domingo, septiembre 14, 2014

Celebramos hoy la Exaltación de la Santa Cruz


Segunda Lectura del Oficio de Lecturas de Hoy
La cruz es la gloria y exaltación de Cristo
San Andrés de Creta, obispo

Sermón sobre la Exaltación de la Santa Cruz (PG 97,1018-19.1022-23)

Por la cruz, cuya fiesta celebramos, fueron expulsadas las tinieblas y devuelta la luz. Celebramos hoy la fiesta de la cruz y, junto con el Crucificado, nos elevamos hacia lo alto, para, dejando abajo la tierra y el pecado, gozar de los bienes celestiales; tal y tan grande es la posesión de la cruz. Quien posee la cruz posee un tesoro. Y, al decir un tesoro, quiero significar con esta expresión a aquel que es, de nombre y de hecho, el más excelente de todos los bienes, en el cual, por el cual y para el cual culmina nuestra salvación y se nos restituye a nuestro estado de justicia original.

Porque, sin la cruz, Cristo no hubiera sido crucificado. Sin la cruz, aquel que es la vida no hubiera sido clavado en el leño. Si no hubiese sido clavado, las fuentes de la inmortalidad no hubiesen manado de su costado la sangre y el agua que purifican el mundo, no hubiese sido rasgado el documento en que constaba la deuda contraída por nuestros pecados, no hubiéramos sido declarados libres, no disfrutaríamos del árbol de la vida, el paraíso continuaría cerrado. Sin la cruz, no hubiera sido derrotada la muerte, ni despojado el lugar de los muertos.

Por esto, la cruz es cosa grande y preciosa. Grande, porque ella es el origen de innumerables bienes, tanto más numerosos, cuanto que los milagros y sufrimientos de Cristo juegan un papel decisivo en su obra de salvación. Preciosa, porque la cruz significa a la vez el sufrimiento y el trofeo del mismo Dios: el sufrimiento, porque en ella sufrió una muerte voluntaria; el trofeo, porque en ella quedó herido de muerte el demonio y, con él, fue vencida la muerte. En la cruz fueron demolidas las puertas de la región de los muertos, y la cruz se convirtió en salvación universal para todo el mundo.

La cruz es llamada también gloria y exaltación de Cristo. Ella es el cáliz rebosante, de que nos habla el salmo, y la culminación de todos los tormentos que padeció Cristo por nosotros. El mismo Cristo nos enseña que la cruz es su gloria, cuando dice: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él, y pronto lo glorificará. Y también: Padre, glorifícame con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. Y asimismo dice: «Padre, glorifica tu nombre». Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo», palabras que se referían a la gloria que había de conseguir en la cruz.

También nos enseña Cristo que la cruz es su exaltación, cuando dice: Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Está claro, pues, que la cruz es la gloria y exaltación de Cristo.

lunes, septiembre 08, 2014

Padre Nicolás Schwizer

El arquitecto y maestro de obra de esa construcción es el Padre Kentenich: Él nos regaló el proyecto, nos acompaña con su conducción e intercesión, se hace presencia encarnada en nosotros. Y cada miembro de su Familia es un co-constructor, un instrumento suyo en la realización de la obra. Nos invita a compartir responsabilidades con él, a forjar historia junto a él. Nos invita a ser sus colaboradores audaces, creadores y comprometidos con el futuro de nuestra sociedad.

¿Qué podemos hacer en concreto? El Padre nos propone una estrategia para solucionar los problemas del mundo de hoy y construir un mañana mejor. Nos indica tres medios:

1. Crear ambiente de familia. Crear un trato familiar entre las personas. Vale para el ámbito laboral y social, la familia, la vecindad, la parroquia y el movimiento, etc.

2. Educar autoridades paternales. Los padres humanos y las autoridades paternales, reflejos de la paternidad de Dios, son los que crean familia y la unen en torno a sí, tanto en el hogar, como en la Iglesia y la sociedad.

3. Tomar en serio el papel de La Virgen y de la mujer. La Virgen tiene el carisma de plasmar corazones filiales y corazones paternales, de educar personalidades paternales.
Y en íntima relación con esta misión de María, el Padre Kentenich ve también el rol de la mujer. El hombre cambia el mundo, pero es la mujer la que puede cambiar, de manera silenciosa y eficaz, el corazón del hombre.

Aplicación a Schoenstatt. El Padre aplica esta estrategia en primer lugar a su Familia de Schoenstatt, para hacer de ella un modelo de la Iglesia y del mundo de mañana. Y en la forma como aplicó esos 3 medios, se ve la coherencia extraordinaria del mundo de Schoenstatt. Pues coinciden con los tres puntos de contacto:

1. Hay ambiente de familia cuando ella tiene su hogar propio. El Santuario es nuestro hogar que asegura el ambiente familiar, es el símbolo de que queremos ser familia y de que tenemos la misión de crear familia donde nos encontremos.

