lunes, agosto 28, 2006

Organización "Courage" abre en San Juan

Amigos, de acuerdo a El Visitante Dominical, el Semanario Católico de Puerto Rico:
Ayuda pastoral a homosexuales abre Courage en San Juan

“Queremos dejar claro que por tener atracción hacia el mismo sexo no somos más pecadores que los demás, pero sí debemos buscar las ayudas y herramientas para vivir esta realidad de la manera cristianamente correcta”.

Con estas palabras, el portavoz de la organización Courage en Puerto Rico anunció a El Visitante la apertura del capítulo de San Juan de esta institución, el 7 de septiembre. Courage es un apostolado de la Iglesia Católica Apostólica Romana, aprobado por El Vaticano, para ejercer el ministerio en aquéllos con atracción hacia el mismo sexo y sus seres queridos, según se destaca en la información de la obra.

La institución se fundó en el 1978 por Monseñor Terrence Cardinal Cooke y el Padre John Harvey en Nueva York y hoy cuenta con 95 Capítulos alrededor del mundo. A nivel de los Estados Unidos, posee foros en la web para personas con atracción hacia el mismo sexo, sus familiares y una red para sacerdotes que ofrecen ayuda pastoral a personas con inclinaciones homosexuales. Desde hace dos años, Latinoamérica también cuenta con un foro en la Internet, algunos capítulos en México, y trabajan para establecer el Apostolado en otros países de Centro y Sur América.

“La Iglesia no condena a los homosexuales, lo que condena es el deseo impuro y el acto sexual. Es lo mismo con cualquier heterosexual que tuviera un problema de lujuria: el pecado no es pensar en las mujeres, es cuando llegamos al acto sexual o el deseo del mismo”, comentó quien a su vez prefirió identificarse como Alexis. De acuerdo con Alexis, Courage no es un programa para homosexuales que deseen transformarse en heterosexuales, sino un apostolado para que las personas con atracción hacia el mismo sexo tengan una vida interior de castidad, humildad y santidad de acuerdo a las enseñanzas de la Iglesia Católica. Este fin asegura que puede ser logrado “por la Gracia de Dios”.

El portavoz delimitó que el grupo cuenta con cinco metas principales: castidad, oración y dedicación, compañerismo, apoyo y buen ejemplo. Para ampliarlo, especificó que el grupo intenta vivir una vida casta, de manera que puedan ser buenos amigos de quienes experimentan las mismas situaciones, “acompañando a otros como nosotros, cumpliendo con las normas de la Iglesia, participando de los sacramentos, de la importancia de la Misa, la Confesión y la dirección espiritual”. Del mismo modo, aclaró que aunque la meta principal del apostolado no es la “terapia reparativa” [de cambio], no la descartan.

“Creemos que antes de la terapia, debe reconocerse uno como hijo de Dios, tener conciencia de que somos personas con atracción hacia el mismo sexo, pero que tenemos el deber de vivir una vida Cristiana (…). Luego que la persona se sienta espiritualmente preparada, entonces podemos referirlo a otro grupo que sea de terapia reparativa, si así lo desea. Las metas de Courage y las de la terapia reparativa son diferentes, aunque pueden ser complementarias”, dijo.

El capítulo de San Juan estará bajo la dirección espiritual del Padre Jimmy Casellas. Alexis explicó que se comenzará con un grupo de apoyo con temas catequéticos, enfocados a las metas del Apostolado. “Queremos compartir nuestros testimonios, cómo hemos podido vencer las barreras del diario vivir y ofrecer herramientas de defensa espiritual y psicológica”, añadió.

Asimismo, detalló que se adaptarán los temas de Courage internacional, para ajustarlos a la realidad de los hombres y mujeres de Puerto Rico. Las personas que deseen asistir a las reuniones, ayuda o consejería, se pueden comunicar con Monseñor Emilio Toro en la Vicaría de Pastoral de la Arquidiócesis de San Juan al (787) 727-7373 o enviar un correo electrónico a courage_sanjuanpr@yahoo.com. Para más información, visite la pagina electrónica www.courage-latino.org
Comentario. Buena noticia esta. Ahora los hermanos y hermanas que sufren de esta inclinación tendrán acceso a información cierta y certera, a una alternativa a la basofia homosexualista que los condena a claudicar a la tentación y referirse a las relaciones entre personas del mismo sexo como algo "normal" y hasta querido y bendecido por Dios.

La condición homosexual es una prueba dificilísima para quienes la sufren. No hay que complicarla con esa información falsa que predomina en los medios que lo que lleva es a la destrucción eventual de la persona homosexual en su dimensiones física, psíquica,y espiritual. Adelante, Courage, que su misión informativa y de esperanza es absolutamente necesaria en Puerto Rico hoy día.

viernes, agosto 25, 2006

Jesucristo está de vuelta y, para colmo, es puertorriqueño

Un jú. Seguro que sí.

