jueves, marzo 16, 2006

Ocupado por las próxima semanas

Amigos, últimamente he estado bien ocupado y no he tenido tiempo de pasquinar nada. La cosa seguirá así por las próximas dos semanas, en las cuales estaré rindiendo mi servicio militar anual. Si puedo, pasquinaré. Pero si no puedo, nos veremos en dos semanas.

lunes, marzo 13, 2006

El renacimiento del Islam

Profesor Silvio Cajiao S.I., profesor de teología en Bogotá

ShahadaBOGOTÁ, sábado, 11 marzo 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención sobre «El desafío del Islam y de su renacimiento» pronunciada por Silvio Cajiao S.I., profesor de teología en Bogotá, en la videoconferencia mundial organizada por la Congregación vaticana para el Clero el pasado 27 de enero.

* * *

Para muchos de nosotros la comprensión del judaísmo se nos hace más fácil debido a la posesión en común de la fe monoteísta de Abraham, de la aceptación como revelación y por tanto como Palabra de Dios del texto veterotestamentario, que recoge la acción histórico salvífica de Dios y que señalaría a un futuro porvenir de una promesa, que para ellos no se ha cumplido, pero para nosotros ha hallado su plenitud en Cristo Jesús. No podemos decir lo mismo de la religión musulmana, pues si bien está muy extendida en el Asia y en el África y su penetración en el siglo XX, tanto en Europa como en Norte América ha ido en crecimiento, no lo es así en Sur América, donde su existencia comparativa es mínima, probablemente 7 millones.

Algunos abordan al Islamismo como equivalente al mundo árabe, si bien es cierto que el auténtico Corán se ha de recitar en esa lengua, u otros consideran a la propuesta mahometana como fatalista por la actitud fundamental del creyente de «sumisión», confundiendo esta actitud con la actitud de la obediencia y adhesión a la voluntad divina. Otro prejuicio es el que los seguidores de Mahoma son fanáticos que viven propiciando la «guerra santa», cuando la «yihad» ha de ser ante todo un combate interior en resistencia a las fuerzas malignas que invaden al hombre.

Como grande religión por su fe monoteísta y por la fuerza de su expansión ha de relacionarse necesariamente su aparición con su fundador en el año 570 d. C. y con la peregrinación o fuga que aquel realizó desde la Meca a Medina (la Hégira 16-VII-622) y de la inspiración que recibiera del arcángel San Miguel (609 d.C.) para consignar por escrito el querer de Dios. En efecto el Corán rige y regula la totalidad de la vida humana sin escapársele ninguno de sus aspectos de aquí que la organización social, y por consiguiente la del Estado, se encuentren vinculados en muchas partes de manera teocrática, si bien en otros lugares donde la democracia ya estaba establecida se hayan buscado la combinación de estos elementos religiosos y organizacionales de manera independiente pero presentando conflicto al romper tradiciones seculares.

Si para el año 1983 se calculaba el número de musulmanes en el mundo en 745 millones de los cuales 70 millones eran chiítas y 650 millones sunnitas, para el año 1999 (según la Enciclopedia Británica), el número de musulmanes sería de 1.164 millones, es decir un incremento de 419 millones, es decir del 56 % en 16 años. Estos números hablan por sí mismos para justificar el título de nuestro apartado, es un hecho innegable, la religión musulmana ha crecido como ninguna otra en el mundo. Quizá se le puede comparar con el fenómeno del traslado a otras iglesias, confesiones, o «sectas» en Latinoamérica donde se calculaba que el traspaso era de unos 8.000 católicos que diariamente se trasferían a estos movimientos en la década de los noventa.

Como todo gran movimiento religioso que cuenta a su haber más de cuatro siglos de existencia, el islamismo ha sufrido divisiones, no solo las que provienen del origen entre sunnitas y chiítas según provengan del profeta mismo Mahoma ciñéndose no sólo al Corán, sino al ejemplo y práctica misma del Profeta y representarían por decirlo así la ortodoxia del islamismo al reconocer la legitimidad de los cuatro primeros califas (Abú Bark, Omar, Otmán y Alí); mientras que los chiítas rechazan el califato electivo y consideran que se ha de conservar la línea hereditaria del profeta, pero como Alí (hijo de Fátima que se casó con la hija del último rey sasánida) fue depuesto y su hijo Hussein asesinado en le 680 en Kerbela (Irak), los chiítas esperan desde entonces su regreso, al final de los tiempos para inaugurar el reino de justicia. En el fondo puede verse un enfrentamiento entre los reinos de Persia y Arabia.

