sábado, marzo 28, 2009

El Culto Católico

Autor: P. José P. Benabarre Vigo | Fuente: El Visitante

Las religiones se distinguen por su culto y sus creencias. La palabra culto se deriva de la latina cólere, que significa “venerar, honrar”. Y se entiende por culto el conjunto de los dogmas, ritos y comportamientos, especialmente colectivos, con que un grupo humano se relaciona con la divinidad, sea ésta verdadera o falsa.

Es importante notar que hasta ahora, no se ha encontrado tribu o nación alguna que no haya tenido su(s) dioses y cierta clase de culto. Incluso los aborígenes de Kalúmburu, Norte de Australia, que, hasta hace unas docenas de años, aún vivían en la Edad de piedra, tenían sus dioses y su culto. Este fenómeno universal es una buena prueba de la existencia de un Dios creador.

En la Iglesia católica, la única en que se tributa al Dios único y verdadero, un culto digno de su Majestad – en parte requerido por su mismo Fundador – (Lc 22: 19), tiene en la Eucaristía, “el memorial de la muerte y resurrección del Señor, en la cual se perpetúa a lo largo de los siglos el sacrificio de la cruz, su culmen y la fuente de todo el culto y de toda la vida cristiana” (Código de Derecho Canónico 897).

Diversos cultos católicos

Los teólogos distinguen tres clases fundamentales de culto en la Iglesia católica: culto de latría, de superdulía y de dulía.

El culto de latría (adoración del ser supremo), se tributa únicamente a la Santísima Trinidad y a cada una de sus Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

El culto de superdulía (veneración) es el que se tributa a la Santísima Virgen María por su especialísima relación con la Santísima Trinidad, cuyo eterno Logos, se hizo hombre en sus entrañas virginales. Y el de dulía, el que se da a los santos por su prominente santidad y su relación con la Divinidad.

Las tres clases de culto se manifiestan en la fiestas dedicadas a las tres divinas Personas y a los santos, en las oraciones elevadas a la Divinidad en forma de adoración, de petición o de acción de gracias, y en las dirigidas a los santos pidiendo su valiosa intercesión.

El culto ha de ser verdadero

Para que nuestros actos de adoración a la Santísima Trinidad sean bien recibidos, y para que nuestras oraciones a los santos sean aceptadas por ellos y escuchadas por Dios, es necesario que sean hechos “en espíritu y verdad” (Jn 4: 24). Esto supone, al menos, dos cosas: que nuestra primera intención en todo lo religioso que hagamos, sea un acto de adoración a Dios y de servicio a nuestro prójimo; y que en todo nuestro culto no haya nada de supersticioso o idolátrico. En todo esto ha de seguirse a la Iglesia que, por tener la inspiración del Espíritu Santo (Jn 14: 26), y estar totalmente protegida por Jesucristo (Mt 28: 19-20), no puede equivocarse. Es cierto que el único acto cultual pedido por Jesús fue la repetición de la Eucaristía (Misa) (Lc 22: 19), que Él celebró el primer Jueves Santo. Lo demás, que designamos con la palabra liturgia, lo ha ido añadiendo la Iglesia a través de los siglos.

Veneración de las imágenes

Interpretando mal la Sagrada Escritura (como de costumbre), muchos nos tachan a los católicos de idólatras porque, según ellos, adoramos las imágenes del Señor o de los santos.

Fraternalmente, yo quiero decir a esos hermanos nuestros que nos interpretan mal, que en español hay una diferencia esencial entre los significados de las palabras adorar y venerar. Adoramos sólo al Ser supremo, podemos – ¡y debemos! – venerar o respetar nuestra bandera, las fotos de nuestros seres queridos, los hombres y mujeres prominentes que nos han dejado un buen ejemplo. Así sucede con nuestros santos. Los admiramos y veneramos sus imágenes por el ejemplo que nos dejaron de su amor a Dios y al prójimo.

En segundo lugar, Éxodo 20: 3-4, sólo prohíbe hacer estatuas de dioses falsos. De hecho, había esculturas en el templo (Sal 75: 6), y figuras de querubines en el propiciatorio (Éx 25: 18; etc.) Incluso Yahveh está sentado sobre querubines (1 Sam 4: 4), y cabalga sobre ellos (2 Sam 22: 11).

Nosotros tenemos estatuas del Señor, especialmente la Cruz con su cuerpo ensangrentado, para acordarnos de su pasión, y las de los santos para que, al verlos, nos animemos a imitarles.

4 comentarios:

Anonimo Original dijo...

Este fenómeno universal es una buena prueba de la existencia de un Dios creado

Este comentario no hace sentido. Hay muchas explicaciones para el desarrollo del culto religioso de un modo natural. Una simple busqueda en Google del concepto de "Theory of Mind" te guiará a los conceptos necesarios para entender como el ser humano puedo llegar a creer en seres sobrenaturales.

Este comentario no aplica la Navaja de Occam. Cuando existen dos explicaciones, la más sencilla siempre es la correcta. La Navaja de Occam es la base fundamental del pensamiento crítico y científico. Uno no puede aceptar una relación casual si existen otras posibles explicaciones.

Segundo, esta idea no explica porque todas las civilizaciones han desarrollado ideas muy diferentes de lo que es Dios, de lo que este quiere de nosotros y de cuales son sus reglas. Algún patrón deberia existir (adicional al de "existe algo allá afuera") que fuera común entre todas las civilizaciones en la Tierra. Este sencillo dato apunta más a una explicación natural/cultural de la religión que a una universal/sobrenatural.

JORGE dijo...

Definitivamente el ser humano tiene la pulsión de reconocer a un ser supremo.

Te comparto una experiencia reciente:

San Juan Bosco (mi guía espiritual) decía que seamos devotos de la Virgen y de Jesús Sacramentado, y veremos lo que son los milagros.

El sábado estábamos en la Gran Marcha por la Vida, y a las 12m, en pleno Ángelus se formó un impresionante arco iris (la palabra técnica es "halo solar") al rededor del sol, que nos impactó e hizo poner de rodillas.

Se que algunos dirán que es casualidad, pero según la el cálculo de probabilidades, la aparición del arco iris en una ciudad en donde se puede ver este fonómeno una vez cada 30 años, en plena marcha por la vida, a la hora del ángelus, en plena oración a la Virgen pidiendole por los niños por nacer amenazados por el aborto, es demasiada casualidad, para mi es providencia.

Gracias y bendiciones

Anónimo dijo...

jESÚS TAMBIÉN PIDIÓ QUE SE LAVEN LOS PIES EN SU MEMORIA, Y SIN EMBARGO...
NADA.

Teófilo de Jesús dijo...

@Anónimo: Se hace todos los años en la liturgia de Jueves Santo.

-Theo