jueves, octubre 02, 2014

Recordamos hoy a San Teófilo de Bulgaria

Mi santo patrono.

Sts. Eulampia, Theophilus, and Eulampius.Hermanos y hermanas, Paz y Bien a todos.

Hoy,  junto a los Santos Angeles Guardianes, recordamos a San Teófilo de Bulgaria y Constantinopla, un monje benedictino en el oriente cristiano que murió durantes las persecuciones provocadas por los iconoclastas del siglo VIII. El es mi santo patrono

Las fuentes latinas son parcas. Dicen que nació en Bulgaria, que fue un monje benedictino en el Asia Menor fallecido en el año 750. Se le maltrató y se le envió al exilio durante el imperio de León Isáurico por su oposición a la destrucción de íconos -- imágenes religiosas. El calendario latino dice lo siguiente:
Constantinópoli sancti Theóphili Monáchi, qui, pro defensióne sanctárum Imáginum a Leóne Isáurico saevíssime caesus et in exsílium pulsus, migrávit at Dóminum.
Las fuentes griegas y eslavas añaden más datos, algunos de carácter ciertamente legendario y discrepan en la fecha de su muerte. De acuerdo al Synaxarion ortodoxo griego:
San Teófilo, el confesor de Bulgaria, es nativo de la comarca de Tiberíada. A la edad de trece años, el santo abandonó su hogar en secreto y se escapó al monasterio en el Monte Selenteya. Ahí maduró espiritualmente siendo guiado por el anciano San Esteban. San Teófilo recibió después de tres años la tonsura monástica. Cuando los padres del santo se enteraron en dónde este se encontraba, fueron al monasterio a pedir del abad a que le enviaran a Teófilo y a varios otros monjes a fundar un monasterio más cerca de su domicilio. El abad le pidió a los monjes a que ayunaran y oraran en espera de un signo. Al tercer día, se escuchó una voz en la iglesia bendiciendo la empresa de Teófilo y prometiendo reconocimiento a su virtud. Durante el período de la controversia iconoclasta que culminó durante el reinado del despiadado emperador León Isáurico (717-741), San Teófilo se opuso abiertamente a la necedad iconoclasta. Siguiendo las órdenes del emperador, el oficial Hipatio apresó a Teófilo a quien le imprecaba con frecuencia a que renunciara a la veneración de los íconos. Teófilo permaneció incólume y en cambio, convirtió a Hipatio. Como prueba de la validez de las santas imágenes, Teófilo citaba a la serpiente de bronce eregida por Moisés en el desierto (Números 21:9) y la colocación de querubines sobre el Arca de la Alianza, y finalmente, el hecho de que el mismo Salvador envió a Abgar, el Príncipe de Edesa, el ícono "no-hecho-por-manos." Persuadido por esta evidencia, Hipatio recibió permiso del emperador para librar al santo. Teófilo regresó a su monasterio y vivió por poco tiempo, cayendo dormido en el Señor en el año 716 AD.
Para honrar a este monje occidental quien vivió y murió en el oriente cristiano, escogí su nombre cuando me hice oblato de San Benito. San Teófilo es un santo del oriente y occidente cristiano, griego y latino, amante de los santos íconos y defensor de la Encarnación de Cristo. Fue una sorpresa encontrar también que su memoria se celebra el día después del Santa Teresita del Niño Jesús, cuyo nombre mi esposa asumió cuando se hizo oblata de San Benito junto a mí. San Teófilo, ¡ruega por nosotros!

Oremos:
Proclamamos, Señor, que sólo tú eres santo, sólo tú eres bueno y nadie puede serlo sin tu gracia; por eso te pedimos que, mediante la intercesión de san Teófilo., nos ayudes a vivir de tal forma en el mundo, que nunca nos veamos privados de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

miércoles, octubre 01, 2014

Recordamos hoy a Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz

Hermanos y hermanas, Paz y bien a todos.

Celebramos hoy la fiesta de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, conocida también como Santa Teresa de Lisieux, vírgen consagrada y Doctora de la Iglesia.
María Francisca Teresa Martín nace en Alençon en 1873. Penúltima hija de una familia numerosa, su padre era un modesto relojero y su madre, Celia Guérin, una mujer piadosa que fallece cuando Teresa tiene 3 años de edad.
Influenciada por alguna de sus hermanas mayores, que ya habían elegido la vida religiosa, Teresa obtiene el permiso excepcional para entrar como carmelita descalza en el Carmelo de Lisieux con sólo 15 años.

