viernes, abril 24, 2015

Las cruces de la santidad


P. Nicolás Schwizer



Son cruces que nos llegan de parte de Dios. No hemos de temerlas, porque Dios no nos manda ninguna cruz que no seamos capaces de soportar. 

Sabemos que no es cosa fácil, aspirar a la santidad, luchar diariamente por mejorar y superar nuestros defectos. Si tomamos en serio esta lucha, se convierte en una cruz a veces pesada, pero al mismo tiempo, una cruz fecunda y bendecida.

1. Magnanimidad. La primera cruz que la aspiración a la santidad nos impone. La magnanimidad es propia de un ser que busca lo grande, que aspira a las alturas, que trata de realizar sus elevados ideales. Es una grandeza de alma que no busca a sí mismo, sí solamente a Dios y su voluntad. En todo pretende lo más grande y lo más perfecto, por amor a Dios. Como en pocas virtudes, se manifiesta en ella la armonía entre el actuar divino y el humano. Magnanimidad es el secreto de la auténtica nobleza humana y es el misterio de los santos. Sin magnanimidad no hay hombres y mujeres auténticos, sino solamente enanos.

Y nosotros, ¿somos magnánimos como el águila, que procura llegar al sol?, ¿somos más bien estrechos y mezquinos como las gallinas, que se interesan sólo por su pedazo de tierra?, ¿O tememos quizás la cruz de la renuncia y de la entrega generosa?

2.Heroísmo. Sin heroísmo no podemos vivir una vida matrimonial y familiar cristiana: aguantarnos mutuamente todos los días, pasar por alto los defectos del otro, madurar en nuestro amor al tú, mantenernos una fidelidad inquebrantable.

Pero, por nuestras propias fuerzas no podremos vivir diariamente ese espíritu de mártir. Necesitamos una fuerza superior. La Virgen María tiene que implorarnos al Espíritu Santo con sus siete dones. Sólo si estamos bajo la influencia del Espíritu Divino podremos vivir ese heroísmo cristiano.

¿Sentimos algo de ese espíritu extraordinario en nosotros? ¿O pertenecemos más bien a aquellos de los cuales solía decir el Padre Kentenich?: “En las tumbas descansan los que tenían visiones grandes y que han realizado obras grandes; sobre sus tumbas nos arrastramos nosotros como una generación de enanos”.

Mortificación (sacrificio). Otra cruz que forma parte de nuestra santidad es la mortificación o el sacrificio en sus múltiples formas. Se trata de actuar en contra de los dictados de nuestros instintos y nuestra naturaleza. El Padre Kentenich decía que el grado de mortificación es el grado de nuestra santidad. Lo que cuenta no es tanto el amor afectivo, sino más bien el amor efectivo. Y este no se manifiesta en palabras y caricias, sino en los sacrificios que estamos dispuestos a realizar por las personas amadas.


¿Cuáles deben ser nuestras formas principales de mortificación? Mi primer campo de mortificación ha de ser: educar y pulir mi propio temperamento y carácter. Mis mejores sacrificios son aquellos que perfeccionan mi naturaleza. A través de nuestro esfuerzo ascético permanente, de una autoeducación sistemática voy dominando y superando mis defectos, los cuales ya he de conocer, a esta altura de la vida.


Podemos hacer sacrificios que ayudan al cuerpo a ser más noble y superar sus caprichos: por ejemplo pereza, gula, tendencia a gozar excesivamente, comodidad, menor esfuerzo, manía de los calmantes, esclavitud del cigarrillo, etc. Hemos de buscar nuestro punto débil en este sentido y no perderlo nunca de vista. Debemos tratar a nuestro cuerpo con “amor respetuoso y con sabia severidad”.

Otro campo de mortificación es mi vida profesional. Elijo ante todo aquellos sacrificios que me ayudan a cumplir mis deberes laborales de la forma más perfectamente posible. Tal vez debería leer en lugar de novelas, revistas de mi profesión para seguir formándome y actualizándome.

Preguntas para la reflexión
1. ¿Tememos la cruz de la entrega generosa?
2. ¿Qué esfuerzos hago por corregir mis defectos?

martes, abril 21, 2015

Una cita de San Anselmo de Canterbury


Hermanos y hermanas: Paz y Bien a todos.