Por favor, continúe leyendo aquí.

jueves, marzo 09, 2006

El examen de conciencia

Por Jorge Loring

Fuente: Encuentra.com

Examen de conciencia consiste en recordar los pecados cometidos desde la última confesión bien hecha.

Naturalmente, el examen se hace antes de la confesión para decir después al confesor todos los pecados que se han recordado; y cuántas veces cada uno, si se trata de pecados graves.

Si sabes el número exacto de cada clase de pecados graves, debes decirlo con exactitud. Pero si te es muy difícil, basta que lo digas con la mayor aproximación que puedas: por ejemplo, cuántas veces, más o menos, a la semana, al mes, etc. Y si después de confesar resulta que recuerdas con certeza ser muchos más los pecados que habías cometido, lo dices así en la próxima confesión. Pero no es necesario que después de confesar sigas pensando en el número de pecados cometidos, pues entonces nunca quedaríamos tranquilos. Si hiciste el examen con diligencia, no debes preocuparte ya más: todo está perdonado.

El examen debe hacerse con diligencia, seriedad y sinceridad; pero sin angustiarse . La confesión no es un suplicio ni una tortura, sino un acto de confianza y amor a Dios. No se trata de atormentar el alma, sino de dar a Dios cuenta filial. Dios es Padre.

El examen de conciencia se hace procurando recordar los pecados cometidos de pensamiento, palabra y obra, o por omisión, contra los mandamientos de la ley de Dios, de la Iglesia o contra las obligaciones particulares. Todo desde la última confesión bien hecha.

Para ayudarte a hacer el examen, puedes consultar:

Mandamientos 1°, 2° y 3°

Examina tu conciencia.

Se recuerdan los pecados preguntándose sin prisa lo que se ha hecho en contra de los mandamientos de la Ley de Dios y de la Iglesia, con plena advertencia y pleno consentimiento.