En 1897 cae gravemente enferma y muere el 30 de septiembre tras una agonía de dos días.

En 1923 es beatificada y en 1925 canonizada. En 1927 es proclamada patrona de la misiones pese a no haber abandonado nunca el convento. Su vida fue un testimonio de amor sencillo y humilde apostando por el valor de la oración y de los pequeños actos.

Su doctrina habla de que Dios está en todas partes, en toda situación y en toda persona y que son los sencillos actos de la vida, hechos con amor, el camino hacia la santificación:

La santidad no consiste en ésta o la otra práctica, sino en una disposición del corazón que nos hace humildes y pequeños entre los brazos de Dios, conscientes de nuestra flaqueza y confiados hasta la audacia en su bondad de Padre.»
En 1997 es declarada doctora de la Iglesia, siendo la tercera mujer en conseguir ese nombramiento dentro de esa institución. Anteriormente habían sido declaradas doctoras Santa Teresa de Jesús, también carmelita, y Santa Catalina de Siena.
La obra escrita de Santa Teresita es pequeña, sin embargo, presenta un claro interés. Consta de dos manuscritos autobiográficos escritos por mandato de dos de sus prioras y un tercero que es una carta a su hermana. Además se cuenta con 274 cartas escritas a diversas personalidades, un libro de poemas religiosos, algunas obritas teatrales, textos dispersos y las palabras pronunciadas durante su larga agonía y recogidas por sus hermanas Paulina y Celina, monjas en el mismo convento (Wikipedia).
Santa Teresa es patrona de los que sufren de SIDA, de los aviadores, de los que sufren alguna enfermedad, de los floristas, de las misiones y de Rusia, y segunda patrona de Francia. También es protectora especial de mi esposa, cuyo nombre mi esposa asumió al convertirse en Benedictina seglar.

Oremos:
Oh Dios, que has preparado tu reino para los humildes y los sencillos, concédenos la gracia de seguir confiadamente el camino de santa Teresa del Niño Jesús, para que nos sea revelada, por su intercesión, tu gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amen

domingo, septiembre 28, 2014

Oramos hoy por el Sínodo de los Obispos acerca de la Familia

El Papa Francisco invita a que el domingo 28 de septiembre de 2014 (hoy) se rece en toda la Iglesia por la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos que se celebrará desde el 5 al 19 de octubre y tendrá como tema “Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización”.Por eso se solicita que en las diócesis, comunidades parroquiales, Institutos de vida consagrada, asociaciones y movimientos, recen en las Celebraciones Eucarísticas y en otros momentos celebrativos, en los días previos y durante los trabajos sinodales. Los fieles en general pueden unirse en sus oraciones personales a esta intención, sobre todo en las familias.

Desde la Secretaría del Sínodo se sugiere rezar la Oración a la Santa Familia por el Sínodo, compuesta por el Papa Francisco, y algunas intenciones propuestas para la oración universal que pueden ser adoptadas en las Misas dominicales del 28 de septiembre, así como también en los días de la celebración del Sínodo. Se puede agregar una intención a las Invocaciones de las Laudes matutinas y a las Intercesiones de las Vísperas, como así también se recomienda el rezo del Santo Rosario por los trabajos sinodales.

I -      Oración a la Santa Familia por el Sínodo
Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.

Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas Iglesias domésticas.

Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.

Santa Familia de Nazaret,
que el próximo Sínodo de los Obispos
haga tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.

Jesús, María y José, escuchad, acoged nuestra súplica.


II -     Oración universal

Hermanos y hermanas,
Como familia de los hijos de Dios y animados por la fe, elevemos nuestras súplicas al Padre, para que nuestras familias, sostenidas por la gracia de Cristo, sean auténticas Iglesias domésticas, donde se viva y se testimonie el amor de Dios.

