lunes, agosto 31, 2009

En la mirilla de Bill Donohue la izquierda laicista

Autor: Deal W. Hudson Fuente: InsideCatholic.com Traductor: Teófilo de Jesús

Logotipo de la Liga Católico para la Defensa de los Derechos Religiosos y CivilesEn 1978 un joven estudiante de treinta y pocos años llamado Bill Donohue se encontraba trabajando en un libro acerca de la Unión Americana de Libertades Civiles (“ACLU” por sus siglas en inglés) y para ello fue a la ciudad de Nueva York a entrevistar a su fundador, Roger Baldwin. Donohue le preguntó por qué la ACLU se oponía a un momento de “meditación” silenciosa en los salones de clase del país. Baldwin respondió, “Yo supongo que eso podría permitirse pero es que es un subterfugio, porque implica que uno está meditando acerca del más allá, en Dios, o en algo así.

Ese momento revelador hizo que Donohue confirmara su sospecha de que Baldwin se oponía a un momento de meditación silenciosa porque temía que algún estudiante se pusiera a pensar en Dios y que el impulso de Baldwin y el de la ACLU no era “la separación entre la iglesia y el estado” si no la extinción misma de la fe religiosa.

La entrevista con Balwin le proveyó a Donohue una mirada inolvidable dentro de la psique laicista que le ha servido bien en su calidad de presidente de la Liga Católica para los Derechos Religiosos y Civiles. Es por esto también que en su recién publicado libro: Sabotaje Laicista: Cómo los Liberales Están Destruyendo la Religión y Cultura en América alcanza dos fines de manera mejor que cualquier otro libro en su clase.

Primero, que el libro demuestra cómo el miedo y el odio son lo que mueven la intentona laicista de aplastar la presencia del cristianismo en la sociedad estadounidense. Segundo, que Donohue prueba que el “sabotaje laicista” que él describe es deliberado e intencional.

¿Por qué es esto importante? Yo mismo me lo he preguntado y estoy seguro que Donohue también: ¿por qué los cristianos no han protestado más ruidosamente ante la pérdida de su libertad religiosa y la incesante burla del cristianismo y particularmente del catolicismo que vemos en los medios?

Los fieles cristianos, pienso yo, están más dispuestos a otorgarles a sus críticos el beneficio de la duda al negarse a ver en ellos el tipo de odio contra sus creencias que Donohue revela en su libro. Similarmente, los cristianos muchas veces ofrecen interpretaciones benignas de la agenda laicista, ejercitando de este modo su capacidad para lo tolerancia de una manera que los laicistas aprovechan para ganar credibilidad.

Como lo explica Donohue, son muchos los que se niegan a ver que el liberalismo ha evolucionado del igualitarismo del movimiento en defensa de los derechos civiles a un estado de mera anarquía. Los laicistas de izquierda no están trabajando hacia una visión de un mundo mejor que se “sumió en llamas con la caída del Muro de Berlín, la Unión Soviética y todos los otros paraísos marxistas,” eventos que son la fuente de su desespero: “Que ellos no tienen absolutamente nada que ofrecer en términos de un orden social alternativo no solamente revela su bancarrota intelectual, sino que también explica su cólera. Lo suyo es la venganza de los nihilistas.”

El Sabotaje Laicista excluye poco, si acaso, de su narrativa. Donohue incluye capítulos dedicados al multicultralismo, la política sexual y las artes – primariamente la pintura y la escultura. También los filmes de Hollywood, la Corte Suprema, el Partido Demócrata, el catolicismo y el protestantismo. A través de su narrativa Donohue nos regala con su don para el aforismo perfecto que ilustra los sorprendentes momentos del prejuicio anticristiano que describe. Por ejemplo, este del cual no estaba al tanto durante la controversia generada por la nominación del católico John Roberts a la Corte Suprema de los EE.UU. por parte del ahora expresidente Bush:
Opinó Nina Totenberg, reportera de la cadena de radio pública estadounidense NPR, “No se olviden que su esposa era una alta oficial de una organización pro-vida.” Y de ahí fue a la yugular; “Tiene hijos adoptivos, digo, él es un católico conservador.” ¿Hijos adoptivos? Eso es un signo seguro de que al hombre tampoco le gustaba el aborto. Probablemente cree en Dios también. Cómo Roberts sobrevivió todo esto sigue sin explicación.
Una estrategia que Donohue usa para defender la libertad religiosa y la Iglesia Católica es la de reconstruir y reafirmar el asunto de marras sustituyendo otras religiones, etnias, o íconos sagrados. Este talento le fue de utilidad cuando enfrentaba artistas que profanaban imágenes de Jesucristo o de la Virgen María. Por ejemplo, cuando Donohue le preguntó a una defensora judía de la obra de Serrano, “El Cristo Meado” – un crucifijo sumergido en orina – “si no se sentiría ofendida si alguien pusiese una Estrella de David en un plato de excreta, ella se horrorizó a la mera sugerencia.”

En historia tras historia, Donohue subraya el hecho de que los laicistas a quienes él reta no se atendrían a ridiculizar del mismo modo al judaísmo, al islam o al budismo como lo hacen con el cristianismo. Pero lo que es más problemático es la ausencia de siquiera un simple ejemplo de que sus argumentos tan sensibles hayan cambiado la mente de cualquiera. ¿Por qué los laicistas son tan incapaces de entender el argumento racional? La descripción que Donohue les aplica a aquellos que acusaban a la Casa Blanca del presidente Bush de ser “teocrática” parece apta: “Ellos guardan un odio contra ellos (hacia los cristianos) que es tan ventral que los vuelve locos.”

Aparte de ser la crónica definitiva del ataque laicista contra el cristianismo en los EE.UU., Donohue ha emitido un grito despertador a esos ciudadanos cristianos de corazón blandito que se niegan a ver que por muchas décadas, el cristianismo ha sido designado para la remoción sistemática del espacio público en preparación de su destrucción última.

Si los cristianos de ese país se diesen cuenta de que enfrentan a un enemigo genuino, uno que es motivado por un odio sin disimulo, tal vez la resistencia cristiana sería una más sostenida y vigorosa. Al publicar Sabotaje Laicista, Donohue, uno de los laicos católicos más influyentes en los EE.UU., a devuelto a esos los liberales radicales a quienes ha enfrentado por tantos años el equivalente de un coctel Molotov. Queda por verse si su libro habrá de incitar a otros a seguir su ejemplo. Yo espero que sí, porque Sabotaje Laicista es un libro que no ha podido llegar en un momento más oportuno.

Deal W. Hudson es el director de InsideCatholic.com.

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