Amigos, esta mañana en la revista noticiosa matutina de la cadena estadounidense NBC, The Today Show, me enteré que Jesucristo anda otra vez por la tierra, reencarnado--o mejor dicho, fusionado--en la persona del Dr. José Luis de Jesús Miranda. Me enteré que, de acuerdo a las enseñanzas de este señor, quien se hace llamar "Jesucristo hombre," no existe el pecado, no hay necesidad de orar, no existe el demonio--según Miranda, el diablo no es nada más que un personaje de Hollywood--y él y sus seguidores se dedican a atacar otras iglesias y religiones, llamándolas a todas "mentirosas" y apuntando que "todas las mentiras empezaron en Roma." No en balde se ensañan con nosotros más que con las demás.

También anda por ahí podrido en chavos--plata, dinero, en parlanza boricua

¡Pues por supuesto! ¿Qué más se puede esperar?

Vean ustedes mismos el vídeo del Today Show, y la página-web de este cultito. No se asusten por el audio inicial, que es una diatriba--humorosa o no, no lo sé--contra el apóstol San Pedro, de quien dice que fue "peor que Hitler."

Por supuesto, este charlatán no ha sido el único puertorriqueño con alucinaciones mesiánicas. En esta noble empresa le precedió cronológicamente la Congregación Mita, quienes creen que su líder, Aarón, "es es el Profeta, el Instrumento por Dios escogido en este tiempo. Dios lo usa para por su voz limpiarnos, libertarnos de pecado y unirnos en un sólo rebaño."

Es una pena que el nombre bautismal de Aarón fue "Teófilo."

De todos modos y en resumidas cuentas, el "Jesucristo hombre" tiene competencia establecida y a nosotros nos toca escoger entre ese señor y el Espíritu Santo quien una vez habitó en Mita quien ahora habita en Aarón.

¡Ay, bendito! Cristo, el de verdad, dijo:
Entonces, si alguno os dice: ""Mirad, el Cristo aquí"" ""Miradlo allí"", no lo creáis. Pues surgirán falsos cristos y falsos profetas y realizarán señales y prodigios con el propósito de engañar, si fuera posible, a los elegidos. Vosotros, pues, estad sobre aviso; mirad que os lo he predicho todo.(San Marcos 13: 21-23, Biblia de Jerusalén)
Ya hemos sido advertidos. ¡No nos dejemos engañar por estos impostores!

jueves, agosto 24, 2006

El feminismo radical frente al humanismo cristiano: quiénes ganan y quiénes pierden.

Amigos, escribió ayer la dama Amárilis Pagán Jiménez, Directora Ejecutiva del Proyecto "Matria," en ENDI un artículo titulado ¿Ha muerto el feminismo?, en el cual, entre otras cosas dijo lo siguiente:
Ya quisieran eso los fundamentalistas religiosos y quienes viven desde los prejuicios y pasan de generación a generación sus miedos a perder poder y control….¿No existe subordinación cuando encontramos discrimen por razón de género y hostigamiento sexual en nuestros trabajos? ¿No es subordinar a una mujer el someterla a los estragos de la violencia doméstica y que el resto de la sociedad justifique y avale esa violencia? ¿No estamos en un estado inferior ante los hombres cuando se cuestionan nuestras ideas y nuestros pensamientos a base de nuestro sexo? ¿Cuando se nos atribuyen rasgos de carácter a base de una supuesta naturaleza femenina? ¿Y cuando se nos juzga por decidir trabajar en lugar de criar a nuestros hijos? ¿No es acaso subordinación el obligarnos a parir y pretender quitarnos el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos? Ningún hombre aceptaría tal sometimiento. Las mujeres tampoco deberían.
Lean el artículo entero aquí.

En Puerto Rico se ha vuelto bien popular culpar a los "fundamentalistas religiosos" de un montón de cosas y de convertirlos en "chivos expiatorios," de cuanto obstáculo nuestra vanguardia de progresistas ilustrados se tropieza en su empeño de reconstituir nuestra sociedad a imagen y semejanza de sus valores.

Amigos, miren, yo tampoco quiero el discrimen contra la mujer, ni que se le acose, asedie, subestime, estereotipe y prejuzgue por nada ni por nadie, como tampoco me gusta que se me acose, asedie, subestime, estereotipe y prejuzgue por ser hombre y cristiano católico por una clase de los falso intelectuales de nuestra izquierda pequeña-burguesa que no sabe siquiera definir la palabra "fundamentalista" correctamente y que se empeñan en soslayar mi derecho a expresarme sobre este tema basado en sus prejuicios de clase y retrosexismo.

Mi tradición filosófica y religiosa representa y defiende otro tipo de feminismo, uno que respeta al ser humano femenino en su realidad completa de cuerpo, mente y espíritu y en su inviolabilidad intrínseca desde el momento en que una hija de Dios es concebida en el santo vientre de una madre.

