entonces no debería haber ningún problema con que sean castigados como se merecen. La Iglesia sería mas respetable si, para empezar, pusieran en practica dentro del seno de su organización lo que tanto profesan. Si cada vez que un sacerdote cometiera un delito, lo denunciaran y permitieran un proceso legal en su contra para que pagaran por sus actos, quizás hasta podrían contribuir a que este comportamiento disminuyera porque le enviarían el mensaje a los sacerdotes pederastas de que si cometen un delito, pagaran por ello. En cambio, la Iglesia y sus líderes, prefieren evitarse la crítica antes que proteger al pueblo -el cual forma SU Iglesia- de esos delincuentes... por eso yo diría que, "Para el Papa y los líderes de la Iglesia, el fin justifica los medios"
Ratziger, primero como cardenal y ahora como Papa fue de los primeros que despertó a la gravedad de la crisis. Esto lo demuestran claramente sus acciones desde que tomo cartas en el asunto a finales del año 90 y está así documentado.
Los segmentos de la carta a los irlandeses que cito aquí ofrecen también ejemplos contundentes. Nada en lo que usted dice aquí demuestra lo contrario, si no que se empeña en seguir utilizando el sufrimiento de las víctimas para.su propio uso.
Con volver mis palabras contra nosotros no prueba nada excepto, tal vez, sentir satisfacción por la ocurrencia. La lacra que afecta a la Iglesia ha sido identificada y está siendo extirpada sin matar al paciente que es la Iglesia en el proceso. Esa será su meta pero no es la nuestra.
La Iglesia no surgió por voluntad meramente humana, más por la voluntad de Cristo, Hombre-Dios. Los poderes del infierno, sea el de abusadores, efebofílicos en su mayoría que no pederestas, lni la necedad de quienes escondieron o facilitaron sus actividades, ni el fango de los críticos la podrán vencer.
-Theo
Para comenzar, al platear mi punto de vista, no tengo el más mínimo interés en dañar a ninguna institución -incluyendo a la Iglesia Católica-. Mi punto es, que los líderes de su Iglesia debieron, desde un principio, procesar a estos criminales como es debido, en vez de tratar de tapar el cielo con la mano. Si se hubiese efectuado un proceso correcto al momento de conocer las situaciones, se podría haber evitado el que otras personas se vieran afectadas por estos ofensores. Si como usted dice, se han ido identificando a estos sujetos y extirpado de la Iglesia, se le reconoce su trabajo pero no se le puede aplaudir por ello. De ser así, el proceso debe ser uno sumamente burocrático donde no se le ataca con la dureza merecida. El que un sacerdote sea expulsado y excomulgado, no es castigo suficiente y si a eso se le suma que esperaron una eternidad para tomar acción en contra de la persona, pues en realidad el castigo fue simplemente nulo. Si realmente quieren hacer algo por castigar a estos individuos y darle un poco de consuelo a sus víctimas, deberían, al menor indicio de un comportamiento dañino, apartar a estos sacerdotes "sospechosos" de sus labores y, en conjunto con las autoridades civiles pertinentes, iniciar una investigación y procesarlos de ser necesario. El que sean sacerdotes no los hace superiores a nosotros y mucho menos si han cometido actos como los denunciados, por lo tanto, deben responder, al igual que todos nosotros, ante el pueblo y las leyes que rijan el país donde se encuentran.
La discusión acerca del surgimiento de la Iglesia es otro tema totalmente diferente del cual no viene al caso mencionar. Estamos hablando de hombres que cometen delitos como hombres -y, en algunos casos, como animales- y lo hacen contra hombres, por lo tanto deben pagar como hombres y someterse a las leyes de los hombres. Y, aunque es completamente cierto el que son casos aislados que no deben ligarse con la institución, también es cierto que es su deber denunciarlos y procesarlos eficazmente -no de la forma tan vaga como lo hacen-... es aquí donde se encuentra su fallo.
Yo planteo mi punto de vista de manera imparcial puesto que no profeso ninguna religión ni busco dañar a ninguna institución. Muchas gracias por permitirme formar parte de esta discusión.
Respetuosamente,
-Natalia
Hola Natalia,
Gracias por tu comentario el cual fue excelente, balanceado y sin ánimos negativos. Quiero interactuar con los siguientes:
"Mi punto es, que los líderes de su Iglesia debieron, desde un principio, procesar a estos criminales como es debido, en vez de tratar de tapar el cielo con la mano. Si se hubiese efectuado un proceso correcto al momento de conocer las situaciones, se podría haber evitado el que otras personas se vieran afectadas por estos ofensores. Si como usted dice, se han ido identificando a estos sujetos y extirpado de la Iglesia, se le reconoce su trabajo pero no se le puede aplaudir por ello. De ser así, el proceso debe ser uno sumamente burocrático donde no se le ataca con la dureza merecida. El que un sacerdote sea expulsado y excomulgado, no es castigo suficiente y si a eso se le suma que esperaron una eternidad para tomar acción en contra de la persona, pues en realidad el castigo fue simplemente nulo. Si realmente quieren hacer algo por castigar a estos individuos y darle un poco de consuelo a sus víctimas, deberían, al menor indicio de un comportamiento dañino, apartar a estos sacerdotes "sospechosos" de sus labores y, en conjunto con las autoridades civiles pertinentes, iniciar una investigación y procesarlos de ser necesario..."
Una investigacióm somera indica que para los años 40, 50, 60 y 70 el proceso indicado era la terapia freudiana de hablar. Los terapistas del tiempo estaban convencidos de que esto provería la cura adecuada a este mal.
Otra revisión también somera, indica también que otras instituciones eclesiásticas y laicas trataban este problema del mismo modo durante estos años.
Sucede que para finales de la década de los 70 ya todos se empezaron a dar cuenta que la "terapita" freudiana no daba pie con bola y ahí fue que el encubrimiento de estos actos se tornó en histeria con los males ahora de todos conocidos.
Sin embargo, hasta el día, la tasa de acoso y abuso sexual en otras instituciones, educativas en su mayoría, excede a la de la Iglesia. Pero nadie dice nada porque ni conviene a las elites anticatólicas, ni a la prensa amarillista, ni a los sindicatos que protegen esas otras instituciones.
Me consta que la Iglesia, al menos aquí en los EE.UU., ha tomado cartas enérgicas en el asunto hasta el punto que en muchos casos la presunción de inocencia se ha echado a un lado. Ya hay sacerdotes sobre quienes pesan acusaciones falsas que son tratados como delincuentes dentro y fuera de la Iglesia. Ese es otro precio que andamos pagando.
Finalmente, pienso que otra cosa que se ha perdido ha sido la autonomía de las instituciones de la sociedad civil independientes a la del estado y no hablo solamente de la Iglesia. Al perder nuestra capacidad de aplicar la disciplina interna hemos abierto la puerta al estado para imponer su arbitrio. Esto aplica no solamente a la Iglesia, como, pero también a las empresas como GM, y a la banca culpable de los robos que hundieron la economía en el 2008.
Y esto también ha sido otra gran perdida que debe de ser visto en su contexto mayor ya que tiene la misma raíz.
-Theo
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