Hoy recordamos a San Anselmo de Canterbury, monje, teólogo, arzobispo y Doctor de la Iglesia. Se le conoce como "el Padre del Escolasticismo." Para celebrar su memoria les comparto una cita de una de sus obras, el Monologio:
Si alguien ignora que existe una naturaleza única, superior a todo cuanto existe, que se basta a sí misma en su eterna bienaventuranza y que por su omnipotente bondad da a cada criatura lo que hace que ella sea lo que es y el que sea buena en algún aspecto; si ignora otros muchos puntos que necesariamente creemos sobre Dios y las criaturas, no importa que esta ignorancia venga de falta de instrucción o de falta de fe, pienso que, con tal que sea un poco inteligente, podrá convencerse por la sola razón, al menos en gran parte, de estas cosas.
Me pregunto qué San Anselmo hubiese pensado de nuestros días, tiempo en que la renuencia de ver lo obvio reina en las mentes de nuestros "intelectuales." San Anselmo, estoy seguro, se hubiese sentido decepcionado pero como verdadero hijo de Dios y hermano de Jesús, San Anselmo hubiera encontrado los bríos y la manera de dar testimonio de la verdad.

domingo, abril 19, 2015

@islamoriente me bloquea en Twitter: me entristece, pero lo esperaba

Hermanos y hermanas, Paz y bien a todos en Jesucristo Señor nuestro, el único y verdadero "sello de los profetas" porque en El, Dios mismo, en persona, nos habló.

Recordarán que el pasado jueves escribí esta entrada, titulada La conciencia moral en el #Islam y en la fe cristiana: contrastes, diferencias y consecuencias. Dicha entrada se originó en un breve intercambio en Twitter que tuve con los colegas de +islamoriente (@islamoriente en Twitter) cuando ellos atacaron la vocación cristiana de unos pocos selectos a la vida célibe, como lo enseño Jesús claramente (cf. Mateo 19:12).

Después la conversación cambió a otros temas y después de analizar la cadena de dimes y diretes, llegué a la conclusión que nuestra diferencia se debía a una diferencia fundamental entre los principios de formación moral entre el islam y el cristianismo. Por ello exploré la diferencia en La conciencia moral en el #Islam y en la fe cristiana: contrastes, diferencias y consecuencias y como cortesía le avisé a la gente de +islamoriente en Twitter como una cortesía para ver si deseaban reaccionar y seguir la conversación. En cambio, me encontré con esto:

 
Sí, hermanos, me bloquearon.

Normalmente yo no reacciono cuando alguien me bloquea. De vez en cuando yo hago lo mismo por mis propias razones. Y puedo pensar en muchas razones por las cuales la gente de +islamoriente escogió hacerlo contra mí y no todas esas razones son nocivas.

Sin embargo, debido a las consecuencias que trae un bloqueo, no me queda remedio excepto pensar que la razón fue y es negativa ya que un bloqueo en Twitter me impide leer lo que el otro escribe y reaccionar a lo que el otro escribe - porque toda reacción aparece en la página-perfil del otro usuario. Esto me hace sospechar que los colegas de +islamoriente (o +islam oriente)  prefieren ver cosas como su ataque a la castidad consagrada aplaudido por sus correligionarios y otros que, aunque irreligiosos, piensan que ser casto es una monstruosidad impuesta por los curas. A los colegas de +islamoriente parece disgustarle que le contesten y que las raíces de la diferencia sean analizadas, concluyendo con un juicio valorativo. Y menos que un enlace para ese tipo de discusión aparezca en su pared de Twitter.

Me apena, pero no me sorprende que +islamoriente me bloqueara y terminara la discusión. Me entristece porque yo pensaba que un diálogo justo y equitativo pudo haberse desarrollado en base a nuestras discusiones y dadas las circunstancias trágicas que la religión islámica ha creado en el mundo hoy día, lo pudimos haber discutido en un toma y dame cordial. No me sorprende porque los musulmanes no están preparados de enfrentar una apologética cristiana fuerte y vigorosa. En su evangelismo enfocan al "mangó bajito" como decimos en Puerto Rico, o sea, al fruto bajo y fácil de alcanzar, es decir, al cristiano indocto, al catequizado llanamente, al que desconoce su fe. El evangelista musulmán prefiere no debatir al cristiano conocedor de su fe porque esto es algo para lo que la fe islámica no lo prepara.

Bueno, será en otra ocasión y con otra persona. Y que Dios nos bendiga a todos.

jueves, abril 16, 2015

La conciencia moral en el #Islam y en la fe cristiana: contrastes, diferencias y consecuencias

Hermanos y hermanas: Paz y Bien a todos en Cristo Jesús Nuestro Señor.