Tú ves, porque ahí es que yo trazo la guardarraya y marco el límite de mi simpatía y tolerancia con la ponencia feminista de Miz ("Ms.") Pagán, quien considera a las niñas gestantes como otros objetos más que las mujeres liberadas pueden y hasta deben de desechar para avanzar sus derechos. Que si eso termina en la muerte de niñas en el vientre materno, que se fastidie, que lo que toma precedencia es el ejercicio total, soberano y absoluto de una mujer sobre su cuerpo, y que se extienda arbitrariamente a cualquier otro cuerpo que crezca dentro de ella.

Trágicamente, por mezclar chinas con botellas, la ponencia de Miz Pagán lo que lleva es al exterminio indiscriminado de niñas, tal vez de hasta feministas potenciales. Sólo Dios sabe quién de la multitud de niñas abortadas del mundo hubiese podido llegar a ser la científica que hubiese descubierto la cura del SIDA, o del cáncer, o tal vez hubiese llegado a ser una diplomática que hubiera llevado a Israel y a los árabes a reconciliarse, o mejor todavía, a ser la madre, forjadora y educadora de otro niño o niña que hubiesen podido alcanzar estas metas.

Solo Dios sabe pero nosotros no lo sabremos mientras estas "feministas" se empeñen en justificar el aborto como una vía legítima para que la mujer proclame su soberanía y autonomía y de este modo alcance "la igualdad."

¡Qué gran hipocresía! ¡Qué gran pérdida que pocos lloramos!

El Papa Juan Pablo Magno expresó con elocuente belleza el lugar de la mujer y de lo femenino en el plan de las cosas, de acuerdo a la conciencia católica, en su carta apostólica sobre la dignidad de la mujer, Mulieris Dignitatem:

29. El texto anteriormente citado de la Carta a los Efesios (5, 21-33), donde la relación entre Cristo y la Iglesia es presentada como el vínculo entre el Esposo y la Esposa, se refiere también a la institución del matrimonio según las palabras del Libro del Génesis (cf. 2, 24). El mismo texto une la verdad sobre el matrimonio, como sacramento primordial, con la creación del hombre y de la mujer a imagen y semejanza de Dios (cf. Gén 1, 27; 5, 1). Con la significativa comparación contenida en la Carta a los Efesios adquiere plena claridad lo que determina la dignidad de la mujer tanto a los ojos de Dios —Creador y Redentor— como a los ojos del hombre, varón y mujer. Sobre el fundamento del designio eterno de Dios, la mujer es aquella en quien el orden del amor en el mundo creado de las personas halla un terreno para su primera raíz. El orden del amor pertenece a la vida íntima de Dios mismo, a la vida trinitaria. En la vida íntima de Dios, el Espíritu Santo es la hipóstasis personal del amor. Mediante el Espíritu, Don increado, el amor se convierte en un don para las personas creadas. El amor, que viene de Dios, se comunica a las criaturas: «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rom 5, 5).

La llamada a la existencia de la mujer al lado del hombre —«una ayuda adecuada» (Gén 2, 18)— en la «unidad de los dos» ofrece en el mundo visible de las criaturas condiciones particulares para que «el amor de Dios se derrame en los corazones» de los seres creados a su imagen. Si el autor de la Carta a los Efesios llama a Cristo Esposo y a la Iglesia Esposa, confirma indirectamente mediante esta analogía la verdad sobre la mujer como esposa. El Esposo es el que ama. La Esposa es amada; es la que recibe el amor, para amar a su vez.

El texto del Génesis —leído a la luz del símbolo esponsal de la Carta a los Efesios— nos permite intuir una verdad que parece decidir de modo esencial la cuestión de la dignidad de la mujer y, a continuación, la de su vocación: la dignidad de la mujer es medida en razón del amor, que es esencialmente orden de justicia y caridad.(58)

Sólo la persona puede amar y sólo la persona puede ser amada. Esta es ante todo una afirmación de naturaleza ontológica, de la que surge una afirmación de naturaleza ética. El amor es una exigencia ontológica y ética de la persona. La persona debe ser amada ya que sólo el amor corresponde a lo que es la persona. Así se explica el mandamiento del amor, conocido ya en el Antiguo Testamento (cf. Dt 6, 5; Lev 19, 18) y puesto por Cristo en el centro mismo del «ethos» evangélico (cf. Mt 22, 36-40; Mc 12, 28-34). De este modo se explica también aquel primado del amor expresado por las palabras de Pablo en la Carta a los Corintios: «La mayor es la caridad» (cf. 1 Cor 13, 13).

