jueves, marzo 31, 2005

Teresa Marie Schiavo (1963-2005)

Oremos: Señor, te encomendamos el alma de tu sierva Teresa Marie y te suplicamos, Cristo Jesús, Salvador del mundo, que no le niegues la entrada en el regazo de tus patriarcas, ya que por ella bajaste misericordiosamente del cielo a la tierra.

Reconócela, Señor, como criatura tuya; no creada por dioses extraños, sino por ti, único Dios vivo y verdadero, porque no hay otro Dios fuera de Ti ni nadie que produzca tus obras.

Llena, Señor, de alegría su alma en tu presencia y no te acuerdes de sus pecados pasados ni de los excesos a que la llevó el ímpetu o ardor de la concupiscencia.

Porque, aunque haya pecado, jamás negó al Padre, ni al Hijo, ni al Espíritu Santo; antes bien, creyó, fue celoso de la honra de Dios y adoró fielmente al Dios que lo hizo todo. Te lo pedimos, Padre, en el Nombre de tu Hijo Jesús, quien vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Technical Problems on Vivificat's English Side

Folks, the English side of Vivificat! is experiencing technical problems this morning. The problems may also affect the look of this site. They should be fixed later on today. I'm sorry about the inconvenience.

Amigos: esta mañana Vivificat! en inglés estaba experimentando problemas técnicos. Estos deberán estar resueltos más tarde hoy. Los problemas podrían afectar también la visualización de este sitio. Perdonen los inconvenientes, por favor.

lunes, marzo 28, 2005

Mi Amigo Tomás Merton

Soy ávido lector de la obra del fenecido monje trapense norteamericano Tomás Merton (+1968), autor de numerosos libros y artículos, pero conocido particularmente por su obra autobiográfica, La Montaña de los Siete Círculos (The Seven Storey Mountain). A mí me gustan muy especialmente la colección de sus diarios, publicados póstumante a partir de 1993.

Retrato de Tomás Merton cortesía de la Fundación que lleva su nombreEn mi penúltimo viaje a la Ciudad de México me encontré con que estaban celebrando una Feria del Libro en el margen del Paseo de la Reforma, justo al frente del Ángel de la Independencia. Allí, en un pabellón de libros de bolsillo me encontré con un librito titulado Paz Personal, Paz Social, el cual contenía una colección de aforismos de Merton. Ojeo el librillo cada vez que puedo. Hoy, quiero compartir esta entrada:
La creencia religiosa, en su nivel más profundo, es también inevitablemente un principio de libertad. Defender la fe de uno es defender la propia libertad y, al menos implícitamente, la libertad de todos los demás. ¿Libertad de qué, y para qué? Libertad del control que no sea de algún modo inmanente y personal, un poder de amor. La creencia religiosa, en este elevado sentido, es entonces siempre una liberación del control por parte de lo que es menos que el hombre o enteramente exterior al hombre.
Palabras con luz, digo yo. ¿Qué quiere decir esto? Que mientras yo tenga fe, no hay poder en la tierra, no hay tiranía, no hay filosofía mundana que me pase por encima, ni a mí ni a los demás. Esos sistemas políticos, culturales, o éticos que carecen de justificación externa bien pueden desembocar en la tiranía, porque aquellos que los abrazan no sienten que haya nadie que los pueda juzgar. Basta con mencionar el marxismo en todas sus manifestaciones, o el materialismo utilitarista de las naciones de occidente, para recordarnos de sus frutos amargos, justamente cuando le niegan en todo o en parte al hombre su dignidad personal y su fin trascendental.

Merton me enseñó a hablar con Dios y fundamentar en ese diálogo mi propia dignidad y desde ahí a apreciar la dignidad de los demás, aun cuando no compartan mis creencias o puntos de vista. La compasión estriba en esto, en la habilidad de sufrir con los demás, y la humildad en el reconocimiento que uno ha caído de la amistad con Dios de la misma manera que el prójimo y que no ha dependido de mi en último término que los demás se salven de la muerte y el pecado y para Dios. Ese es el trabajo de Dios y de ese trabajo uno puede ser o instrumento o espectador pasivo, porque nadie puede detener a Dios de ejecutar su designio salvífico. Merton sabía eso y su genio yace en el talento que él tuvo para compartirlo con los demás. Su discípulo soy y a través de Merton, de Cristo Jesús.