Me disculpo por el silencio de estos últimos días. Es que vivimos la influenza primaveral y recién nos hemos recuperado. Y ahora al grano.



Algo que llevo pensando un tiempo y que me intriga y tal vez me desasosiega un poco es la formación de la conciencia en el Islam. Y por conciencia quiero decir lo que dice el Catecismo de la Iglesia:
1778. La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho.
Ahora, déjame explicar lo que no quiero decir:
1. Que la definición de conciencia desde el punto de vista de la teología católica se imponga a priori sobre el concepto islámico de conciencia. Uso el punto de vista católico porque necesito un punto de partida que conozco bien. Las valoraciones vendrán después.

2. Que no digo en momento alguno que los musulmanes carezcan de conciencia porque la conciencia precede la afiliación religiosa por ser algo intrínseco al ser humano.
Quiero enfocarme en lo que conlleva la formación de la conciencia de un católico y compararla con la formación de un musulmán, discutiendo específicamente en el papel que la ley natural juega en la formación de la conciencia católica respecto a la musulmana.

Entiendo por formación  de la conciencia lo que enseña la Iglesia en su Catecismo Universal:
1783 Hay que formar la conciencia, y esclarecer el juicio moral. Una conciencia bien formada es recta y veraz. Formula sus juicios según la razón, conforme al bien verdadero querido por la sabiduría del Creador. La educación de la conciencia es indispensable a seres humanos sometidos a influencias negativas y tentados por el pecado a preferir su propio juicio y a rechazar las enseñanzas autorizadas.

1784 La educación de la conciencia es una tarea de toda la vida. Desde los primeros años despierta al niño al conocimiento y la práctica de la ley interior reconocida por la conciencia moral. Una educación prudente enseña la virtud; preserva o sana del miedo, del egoísmo y del orgullo, de los insanos sentimientos de culpabilidad y de los movimientos de complacencia, nacidos de la debilidad y de las faltas humanas. La educación de la conciencia garantiza la libertad y engendra la paz del corazón.

1785 En la formación de la conciencia, la Palabra de Dios es la luz de nuestro caminar; es preciso que la asimilemos en la fe y la oración, y la pongamos en práctica. Es preciso también que examinemos nuestra conciencia atendiendo a la cruz del Señor. Estamos asistidos por los dones del Espíritu Santo, ayudados por el testimonio o los consejos de otros y guiados por la enseñanza autorizada de la Iglesia (cf DH 14).
Los musulmanes, por supuesto, tienen sus propias perspectivas, algunas de las cuales se acercan conceptualmente y en su formulación a las nuestras - como pueden ver aquí, aquí  y aquí.

Diferencias Centrales

Si tenemos tanto en común, ¿dónde está la discrepancia? La discrepancia se encuentra en dos principios fundamentales que afectan a la formación de la conciencia individual del musulmán. Estos son:
1. La trascendencia total y radical de Dios por sobre todo tipo de ley, aun de la ley natural, la cual es la participación de la criatura en la ley eterna. que es la misma sabiduría de Dios. En el Islam la ley moral deriva de un decreto externo a Dios, es un dictamen, una orden en la que define por un decreto soberano lo que es bueno y lo que es malo. En el judeocristianismo, la ley moral se identifica con el ser mismo de Dios, es una realidad indivisible de su esencia, que es decir que en el último término la ley moral es Dios mismo, no una sustancia que Dios trasciende.

2. Ya que el Islam carece de autoridad que sea simultáneamente juez competente para decidir quién y quién no es musulmán de buena fe, no existe un modo universal de confrontar al musulmán de conciencia errónea.
El primer punto lleva a la absolutización de la conciencia propia y la subordinación de la conciencia del musulmán al dictado percibido de Dios, sea este una revelación contenida en el Corán, o según discernida en la dialéctica de las varias autoridades islámica entre las cuales el creyente musulmán queda libre de escoger. Bajo este esquema, Dios puede actuar libremente de un modo que a los judeocristianos nos parecería arbitrario, como por ejemplo dispensando a Mahoma de comportamientos que bajo nuestra moral serían aberrantes. Pero Dios lo puede hacer en la conciencia del musulmán porque en su teología Dios es tan trascendente que no hay ley que lo conscriba ni participación humana alguna por medio de la gracia, en la naturaleza divina misma. Queda entonces a la persona musulmana la libertad de discernir en último término, en base a su recitación coránica, a su conocimiento de la tradición autoritativa de su fe - la hadiz - y la presión normal de su sociedad y cultura a someterse a la voluntad trascendente divina. Es esta sumisión absoluta ante la voluntad divina el acto religioso central del Islam, cuya definición misma es esta sumisión, capitulación y rendición.