2. La Familia crece y madura cuando tiene un padre. Y Dios nos regaló en el P. Fundador a un auténtico padre de nuestra Familia. Y es tan fuerte su paternidad en medio de nosotros, que hablamos de una Familia del Padre.

3. Un padre se educa por medio de María. Y allí está la Virgen María, el tercer punto de contacto, que en realidad fue el primero. Y nuestro Fundador ha sido un padre capaz de engendrar una Familia, porque fue educado en su corazón maternal.
Es así como Schoenstatt ha vivido, a través de los tres puntos de contacto, estos grandes medios que el Padre nos propone para resolver los problemas de hoy y construir el mundo de mañana: una Familia del Padre Dios.

Aplicación a nuestra vida
También nosotros hemos de aplicar la misma estrategia en nuestra vida de cada día. Cada uno de nosotros, en el pequeño ámbito en que se mueve, tiene que llegar a ser una Nación de Dios, Familia del Padre. Debemos encontrar en nuestro pequeño ambiente la solución a los grandes problemas del país. Allí en el mundo que está a mi alcance, debo empeñar todo mi esfuerzo para mejorar el mundo que no está a mi alcance. El ámbito pequeño de mi hogar, mi facultad, mi oficina, mi club, mi barrio, mi parroquia, mi curso, está confiado a mi responsabilidad. Allí debo crear ambiente de familia, educar personalidades paternales, dar lugar a la fuerza plasmadora de la Virgen.

Preguntas para la reflexión

1. ¿Soy un forjador de ambientes familiares?
2. ¿Cómo me dejo educar por María?

lunes, agosto 25, 2014

Analizando la obsesión de reinventar la Iglesia en el Adventismo, los Testigos de Jehová y en el Mormonismo

Hermanos, Paz y Bien a todos.

Hoy estoy musitando sobre la obsesión, tal vez manía, que tienen algunas sectas de reinventar la Iglesia. Quiero enfatizar a tres cultos o sectas: los Adventistas del Séptimo Día, los Testigos de Jehová y la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días - Mormones. Y la razón por la cual enfatizo a estos tres es porque estos grupos son los mejores conocidos en nuestras tierras, o al menos en Puerto Rico.

Orígenes

Asamblea Milerita en el siglo XIX en los EE.UU.
El origen de estas sectas se remonta al siglo XIX en los Estados Unidos (EE.UU.). Para mediados de ese siglo ya se sentía un desgaste religioso en ese país, principalmente en su cuadrante noreste. Ya se podían ver claramente los frutos del fisiparismo protestante: las denominaciones proliferaban por doquier, cada cual reclamaba que constituía la verdadera “reforma” sobre bases netamente bíblicas que la Iglesia Católica había traicionado. De hecho, a pesar de su multiplicidad estas sectas protestantes tenían todas algo en común: actitudes que iban desde la desconfianza hasta el odio teológico hacia la Iglesia Católica, actitudes que se vertían en prejuicios varios y en la exclusión ocasional o pervasiva de los católicos de la vida política, social ó comercial de los EE.UU.

Sin embargo, numerosos sectores del protestantismo estadounidense se mantenían insatisfechos. Las doctrinas protestantes de “sólo la biblia, sólo la gracia” y “sólo la fe” como marcas del cristianismo “auténtico” no resultaron en un consenso hermenéutico y doctrinal que a su vez forjara iglesias locales. Todo lo contrario, las divisiones se multiplicaban y a veces por razones bien mezquinas.

Faltaba “un algo.” Y muchos lo encontraron en el reconocimiento de una autoridad profética, vertida en una persona que manifestase ese carisma. Y así un día apareció el pastor bautista William Míler, nacido en 1782 oriundo del estado de Massachusetts quien, después de un estudio exhaustivo de las profecías de Daniel, predijo en 1833 que el fin del mundo y la parusía de Nuestro Señor ocurriría en 1843. Obviamente no ocurrió y Míler recalculó sus proyecciones para 1844 pero, tampoco se dió. 

El chasco llevó a sus decenas de miles de seguidores a lo que se llamó “la Gran Desilusión.” Míler reconoció su error y aunque muchos de sus seguidores quedaron a la deriva, otros optaron con formar nuevas sectas, “corrigiendo” en el proceso los errores de Míler y ungiendo nuevos “profetas” dotados con indiscutible autoridad personal para inspirarles y dirigirles. Del ocaso del movimiento Milerita despuntaron muchas sectas, entre ellas el Adventismo del Séptimo Día y los Testigos de Jehová. Los mormones despuntaron en la misma época y compartían muchas de las actitudes anticatólicas de sus contemporáneos, pero como veremos, su origen formal fue distinto al de los Adventistas y los Testigos de Jehová.

Continuará...

lunes, agosto 18, 2014

Padre José Kentenich nos habla del "hombre masa"

Padre Nicolás Schwizer

P. José Kentenich
Crisis de autoridad. Va creciendo desde siglos y en todos los campos. La rebelión de Lutero derroca la paternidad humana en la Iglesia. La revolución francesa afirma que la autoridad política no tiene nada que ver con Dios. Freud dice que el padre de familia tampoco es reflejo de Dios.


