miércoles, diciembre 31, 2008

Luchar por la paz

Padre Nicolás Schwizer

La Iglesia empieza el año celebrando la fiesta de Santa María, Madre de Dios. Así quiere ponernos, al comienzo de este año, bajo la protección de Aquella que es Madre, no sólo de Dios, sino también de todos nosotros. Además, el mundo cristiano celebra hoy la Jornada de la Paz, instituida por el Papa Paulo VI.

El Papa nos invita, hoy, a todos nosotros a rezar y a luchar por la paz. Todos anhelamos la paz, sobre todo al comienzo del año.

Para construir la paz hay que luchar. Sólo en el cielo poseeremos la paz de Cristo para siempre. Aquí en la tierra es necesario construirla y conquistarla en cada instante. Y para ello hay que luchar.

Cristo es el “Príncipe de la paz”, como lo anunció el profeta Isaías, pero Él es también signo de contradicción. Porque la paz que Él trae, por basarse en el amor, contradice nuestro egoísmo. Por eso, sin lucha no hay victoria sobre el egoísmo, ni amor, ni paz de Cristo.

La paz de Dios no es la paz de los sepulcros, sino una paz viva, fruto de muchas búsquedas, de muchos esfuerzos, de muchas tensiones.

No debemos tener miedo a las tensiones entre hermanos. La paz debemos construirla entre todos, y esto supone necesariamente tensiones. Habrá tensiones, porque cada uno tiene que hacer un aporte distinto a la paz de su país. Y porque cuesta reconocer los límites del aporte propio y la necesidad del aporte del otro.

Sólo Cristo es el “Príncipe de la paz”. En el corazón de todos los demás - de cada hombre, de cada grupo, de cada clase o partido - hay egoísmo y falta de amor. No podemos dividir el mundo entre buenos y malos y entre pacíficos y opresores: todos tenemos un poco de todo.

Tal vez a mí me oprimen en la fábrica o en la oficina, pero quizás yo oprimo también a mis familiares, o a la minoría de mi grupo.

Y el que yo llamo opresor es oprimido, a su vez, por otros más fuertes. Todos tenemos que vencer el germen de opresión que cada uno lleva dentro.

Por eso no hay verdadera paz si no es conquistada entre todos. El orden puede imponerse, la paz no: debe surgir desde el fondo de los corazones, desde la voluntad de respeto mutuo y de colaboración con los demás.

La paz hay que construirla con las armas de la paz. Y Cristo nos prescribe una sola: el amor. Pero un amor como el de Él, que rechaza el odio bajo todas sus formas, también el odio al enemigo. Un amor como el de María, que perdonó a quienes mataron a su Hijo.

Ante la impaciencia por lograr rápidamente una sociedad en la que podamos vivir unidos por una verdadera paz de hermanos, hay quienes que pueden tentarse para acelerar esta paz y olvidarse del amor. Un cristiano nunca puede hacerlo. Un cristiano nunca puede predicar el odio. El odio lleva a la muerte del otro. Y lo que nosotros queremos no es la muerte sino la reconciliación, el perdón, la conversión del que se cierra al amor. Y a nadie se le convierte matándolo, aplastándolo, marginándolo.

Queridos hermanos, pidamos a la Sma Virgen que Ella se nos muestre a todos nosotros como Reina de Paz. Que Ella venza todos los odios, rencores, violencias y anhelos de venganza en los corazones.

Y que Ella, en este año nuevo, nos ayude a construir un mundo mejor y a luchar para convertirlo en una tierra de paz. Que Ella nos ayude a construir esa paz juntos, según el proyecto histórico que Dios tiene para cada uno de nosotros.

Preguntas para la reflexión

1. ¿Ayudo a construir la paz en:

mi familia,

mi trabajo, mi estudio,

mi barrio, mi parroquia?

martes, diciembre 30, 2008

Es Posible la Paz

Amigos, hoy leí este artículo escrito por el Dr. Ángel Cintrón Opio en su bitácora de El Nuevo Día y me gustó tanto que lo tuve que reproducir. Espero lo disfruten.

Isaías 11:6

Es tan fácil dejar de ser idealista, pues después de todo al ser humano se le ha dicho siempre que lo importante es vivir con los pies sobre la tierra.  Lo contrario, o sea imaginar un mundo  sin guerras, sin amos y sometidos, un mundo justo, en el que la comida alcance para todos y que el oro destinado a crear bombas y balas pueda usarse para fertilizar tierras yermas, sólo cabe en las mentes de los que escribimos poesías y de los que componen música y escuchan coros sublimes, dicho de otro modo, en las mentes de individuos con un pie en este mundo y otro en el Nirvana de su imaginación.'

Ya quisiera yo ver más locos cuerdos, llenos de compasión y de la suficiente dósis de inocencia como para creérse que en este mundo definido por la injusticia y el contrasentido es posible el amor y la paz. Cuando leo noticias sobre África, del conflicto Palestino-Israelí y de los secuestros por parte de guerrillas que piensan que a mayor dolor y desesperación causada a las víctimas de sus actos, mayor es  la capacidad de avanzar su causa, concluyo que lograr la construcción  de la paz, es una tarea que no puede posponerse ni un segundo más.

Cuando el ser humano entienda que un trozo de pan compartido, sabe mejor y alimenta más que fastuosos banquetes que ignoran a los que serían felices con las migajas que caen de esas mesas, el ser humano encontrará la ruta del sol. Siempre he pensado que las personas estamos hechas de sangre, de huesos, de tejidos blandos, de sangre y también de espíritu y de poesía. Y si no estoy equivocado, entonces debe ser posible que mi corazón y el tuyo se emocionen ante la mirada de una madre que sufre y ante el paso lento y cabizbajo de un niñito aturdido por la soledad causada por la muerte de sus padres.  Debe ser posible también que nos emocionemos hasta el ahogo, por el grito desesperado de alguien que vocifera dolores y penas  en un idioma foráneo,  en un idioma cuyas palabras no entendemos, pero que se nos mete por el alma y transcribe su mensaje de forma increíble.

Hasta que tú y yo entendamos el por qué de las lágrimas de un viejo enfermo, hasta que entendamos la entrega santa de un sacerdote, un monja, un misionero protestante, un budista compasivo, un  musulmán humilde como el polvo y un judío  consagrado en cuerpo y alma a construir un mundo mejor, como lo dicta su Sagrada Torah, no estaremos en la sintonía que nos permite comprender a qué hemos venido a este mundo.

La paz no se cose con hilos de plata, ni se alcanza cortando piedras preciosas  ni  doblegando metales carísimos,  que van a parar a los escaparates de las tiendas de las  grandes ciudades del mundo, en las cuales los ricos ven lujo y estatus y los pobres ven destellos que les hieren sus pupilas. La paz hay que cocinarla en el alma y en la voluntad de los seres humanos, como tú, él, ella, aquél, nostros y yo. La paz cuesta renuncia, exige comerse la mitad de lo que tenemos derecho a consumir, require humildad, demanda que entiendas que uno es el río, y muchos los tributarios.  La paz hay que buscarla entre las espinas de las rosas, caminando descalzo entre los carbones encendidos de las injusticias y los abusos. Hay que pelearla con las antorchas de la los valores y la fé y hay que matizarla con música bella, la música que producen los gemidos de los agradecidos y las cascadas de lágrimas al caer sobre los pechos de los que lloran de soledad. Y para concluir con un mensaje de paz en esta Navidad,  me parece importante decirte que una vez pruebes los néctares y los licores divinos de la renuncia y la entrega, serás feliz como una lluvia de mariposas enamoradas, y sólo porque te  habrás apertrechado de las armas más ponderosas del mundo; la sonrisa y los abrazos. Que la paz viva en ti con la misma persistencia que tienen las  mañanas  al llegar cada día,  cuando los oscuros tules de la noche se dejan rajar por la luz de un nuevo día.

Con amor Angel - contáctame en angelcintron@yahoo.com

lunes, diciembre 29, 2008

Recordamos hoy a Santo Tomás Becket

Nació en Londres, Inglaterra, en 1118 y murió en Canterbury, en 1170; Canonizado en 1173.

Tomás nació en una familia trabajadora, fue bautizado el mismo día. Se educó con los monjes en la abadía de Merton en Surrey, después en Londres y mas tarde en la Universidad de París. Era guapo, amistoso, le gustaba el buen vestir y el deporte. Al mismo tiempo era un hombre puro y le gustaban las cosas de Dios.

Al morir su padre se quedó en aprietos económicos por lo que desde 1142 fue empleado en la corte del Arzobispo Theobald de Canterbury. Su nobleza, sagacidad y capacidad le ganaron la confianza del arzobispo. Juntos viajaron a Francia, Roma y otras partes del continente. Llegó también a ganarse la amistad del rey. Tomás obtuvo permiso para estudiar ley canónica y civil en Bologna, Italia y en Auxerre.

En 1154, siendo aun joven, fue ordenado diácono y nombrado Arch-Diácono de Canterbury. En esta posición fue negociador de los asuntos de la Iglesia con la corona. Tomás convenció al Papa Eugenio III de no reconocer la sucesión de Eustace, hijo del Rey Esteban de Blois. Esto aseguró el derecho de Enrique de Anjou al trono como Enrique II.

Al año siguiente (1155), por sugerencia del Arzobispo Theobald, Tomás fue elegido como canciller de Inglaterra, puesto en el que sirvió lealmente a Enrique II por 7 años. Su deber era administrar la ley y lo hizo con sabiduría e imparcialidad. Pero el rey tenía oscuros intereses sobre la Iglesia. Tomás, comprendiéndolo, le dijo: "Si me haces Arzobispo te arrepentirás. Ahora dices que me amas, pero ese amor se convertirá en odio". Así ocurrió. Renunció a su puesto de canciller y fue ordenado sacerdote el día antes de su consagración episcopal. Lo nombraron Arzobispo en 1162 y desde la consagración episcopal se entregó por completo a servir al Rey de Reyes, donde la gloria está en la humildad y la disciplina. El mismo dijo que pasó de ser un seguidor de sabuesos (referencia a la cacería) a un pastor de almas. Desarrolló un profundo amor por la Eucaristía hasta el punto que a veces lloraba le salían lágrimas durante la misa. Cada noche cantaba el Oficio Divino con los monjes.

Habían muchos abusos en la Iglesia que debía rectificar. Uno de los puntos de conflicto con el rey fue la cuestión de las respectivas jurisdicciones de la Iglesia y del estado sobre miembros del clero acusados de crímenes y la libertad de apelar a Roma.

En la famosa asamblea de Northampton, en 1164, Tomás se enfrentó con sus adversarios. Ante las amenazas contra su vida se mantuvo firme, lo cual irritó al rey hasta el punto que le dijo: "Tu eres de los míos, yo te elevé de la nada y ahora me retas". Tomás le respondió: "Señor, Pedro fue elevado de la nada y sin embargo gobernó la Iglesia". "Sí", contestó el rey, "pero Pedro murió por su Señor". "Yo también moriré por el cuando llegue el momento".  "¿Entonces, no cederás a mi?, preguntó el rey. "No lo haré", respondió Tomás. Thomas optó por el exilio en Francia antes que ceder al rey sobre los derechos de la Iglesia. Allí estuvo seis años. Por la recomendación del Papa entró en el monasterio Cisterciense en Pontigny, hasta que el rey amenazó con eliminar a todos los monjes cistercienses de su reino si continuaban protegiendo a Tomás. Entonces, en 1166, se mudó a la abadía de San Columba Abbey en Sens, que estaba bajo la protección del rey Luis VII de Francia.