Muchos dirán que en el judeocristianismo es la misma cosa y que estas son sutilezas indiferentes y por supuesto que, en lo que conlleva a la fe cristiana, una fe que nos mueve a orar constantemente hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo no es ajena a la demanda de sumisión humilde a la voluntad de Dios. Sin embargo, en el judaísmo el creyente participa en la sabiduría de Dios meditando la Torá y ejercitándose en la práctica del bien, y en el cristianismo mediante la habitación en el creyente del Espíritu Santo quien eleva su conciencia natural al nivel sobrenatural único de la vida interna del Dios Uno y Trino. De modo que el judeocristiano es llamado a la santidad por participación en la vida divina misma de Dios. Aquí, bajo este esquema, uno ya no es llamado siervo sino amigo. Por ser Dios santo - la santidad misma es su esencia - El no ordena nada que contradiga su ser en sí mismo, porque siendo la santidad su esencia, Dios no puede ser y no ser simultáneamente. En el judeocristianismo no se encuentran instancias en las cuales Dios dispensa a sus preferidos de vivir fuera de su ley moral simplemente por demostrar su favoritismo a tal o cual "profeta".

El segundo punto es bien importante si bien desde el punto de vista de lo práctico. Como toda religión, el Islam tiene sus pensadores, maestros respetables y tradicionales, y una jurisprudencia bien desarrollada. El Islam no es un fenómeno monolítico y rígido: es vasto y multifacético con grandes diferencias en énfasis y prácticas en sus numerosas sectas y escuelas las cuales tienen su credo sencillo en común y difieren mucho en sus detalles. Súmese a eso el hecho fehaciente que la vasta mayoría de los musulmanes son gente buena, que no tienen un interés morboso en matar infieles y apóstatas.  Como todos los seres humanos, están dotados de dones y defectos, piadosos e hipócritas, mentes cerradas y abiertas como lo vemos también en nuestra Iglesia y en el resto del mundo no-cristiano.

El problema yace en que el musulmán, al carecer de una visión comprensiva de la ley moral como una participación en la ley eterna de Dios y por lo tanto, en la misma vida divina, el musulmán puede como dicen en inglés shop around - irse "de compras" - por una práctica islámica que le llene como persona, aun en sus manifestaciones más extremas asociadas con el terrorismo, genocidio y limpieza étnica y cultural sin dejar de ser por eso un buen musulmán. Aquí el primer punto de arriba desemboca en el segundo: un musulmán puede decir de buena fe ante la acusación de perfidia por parte de los extremistas lo siguiente, como me lo dijeron los colegas de +islamoriente :
...echando a un lado el hecho de que estos sentimientos, aunque laudables, son en el último término mera opinión del musulmán de buena fe que los advierte. Y esto es así porque como en el Islam no hay un "eje de comunión" que pueda decirle al desviado "mira, estás mal y este comportamiento te va a costar tu membresía en la comunidad islámica," el pérfido mantiene su título y estado de musulmán, al que sólo puede renunciar individualmente mediante la apostasía. Una vez musulmán no hay quien te expulse del cuerpo de sus creyentes a menos de que medie su renuncia individual explícita a la fe islámica. Entonces, aparte de la presión de grupo - que puede o no incluir procedemientos disciplinarios como expulsión de una mezquita o sociedad, pero no del Islam en sí, no hay manera de enderezar al extremista ya que este tiene, mediante el ejercicio de su libertad de conciencia radical, todos los textos coránicos y de la hadiz esquematizados para justificar su elección moral. 

Esto contrasta con la práctica católica en donde se encuentra una constante llamada a la conversión y a la participación en la naturaleza divina, participación que el pecado mortal destruye por ser ofensa directa a la naturaleza misma de Dios y no meramente a su decreto. Somos llamados a ser santos, como Dios es santo. Ni más ni menos y sin privilegios o excepciones.