A cada intención respondamos:
Señor, bendice y santifica nuestras familias

Por el Papa Francisco: el Señor que lo ha llamado a presidir la Iglesia en la caridad, lo sostenga en su ministerio al servicio de la unidad del Colegio episcopal y de todo el Pueblo de Dios, oremos:

Por los Padres Sinodales y los demás participantes de la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos: el Espíritu del Señor, ilumine sus mentes, para que la Iglesia pueda responder a los desafíos de la familia en fidelidad al proyecto de Dios, oremos:

Por aquellos que tienen la responsabilidad en el gobierno de las Naciones: el Espíritu Santo les sugiera proyectos que valoricen la familia como célula fundamental de la sociedad, según el proyecto divino, y que sostengan las familias en situaciones difíciles, oremos:

Por las familias cristianas: el Señor que ha puesto en la comunión esponsal el sigilo de su presencia, haga de nuestras familias cenáculos de oración, íntimas comunidades de vida y de amor a imagen de la Santa Familia de Nazaret, oremos:

Por los cónyuges en dificultad: el Señor rico en misericordia, los acompañe mediante la acción materna de la Iglesia con comprensión y paciencia en su camino de perdón y de reconciliación, oremos:

Por las familias que a causa del Evangelio deben dejar sus tierras: el Señor que ha experimentado con María y José el exilio en Egipto, los conforte con su gracia y abra para ellos senderos de caridad fraterna y humana solidaridad, oremos:

Por los abuelos: el Señor que ha sido recibido en el Templo de los Santos ancianos Simeón y Ana, les conceda ser sabios colaboradores de los padres en la transmisión de la fe y en la educación de los hijos, oremos:

Por los niños: el Señor de la vida, que en su ministerio los ha acogido y propuesto como modelos para entrar en el Reino de los cielos, suscite en todos el respeto a la vida naciente y sugiera proyectos educativos conforme e la visión cristiana de la vida, oremos:

Por los jóvenes; el Señor, que ha santificado las bodas de Caná, los ayude a descubrir la belleza del carácter sagrado e inviolable de la familia en el designio divino y sostenga el camino los novios que se preparan al matrimonio, oremos:


Oh Dios, que no abandonas la obra de tus manos, escucha nuestras invocaciones: manda el Espíritu de tu Hijo a iluminar la Iglesia al comienzo del camino sinodal, para que contemplando el esplendor del amor verdadero que resplandece en la Sagrada Familia de Nazaret, aprenda de ella la libertad y la obediencia para responder con audacia y misericordia a los desafíos del mundo hoy. Por Cristo nuestro Señor.

 

viernes, septiembre 26, 2014

¿Qué es un demonio?

 Autor: R.P. José Antonio Fortea | Fuente: Summa Daemoniaca

R.P. José Antonio Fortea
José Antonio Fortea Cucurull (Barbastro, España, 1968) es sacerdote y teólogo especializado en demonología. Cursó sus estudios de Teología para el sacerdocio en la Universidad de Navarra. Se licenció en la especialidad de Historia de la Iglesia en la Facultad de Teología de Comillas. Pertenece al presbiterio de la diócesis de Alcalá de Henares (Madrid). En 1998 defendió su tesis de licenciatura "El exorcismo en la época actual" dirigida por el secretario de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Actualmente está en Roma realizando su doctorado en Teología

Un demonio es un ser espiritual de naturaleza angélica condenado eternamente. No tiene cuerpo, no existe en su ser ningún tipo de materia sutil, ni nada semejante a la materia, sino que se trata de una existencia de carácter íntegramente espiritual. Spiritus en latín significa soplo, hálito. Dado que no tienen cuerpo, los demonios no sienten la más mínima inclinación a ningún pecado que se cometa con el cuerpo. Por tanto la gula o la lujuria son imposibles en ellos. Pueden tentar a los hombres a pecar en esas materias, pero sólo comprenden esos pecados de un modo meramente intelectual, pues no tienen sentidos corporales. Los pecados de los demonios, por tanto, son exclusivamente espirituales.