Primer Mandamiento
• ¿He admitido en serio alguna duda contra las verdades de la fe? ¿He llegado a negar la fe o algunas de sus verdades, en mi pensamiento o delante de los demás?
• ¿He desesperado de mi salvación o he abusado de la confianza en Dios, presumiendo que no me abandonaría, para pecar con mayor tranquilidad?
• ¿He murmurado interna o externamente contra el Señor cuando me ha acaecido alguna desgracia?
• ¿He abandonado los medios que son por sí mismos absolutamente necesarios para la salvación? ¿He procurado alcanzar la debida formación religiosa?
• ¿He hablado sin reverencia de las cosas santas, de los sacramentos, de la Iglesia, de sus ministros?
• ¿He abandonado el trato con Dios en la oración o en los sacramentos?
• ¿He practicado la superstición o el espiritismo? ¿Pertenezco a alguna sociedad o movimiento ideológico contrario a la religión?
• ¿Me he acercado indignamente a recibir algún sacramento?
• ¿He leído o retenido libros, revistas o periódicos que van contra la fe o la moral? ¿Los di a leer a otros?
• ¿Trato de aumentar mi fe y amor a Dios?
• ¿Pongo los medios para adquirir una cultura religiosa que me capacite para ser testimonio de Cristo con el ejemplo y la palabra?
• ¿He hecho con desgana las cosas que se refieren a Dios?
Segundo Mandamiento
• ¿He blasfemado? ¿Lo he hecho delante de otros?
• ¿He hecho algún voto, juramento o promesa y he dejado de cumplirlo por mi culpa?
• ¿He honrado el santo nombre de Dios? ¿He pronunciado el nombre de Dios sin respeto, con enojo, burla o de alguna manera poco reverente?
• ¿He hecho un acto de desagravio, al menos interno, al oír alguna blasfemia o al ver que se ofende a Dios?
• ¿He jurado sin verdad? ¿Lo he hecho sin necesidad, sin prudencia o por cosa de poca importancia?
• ¿He jurado hacer algún mal? ¿He reparado el daño que haya podido seguirse de mi acción?
Tercer Mandamiento
(1o al 4o Mandamientos de la Iglesia)
• ¿Creo todo lo que enseña la Iglesia Católica? ¿Discuto sus mandatos olvidando que son mandatos de Cristo?
• ¿He faltado a Misa los domingos o fiestas de guardar? ¿Ha sido culpa mía? ¿Me he distraído voluntariamente o he llegado tan tarde que no he cumplido con el precepto?
• ¿He impedido que oigan la Santa Misa los que dependen de mí?
• ¿He guardado el ayuno una hora antes del momento de comulgar?
• ¿He trabajado corporalmente o he hecho trabajar sin necesidad urgente un día de precepto, por un tiempo considerable, por ejemplo, más de dos horas?
• ¿He observado la abstinencia durante los viernes de Cuaresma?
• ¿He rezado alguna oración o realizado algún acto de penitencia los demás viernes del año en los que no he guardado la abstinencia? ¿He ayunado y guardado abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo?
• ¿Cumplí la penitencia que me impuso el sacerdote en la última confesión? ¿He hecho penitencia por mis pecados? ¿Me he confesado al menos una vez al año?
• ¿Me he acercado a recibir la Comunión en el tiempo establecido para cumplir con el precepto pascual? ¿Me he confesado para hacerlo en estado de gracia?
• ¿Excuso o justifico mis pecados?
• ¿He callado en la confesión, por vergüenza, algún pecado grave? ¿He comulgado después alguna vez?
Cuarto Mandamiento
(Hijos)
• ¿He desobedecido a mis padres o superiores en cosas importantes?
• ¿Tengo un desordenado afán de independencia que me lleva a recibir mal las indicaciones de mis padres simplemente porque me lo mandan? ¿Me doy cuenta de que esta reacción está ocasionada por la soberbia?
• ¿Les he entristecido con mi conducta?
• ¿Les he amenazado o maltratado de palabra o de obra, o les he deseado algún mal grave o leve?
• ¿Me he sentido responsable ante mis padres por el esfuerzo que hacen para que yo me forme, estudiando con intensidad?
• ¿He dejado de ayudarles en sus necesidades espirituales o materiales?
• ¿Me dejo llevar del mal genio y me enfado con frecuencia y sin motivo justificado?
• ¿Soy egoísta con las cosas que tengo, y me duele dejarlas a los demás hermanos?
• ¿He reñido con mis hermanos?
• ¿He dejado de hablarme con ellos y no he puesto los medios necesarios para la reconciliación?
• ¿Soy envidioso y me duele que otros destaquen más que yo en algún aspecto?
• ¿He dado mal ejemplo a mis hermanos?