Si no recurrimos a este orden y a este primado no se puede dar una respuesta completa y adecuada a la cuestión sobre la dignidad de la mujer y su vocación. Cuando afirmamos que la mujer es la que recibe amor para amar a su vez, no expresamos sólo o sobre todo la específica relación esponsal del matrimonio. Expresamos algo más universal, basado sobre el hecho mismo de ser mujer en el conjunto de las relaciones interpersonales, que de modo diverso estructuran la convivencia y la colaboración entre las personas, hombres y mujeres. En este contexto amplio y diversificado la mujer representa un valor particular como persona humana y, al mismo tiempo, como aquella persona concreta, por el hecho de su femineidad. Esto se refiere a todas y cada una de las mujeres, independientemente del contexto cultural en el que vive cada una y de sus características espirituales, psíquicas y corporales, como, por ejemplo, la edad, la instrucción, la salud, el trabajo, la condición de casada o soltera.

A mí que Ms. Pagán no me venga a decir que la situación social que enfrentamos hoy no se debe en parte a que la mujer no ha dado a valer su virginidad hasta el matrimonio, que muchas veces termina siendo madre soltera, incapaz de ser madre y educadora por falta de madurez y autoestima, por lo tanto criando una nueva generación de rufianes.

¿Qué solución propone Ms. Pagán? Que si una mujer quiere rescatar su control y autoestima ante un embarazo imprevisto, lo mejor que puede hacer es matar las criaturas en vez de rescatarse a sí misma para criar a sus hijos con valor y dignidad. ¿Cómo puede ser el aborto, el cual Ms. Pagán esconde bajo el eufemismo "control sobre el propio cuerpo," algo que eleve a la mujer cuando ese mismo acto niega su naturaleza, su vocación de dar la vida y luego nutrirla? La solución abortista no eleva a la mujer, lo que hace es arrastrarla más.

Si nuestras mujeres fueran mejores madres, hermanas, esposas, compañeras y maestras, nuestra sociedad fuese otra cosa, porque estarían forjando otros hombres y mujeres de bien, por eso es que, muchas veces, es mejor que la mujer se quede en su casa, para llevar a cabo esa tarea. Pero Ms Pagán menosprecia esa tarea como algo impuesto por la clase dominante patriarcal, como algo ajeno a la naturaleza femenina y opuesto a esta y a su cabal desarrollo, en fin, como un invento nocivo de los tan mentados y temidos "fundamentalistas religiosos."

Nuestra mujer no ha sabido ser "mujer" del mismo modo en que nuestros hombres no han sabido a ser "hombres." Al menos en esta desgracia, nuestros hombres y mujeres comparten la deprimente igualdad compartida por todos los perdedores.

Como cristiano católico, creo en la completa dignidad del ser humano—hombre y mujer, varón y hembra, como lo llama la Escritura. Los hombres y las mujeres son iguales en su dignidad humana, pero diferentes física y sicológicamente, lo que los equipa para ejecutar ciertas tareas de mejor modo. Esa diferencia es la que da alegría a nuestro vivir social y espiritual y es precisamente lo que, de algún modo, "feministas" como Ms. Pagán quieren destruir. Quiénes pierden bajo esta fórmula son las mismas mujeres.

No se los permitamos. Existe otro modo, otra solución, otro camino.

miércoles, agosto 23, 2006

Todo arreglado

Bueno, amigos, todo está arreglado, gracias a Dios. Todos los enlaces funcionan y la página ya ha recobrado su apariencia normal. Ya mismito resumiré mis comentarios.

martes, agosto 22, 2006

Casi casi todo reparado...

Amigos, he logrado reparar la fachada digital de Vivificat en Español. Ahora, la mayoría de sus "Enlaces Internos" no funcionan. Estoy pensado en varias alternativas. Por favor, sean pacientes mientras encuentro una solución.

Por lo demás, todo funciona. Los epígrafes nunca estuvieron en riesgo de perderse y todos están aquí contados, junto con la capacidad de seguir pasquinando. Gracias por su paciencia en este asunto.

Falla técnica

Amigos, el servidor en donde se encuentran almacenadas las imágenes de este blog y varios de sus folios se encuentra inaccesible. Estoy tratando de reconstruir la cuestión, les pido paciencia. ¡Gracias!

martes, agosto 15, 2006

Celebramos hoy la Solemnidad de la Dormición y Asunción de Ntra. Señora, María Santísima

Icono de la Dormición de Nuestra Señora

Recordamos hoy un hecho de poder: Nuestro Señor Jesucristo llamó hacia sí a su Madre.

Para nosotros los cristianos católicos este hecho es tanto simple como grandioso, y consiste en la firme creencia de que la resurrección de los muertos se verificó en María, Madre de Jesús y Madre nuestra. Ya ella recibió su corona de la vida y está tan cerca de Dios como Dios mismo ha permitido que esté criatura alguna. Por eso la Iglesia canta este antiguo himno:
En verdad eres digna de gloria, o Madre del Señor, la bienaventurada Madre de nuestro Dios. Más honorable que los querubines e incomparablemente más gloriosa que los serafines, quien como virgen dio a luz al Verbo de Dios, verdadera portadora de Dios, te alabamos.
Dios completó la redención del género humano; un Hombre redimió a la humanidad muriendo en la cruz y por su resurrección nos ganó la vida, curando así la culpa de Adán. Al llamar así a la Mujer, restituyó a su género a su estado original como una Nueva Eva.