Los demonios no fueron creados malos. Sino que al ser creados, se les ofreció una prueba, era la prueba previa antes de la visión de la esencia de la Divinidad. Antes de la prueba veían a Dios pero no veían su esencia. El mismo verbo ver resulta aproximativo, pues la visión de los ángeles es una visión intelectual. Como a muchos les resultará muy difícil entender cómo podían ver/conocer a Dios, pero no ver/conocer su esencia habría que proponer como comparación que sería como decir que ellos veían a Dios como una luz, que le oían como una voz majestuosa y santa, pero que su rostro seguía sin desvelarse. De todas maneras, aunque no penetraran su esencia, sabían que era su Creador, y que era santo, el Santo entre los Santos.

Antes de penetrar en la visión beatífica de esa esencia divina Dios les puso una prueba. En esa prueba unos obedecieron, otros desobedecieron. Los que desobedecieron de forma irreversible se transformaron en demonios. Ellos mismos se transformaron en lo que son. Nadie les hizo así.

Se sucedieron unas fases en la psicología de los ángeles antes de transformarse en demonios. Estas fases se dieron no en el tiempo material, sino el evo. Al darse en el evo, estas fases a los humanos nos parecería que fueron casi instantáneas. Pero lo que a nosotros nos parecería tan breve, para ellos fue muy largo. Las fases de transformación de ángel a demonio fueron las siguientes: Al comienzo les entró la duda, la duda de que quizá la desobediencia a la Ley divina fuera lo mejor. En el momento en que voluntariamente aceptaron la posibilidad de que la desobediencia a Dios fuera una opción a considerar ya pecaron. Al principio esa aceptación de la duda constituiría un pecado venial que poco a poco fue evolucionando al pecado grave. Pero al principio, ninguno de ellos en esta primera fase estaba dispuesto a alejarse irreversiblemente, ni siquiera el Diablo. Fue posteriormente cuando se fue asentando en sus inteligencias lo que su voluntad había escogido a pesar del dictamen de su inteligencia que les recordaba que tal desobediencia era contra razón. Pero sus voluntades se fueron alejando de Dios, y como consecuencia de ello sus inteligencias fueron aceptando como verdadero el mal que su voluntad había escogido. Sus inteligencias fueron consolidándose en el error. La voluntad de desobedecer se fue afianzando, haciéndose esa determinación cada vez más profunda. Y la inteligencia iba buscando más y más razones para que eso le resultase cada vez más justificable. Finalmente ese proceso llevó al pecado mortal que se dio en un momento concreto, a través de un acto de la voluntad. Es decir, cada ángel llegó un momento en que no sólo quiso desobedecer, sino que incluso optó ya por tener una existencia al margen de la Ley divina. Ya no era un enfriamiento del amor a Dios, ya no era una desobediencia menor a algo determinado que les resultase difícil de aceptar, sino que en la voluntad de muchos de ellos apareció la idea de un destino aparte de la Trinidad, un destino autónomo.

Los que perseveraron en este pensamiento y decisión comenzaron un proceso de justificación de esta elección. Comenzaron un proceso en que se trataron de autoconvencer de que Dios no era Dios. De que Dios era un espíritu más. De que podía ser su Creador, pero que en Él había errores, fallos. Comenzaban a acariciar la posibilidad que había aparecido en sus inteligencias: la posibilidad de una existencia aparte de Dios y de sus normas. La existencia aparte de Dios aparecía como una existencia más libre. Las normas de Dios, la obediencia a Él y a su voluntad, aparecían progresivamente como algo opresor, pesado. Dios comenzaba a ser visto como un tirano frente al que había que liberarse. En esta nueva fase de alejamiento, ya no era simplemente que buscaran un destino fuera de Dios, sino que Dios mismo les parecía que era un obstáculo para alcanzar esa libertad. Pensaban que la belleza y felicidad del mundo angélico hubiera sido mucho más feliz y libre sin un opresor. ¿Por qué había un Espíritu que se alzaba por encima de los demás espíritus? ¿Por qué su voluntad se debía imponer sobre la de los demás espíritus? ¿Por qué una Voluntad debe imponerse sobre otras voluntades? No somos niños, no somos esclavos, debieron pensar. Dios ya no era un elemento que habían dejado atrás, sino que comenzaba a convertirse para ellos en el mal. Y así comenzaron a odiarle. Las llamadas de Dios hacia estos ángeles para que volvieran hacia El eran vistas como una intrusión inaceptable. En esta fase, el odio en unos creció más, en otros espíritus menos.