Por eso me llama la atención y me conmueve cuando me contestan, tras hacer estas u otras observaciones similares en ese medio tan rarificado como lo es Twitter, ejemplificado otra vez en este intercambio con los colegas de +islamoriente:
ó
Que los apologistas musulmanes exhiben poco entusiasmo en examinar las opiniones que pasan por hechos en su apologética, su pretensión de interpretar unilateralmente el credo y la moral cristiana ignorando o echando a un lado arbitrariamente nuestra tradición hermenéutica que es mucho más antigua que la islámica, o examinar las consecuencias que su dogma de la total trascendencia de Dios tiene sobre la formación moral islámica, con las consecuencias individuales ejemplificadas arriba, y las trágicas que todos conocemos - representa un muro de contienda cotidiana que el cristiano debe de enfrentar con humildad y con firmeza, pues detrás de ese muro se esconde el reto proselitista musulmán.

domingo, abril 12, 2015

Domingo de la Divina Misericordia, A.D. 2015

Durante el transcurso de las revelaciones de Jesús a la hermana Faustina sobre la Divina Misericordia Él le pidió en diversas ocasiones que se dedicara una fiesta a la Divina Misericordia y que esta fiesta fuera celebrada el domingo después de la Pascua. Los textos litúrgicos de ese día, el segundo domingo de Pascua, son concernientes a la institución del Sacramento de Penitencia, el Tribunal de la Divina Misericordia, de manera que van perfectamente con las peticiones de nuestro Señor. Esta fiesta ya ha sido otorgada a la nación de Polonia, al igual que es celebrada en la Ciudad del Vaticano. La canonización de la hermana Faustina el 30 de abril 2000 representa el respaldo más grande que la Iglesia le puede dar a una revelación privada, un acto de infalibilidad Papal proclamando la segura santidad de la mística.

De hecho el día de la canonización de Sor Faustina esta fiesta se extendió a lo largo de la Iglesia universal. Sobre esta fiesta dijo Jesús:

"Quien se acerque ese día a la Fuente de Vida, recibirá el perdón total de las culpas y de las penas." (Diario 300).

"Quiero que la imagen sea bendecida solemnemente el primer domingo después de Pascua y que se le venere públicamente para que cada alma pueda saber de ella. " (Diario 341)

"Esta fiesta ha salido de las entrañas de Mi misericordia y está confirmada en el abismo de Mis gracias." (Diario 420)

"Una vez, oí estas palabras: Hija Mía, habla al mundo entero de la inconcebible misericordia Mía. Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mí misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata. Mi misericordia es tan grande que en toda la eternidad no la penetrará ningún intelecto humano ni angélico. Todo lo que existe ha salido de las entrañas de Mi misericordia. Cada alma respecto a mí, por toda la eternidad meditará Mi amor y Mi misericordia. La Fiesta de la Misericordia ha salido de Mis entrañas, deseo que se celebre solamente el primer domingo después de la Pascua. La humanidad no conocerá paz hasta que se dirija a la Fuente de Mi misericordia." (Diario 699)

"Sí, el primer domingo después de la Pascua es la Fiesta de la Misericordia, pero también debe estar presente la acción y pido se rinda culto a Mi Misericordia con la solemne celebración de esta Fiesta y con el culto a la imagen que ha sido pintada." (Diario 742)

"Deseo conceder el perdón total a las almas que se acerquen a la confesión y reciban la Santa Comunión el día de la Fiesta de Mi Misericordia." (Diario 1109)

Podemos apreciar de estos extractos que Nuestro Señor desea que durante la celebración de esta fiesta se incluye la veneración solemne y pública de la imagen de la Divina Misericordia por parte de la Iglesia, como así desea además la veneración individual de cada uno de nosotros. La gran promesa para cada alma es que un acto devocional de penitencia sacramental y comunión obtendrán para esa alma la plenitud de la Divina Misericordia en la fiesta.

El Cardenal de Cracovia, Cardenal Macharski cuya diócesis es el centro donde se esparció la devoción y fue el patrocinador de la Causa de Sor Faustina, escribió que debemos utilizar la cuaresma como una preparación para la fiesta y confesarnos aún antes de la Semana Santa!. De modo que está claro que los requisitos de confesión no tienen que cumplirse el mismo día de la fiesta. Esto sería una carga imposible para el clero. Los requisitos de la comunión pueden ser cumplidos fácilmente en ese mismo día ya que es día de obligación siendo un Domingo. Solamente necesitaríamos confesarnos otra vez, si este sacramento se recibió temprano en la cuaresma o en la Pascua, o si estamos en pecado mortal en el día de la fiesta.

Fuente: EWTN.