¡Cuan grandes y poderosos son los designios de nuestro Dios!

¡El Señor ha llamado para sí el Arca de su Majestad!

¡Este es el día que hizo el Señor! ¡Alegrémonos!

*Pasquinado el 14 de agosto a las 11:44PM hora diurna del este de los EE.UU.

domingo, agosto 13, 2006

Cómo en varias naciones occidentales se persigue a la Iglesia Católica

El plan es el de socavarla, desprestigiarla y hacerla irrelevante.

Persecución politico-legal y cultural

Fuente: ACIPrensa vía El Visitante Dominical - Semanario Católico de Puerto Rico

MADRID, 14 Jul. 06 (ACI).- En una entrevista concedida al Semanario Alba, el director de Ayuda a la Iglesia que Sufre (AIS) de Italia, Attilio Tamburrini, señaló que existe una persecución solapada contra los católicos en los países occidentales que se traduce, por ejemplo, en que los organismos europeos persiguen más al Vaticano que a Cuba o China por supuestas violaciones de derechos humanos.

Aunque el informe anual de libertad religiosa elaborado por AIS confirma que en Asia ocurren las persecuciones más evidentes contra los cristianos en la actualidad, Tamburrini aclara que “en los países ‘donde no pasa nada’ también existe presión solapada por el predominio cultural”.

“Las religiones son las formas culturales más vilipendiadas por los organismos internacionales”, señala y precisa que la Iglesia Católica es considerada la principal enemiga de los derechos humanos, “a pesar de haberlos apoyado”.

Entre 1994 y 2004, las instituciones europeas han condenado a la Santa Sede en 29 ocasiones por supuestas violaciones de los derechos humanos mientras que las condenas a Cuba suman tan sólo 25 y las de China, 15.

Tamburrini declaró a Alba que los organismos internacionales trabajan en una religión sincrética que supere a todas las demás y que “fabrique una ética laica con principios negociables y cambiables”, que justifiquen las leyes antiexclusión y antidiscriminación que en la práctica se han convertido en regulaciones que permiten la discriminación de lo católico.

Según Alba, “son estas leyes las que han permitido que un pastor protestante danés fuera condenado a 6 meses por hablar sobre la homosexualidad en su Iglesia. O que movimientos de la Iglesia fueran considerados como sectas peligrosas por las leyes antisectarias francesas de 1996. Francia ha dado un paso más y ha prohibido en marzo de 2004 la utilización de símbolos religiosos, lo que impide a los sacerdotes entrar en las escuelas públicas”.

Además, Tamburrini sostiene que a la presión político-legal, hay que sumar la cultural. “La cultura posmoderna y contemporánea ofrece de facto obstáculos a la fe”. Por todo ello, para el director de AIS Italia “es necesario que los que no tienen fe comiencen a vivir como si Dios existiese para recuperar la defensa del hombre”.

sábado, agosto 12, 2006

¡Feliz aniversario EWTN!

Quiero extender una enhorabuena a la red de televisión católica, Eternal World Television Network (EWTN), la cual celebra hoy su vigésimo quinto aniversario.

Las siglas "EWTN" han venido a ejemplicar la tele y radiodifusión global católica, gracias a una simple monja de nombre Madre Angélica, quien fue el instrumento divino en la realización de este milagro. Le deseo larga longevidad a EWTN, hasta la misma mañana del Día del Juicio ya que, por la tarde su misión no será ya más necesaria. De eso estoy seguro.

domingo, agosto 06, 2006

Celebramos hoy la Solemnidad de la Transfiguración de Nuestro Señor

Icono bizantino de la TransfiguraciónJesús había anunciado a los suyos la inminencia de su Pasión y los sufrimientos que había de padecer a manos de los judíos y de los gentiles. Y los exhortó a que le siguieran por el camino de la cruz y del sacrificio (Mt 16, 24 ss). Pocos días después de estos sucesos, que habían tenido lugar en la región de Cesarea de Filipo, quiso confortar su fe, pues, -como enseña Santo Tomás- para que una persona ande rectamente por un camino es preciso que conozca antes, de algún modo el fin al que se dirige: “como el arquero no lanza con acierto la saeta si no mira primero al blanco al que la envía. Y esto es necesario sobre todo cuando la vía es áspera y difícil y el camino laborioso... Y por esto fue conveniente que manifestase a sus discípulos la gloria de su claridad, que es los mismo que transfigurarse, pues en esta claridad transfigurará a los suyos” (Sto. Tomás, Suma teológica).