Ambos lados apelaron al Papa Alejandro III, quien trató de encontrar una solución. Por fin, el rey de Francia persuadió a Enrique II a ir donde Tomás y hacer las paces. Enrique reconoció la demanda de Tomás de que se respetara la libertad de apelar a Roma y pensó que, al regresar a Inglaterra, Tomás no continuaría exigiendo los derechos de la Iglesia. Sin embargo, pronto tras Tomás regresar a su patria, el 1 de Diciembre de 1170, comenzaron otra vez las discusiones. Cuando Enrique escuchó, desde Normandía, que el Papa había excomunicado a los obispos recalcitrantes por usurpar los derechos del obispo de Canterbury y que Tomás no los soltaría hasta que prometiesen obediencia al Papa, se encolerizó y dijo: "¿No hay nadie que me libre de este sacerdote turbulento?" Estas palabras motivaron a cuatro caballeros que le escucharon y decidieron tomar el asunto en sus manos. Era Adviento, cerca de Navidad. El 29 de Diciembre de 1170, los cuatro caballeros con una tropa de soldados se apareció en fuera de la Catedral de Canterbury exigiendo ver al arzobispo.  Los sacerdotes, para proteger a Tomás le forzaron a refugiarse en la Iglesia. Pero Tomás les prohibió bajo obediencia cerrar la puerta: "Una iglesia no debe convertirse en un castillo" les dijo.

"¿Por que se portan así, que temen?" les preguntó. No pueden hacer sino lo que Dios permite. En la penumbra de la iglesia, los caballeros reclamaron: "¿donde está el traidor, donde está el arzobispo?". "Aquí estoy", dijo Tomás, "No traidor, sino un sacerdote de Dios. Me extraña que con tal atuendo entren en la iglesia de Dios. ¿Que quieren conmigo?" Uno de los caballeros levantó la espada como para atacarle, pero uno que andaba con Tomás le protegió del golpe con el brazo. Los cuatro caballeros arremetieron entonces juntos y le asesinaron en los peldaños de su santuario. Mientras moría bajo los golpes, Tomás repetía los nombres de los arzobispos asesinados antes que el: San Denis, San Elphege de Canterbury. Entonces dijo: "En tus manos, Oh Señor, encomiendo mi espíritu".  Sus últimas palabras, según un testigo, fueron: "Muero voluntariamente por el nombre de Jesús y en defensa de la Iglesia".

El crimen causó indignación en toda la Cristiandad. El rey Enrique fue forzado a hacer penitencia pública y construir el monasterio en Witham, Somerset.

Muchos milagros ocurrieron después de la muerte del santo. En 10 años, se archivaron 703 milagros. Tomás Becket fue aclamado como santo por Alejandro III dos años después de su muerte.

El traslado de sus reliquias a un nuevo y esplendoroso santuario ocurrió en 1220 (Julio 7) con la concurrencia de gente de toda Europa.  

400 años después de Sto. Tomás, otro monarca inglés, Enrique VIII, quiso hacerse cabeza de la Iglesia por lo que rompió la unidad y persiguió a los fieles católicos. La ruptura culminó en la instalación de Crammer como arzobispo de Canterbury en 1533.  San Tomás Becket fue sacado del calendario de los santos de Inglaterra, su santuario, que había sido un importante centro de peregrinación por mas de tres siglos, fue arrasado y las reliquias fueron quemadas (algunos dicen que se transfirieron a Stoneyhurst).

En la actualidad muchos gobiernos una vez mas se oponen a que la Iglesia proclame la verdad sobre el hombre y la sociedad. Una vez mas se requieren hombres y mujeres santos que sean fieles en las pruebas como Santo Tomás Becket.

Oración:
Señor Jesús, danos la gracia de ser valientes en el cumplimiento de nuestra vocación como lo fue Santo Tomás Becket para no ceder ante las presiones de los intereses mundanos.

Fuente: Corazones.org

sábado, diciembre 27, 2008

¡Me pegué en la lotería de Merton!

Amigos, hoy fui a mi librería católica favorita y cuando fui a la sección de libros usados me encontré con que alguien se había librado de sus libros de Tomás Merton. Su pérdida fue mi ganancia. Vean:

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¡Véngan con papi! Eso fue lo que dije. Ahora, gracias al Señor, poseo la mayor parte de las obras principales de Merton y unas cuantas acerca de él. Así es como luce ahora la tablilla de Merton en mi librero:

 

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Solamente el de la Madre Teresa no pertenece ahí - ¿o sí?

Doy gracias al Señor en este día en el cual recordamos su Apóstol Juan, quien de entre los evangelistas se elevó a las más grandes alturas, que he recibido las gracias de la oportunidad y los medios para adquirir estos libros. ¡Loado mi Señor!

viernes, diciembre 26, 2008

Mi oración por ti esta Navidad

Amigos, hago mía esta plegaria de Chloe West y la pido por todos ustedes, en Cristo Jesús Nuestro Señor, Amén.

Hola. Me dirijo a ti con mucho cariño. Ningún regalo podría llenarte el corazón de tantas bendiciones como mereces. Por eso esta Navidad te ofrezco una oración: pido a Aquel que nos conoce a todos que te dé lo mejor de lo mejor.

Como Él tiene un corazón de oro y sabe todo lo que necesitamos, desea darnos muchos tesoros espirituales.

En primer lugar, ruego por que tengas felicidad; no una felicidad motivada por algún acontecimiento o por una adquisición muy anhelada, sino una dicha profunda y constante que no dependa de que pase algo fuera de lo normal. La Biblia la llama gozo, y esa es mi oración por ti: que tengas un gozo que perdure aun cuando las circunstancias no sean las ideales.

Seguidamente, pido que tengas paz interior. No pienses: «¡Qué aburrido!», porque no me refiero a una vida monótona, una sensación de vacío o una ausencia de actividad y estímulo. Quiero que tengas la tranquilidad de que todo está en manos de Dios y de que Él no va a permitir que te ocurra nada que entre los dos no puedan solucionar. Esa certeza te permitirá mantener la serenidad aun cuando estés trabajando arduamente o bajo presión. Se trata de una paz profunda que sólo puede proceder de nuestro Creador.

Mi oración estaría incompleta si no pidiera que no te falte fe. Hay quienes piensan que tener fe es cegarse a la realidad, pecar de optimismo y negarse a encarar los hechos.

Pero la auténtica fe, la que yo te deseo, se basa en tres magnificas realidades: Dios, Su amor y Sus promesas. Por ella sabrás que Dios solo quiere lo mejor para ti y que tiene poder para materializarlo. Puedes adquirir esa clase de fe leyendo Su Palabra y descubriendo en tu corazón la seguridad que es cierta. Esa es la fe que mueve montañas.

Pido a Dios que te ilumine, para que observes la vida que te rodea y luego alzas la vista al Cielo y halles allí las soluciones, las explicaciones y la orientación que necesitas; que te dé prudencia, paciencia y fe en los demás, y te guíe en los momentos difíciles.

Por último, ruego que haya amor en tu vida: amor intenso, amor desbordante, amor paciente, amor prudente, amor tierno, amor divertido, amor emocionante, amor decidido, amor constante, amor fuerte, amor alentador, el amor de Dios en sus mil y un aspectos fascinantes.

Dios vino al mundo como un recién nacido precisamente por eso: para darnos felicidad, paz, fe, soluciones y, lo más importante de todo, amor.

Así pues, mi plegaria es que esta Navidad experimentes todo esto en mayor medida que nunca. Que des cabida en tu vida a ese Niño y Su mensaje, que recibas en tu corazón a Jesús, creas Sus promesas y descubras todas las maravillas que te tiene reservadas.

Pido todo eso para ti porque sé que Jesús quiere dártelo de todos modos, pues Él te ama, y yo también.

Gracias, Romualdo, por compartir esta plegaria.

jueves, diciembre 25, 2008

Gaudete! Christus Natus Est! Gaudete!


Kalenda o Proclama de Navidad

En el año 5199 de la Creación del mundo, cuando al principio creó Dios el cielo y la tierra; en el 2957 del diluvio; en el 2015 del nacimiento de Abrahán; en el 1510 de Moisés y de la salida del pueblo de Israel de Egipto; en el 1031 de la unción del rey David; en la semana 65 de la profecía de Daniel; en la Olimpíada 194; en el año 752 de la fundación de Roma; en el 42 del imperio de Octavio Augusto; estando todo el orbe en paz; en la sexta edad del mundo: Jesucristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre, queriendo consagrar al mundo con su misericordiosísimo Advenimiento, concebido por el Espíritu Santo, y pasados nueve meses después de su concepción, nació, hecho Hombre, de la Virgen María, en Belén de Judá.

Nosotros, la Familia Vega, queremos desearles a todos nuestros lectores una Feliz Navidad, llena de paz y ricas bendiciones.

miércoles, diciembre 24, 2008

Recuerdan a Sor Anita Mosley

Autor: Amado Vega Velázquez | Fuente: El Visitante

image Con la celebración de la Eucaristía, decenas de estudiantes y maestros del Centro San Francisco conmemoraron el octavo aniversario de difunta de Sor Anita Mosley. La religiosa, una de las fundadoras de la institución académica que sirve a personas de escasos recursos económicos en Ponce, murió el 25 de noviembre de 2000 a consecuencia de problemas de salud.

“Sor Anita Mosley fue una de las fundadoras del Centro San Francisco. Hace 35 años ella estaba aquí en la Parroquia Santa Teresita y pidió permiso a la orden de las Josefinas para evangelizar y preparar a los niños para que hicieran la primera comunión en el barrio Tamarindo”, sostuvo Lourdes Pérez Rivera, directora del Centro San Francisco.

“Allí se dio cuenta la necesidad que había no sólo de catequizar sino además de educar a los niños de este sector y se fundó el Centro San Francisco. Lo que comenzó por un deseo de catequizar se convirtió en una institución educativa que hoy continúa activa”, añadió.

Enclavado en una estrecha cuesta del barrio El Tamarindo de Ponce y rodeado en su mayoría por pequeñas casas de madera, el Centro San Francisco sirve a 345 niños y jóvenes económicamente desventajados. En la institución educativa se ofrece desde pre kinder hasta cuarto año. Además, cuenta con un programa dirigido a desertores escolares. A lo largo de la historia del Centro San Francisco se han graduado 435 alumnos.

De acuerdo a Pérez Rivera una de las aportaciones más significativas de Sor Anita fue lograr que la educación estuviera al alcance de todos, incluso de los menos aventajados. “Sin la misión de Sister Anita la vida en el Tamarindo hubiera sido diferente. Ella concienzó de que con la educación se consigue el trabajo y el pan nuestro de cada día. Ella siempre tuvo fe en los que tenían menos y sembró la semilla del conocimiento. Creía en que podían cambiar su vida y luchó para que tuvieran la oportunidad de hacerlo”, indicó.