(Padres)
• ¿Desobedezco a mis superiores en cosas importantes?
• ¿Permanezco indiferente ante las necesidades, problemas y sufrimientos de la gente que me rodea, singularmente de los que están cerca de mí por razones de convivencia o trabajo?
• ¿Soy causa de tristeza para mis compañeros de trabajo por negligencia, descortesía o mal carácter?
• ¿He dado mal ejemplo a mis hijos no cumpliendo con mis deberes religiosos, familiares o profesionales? ¿Les he entristecido con mi conducta?
• ¿Les he corregido con firmeza en sus defectos o se los he dejado pasar por comodidad? ¿Corrijo siempre a mis hijos con justicia y por amor a ellos, o me dejo llevar por motivos egoístas o de vanidad personal, porque me molestan, porque me dejan mal ante los demás o porque me interrumpen?
• ¿Les he amenazado o maltratado de palabra o de obra, o les he deseado algún mal grave o leve?
• ¿He descuidado mi obligación de ayudarles a cumplir sus deberes religiosos y de evitar las malas compañías?
• ¿He abusado de mi autoridad y ascendiente forzándoles a recibir los sacramentos, sin pensar que por vergüenza o excusa humana, podrían hacerlo sin las debidas disposiciones?
• ¿He impedido que mis hijos sigan la vocación con que Dios les llama a su servicio? ¿Les he puesto obstáculos o les he aconsejado mal?
• Al orientarles en su formación profesional, ¿me he guiado por razones objetivas de capacidad y medios, o he seguido más bien los dictados de mi vanidad o egoísmo?
• ¿Me preocupo de modo constante por su formación en el aspecto religioso?
• ¿Me he preocupado también de la formación religiosa y moral de las otras personas que viven en mi casa o que dependen de mí?
• ¿Me he opuesto a su matrimonio sin causa razonable?
• ¿Permito que trabajen o estudien en lugares donde corre peligro su alma o su cuerpo? ¿He descuidado la natural vigilancia en las reuniones de chicos y chicas que se tengan en casa evitando dejarles solos? ¿Soy prudente a la hora de orientar sus diversiones?
• ¿He tolerado escándalos o peligros morales o físicos entre las personas que viven en mi casa?
• ¿Sacrifico mis gustos, caprichos y diversiones para cumplir con mi deber de dedicación a la familia?
• ¿Procuro hacerme amigo de mis hijos? ¿He sabido crear un clima de familiaridad evitando la desconfianza y los modos que impiden la legítima libertad de los hijos?
• ¿Doy a conocer a mis hijos el origen de la vida, de un modo gradual, acomodándome a su mentalidad y capacidad de comprender, anticipándome ligeramente a su natural curiosidad?
• ¿Evito los conflictos con los hijos quitando importancia a pequeñeces que se superan con un poco de perspectiva y sentido del humor?
• ¿Hago lo posible por vencer la rutina en el cariño a mi esposo(a)?
• ¿Soy amable con los extraños y me falta esa amabilidad en la vida familiar?
• ¿He reñido con mi consorte? ¿Ha habido malos tratos de palabra o de obra? ¿He fortalecido la autoridad de mi cónyuge, evitando reprenderle, contradecirle o discutirle delante de los hijos?
• ¿Le he desobedecido o injuriado? ¿He dado con ello mal ejemplo?
• ¿Me quejo delante de la familia de la carga que suponen las obligaciones domésticas?
• ¿He dejado demasiado tiempo solo a mi consorte?
• ¿He procurado avivar la fe en la Providencia y ganar lo suficiente para poder tener o educar a más hijos?
• ¿Pudiendo hacerlo he dejado de ayudar a mis parientes en sus necesidades espirituales o materiales?
Quinto Mandamiento
• ¿Tengo enemistad, odio o rencor hacia alguien?
• ¿He dejado de hablarme con alguien y me niego a la reconciliación o no hago lo posible por conseguirla?
• ¿Evito que las diferencias políticas o profesionales degeneren en indisposición, malquerencia u odio hacia las personas?
• ¿He deseado un mal grave al prójimo? ¿Me he alegrado de los males que le han ocurrido?
• ¿Me he dejado dominar por la envidia?
• ¿Me he dejado llevar por la ira? ¿He causado con ello disgusto a otras personas?
• ¿He despreciado a mi prójimo? ¿Me he burlado de otros o les he criticado, molestado o ridiculizado?
• ¿He maltratado de palabra o de obra a los demás? ¿Pido las cosas con malos modales, faltando a la caridad?