En la medida en que se le corta a la autoridad paternal su carácter de reflejo divino, va perdiendo su orientación y entra cada vez más en crisis.



El Padre Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, observa: “La literatura actual suele hablar de la muerte del padre, del asesinato del padre. No se refiere al Padre Dios sino a los padres de las familias. Ello quiere decir: la posición del padre en la familia se está desmoronando. En América es común reírse de la figura del padre. Y con frecuencia se establece en los escritos sociológicos que la juventud moderna ha asesinado la paternidad.” (Conferencia para la Obra de Familias, 27.08.66)



Crisis de valores. El cristiano vive de nuevo en medio de otros que en gran parte no son cristianos. Esto le exige actitudes muy distintas. Ese desafío exige una nueva espiritualidad. Es una espiritualidad para el pueblo cristiano, para los laicos que viven en medio del mundo.



“¿De dónde viene el éxito del lado contrario? El hombre actual tiene una marcada y peculiar receptividad para los valores de segunda categoría. Nosotros tenemos que tener cuidado de no caer en el charco. Los valores de primera categoría son Dios y lo divino... los valores de segunda, tercera y cuarta categoría son los valores terrenales, los sensitivos, los económicos, los comerciales. Actualmente el hombre tiene mayor interés por estos valores que no son los de primera categoría.” (La educación en un cambio de época, 83. P. Kentenich, Chile, 1951)



El hombre masa. Según el Padre Kentenich, algo de lo más característico del hombre de hoy es su incapacidad de decisión.

Es por influencia de los grandes movimientos de masa, como por ejemplo el nazismo o el marxismo, donde los jerarcas deciden todo, piensan todo; y las masas sólo han de obedecer y realizar sus indicaciones.


Es lo típico del hombre masa que está contento cuando otros deciden por él. El Padre utiliza para ello la imagen del rebaño: “Sólo reacciona ante las órdenes que se le vociferan; como un autómata que sólo puede ser puesto en movimiento desde afuera...; una masa que se diluye en átomos que no tienen ni trabazón ni consistencia interna; un rebaño de animales salvajes que se entrega voluntariamente al cuchillo de sus domesticadores, después que se han puesto indolentemente a su disposición”. (Desafíos, 21)

Es una fuerte crítica al hombre de hoy: no es libre interiormente porque no sabe decidirse. Nació para obedecer y por eso deja sus decisiones en manos de otros. Se siente sin fuerza y sin energía. No se entusiasma por nada, todo lo deja frío. Su frase preferida es: “Qué le voy a hacer, yo soy así...”.”

El P. Kentenich señala: “La obediencia cristiana no se somete al hombre, sino a Dios a través del hombre. Por consiguiente, no forma al hombre masa, sino personalidades vigorosas, plenas de Dios, que son capaces de superar el egoísmo primitivo y cultivar en alto grado el amor desinteresado.” (P. Kentenich. Para un mundo del mañana, 130)

Pero no sólo el inicio, sino toda la historia de Schoenstatt ha estado bajo el imperativo de esta gran meta: libertad interior para decidirse y realizar lo decidido. De modo que el Fundador, 40 años después (1952) pudo decir: “La idea de la libertad verdadera nunca más nos ha abandonado. Se transformó en pregunta clave de nuestra espiritualidad”.

Preguntas para la reflexión

1.      ¿Veo en mí algo del hombre masa?
2.      ¿Cómo veo a la figura del padre hoy en día?
3.      ¿Cuáles son los valores de mi ambiente?


viernes, agosto 15, 2014

Celebramos hoy la Solemnidad de la Dormición y Asunción de Ntra. Señora, María Santísima



Icono de la Dormición de Nuestra Señora

Recordamos hoy un hecho de poder: Nuestro Señor Jesucristo llamó para sí a su Madre.
Para nosotros los cristianos católicos este hecho es tanto simple como grandioso, y consiste en la firme creencia de que la resurrección de los muertos se verificó en María, Madre de Jesús y Madre nuestra. Ya ella recibió su corona de la vida y está tan cerca de Dios como Dios mismo ha permitido que esté criatura alguna. Por eso la Iglesia canta este antiguo himno: 
En verdad eres digna de gloria, o Madre del Señor, la bienaventurada Madre de nuestro Dios. Más honorable que los querubines e incomparablemente más gloriosa que los serafines, quien como virgen dio a luz al Verbo de Dios, verdadera portadora de Dios, te alabamos.
Dios completó la redención del género humano; un Hombre redimió a la humanidad muriendo en la cruz y por su resurrección nos ganó la vida, curando así la culpa de Adán. Al llamar así a la Mujer, restituyó a su género a su estado original como una Nueva Eva.
¡Cuan grandes y poderosos son los designios de nuestro Dios!
¡El Señor ha llamado para sí el Arca de su Majestad!
¡Este es el día que hizo el Señor! ¡Alegrémonos!