Nuestra vida es un camino hacia el Cielo. Pero es una vía que pasa a través de la Cruz y del sacrificio. Hasta el último momento habremos de luchar contra corriente, y es posible que también llegue a nosotros la tentación de querer hacer compatible la entrega que nos pide el Señor con una vida fácil, como la de tantos que viven con el pensamiento puesto exclusivamente en las cosas materiales... “¡Pero no es así! El cristianismo no puede dispensarse de la cruz: la vida cristiana no es posible sin el peso fuerte y grande del deber... si tratásemos de quitarle ésto a nuestra vida, nos crearíamos ilusiones y debilitaríamos el cristianismo; lo habríamos transformado en una interpretación muelle y cómoda de la vida” (Pablo VI, Alocución 8-IV-1966). No es esa la senda que indicó el Señor.

Los discípulos quedarían profundamente desconcertados al presenciar los hechos de la Pasión. Por eso, el Señor condujo a tres de ellos, precisamente a los que debían acompañarle en su agonía de Getsemaní, a la cima del monte Tabor para que contemplaran su gloria. Allí se mostró “en la claridad soberana que quiso fuese visible para estos tres hombres, reflejando lo espiritual de una manera adecuada a la naturaleza humana. Pues, rodeados todavía de la carne mortal, era imposible que pudieran ver ni contemplar aquella inefable e inaccesible visión de la misma divinidad, que está reservada en la vida eterna para los limpios de corazón” (San León Magno, Homilía sobre la transfiguración), la que nos aguarda si procuramos ser fieles cada día.

También a nosotros quiere el Señor confortarnos con la esperanza del Cielo que nos aguarda, especialmente si alguna vez el camino se hace costoso y asoma el desaliento. Pensar en lo que nos aguarda nos ayudará a ser fuertes y a perseverar. No dejemos de traer a nuestra memoria el lugar que nuestro Padre Dios nos tiene preparado y al que nos encaminamos. Cada día que pasa nos acerca un poco más. El paso del tiempo para el cristiano no es, en modo alguno, una tragedia; acorta, por el contrario, el camino que hemos de recorrer para el abrazo definitivo con Dios: el encuentro tanto tiempo esperado.

Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó a un monte alto, y se transfiguró ante ellos , de modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestidos blancos como la luz. En esto se le aparecieron Moisés y Elías hablando con Él (Mt 17, 1-3). Esta visión produjo en los Apóstoles una felicidad incontenible; Pedro la expresa con estas palabras: Señor, ¡qué bien estamos aquí!; si quieres haré aquí tres tiendas: una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías (Mt 17, 4). Estaba tan contento que ni siquiera pensaba en sí mismo, ni en Santiago y Juan que le acompañaban. San Marcos, que recoge la catequesis del mismo San Pedro, añade que no sabía lo que decía (Mc 9, 6). Todavía estaba hablando cuando una nube resplandeciente los cubrió con y una voz desde la nube dijo: Éste es mi Hijo, el Amado, en quien tengo mis complacencias: escuchadle (Mt 17, 5).

El recuerdo de aquellos momentos junto al Señor en el Tabor fueron sin duda de gran ayuda en tantas circunstancias difíciles y dolorosas de la vida de los tres discípulos. San Pedro lo recordará hasta el final de sus días. En una de sus Cartas, dirigida a los primeros cristianos para confortarlos en un momento de dura persecución, afirma que ellos, los Apóstoles, no han dado a conocer a Jesucristo siguiendo fábulas llenas de ingenio, sino porque hemos sido testigos oculares de su majestad. En efecto Él fue honrado y glorificado por Dios Padre, cuando la sublime gloria le dirigió esta voz: Éste es mi Hijo, el Amado, en quien tengo mis complacencias. Y esta voz, venida del cielo, la oímos nosotros estando con Él en el monte santo (2 Pdr 1, 16-18). El Señor, momentáneamente, dejó entrever su divinidad, y los discípulos quedaron fuera de sí, llenos de una inmensa dicha, que llevarían en su alma toda la vida. “La transfiguración les revela a un Cristo que no se descubría en la vida de cada día. Está ante ellos como Alguien en quien se cumple la Alianza Antigua, y, sobre todo, como el Hijo elegido del Eterno Padre al que es preciso prestar fe absoluta y obediencia total” (Juan Pablo II, Homilía 27-II-1983), al que debemos buscar todos los días de nuestra existencia aquí en la tierra.

¿Qué será el Cielo que nos espera, donde contemplaremos, si somos fieles, a Cristo glorioso, no en un instante, sino en una eternidad sin fin?

Todavía estaba hablando, cuando una nube resplandeciente los cubrió y una voz desde la nube dijo: Éste es mi Hijo, el Amado, en quien tengo mis complacencias: escuchadle (Mt 17, 5). ¡Tantas veces le hemos oído en la intimidad de nuestro corazón!