• ¿He llegado a herir o quitar la vida al prójimo? ¿He sido imprudente en la conducción de vehículos?
• ¿He practicado o colaborado en la realización de algún aborto? ¿He abortado o inducido a alguien a abortar, sabiendo que constituye un pecado gravísimo que lleva consigo la excomunión?
• ¿He contribuido a adelantar la muerte a algún enfermo con pretextos de evitar sufrimientos o sacrificios, sabiendo que la eutanasia es un homicidio?
• Con mi conversación, mi modo de vestir, mi invitación a presenciar algún espectáculo o con el préstamo de algún libro o revista, ¿he sido la causa de que otros pecasen? ¿He tratado de reparar el escándalo?
• ¿He descuidado mi salud? ¿He atentado contra mi vida?
• ¿Me he embriagado, bebido con exceso o tomado drogas?
• ¿Me he dejado dominar por la gula, es decir, por el placer de comer y beber más allá de lo razonable?
• ¿Me he deseado la muerte sin someterme a la Providencia de Dios?
• ¿Me he preocupado del bien del prójimo, avisándole del peligro material o espiritual en que se encuentra o corrigiéndole como pide la caridad cristiana?
• ¿He descuidado mi trabajo, faltando a la justicia en cosas importantes? ¿Estoy dispuesto a reparar el daño que se haya seguido de mi negligencia?
• ¿Procuro acabar bien el trabajo pensando que a Dios no se le deben ofrecer cosas mal hechas? ¿Realizo el trabajo con la debida pericia y preparación?
• ¿He abusado de la confianza de mis superiores? ¿He perjudicado a mis superiores o subordinados o a otras personas haciéndoles un daño grave?
• ¿Facilito el trabajo o estudio de los demás, o lo entorpezco de algún modo, por ejemplo, con rencillas, derrotismos e interrupciones?
• ¿He sido perezoso en el cumplimiento de mis deberes?
• ¿Retraso con frecuencia el momento de ponerme a trabajar o estudiar?
• ¿Tolero abusos o injusticias que tengo obligación de impedir?
• ¿He dejado, por pereza, que se produzcan graves daños en mi trabajo? ¿He descuidado mi rendimiento en cosas importantes con perjuicio de aquellos para quienes trabajo? materiales?
Sexto y Noveno Mandamientos
• ¿Me he entretenido con pensamientos o recuerdos deshonestos?
• ¿He traído a mi memoria recuerdos o pensamientos impuros?
• ¿Me he dejado llevar de malos deseos contra la virtud de la pureza, aunque no los haya puesto por obra? ¿Había alguna circunstancia que los agravase: parentesco, matrimonio o consagración a Dios en las personas a quienes se dirigían?
• ¿He tenido conversaciones impuras? ¿Las he comenzado yo?
• ¿He asistido a diversiones que me ponían en ocasión próxima de pecar? (ciertos bailes, cines o espectáculos inmorales, malas lecturas o compañías). ¿Me doy cuenta de que ponerme en esas ocasiones es ya un pecado?
• ¿Guardo los detalles de modestia que son la salvaguardia de la pureza? ¿Considero esos detalles ñoñería?
• Antes de asistir a un espectáculo, o leer un libro, ¿me entero de su calificación moral para no ponerme en ocasión próxima de pecado evitando así las deformaciones de conciencia que pueda producirme?
• ¿Me he entretenido con miradas impuras?
• ¿He rechazado las sensaciones impuras?
• ¿He hecho acciones impuras? ¿Solo o con otras personas? ¿Cuántas veces? ¿Del mismo o distinto sexo? ¿Había alguna circunstancia de parentesco o afinidad que le diera especial gravedad? ¿Tuvieron consecuencias esas relaciones? ¿Hice algo para impedirlas? ¿Después de haberse formado la nueva vida? ¿He cometido algún otro pecado contra la pureza?
• ¿Tengo amistades que son ocasión habitual de pecado? ¿Estoy dispuesto a dejarlas?
• En el noviazgo, ¿es el amor verdadero la razón fundamental de esas relaciones? ¿Vivo el constante y alegre sacrificio de no convertir el cariño en ocasión de pecado? ¿Degrado el amor humano confundiéndolo con el egoísmo y con el placer?
• El noviazgo debe ser una ocasión de ahondar en el afecto y en el conocimiento mutuo; ¿mis relaciones están inspiradas no por afán de posesión, sino por el espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de delicadeza?
• ¿Me acerco con más frecuencia al sacramento de la Penitencia durante el noviazgo para tener más gracia de Dios? ¿Me han alejado de Dios esas relaciones?