Puede sorprender que un ángel llegue a odiar a Dios, pero hay que entender que Dios ya no era visto por ellos como un bien, sino como un obstáculo, como una opresión, Él era visto como las cadenas de los mandamientos, como la falta de libertad. Ya no era visto como un Padre, sino como fuente de órdenes y mandatos. El odio nació con la energía de sus voluntades resistiendo una y otra vez a las llamadas de Dios que como un padre les buscaba. El odio nació como reacción lógica de una voluntad que tiene que afianzarse en su decisión de abandonar la casa paterna, por decirlo en términos que resulten inteligibles para nosotros. Es decir, alguien que se marcha de casa al principio simplemente quiere marcharse, pero si el padre le llama una y otra vez, el hijo acaba diciendo déjame en paz. Dios les llamaba entonces, pues sabía que cuanto más tiempo sus voluntades estuvieran alejadas de Él, más se afianzarían en su alejamiento.

Por supuesto que muchos ángeles que se habían alejado en un primer momento volvieron. Esta es la gran lucha en los cielos de la que se habla en Apocalipsis 12:
Y se entabló un combate en el cielo: Miguel y sus ángeles luchando con el Dragón. Y el Dragón luchó y sus ángeles, pero no tuvieron fuerza, no volvió a encontrarse su sitio en el cielo. Fue expulsado el gran Dragón, la Serpiente antigua que se llama Diablo y el Adversario, que engaña al orbe entero. Fue expulsado a la tierra, y sus ángeles fueron expulsados con él.
¿Cómo los ángeles pueden luchar entre sí? Si no tienen cuerpo, qué armas pueden ser usadas. El ángel es espíritu, el único combate que se puede entablar entre ellos es intelectual. Las únicas armas que pueden blandir son los argumentos intelectuales. Esa lucha fue una lucha intelectual. Dios enviaba la gracia a cada ángel para que volviera a la fidelidad o se mantuviera en ella. Los ángeles daban argumentos a los rebeldes para que volvieran a la obediencia. Los ángeles rebeldes daban sus razones para fundamentar su postura y para introducir la rebelión entre los fieles. En esta angelical conversación de miles de millones de ángeles hubo bajas por ambos lados: ángeles rebeldes regresaron a la obediencia, ángeles fieles fueron convencidos con la seducción de los razonamientos malignos.

La transformación en demonios fue progresiva. Con el transcurrir del tiempo -el evo es un tipo de tiempo- unos odiaron más a Dios, otros menos. Unos se hicieron más soberbios, otros no tanto. Cada ángel rebelde fue deformándose más y más, cada uno en unos pecados específicos. Así como, por el contrario, los ángeles fieles se fueron santificando progresivamente. Unos ángeles se santificaron más en una virtud otros en otra. Cada ángel se fijó en un aspecto u otro de la divinidad. Cada ángel amó con una medida de amor. Por eso en el bando de los fieles comenzó a haber muchas distinciones, según la intensidad de las virtudes que cada ángel practicó más.

Cada ángel tenía su propia naturaleza dada por Dios, pero cada uno se santificó en una medida propia según la gracia de Dios y la correspondencia de la propia voluntad. Esto es válido pero al revés, para los demonios. Cada uno recibió de Dios una naturaleza, pero cada uno se deformó según sus propios caminos extraviados.

Por eso la batalla acabó cuando ya cada uno quedó encasillado en su postura de forma irreversible. Llegó un momento en que ya sólo había cambios accidentales en cada ser espiritual. En los demonios, llegó un momento en que ya cada uno se mantuvo firme en su imprudencia, en sus celos, en su odio, en su envidia, en su soberbia, en su egolatría...

La batalla había acabado. Podían seguir discutiendo, hablando, disputando, exhortándose, durante miles de años, por decirlo así en términos humanos, pero ya sólo habría cambios accidentales. Fue entonces cuando los ángeles fueron admitidos a la presencia divina, y a los demonios se les dejó que se alejaran, se les abandonó a la situación de postración moral en que cada uno se había situado.