El misterio que celebramos no sólo fue un signo y anticipo de la glorificación de Cristo, sino también de la nuestra, pues, como nos enseña San Pablo, el Espíritu da testimonio junto con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos también herederos: herederos de Dios, coherederos de Cristo; con tal que padezcamos con Él, para ser con Él también glorificados (Rom 8, 16-17). Y añade el Apóstol: Porque estoy convencido de que los padecimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria futura que se ha de manifestar en nosotros (Rom 8, 18). Cualquier pequeño o gran sufrimiento que padezcamos por Cristo nada es si se mide con lo que nos espera. El Señor bendice con la Cruz, y especialmente cuando tiene dispuesto conceder bienes muy grandes. Si en alguna ocasión nos hace gustar con más intensidad su Cruz, es señal de que nos considera hijos predilectos. Pueden llegar el dolor físico, humillaciones, fracasos, contradicciones familiares... No es el momento entonces de quedarnos tristes, sino de acudir al Señor y experimentar su amor paternal y su consuelo. Nunca nos faltará su ayuda para convertir esos aparentes males en grandes bienes para nuestra alma y para toda la Iglesia. “No se lleva ya una cruz cualquiera, se descubre la Cruz de Cristo, con el consuelo de que se encarga el Redentor de soportar el peso” (J. Escrivá de Balaguer, “Amigos de Dios”). Él es, Amigo inseparable, quien lleva lo duro y lo difícil. Sin Él cualquier peso nos agobia.

Si nos mantenemos siempre cerca de Jesús, nada nos hará verdaderamente daño: ni la ruina económica, ni la cárcel, ni la enfermedad grave..., mucho menos las pequeñas contradicciones diarias que tienden a quitarnos la paz si no estamos alerta. El mismo San Pedro lo recordaba a los primeros cristianos: ¿quién os hará daño, si no pensáis más que en obrar bien? Pero si sucede que padecéis algo por amor a la justicia, sois bienaventurados (1Pdr 3, 13-14).

Pidamos a Nuestra Señora que sepamos ofrecer con paz el dolor y la fatiga que cada día trae consigo, con el pensamiento puesto en Jesús, que nos acompaña en esta vida y que nos espera, glorioso al final del camino. Y cuando llegue aquella hora en que se cierren mis ojos humanos, abridme otros, Señor, otros más grandes para contemplar vuestra faz inmensa. ¡Sea la muerte un mayor nacimiento! (J. Margall, Canto espiritual), el comienzo de una vida sin fin.

- Fuente: Extracto del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández-Carvajal www.iglesia.org por medio de ACIPrensa Digital.

sábado, agosto 05, 2006

Soy el Pan de Vida

por el P. José P. Benabarre Vigo

Publicado en El Visitante: El Semanario Católico de Puerto Rico

Republicado con permiso

Para entendernos con Jesús, quiero decir, para entender plenamente su mensaje, hemos de aceptar sin distingos ni reservas todo lo que Él nos enseñó y la Iglesia nos presenta como verdades de fe o rectas prácticas morales. Y lo hemos de entender no a nuestro modo y capricho (estilo protestante), sino en el sentido en que la Iglesia entiende sus palabras. Esto es absolutamente necesario en los misterios, de los que sólo podemos conocer que existen y poco más. Uno de esos misterios--¡y bien grande!—es la Eucaristía.

Eucaristía es una palabra de origen griego, que significa “acción de gracias.” Con ella designamos el misterio de la presencia verdadera, real y sustancial del cuerpo, y sangre, alma y divinidad de Jesucristo, es decir, del Cristo entero, en las hostias consagradas por el sacerdote católico. Otros nombres de este misterio son: Banquete del Señor, Fracción del pan, Santo sacrificio, etc.

En este inefable misterio, universalmente creído por la Iglesia hasta el siglo XVI, y formulado por el Concilio de Trento (1551-1552, Ses. 13ª, Decreto sobre la Eucaristía; Catecismo 1374), las palabras de Jesús han de ser tomadas en su primer y directo significado. Y Jesús tiene que ser recibido con frecuencia a fin de ser para cada alma lo que Jesús quiso que fuera al instituirlo: su vida espiritual.

Significado del misterio

A diferencia de los protestantes y evangélicos, que sostienen que, de ningún modo está Cristo presente en la hostia consagrada; que ésta es sólo símbolo de su cuerpo, y el vino, símbolo de su sangre; y que, por tanto, al comulgar, sólo se recibe un pedacito de pan y un poco de vino, los católicos hemos tomado siempre las palabras de Cristo en su sentido corriente. Cuando Él nos dice: “Tomad y comed, esto es mi cuerpo Tomad y bebed, esta es mi sangre”, nosotros creemos que Cristo no nos engaña; que, realmente, lo que nos ofrece es su verdadero Cuerpo y su verdadera Sangre.