La Misa la celebró el Obispo de Ponce, Félix Lázaro junto al Padre Aníbal Rosario, en la Parroquia Santa Teresita de Ponce. En la homilía, el Obispo comparó a Sor Anita con la mujer de las Escrituras que ofrendó todo lo que tenía.

“Ella (Sor Anita) lo dio todo a los pobres fundando el Centro. Gracias a la generosidad y entrega de ella se levantó esa institución para beneficio de los niños del Tamarindo. Por eso hoy la recordamos confiados en que el Señor la haya premiado con su estancia en el Cielo. Demos gracias a Dios por este modelo de sencillez que tuvimos en Sor Anita”, dijo Monseñor Lázaro.

Junto al altar se observó una foto de Sor Anita adornada con flores rojas y blancas. Al concluir la Misa, los presentes disfrutaron de refrigerios en el patio de la iglesia.

Comentario. Yo tuve el privilegio una vez de conocer a “Síster Anita.” Mi primo Danny me llevó una vez al Centro San Francisco “para ayudar.” Yo estaba empezando como en octavo grado, Recuerdo la residencia humilde de la monja a quien espié en su cuarto. Parecía algo cansada. Yo me dediqué a catalogar unos pocos libros en la biblioteca, mecanografiando las tarjetas de circulación. En el lugar me sentí conmovido ante tanta necesidad.

Hoy reconozco que estaba ayudando a una santa. ¡Qué privilegio!

martes, diciembre 23, 2008

No al Antisemitismo y a la Judeofobia – Parte VI – Excurso sobre el padre Julio Meinvielle

El Gran Exculpador

Padre Julio Meinvielle Amigos, continúo con la polémica en contra del blog Santa Iglesia Militante y su postura antisemita, judeofóbica y pseudocatólica, así como de blogs afines que, desgraciadamente, también existen. La existencia de esas pobres bitácoras son una muestra más del “otro extremo” de la confusión que reina entre tantos católicos latinoamericanos referente al origen, propósito y fin del cristianismo católico e ignorancia imprudente de la naturaleza y funciones de la Iglesia jerárquica instituida por Cristo. Son el reflejo igual pero opuesto de la extrema izquierda ideológica que vaporiza a la Iglesia con su compromiso con el mundo y el análisis marxista.

Hemos visto esas idénticas tendencias en el rechazo contínuo que estas almas enfermas – como las hubiese llamado el estudioso estadounidense William James – hacen del magisterio papal de Pío XII, del Beato Juan XXIII, de Pablo VI, Juan Pablo Magno y Benedicto VI y por supuesto, del magisterio extraordinario e infalible del Concilio Vaticano II. Es el mismo dulce con diferente palito.

Los antisemitas tienen sus propias autoridades y entre ellas destaca una figura a quien el bitacorista de Santa Iglesia Militante refiere a sus lectores con frecuencia como la autoridad “teológica” que le absuelve de su autosemitismo y quien le permite ser como es sin que intervenga una conciencia molestosa. Me refiero a los escritos del sacerdote argentino Julio Meinvielle y particularmente su libelo El Judío en el Misterio de la Historia. Es por eso que no voy a discutir, como tenía pautado, el por qué el antijudaismo y antisemitismo desplegado por estos señores es pecado mortal. De hecho, para que un pecado sea “mortal” su materia tiene que ser grave y en el caso del antisemitismo y la judeofobia la materia grave sobreabunda. Así que permítanme discutir bien brevemente a este sacerdote Julio Meinvielle y a su obra para desmontar su “autoridad” frente a la doctrina expresa y auténtica de la Iglesia.

Si quieres saltar la discusión e ir directamente a la conclusión, baja hasta la sección titulada Juicio Crítico a la Autoridad Teológica del P. Meinvielle.

¿Quién fue el padre Julio Meinvielle?

De unas Notas Biográficas un tanto halagüeñas y de corte hagiográficas, escritas por el sacerdote Dr. Arturo A. Ruiz Freites VE guardadas en el sitio-web dedicado a la memoria del padre Meinvielle encontramos que

Julio Ramón Meinvielle nació en Buenos Aires el 31 de agosto de 1905. Estudió en el entonces Seminario Pontificio de Villa Devoto doctorándose en Filosofía y Teología. Se ordenó sacerdote el 20 de diciembre de 19304. Mientras recopilamos más material acerca de las primeras etapas de su vida, comenzamos aquí a partir del momento en que Julio Meinvielle se asoma a la vida pública eclesiástica y civil en Argentina, cobrando notoriedad El año 1932 es el exordio de su actividad de publicista, comienza a difundir sus escritos y su pensamiento en los que se ocupa desde un primer momento con luminosa clarividencia de la plasmación social y política del cristianismo en la Cristiandad y la “cuestión social” del mundo moderno: en efecto, de esa fecha data la primera edición de su magistral Concepción Católica de la Política, obra de pensamiento ya tempranamente maduro, editada en Buenos Aires por los Cursos de Cultura Católica y que conocería tres sucesivas reediciones en 1941, 1961 y 1974 (póstuma). Un tal libro no nace de la nada, está detrás un ambiente, una actividad intelectual y apostólica, una gran personalidad. En efecto, desde 1922 había comenzado por obra de unos beneméritos pioneros católicos la magna empresa de los Cursos de Cultura Católica que tantos frutos diera para la intelectualidad argentina…Falleció el 2 de agosto de 1973 víctima de un accidente en la avenida Nueve de Julio. El último mes de su vida, que lo pasó postrado en cama, como consecuencia de las muchas fracturas que sufrió al ser atropellado por un auto, sin poder mover más que el antebrazo derecho, se lo pasó desgranando las cuentas del Santo Rosario.

El esbozo biográfico del padre Meinvielle publicado en Filosofía.org también merece ser leído por completo para obtener una información de otra vertiente polar opuesta acerca de este caballero y balancear el cuadro un poco. Les presento un extracto breve:

Presbítero católico argentino y activo ideólogo antisemita, que en los años de la guerra civil española mantuvo polémica con Jacques Maritain, defendiendo la tesis de la guerra civil española como Guerra Santa (→ Qué saldrá de la España que sangra, publicado en 1937 por los Jóvenes de la Acción Católica argentina). Estudiante de Filosofía en el Seminario Pontificio de Buenos Aires, entre sus compañeros de generación deben citarse Octavio Nicolás Derisi y Juan Sepich. En 1934 intervino en la organización de la Acción Católica argentina, y en 1937 fundó la Unión de Scouts Católicos Argentinos (USCA). Fue uno de los fundadores, el 9 de noviembre de 1948, de la Sociedad Tomista Argentina, cuya primera junta directiva la formaban el jurista Tomás Casares como presidente, el entonces canónigo Octavio Nicolás Derisi y el filósofo Nimio de Anquín como vicepresidentes, y el presbítero Julio Meinvielle como secretario. Graciela Ben-Dror, La Iglesia Católica en Argentina y el pueblo judío durante el Holocausto, 1933-1945 (tesis doctoral en filosofía, en hebreo, defendida en 1993 en la Universidad Hebrea de Jerusalén), ha estudiado la influencia que la propaganda antisemita de este prolífico escritor que fue el presbítero católico Julio Meinvielle ha tenido en la Argentina y en otras repúblicas americanas, no sólo en los años del Holocausto, sino más adelante. En los años sesenta Julio Meinvielle fue el adalid espiritual e ideológico del violento y activo grupo antisemita Tacuara, integrado por jóvenes de la oligarquía argentina. Uno de los discípulos de Meinvielle fue Jordán Bruno Genta, autor de Guerra Contrarrevolucionaria: doctrina Politica (Buenos Aires 1965). También ha sido importante la influencia de Meinvielle en el ideólogo nacionalista católico argentino Alberto Buela Lamas (su primer libro, El ente y los trascendentales, 1972, fue apadrinado por un prólogo de Julio Meinvielle), y en su hermano, el presbítero Carlos Miguel Buela Lamas, fundador en 1984 del Instituto del Verbo Encarnado (autor de un opúsculo in memoriam de Meinvielle). Para sus trabajos recibió Meinvielle apoyo de la Fundación Pérez Companc. Colaboró en la revista Mikael (editada en Paraná, Provincia de Entre Ríos) y en Gladius…

Síganlo leyendo aquí.

La “Vía Media” del P. Meinvielle

De acuerdo a ambas fuentes, el P. Meinvielle accedió a la fama dentro de lo círculos intelectuales de la Argentina de la década del 1930 a raíz de su disputa con el filósofo tomista francés Jacques Maritain, quien proponía una reconciliación entre el pensamiento tomista y la propuesta del estado liberal, síntesis a la que el P. Meinvielle se oponía tenazmente.

Las polémicas del tiempo fueron complejas y fascinantes y mucho es lo que estaba en juego. Era una era en la cual tanto el fascismo, el nazismo, el liberalismo y el marxismo podían ser discutidos seriamente como soluciones viables, pero contrarias, en las aulas académicas y no solamente en las calles de la Argentina hirviente del primer tercio del siglo XX.

Me parece que el P. Meinvielle buscaba definir por sí mismo una postura “centrista,” una especie de vía media que le permitiese condenar y alabar simultáneamente cualquier objeto de estudio. Por ejemplo, consideren este juicio sobre el fascismo efectuado por el P. Meinvielle que se puede leer en la página 17 de las Notas Biográficas del sacerdote Dr. Arturo A. Ruiz Freites VE :

Ejemplo #1

El análisis y juicio que formulamos aquí del Fascismo tiene en cuenta únicamente su enunciado doctrinario. Considerado así no es posible, bajo el aspecto de la doctrina católica formular de él sino un juicio severo y terminante, ya que es una aplicación a la política del panteísmo hegeliano. Pero el Fascismo puede considerarse también en su realización concreta y entonces no es sino una reacción económico-política contra el demoliberalismo, que puede llegar, no sólo a ser sano, sino hasta católico, de acuerdo al medio en que se desenvuelva. Bajo este aspecto le he considerado en otros libros míos, particularmente en Un juicio católico sobre los problemas nuevos de la política, adonde remito al lector. Recomiendo también el excelente libro de César E. Pico, Carta a Jacques Maritain sobre la colaboración de los católicos con los movimientos de tipo fascista. Con respecto al nacional-socialismo puede verse el libro mío Entre la Iglesia y el Reich.

A todas luces, el P. Meinvielle podía concebir un “fascismo católico” libre de influencias panteístas hegelianas, como reacción sana y hasta católica contra la democracia liberal.

A más de 50 años del fascismo en todas sus facetas y mutaciones el único juicio que yo me atrevo a contraponer es que el fascismo, pagano o bautizado – y últimamente reengendrado en las mezquitas del islamismo terrorista – no ha servido nada más que para matar gente. Ninguno de estos sistemas ha servido al bien social de los pueblos que lo sufren o han sufrido y no comprendo cómo el P. Meinvielle pretende levantarse sobre todos los “-ismos” y sin embargo puede concebir uno que puede ser “bautizado” meramente por ser una reacción contra el “demoliberalismo.”  Esta acrobacia que el P. Meinvielle hace en esa cuerda floja es peligrosa tanto para el malabarista como para los espectadores.