Como se ve no es que los demonios sean enviados a un lugar cerrado de llamas y aparatos de tortura, sino que se les deja como están, se les abandona a su libertad, a su voluntad. No se les lleva a ninguna parte. Los demonios no ocupan lugar, no hay donde llevarles. No hay aparatos de tortura, ni llamas que les puedan atormentar, ni cadenas que les amarren sus miembros. Tampoco los ángeles fieles entraron en ningún sitio. Simplemente recibieron la gracia de la visión beatífica. Tanto el cielo de los ángeles, como el infierno de los demonios, son estados. Cada ángel porta en su interior su propio cielo esté donde esté. Cada demonio, esté donde esté, lleva dentro de su espíritu su propio infierno.

El momento en que ya no hay marcha atrás es el momento en que un ángel ve la esencia de Dios. Porque después de ver a Dios ya nada le podrá hacer cambiar de opinión. Después de haber visto a Dios, jamás nadie podrá escoger algo que le ofenda lo más mínimo. Pues la inteligencia comprendería que sería escoger estiércol frente a un tesoro. El pecado después de ese momento es imposible. El ángel antes de entrar al cielo, comprendía a Dios, comprendía lo que era, lo que suponía su santidad, omnipotencia, sabiduría, amor... Después de ser admitido a contemplar su esencia, uno no sólo la comprende, sino que además la ve. Es decir, uno ve su santidad, su amor, su sabiduría, etc. El espíritu al ver aquello se llena de tal amor, de tal veneración, que jamás, bajo ningún concepto, quiere separarse de ello. Por eso el pecado pasa a ser imposible.

El demonio queda irremisiblemente ligado a lo que ha escogido, desde el momento en que Dios decide no insistir más. Llega un momento en que Dios decide no enviar más gracias de arrepentimiento. Pues cada gracia de arrepentimiento sólo puede ser superada, sólo puede ser vencida, afirmándose más en el odio. Llega un momento en que Dios ve que enviar más gracias sólo sirve para que el demonio afiance más lo que ha escogido su voluntad. Llega un momento en que Dios Amor da la espalda2 y deja a su hijo que siga su camino. Deja que el demonio siga su vida aparte.

Por un lado podríamos decir que no hay un momento único en que el ángel se transforme en demonio, sino que se trata de un proceso lento, gradual, evolutivo. Pero por otro lado por largo que haya sido ese proceso previo (y posterior) sí que hay un momento preciso en el que el espíritu angélico tiene que tomar la decisión de rechazar o no a su Creador.

Ya se ha dicho que en ese proceso cabe la marcha atrás, esa es la celestial batalla angélica de la que habla Ap 12, 7-9. Pero llega un momento de esa batalla, en que ya los demonios se alejan y se alejan. No tendría sentido seguir insistiendo. El Creador respeta la libertad de cada uno.

El demonio aparece en las pinturas y esculturas deforme, es muy adecuado ese modo de representarlo, pues es un espíritu angélico deformado. Sigue siendo ángel, es sólo su inteligencia y su voluntad lo que se ha deformado, nada más. En lo demás sigue siendo tan ángel como cuando fue creado. El demonio en definitiva es un ángel que ha decidido tener su destino lejos de Dios. Es un ángel que quiere vivir libre, sin ataduras. La soledad interior en que se encontrará por los siglos de los siglos, los celos de comprender que los fieles gozan de la visión de un Ser Infinito, le llevan a echarse a sí mismo en cara su pecado una y otra vez. Se odia a sí mismo, odia a Dios, odia a los que les dieron razones para alejarse.

Pero no todos sufren lo mismo. Unos ángeles en la batalla se deformaron más y otros menos. Los que más se deformaron, los más deformes, sufren más. Los menos deformes sufren menos. Pero una vez más hay que recordar que sólo es deformidad de la inteligencia y la voluntad.

La inteligencia está deformada, oscurecida, por las propias razones con las que uno justificó su marcha, su liberación. La voluntad impuso a la inteligencia su decisión, y la inteligencia se vio impelida a justificar esa decisión. La inteligencia funcionó como un mecanismo de justificación, de argumentación de aquello que la voluntad le fustigaba a aceptar. Como se ve, el proceso tiene una extraordinaria similitud con el proceso de envilecimiento de los humanos. No nos olvidemos que los humanos somos un espíritu en un cuerpo. Si prescindimos de los pecados relativos al cuerpo, el proceso interno psicológico que lleva a una persona buena a acabar en la mafia, o de guardia en un campo de concentración, o de terrorista, es en sustancia el mismo proceso. En sustancia, el concepto de pecado, de tentación, de evolución de la propia iniquidad es igual en el espíritu angélico que en el espíritu del hombre. Pues los pecados del hombre son siempre pecados del espíritu, aunque los cometa con el cuerpo. Ya que el cuerpo es tan sólo un instrumento de lo que ha decidido el espíritu con su libre albedrío.