(Esposos)
• ¿He usado indebidamente el matrimonio? ¿He negado su derecho al otro cónyuge? ¿He faltado a la fidelidad conyugal con deseos o de obra?
• ¿Hago uso del matrimonio solamente en aquellos días en que no puede haber descendencia? ¿Sigo este modo de control de la natalidad sin razones graves?
• ¿He usado preservativos o tomado fármacos para evitar los hijos? ¿He inducido a otras personas a que los tomen? ¿He influido de alguna manera —consejos, bromas o actitudes— en crear un ambiente antinatalista?
Séptimo y Décimo Mandamientos
• ¿He robado algún objeto o alguna cantidad de dinero? ¿He reparado o restituido pudiendo hacerlo? ¿Estoy dispuesto a realizarlo? ¿He cooperado con otros en algún robo o hurto? ¿Había alguna circunstancia que lo agravase, por ejemplo, que se tratase de un objeto sagrado? ¿La cantidad o el valor de los apropiado era de importancia?
• ¿Retengo lo ajeno contra la voluntad de su dueño?
• ¿He perjudicado a los demás con engaños, trampas o coacciones en los contratos o relaciones comerciales?
• ¿He hecho daño de otro modo a sus bienes? ¿He engañado cobrando más de lo debido? ¿He reparado el daño causado o tengo la intención de hacerlo?
• ¿He gastado más de lo que me permite mi posición?
• ¿He cumplido debidamente con mi trabajo, ganándome el sueldo que me corresponde?
• ¿He dejado de dar lo conveniente para ayudar a la Iglesia?
• ¿Hago limosna según mi posición económica?
• ¿He llevado con sentido cristiano la carencia de cosas superfluas, o incluso necesarias?
• ¿He defraudado a mi consorte en los bienes?
• ¿Retengo o retraso indebidamente el pago de jornales o sueldos?
• ¿Retribuyo con justicia el trabajo de los demás?
• En el desempeño de cargos o funciones públicas, ¿me he dejado llevar del favoritismo, acepción de personas, faltando a la justicia?
• ¿Cumplo con exactitud los deberes sociales, v. gr., pago de seguros sociales, con mis empleados? ¿He abusado de la ley, con perjuicio de tercero, para evitar el pago de los seguros sociales?
• ¿He pagado los impuestos que son de justicia?
• ¿He evitado o procurado evitar, pudiendo hacerlo desde el cargo que ocupo, las injusticias, los escándalos, hurtos, venganzas, fraudes y demás abusos que dañan la convivencia social?
• ¿He prestado mi apoyo a programas inmorales y anticristianos de acción social y política?
Octavo Mandamiento
• ¿He dicho mentiras? ¿He reparado el daño que haya podido seguirse? ¿Miento habitualmente porque es en cosas de poca importancia?
• ¿He descubierto, sin justa causa, defectos graves de otra persona, aunque sean ciertos, pero no conocidos? ¿He reparado de alguna manera, v. gr., hablando de modo positivo de esa persona?
• ¿He calumniado atribuyendo a los demás lo que no era verdadero? ¿He reparado el daño o estoy dispuesto a hacerlo?
• ¿He dejado de defender al prójimo difamado o calumniado?
• ¿He hecho juicios temerarios contra el prójimo? ¿Los he comunicado a otras personas? ¿He rectificado ese juicio inexacto?
• ¿He revelado secretos importantes de otros, descubriéndolos sin justa causa? ¿He reparado el daño seguido?
• ¿He hablado mal de otros por frivolidad, envidia, o por dejarme llevar del mal genio?
• ¿He hablado mal de los demás —personas o instituciones— con el único fundamento de que “me contaron” o de que “se dice por ahí”? Es decir, ¿he cooperado de esta manera a la calumnia y a la murmuración?
• ¿Tengo en cuenta que las discrepancias políticas, profesionales o ideológicas no deben ofuscarme hasta el extremo de juzgar o hablar mal del prójimo, y que esas diferencias no me autorizan a descubrir sus defectos morales a menos que lo exija el bien común?
• ¿He revelado secretos sin justa causa? ¿He hecho uso en provecho personal de lo que sabía por silencio de oficio? ¿He reparado el daño que causé con mi actuación?
• ¿He abierto o leído correspondencia u otros escritos que por su modo de estar conservados, se desprende que sus dueños no quieren darlos a conocer?
• ¿He escuchado conversaciones contra la voluntad de los que las mantenían?