Ejemplo #2

Consideren este otro ejemplo de la propuesta “intermedia” que P. Meinvielle propone, esta vez entre el nazismo alemán y el judaísmo:

La magnitud tan desconcertante de los acontecimientos que se desarrollan en el mundo hace pensar, cada vez más seriamente, que estamos entrando en una época, en la cual los hombres, olvidándose de las diferencias accidentales que siempre los han dividido, como la nación, la clase, la lengua, se sientan divididos por algo más profundo y auténtico como es la sangre que corre por sus venas.

Se pudo creer hasta hace poco que la sangre corría tan mixturada en las actuales generaciones que era cosa completamente absurda clasificar por ella a los hombres.

Sin embargo, yo mismo tuve oportunidad de poner en relieve, cómo hay un pueblo, el pueblo judío, en el cual desde hace 4000 mil años corre la sangre de su Padre Abrahán, y que se mantiene sin contaminarse y sin confundirse en medio de todos los pueblos. La raza judía, la sangre judía, el pueblo judío – dígase lo que se quiera para su gloria o para su vituperio – es inconfundible.

He aquí que es necesario llamar la atención ahora sobre la existencia de otro pueblo antiquísimo y grande, el pueblo germánico, que hoy en el siglo XX de la humanidad redimida, quiere levantar el poderío de su grandeza sobre la pureza incontaminada de su raza y de su sangre, buscando reconstituir lo germánico, lo ario, porque fuera de allí no puede existir nada bueno ni excelente.

Y si hay un problema judío, también se plantea ahora un problema germánico. De este problema quiero ocuparme aquí. Y no para estudiarle en toda su proyección histórica ni en todos sus aspectos sino tan solo, en algo profundo y esencial como es la posición que el pueblo germánico quiere tomar frente a Cristo.

Si Cristo ha dicho y lo ha realizado en los dos mil años de Cristianismo que "'no hay distinción de judío ni griego; ni de siervo ni libre; ni tampoco, de hombre ni mujer; porque todos vosotros sois una cosa en Jesucristo". (San Pablo a los Gálatas, III, 26) es evidente que ha de plantearse un problema angustioso dentro de Alemania, entre aquellos que no quieren conocer más grandeza que el poderío de su sangre y de su raza incontaminadas y aquellos otros que no quieren sino la grandeza de haber sido redimidos con la sangre de Jesucristo. Es evidente que ha de plantearse en Alemania una lucha, lucha gigantesca, la más tremenda quizás de su historia, entre la Alemania que quiere ser pagan, y la que quiere conservarse cristiana, entre la Iglesia y el Reich.

Así comienza un largo ensayo enfocado en el “problema germano” al cual el P. Meinvielle hace moralmente equivalente al “problema judío,” atacando al nacional-socialismo alemán con un ánimo que me recuerda a los escritos de Hillaire Belloc. Se titula Entre la Iglesia y el Tercer Reich. Intuye una postura católica entre el nazismo y el judaísmo a los cuales ve como dos lados de la misma moneda de lo que el P. Meinvielle califica a su modo de ver como “carnal” y “gnóstico.”

Pero no es en este escrito que P. Meinvielle analiza el “problema judío” si no este, el ya mencionado El Judío en el Misterio de la Historia. Es ahí donde el P. Meinvielle  desplegará su teoría de un “antisemitismo intermedio” – aunque el no lo llama así ya que a su modo de ver las cosas, él nunca se vió a sí mismo como un antisemita.

El Judío en el Misterio de la Historia: Una Obra Lamentable

Al intento de mantener un balance entre dos extemos, o de “triangular” extremos opuestos que describí arriba, el P. Meinvielle añade una técnica de retórica que podemos ver en San Pablo y es la de adular al adversario precisamente en el mismo punto que más tarde habría de criticarlo. Sin embargo, el P. Meinvielle lleva a esta técnica a un extremo apabuyante. Esto lo vemos claramente en su libro El Judío en el Misterio de la Historia, escrito en 1936, un libro aparentemente publicado sin autoridad eclesiástica ya que no contiene el nihil obstat ni el imprimatur de rigor que normalmente se ven en libros que transmiten la enseñanza auténtica de la Iglesia y que eran de rigor en aquellos tiempos.

Es una obra peculiar porque es en este libro que, mediante el useo de los estilos previamente descritos, el P. Meinvielle atenta una alquimia literaria en donde logra una amalgama de aparentes puntos de vista opuestos pero desbalanceados. Este desbalance que es a veces discreto, a veces no, impulsa su tesis central de que los judíos, como raza, como pueblo y como individuos, aunque muchas veces son dignos de encomio, son más aun dignos de infamia y desprecio. Vamos a ilustrarlo, empezando por el prólogo, el cual hay que citar casi por completo:

No es posible disimular que el tema del presente libro es sumamente difícil y sumamente apasionante.

Difícil, porque el pueblo judío llena toda la historia de Dios y de los hombres. ¿Qué período de la historia se puede escribir sin mencionar a este pueblo? Sin mencionar a este pueblo glorificándolo o condenándolo, pero es forzoso hacer mención de él. Dos son los misterios de la historia, ha dicho un escritor judío (Ed. Fleg, JESUS RACCONTÉ PAR LE JUIF ERRANT, p. 177): ¡Jesús es un misterio como Israel es un misterio! Y cuando ponéis juntos estos dos misterios, ¿queréis que os diga lo que pasa? Hay un tercer misterio más misterioso, él solo, que los otros dos!

Apasionante, porque ¿quién puede ocuparse del judío sin un sentimiento de admiración o de desprecio, o de ambos a la vez? Pueblo que un día nos trajo a Cristo, pueblo que le rechazó, pueblo que se infiltra en medio de otros pueblos, no para convivir con ellos, sino para devorar insensiblemente su substancia; pueblo siempre dominado, pero pueblo lleno siempre de un deseo insolente de dominación.

Más apasionante aún ahora, porque la dominación de este pueblo, aquí y en todas partes, va cada día siendo más efectiva. Porque los judíos dominan a nuestros gobiernos como los acreedores a sus deudores. Y esta dominación se hace sentir en la política internacional de los pueblos, en la política interna de los partidos, en la orientación económica de los países; esta dominación se hace sentir en los ministerios de Instrucción Pública, en los planes de enseñanza, en la formación de los maestros, en la mentalidad de los universitarios; el dominio judío se ejerce sobre la banca y sobre los consorcios financieros, y todo el complicado mecanismo del oro, de las divisas, de los pagos, se desenvuelve irremediablemente bajo este poderoso dominio; los judíos dominan las agencias de información mundial, los rotativos, las revistas, los folletos, de suerte que la masa de gente va forjando su mentalidad de acuerdo a moldes judaicos; los judíos dominan en el amplio sector de las diversiones, y así ellos imponen las modas, controlan los lupanares, monopolizan el cine y las estaciones de radio, de modo que las costumbres de los cristianos se van modelando de acuerdo a sus imposiciones.

¿Dónde no domina el judío? Aquí, en nuestro país, ¿qué punto vital hay de nuestra zona donde el judío no se esté beneficiando con lo mejor de nuestra riqueza al mismo tiempo que está envenenando nuestro pueblo con lo más nefasto de las ideas y diversiones? Buenos Aires, esta gran Babilonia, nos ofrece un ejemplo típico. Cada día es mayor su progreso, cada día es mayortambién en ella el poder judaico. Los judíos controlan aquí nuestro dinero, nuestro trigo, nuestro maíz, nuestro lino, nuestras carnes, nuestro pan, nuestra l che, nuestras incipientes industrias, todo cuanto puede reportar utilidad, y al mismo tiempo son ellos quienes siembran y fomentan las ideas disolventes contra nuestra Religión, contra nuestra Patria y contra nuestros Hogares; son ellos quienes fomentan el odio entre patrones y obreros cristianos, entre burgueses y proletarios; son ellos los más apasionados agentes del socialismo y comunismo; son ellos los más poderosos capitalistas de cuanto dáncing y cabaret infecta la ciudad.

Diríase que todo el dinero que nos arrebatan los judíos de la fertilidad de nuestro suelo y del trabajo de nuestros brazos será luego invertido en envenenar nuestras inteligencias Y lo que aquí observamos se observa en todo lugar y tiempo. Siempre el judío, llevado por el frenesí de la dominación mundial, arrebata las riquezas de los pueblos y siembra la desolación. Dos mil años lleva en esta tarea la tenacidad de su raza, y ahora está a punto de lograr una efectiva dominación universal.

¡Y pensar que este pueblo proscrito, que sin asimilarse vive mezclado en medio de todos los pueblos, a través de las vicisitudes más diversas, siempre y en todas partes intacto, incorruptible, inconfundible, conspirando contra todos, es el linaje más grande de la tierra! El linaje más grande, porque este linaje tiene una historia indestructible de 6.000 años. El linaje más grande porque de él tomó carnes el Cristo, Hijo de Dios vivo.

Y bien, este pueblo que aquí y en todas partes, ahora y en los veinte siglos de civilización cristiana, llena todo a pesar de ser una infinitésima minoría, ¿qué origen tiene?, ¿cómo y por qué se perpetúa?, ¿qué suerte le cabe en la historia?, ¿qué actitud hay que tomar frente a él? He aquí lo que espero explicar en los capítulos siguientes.

Explicar, digo, porque estas páginas pretenden ser una explicación del judío, y en este caso, la única posible, una explicación teológica. La Teología es la ciencia de los misterios de Dios. Los misterios de Dios son los juicios inescrutables del Altísimo que nos son conocidos cuando Él se digna manifestárnoslos. Sin su manifestación jamás podríamos ni vislumbrarlos. Ahora bien, el judío, como enseña la Teología católica, es objeto de una especialísima vocación de Dios. Sólo a la luz teológica puede explicarse el judío. Ni la psicología, ni las ciencias biológicas, ni aun las puras ciencias históricas pueden explicar este problema del judío, problema universal eterno, que llena la historia por sus tres dimensiones; problema que por su misma condición requiere una explicación universal y eterna, que valga hoy, ayer y siempre. Explicación que, como Dios, debe ser eterna; es decir, teológica.

¿Será menester advertir que estas lecciones, que tocan al vivo un problema candente, no están de suyo destinadas a justificar la acción semita ni la antisemita? Ambos términos tienden a empequeñecer un problema más hondo y universal. En el problema judaico no es Sem contra Jafet quien lucha, sino Lucifer contra Jehová, el viejo Adán contra el nuevo Adán, la Serpiente
contra la Virgen, Caín contra Abel, Ismael contra Isaac, Esaú contra Jacob, el Dragón contra Cristo. La Teología Católica, al mismo tiempo que derramará la luz sobre "el misterio ambulante" que es todo judío, indicará las condiciones de convivencia entre judíos y cristianos, de pueblos hermanos que han de vivir separados hasta que la misericordia de Dios: disponga su reconciliación.
(pp 8-10)

Y en su prólogo a la tercera edición, en 1959, reafirma sus convicciones de los previos 20 años:

La primera edición de mi ensayo tiene ya más de veinte años. Pero su posición no ha cambiado en lo más mínimo. Ni podrá cambiar. Al examinar la razón del problema judío -que es un problema tan fundamental como la historia misma- hemos tratado sobre todo de determinar su raíz. Y ella no está en la economía, ni en la política, ni en la sociología, ni en la antropología, sino únicamente en la teología. El pueblo judío es un pueblo sagrado, elegido por Dios de entre todos los pueblos para cumplir la misión salvífica de la humanidad, cual es la de traernos en su carne al Redentor, Y este pueblo se ha hecho, en parte, infiel a su vocación, y por ello cumple en la humanidad la misión sagrada y diabólica de corromper y dominar a todos los pueblos. (p. 12).