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- Visite el sitio de la Fundación Tomás Merton.

sábado, marzo 26, 2005

En el Nombre del Padre, del Hijo y del + Espí­ritu Santo

Que sea este el principio de una gran amistad

Este es el mensaje inaugural de esta bitácora en lengua española, lo más seguro que curtida con regionalismos puertorriqueños y de otros sitios--consecuencia necesaria de una vocación accidental de trotamundos. Pido a Dios que no sea la última entrada. Lo demás queda por verse. Los invito a que lo vean conmigo, según se nos dé.

Pero hablemos un poco de mi programa literario y de las expectativas que tengo con esta bitácora o blog. Empecemos por definir lo que es una bitácora o blog:
Un blog, weblog o bitácora es una página web, casi siempre de un sólo autor, que contiene artículos ordenados por su fecha de publicación, y que se actualiza frecuentemente.
Un blog es como un diario, una relación histórica de los sucesos de cada día junto con reflexiones y otros pensamientos realengos que se me vengan a la mente. Lo único que no puedo prometer es que vaya a escribir algo diariamente, pero sí lo haré regularmente, eso sí lo prometo. Como notarán, llevo un blog del mismo nombre en inglés, y ese otro blog es mi página portaestandarte, la que llevo y seguiré llevando más al día.

Esta no es mi primera experiencia expresándome en español o mejor dicho, en el vernacular castellano de Puerto Rico--ya que en España se hablan otras lenguas--la Isla caribeña en donde nací. Por seis años llevé religiosamente El Nuevo Federalista, lo que hoy se consideraría un blog primitivo, mi corcel digital que me servía de montura fiel en mi quijotada pasada y aun presente de atener la admisión de Puerto Rico como estado a los Estados Unidos.

Después de todos esos años me di cuenta que dicha temática se me estaba quedando pequeña y ya no entallaba con las cosas de las cuales yo quería hablar, sobre la fe y doctrinas católicas y su aplicación a las cuestiones sociales, políticas, científicas y culturales de todos los días que tanto nos afectan y nos definen.

Así nació Vivificat--palabra latina que se traduce al español como vivifica en tiempo presente perfecto y modo imperativo, o sea, que hay que dar vida, confortar, animar a como dé lugar, que esto no es mero capricho o fruto del deseo ocasional, sino que hay que hacerlo constantemente, todos los días, con todo lo que nos rodea. Un año y pico después de estar corriendo la versión anglófona, decidí lanzar esta en español y de esta manera apuntar a otra audiencia con gustos, tradiciones y puntos de vista distintos. Si hablando inglés puedo hablar con personas de todo el orbe--porque hasta en la Cochinchina se habla inglés--hablando español puedo hablar con otro millar de millones de personas más en Europa, México y la América Central y del Sur. En fin, que creo que con esta adición podré hablar con personas de casi todo el mundo.

Es que el español impone su norma cultural y una manera bien particular de entender las cosas. Fíjense que pensar en español me impulsa a ser más crítico de las naciones poderosas y grandes, y a la vez me hace más conservador en términos sociales, pero nunca ciego a los abusos de la izquierda o derecha. El inglés es bien flexible y adaptable pero a la vez demanda cierta precisión en su uso; el español me permite las elipsis y cierta ambigüedad sin perder por eso el sentido de lo que uno dice. El inglés no las tolera.

Escribo en español porque no quiero perder la facilidad en mi idioma natal. Quiero aprender a escribirlo mejor y alcanzar la excelencia en su expresión. Quiero ampliar mi vocabulario y usar palabras nuevas que expandan mi ser consciente y mi apreciación por cosas nuevas.

¿Y de qué hablaré? ¡Pues de todo! Pero primariamente de que somos seres creados para la inmortalidad por un Dios amante y eterno; que la fe en Cristo nos transforma y nos recrea en su imagen, no para ahogar quienes somos sino para lograr lo que lo que tenemos que ser. Sin Él no somos nada, con Él lo somos todos. Es es esta convicción nacida de la fe, la esperanza y caridad la que me mueve a esta nueva fase de nuestro diálogo en mi lengua natal.

Finalmente, les pido paciencia por la apariencia de esta obra. Casi todos los enlaces llevan a páginas en inglés. Poco a poco iré poniendo estas cosas al día. Gracias por visitar y nos seguiremos hablando.

Oh, y que pasen todos un feliz día de Pascua de Resurrección: ¡Cristo ha resucitado! ¡En verdad ha resucitado!