lunes, marzo 06, 2006

San Pablo de la Cruz: solo y a pie

Padre Silvano Rouse, PasionistaAmigos: quiero reproducir este fascinante artículo sobre San Pablo de la Cruz, el fundador de los Pasionistas, escrito por el Sr. Arturo Dávila y publicado en El Visitante. Mi director espiritual, el Padre Silvano Rouse (retratado a la derecha), es un sacerdote de esa congregración y por lo tanto, su espiritualidad toca de lleno mi corazón.




José Ignacio Tellechea, agiógrafo e historiador conocido entre otros numerosos estudios de primera importancia sobre el período del Concilio de Trento, tituló su preciosa biografía de San Ignacio de esta manera: Ignacio de Loyola, solo y a pie. Por el carácter peregrino de ambos personajes en los trabajos de sus respectivos itinerarios vitales, tomé como pie forzado de este episodio de la vida del fundador de los Pasionistas, el mismo subtítulo, que debo al preciso ingenio de Tellechea.

San Pablo de la CruzEn agosto de 1721 Pablo Danei –el futuro San Pablo de la Cruz- partió desde el Genovesado en busca de la aprobación pontificia de la Regla y constituciones de los Pobres de Jesús, título que atribuyó a su instituto en los primeros años. Lo acompañaba su hermano Juan Bautista a quien pidió en Génova que lo dejase continuar solo en su camino.

A pie y descalzo desde Civitavecchia, puerto de la Roma Papal, llegó el 22 de diciembre a la Ciudad Eterna, dirigiéndose de inmediato a San Pedro, donde las ilusiones del viaje se desvanecieron ante un estado de desolación que consignó en sus escritos. Encontró a pocos metros en el Hospicio de la Santísima Trinidad de los Peregrinos, el albergue gratuito que ofrecía aquella piadosa fundación cuya fachada borrominiana todavía se levanta a las bocas del Ponte Sisto.

Subió a la mañana siguiente al Quirinal, donde residía el recién elegido Papa Benedicto XIII, del que esperaba, con la ingenuidad de un recién llegado a la compleja estructura de la corte pontificia, una audiencia inmediata. Despidiéronle con malos modos en el umbral los guardias de portería, para los que aquel joven descalzo, vestido con un tunicón negro de género barato, parecía uno de tantos charlatanes o enajenados que llegaban a diario a las puertas del palacio pontificio. Quedan todavía dos mudos testigos de aquella humillante escena: las estatuas de San Pedro y San Pablo acordadas sobre el frontón curvo del portón principal que da a la anchurosa plaza de Monte Cavallo, con su fuente, su obelisco y las figuras marmóreas de Cástor y Pólux.

Parecía cumplirse una vez más la grave sentencia de Santa Brígida de Suecia, desde el conflictivo siglo XIV:
Roma escucha a las ovejas que tienen lana; a las que no tienen lana, no las oye.
Continuó Pablo Danei sin inmutarse su recorrido de las basílicas patriarcales para ganar el júbilo perpetuo y dirigió sus pasos a Santa María Mayor en el monte Esquilino. Y allí, ante el ícono de Santa María Salus Populi Romani –salvación o refugio del pueblo romano-, en la capilla paolina, rutilante de mármoles y bronces, recibió el giro definitivo hacia el núcleo invariante del nuevo carisma que, bajo la mirada de Santa María, nacía en el corazón de Roma. Su biógrafo, el pasionista Adolfo Lippi, lo describe en este párrafo:
... sintió que debía hacer un voto especial: el de dedicarse a promover en el corazón de los fieles la devoción a la Pasión de Jesús y empeñarse en reunir compañeros para hacer esto mismo...
Abismado en oración a unos metros del antro de la Natividad, donde por entonces se custodiaban las reliquias del Pesebre, la pobreza y el espíritu de desprendimiento de los bienes terrenos en que centraba su espiritualidad, pasaban de la idea a la Persona, de un concepto a un Hombre: Cristo Jesús, envuelto en pañales en un pesebre, cuna prestada con olor a estiércol como recuerda San Jerónimo, el mismo que será Cristo Jesús crucificado desnudo en otros maderos, envuelto en un lienzo de limosna: pobreza y estercolero del desprecio, predicados del Unico Salvador.

La idea se había encarnado. El carisma pasionista se perfila hasta hoy como un reto lanzado al rostro de la cultura del consumo.

In Cruce Salus: una sola vía a la Gloria del Padre: la Cruz, con sus incómodas exigencias, es el único camino de la salvación para el atormentado Puerto Rico de hoy.

En próximos artículos se explicará el desarrollo de la historia de esta Congregación de la Pasión sembrada en la Iglesia mediante la vocación de un joven marchante de tabaco por los caminos de la República de Génova y el reino de Cerdeña.

- Lean los futuros capítulos en El Visitante Dominical.