Sin embargo, a pesar de este manifiesto típico del Antisemitismo mundial, maniqueo en su manipulación dualista de la historia, lleno de acusaciones y supurando de impotencia y humillación, hay que añadirle pasajes de verdadera sublimidad:

El judío no es como los demás pueblos, que hoy nacen y mañana fenecen; que crean una civilización admirable restringida a un punto del tiempo y del espacio. Recordemos los grandes imperios de los egipcios, de los asirios, de los persas, de los griegos y romanos. Su gloria fue gloria de un día.

El pueblo judío, porción minúscula enclavada en la encrucijada del Oriente y del Occidente, está hecho de pequeñez para llevar el misterio de Dios a través de los siglos. Y para llevar este misterio grabado en su carne.

No debe crear una civilización porque esto es humano, y a él está reservado lo divino. Es el pueblo teológico, que Dios crea para sí. Moisés nos refiere en el Génesis cómo el Señor Dios, 2.000 años A. C., llama al Patriarca Abrahán, que vivía en Ur de Caldea, en la Mesopotámia, y le dice:

l. Sal de tu tierra, y de tu parentela; y de la casa de tu padre, y ven a latierra que te mostraré.
2.Y hacerte he en gran gente, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre,y serás bendito.
3. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditos todos los linajes de la tierra. (Cap. 12).

El pueblo judío, hijo de Abrahán, tiene entonces su origen en Dios,porque Él lo selecciona del resto de la humanidad y porque a Él le promete su bendición en forma tal que en él serán benditos todos los linajes de la tierra. Israel, entonces, es grande, y grande con grandeza teológica. (p. 26)

Y también:

He recordado estas figuras de los antiguos Patriarcas no como evocación literaria, sino porque en el origen mismo del pueblo judío, en Abrahán y en Isaac, está figurada la grandeza y miseria de este pueblo y su oposición con la Iglesia.

El pueblo judío es el linaje teológico, escogido, consagrado, santificado para significar y traernos en su carne a Ese otro que había de venir, al Esperado de las naciones.
He aquí lo tremendo de ese pueblo: su carne está santificada y estigmatizada para traemos a Aquél que es la Verdad y la Vida; que es la Salud de los hombres.

Pero, ¿por qué esta carne es santa? ¿Porque es del linaje de Abrahán, o porque ha de traemos a Cristo?

En otros términos: ¿Es Cristo quien santifica al linaje judío, o es el linaje judío el que santifica al Cristo? (p. 30)

Es algo que, modestia aparte, pude haber escrito yo y de hecho, en otras partes de este ensayo he usado términos semejantes. Lo que demuestra que tanto yo como el padre Meinvielle hemos estudiado la teología católica acerca del pueblo judío en sus fuentes y estamos familiarizados con lo que la Iglesia enseña auténticamente.

Pero después, el p. Meinvielle cae en esto:

Judío fue Judas el traidor,. Judíos, Anás y Caifás. Judío el pueblo que se gozaba con la sangre del Salvador y que exclamaba: Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos. Judíos, los que apedrearon a San Esteban. Judíos, los que dieron muerte al Apóstol Santiago de Jerusalén. Judíos, todos los que acechaban contra la predicación de los Apóstoles. El crimen más grande de todos los tiempos, la muerte del Hombre Dios, ha sido perpetrado por éste pueblo, que mereció por eso el nombre de "pérfido". (p. 30).

A lo que se puede contrarrestar lo siguiente, que ya dije antes: según la carne y su práctica religiosa cotidiana, Nuesto Señor era judío, de la tribu misma de Judá, del linaje de David por su padre adoptivo, San José (San Mateo I: 1-17 y San Lucas III: 23-38). Su Madre, María Santísima, era judía, emparentada con la tribu sacerdotal de Leví a través de su prima Elisabet, casada con el sacerdote arónico Zacarías; la Iglesia se asienta sobre la fe y persona de Simón Bar Joná y de los otros apóstoles, todos judíos. Ellos no dejaron de ser judíos mágicamente para convertirse en católicos gentiles. Ellos no fueron a la iglesia, ellos fueron a la sinagoga. Nuestra Señora nunca rezó un rosario. Ellos fueron tanto judíos como cristianos.

Y por sobre todo se le puede contrarrestar la enseñanza clara de la Iglesia, como lo declara el Catecismo de la Iglesia Católica, algo que tenemos que reenfatizar constantemente:

Los Judíos no son responsables colectivamente de la muerte de Jesús

597 Teniendo en cuenta la complejidad histórica manifestada en las narraciones evangélicas sobre el proceso de Jesús y sea cual sea el pecado personal de los protagonistas del proceso (Judas, el Sanedrín, Pilato) lo cual solo Dios conoce, no se puede atribuir la responsabilidad del proceso al conjunto de los judíos de Jerusalén, a pesar de los gritos de una muchedumbre manipulada (Cf. Mc 15, 11) y de las acusaciones colectivas contenidas en las exhortaciones a la conversión después de Pentecostés (cf. Hch 2, 23. 36; 3, 13-14; 4, 10; 5, 30; 7, 52; 10, 39; 13, 27-28; 1 Ts 2, 14-15). El mismo Jesús perdonando en la Cruz (cf. Lc 23, 34) y Pedro siguiendo su ejemplo apelan a "la ignorancia" (Hch 3, 17) de los Judíos de Jerusalén e incluso de sus jefes. Y aún menos, apoyándose en el grito del pueblo: "¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!" (Mt 27, 25), que significa una fórmula de ratificación (cf. Hch 5, 28; 18, 6), se podría ampliar esta responsabilidad a los restantes judíos en el espacio y en el tiempo:

Tanto es así que la Iglesia ha declarado en el Concilio Vaticano II: "Lo que se perpetró en su pasión no puede ser imputado indistintamente a todos los judíos que vivían entonces ni a los judíos de hoy...no se ha de señalar a los judíos como reprobados por Dios y malditos como si tal cosa se dedujera de la Sagrada Escritura" (NA 4).

Tenemos que escoger entre lo que dice el P. Meinevielle y lo que enseña la Iglesia auténticamente. No entiendo cómo los antisemitas “católicos” prefieren el magisterio singular de un sacerdote despistado confundido por sobre el magisterio extraordinario de los obispos reunidos en Concilio Ecuménico en comunión con el Sucesor de San Pedro. Es algo que me deja perplejo y triste. Pensar así es pensar con la carne.

Por la brevedad de esta serie esto tendrá que servir de muestra de este extraño fenómeno de adular para después destrozar retóricamente al pueblo judío, desvarío que el P Meinvielle repite a lo largo y a lo ancho de esta triste obra. Queda entonces explicar por qué el p. Meinvielle odiaba a los judíos y la Iglesia no. Pero ya lo dije en el capítulo anterior, la triple fuente de esta confusión y de este odio son el diablo, el mundo y la carne. Esta última muestra los efectos de las dos anteriores: las neurastenias, los complejos de persecución y sentimientos de humillación e impotencia; los comportamientos antisociales y la ideación paranoica que lleva al antisemita y judeofóbico a ver conspiraciones donde simplemente existen conexiones menores o imaginarias entre personas o instituciones;  las obsesiones morbosas, la búsqueda de la justificación del odio por el amor aunque parezcan ideas contrarias; el empeño en juzgar al individuo por su etnia y no por el contenido de su carácter; la exégesis selectiva y estrecha de las Sagradas Escrituras que lleva al antisemita a justificar su “santo odio”, todo estas manifestaciones son los frutos que la carne caída hacen crecer en la mente y en el alma del antisemita. Es un tipo de muerte en vida, un estado de coma, una disminución de su capacidad humana de amar y comprender. La carne, en sus desenlaces más extremos, llevó en el siglo pasado a muchas almas enfermas a cometer genocidio como hoy día lleva muchas más al terrorismo. Esto lo dije antes y ahora lo reafirmo con más fuerza aun. La evidencia de confusión y contradicción así lo constata: El Judío en el Misterio de la Historia es una obra carnal que en nada representa la enseñanza auténtica y declarada de la Iglesia Católica.

Estamos listos para emitir un juicio crítico, sumario y provisional del antisemitismo del P. Meinvielle.

Juicio Crítico a la Autoridad Teológica del P. Meinvielle

Inmediatamente nos encontramos con al menos dos limitaciones que nos obligan a estrechar el foco de nuestro juicio crítico del P. Meinvielle. La primera limitación consiste en que no disponemos de un catálogo completo de su obra. Está claro que el P. Meinvielle sostenía opiniones antisemitas en 1937 y tan tarde como en 1959. De ahí en adelante hasta su larga agonía y muerte que siguió su accidente de tránsito en 1973 sus opiniones al respecto no me han llegado. Quién sabe si en su lecho de muerte se arrepintió de su antisemitismo por obra de la gracia de Dios ya que el dolor y el sufrimiento tienden a abrir los ojos de almas selectas que pernoctaron por mucho tiempo en la oscuridad hasta alcanzar a atisbar la luz eterna. Y por esto mismo, este juicio crítico enfrenta una segunda limitación de carácter trascendental: no busco emitir un juicio sobre el destino eterno del P. Meinvielle, ya que bien pudo haber muerto arrepentido y en la gracia de Dios. Este juicio no es nuestro para realizar (San Mateo VII:1 y San Lucas VI:37). Solo Dios ve los corazones (1 Samuel XVI:7) y sólo El puede juzgar infaliblemente el estado alma del P. Meinvielle al momento de su partida y aporcionarle su destino eterno según sus obras.

Así que nos limitaremos a enjuiciar el antisemitismo del P. Meinvielle según se vislumbra en su obras El Judío en el Misterio de la Historia y Entre la Iglesia y el Tercer Reich dentro de su contexto original del primer tercio del siglo XX en Argentina, obras sobre las cuales los bitacoristas de Santa Iglesia Militante y blogs afines se amparan para justificar su antisemitismo y judeofobia. Y este es el veredicto:

  • El problema del P. Meinvielle no consiste en lo que él haya quitado a la doctrina de la Iglesia respecto al judaísmo y al judío, si no en lo que él añadió a esta doctrina. Esto se puede comprobar experimentalmente. Tomen El Judío en el Misterio de la Historia y extráigase toda acusación, vituperio y juicio negativo contra los judíos y el judaísmo contenida en este libelo y lo que resta es la doctrina positiva de la Iglesia. Lo añadido, entonces, es la opinión prejuiciada del P. Meinvielle.
  • El método analítico del P. Meinvielle sufre de un defecto fundamental y este consiste de un dualismo filosófico disfrazado de teología cristiana. El P. Meinvielle propone dos actores supremos, independientes, irreductibles y antagónicos, uno del bien y otro del mal, por cuya acción él explica la historia. En un lado se encuentran los católicos militantes y los “judíos buenos” que se convirtieron de todo corazón al catolicismo, renunciando irrevocablemente a su identidad judía. En el otro se encuentra los judíos en general, particularmente los talmudistas y los militantes en movimientos políticos y sociales de derecha e izquierda, creados o lidereados por judíos creyentes e increyentes, o percibidos como tales, cuya acción colectiva y conspiratoria explica toda la maldad del mundo. La guerra entre ambos actores es sin cuartel y en esta todo intento de diálogo y conocimiento mutuo que no lleve al judío a convertirse al catolicismo es catalogado de traición y capitulación ante el Principio del Mal.
  • El dualismo del P. Meinvielle envicia la moral evangélica, haciéndola imposible. Esto es así porque niega la libertad moral del judío de actuar de otro modo que no sea maléfico mientras este siga siendo judío. Por otro lado, esta moral dañada le concede al católico “militante” amplia libertad de acción para afrontar y reprimir al judío. De hecho, el dualismo del P. Meinvielle lleva lógicamente a una redefinición del principio evangélico del amor-ágape o caritas respecto al judío. Dentro de este esquema, “amar” al judío consiste en insultarle, reprimirle. acusarle de los mil y un crímenes con tal de que la vergüenza lo lleve a arrepentirse y a convertirse a la versión del catolicismo que abrazaba el P. Meinvielle y junto con él otros antisemitas: un catolicismo sin referencia alguna a su raíz judaica y depurado de toda alusión o dependencia con el judaísmo que hace del judío un ouslander a perpetuidad.
  • El dualismo filosófico del P. Meinvielle envicia también su exégesis bíblica. De hecho, hasta donde he podido determinar, el curriculum vitae del P. Meinvielle no incluyó estudios bíblicos formales. Aparte del latín, el P. Meinvielle no parece conocer las lenguas bíblicas fundamentales: el griego, el hebreo, el caldeo, y el arameo. No hay nada en su preparación académica que indique que tiene en su posesión un aparato hermenéutico amplio y maduro que entienda las complejidades del sit en lieben de las culturas y lenguas bíblicas o de las tradiciones que las forjaron, o cómo estas se redactaron en los textos sagrados que ahora tenemos a nuestra disposición. El conocimiento bíblico del P. Meinvielle es entonces de segunda mano e influenciado vastamente por su óptica dualista y antijudía. Esto se ve en la forma que hace hablar al apóstol San Pablo quien, en mi opinión, se hubiera escandalizado y hasta insultado por el uso que de sus escritos hace el P. Meinvielle para justificar el odio – “amor” en su modo ver las cosas – hacia el judío. En El Judío en el Misterio de la Historia no vemos al verdadero San Pablo, si no un facsímil irrazonable manufacturado por el P. Meinvielle a su imagen y semejanza para justificar su judeofobia.
  • El conocimiento acerca del gnosticismo que poseía el P. Meinvielle era incompleto y por lo tanto inconsitente con su propia orientación filosófica. Esta conclusión fluye del empeño que el P. Meinvielle pone en identificar al cabalismo judío como el motor principal del gnosticismo en la historia, ignorando la amplia variedad de escritos gnósticos como el afamado Evangelio de Judas Iscariote o el otro atribuido a Santo Tomás, y muchos que sobreviven hasta nuestros tiempos. Todos tienen un denominador común y es que son fieramente antisemíticos y judeofóbicos. De hecho, fue por la puerta del gnosticismo – movimiento de raíz pagana – por donde el antisemitismo penetró a la Iglesia y a la cultura occidental. El cabalismo judío es una simple adaptación de este vasto movimiento religioso, purificado de su antisemitismo original y luego dado un giro favorable al yahvismo hebreo – algo anatema para los gnósticos originales. Resulta irónico entonces que la cosmovisión antijudía abrazada por el P. Meinvielle así como por tantos antisemitas sea de origen gnóstico y pagana y trágico que la amplia preparación tomística de este sacerdote no lo hubiese capacitado para asumir una posición crítica respecto a sus propias premisas filosóficas fundamentales.
  • La figura sacerdotal del P. Meinvielle no puede ser propuesta como modelo ideal a los creyentes. Este juicio severísimo se desprende de una comparación con otras dos figuras sacerdotales contemporáneas con el P. Meinvielle, queridísimas en la Argentina y en el mundo entero. Una de estas figuras es el Padre José Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt. El contraste entre ellos dos estriba en que mientras el P. Meinvielle coqueteaba con el falangismo argentino, el P. Kentenich estudiaba las consecuencias del movimiento anti-Dios, anti-Israel y anti-Cristo en las paredes del Priestblock del campo de concentración de Dachau. EL P. Kentenich nunca pensó de que el fascismo pudiese ser “bautizado” en el último término, pero que este era una manifestación más del “pensar mecanicista” al que él se opuso con vehemencia durante toda su vida. La otra figura sacerdotal fue la de Karol Wojtyla, a quien según la hagiografía del P. Ruíz Freytes, el P. Meinvielle admiraba cuando Wojtyla era arzobispo de Cracovia. El contraste surge cuando se compara la actividad del P. Meinvielle quien, durante la Segunda Guerra Mundial se esforzaba por dar justificación teológica al antisemitismo argentino, mientras Wojtyla contemplaba de primera mano cómo sus amigos judíos desaparecían de las calles de Cracovia, víctimas de la solución al “problema judío” que tanto los nazis como el P. Meinvielle percibían por igual. Me pregunto cúal habría sido la reacción del P. Meinvielle al ver al arzobispo Wojtyla convertido en el Papa Juan Pablo II, visitando la sinagoga judía de Roma, disculpándose con los judíos por los daños perpetrados por católicos, dando reconociendo diplomático al Estado de Israel y dejando esta oración en el Muro de las Lamentaciones durante su visita a Jerusalén en el año 2000: Dios de nuestros padres, Tú elegiste a Abraham y a sus descendientes para traer Tu nombre a los pueblos. Lamentamos el comportamiento de aquellos que a lo largo de la historia causaron sufrimiento a Tus hijos y pedimos perdón. Pedimos llegar a una confraternidad auténtica con el pueblo de la Alianza [de Abrahán].
  • En fin, que el P. Meinvielle no puede ser propuesto como una autoridad teológica católica bajo ninguna circunstancia. Y no es por la falta del imprimatur o del nihil obstat en sus obras, a pesar de que su publicación fue auspiciada por organizaciones de Acción Católica en Argentina. Esto se desprende de los juicios anteriomente expuestos pero por sobre todo, por el contraste entre el pensamiento del P. Meinvielle y la doctrina auténtica católica según se lee en el Catecismo.

Hay que escoger

No podemos pensar que el Padre Julio Meinvielle fue una persona marginada, aislada de las grandes corrientes de su momento y aislado del acontecer católico en Argentina. Lamentablemente no fue así. Y el mero hecho de que sus escritos careciesen de aprobación eclesiástica formal no significa que su publicación careciese de un “visto bueno” dado tras bastidores por parte de poderosos prelados interesados en el devenir político argentino. En fin, que el P. Meinvielle fue un producto de su época y una encarnación del viejo antisemitismo ibérico con el cual España “adornó” a las Españas de América. Lo vemos en la ultraderecha de Argentina representada en parte por el bitacorista de Santa Iglesia Militante, pero también en la izquierda gangosa de Hugo Chávez. En fin, que el P. Meinvielle, lejos de ser una figura rechazada en su tiempo, fue mas bien respetada y enaltecida en su cultura. Su discurso pasaba como algo “normal” en aquellos tiempos y aun hoy reverbera en una audiencia ansiosa por recibirlo.

Sin embargo la situación del P. Meinvielle en su entorno vital, en su sit en lieben no disculpa sus profundos defectos filosóficos, teológicos y personales. El Evangelio, y la Moral de su Proclamador, toman precedencia ante el discurso defectuoso del sacerdote argentino.

El odio no puede ser redefinido como “amor”. El magisterio de la Iglesia precede al de cualquier sacerdote individual. Para ser buen católico y para salvaguardar el destino eterno de nuestras almas hay que escoger el Magisterio de la Iglesia por sobre la opinión estrecha y mal informada del Padre Julio Meinvielle.

Rechazo universitario a la “perspectiva de género” en las escuelas

Vivian Maldonado Miranda

La ‘perspectiva de género’, reduciendo la diferencia sexual a una construcción social, va en contra de las más elementales evidencias de la razón que tiene en la realidad, y no en las teorías, su objeto propio: la educación y la presión social pueden modelar maneras diferentes de ser hombre y mujer, nunca definen el ser hombre y mujer, que es un dato originario inscrito en la naturaleza y en la realidad humana.

“Una reforma caótica y anárquica, donde prevalecerán opiniones subjetivas y decisiones arbitrarias”.

Así es como la presidenta de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, Marcelina Vélez de Santiago, describió lo que ocurrirá en las escuelas públicas de Puerto Rico, de continuar adelante con las intenciones de incorporar la “perspectiva de género” en todos los currículos del Departamento de Educación (DE).

Las expresiones de Vélez de Santiago surgieron en una carta dirigida al actual Secretario de Educación, Rafael Aragunde, con fecha del 4 de diciembre.

La comunicación solicita que “respetuosamente y en bien de la niñez y de la juventud puertorriqueña” se revoque la Carta Circular número 3 2008-2009, firmada por el actual Secretario el 23 de julio de este año.

El controvertible documento emitido por el DE promulgó la “Política pública sobre la incorporación de la perspectiva de género en la educación puertorriqueña”. Surge luego del contrato que firmó la agencia con la Oficina de la Procuradora de las Mujeres, para institucionalizar la “perspectiva de género” en todos los niveles y programas del Dhepartamento de Educación. El contrato no definió en aquél entonces qué significaría “perspectiva de género”. (Contrato número 2008-00075, del 28 de diciembre de 2007).

Los defensores de esta filosofía a nivel mundial visualizan el “ser hombre” y el “ser mujer” como una “construcción” de la sociedad, o sea, la sociedad lo inventó. La familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer también se considera “construida” (inventada) por la sociedad, donde alegan que se “aprende” el “heterosexismo”.

Así, cualquier convivencia es sólo una “forma de familia” diferente, ya sea entre dos hombres, dos mujeres o polígama. En esa línea, la “orientación sexual” (homosexual, bisexual o heterosexual) es sólo parte de la “diversidad de las personas”. (Ver El Visitante, 15 de junio de 2008: “Peligrosa ideología para las escuelas elementales de Puerto Rico”).

“La ‘perspectiva de género’ es una teoría no claramente codificada, que se encuentra diversamente formulada en distintos autores y es fuertemente discutida, criticada y hasta rechazada en los ambientes académicos de América y de Europa por sus implicaciones antropológicas, psicológicas, filosóficas y teológicas”, declaró Vélez de Santiago.

“La introducción en las escuelas públicas de esta perspectiva se justificaría con el solo propósito de educar a las jóvenes generaciones a la autodeterminación de la propia identidad sexual, independientemente de cualquier dato objetivo, abriendo el camino a la aceptación de cualquier forma de relación afectiva y práctica sexual (homosexual, bisexual, transexual)”, analizó Vélez de Santiago.

“La perspectiva de género no dispone, además, de criterios internos para rechazar la pedofilia, la zoofilia y el incesto, porque también el rechazo a estas manifestaciones sexuales podría ser coherentemente interpretado como un producto socio-cultural que puede ser modificado en cualquier momento”, continuó.

La inclusión de la “perspectiva de género” en los currículos del Departamento de Educación comenzó con la participación de la antigua Procuradora de las Mujeres, María Dolores Fernós, durante las vistas públicas del entonces Proyecto de la Cámara 782, convertido en la ley 108 del 2006 con la firma del gobernador Aníbal Acevedo Vilá.

El proyecto de ley inicial propuso establecer en las escuelas un currículo de enseñanza sobre la violencia doméstica y que como parte del mismo se requiriera la participación de los padres.

Durante su ponencia, la Procuradora de las Mujeres recomendó eliminar el requisito de la participación de los padres, según se desprende del informe rendido por la Cámara el 10 de octubre de 2005 y firmado por la representante Albita Rivera. Además, solicitó que el currículo para las escuelas contemplara la violencia doméstica desde una “perspectiva de género”.

La ley aprobada no adoptó el término “perspectiva de género” propuesto por la Procuradora, sino el de “equidad de género”.

“No hay ninguna evidencia de que la ‘perspectiva de género’ sea una herramienta conceptual capaz de educar al sentido de equidad por género y prevenga la violencia doméstica”, declaró Vélez de Santiago en la misiva al actual Secretario de Educación.

“La ‘perspectiva de género’, reduciendo la diferencia sexual a una construcción social, va en contra de las más elementales evidencias de la razón que tiene en la realidad, y no en las teorías, su objeto propio: la educación y la presión social pueden modelar maneras diferentes de ser hombre y mujer, nunca definen el ser hombre y mujer, que es un dato originario inscrito en la naturaleza y en la realidad humana”.

“Esta perspectiva introduce además una visión dualista inaceptable del ser humano, oponiendo de manera injustificada la dimensión corpórea (sexo) y la dimensión cultural (género), que ontológica e históricamente constituyen una unidad inseparable”, prosiguió.

En efecto, la nueva política pública del Departamento de Educación para todos los grados, incluyendo la escuela elemental, establece que el “sexo” se refiere al concepto biológico [hombre-mujer], mientras que el “género” “es un concepto social que define las identidades adquiridas, aprendidas o asumidas”.

Al respecto, la circular del DE establece que “las diferencias entre los géneros no se deben exclusivamente a una determinación sexual o biológica, sino a la construcción social de las identidades humanas”.

La misiva solicitando al Secretario de Educación que revoque la carta circular fue acompañada por las firmas de las autoridades universitarias, vicepresidentes, decanos, directores de departamento y profesores de la Universidad. Vélez de Santiago informó que se envió copia de la comunicación por fax al actual gobernador de Puerto Rico, Aníbal Acevedo Vilá y al gobernador electo, Luis Fortuño.

- Lea la carta enviada al Secretario de Educación por la Pontificia Universidad Católica

Vídeo – Riu riu chiu

lunes, diciembre 22, 2008

¡Ahora con Twitter!

Amigos, acabo de crear una página en Twitter la cual pueden acceder aquí: http://twitter.com/vivificat. ¡Síganme si gustan!

domingo, diciembre 21, 2008

Cuarto Domingo de Adviento, AD 2008

Lectura del Oficio de Lecturas del Día
Del Comentario del Evangelio de San Lucas por San Ambrosio de Milán

La visitación de la bienaventurada Virgen María

El ángel que anunciaba los misterios, para llevar a la fe mediante algún ejemplo, anunció a la Virgen María la maternidad de una mujer estéril y ya entrada en años, manifestando así que Dios puede hacer todo cuanto le place.

Desde que lo supo, María, no por falta de fe en la profecía, no por incertidumbre respecto al anuncio, no por duda acerca del ejemplo indicado por el ángel, sino con el regocijo de su deseo, como quien cumple un piadoso deber, presurosa por el gozo, se dirigió a las montañas.

Llena de Dios de ahora en adelante, ¿cómo no iba a elevarse apresuradamente hacia las alturas? La lentitud en el esfuerzo es extraña a la gracia del Espíritu. Bien pronto se manifiestan los beneficios de la llegada de María y de la presencia del Señor; pues en el momento mismo en que Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre, y ella se llenó del Espíritu Santo.

Considera la precisión y exactitud de cada una de las palabras: Isabel fue la primera en oír la voz, pero Juan fue el primero en experimentar la gracia, porque Isabel escuchó según las facultades de la naturaleza, pero Juan, en cambio, se alegró a causa del misterio. Isabel sintió la proximidad de María, Juan la del Señor; la mujer oyó la salutación de la mujer, el hijo sintió la presencia del Hijo; ellas proclaman la gracia, ellos, viviéndola interiormente, logran que sus madres se aprovechen de este don hasta tal punto que, con un doble milagro, ambas empiezan a profetizar por inspiración de sus propios hijos.

El niño saltó de gozo y la madre fue llena del Espíritu Santo, pero no fue enriquecida la madre antes que el hijo, sino que, después que fue repleto el hijo, quedó también colmada la madre. Juan salta de gozo y María se alegra en su espíritu. En el momento que Juan salta de gozo, Isabel se llena del Espíritu, pero, si observas bien, de María no se dice que fuera llena del Espíritu, sino que se afirma únicamente que se alegró en su espíritu (pues en ella actuaba ya el Espíritu de una manera incomprensible); en efecto: Isabel fue llena del Espíritu después de concebir; María, en cambio, lo fue ya antes de concebir porque de ella se dice: ¡Dichosa tú que has creído!

Pero dichosos también vosotros, porque habéis oído y creído; pues toda alma creyente concibe y engendra la Palabra de Dios y reconoce sus obras.

Que en todos resida el alma de María para glorificar al Señor; que en todos esté el espíritu de María para alegrarse en Dios. Porque si corporalmente no hay más que una madre de Cristo, en cambio, por la fe, Cristo es el fruto de todos; pues toda alma recibe la Palabra de Dios, a condición de que, sin mancha y preservada de los vicios, guarde la castidad con una pureza intachable.

Toda alma, pues, que llega a tal estado proclama la grandeza del Señor, igual que el alma de María la ha proclamado, y su espíritu se ha alegrado en Dios Salvador.

El Señor, en efecto, es engrandecido, según puede leerse en otro lugar: Proclamad conmigo la grandeza del Señor. No porque con la palabra humana pueda añadirse algo a Dios, sino porque él queda engrandecido en nosotros. Pues Cristo es la imagen de Dios y, por esto, el alma que obra justa y religiosamente engrandece esa imagen de Dios, a cuya semejanza ha sido creada, y, al engrandecerla, también la misma alma queda engrandecida por una mayor participación de la grandeza divina.

Fuente: El Testigo Fiel.

sábado, diciembre 20, 2008

¡Bienvenido al mundo querido nieto!

100_4251Amigos, Iles presento a mi segundo nieto, Liam Alexander, con todas y sus 7 lbs., 13oz (3.17 kgs), y 18" (45.72 cm), nacido anoche. La madre y el niño están bien, mi hijo (su padre) está aturdido y la abuela (mi esposa) feliz y contenta y Víctor, su hermanito mayor, excitadísimo.

Señor, Padre todopoderoso, te damos gracias por habernos dado estos hijos. Es una alegría para nosotros,y las preocupaciones,temores y fatigas que nos cuestan, las aceptamos con serenidad. Ayúdanos a amarlos sinceramente. A través nuestro has hecho surgir vida; desde toda la eternidad tú los conocías y amabas. Danos sabiduría para guiarlos paciencia para instruirlos vigilancia para acostumbrarlos al bien mediante nuestro ejemplo. Fortaleces nuestro amor para corregirlos y hacerlos más buenos. Es tan difícil a veces comprenderlos ser como ellos nos desean, ayudarlos a hacer su camino. Enséñanos tú Padre bueno por los méritos de Jesús tu Hijo y Señor nuestro. Amén

¿Y yo? En estado de choque.

Obviamente, el pasquineo se reducirá por los próximos días.

viernes, diciembre 19, 2008

Los transexuales no existen

Son personas mutiladas, con implantes, pero esencialmente con el mismo sexo natal

Autor: Salvador I. Reding Vidaña | Fuente: Yo influyo.com via Catholic.Net

Para las personas que no están a gusto con su sexo, para aquellas que dicen que están en el cuerpo equivocado, se ofrece la cirugía. Una vez intervenidos quirúrgica y plásticamente, los hombres se vuelven mujeres y viceversa. Pero este cambio es solamente relativo: su real sexo no ha cambiado.

¿Por qué no han cambiado de sexo, si tienen ahora apariencia del otro sexo, y hasta senos y vaginas o penes artificiales? Porque los cambios son estéticos, y en parte hormonales, pero su sexo sigue siendo el mismo. Son personas mutiladas, con implantes, pero esencialmente con el mismo sexo natal.

La esencia de la sexualidad está en los genitales, pero en ellos fundamentalmente en los órganos que producen uno de dos elementos: espermatozoides u óvulos. Mientras un individuo tenga testículos y una próstata que produzcan semen y testosterona, ese individuo seguirá siendo varón. Si le son extirpados los testículos, entonces quedaría relativamente asexuado, pero eso no lo convierte en mujer. ¿Conserva la próstata y/o no tiene ovarios? Es varón, mutilado, pero varón.

Al revés, una mujer a quien le desaparezcan los senos, la vagina y la vulva en particular, aunque le injerten prótesis que simulen dos testículos y un pene, seguirá siendo mujer, en tanto tenga ovarios que producen óvulos y estrógeno. Si éstos le son extirpados, sería también relativamente un ser asexuado, pero eso no la convierte en varón: no tiene testículos, es mujer con apariencia masculina.

Los tratamientos hormonales que reciben los varones que desean ser mujeres, junto con los implantes para hacer crecer los senos y las caderas, redondear las piernas y eliminar vello masculino, no convierten a nadie en mujer. Se trata de un varón con elementos femeninos artificiales. Si le retiran los testículos y el pene, y le hacen un hueco simulando vagina y vulva, seguirá siendo varón con apariencia de mujer: sólo parece mujer.

En resumen de lo anterior: la sexualidad física esencialmente está determinada por la presencia de órganos que producen uno de los dos gametos: espermatozoides u óvulos. La producción de hormonas sexuales puede inhibirse.

Hay otros elementos físicos diferenciales que no se cambian y que difieren entre los sexos, como es la estructura ósea, distinta para hombres y mujeres; un esqueleto puede ser identificado como el de un hombre o de una mujer. No hay cirugía que cambie o modifique esto. Las cuerdas vocales son distintas y cambiarlas de sexo está más que en chino. Esa “manzana de Adán”… delata.

Pero hay algo esencial en la diferencia de sexos, que nadie, ningún cirujano plástico, puede cambiar, y que hace permanente la esencia de ser varón o mujer: el ADN. Veamos una cita del texto “ADN Y MEDICINA FORENSE, Diez años de Experiencia”, escrito por Rosario Alicia Sotelo Lago, Graciela Eleta y Carlos Gatti, de Argentina:

“El ADN es el componente fundamental de los cromosomas y contiene la información hereditaria requerida para transmitir, de padres a hijos, similitudes y diferencias.

“El número de cromosomas de la especie humana es de 46, los cuales se agrupan en 23 pares: 22 de ellos llamados ‘pares autosómicos’ no presentan diferencias de acuerdo al sexo; el restante, el par 23, ‘par sexual’, tiene características diferentes determinadas por cada uno de los sexos. Los 23 pares de cromosomas están contenidos en el interior del núcleo celular”.