El verbo “ser” indica la naturaleza y esencia de la cosa a que se refiere. En este caso, por tanto, lo que Cristo nos ofrece para comer es verdaderamente su cuerpo, y lo que nos da para beber, su sangre. Puesto que Cristo sabía hablar con propiedad y corrección, hemos de tomar sus palabras tal como suenan en el contexto en que se pronunciaron. Pues dijo es y no significa, hemos de creer firmemente que Cristo dio a comer y beber su Cuerpo y Sangre a los apóstoles en la última Cena, y nos los da a nosotros cada vez que repetimos el misterio “en memoria suya” (Lucas 22, 19).

Por qué hemos de comulgar

Puesto que Cristo nos manda recibir su Cuerpo y Sangre (emplea el tiempo verbal imperativo—que significa mandato--), no sólo hemos de agradecer su gentileza, sino que hemos de procurar recibirlos con frecuencia—todos los días a ser posible. No aceptar esa invitación-mandato, es un notable desacato.

En cuanto mandato de la Iglesia, ésta nos manda comulgar, al menos, una vez al año. Si es tan poco lo que nos manda, lo hace por dos razones: porque sabe que las almas devotas comulgarán muchas veces más; y porque no quiere forzar a las tibias a hacerlo mal dispuestas. Pero como es mandato divino, la Iglesia nos lo recuerda.

Llegamos al punto clave del tópico que estamos desarrollando. Vamos a pisar fuerte, lector devoto, pues la respuesta nos la da el mismo buen Jesús a través de su amado discípulo, San Juan, que dedica buena parte del Capítulo 6 de su Evangelio a este tema.

Pero antes, déjenme aventurar una opinión. Jesús habla de pan a los Judíos palestinos, porque ese era su alimento básico. Mi parecer es que si hubiera hablado a los puertorriqueños o asiáticos, habría empleado la palabra arroz, pues éste es la base de comida diaria.

Pues bien, Cristo nos dice que si queremos vivir espiritualmente, tenemos que comulgar. He aquí sus claras palabras (no las cito por orden): “Yo soy el pan de la vida… que ha bajado del cielo” (vv 33-34). Los judíos se escandalizaron al oír que Jesús era el pan bajado del cielo (v 41). Pero Él, en vez de corregirse, insiste en la idea, y añade que “ha bajado del cielo para que quien lo coma no muera” (v. 50). Y continúa afirmando: “El que coma de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo les daré es mi carne para la vida del mundo” (v 51). Y para hacer aún más claro su pensamiento y lo entendiéramos mejor, añade en forma negativa: “En verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del hombre [Jesús], y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (v 53). Por el contrario: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y lo resucitaré el último día” (v 54). “El que come mi cuerpo y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él… (v 56).

Ante estas palabras tan claras, debemos decir que o Cristo nos engañó (lo cual es una gran irreverencia el sólo pensarlo); o realmente su cuerpo está en la hostia consagrada, y su sangre, en el vino consagrado. No hay alternativa, pues, como indiqué antes, Cristo hablaba siempre con propiedad y corrección.

Condiciones para que el Cristo eucarístico sea nuestro pan de vida

Para que nuestras comuniones sean realmente para nuestra vida espiritual lo que el pan o el arroz materiales son para la del cuerpo, es imprescindible que nos acerquemos a las mismas con unas mínimas disposiciones espirituales:
• con el alma tan limpia de pecado, que, incluso, odiemos el pecado venial;

• que no comulguemos por rutina, sino por sentir verdadera hambre de Cristo y de su Reino;

• que recibamos a Cristo enardecidos de amor, y con ansias de progresar hacia la santidad;

• que agradezcamos tanto la visita personal de Jesús, Dios y hombre verdadero, que le demos la mejor de las acogidas en nuestra alma, conversando con tan ilustre Huésped por unos 15 minutos, al menos (el tiempo que necesitamos para digerir las especies sacramentales).

viernes, agosto 04, 2006

Estos han sido días tristes

Amigos, ayer fue el sepelio de los restos mortales de mis nietas gemelas sin nacer, a quien Dios llamó para sí al comienzo de su tercer trimestre de gestación. Sabemos que tenemos dos nuevas intercesoras ante Dios.

Por supuesto que yo las hubiese preferido rezando por nosotros aquí, pero, fiat voluntas tua, Domine.

Espero que entiendan por qué últimamente no he tenido mucho que decir.

Solo en el puerto de la verdad
dos flores blancas
se mecen en el mar.
Son dos amores
que no supe alcanzar
son dos entregas
y a cambio soledad

Díme Señor
¿a quién tengo que esperar?
¿Con qué viento, con qué rumbo
debo navegar?

Díme Señor
pescador del Más Allá
¿Habrá un puerto
donde pueda anclar?


(Letra de canción por el grupo Mocedades.