Así como el niño atraviesa un periodo de niñez, así también el ángel al principio acaba de ser creado y no tiene experiencia. La persona humana tiene tentaciones de otras personas, también los ángeles de sus semejantes. El hombre puede pecar por estructuras mentales tales como la patria, el honor de la familia, o el bienestar de un hijo. El espíritu angélico también tenía detrás de sí grandes construcciones intelectuales que, aunque distintas a las humanas, supondrían un complejo correlato angélico de todo este mundo humano que conocemos.

Nosotros los humanos somos también espíritu, aunque tengamos un cuerpo, y sólo tenemos que mirar a nuestro interior para comprender como uno puede caer en el pecado, como uno puede envilecerse. Es entonces cuando el pecado de los ángeles nos empieza a parecer más cercano y ya no nos resulta tan incomprensible.
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lunes, septiembre 22, 2014

Las bombas de Obama y las bombas del papa

Autor: Dr. Giuseppe Zaffaroni | Fuente: El Nuevo Día 

Dr. Giuseppe Zaffaroni
El presidente Barack Obama ha dicho lo que se esperaba de él: una respuesta concreta, un plan de acción militar, para no quedar como espectador inerme frente a una masacre que el mismo Estados Unidos ha ayudado a preparar con sus intervenciones militares anteriores.
Y ésta es su promesa: no sólo el terrorismo del Estado Islámico, sino todo terrorismo será destruido, aniquilado bajo una lluvia de bombas. No será una nueva guerra, no habrá envío de tropas: sólo un diluvio de bombas.

No sabemos si de veras Obama cree en lo que dijo. De seguro ha sentido de manera imperiosa la urgencia de hacer algo: como todos nosotros, como político (las elecciones están a la vuelta de esquina) y como presidente de un país que militarmente todavía es el más poderoso del mundo.

Pero, ¿bastarán las bombas para resolver una de las crisis mundiales más difíciles y complicadas de nuestro tiempo? Y aun cuando el Estado Islámico fuera destruido, ¿qué hombres, qué cultura, qué política lo sustituirá? ¿Y qué podrán hacer las bombas en Siria, donde tampoco Obama sabe a quién está apoyando? ¿Y en Libia, donde la capital ya está en manos de los islamistas? Y Boko Haram, en Nigeria, ¿también será vencido con bombardeos? La lista de preguntas sería infinita.

Pienso que realmente nadie sabe qué hacer. Obama tampoco, pero no lo puede decir. No así papa Francisco. Pide insistentemente que el genocidio sea detenido, pero no tiene la fórmula para hacerlo. Y pide oraciones. En las últimas semanas Francisco no se ha cansado de invitar a todos a la oración.

Esta insistente invitación, ¿es una huida de la realidad o es precisamente afirmar que hay que partir de la realidad (reconocemos que somos impotentes y no tenemos soluciones)? ¿Es espiritualismo o realismo de quien sabe que sin un cambio de mentalidad, sin conversión, nuestras acciones siguen sembrando violencia y muerte como los que queremos combatir?

¿Es cobardía o es poner en movimiento la libertad de la persona con un gesto inmediato?
El papa sabe que “también hoy en la sombra, hay intereses, estrategias geopolíticas, codicia de dinero y de poder, y está la industria armamentista”. ¿De veras el papa es ingenuo cuando pide que se detengan los “planificadores del terror, organizadores del desencuentro”, refiriéndose a los traficantes de armas y a los que los encubren?

Tal vez detener el flujo de armas sea más eficaz que bombardear indiscriminadamente desde el cielo. ¿Y si la fe y la oración llevaran a entender mejor la realidad y a tomar acciones más sabias, equilibradas y eficaces?

Tal vez las “bombas” del papa van más lejos que las bombas de Obama.