Todos sabemos que el ADN, la “huella digital genética” de la persona, se determina en el momento de la concepción y permanece invariable a través de la vida, conservándose en los restos humanos también permanentemente. Por eso, la medicina forense tiene en el método del ADN un aliado excelente.

Supongamos que un cirujano logra implantar funcionalmente a un supuesto transexual los necesarios ovarios o testículos, los del nuevo sexo (que serían ajenos). El testarudo ADN se mantiene en el sexo original. La psique es también muy necia: no cambia, sólo se adapta parcialmente. De hecho, el cerebro tiene algunas características sexuales. Así, el cambio sigue siendo relativo, aunque sea satisfactorio para el paciente y su médico (y su cuenta de cheques).

Bajo estos argumentos, la transexualidad verdadera no existe. Quienes dicen haber cambiado, transmutado su sexo al contrario, de varón a mujer o viceversa, lo han hecho solamente en algunos elementos corporales, pero la esencia de su sexo no ha cambiado; su ADN así lo confirma y su incapacidad de producir los gametos contrarios, espermatozoides u óvulos, les impide cambiar de sexo.

Con un sexo se nace y se muere, aunque se modifiquen las anatomías en buena parte y se produzcan cambios a base de hormonas; las propias, por cierto, seguirán produciéndose en el cuerpo modificado, en tanto permanezcan ovarios o testículos y no sea inhibida su función. La nueva sexualidad relativa solamente puede mantenerse en lo que fue logrado por cirugía, con tratamientos hormonales de por vida (las hormonas naturales son muy tercas).

Quienes se han sometido a las intervenciones plásticas para “cambiar” artificialmente de sexo, pueden estar muy satisfechos(as) con su nueva anatomía, y hasta obtener legalmente su cambio de nombre y sexo, y ser socialmente aceptados(as) en su nueva personalidad, pero no han dejado, esencialmente, de ser lo que nacieron: varones o mujeres.

Todo esto es importante para nuestra sociedad, pues la promoción del argumentado “derecho” a cambiar de sexo, es solamente el apoyo al cambio de partes de la anatomía, sin poder modificar la esencia sexual, con el ADN a la cabeza de todo ello. Hace más o menos felices (¿felices?) a algunos, pero también frustrados de por vida a otros, los tardíamente arrepentidos.

miércoles, diciembre 17, 2008

¡A cantar las siete antífonas mesiánicas!

(Este esbozo sobre las antífonas mayores del Adviento son cortesía del padre Maurice Gilbert y de Sandro Magister de Chiesa.com)

Se cantan una por día, durante el recitado del Magnificat en las Vísperas. Son muy antiguas y valiosísimas, con referencias a las profecías del Mesías. Sus iniciales forman un acróstico. Transcriptas a continuación, con la clave de lectura

ROMA, 17 de diciembre de 2008 – Desde hoy hasta la vigilia anterior a la de Navidad, en el momento que se recita el Magnificat, en la oración de Vísperas del rito romano, se cantan siete antífonas, una por día, cada una de las cuales comienza con una invocación a Jesús, quien en este caso nunca es llamado por su nombre.

Este septenario es muy antiguo, se remite a la época del papa Gregorio Magno, alrededor del año 600. Las antífonas están en latín y se inspiran en textos del Antiguo Testamento que anuncian al Mesías.

Al comienzo de cada antífona, en ese orden diario, Jesús es invocado como Sabiduría, Señor, Raíz, Llave, Sol, Rey, Emmanuel. En latín: Sapientia, Adonai, Radix, Clavis, Oriens, Rex, Emmanuel.

Leídas a partir de la última, las iniciales latinas de esas palabras forman un acróstico: "Ero cras", es decir, "Será mañana". Es el anuncio del Señor que viene. La última antífona, que completa el acróstico, se canta el 23 de diciembre y al día siguiente, con las primeras vísperas, comienza la fiesta de Navidad.

Quien extrajo del olvido estas antífonas ha sido, inesperadamente, "La Civiltà Cattolica", la revista de los jesuitas de Roma que se edita con el control previo de la Secretaría de Estado vaticana.

Es inusitado también el puesto de honor otorgado al artículo que comenta las siete antífonas, escrito por el padre Maurice Gilbert, director de la sede de Jerusalén del Pontificio Instituto Bíblico. El artículo abre el número previo a Navidad de la revista, donde normalmente se publica el editorial.

En el artículo, el padre Gilbert comenta las antífonas una por una. Muestra las riquísimas referencias a los textos del Antiguo Testamento y destaca una particularidad: las tres últimas antífonas incluyen algunas expresiones que se explican únicamente a la luz del Nuevo Testamento.

La antífona "O Oriens" del 21 de diciembre incluye una clara referencia al "Benedictus", el cántico de Zacarías inserto en el capítulo 1 del Evangelio de san Lucas: "Nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tiniebla y en sombras de muerte".

La antífona "O Rex" del 22 de diciembre incluye un pasaje del himno a Jesús del capítulo 2 de la epístola de san Pablo a los Efesios: "El que de dos [es decir, judíos y paganos] ha hecho una sola cosa".

La antífona "O Emmanuel" del 23 de diciembre se concluye al final con la invocación "Dominus Deus noster": una invocación exclusivamente cristiana, porque solamente los seguidores de Jesús reconocen en el Emmanuel a su Señor y Dios.

Aquí entonces, inmediatamente a continuación, los textos íntegros de las siete antífonas, en latín y traducidas, resaltando las iniciales que forman el acróstico "Ero cras" y, entre paréntesis, las principales referencias al Antiguo y al Nuevo Testamento:

I – 17 de diciembre

O SAPIENTIA, quae ex ore Altissimi prodiisti, attingens a fine usque ad finem fortiter suaviterque disponens omnia: veni ad docendum nos viam prudentiae.

Oh Sabiduría que sales de la boca del Altísimo (Eclesiástico 24, 3), te extiendes hasta los confines del mundo y dispones todo con suavidad y firmeza (Sabiduría 8, 1): ven a enseñarnos el camino de la prudencia (Proverbios 9, 6).

II – 18 de diciembre

O ADONAI, dux domus Israel, qui Moysi in igne flammae rubi apparuisti, et in Sina legem dedisti: veni ad redimendum nos in brachio extenso.

Oh Señor (Éxodo 6, 2 Vulgata), guía de la casa de Israel, que apareciste ante Moisés en la zarza ardiente (Éxodo 3, 2) y en el Monte Sinaí le diste la Ley (Éxodo 20): ven a liberarnos con brazo poderoso (Éxodo 15, 12-13).

III – 19 de diciembre

O RADIX Iesse, qui stas in signum populorum, super quem continebunt reges os suum, quem gentes deprecabuntur: veni ad liberandum nos, iam noli tardare.

Oh Raíz de Jesé, que te elevas como bandera de los pueblos (Isaías 11, 10),
callan ante ti los reyes de la tierra (Isaías 52, 15) y las naciones te invocan:
ven a liberarnos, no tardes (Habacuc 2, 3).

IV – 20 de diciembre

O CLAVIS David et sceptrum domus Israel, qui aperis, et nemo claudit; claudis, et nemo aperit: veni et educ vinctum de domo carceris, sedentem in tenebris et umbra mortis.

Oh Llave de David (Isaías 22, 22), cetro de la casa de Israel (Génesis 49, 10), que abres y nadie puede cerrar; que cierras y nadie puede abrir: ven, libera de la cárcel al hombre prisionero, que yace en tinieblas y en sombras de muerte (Salmo 107, 10.14).

V – 21 de diciembre

O ORIENS, splendor lucis aeternae et sol iustitiae: veni et illumina sedentem in tenebris et umbra mortis.

Oh Sol que naces de lo alto (Zacarías 3, 8; Jeremías 23, 5), esplendor de la luz eterna (Sabiduría 7, 26) y sol de justicia (Malaquías 3, 20):
ven e ilumina a quien yace en tinieblas y en sombras de muerte (Isaías 9, 1; Evangelio según san Lucas 1, 79).

VI – 22 de diciembre

O REX gentium et desideratus earum, lapis angularis qui facis utraque unum: veni et salva hominem quel de limo formasti.

Oh Rey de los gentiles (Jeremías 10, 7), esperado por todas las naciones (Ageo 2, 7), piedra angular (Isaías 28, 16) que reúnes en uno a judíos y paganos (Epístola a los Efesios 2, 14): ven y salva al hombre que has creado usando el polvo de la tierra (Génesis 2, 7).

VII – 23 de diciembre

O EMMANUEL, rex et legifer noster, expectatio gentium et salvator earum: veni ad salvandum nos, Dominus Deus noster.

Oh Emmanuel (Isaías 7, 14), nuestro rey y legislador (Isaías 33, 22), esperanza y salvación de los pueblos (Génesis 49, 10; Evangelio según san Juan 4, 42): ven a salvarnos, oh Señor Dios nuestro (Isaías 37, 20).

Fundamentalismo Democrático

Amigos, les invito a que lean este buen artículo de Ignacio Sánchez Cámara, publicado en el blog de Buenas Ideas. He aquí un extracto:

Manifestación pro-Aborto en Buenos Aires el pasado mes de septiembre, 2008. Si cabe una democracia totalitaria, también es posible un fundamentalismo democrático. Una de las anomalías de nuestro tiempo es la pretensión de que el creyente, especialmente si es cristiano, y, más aún, si es católico, no puede ser un ciudadano democrático, y debe ser excluido de la vida pública, a menos que renuncie en ella a sus creencias religiosas.

Es la consecuencia de un equivocado entendimiento de las exigencias de la secularización y de la separación entre Iglesia y Estado. Probablemente se trate de algo peor. El principio democrático que atribuye a cada ciudadano un voto no queda condicionado por la forma en que se haya decidido ese voto.

En una sociedad democrática, no se le pregunta a cada ciudadano sobre la procedencia, religiosa o no, de sus principios, convicciones y valores. Basta con que exponga su posición y razones, sin imponerlas. El problema es que la falacia del laicismo militante pretende que toda creencia religiosa entraña la asunción del fundamentalismo.

En realidad, el fundamentalista es él.

Quizá convenga precisar algo el término.

El fundamentalismo consiste, al menos en su sentido más genuino, en la pretensión de convertir una determinada revelación religiosa, un texto sagrado, en Derecho.

Las leyes jurídicas vendrían así a contenerse en el texto sagrado o en la interpretación dominante de él.

Pero cuando un hombre religioso participa en la vida pública democrática, al menos en España y en las sociedades occidentales, no pretende nada de eso. Se limita a expresar su posición y convicciones.

Igual que los agnósticos o ateos. El fundamentalismo religioso considera que el texto sagrado es el texto legal (en sentido jurídico). Cabría entonces hablar también de un fundamentalismo democrático que pretende lo contrario, es decir, convertir el texto jurídico en verdad sagrada y el Derecho en Moral.

En realidad, estamos ente una interesada y antidemocrática estrategia de exclusión del adversario. La prueba está en que no se le reprocha nada al creyente cuando coincide con la opinión progresista dominante, pero sí cuando se aparta de ella…

Por favor, léelo aquí.