sábado, abril 11, 2009

“Vivimos para esta noche”

resurrection icon La lección más imperecedera que nos dejó nuesto Beato, el puertorriqueño Carlos Manuel Rodríguez Santiago, es su amor a la noche de hoy, cuando cantamos el pregón pascual, anunciando al mundo nuevamente que Cristo vive, que ha resucitado de entre los muertos; que con su muerte derrotó la muerte y con su resurrección nos ganó la vida eterna.

La muerte ni tendrá la última palabra ni reirá último.

"Vivimos para esta noche" decía nuestro futuro santo. Esta es la noche del gran pregón, cuando alabamos la misma culpa original que nos hizo caer de la gracia de Dios, culpa a la que llamamos "feliz". En las palabras del  jesuita argentino Padre Guillermo Ortiz:

'Feliz culpa que nos mereció tan grande redentor', canta con gozo extraordinario el pregón pascual anunciando la resurrección de Cristo.

¿Qué pensás de esto? ¿No es un escándalo proclamar feliz la culpa?

¿Pero acaso no es mayor escándalo que el mismo Dios se abaje tanto para sacar al hombre del precipicio en el que ha caído, el abismo del egoísmo y la injusticia, de donde no puede salir jamás por sí mismo?

El egoísmo y la injusticia son tan malos y dañinos para el hombre, que le abortan su destino de felicidad, lo extravían del único camino, el camino del amor.

El que ha probado esta orfandad y extravío, entiende la grandeza y la profundidad del amor que le ofrece la salvación.

Cuando estabas hundido en la miseria del pecado, y probaste la impotencia de tus propias fuerzas para salir del foso de la muerte y suplicaste ayuda y te encontraste con el perdón infinito de Dios buscándote, entonces conocés la profundidad de la misericordia de Dios.

La profundidad del abismo mide también el amor y la condescendencia de Dios con nosotros.

Por eso el pregón pascual canta lleno de gozo: ‘Feliz culpa que nos mereció tan grande redentor’.

Feliz culpa si por ella entendiste que en el pecado no está lo mejor.

Feliz culpa si por ella dejaste de confiar en tu fuerza y en tu capacidad, y pusiste toda tu confianza en el amor de Dios.

Feliz culpa si por ella conozco la magnitud de la misericordia de Dios.

Amados padres, madres, hermanos y hermanas: la noche para la cual vivimos es esta noche. Que el amor del Padre, la paz de Jesucristo Nuestro Señor, y la comunión del Espíritu Santo quede con todos nosotros esta noche santa, dulce, linda y llena de amor.

No hay comentarios.: